.:: La cascada de Sangre ::.

El Desierto Eterno, donde los que fueron violentos contra otros hombres, o contra Dios, vagarán por siempre sobre sus ardientes arenas y bajo una constante lluvia de fuego que abrasará sus almas...

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Raven
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Nuevamente volvían a caminar, esta vez rumbo al destino que había estado buscando desde que entró a ese cuerpo y que no había sido capaz de averiguar precisamente por éste mismo.

- ¿Y dónde se supone que queda eso? ¿Raven?- Preguntó Astra en las puertas del reino de los sueños.
- No lo sé- contestó Raven, aún dándole vueltas a lo que había murmurado su señor sobre los di Metherlow y la umbra.- Recuerda que es lo que buscaba cuando nos encontramos por primera vez. Debería saberlo, pero no soy capaz de hace...
- La cascada de sangre- interrumpió el dios Thanatos.



El caminar era más lento, lo que tampoco le agradaba en demasía, más aún cuando solo tenía que abrir un pequeño portal y todos estarían frente a la puerta oscura. Pero había un buen motivo para no hacerlo. Conforme se alejaban del reino de los sueños, Phantasos sentía que su cosmos disminuía notablemente y, aunque no manifestó su preocupación abiertamente, cada paso que daban se sentía como una cuenta atrás, por lo que se mantuvo en silencio toda la travesía, calculando sus límites para lo que se venía.

También estaba el detalle con Hades. Les había dado una misión que habían cumplido y de la que sin duda debieran informar. Pero la orden de su señor había sido clara: “Debemos ir ahora a la puerta de la Umbra”. Por sus principios, Hades debería esperar, pero no estaba segura de que Astra se encontrase en la misma situación que ella... solo cabía confiar en que el dios del Inframundo fuera comprensivo con la situación.


Por fin, su destino se presentó frente a ellos: La gran cascada de sangre.
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Uno de esos pocos bellos paisajes dentro del propio Inframundo que inspiraba a la calma. Tal vez por el sonido de la sangre al caer o por la ironía de que aquella sangre alimentada por las lágrimas de las almas yacientes en el Inframundo, transformaba la pena en algo hermoso como una cascada o la única forma de vida real en un mundo de muerte, aquel hermoso sauce que todos conocían por ser el origen del peligroso collar de cuentas del caballero dorado de virgo.

Para Phantasos aquel lugar era una mezcla perfecta entre el mundo del sueño y el de la pesadilla... sí, un lugar de convergencia. La vida en mitad de la muerte. Un punto de conexión entre la sexta y la séptima prisión. Y por supuesto, un punto entre la luz y la oscuridad.

Conforme iba recordando poco a poco todo lo referente a la cascada y la puerta, se peleaba consigo misma por no haber sido capaz de recordarlo hasta que Thanatos lo dijo en voz alta.

- ¿Por qué una cascada de sangre?- Preguntó Oneiros en sus recuerdos de hacía milenios, cuando se creó el inframundo que actualmente conocían.

- Supongo que si algún humano llega hasta aquí y se topa con una cascada de sangre... tal vez reconsidere retroceder. Los humanos que conectan con estas puertas, tienen la creencia de que los dioses nos alimentamos de sangre. Sacrifican cientos de humanos para ofrecérnosla a cambio de su favor, así que cruzar y bañarse en ella, “arrebatándosela” a los dioses... no parece una buena idea, ¿no? Pero no podemos olvidar, que si consiguen pasar todas las pruebas previas, lo más seguro es que una cascada no los detenga, así que creo que es un gran acierto situarla en una zona neutra entre las dos prisiones. Un humano no tendrá claro el rumbo a seguir...


Phantasos se llevó las manos a la boca al darse cuenta que su recuerdo lo había trasladado a ese momento, hablando en voz alta las palabras exactas que dijo a su hermano entonces.

Dio por hecho que la habían escuchado, pero no dijo nada al respecto. No obstante, no podía no hablar sobre otra cuestión más preocupante.

- En lo que pienso como no acabar empapada de sangre sin hacer uso del cosmos y poder así llegar a la puerta oscura- dijo añorando su reino en el que solo un pensamiento la dejaba perfecta- quiero recordar un pequeño detalle. El pacto de nuestro señor Hades con los otros dioses establecía que SOLO seres humanos podían cruzar esta puerta...- Miró hacia Hypnos y luego hacia Thanatos. No quería cuestionar las órdenes de su señor, ni mucho menos dar a entender que no eran conscientes de ella, pero cruzar esa entrada como dioses, podría desembocar en una guerra santa, pues el mismo pacto regía para las seis puertas, por lo que los dioses nórdicos o el propio Poseidon podrían exigir explicaciones al respecto o incluso tomarlo como una invasión directa si continuaban.
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Hypnos
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Durante el camino pocas palabras se cruzaron, anduvieron a través del inframundo sin mayores complicaciones, Hypnos observaba todo y trataba de ubicar en su memoria cuando había sido la última vez que había caminado por aquellos rumbos. Debía de haber sido hace muchísimo tiempo. Pero como aquello era eterno, poco había cambiado.

Thanatos había señalado la ubicación correctamente, debían llegar a la cascada de sangre, en donde se escondía una de las puertas que conectaban al inframundo con el mundo exterior. No eran propiamente portales dimensionales, eran mas bien caminos largos y bien escondidos, difíciles de andar para una persona normal. De ahí que tan solo cruzarlos se volvió una hazaña en la mayoría de las culturas.

Durante el camino aprovechó para preguntar el estado actual del inframundo.

- Escuché a Phantanasos llamarte Astra... Dime Astra, ¿Cuál es el estado actual del inframundo? ¿Han aparecido ya las 108 estrellas?. Puedo sentir a Hades y a algún cosmo oscuro más. Pero si tuviera que adivinar habremos mas bien pocos. ¿Cierto?. -

Hizo una pausa mientras continuaba mirando hacia adelante.

- No entiendo muy bien por que, pero mi ser no apareció en las anteriores guerras. Pude sentir toda la agitación de las batallas, los despliegues de energía, la disrupción de la línea temporal. Pero son sensaciones mas que recuerdos reales. Estoy bastante des-actualizado de lo que ha ocurrido hasta el momento. -

Escuchó atento la respuesta mientras llegaban por fin a su destino. Una gran cascada roja se erigía frente a ellos. Hypnos recordó aquel lugar y no pudo evitar sonreir en complicidad con Thanatos. En aquel lugar había comenzado el castigo del primer hombre que llegó al inframundo sin estar muerto, aquel que reveló a Hades la existencia de las distintas conexiones con el reino de los vivos.

La voz de Phantanasos lo sacó de sus recuerdos, haciendo mención que le gustaría realmente no llenarse de sangre al cruzar la cascada y algunos detalles del antiguo pacto con las familias custodias de la muerte.

- Realmente el pacto oficial busca que nadie cruce estas puertas, ni dioses, ni humanos. Esa fue en su momento la mayor preocupación de nuestro señor Hades. De ninguna manera podíamos permitir que los muertos escaparan del inframundo, ni tampoco podíamos correr el riesgo de incursiones de nuestros enemigos. - Explicaba tranquilamente. - Al final solo a un grupo de humanos se les permitió cruzar estas puertas, a los guardianes de la muerte, y para este efecto recibieron varias bendiciones, tanto de dioses menores, como de Hades. Ellos no han cruzado estas puertas, pero alguien ha encontrado la manera de atacar el inframundo desde el otro lado. ¿Por que se arriesgarían a enfrentar la ira de Hades?.- Dióse cuenta que había comenzado a divagar y no había respondido a la preocupación de Phantanasos.

- La idea es mantener a los muertos aca, y a los vivos del otro lado. Nuestro paso por aquí no debería sugerir una ofensa, puesto que no somos almas escapando del inframundo. - Meditó un momento, tratando de encontrar la mejor solución, no podía arriesgarse a contrariar a su señor Hades. Y al final una sonrisa divertida le acusó de haberla encontrado.

Cerró sus ojos, su cosmo ardió de forma creciente y paulatina. Abrió sus ojos y estos eran blancos, sin pupilas. Extendió su brazo y mostrando la palma de su mano convocó un portal. Frente a ellos un circulo con unas inscripciones ajenas al habitual griego que solía abundar en cualquier inscripción del inframundo. Eran mas bien dibujos, jeroglíficos de una cultura muerta. El círculo se incrustó en el suelo, para luego comenzar a subir lentamente. Conforme subía iba dejando debajo de el la forma de un nuevo invitado.

