.:: La cascada de Sangre ::.

El Desierto Eterno, donde los que fueron violentos contra otros hombres, o contra Dios, vagarán por siempre sobre sus ardientes arenas y bajo una constante lluvia de fuego que abrasará sus almas...

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Hypnos
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Hypnos giro su cabeza al escuchar esa voz, que en apenas unas pocas horas se había vuelto tan familiar. Le concedía el no hacer lo que estuviera en contra de su voluntad. A Hypnos le causó gracia, se alegró de que, en su camino después del río había conservado su arrogancia. Aquella chispa de espontaneidad en el dios se esfumó cuando escuchó la continuación de la conversación. "La lechuga", aquello no sabía como interpretarlo, calló.

Rhiannon siguió hablando. Explicó entonces un poco más acerca de la causante de aquel alboroto. Hypnos entendió entonces que era una parte de Athena la que hablaba, aquella parte que aún estaba por ahí. Habló de una batalla, "la peste negra", aquel evento de la época medieval rememorado en una guerra santa, se preguntaba quienes habían sido las ratas.

Hypnos no entendía bien si Rhiannon estaba haciendo un caso a favor de la nigromancia o a favor de Luthien, o tal vez a favor de el, pues consideraba que levantar a los muertos para presenciar una batalla era justo lo que acababa de explicar. El deseo egoísta del nigromante, que juega con el traslado del alma y la descomposición del cuerpo según su criterio. Era el ejemplo perfecto de todo lo malo que Hypnos encontraba en aquella práctica.

Ella la conocía, significaba algo para Rhiannon. En aquel momento Hypnos dudaba de quién hablaba. La espectro que había conocido al principio de aquel camino, o Athena. Sus ojos mostraban su molestia al pensar que ella pudiera permitir que la diosa o sus recuerdos tomaran el control.

Al final, solicitó la aprobación del dios para ir a recuperar a Luthien. Eso era un giro inesperado. Hypnos prentendía obtener información, no se le había cruzado por la cabeza, recuperarla de alguna manera. Pensó un momento, si de Luthien podía acceder a la parte de la conciencia que recordaba a su amiga, tal vez el ataque al inframundo se retrasara lo suficiente para que Hades tomara una decisión.

-De acuerdo Rhiannon. Esta parte del viaje dependerá de ti. - Le dijo sin más. No quiso juzgar en aquel momento sus intenciones, debían estar todos concentrados. - Vamos Phantasos. - Le dio la señal a Phantasos, quien se había mantenido al margen, callada, aún actuaba raro, el dios no se acostumbraba aún a su nueva actitud, era tan extraño como haber vuelto a ver aquella versión con cabello castaño de ella.
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Raven
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La voz de Rhiannon la sacó bruscamente de sus pensamientos. Se giró para poder verla mejor. Seguía luciendo su porte orgulloso aunque podía notar cierto desgaste. Supuso que, como los demás, se había enfrentado a algo más que simples humanos en su anterior pasaje.

Escuchó la historia que contaba con atención, pero era difícil intentar seguir una línea de pensamiento con la mirada de Johanna clavada en la suya. Buscaba un pensamiento, eso estaba claro. Si cometía un error, se lo brindaría en bandeja... por suerte, recapacitar en cómo debía abordar a Wyvern después de todo lo ocurrido, servía como distracción y pronto ésta cesó en su intento... o tal vez, por la última frase que Rhiannon había proferido hacia la morena.

Johanna no tardó en elevar su cosmos. Podían percibir que los cimientos comenzaban a moverse y que la tierra comenzaba a quebrarse en el exterior de la casa. Phantasos llegó a ponerse en pie, pero se sorprendió al ver que la planta, anteriormente enredada en la silla, había dejado el lugar para crecer justo entre la nigromante y Rhiannon, izándose frente a ellas y engrosando su apariencia. Inmediatamente después, todo volvió a la normalidad.

- ¿Qué significa todo esto...?- Se preguntó la oniro mirando hacia Rhiannon. Aquella planta que había intentado destruir su hogar parecía tener algún tipo de vínculo con Wyvern. Sus ojos se movían de un lado a otro, intentando comprender qué estaba pasando y en quién podía confiar o no.


El nigromante, había estado bastante callado... quizás demasiado. No había intervenido en ningún sentido y aquello era desconcertante. Seguramente habían tenido más que una charla entre sus mentes, dado que Johanna decidió dejarse caer en la silla nuevamente e ignorar por completo al resto.

- De acuerdo Rhiannon. Esta parte del viaje dependerá de ti.

