► Mostrar Spoiler
OT: Seguimos esperando a Dom, pero iremos posteando en lo que viene, dado que su paso por la puerta es una prueba individual y de momento no avanzamos @@
Las locuras de Hypnos iban acrecentándose conforme hablaba, o al menos eso es lo que pensó mientras escuchaba su discurso. Primero insinuando que podría enamorarse del dios Thanatos y después sugiriéndole fantasear con el dios de la muerte. Su primer impulso habría sido el de la ira, (más aún cuando realmente llegó a imaginar el cambio, tirando por la borda aquella maravillosa fantasía con su señor Hypnos), pero aquel lazo empático seguía haciendo su trabajo y el estado divertido del dios del sueño le sacó una pequeña carcajada a la diosa de forma realmente inoportuna.
Cien... tal vez doscientos hombres armados y vestidos para la guerra estaban frente a ella. De pie, observándola con rostros serios y en un silencio tan sepulcral, que su pequeña risa podría haberse sentido como una gran carcajada en mitad de un entierro.
-
No busco problemas.- Se apresuró a decir para rebajar la tensión del ambiente y poniendo un tono de voz mucho más serio.-
Solo quiero llegar al final del camino para resolver un problema que afecta a mi hogar.
Nada cambió. De hecho, si no fuese por el movimiento de sus torsos al respirar, habría creído que todo era una ilusión bien lograda.
Pero no era así, por lo que se mantuvo quieta y en alerta. Podía sentir que la habían rodeado, a pesar de que no creía haberse separado de aquella entrada... no importaba. Phantasos intentaba detectar algún rastro de cosmos, pero no sintió nada fuera de lo común que pudiera causarle verdaderos problemas. Parecían humanos normales... antiguos... mayas. No portaban armaduras complejas, ni armas modernas. Solo lanzas y cuchillos. Dio un pequeño suspiro. No dudaba del valor de aquellos hombres, ni de su capacidad para la guerra, pero tampoco pecaba de soberbia al pensar que podía aplastarlos con un solo movimiento. No importaba el número de efectivos, ni el equipamiento de éstos. Frente a un usuario del cosmos... la pelea estaba decantada desde el comienzo. Tal vez por eso, había decidido tomar el camino de la paz e intentar razonar con el hombre situado en el centro. Por su forma de vestir, el uso de plumas, bordados y las numerosas joyas de oro que portaba, debía ser el jefe de aquel pequeño ejército. Quería hacerle preguntas, quizás obtener algo de información sobre aquel camino, pero optó por la moderación, esperando que él tomara la iniciativa.
Éste había dado unos pasos hacia ella y ahora daba vueltas a su alrededor mientras la miraba de arriba abajo. Contuvo el aliento, asqueada por la forma en la que miraba y se acercaba aunque tal vez solo era curiosidad. ¿Cómo no había podido haber previsto esa posible situación? No había tenido tiempo más que de cambiar el color de su ojo violeta a azul, para que al menos ambos ojos fuesen iguales y no la trataran de bruja en un primer vistazo, pero de haber sabido que tendría que tratar con mayas, claramente no habría elegido para la ocasión a una joven de piel pálida, pelirroja, con ojos azules y vestida de negro. Si tan solo Thanatos se hubiese quedado donde debía, no se habría distra...
-
¿Qué... qué está pasando por ahí?!- se dijo al sentir una ola de excitación de origen claramente externo.
Hizo la pregunta en su mente, pero incluso allí podía reflejarse la vergüenza de Phantasos al formularla. De hecho, no tenía ninguna intención de escuchar una respuesta real, pero no encontraba una manera más sutil de recordarle a su creador que todos seguían conectados.
Nadie respondió, pero su cuerpo seguía demasiado acalorado... incluso tembloroso. Su respiración se entrecortaba a pesar de que podía sentir el palpitar de su corazón realmente acelerado. No necesitaba un espejo para saber que sus mejillas se habían sonrojado y que su cuerpo había comenzado a sudar, por lo que bajó la cabeza tratando de ocultar su rostro de tantos ojos curiosos, mientras deseaba que Hypnos controlase aquella situación, fuese la que fuese.
Miró al jefe de reojo. Hablaba con alguno de sus generales. Parecían discutir sobre el futuro de Phantasos, pero no podía concentrarse en aquel idioma antiguo, porque solo parecía poder escuchar los latidos en sus oídos.
