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El poderos dios menor, hermano de thanatos, Hipnos, guardian del poder del sueño eterno con su temible poder esta acargo de este lugar custodiando el reino de Hades este Dios es:

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1ª REGLA ONÍRICA: ESTÁ PROHIBIDO CREAR UN SUEÑO O PESADILLA DE NUESTRO GRAN SEÑOR HYPNOS.



- Es...- Phantasos miró aquella pequeña creación con gran interés. Particularmente extraño y particularmente hermoso para ser obra de un niño tan pequeño, es lo que habría querido decir, pero no era el análisis que una niña pequeña haría... y debía mantener las apariencias incluso dentro del sueño- … único. ¿Me cuentas lo que es?
- Es Alot.- Respondió el creador con la naturalidad e inocencia que solo un infante podía transmitir.

Phantasos sonrió. Aquel humano se había convertido en el foco de su atención durante muchas noches... quizás demasiadas. Su hermano Morfeo ya le había llamado la atención al respecto, pero admitía que no le había prestado mucha atención.

Tomó a Alot entre sus diminutas manos. Aquel camaleón con ojos de gato, que lucía orgulloso sus alas emplumadas en la parte superior y de mariposa en el inferior, no debía medir más de 15 cm, pero su cola triangular y picuda, le recordaba a la de un escorpión, por lo que la vigilaba con cierto recelo.


- ¿Puedo... quedármelo?- preguntó la oniro con un pequeño brillo en sus ojos.
- ¡Es el tercero que me pides!- respondió el pequeño refunfuñando a punto de llorar y haciendo que el ambiente del sueño tornase a uno mucho más oscuro.
- Es que... si te lo quedas, nunca más podremos jugar con él... y seguro que tú no quieres eso. - Intentó explicar. No quería mentirle. Él había sido siempre muy sincero y cortés. Mentirle le parecía una grosería.
- ¿Por qué solo tú puedes jugar con él? No es justo, yo también quiero algo a cambio.

Phantasos lo miró con atención. Tenía toda la razón. Era el tercer sueño que ese niño creaba exitosamente y probablemente no sería el último con semejante portento. Ya había usado muchas artimañas anteriormente para salir ganadora, pero admitía estar cansada de aquello. No podía considerarse muy ético hablar sobre los oniros o sobre el reino de los sueños a un humano (es más, ya podía escuchar a Morfeo dándole una larga charla al respecto), pero considerando la edad que tenía, cualquier mención a su familia al respecto se tomaría como "cosas de niños".

- Está bien, hagamos un trato. A cambio de Alot, te diré toda la verdad. Pero tienes que prometer que no te asustarás, ¿de acuerdo?


El niño asintió mientras recibía a Alot de manos de aquella niña con trenzas. Phantasos intentó hacer una transformación hermosa pero sutil. No quería causar ningún tipo de miedo o recelo que pudiera generarle un problema en el futuro, pero incluso no buscándolo, las mentes infantiles eran extremadamente frágiles y había que ir con mucho cuidado.

Usó unas luces brillantes pero no cegadoras, parecidas a las de las estrellas. Lo acompañó de una brisa de olores dulces, parecidos a los que adoraba el muchacho, y aprovechó el gusto del pequeño por la naturaleza para aparecer sobre una pequeña flor.

- Mi verdadero nombre, es Phantasos.- Explicó la oniro. Mantuvo su pelo negro y sus ojos bicolores, pero el resto de su cuerpo parecía más bien el de un hada o un elfo. Orejas picudas, alas transparentes y un vestido turquesa creado por agua.- Y mi trabajo es velar por los sueños de la gente.

- ¿Por eso sueño tantas veces contigo?
- Eso es.
- ¿Y cuál es tu trabajo entonces?
- Yo... creo sueños y pesadillas... a veces intento enseñar a la gente o advertirles mientras duermen.

- ¿Puedes crear sueños y pesadillas? ¿Cómo?
- Exactamente igual que tú- Phantasos entonces creó un ser exactamente igual a Alot en la palma de su mano para gozo del muchacho- Es solo que... cuando despiertas, los sueños desaparecen si no los llevo al reino de los sueños. Una vez allí, son inmortales y puedes atraerlos siempre que gustes.
- Y si puedes crear cualquier cosa, ¿por qué elijes mis sueños?

Phantasos hizo un gesto algo exagerado, simulando pensar muy profundo al respecto.

- Porque son muy especiales. Tienes una mente privilegiada para imaginar y moldear.

- Pero seguro que otros ya pensaron en algo igual o parecido, estás mintiéndome.

- No. - Le tomó de las manos gentilmente, aunque por su tamaño, más bien era tomarle del dedo.- Te sorprendería la cantidad de gente que solo sueña con oscuridad. Eres talentoso, tanto si me quieres creer como si no.