La voz de su señor hizo que todos volvieran a centrarse en su objetivo. La oniro no pudo evitar un pensamiento de duda al respecto. No podía librarse de aquel estado de hiperalerta, pero al mismo tiempo sentía que había perdido el privilegio de expresar cualquier sentimiento en voz alta, por lo que calló.

- Vamos Phantasos.

Sintió aquella llamada como una nueva puñalada, incluso con un toque de advertencia. Se limitó a cerrar los ojos asintiendo y acudió a su lado.

El nigromante no perdió más tiempo y los sacó de la habitación. Sabía que si la reunión se prolongaba más allí, el resultado sería contrario a sus intereses. Sus pasos, más rápidos y ágiles de lo que sin duda parecía, les condujeron hasta una especie de biblioteca circular. El nosferatu caminaba primero siguiendo a la planta que, como si una serpiente reptando se tratara, se retraía deslizándose por la madera del suelo.

Phantasos no perdía de vista ésta, pero intentó captar toda la información posible de ese lugar. La mayoría de libros parecían antiguos. Pudo distinguir algunos títulos que hablaban de anatomía, pero también otros más complejos y a cada cual más perturbador. Entre toda aquella decoración gótica, un barco pirata tallado en madera junto a una pequeña espada captó su atención por algún motivo.

- No se queden atrás. Tras esas puertas solo hay oscuridad y si se pierden, solo un di Metherlow o el mismísimo Hades podría sacarles, por lo que les recomiendo atención. Creo que sobra decirlo, pero ni el sonido ni la luz son bien acogidos ahí dentro, así que no se lo recomiendo a menos que quieran una muerte lenta. Sigan el sonido de mis pasos y todo estará bien.

La diosa no dijo nada, aunque no pudo evitar una mirada hacia la espalda de su señor. No le hacía ninguna gracia depender de aquel tipo e imaginó que sería una idea común con Hypnos y seguramente también con Rhiannon. Aún así, continuaron aquella extraña procesión y descendieron las escaleras siguiendo el rastro de la planta que a su vez, desaparecía por detrás de uno de los muros.


- Una puerta secreta detrás de una estantería de libros... no son muy originales... - Se dijo Phantasos siguiendo a su señor mientras observaba el enorme sello que custodiaba la entrada: era el mismo que la planta les había mostrado durante su ataque en el reino de los sueños. Un círculo, un rombo y una luna, cubiertos por dos alas de dragón.

En cuanto todos hubieron cruzado el umbral, la puerta se cerró. La oscuridad los cubrió por completo y perdieron cualquier tipo de referencia en la negrura.



Phantasos no perdió tiempo e hizo que sus ojos y sus oídos se transformaran en los de un lobo. Podría haber usado otra transformación más poderosa, pero era más que suficiente para poder situar a todos, incluida la planta.

Su primer impulso fue el de tomar la delantera para guiarlos, pero decidió quedarse quieta y simplemente pararse a observar la situación. La orden había sido clara: el viaje dependería de las decisiones de Rhiannon. Tanto Osfen como la planta comenzaron a moverse, pero no así los demás. Phantasos frunció el ceño. El sonido de los pasos del nigromante eran casi imperceptibles, incluso cuando ella tenía un oído mucho más desarrollado en ese instante.

Se cuestionó por qué seguían quietos, pero no podía preguntarlo abiertamente. La planta casi se perdía de vista y sin ella, quedarían perdidos. Respiró hondo. No era una decisión fácil... no después de todo lo que había pasado en el río de sangre. Aún así, decidió adelantar sus pasos hasta quedar junto a ambos y les tomó de las manos para comenzar a guiarlos en la oscuridad. Se sentía incómoda haciéndolo... mucho más de lo que le gustaría admitir. No podía saber si Rhiannon tenía algún modo de guiarse, pero tenía la certeza de que su señor sí. A pesar de ello, no parecía haberse opuesto a la mano de la oniro... ¿la estaba poniendo a prueba? No podía saberlo.
La situación era bastante particular, pues con su mano izquierda apenas sujetaba la de Hypnos por respeto y, sin embargo, su mano derecha agarraba a Rhiannon con fuerza. Lo hacía porque estaba casi segura de que si le daba oportunidad, Wyvern se soltaría bruscamente, aunque de momento parecía aceptar la situación.

Mantuvo su mirada centrada en el suelo, captando los desniveles que realizaba la planta al arrastrarse. Osfen se movía con total libertad y ligereza, igual que si llevara un gran farol frente a él. Tampoco era de extrañar, si realmente era un vampiro.