- Hola Huna, tanto tiempo sin verte. -

Hunahpú apareció frente a ellas. Era un hombre de gran tamaño, musculoso, facciones faciales gruesas, iba vestido con un faldillon corto cruzado de color verde, con un pedazo de tela que caía desde la base de su vientre hasta las rodillas, alguna vez bromeó diciendo que era para cubrir totalmente su falo, que las falas no alcanzaban a tapar. Portaba sandalias y un tocado en la cabeza color verde hecho de tela con adornos de oro. Portaba también un bastón de gran tamaño que le servía a la vez de arma como para ayudarse a andar.

- Ca Tiyacauh cualitqui,teticmati teotl cochiztli.-

- Vamos viejo amigo, tiempo has tenido ya para aprender la lengua común. Verás, necesito de ti una última vez y pronto podrás volver a donde te había colocado. -

Hunahpú intento luchar, dar una última batalla, pero fue en vano sus fuerzas habían sido menguadas estos últimos tres mil años. -

- Necesitamos cruzar esta puerta, que fue erigida en tu honor al ser aquella que usaste para cruzar a este plano la primera vez, pienso que los dioses custodios de tu región natal no nos notarán su tu "escencia nos acompaña". -

Hunahpú protestó un momento, pero entendió lo que quería Hypnos, y sabía que poco podía hacer al respecto. Tomó su bastón, el cual de uno de sus lados tenía una punta afilada, y cortó ambas muñecas, su sangre corrió abundante de sus manos, aquel ser tenía una escencia propia que podía ser detectada como se detecta el cosmos, era una esencia muy particular del lugar donde venía. Podía decirse que violenta y a la vez valiente.

- No nos bañaremos en su sangre. - Le aclaró al grupo. MIentras hacía arder su cosmoenergía y la sangre del héroe maya comenzaba a brillar en un dorado intensó, pronto dejó de brotar y frente a ellos tenían ahora la escencia del héroe convertida en cosmoenergía. Hypnos elevó aquello y se cubrió con esa energía, hizo lo mismo con sus compañeros.

Hunahpú cayó sobre una rodilla, estaba débil.

- Ahora debes volver... - Hypnos contuvo una mueca de tristeza. Aquel héroe había llegado a caerle bien con el paso de los años, había sido una pena para el que Hades deseara un castigo ejemplar para el primer ser que se atrevió a cruzar estas puertas. No pudieron matarlo, no era un humano normal. Era mas parecido a ellos que a los humanos. Pero si lo derrotaron, acabaron con su espíritu de lucha y aplastaron su alma y ahora yacía sellado en el inframundo eternamente.

El hombre desapareció poco a poco, como si el aire se lo llevara de a poco, como si de una estatua de sal se tratase que se desintegró grano a grano.

- La energía usada para sellar estas puertas esta íntimamente ligada con la energía de los primeros héroes o dioses de estas culturas. Espero que esto sirva para que avancemos sin ser detectados. -

Concluyó hacia el grupo mientras con su energía partía la cascada en dos creando un arco por que podían pasar caminado, si encontraban la manera de sortear el lago de sangre.
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Thanatos
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Mensaje por Thanatos »

El camino desde el reino de los sueños hacia las cascadas de sangre no fue más que eso, no compartimos muchas palabras en el andar, en mi mente, la visión que se había formado después de establecer una conexión con el ente que nos amenazaba permanecía tatuada en mi vista… cada vez que cerraba los ojos podía verle ahí… brillando en la oscuridad.

A mi lado… pude ver a mi hermano en una especie de conducta social… “durmió demasiado tiempo” pensé, pues me parecía poco usual que se interesara tanto por los demás… aunque en realidad no alcanzaba a comprender las preguntas que le hacía a Astra… aunque debería poner más atención.

Llegados a la cascada de sangre, solo pude agradecer que evitáramos el largo camino escalonado que muchos héroes utilizaron para acceder al inframundo por medio de xenotes ocultos. “un buen atajo, sin duda” pude pensar para mi… mientras Hypnos convocaba un portal del cual un viejo conocido emergió.

- Hun-Hunahpú… - dije en voz baja mientras el Antiguo héroe hacia una especie de rabieta… en la antigüedad… dicha rabieta haría preocuparse hasta a los mismos dioses gemelos… pero hoy… Hunahpú no era más que un recuerdo de lo que un día fue… un casi dios.

Habiendo sido sometido por Hypnos, Huna accedió a brindarnos su esencia, con la finalidad de pasar desapercibidos por el nuevo mundo… mientras regresaba al portal, Huna me miro tristemente… “tal vez un día te regale el descanso eterno…” pensé, sin embargo mi voz sonó claramente solo a los oídos de Hun-Hunahpú… viniendo del dios de la muerte… parecía una promesa.

Mientras Thanatos se fundía con la energía del héroe... Este pudo darse cuenta que tenía que atender asuntos con motor importancia que la que actualmente atendía.

- debo irme...- dijo sin explicar más - Hypnos, estoy seguro que eres.mas que capaz de encontrar a quien a causado todo este alboroto... - dándose la vuelta Thanatos desapareció en un par de metros lo que un cuerpo desaparecería si caminara kilómetros.
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Raven
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Mensaje por Raven »

Hypnos le había dado una explicación que consideraba bastante acertada sobre el origen y el propósito de las puertas. Pero había un detalle que Phantasos nunca había considerado de importancia hasta ahora y que ponía en jaque el razonamiento del dios Hypnos. ¿Dónde acababa la jurisdicción de Hades?

Las cavernas, los cenotes, los ríos subterráneos, los volcanes... siempre habían generado cierta discusión política. Un túnel que conecta la superficie de la Tierra con el Inframundo, ¿pertenece a la primera o al segundo? La respuesta parecía ser clara: o bien era de ambos o de ninguno.

Pero además, sabían que había un pacto de por medio sobre quiénes podían transcurrir por ellos, por lo que era algo que reforzaba aún más la idea de que los túneles pertenecían a ambos reinos.

Ahora. Hades se había molestado en dar a conocer las puertas a sus vasallos y de dejar claro que “solamente humanos” podían atravesar esas puertas. ¿Por qué lo haría si al final el único problema era que no escaparan los muertos del inframundo? Ése ya era el cometido de la mayoría de espectros, era obvio que eso aplicaría a los túneles.

- Si fuese común a dos reinos... yo habría puesto varias advertencias en el camino y finalmente una definitiva. Habría marcado una línea a partir de la cuál se cumpliría mi voluntad sí o sí.- Se dijo.

Se acomodó el pelo, como el que quiere acomodar las ideas, pero todo seguía siendo confuso. Solo le quedaba confiar en lo que su señor decía. Eran los dioses gemelos a fin de cuentas, los consejeros de Hades, no cualquier espectro de bajo nivel. Claramente estaba dando demasiadas vueltas a algo que seguramente no debía.



Mientras había estado pensando, aquel guerrero había aparecido invocado por su señor, rajándose las venas frente a ellos. Raven se puso muy tensa al ver el espectáculo. No por la sangre, sino pensando en qué quería hacer Hypnos con ella.

- No nos bañaremos en su sangre- aclaró éste, como si hubiese leído el pensamiento de la diosa. Eso la hizo respirar por un instante, aunque todavía había que descartar que no quisiera que la bebieran. Finalmente, vio que simplemente se convertía en energía a su alrededor, como si fuese una capa protectora... sí, podía funcionar.

Acto seguido, la cascada se dividió en dos como si hubiesen descorrido una gran cortina, nuevamente gracias al poder de su señor y esta vez sí respiró hondo aliviada, agradecida de contar con un creador tan considerado
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La visión desde su lugar, era simplemente espectacular, pues cuando hablaban de puerta, pocos podían imaginar semejante obra de arquitectura.

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Su imagen imponía cierto respeto incluso a aquellos con poderes divinos. Los dos Chac-mool parecían ser capaces de mirar el interior de las personas a pesar de que sus ojos eran solo piedra lisa. Suponía que era la idea después de todo. “Los dioses mayas os estamos observando y estaréis a nuestra merced si cruzáis estas puertas”.

Se había ensimismado tanto admirando aquellas puertas, que le costó darse cuenta de que en su mente estaban apareciendo algunas palabras e imágenes que no eran suyas. Rápidamente asoció aquellas al dios Thanatos, pero le sorprendió, porque él no estaba hablando en ese momento, más bien parecía... un sueño. ¿De él? ¿De aquel guerrero?

- ¿Xtabay?- preguntó Phantasos en apenas un susurro, extrañada por aquel nombre. No sabía de quién se trataba, pero le sorprendió que podía visualizar con claridad a una joven con vestido blanco y piel tostada que nunca antes había visto. ¿Cómo era posible?

- Debo irme...- dijo de pronto Thantatos rompiendo la conexión mental, seguramente de todos los presentes que compartían la esencia del guerrero- Hypnos, estoy seguro que eres más que capaz de encontrar a quien ha causado todo este alboroto...

Y simplemente desapareció.