“Xtabay”
Fue lo único que escuchó nuevamente en su mente, mientras ponía su mano en el pecho intentando calmarse. ¿Qué o quién era Xtabay? Era la segunda vez que escuchaba aquel nombre en su cabeza. ¿Tal vez era algún tipo de señal?
-
¡Xtabay!- Se aventuró a probar suerte en voz alta, haciendo que todos los presentes abrieran los ojos como platos. Algunos retrocedieron un poco, otros la miraban todavía con más fijación. El jefe y su general hablaban ahora mucho más apurados que antes.
Respiró hondo. Al menos parecía haber ganado tiempo. Las sensaciones de su cuerpo iban disminuyendo progresivamente y parecía que todo volvía a estar bajo control. Claramente el camino que había elegido su señor era más peligroso que el suyo.
Tras varios minutos de discusión, por fin el jefe se adelantó nuevamente para quedar frente a ella. Hinchó el pecho, queriendo exhibir su poder y gritó algo con fuerza a sus tropas. No habría sabido reproducir la palabra, pero conocía el significado perfectamente:
“Sacrificio”.
Inmediatamente, algunos hombres bajaron sus lanzas y las adelantaron hacia ella, pero a pesar de su apariencia agresiva, Phantasos podía detectar el miedo en sus movimientos. Abrió entonces un pequeño portal en la nada, metió la mano y sacó una enorme guadaña de unos 2 metros de longitud. Aquel pequeño truco fue suficiente para que algunos retrocedieran, aunque la mayoría mantuvo su posición.
-
En verdad no quiero hacer esto. Solo tenéis que dejarme pasar.
Insistió nuevamente, pero quizás solo era un problema de idioma. Aquello aún le daba más rabia, dado que lo había hablado y comprendido perfectamente en la antigüedad, pero era una de esas cosas que aún no había vuelto a recordar completamente. Dudó en pedir ayuda dados los precedentes, pero entendía que la situación requería el intento. Astra era joven, dudaba que supiera el dialecto maya, pero tal vez el dios del sueño sí.
-
Mi señor, tal vez puedas ayudarme con una traducción si no estás muy ocupado...- Pensó intentando contactar con Hypnos. No obtuvo respuesta por segunda vez y aquello empezó a preocuparla. De pronto un guerrero tomó la iniciativa desde su flanco derecho, realizando una lanzada profunda... nada que su giro de guadaña no pudiera contrarrestar en un rápido movimiento, partiendo la lanza en dos.-
Mi señor, ¿puede oírme?
Quería pensar que simplemente era una cuestión de “cobertura”, pero era capaz de sentir a Astra sin problema, incluso podía escuchar su mente intentando resolver el problema que tenía frente a ella. Si no era así con Hypnos, es porque su mente estaba bloqueada de algún modo. Necesitaba concentrarse, pero era difícil hacerlo en esa situación. Cada vez más guerreros se aventuraban a intentar cogerla por sorpresa, pero sus movimientos eran demasiado lentos para la diosa. No quería dañarles si era posible, pero cada vez se estaban poniendo más insistentes.
Tiempo... solo quería un poco de tiempo. Los miró fijamente y entonces hizo que sus ojos se mostraran como realmente eran, uno morado y otro azul. Nuevamente les tomó por sorpresa y los hombres volvieron a retroceder mientras decían palabras como “hechizo” y otras que simplemente no alcanzaba a entender. No le importaba. Necesitaba esos valiosos segundos de duda para intentar sentir al dios del sueño.
Concentró su cosmos y se enfocó en la búsqueda, mientras hacía una serie de movimientos con sus manos para distraer a los guerreros el tiempo suficiente haciéndoles creer que conjuraba algún tipo de hechizo poderoso. Por algún motivo, la conexión con su creador era compleja a pesar de sus habilidades mentales, pero gracias a la energía de Hunahpú, consiguió llegar a hacerlo... pero aquella sensación encontrada le generó una extraña intranquilidad. La conocía bien... demasiado bien. Una paz intemporal. Un mundo donde todo lo que deseas se cumple. Llevaba milenios acompañando a personas a lograr esa sensación, podría reconocerla en cualquier lugar... ¿pero cómo había acabado su señor atrapado en una ilusión así?
“Estuve a punto de traer a nuestro enemigo aquí, pero no fui lo suficientemente rápido. Debo estar entumido.”
Eso había dicho Hypnos en el reino de los sueños.