La oniro continuó más cauta. Había algo que necesitaba decirle a su señor, pero no podía hacerlo. Sabía que una sola mirada le habría bastado para advertirle, pero Anhesthot era demasiado astuta y la habría descubierto. No se había arriesgado en la sala y ahora carecía de esa carta. Apretó la mano de su señor entre sus dedos. No podía estar segura de que Hypnos entendiese el por qué, pero algo tenía que intentar. Al menos tenía la seguridad de que a su señor aquel gesto no le pasaría desapercibido. Tomarlo de la mano ya era sobrepasar un límite importante, más aún por las circunstancias previas y éste sabía que ella no le temía a la oscuridad.

Después de varios minutos caminando, algo hizo que Phantasos se detuviese en seco, a la vez que tiraba de las manos de ambos para que se detuviesen. La planta tomaba un camino, pero Osfen había decidido coger la dirección opuesta. La oniro sopesó muy rápidamente el motivo de aquello. No era posible que el vampiro hubiese perdido de vista la planta, así que... ¿por qué querría desviarlos?

Phantasos tragó saliva. La planta no tardaría en desaparecer y no podía preguntarle a su señor sin hacer ruido. Aún así, sus deseos eran claros, ver el origen de la planta, no seguir a Osfen, por lo que respiró hondo y siguió su instinto. El nosferatu se perdió en la oscuridad mientras ellos continuaron tras la planta. No negaba que aquella situación había logrado ponerla nerviosa. En el reino de los sueños los había atacado sin dudar... ¿y ahora debían seguirla? No era alentador. ¿Y si estaba conduciendo a los tres hacia una trampa? Negó con la cabeza. Pasara lo que pasara, estarían preparados. Debía confiar en que todo se resolvería de un modo u otro.

Por suerte, apenas había meditado al respecto cuando una suave brisa meció sus cabellos y sus ojos comenzaron a percibir una tenue luz que, entre toda la oscuridad, pareció un enorme faro en mitad del mar. Podía sentir un cambio en el ambiente, parecía más... normal. Sentía la piedra en sus pies y la humedad en el aire.


- Es... la luna...- se dijo mirando hacia la pequeña abertura que podía vislumbrarse sobre sus cabezas. Habían pasado tanto tiempo en aquel corredor que, encontrar un cielo abierto estrellado le hizo sentirse más aliviada, aún cuando no tenía idea de dónde estaban. Miró a su alrededor. Habían llegado a un lugar hermoso después de tanta oscuridad.- Es... un cenote...

Finalmente soltó las manos de su señor y Rhiannon dejándoles tiempo para que se acostumbraran a la luz y se acercó hasta una especie de barrera natural de piedra. Desde allí se asomó hacia las aguas oscuras que se mecían suavemente unos metros más abajo, solo perturbadas por la propia brisa. La planta había desaparecido... bueno, en realidad, simplemente era imposible saber cuál era la rama que habían estado siguiendo, pues ésta ocupaba prácticamente la totalidad de aquel espacio, tanto en la superficie, las paredes y bajo el agua.



- Así que la umbra conecta directamente con el mundo humano... ¡qué aterrador!- Se dijo meditando en todas las posibilidades que ese hecho implicaba.

Volvió hasta donde estaban sus compañeros. Seguían en silencio... era lo mejor si no querían arriesgarse. Una breve mirada a Hypnos sirvió para ponerse al día. Éste le había preguntado por el nosferatu y Phantasos le había advertido que algo no iba bien. Estaba a punto de intentar explicarle lo que ella sabía pero él no, cuando todo su cuerpo se tensó alarmado.

Su mirada comenzó a buscar en el lugar por el que habían venido, presintiendo un cosmos desconocido. Algo se acercaba. Algo peligroso y frío. Era la misma sensación que había tenido en la selva justo antes de encontrar a los dos dioses contra los que habían peleado.

Necesitaba tener más información. Sabía que no era la planta, pero entonces... ¿qué?

Entonces lo vio: Dos luces... como dos estrellas, acercándose con rapidez.

Se giró a su señor y a Rhiannon. Debían salir de allí, es lo único que tenía claro.
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Raven
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Mensaje por Raven »

OT: tic... tac... tiempo. Cumplió el mes o.o >-<
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*Flashback

- Creí que vendrías con nosotros a entrenar... y en vez de eso, te encuentro relajada, viendo la vida pasar.

El sonido de la armadura de su hermano contra las rocas la sacó de su ensimismamiento. Parecía contrariado y sorprendido, pero... ¿acaso no era siempre ésa la actitud de Oneiros hacia ella?