En realidad no es que no estuviera acostumbrada a las idas y venidas del dios, pero de algún modo aquella actuación hizo que le hirviera la sangre por dentro.

- No es que me queje- dijo dirigiéndose a Hypnos con seriedad- porque estoy francamente agradecida de que fueseis vos mi creador y no él... pero cuando repartieron los dones entre ambos en vuestra creación, ¿tan escasos estabais de educación, cortesía y carisma, que decidisteis tomarlo todo para vos y no dejar nada para él? En realidad, no sé por qué os llaman los dioses gemelos, si no os parecéis ni en el blanco de los ojos.- Comenzó a decir al tiempo que el pelo cambiaba a una tonalidad granate.

Quería pensar que tal vez tendría asuntos más importantes o que simplemente no quería tentar la posibilidad de transgredir una orden de Hades, pero la realidad es que en su cabeza las palabras “cobarde” y “egoísta” retumbaban demasiado alto como para intentar ignorarlas.

No entendía por qué se molestaba dado que era su carácter habitual, pero tras haberla ayudado a tener un juicio justo, haberle observado con Astra e Hypnos, y haber sentido algo de su cosmos protegiéndolas con el envenenamiento (aunque no estaba del todo segura con esto), Phantasos había creído por un instante que por fin podría ver al Thanatos que tanto amaba su señor...

Pero nuevamente había quedado defraudada y lo peor de todo, es que no entendía por qué seguía importándole mínimamente.

Comenzó a avanzar unos pasos hacia la laguna. Estaba tan enfadada que con cada paso que daba la sangre se iba retirando lo suficiente para no empaparla, fruto del descontrol de su cosmos, pero que dejaba vía libre al resto para cruzar.

Había tres puertas y en la parte superior una cuarta. No lo pensó mucho, simplemente empujó la puerta que estaba en medio y la atravesó, encontrando frente a ella una especie de camino rojo. Iba a girarse para decir algo cuando de pronto, con un golpe seco que retumbó con fuerza, la puerta quedó sellada. Retrocedió para intentar abrirla, pero era imposible.

- ¡¡Mi señor!! ¡¡Astra!! ¿Podéis oírme?- gritó mientras golpeaba la puerta. No obtuvo respuesta en sus oídos... aunque sí en su mente.- En serio... ¿¿podemos leernos la mente??

No iba a negar que aquello podía ser realmente útil si se encontraban separados como era el caso. La esencia de aquel guerrero había generado una conexión muy válida, pero también muy peligrosa.

- Oh por favor, ¿y si mi señor ve que lo imaginé medio desnud..... ? ESPERA, NOOOOOOO!!!!! NO VEA ESO POR FAVOR!!! ¡¡¿¿¿¿¿CÓMO SE OS OCURRE HACER ESTO SIN AVISAR!!????? @onion13@
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Mensaje por Hypnos »

Raven quedaba dubitativa, Hypnos podía imaginarse que iba y venía en su mente, analizando las implicaciones de cruzar esa puerta. De todos los oníros era al que más conocía, y podía apostar que estaba haciendo acopio de fuerzas para no contradecirle. Al final, no pudo contenerlo del todo; como quien habla consigo mismo, comentó lo que ella hubiera hecho si fuera la regente del Hades y no quisiera que alguien pasara. Hypnos no respondió al respecto, consideró que estaba pensando en voz alta.

Todos observaron la puerta al mismo tiempo. Todavía no habían terminado de analizar las líneas y recovecos de la obra frente a ellos cuando Thanatos rompió el silencio señalando que era hora de irse. Hypnos podía sentir la urgencia en el alma de su hermano. Sabía que algo llamaba su voluntad, y asintió cuando le dijo que confiaba en él para resolver el problema que ahora presentaban. Apenas hubo desaparecido la reacción de Phantanasos, le sorprendió.

Al principio, la sorpresa fue evidente en su rostro. Sus ojos se abrieron un poco más mientras miraba a Phantanasos. Ella le sostuvo la mirada; a pesar de que la queja era para su hermano, Hypnos pensaba que tal vez en el fondo de su corazón esperaba que él reprendiera al dios de la muerte por sus modales. Aquello no pudo sino divertirle al dios del sueño. Miró a Astra para entender si para ella también había sido una falta de respeto.

Escuchó atentamente. Solo sonrió y volvió a agitar el cabello de Phantanasos fraternalmente.

-Si lo piensas, la muerte no suele ser cortés. Cesa la vida sin aviso o cita, no se justifica cuando es dolorosa, ni pide recompensa cuando pone fin al sufrimiento... Si le dieras una oportunidad, te aseguro que te enamorarías de él... -
Las palabras de Hypnos no solo no apaciguaron su espíritu, parecían darle más razones para continuar enojada. Dio media vuelta y comenzó a caminar sobre la sangre usando su energía; un olor a hierro comenzó a tener presencia. La sangre se evaporaba conforme ella avanzaba. Avanzó sin mirar atrás, como si de pronto estuviera sola. Hypnos imaginaba que estaba ensimismada en sus reclamos.

-Phant... - Es todo lo que alcanzó a decir antes de que Phantanasos entrara a la puerta que quedó frente a ella apenas cruzó la laguna. La puerta se cerró de inmediato; Hypnos sabía que no se abriría.
- Bueno... - Miró a Astra. - Creo que seguimos nosotros. Estas puertas son el acceso a la primera parte del recorrido. No estoy del todo enterado del arreglo que ha sido utilizado en esta puerta, pero seguramente es algo relacionado con la magia antigua de la región y potenciado con la ayuda de los dones que el señor Hades les dio a la familia nigromante. -

Gracias al vínculo que Hypnos había convocado al usar la sangre del héroe para cubrirles, podían sentirse aún a través de las eras, del espacio, de las dimensiones. Era un vínculo similar al que tenía con su hermano Thanatos, un vínculo que solo la sangre puede dar. Ellos podían sentir la momentánea desesperación de Phantanasos, la incertidumbre, y también podían comunicarse con ella; ambos escucharon a Phantanasos.

Mientras todo esto ocurría, ellos caminaban sobre las aguas de igual forma que lo hiciera la Oníro segundos antes.

- Seguimos aquí. Vaya, qué rabieta que te ha dado. - Dijo divertido. - No creo que la puerta pueda abrirse nuevamente. Debemos seguir avanzando... - Hizo una pausa para recordar la secuencia de eventos que acababan de ocurrir. La puerta se había sellado con energía poderosa apenas ella hubo cruzado. Invitó a Astra a cruzar juntos la siguiente puerta, pero simplemente no pudieron avanzar; las puertas estaban diseñadas para permitir solo a una persona.

Ensimismado estaba en sus pensamientos cuando escuchó que Phantanasos gritaba, al menos en su mente, y acto seguido sintió un profundo calor, una sensación que seguramente había sentido alguna vez, hace miles de años, pero que ya había olvidado. El vínculo que compartían no solo les permitía comunicarse, también tenían un profundo lazo empático; podían sentir lo que el otro sentía, incluso podían en ocasiones visualizar lo que el otro imaginaba.

Ese calor era el calor que genera una intensa vergüenza, ese fuego que te sube por el pecho y se aloja en tus mejillas. Hypnos estaba confundido, seguro ellas podían sentirlo. Su corazón latía rápidamente. Ahora su sangre también parecía hervir. Como un relámpago que cae en la pradera, así apareció su imagen. Se vio a sí mismo con el torso desnudo, conviviendo con Phantanasos. ¿En un lago? ¿En el campo? No entendía esa visión, pero seguramente era algún lugar del reino de los sueños.

-Entre más dejas que tus emociones afloren, más compartirás. - Se escuchó la voz de Hypnos en las mentes de Astra y Phantanasos. - Interesante la visión que surge después de que mi hermano te hace enojar. Esperaría algo más violento y con mi hermano de protagonista... o tal vez que el cabello de esta visión debería ser de color plata? - Dijo divertido mientras volteaba con Astra para confirmar que el siguiente paso era ingresar cada uno a una puerta.

-Lo que hay detrás de esa puerta esta ideado para no dejar pasar a nadie. No sé qué será, pero lo que sea, recuerda que fue hecho por alguien que tenía el permiso de Hades, tú tienes su bendición, estas en un orden superior en conciencia y poder, que no flaquee tu entereza. -

Escuchó la reacción de Astra antes de dirigirse a la puerta de la izquierda e ingresar. El golpe seco de la piedra al caer anunciaba que aquella puerta no se abrirá más. Al cruzar la puerta solo había oscuridad. Hypnos se detuvo unos segundos para tratar de identificar algo distinto, algún peligro que pudiera cernirse sobre él, estaba a punto de iluminar el lugar con su energía cuando todo se aclaró.