Tenía un mal presentimiento...
Tampoco las cosas para Astra iban del todo bien. Quizás debería acabar allí cuanto antes e ir a ayudarles. Nuevamente un cuchillo lanzado a su espalda que tuvo que esquivar con un movimiento más pronunciado, hizo que perdiera la conexión. Cada vez tenía que hacer bailar su guadaña con más frecuencia para bloquear ataques y esquivar con más precisión. Era difícil hacerlo en tan poco espacio sin intentar dañar a nadie, pero esperaba que tarde o temprano, aquel jefe se diera cuenta de que no eran rivales para ella.
Pero su orden no llegaba y cada vez le costaba más establecer algún tipo de conexión con su señor.
-
Tengo que poder llegar a él y asegurarme... solo un último intento...
Y finalmente pudo verlo.
Fue apenas un instante. Más breve que el aleteo de un colibrí, pero para Phantasos era como si el tiempo se hubiese detenido completamente. Estaban en el Santuario, probablemente en lo que sería el templo principal, junto a un trono. Había una mujer castaña junto a ella que identificó inmediatamente como la matriarca, aunque no sabía el por qué tenía esa certeza. Frente a ella, se encontraba su señor Hypnos, ataviado como la alta jerarquía de los atenienses. Y estaba... feliz.
El vínculo había vuelto a perderse... tal vez porque Phantasos dejó de respirar. Los ojos abiertos y desencajados, junto con una palidez mortal. Escuchó el golpe de la guadaña al caer y chocar contra el suelo... se sentía muy lejos, como si fuera en otra dimensión. Trataba de comprender, trataba de entender...
Los guerreros maya tomaron ese instante a su favor. Era el momento que habían esperado, pero a pesar de eso, aquella pequeña daga lanzada, solo consiguió rozar la pierna de Phantasos. Un roce que hizo brotar una gota de su sangre.
Una gota que llegó a su vestido tiñéndolo de carmesí a pesar de su oscuridad.
... y tal vez eso mismo era lo que habían conseguido desatar: La oscuridad.
El primer giro de la guadaña a su alrededor hizo un corte limpio por encima de la rodilla de los guerreros que se situaban en primera línea. Uno a uno iban cayendo sobre sus compañeros de la segunda línea al quedar imposibilitados por perder sus piernas. Sus compañeros escuchaban sus gritos de horror tras ver la mutilación de sus cuerpos y veían como la sangre salía con fuerza contra el suelo hasta hacerles perder el conocimiento envueltos en un charco de sangre.
El segundo giro, bailó hacia sus gargantas, rebanándoles las cabezas. No quería escuchar gritos, o tal vez no quería escuchar sus ruegos pidiendo clemencia.
Para el tercer giro, ya la mayoría habían decidido correr en dirección contraria, por lo que el sonido de la hoz al cortar el viento se intercalaba con el crujido del acero contra el hueso de las columnas vertebrales de los cobardes.
Ya no quedaba nadie a su alrededor con vida, excepto una serie de miembros y cuerpos descuartizados... pero aún no habían muerto todos. Querían escapar, pero el filo del arma de la parca aún no había quedado plenamente satisfecha. No sin antes probar las vísceras de los últimos guerreros en pie.
Cuando el último de ellos había exhalado su último aliento, Raven tomó una de las finas telas del jefe muerto y limpió con ella su arma, dejando que ésta brillara incluso en aquel lúgubre pasadizo. No había sido consciente de cuándo había muerto aquel hombre, pero poco le importaba, pues si algo apreciaba del inframundo, era la igualdad ante la muerte de poderosos y plebeyos.
Su guadaña volvió a la dimensión de la que la había obtenido y comenzó a caminar hacia la salida con paso lento. Su pelo había vuelvo a su oscuridad habitual, pero nadie podría decirlo, pues cada mechón de su larga cabellera estaba bañado en sangre, al igual que su piel y al igual que su vestido.
Finalmente llegó hasta un río de aguas cristalinas. No se fijó mucho en él, buscaba el resto de salidas de las cuatro puertas, pero no encontró nada más que su propio túnel. Fue entonces cuando se percató, de que próximo al río, ya se encontraba Hypnos esperando. Aquello pareció hacerla reaccionar al fin. No medió palabra alguna. Solo miró a sus manos ensangrentadas por unos segundos y se dejó caer sobre sus rodillas, rompiendo a llorar desconsoladamente.