- Observo la vida bajo el agua. Como se mueve cada criatura, como aprovechan cada corriente para ser más rápidos y...- respiró hondo mientras cambiaba su cola de sirena por sus piernas normales.- … toda una serie de detalles que me temo que no te interesan saber ahora.

Oneiros se sorprendió al ver aquello. Era la primera vez que veía a su hermana transformada en un ser mitológico. Se había acostumbrado a sus cambios de apariencia, meramente superficiales, pero aquello implicaba un paso más en su poder, de eso no cabía duda. De hecho, en ese instante dudaba de si lo que le había traído hasta allí importaba más que averiguar el auténtico potencial que tenía ese nuevo poder.

- Me confundes... ¿por qué creías que iría a entrenar con vosotros?
- Hace una semana que recibiste tu armadura y... eso implica una responsabilidad obvia. Debemos fortalecernos para la guerra.

Phantasos alzó una ceja y sonrió con cierta resignación.

- No me malinterpretes, pero... - hizo un gesto para que la mirase de arriba abajo- no creo que fuese creada para ir a la guerra. Es más, ni siquiera ésta tiene sentido para nuestros fines, dado que los muertos no sueñan...
- ¿Y entonces según tú, para qué te dio Hypnos una armadura? ¿Para aumentar tu ajuar?
- ¿Porque si me regalaba un anillo, hubiese sido algo comprometido?- Se dijo sin poder evitar echarse a reír en su mente.- Creo que es un obsequio. Me gusta pensar que nos considera valiosos y quiere que no suframos daño cuando llegue la lucha.
- Por mucho que me guste tu idea de cuento de hadas, dudo que ése sea el motivo. Me inclino por uno mucho más práctico que el tuyo: poder entrar en batalla cuando surja una guerra y poder protegerlo llegado el momento.
- No quiero estropearte el momento, pero me resulta más fácil imaginar a Hypnos pidiéndote matrimonio que escondiéndose detrás de ti en una pelea y suplicando por tu protección.


Oneiros entrecerró los ojos mientras su hermana tarareaba una música de recién casados entre risas.


- Supongo que no me he explicado con claridad. Estás de acuerdo conmigo en que, a parte de las reglas que Hypnos estableció, hay una idea que todos los oniros compartimos, grabada a fuego desde nuestra creación.
- Cuidar a Hypnos.- Asintió intentando contener las risas anteriores y contagiándose del espíritu más solemne de su hermano.
- Desconozco el motivo real por el que fuimos creados y es algo a lo que ya le di vueltas hace años de forma bastante improductiva. Pero de toda aquella maraña de ideas, saqué una conclusión clara: Crearnos no fue un coste cero para nuestro señor. Llámame loco, pero tengo toda la intención de devolver con creces toda la pérdida de poder, divinidad, paz o lo que sea que pudo tener entonces, en todos los aspectos en los que sea capaz de hacerlo.


Phantasos respiró hondo y volvió a mirar hacia el agua, donde un pez chapoteaba y arrojaba agua a la tierra próxima a él.

- Es difícil contradecirte cuando hablas así.- Murmuró la muchacha.- No es que no esté de acuerdo con todo lo que dices, pero puedo imaginar perfectamente la expresión que nuestro señor pondría si le obligara a retirarse de un ataque enemigo para dejármelo a mí... y no es nada alentadora...

- Por eso tienes que entrenar con nosotros. Para demostrarle que puedes hacer frente a tus enemigos sin su ayuda.
- No estás entendiendo el problema de base. No es una cuestión de confianza, sino de principios... y llegado el momento, no podría contradecir una orden suy-
- No permitas que te la dé- interrumpió su hermano.- Si un día portas esa armadura y crees que el enemigo que tenéis delante puede rivalizar contra nuestro señor, que nada te haga dudar.

* Fin del flashback

----- * -----

Diez segundos. No se demoró más todo lo que aconteció aunque su análisis requiriese de mucho más tiempo.

10...
Phantasos afinó un poco más su vista. Aquellas luces estrelladas eran en realidad los ojos de un ser. Era difícil poder remarcar más detalles, pues la oscuridad que lo acompañaba le hacía parecer bastante etéreo y solo podía distinguirse un aspecto cadavérico.

9...
Una bandada de murciélagos acompañaban al ser, mezclándose con las sombras... o tal vez arrastrándolas, no estaba segura. Parecían miles.