Hypnos caminó con cautela por el camino recién desvelado hacia él, era un largo pasillo, las paredes estaban decoradas con dibujos procedentes de la cultura Maya, contaban historias de guerreros sacrificados, aquello era más una intuición que una certeza, pues no podría decir que entendía aquella escritura, continuo su camino esquivando algunas lianas que colgaban del techo. El ambiente era muy húmedo, por fin salió del pasillo y entonces entendió por qué, el pasillo terminaba en una selva que abarcaba todo cuanto podía observarse. Hypnos recorrió con la mirada el paisaje, helechos, grandes árboles, arbustos, lianas, muchas flores de distintos colores, pudo identificar crisantemos, relacionados con la muerte, y orquídeas con el amor. ¿Un mensaje?

Hypnos pensó en saltar, pero al levantar su rostro observó que la bóveda celeste, no era realmente celeste, era un firmamento tan oscuro como la umbra. Sospechó que si quería llegar al otro lado, sería caminando.

Se adentró por fin en la vegetación, le sorprendía la cantidad de vida que había en aquel lugar, todo se movía, todo emitía sonidos, acostumbrado a la mansedumbre de las vidas finitas, a la calma de los campos elíseos, aquello le resultaba intrigante, trató de hacer memoria para descubrir alguna vez que haya estado en un lugar parecido, pero no consiguió hacerlo, era la primera vez que caminaba algo así, reflexionó que tal vez en su divinidad, en su soberbia por conseguir el objetivo de su señor se había concentrado tanto que comenzó a pensar que todo cuanto el hacía o maquinaba era todo cuanto había.

Sumido estaba en tales pensamiento cuando una forma de vida distinta llamó su atención, a lo lejos una figura humana se acercaba. Hypnos trató de sentir su cosmoenergía, pero no parecía irradiar una energía especial, o diferente a la que había en aquel lugar. Conforme sus pasos los acercaban podía distinguir mejor a aquella persona que le daría la bienvenida.

Era una mujer, no muy alta, de tes morena oscura, pero lo que comenzó a llamarle la atención de manera poderosa era su feminidad. Phantanasos había tomado un cuerpo bello sin duda, Astra era una mujer de hermosos atributos y fina silueta, eso no lo ponía en duda, pero nunca aquellas características atraparon su mente como para analizarlas, lo que si ocurría con aquella mujer que se acercaba.

Su sensualidad comenzó a atraparlo, diose cuenta entonces de su contoneo al caminar, que era posible gracias a sus caderas prominentes, tenía una falda prehispánica que funcionaba un poco como taparrabos, dejando al descubierto unas piernas grandes y torneadas. Al subir su mirada encontraba una cintura pequeña, un abdomen marcado, su ombligo parecía estirarse con su cuerpo. Su ropa cubría sus pechos por el exterior, pero dejando al descubierto la parte interna en un escote descarado que dejaba poco a la imaginación.

Su rostro era pequeño, pero sus facciones no así, sus ojos eran grandes y expresivos, sus labios carnosos y teñidos de un color rosa oscuro, acorde a su tono de piel. Su nariz pequeña y respingada.

Algo estaba mal, aquella reacción no era natural en el dios, en aquel momento él no lo identificaba así, aquello que lo estaba atrapando era difícil de discernir. ¿Sería solo la lujuria tan clásica en los dioses griegos?

-Hola Hypnos, dios señor y regente de los sueños, bienvenido a mi morada. - Dijo aquella mujer al acercarse lo suficiente. - Que lo trae a este lugar mi señor, ¿qué puedo hacer hoy por ti?- Su voz era dulce, invitaba a la dominación. Hypnos demoró un momento en responder. Su razón estaba luchando con su deseo. Su espiritualidad luchando con la carne.

-Entré a la puerta de la Umbra, y deseo llegar al otro lado de ella, ese es mi destino. - Dijo de forma parca, disimulando la contrariedad en su alma.

-Claro que puedo ayudarle con eso, conozco este lugar perfectamente. -

-¿Por qué habrías de ayudarme?- Preguntó con la desconfianza natural que demandaba aquella situación.

-Mi trabajo es cribar la cizaña del maíz, los dignos, de los indignos. Soy Xtabay, la guardiana de este camino. -

Si Hypnos hubiese sido un dios más culto en otras civilizaciones hubiera entendido la trampa en aquel momento. Xtabay no era una guardiana, era un espíritu captor, era una mujer que gozaba de engañar a los incautos y atraparlos por siempre en aquella selva.

-Esta puerta esta creada con la ayuda de una poder ancestral y poderoso. Desde que cruzaste la puerta te sentí, y desde que te sentí supe que eras digno. Nunca había cruzado nadie como tú. A decir verdad estoy emocionada de conocerte. Por aquí por favor. -

Le dijo mientras se giraba para mostrarle el camino que habrían de seguir. Cualquiera que lea estas palabras podrá entender que aquella bella mujer ahora tentaba no solo su lívido, sino, su ego… pero, todos son toreros desde la barrera.

-Este camino tiene ciertas complicaciones, son más bien pasos que hay que seguir. Normalmente se tratarían de pruebas para disuadir a cualquier mortal de continuar, sin embargo no estoy segura de que ocurrirá en tu caso. - Le dijo mientras sonreía y se colgaba de su brazo al caminar. Su olor era embriagante, el corazón de Hypnos latía sumamente rápido, tan rápido y tan fuerte que por primera vez en cientos de años, recordó que tenía uno.

Llegaron pronto a un lago, su agua pura y cristalina parecía reflejar un cielo azul que no estaba ahí. De no haber estado tan hipnotizado por los encantos de Xbatay, Hypnos hubiese podido alertarse de aquello.

-Hm! Esto es nuevo! - Dijo llevándose una mano a la barbilla, para luego saltar emocionada dejando entrever que sus pechos estaban bien resguardados por su ropa, por más que bailaron, nunca salieron de su prisión. - Hacia mucho tiempo que no veía una prueba nueva!- Dijo con una voz un poco más chillona.

-Prueba… - Dijo Hypnos para sí. - ¿Qué me impediría quemar todo esto hasta las cenizas y dejar de jugar este juego? - Le preguntó haciendo acopio de entereza.

-Puedes hacerlo, sí. - Ella sonreía cuando hablaba. - No te lo recomendaría, si tu destruyes este lugar hay una gran posibilidad que nunca puedas salir de aquí.

Hypnos era una entidad que podía moverse entre dimensiones, transportarse a diferentes puntos en la tierra. Aun así no quiso retar su suerte. Recordó las preocupaciones de Phantanasos al respecto de la diplomacia y su delicada relación con aquellas puertas.

-Entonces cual es la prueba?- Dijo acercándose al lago, asumiendo que debía de nadar.

-Eso solo lo podrás descubrir tú, le dijo ella, yo solo soy una guía física. Cuando completes la prueba el camino se abrirá frente a nosotros-

Hypnos giro su rostro para mirarla, la contemplo por más tiempo del que él hubiera deseado realmente. El alejarse de ella suponía un esfuerzo consiente. Pero al final lo hizo, avanzó por la orilla del lago, hasta que un brillo en el fondo llamó su atención. Se concentró en él y pronto ya no estaban en aquella selva húmeda y ruidosa. Estaban en… ¿Grecia?. Estaban frente a un santuario en ruinas, lo que aún quedaba en pie estaba en llamas. ¿Qué estaba pasando?, ¿Una ilusión?, era una ilusión tan poderosa como para que el dios sintiera la realidad en ella.

El dios recorrió el santuario, conforme avanzaba información llegaba a su mente, como quien recuerda algo olvidado, algo oculto, como quien vuelve de un coma y recuerda toda su vida. Él había derrotado al santuario, él había comandado las hordas del inframundo en la batalla, cosa que nunca había hecho realmente, hasta aquella ocasión.

Terminó de subir, en la sala del patriarca se arrodillaba ante él una mujer de cabellos largos y azules, Athena. Ella le entregaba a Nike. Mientras el complacido le permitía levantarse. Pronto el dejó de ser el, y solo era una entidad que veía una especie de película, una película inmersiva de la que él estaba ya estaba convencido que era parte.

Tomó la mano de Athena y la invitó a sentarse a su lado. En el trono del patriarca ahora había dos grandes y vistosas sillas. Sentáronse ambos, tomados de la mano mientras veían el horizonte. No había dándose cuenta que junto a él se encontraba una hermosa mujer de cabello castaño, erguida, alerta. Parecía cuidar de ellos. Era la representante de Athena en la tierra, era la matriarca del santuario.

El tiempo pasó rápidamente frente a ellos. El santuario prosperó, creció, el Inframundo lo hizo a su vez, las relaciones entre los atlantes y Asgard mejoraban. Todo avanzaba, todo prosperaba, bajo su mandato.

Aquella era la prueba. Un deseo dormido en su corazón, enterrado, estaba brotando.

