Hypnos giro su cabeza al escuchar esa voz, que en apenas unas pocas horas se había vuelto tan familiar. Le concedía el no hacer lo que estuviera en contra de su voluntad. A Hypnos le causó gracia, se alegró de que, en su camino después del río había conservado su arrogancia. Aquella chispa de espontaneidad en el dios se esfumó cuando escuchó la continuación de la conversación. "La lechuga", aquello no sabía como interpretarlo, calló.
Rhiannon siguió hablando. Explicó entonces un poco más acerca de la causante de aquel alboroto. Hypnos entendió entonces que era una parte de Athena la que hablaba, aquella parte que aún estaba por ahí. Habló de una batalla, "la peste negra", aquel evento de la época medieval rememorado en una guerra santa, se preguntaba quienes habían sido las ratas.
Hypnos no entendía bien si Rhiannon estaba haciendo un caso a favor de la nigromancia o a favor de Luthien, o tal vez a favor de el, pues consideraba que levantar a los muertos para presenciar una batalla era justo lo que acababa de explicar. El deseo egoísta del nigromante, que juega con el traslado del alma y la descomposición del cuerpo según su criterio. Era el ejemplo perfecto de todo lo malo que Hypnos encontraba en aquella práctica.
Ella la conocía, significaba algo para Rhiannon. En aquel momento Hypnos dudaba de quién hablaba. La espectro que había conocido al principio de aquel camino, o Athena. Sus ojos mostraban su molestia al pensar que ella pudiera permitir que la diosa o sus recuerdos tomaran el control.
Al final, solicitó la aprobación del dios para ir a recuperar a Luthien. Eso era un giro inesperado. Hypnos prentendía obtener información, no se le había cruzado por la cabeza, recuperarla de alguna manera. Pensó un momento, si de Luthien podía acceder a la parte de la conciencia que recordaba a su amiga, tal vez el ataque al inframundo se retrasara lo suficiente para que Hades tomara una decisión.
-De acuerdo Rhiannon. Esta parte del viaje dependerá de ti. - Le dijo sin más. No quiso juzgar en aquel momento sus intenciones, debían estar todos concentrados. - Vamos Phantasos. - Le dio la señal a Phantasos, quien se había mantenido al margen, callada, aún actuaba raro, el dios no se acostumbraba aún a su nueva actitud, era tan extraño como haber vuelto a ver aquella versión con cabello castaño de ella.
Rhiannon siguió hablando. Explicó entonces un poco más acerca de la causante de aquel alboroto. Hypnos entendió entonces que era una parte de Athena la que hablaba, aquella parte que aún estaba por ahí. Habló de una batalla, "la peste negra", aquel evento de la época medieval rememorado en una guerra santa, se preguntaba quienes habían sido las ratas.
Hypnos no entendía bien si Rhiannon estaba haciendo un caso a favor de la nigromancia o a favor de Luthien, o tal vez a favor de el, pues consideraba que levantar a los muertos para presenciar una batalla era justo lo que acababa de explicar. El deseo egoísta del nigromante, que juega con el traslado del alma y la descomposición del cuerpo según su criterio. Era el ejemplo perfecto de todo lo malo que Hypnos encontraba en aquella práctica.
Ella la conocía, significaba algo para Rhiannon. En aquel momento Hypnos dudaba de quién hablaba. La espectro que había conocido al principio de aquel camino, o Athena. Sus ojos mostraban su molestia al pensar que ella pudiera permitir que la diosa o sus recuerdos tomaran el control.
Al final, solicitó la aprobación del dios para ir a recuperar a Luthien. Eso era un giro inesperado. Hypnos prentendía obtener información, no se le había cruzado por la cabeza, recuperarla de alguna manera. Pensó un momento, si de Luthien podía acceder a la parte de la conciencia que recordaba a su amiga, tal vez el ataque al inframundo se retrasara lo suficiente para que Hades tomara una decisión.
-De acuerdo Rhiannon. Esta parte del viaje dependerá de ti. - Le dijo sin más. No quiso juzgar en aquel momento sus intenciones, debían estar todos concentrados. - Vamos Phantasos. - Le dio la señal a Phantasos, quien se había mantenido al margen, callada, aún actuaba raro, el dios no se acostumbraba aún a su nueva actitud, era tan extraño como haber vuelto a ver aquella versión con cabello castaño de ella.
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