8...
Volteó a ver a su señor. Mostraba un gesto de atención y de alguien preparado para pelear. Claramente había percibido el poderoso cosmos que se aproximaba.

7...
Phantasos lo miró a los ojos. En cuanto tuvo su atención, elevó su mirada hacia el techo. Quería darle un mensaje tranquilizador, pero creyó ver la inconformidad en los ojos de Hypnos. No podía estar segura, pues cerró los ojos para evitar cualquier tipo de duda.

6...
Abrió un portal y sacó su enorme guadaña. Con el mango de ésta, golpeó tanto a Hypnos como a Rhiannon en el pecho y los empujó con fuerza para que ambos perdiesen el equilibrio y cayesen al agua del cenote.

5...
Phantasos se agachó para evitar el daño de un arma invisible. Por suerte había podido sentir su sed de muerte y solo había conseguido hacer un corte extraño a su cabello. Rhiannon había recibido un pequeño corte a la altura del pecho que había generado un ruido metálico al chocar contra la armadura. Hypnos también podía ver como su túnica había sido rasgada de forma más profunda en su abdomen, haciendo un pequeño corte en la piel que no revestía ningún tipo de peligro aparentemente.

4...
La oscuridad se apoderó de todo el lugar. Hypnos y Rhiannon caían mientras escuchaban el sonido de metales golpeando entre sí. Podían volar, debían intentar ayudar...

3...
- Luthien...- susurró la oniro, casi a modo de súplica.
Casi de forma simultanea, Hypnos y Rhiannon sintieron como una rama sujetaba sus piernas y los arrastraba con fuerza hasta quedar bajo el agua, impidiéndoles intentar acudir al auxilio.

2...
En cuanto la palabra salió de su boca, una especie de pitido o grito ensordecedor se apoderó del lugar, como si al hacerlo hubiese activado una especie de alarma. Sus tímpanos reventaron de inmediato y las rocas comenzaron a quebrarse a su alrededor. Caían al agua con violencia, arrastrando con ellas a algunos murciélagos que también volaban confundidos por el sonido.

1...
Rhiannon e Hypnos, bajo el agua, contemplaron una fuerte explosión de luz que iluminó todo el lugar. Podían suponer lo que había ocurrido: Phantasos había hecho arder su cosmos al máximo para enfrentar la umbra, transformando todo su cuerpo en luz.

Tal vez Wyvern no fuese consciente de lo que aquello implicara, pero el dios del sueño sí. Era como intentar crear un fuego bajo el océano. Era exponer cada célula de su cuerpo, a una hoguera recién prendida.

0...
Lentamente, la luz iba apagándose, hasta que la oscuridad volvió a envolverlos por completo.
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Mensaje por Hypnos »

El empujón le sorprendió. Había notado una fuerte determinación en su mirada un instante antes de perder el equilibrio y caer. Phantasos había pasado de un estado de lo que parecía total sumisión después de la pérdida de su encarnación a, nuevamente, mostrar esa determinación en su mirada y actuar por su cuenta. Hypnos encontraba virtudes en ambas actitudes, pero el que le atacaran no debía ser una de ellas.

Un arma de gran tamaño cortó el aire, y con él, la túnica de Hypnos. Sintió el frío metal rozar su piel, aquella arma, como el cosmo de su portador, irradiaban una densa maldad. Apenas el arma se alejó del dios, él detuvo su caída expulsando un golpe de cosmoenergía que le permitió levitar por un instante. Buscaba a su oníro intentando entender, ahora, que le había pasado, pero no la encontró en el borde de la saliente. Estaba tan concentrado en regresar al punto donde había comenzado su caida que no se percató que una de las ramas negras de aquella aberrante creación se desplegó rápidamente y se enredó en una de sus piernas.

-Tst...-

Se había descuidado, ahora aquella rama le jalaba con fuerza hacia el interior del cuerpo de agua. Al tiempo una gran explosión acompañada de un ruido bastante agudo que lastimó los oídos del dios. Conforme se adentraba en el agua, la energía que había desplegado Phantasos era absorbida, o por lo menos la intensa oscuridad que desplegaba aquel enemigo la había ocultado.

Habían bajado tan rápido y a tal velocidad que cualquier ser vivo terrestre hubiese muerto por el cambio brusco de presión. La superficie se antojaba distante, ya no había luz, solo una oscura humedad. Hypnos elevó su cosmoenergía, partículas doradas de energía le cubrieron, al segundo siguiente su armadura habíase materializado en él en medio de una explosión que abarcó todo su cuerpo. Había logrado zafarse de su captora. La luz que irradiaba su divino ser luchaba con la oscuridad de la umbra, apenas podía ver menos de un metro delante de él. Buscó a Rhiannon, no la encontró. ¿Habría escapado antes que el? O ¿Estaba ya mucho más abajo?