Yo lo haría mejor…

Decía su corazón. Hypnos, aquel dios que daba su eternidad por su señor Hades, tenía aquel deseo inclaustrado en la oscuridad de su mismo. Hacerlo mejor que Hades mismo.

El dios sonreía en el trono de la tierra. En una tierra donde ya no había guerras, donde el deseo de destruir al hombre había desaparecido de la agenda del inframundo. Donde todo era cada vez mejor. Aquel era el poder de Xtabay, no era tentar a los hombres con su cuerpo. Era usar ese don para debilitar la voluntad y escarbar en aquello que se asomaba de vez en cuando, en aquello que todos enterramos. En aquel deseo que no debe ser.

Esa selva era una versión aumentada del mundo de los sueños.

¿Cuánto tiempo había pasado?, era difícil saberlo. Hypnos estaba atrapado en una realidad alternativa, en un mundo distante. Y más tiempo pasó, días, meses… años. Su nueva realidad era perfecta. No había división, veía en el santuario guerreros con surplices entrar y salir, guerreros que medían sus fuerzas pero no buscaban algo más.

Hasta que un día, subiendo las escaleras para llegar a la sala del patriarca se encontró con ellas, aquellas dos mujeres que habían sido sus aliadas en esta restauración, las vio como siempre las veía, las saludó como siempre las saludaba, pero algo no estaba bien. Por un momento, los ojos de Athena se volvieron bi-color, un ojo azul y otro púrpura. Fue como un parpadeo, como un relámpago que iluminaba todo por un milisegundo para luego desaparecer.

Aquello le hizo detenerse un momento, y las volvió a ver. Las miró fijamente. Primero a Athena, y luego a la Matriarca.

De pronto, aquella certeza de conocerlas se debilitaba. Las veía como el amante que observa a su amor después de una despedida; cuando sus almas se distancian tanto que ya no son lo que eran. Cuando su corazón entiende que las palabras ya no alcanzaran a mover ese corazón, cuando viven a diferentes niveles.

Así se sentía el final de aquella ilusión. Aquel recuerdo aleatorio de Phantanasos en Athena había echado a andar el músculo de la voluntad atrofiado en Hypnos. Su mente había comenzado a trabajar sobre su deseo. Su voluntad sobre el placer. Poco a poco comenzó a entender que todo aquello era solo un sueño.

El dios sonrió. Había caído dentro de su propio sueño. Todo comenzó a desmoronarse, a convertirse en polvo de estrellas. Ellas, las líderes del santuario, fueron el último vestigio de deseo que desapareció, sus cuerpos se fragmentaron en miles de pedazos y con ellas el corazón del dios parecía romperse, alzó su mano buscándolas una última vez, pero no, todo lo que había construido había terminado.

Estaba en pena, había entendido algo; había entendido que no era un ser adecuado, un ser que rendía pleitesía a su señor como debería ser. Había entendido, que tenía las mismas debilidades de los hombres y aquello le dolió.

Cerró lentamente sus ojos. Hasta que dejó de escuchar el crujir de la realidad romperse y volvió a escuchar el ajetreado andar de la selva. Ahí estaba ella Xtabay.

-Y bien señor Hypnos, planea hacer algo?- Le dijo, dando a entender que no había pasado tanto tiempo en el mundo real.

-No estoy seguro, creo que la prueba termino... - Dijo el antes de mirarla a los ojos. Y ahí se dio cuenta. Ella le había mentido, en sus ojos vio los ojos de la castaña. Se congeló por un momento, era tan dolorosamente obvio. Ella había sido parte de la prueba desde el principio, ella lo había generado todo y ella había participado.

-Eres la personificación del deseo, cierto?- Le dijo tranquilo. Ella sonrió.

-Ahora que has probado lo que alberga el fondo de tu alma, de aquí no podrás irte. - Le dijo triunfante, con una sonrisa tan sensual como malvada.

-Me has mostrado un truco nuevo, es cierto, mira que has logrado sorprender a un ser que tiene milenios andando en este tierra. Pero el teatro ha terminado, llévame a la salida. - Le dijo secamente, el embrujo parecía disiparse.

Ella no se movió.

-Veras, el deseo es algo primitivo, algo tan esencial en la creación de los dioses, incluyéndome. Es un sentimiento primordial. Pero siempre está sometido a esa parte animal en nosotros. La voluntad por otro lado. - Frunció el ceño al decir esto último . - La voluntad es un don divino, es hacer lo que debemos hacer por sobre lo que el animal en nosotros quiere. -

Elevó su energía y Xbatay comenzó a asfixiarse.

-Aún más que eso, es un atisbo de divinidad que ha sido otorgado a los hombres, es la capacidad de buscar lo que está más allá, lo que se encuentra en el olimpo. Esa capacidad de ser algo más… Si un humano, común y corriente puede entrar en comunión con lo divino dejando atrás el deseo. ¿Crees que para un dios va a ser diferente?-

Pronto Xtabay dejó de moverse. Hypnos la liberó antes de que la vida fuera arrancada de sus ojos. Pronto la selva desapareció, y el dios continúo su camino por lo que ahora era la segunda parte del largo pasillo. En el piso yacía la mujer más hermosa que el dios nunca había visto, luchando por respirar.

Cualquiera pensaría que sería el reflejo de la frustración y la irá. Después de todo había sido repudiada. Pero no, ella sonreía mientras su pecho se inflaba y contraía buscando oxígeno, sonreía como quien consigue lo que quiere.

-La prueba no es pasar este pasillo. - Dijo tan quedamente que nadie le escuchaba. - Es seguir existiendo después de haber conocido el lado oscuro de tu alma… mi señor. -
Y fue desapareciendo con una sonrisa de satisfacción en su rostro. Como quien ha cumplido su objetivo.
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Las locuras de Hypnos iban acrecentándose conforme hablaba, o al menos eso es lo que pensó mientras escuchaba su discurso. Primero insinuando que podría enamorarse del dios Thanatos y después sugiriéndole fantasear con el dios de la muerte. Su primer impulso habría sido el de la ira, (más aún cuando realmente llegó a imaginar el cambio, tirando por la borda aquella maravillosa fantasía con su señor Hypnos), pero aquel lazo empático seguía haciendo su trabajo y el estado divertido del dios del sueño le sacó una pequeña carcajada a la diosa de forma realmente inoportuna.

Cien... tal vez doscientos hombres armados y vestidos para la guerra estaban frente a ella. De pie, observándola con rostros serios y en un silencio tan sepulcral, que su pequeña risa podría haberse sentido como una gran carcajada en mitad de un entierro.

- No busco problemas.- Se apresuró a decir para rebajar la tensión del ambiente y poniendo un tono de voz mucho más serio.- Solo quiero llegar al final del camino para resolver un problema que afecta a mi hogar.

Nada cambió. De hecho, si no fuese por el movimiento de sus torsos al respirar, habría creído que todo era una ilusión bien lograda.

Pero no era así, por lo que se mantuvo quieta y en alerta. Podía sentir que la habían rodeado, a pesar de que no creía haberse separado de aquella entrada... no importaba. Phantasos intentaba detectar algún rastro de cosmos, pero no sintió nada fuera de lo común que pudiera causarle verdaderos problemas. Parecían humanos normales... antiguos... mayas. No portaban armaduras complejas, ni armas modernas. Solo lanzas y cuchillos. Dio un pequeño suspiro. No dudaba del valor de aquellos hombres, ni de su capacidad para la guerra, pero tampoco pecaba de soberbia al pensar que podía aplastarlos con un solo movimiento. No importaba el número de efectivos, ni el equipamiento de éstos. Frente a un usuario del cosmos... la pelea estaba decantada desde el comienzo. Tal vez por eso, había decidido tomar el camino de la paz e intentar razonar con el hombre situado en el centro. Por su forma de vestir, el uso de plumas, bordados y las numerosas joyas de oro que portaba, debía ser el jefe de aquel pequeño ejército. Quería hacerle preguntas, quizás obtener algo de información sobre aquel camino, pero optó por la moderación, esperando que él tomara la iniciativa.

Éste había dado unos pasos hacia ella y ahora daba vueltas a su alrededor mientras la miraba de arriba abajo. Contuvo el aliento, asqueada por la forma en la que miraba y se acercaba aunque tal vez solo era curiosidad. ¿Cómo no había podido haber previsto esa posible situación? No había tenido tiempo más que de cambiar el color de su ojo violeta a azul, para que al menos ambos ojos fuesen iguales y no la trataran de bruja en un primer vistazo, pero de haber sabido que tendría que tratar con mayas, claramente no habría elegido para la ocasión a una joven de piel pálida, pelirroja, con ojos azules y vestida de negro. Si tan solo Thanatos se hubiese quedado donde debía, no se habría distra...





- ¿Qué... qué está pasando por ahí?!- se dijo al sentir una ola de excitación de origen claramente externo.