Frente a el parecía levitar aquella rama, torcida y oscura, decadente. ¿Quién querría convertirse en eso?, iba a partir, regresar a la batalla para ayudar a su oniro. Pero le llamó la atención que aquella planta no buscara atraparle de nuevo. Estaba preparado para luchar, pero el enfrentarse a un dios no la había detenido antes, en el mundo de los sueños, ciertamente tan cerca de la umbra no debía de tener problemas para entablar aquella batalla.

El tiempo corría, no sabía contra qué se estaba enfrentando Phantasos. Pero le llamaba profundamente la atención que aquella energía llena de maldad, y muerte, no la había sentido al ser atrapado por la rama. No la sentía ahora.

Elevó su cosmoenergía, de sus dedos 10 esferas de luz salieron disparadas hacia la rama. Era una técnica similar a la usada por su hermano. Las esferas de luz estaban conectadas por filos hilos hacia el dios. Las esferas impactaron en la planta, ahora Hypnos usaba aquella técnica para enredar su energía alrededor de la planta. Las esferas desaparecieron en la superficie de madera negra. Se internaron en el alma de aquella planta.

- Que buscas Luthien...-

Le dijo, con una voz queda, tranquila. Sus ojos se tornaron blancos. Aquella técnica tenía la intención de conectarse con lo que Hypnos asumía, sería el alma de la planta, aquella presencia subyacente. Esperaba que tuviera un alma. Y esperaba que aquella inversión de tiempo valiera la pena, pues en la superficie estaba su más preciada creación luchando por su propia existencia.
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Raven
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Mensaje por Raven »

Esta vez, la planta no trató de atraparlo. Tampoco huyó ni intentó esquivar aquellas bolas de luz procedentes del dios del sueño. En cuanto éstas hicieron conexión con aquel tronco, la figura de una mujer de pelo verde y ojos violeta se hizo presente en la mente del dios. Podía distinguir claramente el atuendo de las amazonas del Santuario y el orgullo que reflejaban todos los guerreros de Athena en su mirada. No se podía negar que su porte demostraba seguridad, pero era difícil creer que aquel ser tan menudo pudiese haber originado tantos problemas en el Reino de los Sueños.

- No soy tu enemiga.- La voz sonaba prudente mientras una de las ramas se aproximaba lentamente hasta quedar frente a Hypnos, esperando a que éste la tomase por su propia voluntad.- La batalla ya ha terminado.- Dijo con rutundidad- Pero hay algo más que tienes que saber antes de dejar este lugar.- Junto a él apareció el cuerpo inconsciente de Rhiannon, todavía sujeto por la rama.- Mictlantecuhtli no profanará estas aguas sagradas, pero ella debe ir a un lugar seguro.

Wyvern volvió a perderse en la oscuridad, pero su estela fue seguida por el dios que, a pesar de toda su ropa, conseguía desenvolverse con destreza bajo el agua.
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El cenote había quedado atrás. Había sido una travesía a nado de unos metros a través de una pequeña brecha en la roca, hasta llegar a una cueva iluminada por fuegos fatuos azules. Sin duda el poder de Hades se manifestaba poderosamente en aquel lugar y, después de todas las penurias pasadas desde que habían cruzado las puertas en la cascada de sangre, podía considerarse como un hecho bastante reconfortante.

Era difícil creer que la mujer que veía en su mente y la prisionera que ahora tenía frente a él, fueran la misma persona. Tras años de experiencia en el Inframundo, Hypnos podía saber que aquel ser encadenado con los brazos en cruz a la pared, no se trataba de un cuerpo humano, sino de un alma. Pero sin duda era completamente diferente a lo que estaba acostumbrado a ver, pues ésta era una especie de híbrido entre la apariencia humana y un rosal de rosas negras, transformado poco a poco en un gran tronco espinado fácilmente reconocible para el dios.

Evaluó su alrededor de forma rápida y precisa.. Hypnos podía ver numerosos círculos mágicos rodeando aquel ser... algunos indescifrables incluso para él. Había unas cadenas principales en sus muñecas, pero había otras muchas en diferentes partes de su cuerpo. No obstante, seguramente lo más impactante, es que había varias cuerdas emanando de aquel cuerpo hacia lugares indefinidos... pero una de ellas, del grosor de un puño, la unía directamente con Rhiannon, ahora tumbada sobre la piedra y liberada del agarre de la rama.