Hizo la pregunta en su mente, pero incluso allí podía reflejarse la vergüenza de Phantasos al formularla. De hecho, no tenía ninguna intención de escuchar una respuesta real, pero no encontraba una manera más sutil de recordarle a su creador que todos seguían conectados.

Nadie respondió, pero su cuerpo seguía demasiado acalorado... incluso tembloroso. Su respiración se entrecortaba a pesar de que podía sentir el palpitar de su corazón realmente acelerado. No necesitaba un espejo para saber que sus mejillas se habían sonrojado y que su cuerpo había comenzado a sudar, por lo que bajó la cabeza tratando de ocultar su rostro de tantos ojos curiosos, mientras deseaba que Hypnos controlase aquella situación, fuese la que fuese.

Miró al jefe de reojo. Hablaba con alguno de sus generales. Parecían discutir sobre el futuro de Phantasos, pero no podía concentrarse en aquel idioma antiguo, porque solo parecía poder escuchar los latidos en sus oídos.

“Xtabay”

Fue lo único que escuchó nuevamente en su mente, mientras ponía su mano en el pecho intentando calmarse. ¿Qué o quién era Xtabay? Era la segunda vez que escuchaba aquel nombre en su cabeza. ¿Tal vez era algún tipo de señal?

- ¡Xtabay!- Se aventuró a probar suerte en voz alta, haciendo que todos los presentes abrieran los ojos como platos. Algunos retrocedieron un poco, otros la miraban todavía con más fijación. El jefe y su general hablaban ahora mucho más apurados que antes.

Respiró hondo. Al menos parecía haber ganado tiempo. Las sensaciones de su cuerpo iban disminuyendo progresivamente y parecía que todo volvía a estar bajo control. Claramente el camino que había elegido su señor era más peligroso que el suyo.




Tras varios minutos de discusión, por fin el jefe se adelantó nuevamente para quedar frente a ella. Hinchó el pecho, queriendo exhibir su poder y gritó algo con fuerza a sus tropas. No habría sabido reproducir la palabra, pero conocía el significado perfectamente: “Sacrificio”.

Inmediatamente, algunos hombres bajaron sus lanzas y las adelantaron hacia ella, pero a pesar de su apariencia agresiva, Phantasos podía detectar el miedo en sus movimientos. Abrió entonces un pequeño portal en la nada, metió la mano y sacó una enorme guadaña de unos 2 metros de longitud. Aquel pequeño truco fue suficiente para que algunos retrocedieran, aunque la mayoría mantuvo su posición.

- En verdad no quiero hacer esto. Solo tenéis que dejarme pasar.

Insistió nuevamente, pero quizás solo era un problema de idioma. Aquello aún le daba más rabia, dado que lo había hablado y comprendido perfectamente en la antigüedad, pero era una de esas cosas que aún no había vuelto a recordar completamente. Dudó en pedir ayuda dados los precedentes, pero entendía que la situación requería el intento. Astra era joven, dudaba que supiera el dialecto maya, pero tal vez el dios del sueño sí.

- Mi señor, tal vez puedas ayudarme con una traducción si no estás muy ocupado...- Pensó intentando contactar con Hypnos. No obtuvo respuesta por segunda vez y aquello empezó a preocuparla. De pronto un guerrero tomó la iniciativa desde su flanco derecho, realizando una lanzada profunda... nada que su giro de guadaña no pudiera contrarrestar en un rápido movimiento, partiendo la lanza en dos.- Mi señor, ¿puede oírme?

Quería pensar que simplemente era una cuestión de “cobertura”, pero era capaz de sentir a Astra sin problema, incluso podía escuchar su mente intentando resolver el problema que tenía frente a ella. Si no era así con Hypnos, es porque su mente estaba bloqueada de algún modo. Necesitaba concentrarse, pero era difícil hacerlo en esa situación. Cada vez más guerreros se aventuraban a intentar cogerla por sorpresa, pero sus movimientos eran demasiado lentos para la diosa. No quería dañarles si era posible, pero cada vez se estaban poniendo más insistentes.

Tiempo... solo quería un poco de tiempo. Los miró fijamente y entonces hizo que sus ojos se mostraran como realmente eran, uno morado y otro azul. Nuevamente les tomó por sorpresa y los hombres volvieron a retroceder mientras decían palabras como “hechizo” y otras que simplemente no alcanzaba a entender. No le importaba. Necesitaba esos valiosos segundos de duda para intentar sentir al dios del sueño.





Concentró su cosmos y se enfocó en la búsqueda, mientras hacía una serie de movimientos con sus manos para distraer a los guerreros el tiempo suficiente haciéndoles creer que conjuraba algún tipo de hechizo poderoso. Por algún motivo, la conexión con su creador era compleja a pesar de sus habilidades mentales, pero gracias a la energía de Hunahpú, consiguió llegar a hacerlo... pero aquella sensación encontrada le generó una extraña intranquilidad. La conocía bien... demasiado bien. Una paz intemporal. Un mundo donde todo lo que deseas se cumple. Llevaba milenios acompañando a personas a lograr esa sensación, podría reconocerla en cualquier lugar... ¿pero cómo había acabado su señor atrapado en una ilusión así?

“Estuve a punto de traer a nuestro enemigo aquí, pero no fui lo suficientemente rápido. Debo estar entumido.”

Eso había dicho Hypnos en el reino de los sueños.

Tenía un mal presentimiento...

Tampoco las cosas para Astra iban del todo bien. Quizás debería acabar allí cuanto antes e ir a ayudarles. Nuevamente un cuchillo lanzado a su espalda que tuvo que esquivar con un movimiento más pronunciado, hizo que perdiera la conexión. Cada vez tenía que hacer bailar su guadaña con más frecuencia para bloquear ataques y esquivar con más precisión. Era difícil hacerlo en tan poco espacio sin intentar dañar a nadie, pero esperaba que tarde o temprano, aquel jefe se diera cuenta de que no eran rivales para ella.

Pero su orden no llegaba y cada vez le costaba más establecer algún tipo de conexión con su señor.

- Tengo que poder llegar a él y asegurarme... solo un último intento...



Y finalmente pudo verlo.

Fue apenas un instante. Más breve que el aleteo de un colibrí, pero para Phantasos era como si el tiempo se hubiese detenido completamente. Estaban en el Santuario, probablemente en lo que sería el templo principal, junto a un trono. Había una mujer castaña junto a ella que identificó inmediatamente como la matriarca, aunque no sabía el por qué tenía esa certeza. Frente a ella, se encontraba su señor Hypnos, ataviado como la alta jerarquía de los atenienses. Y estaba... feliz.




El vínculo había vuelto a perderse... tal vez porque Phantasos dejó de respirar. Los ojos abiertos y desencajados, junto con una palidez mortal. Escuchó el golpe de la guadaña al caer y chocar contra el suelo... se sentía muy lejos, como si fuera en otra dimensión. Trataba de comprender, trataba de entender...

Los guerreros maya tomaron ese instante a su favor. Era el momento que habían esperado, pero a pesar de eso, aquella pequeña daga lanzada, solo consiguió rozar la pierna de Phantasos. Un roce que hizo brotar una gota de su sangre.

Una gota que llegó a su vestido tiñéndolo de carmesí a pesar de su oscuridad.

... y tal vez eso mismo era lo que habían conseguido desatar: La oscuridad.



El primer giro de la guadaña a su alrededor hizo un corte limpio por encima de la rodilla de los guerreros que se situaban en primera línea. Uno a uno iban cayendo sobre sus compañeros de la segunda línea al quedar imposibilitados por perder sus piernas. Sus compañeros escuchaban sus gritos de horror tras ver la mutilación de sus cuerpos y veían como la sangre salía con fuerza contra el suelo hasta hacerles perder el conocimiento envueltos en un charco de sangre.

El segundo giro, bailó hacia sus gargantas, rebanándoles las cabezas. No quería escuchar gritos, o tal vez no quería escuchar sus ruegos pidiendo clemencia.

Para el tercer giro, ya la mayoría habían decidido correr en dirección contraria, por lo que el sonido de la hoz al cortar el viento se intercalaba con el crujido del acero contra el hueso de las columnas vertebrales de los cobardes.

Ya no quedaba nadie a su alrededor con vida, excepto una serie de miembros y cuerpos descuartizados... pero aún no habían muerto todos. Querían escapar, pero el filo del arma de la parca aún no había quedado plenamente satisfecha. No sin antes probar las vísceras de los últimos guerreros en pie.



Cuando el último de ellos había exhalado su último aliento, Raven tomó una de las finas telas del jefe muerto y limpió con ella su arma, dejando que ésta brillara incluso en aquel lúgubre pasadizo. No había sido consciente de cuándo había muerto aquel hombre, pero poco le importaba, pues si algo apreciaba del inframundo, era la igualdad ante la muerte de poderosos y plebeyos.