- Durante mucho tiempo pensé sobre todo lo que diría llegado el momento en que alguien me encontrase... pero francamente, nunca esperé que el dios del sueño fuese a ser el primero- La peliverde lanzo un suspiro de resignación antes de continuar, recordando que personas tan poderosas como Eris, Osirias, Hotaru o Dafne habían fallado en intentar encontrarla.- He escuchado todo lo que habéis hablado en la casa de mis padres. En ese momento me habría gustado rebatir varios puntos expuestos, pero... - Lo miró fijamente.- … no deseáis oírlos en este momento, lo sé. Tampoco os haría cambiar de opinión, me temo... así que, podemos ahorrarnos la palabrería e ir directos al grano. Osfen os ha traicionado... no solo favoreciendo el ataque de Mictlantecuhtli , sino también antes, al no contaros todas vuestras opciones reales.


Hades ha profanado mi alma... no una, sino dos veces. La primera, atándola al poder de las familias nigromantes desde bebé y la segunda, creando una especie de puzzle macabro con otras almas.

Mi objetivo cuando dejé el Inframundo, era acabar con ese destino cruel para todos mis descendientes y el de las demás familias nigromantes extinguiéndolas. Pero Nicole Anhesthot era una gran amiga a la que no deseaba destruir... tampoco a su descendencia, por muy detestable que sea Johanna. En el caso de Osfen, hace siglos tuve que aumentar mis poderes a costa de su ayuda para poder salvar a Osirias y mantener la estabilidad del Inframundo, , por lo que... también estoy atada a él, muy a mi pesar.


La amazona dejó de hablar durante unos segundos antes de volver a continuar.


- Todo mi odio, mis poderes, mi maldad... me fueron despojados. Eris ha custodiado todo ello con bastante ahínco pero se acaba el tiempo. Y es aquí donde os presento las otras dos opciones reales que existen: eliminar ese alma mientras aún es posible y con ello el poder di Metherlow o que yo misma la reclame como he venido haciendo estos últimos meses y consiga liberarme de una vez por todas.

Aunque pueda extrañaros, estoy dispuesta a afrontar mi destino en este lugar. No soy devota de Hades, pero aprecio la estabilidad en el mundo. Cuando un dios se enamora, pierde la razón y sus prioridades. Entiendo por qué Hades está tan molesto y asumí mi destino hace ya mucho tiempo. Pero dejaré claro algo, si mi alma se recompone, nada conseguirá retenerme aquí.

Se mantuvo en silencio. No quería que aquello pareciese una amenaza. En realidad no era su deseo, pero ¿cuánta maldad habría podido acumular en todo ese tiempo su otra mitad? ¿cuánto rencor de Eris habría absorbido?


- Supongo que te preguntarás, qué tenéis que ver vosotros en todo esto. Hay un motivo por el cual fui hasta vuestro reino: buscaba al único ser que conoce el paradero del cuerpo de Eris y por tanto la única manera de destruirlo.- Luthien sonrió, pues podía intuir que poco a poco Hypnos iba atando los cabos sin necesidad de decirlo en voz alta. La peliverde miró hacia arriba, aunque en la mente no podía verse nada más que oscuridad.- Escurridiza, sin duda. Es la primera vez que Mictlantecuhtli no consigue salir plenamente victorioso. Sigue con vida... por ahora. Johanna va tras ella, intuye lo que ahora ambos sabemos.

Pero como he dicho, tienes un problema mayor antes que tu subordinada... Rhiannon ha dejado de respirar.
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Mensaje por Hypnos »

La nueva información rondaba su cabeza, volvía a pensar en los motivos de Hades para involucrarse con este ser. Al dios del sueño le costaba encajar como el amor podía generar todo aquello. Hasta ese momento pensaba que había sido culpa de uno de los portadores del alma de Hades, pero ahora no estaba tan seguro. Y realmente no importaba mucho. Sacudió su cabeza para enfocarse en el presente. Se acercó a Rhiannon, puso una rodilla en el suelo y colocó su mano en contra del peto de su armadura, de ella una descarga de energía púrpura emergió golpeando el centro del cuerpo de su compañera. Ella se estremeció, se dobló sobre su estómago por un momento para luego expulsar una importante cantidad de agua por la boca.

- Ella estará bien... -

Se levantó de nuevo, su mirada notaba un cansancio profundo, habría andado con gusto por el campo enemigo mientras el pudiera entender el motivo. Aquello no lo entendía, para Hypnos era una mala novela de amor.

- Si he de ser sincero, Luthien, estoy un poco hasta la coronilla de esto, estuve un poco ausente los últimos 50 años, no conseguí regresar junto a mi señor Hades entonces toda esta historia me deja un mal sabor de boca. Asumo que buscabas el sueño de alguien que conoce el paradero de Eris. ¿Te molestaría contarme quién es para poder acabar con tu sufrimiento de una vez?-

Debía ser una gran mujer, una gran guerrera y una gran huésped de almas para que el alma de Hades se hubiera enlazado con ella, tal vez en otras circunstancias hubiese intentado liberarla.



Esperaba una respuesta clara, regresaría sobre sus pasos, iría por Phantasos y buscaría elimiar a Eris, Luthien y a cualquier
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Mensaje por Raven »

La diosa de las apariencias se arrancó el peto de su armadura para que el aire entrara a sus pulmones con menos dificultad. Su respiración era agitada y empezaba a costarle recordar el número de veces que había bordeado la muerte en aquella aventura.

Seguía en el mundo humano, recostada en el tronco de un árbol, con un pequeño hilo de sangre recorriendo la comisura de sus labios, cuyo origen era la pequeña vida de aquel roedor que yacía muerto junto a ella y que había sido su salvación.

Vigilaba con sigilo y atención, observando cada minúsculo movimiento de aquella mujer de pelo negro que había conocido en el viejo caserón. En realidad, si cualquier persona las hubiese observado a lo lejos, no tendría claro quién era la cazadora y quién la presa.

Tuvieron que pasar al menos 40 minutos más para que la nigromante se diese por vencida y por fin volviese a la casa.

- Antes dejaría mi posición como oniro que dejarme atrapar por ti...- Se dijo Phantasos en su mente al perder de vista a Johanna. La nigromante había estado buscándola por aquel bosque con verdadero ahínco, pero la diosa había conseguido evadirla con relativa facilidad. De hecho, podría decirse que estaba molesta porque aquella humana la subestimase tanto.

Miró a la luna y aguardó en la misma posición, atenta, con todos sus sentidos vampíricos alerta mientras intentaba recuperar su cosmos y sentir cualquier alteración que pudiese darle algo de información sobre lo que estaba ocurriendo con su señor y Rhiannon.
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El goteo del agua sobre la tierra finalmente consiguió sacarla de aquel trance. Sus ojos de vampira enseguida hicieron su trabajo al identificar en mitad de la oscuridad al que era su señor, llevando en brazos el cuerpo de Rhiannon. Una visión que consiguió sacarle un gesto de desagrado, pero que supo ocultar cuando Hypnos llegó hasta ella.

Phantasos arrastró sus piernas sobre el suelo con bastantes dificultades hasta quedar con la rodilla hincada ante el dios del sueño. No pretendía ser tan solemne, aunque seguramente debiera serlo después de haberlos empujado al agua.
No. La realidad es que no le quedaban apenas energías para poder mantenerse en pie.


Ambos solo cruzaron un instante sus miradas en la oscuridad de la noche.

Hypnos parecía bastante molesto. La oniro no tenía claro el motivo, pero tampoco quiso tentar la suerte al preguntar. Quería irse a casa. Aquel deseo había dejado de serlo para convertirse en una necesidad crucial, algo que no pasó desapercibido para el dios. Con Rhiannon fuera de combate y su subordinada en aquel estado, lo más prudente sin duda era retirarse, ya que su principal objetivo había sido cumplido.

- Volvemos al Reino de los Sueños. Me encargaré primero de Rhiannon.- Fueron las únicas palabras del dios.

La diosa no pudo evitar lanzar un suspiro de alivio. No sentía que toda aquella historia hubiese finalizado, pero al menos tendría un tiempo para poder poner en orden sus ideas y recuperarse por completo. Así pues, y aunque no le agradaba mucho irse y dejar atrás a ambos, únicamente asintió y creó un portal bajo sus pies para después desaparecer por él.



Hypnos se mantuvo de pie, pensativo, quizás algo más calmado tras poner a su oniro a salvo. Aún no tenía muy claro lo que estaba pasando. En aquella prisión, Luthien le había mostrado una imagen y unas palabras algo perturbadoras justo antes de desvanecerse en la oscuridad de su mente. Le había pedido que fuese clara y que le diese un nombre, pero en vez de eso, la peliverde le mostró a Phantasos con la manzana dorada de Eris en su mano.

“No es mi sufrimiento el que tienes que aliviar, dios Hypnos, sino el que está por venir.”


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