Su guadaña volvió a la dimensión de la que la había obtenido y comenzó a caminar hacia la salida con paso lento. Su pelo había vuelvo a su oscuridad habitual, pero nadie podría decirlo, pues cada mechón de su larga cabellera estaba bañado en sangre, al igual que su piel y al igual que su vestido.

Finalmente llegó hasta un río de aguas cristalinas. No se fijó mucho en él, buscaba el resto de salidas de las cuatro puertas, pero no encontró nada más que su propio túnel. Fue entonces cuando se percató, de que próximo al río, ya se encontraba Hypnos esperando. Aquello pareció hacerla reaccionar al fin. No medió palabra alguna. Solo miró a sus manos ensangrentadas por unos segundos y se dejó caer sobre sus rodillas, rompiendo a llorar desconsoladamente.
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Mensaje por Hypnos »

Conforme avanzaba por el pasillo se reflexionaba lo que había ocurrido, intentaba entender como había caído en el control mental de esa manera. El creador de aquella prueba debía haber tenido mucho tiempo para perfeccionarla, comenzó a pensar entonces en los dioses menores que habitaban en el mundo, ajenos a Grecia. No habían sido nunca tan relevantes como para inmiscuirse de lleno con el destino del mundo como se conocía, salvo tal vez por Lucifer había pocas entidades relevantes ajenos a la cosmovisión Greco-Romana, sin embargo que hubiesen mantenido un perfil bajo todo este tiempo no significaba que fueran mucho más débiles que ellos. A esa conclusión llegaba el dios del sueño cuando recordó el lazo se sangre que lo unía con Astra y Phantanasos.

Lo recordó por que comenzó a sentir desesperación, sorpresa, esas sensaciones provenían de Astra. No sentía miedo, por lo que consideraba estaba aún todo bajo control. Después hurgo en sí mismo para encontrar a Phantanasos, ahí estaba. Podía sentir su alma, entonces hiló los acontecimientos, aquel destello que lo había sacado del hechizo de Xtabay había sido ella, esa conexión, Phantanasos le ayudó a reencontrarse, sintió un poco de culpa, el debía cuidar de su creación, no al reves. ¿Habíase sacrificado de alguna manera para ayudar a su señor?, se imaginó que Phantanasos debía estar llevando alguna prueba similar a la de el, por lo que el hecho de ayudarle seguramente debió de haberle restado atención de sus propios problemas. Hypnos chistó los dientes, no le agradaba pensar en eso.

De súbito sintió como el ánimo de Phantanasos cambiaba. Sintió una excitación fuerte, como una columna de fuego que se elevaba sobre la tierra. Sentíase agitado, emocionado, había ira, gozo, placer, todo mezclado en un cóctel de emociones bastante atractivo para cualquiera. Hypnos era un ser que no solía dejarse llevar de esa manera, por lo que la experiencia le resultaba extravagante, y para nada desagradable, ¿Qué estará haciendo?, se preguntó. Pensó en tratar de ayudarla como ella le ayudó a el, pero en ese estado de euforia no consiguió conectar con su conciencia. Supuso que aquello no debía estar tan mal. Aunque, todo es bueno, hasta que deja de serlo. Después de algunos segundos o minutos de aquel delicioso elixir sintió en ella la confusión.

El ya había salido del pasillo, se encontró en la rivera de un lago, cuya agua era tan clara como turbia era la cascada de sangre. Le agradó la vista. Aún percibía que estaba en una selva, pero estaba seguro que ya no era parte de la prueba.

Volvió a concentrarse en Phantanasos, la excitación había pasado, ahora había rabia que dio paso a la indiferencia, su alma se alejaba de ella misma. Era su corazón se había enfriado de repente. Hypnos creía conocer bien a su servidora, había pasado varios cientos de años con los oníros, los había visto nacer, desarrollar sus personalidades, separarse y diferenciarse unos de otros, creía poder urgar en su conciencia, en su alma, porque eran parte del alma misma del dios de los sueños. Pero nunca había detectado esa parte en ella. Decidió en ir su búsqueda, pero era ya un poco tarde, al girarse la miró, venía caminando lentamente hacia el. En cuanto cruzaron sus miradas sintió que aquel estado enajenado se esfumaba, el velo oscuro que cubría su conciencia comenzó a desgarrarse, la realidad de lo ocurrido parecía perforar su alma.

Conforme se acercaba pudo darse cuenta la cantidad de sangre que la cubría, su cabello, su rostro, su vestido, sus manos… todo estaba empapado en sangre, toda ella olía a hierro, ese olor característico que inundaba la cascada de sangre, y en general el círculo de la violencia, ahora manaba de ella, Hypnos estaba, confundido.

Al llegar frente a él, ella se desplomó, su rostro comenzó a enjugarse con las lágrimas que brotaban abundantes de sus ojos. Hypnos entendió que ella, al igual que el, había avanzado por un camino que había desvelado una parte oscura, una parte siniestra. Esa cantidad de sangre es sin duda producto de un accionar sádico, Hypnos no sabía que había desmembrado a un batallón, pero estaba seguro que lo había hecho, lo hizo de una forma brutal. Si necesidad de la conexión que ahora sostenían podía darse cuenta que había bajado hasta el umbral de la oscuridad, en el fondo de sus deseos más escondidos.

El dios del sueño compartió su dolor. Sintió la desesperación de un padre que ve a su hijo sufrir, quiso hacer que sus lágrimas pararan de cualquier forma. Pensó en mentirle, en decirle que todo estaría bien, que había sido una ilusión, que todo seguiría igual. Pero ellos, con tantos años a cuestas, no estaban para mentiras piadosas.

Los dioses eran iguales a los hombres normales. Sin embargo sus sentidos estaban aumentados, eran más fuertes, tenían más años en su haber. Por tanto la mayoría de sus sentimientos o sensaciones, eran más profundos.

Se agachó. Miró a los ojos a Phantanasos, Raven, la miró con una compasión tan grande, tan poderosa, él le dijo, sin palabras que estaba ahí con ella. Se acercó un poco y la abrazó. Sus brazos la rodearon y la presionaron contra su pecho. Puso una de sus manos en su cabeza, pero no para frotarla a manera de burla como lo había hecho antes, si no para darle más poder a su abrazo sosteniendo su nuca. Acto seguido se separó, pasó sus manos por el rostro de ella, secó sus lágrimas y acomodó los mechos desordenados de su cabello que caían sobre sus ojos.

- Han sido un par de pruebas duras… - Le dijo mientras sonreía.

La tomo entre sus brazos sin darle tiempo a reaccionar, la cargó, dio media vuelta y se introdujo poco a poco al río. Cuando el agua fría del río alcanzó sus tobillos, Hypnos dio un paso más, y luego otro. Sus pasos resonaban como un funeral lento y solemne. El agua subía gradualmente, envolviendo primero sus piernas, pronto alcanzó a Phantanasos que descansaba en sus brazos recargada en su pecho, con su cabeza inclinada y su mente atormentada, podía sentir el frío penetrante, pero también la sensación de que algo podía cambiar..

Hypnos avanzó más profundamente. Ella sentía el agua subir, cuando alcanzó sus pechos, Phantanasos alzó la vista hacia el rostro de su creador, sus ojos se encontraron en una mezcla de tristeza, perdón y determinación. En ese momento, el dios del sueño sonrió, como si estuviera dispuesto a cargar no solo con ella, sino también con la carga de su culpa compartida.

Finalmente, con el agua del río hasta sus hombros, Hypnos y Phantanasos se sumergieron completamente en las profundidades del río. La sangre se dispersó en el agua como una ofrenda a la corriente implacable. Las aguas parecían aceptar la carga de sus almas atormentadas, llevándose consigo el peso de su oscuridad compartida.

La corriente los cubrió por completo por unos segundos antes de que volvieran a salir. Hypnos no sabe por qué lo hizo, pero quien viera esta escena a lo lejos podría intuir una suerte de expiación, una unión del creador con su creación. Hypnos quería mandar un mensaje "No estas sola", esperaba que ese mensaje calara hondo en ella, buscaba contrarrestar todos esos sentimientos.

-Estoy seguro que pronto podrás cambiarte esa ropa. - pues aunque el río había hecho un excelente trabajó aún quedaban restos de ese olor a sangre y manchas rojas.
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Mensaje por Raven »

Seguía sin haber noticias de Astra, pero tal vez era lo mejor, ya que así evitarían que la regente tuviera que presenciar la marioneta en la que Raven parecía haberse convertido. Su cuerpo estaba allí, pero su mente parecía haberse perdido en algún lugar de aquel oscuro túnel.

No cabía duda de que Hypnos hacía todo cuanto podía para traerla de vuelta, colmándola con toda su atención y cuidado. Era poco habitual que el dios se tomara tantas molestias con un oniro, porque a fin de cuentas, éstos eran bastante resistentes, pero la situación realmente parecía requerirlo y sus esfuerzos poco a poco daban su fruto. Raven dejó de llorar. Tal vez era por estar junto a su creador o por el embriagador aroma a naturaleza que desprendía, pero poco a poco la serenidad volvía a su ser. Quizás solo era cuestión de tiempo para asimilar todo lo ocurrido.

- Han sido un par de pruebas duras… - Escuchó decir a Hypnos. Se hizo un silencio largo, pero finalmente el dios del sueño escuchó sus primeras palabras.

- Pude verte allí.- respondió con voz suave bajando a su vez la mirada. Por mucho que el dios quisiera saber lo que a Phantasos le rondaba por la cabeza, había algo que bloqueaba su pensamiento... o simplemente la muchacha estaba en blanco. Ambas opciones igual de inútiles y perturbadoras.

Pasaron unos segundos en silencio, antes de que nuevamente se decidiese a hablar. Esta vez, no parecía que se refiriese a la realidad del Santuario, sino más bien a su propia prueba.

- Lo merecían.

Esquivaba la mirada del dios del sueño, probablemente intentando evitar que averiguase lo que había ocurrido, aunque por su estado era completamente evidente. Aún así, él no preguntó y ella agradeció no tener que dar los detalles escabrosos.

Sin mediar palabra, de pronto se encontró nuevamente en brazos de Hypnos. No esperaba que hiciese aquello, pero simplemente agradeció el gesto dejándose llevar y recostando su cabeza en su hombro mientras cerraba los ojos. Solo se escuchaba el sonido de sus pasos y el del agua fluyendo sobre y contra las rocas. Costaba creer que un lugar tan pacífico existiese allí, pero después de todo, ya no estaban exactamente en el infierno, sino en algún punto intermedio entre la Tierra y éste.

Abrió los ojos bruscamente cuando sintió la humedad en sus pies. Poco a poco iban adentrándose en el agua. Quizás era el contraste de temperaturas, pero aquel cuerpo se sentía más tenso que de costumbre. Podía ver la sangre fluir sobre el agua... una combinación peligrosa.

Cuando el nivel del río sobrepasó la línea de su cintura, Raven hizo un movimiento brusco con su mano, llevándola hasta el pecho de Hypnos, agarrándose a su ropa con fuerza como un gato asustando en mitad de un río y mirándolo muy fijamente a los ojos.

- ¡¡Mi señor!! ¡¡Es...!!- De pronto pareció quedar muda y no llegó a completar la frase. Había dejado incluso de respirar. Pero entonces pareció darse cuenta de lo extraña que debía haberse visto su actitud y cambió a una totalmente opuesta. Su mirada se suavizó al igual que su voz, e hizo aflojar su agarre, aunque dudaba que éste pudiera haberle hecho algún tipo de daño al dios.- Es...tá... demasiado...


No terminó de hablar, pues antes de hacerlo, ya había acercado su rostro al de Hypnos para besar sus labios suavemente, mientras el agua poco a poco seguía cubriéndolos. Fueron apenas unos instantes, pero sentía que nuevamente el tiempo se había detenido... o quizás era lo que deseaba. Disfrutar de ese momento y no pensar en nada más.

El agua ya llegaba a la altura de sus hombros cuando hizo acopio de todas sus fuerzas para abrir los ojos y enfrentarse al juicio del dios. Éste no dijo nada, pero su mirada reflejaba una mezcla de tristeza, perdón y determinación.

Raven dudó. No sabía qué debía decir o hacer en ese momento, por lo que agradeció la sonrisa calmada de Hypnos y todavía más, el poder sumergirse bajo el agua para esconder su vergüenza.


El dios del sueño salió a la superficie de forma calmada, pero no era así para la joven. Parecía más nerviosa de lo habitual. Incluso juraría haberla oído gritar algo mientras estaban sumergidos.

- Hay que salir del agua- se apresuró a decir Raven sin hacer contacto visual con su creador.

Salió con igual celeridad y, para sorpresa de Hypnos, comenzó a escurrir su ropa y su pelo tan hábilmente, que cualquiera pensaría que lo habría hecho a diario en toda su larga existencia.


- Estoy seguro que pronto podrás cambiarte esa ropa.- Dijo finalmente Hypnos, seguramente con la intención de tranquilizarla y normalizar la situación.
- No importa, es solo un poco de sangre y agua, ya se secará. Ahora... solo salgamos de este lugar cuanto antes.
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Mensaje por Hypnos »

Hypnos sonrió divertido, la temperatura del agua había tomado por sorpresa a Phantanasos, era cierto que estaba muy fría pero en aquel momento tan solemne realmente disimuló la exaltación al comenzar a ingresar a ella.

El dios pensaba en tranquilizarla y decirle que sería rápido. Pero un beso sello sus labios. Sintió el cálido contacto de su boca, contrastando fuertemente con el río que golpeaba su espalda. Aquello había sido inesperado sin duda. Hacia tanto tiempo que no sucumbía a las tentaciones de Eros que la situación le hizo tensarse. No fue un beso muy prolongado, fue mas bien corto y sincero.

No dijo nada, realmente no sabía que decir. Pocos dioses realmente habían tenido la habilidad, fuerza y voluntad para generar vida, para crear, requería un deseo inconmensurable por compartir su poder y una gran responsabilidad al traer al plano existente alguien o algo inexistente. Hypnos lo había hecho con los Oniros. Eran suyos, eran su creación, había en ellos parte de su alma, parte de su aliento, por esto no soportó verla sufrir y buscó compartir su dolor y hacerle ver que estaría ahí cuando lo necesitara.

Mientras estaban sumergidos pensó en aquello, al salir dejó de reflexionar en esto. Recordó que Phantanasos estaba en un proceso inusual, dentro de un cuerpo que no era suyo. Su mente, su conciencia de apoco se instauraba en una mente ajena. Asumió que aquello era parte de esa naturaleza humana, de esa naturaleza que tiende a la debilidad y a la búsqueda de resguardo. Esa naturaleza que busca en los momentos mas débiles crea las conexiones mas fuertes.

Salieron por fin del río, la vio secarse con una habilidad envidiable. El atinó a sacudir sus manos e imitar los movimientos que ella hacía para escurrir su cabello.

- ¿Puedes sentirla?, no la encuentro. Estas puertas tiene la capacidad de interrumpir la conexión de sangre que hemos creado. -

Hizo una pausa, necesitaban a Astra, pero ahora debían decidir si iban en su búsqueda o solo esperarían.

- Estas pruebas... La familia Merthelow debe haber crecido mucho en poder para poder instaurar algo así...-

Dijo mientras veía fijamente a Phantanasos, obviando la situación anterior y manteniendo la normalidad esperada.
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Raven
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Re: .:: La cascada de Sangre ::.

Mensaje por Raven »

Hypnos había optado por hacer caso omiso de lo ocurrido y hablaba con una tranquilidad y normalidad perturbadoras. No es que quisiese ahondar en ello, pero al mismo tiempo, no hacerlo se sentía extraño. Tal vez incluso doloroso. Simplemente optó por hacer lo mismo que el dios, debía ser lo mejor.

- ¿Puedes sentirla?, no la encuentro.. - Preguntó de pronto Hypnos- Estas puertas tiene la capacidad de interrumpir la conexión de sangre que hemos creado

Raven no respondió inmediatamente, pero era lógico pensar que su mente aún no se había repuesto completamente.

- ¿Sentir qué? ¿Has... perdido algo?- preguntó mirando al suelo y al río. Caminó un poco, intentando encontrar algo inusual que pudiera pertenecer a Hypnos, alejándose de él intencionalmente en el proceso, aunque sin dejar de escucharle hablar.

- Estas pruebas... La familia Metherlow debe haber crecido mucho en poder para poder instaurar algo así...-

- Los di Metherlow solo tienen la capacidad de traspasar el camino, pero no fueron ellos los que crearon el corredor ni las pruebas. Fueron Kukulcán, Ah Puch y Buluc Chabtan los principales responsables, aunque Hades también hizo su parte. - Explicó Raven mientras continuaba ensimismada con su búsqueda- Pero sí, se dice que el último de su linaje se convirtió en alguien realmente poderoso... pero por suerte para nosotros, ya todos están muertos.

Decidió parar de buscar. Era absurdo hacerlo sin saber lo que era, por lo que prefirió esperar a la respuesta del dios. Aún así, continuó con la mirada fija en el suelo, sin atreverse a mirarle directamente a los ojos.

- Si no es importante, deberíamos seguir. Esperar aquí no es seguro. Tarde o temprano acudirá alguien a nuestro encuentro.
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