La oniro se sentó junto a él, viendo como ambos camaleones peleaban entre ellos. Para su sorpresa, el verdadero Alot no escupía fuego azul por la boca como su creación, sino una especie de pompas de jabón heladas.

- Me gustaría crear algo para ti.- murmuró el niño con timidez después de un largo rato de reflexión- ¿Hay algo que quisieras y que no puedes hacer o imaginar?

Phantasos se sorprendió mucho con la pregunta. Ese niño no solo era imaginativo, sino demasiado perspicaz.

- Mmm... los oniros no podemos soñar, pero a cambio, podemos crear cualquier cosa que deseemos o imaginemos, excepto una.

- ¿Cuál? Dímela y la tendrás.- Se apresuró a decir.

La diosa se mantuvo en silencio.


“No nos está permitido crear un sueño o una pesadilla de mi señor.
Si un humano crea un “Hypnos”, no es problema, porque no tiene la capacidad de hacerlo lo suficientemente poderoso o peligroso para un oniro, especialmente por la ignorancia respecto a quién es Hypnos en realidad.

Si lo hace un oniro menor, probablemente nos obligaría a intervenir a nosotros cuatro.

Pero si lo hace un oniro mayor... uno de los cuatro elegidos... podría destruir el reino de los sueños y el de los mortales. Se volvería una pesadilla fuera de control, contra el que solo podría rivalizar el Hypnos verdadero.


Ése es el principal motivo por el que mi señor se mantiene alejado en la medida de lo posible de nosotros cuatro. Después de que nuestro poder floreciera, la distancia con él fue en aumento. Porque si descubrimos su carácter, sus manías, sus miedos, sus pensamientos, sus anhelos... en definitiva: "sus sueños", podríamos crear un Hypnos tan real y poderoso, que tal vez ni siquiera mi señor podría llegar a enfrentar.

Es la primera y la más importante regla de un oniro... por nuestra propia supervivencia.”




Phantasos respiró hondo. Le habría gustado poder contarle toda la verdad a aquel pequeño. Es más, era realmente tentador ver si podía lograrlo y quizás así llevar a una especie de realidad algunos de sus deseos más ocultos.

Muy tentador. Pero no lo suficiente.

- Chocolate- respondió abriendo mucho los ojos.- ¿Puedes creerlo? No nos permiten crear dulces...
- ¡¡¡Entonces haré los mejores para ti!!!- respondió dando un brinco a la vez que el chocolate fundido comenzaba a crear un río frente a ellos.


Despertar
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REGLA Nº 2: LOS ONIROS NO DEBEN INTERFERIR EN EL DESTINO DE LOS HUMANOS A MENOS QUE RECIBAN LA ORDEN DE UN SUPERIOR.



Phantasos se adentró en el sueño. Todo estaba oscuro. Era la primera vez que accedía a la mente del pequeño y la encontraba en semejante estado. Algo ocurría, eso estaba bastante claro. Aún así, decidió tomar una actitud pasiva y simplemente sentarse a su lado en silencio, aunque esta vez con el tamaño de una persona adulta.

- Hoy no he creado nada ni voy a hacerlo, puedes marcharte.- Dijo con voz triste.
- Eso no me importa- Contestó con suavidad.- Pero me gustaría saber por qué estás así.

- Algo pasa en mi pueblo- dijo tras unos segundos- la gente murmura a mi alrededor, pero callan cuando intento escuchar. Están nerviosos. Los dioses no están siendo clementes con nosotros desde hace tiempo, y cuando eso ocurre, los adultos enloquecen.


La oniro escuchó con atención. No conocía los dioses de su tribu, pero sí sabía que a veces los dioses podían ser crueles... o simplemente las hambrunas, enfermedades y demás calamidades eran fruto de la casualidad. Pero los humanos nunca podían estar seguros... ni siquiera ella desde su posición podía saberlo.

No pensó mucho en eso. Prefería deleitarse con la capacidad de análisis y la forma de hablar de aquel pequeño. Sin duda auguraban un gran porvenir y podía imaginarlo claramente liderando a su pueblo en un futuro próximo.


- ¿Has hablado con tus padres? ¿Qué dicen al respecto?
- Mi madre murió. La mujer que ocupa su lugar es amable, pero no... - se detuvo. Estaba claro que no tenía la suficiente confianza para con ella.- Pero papá es muy bueno. Es el líder de mi pueblo, se preocupa mucho, pero siempre tiene tiempo para enseñarme cosas nuevas. Yo... tengo miedo, Phantasos, no quiero perder a mi papá. ¿Cuidarás de él, verdad?


La diosa no contestó inmediatamente. Llevaba demasiados años de vida conociendo los pensamientos de los humanos, como para que aquel comportamiento que narraba el niño no le hiciera saltar las alarmas. Respiró hondo. Los oniros no podían interferir en el destino de los humanos.

- Puedo prometerte que no dejaré que nada malo te ocurra. Pase lo que pase, yo estaré a tu lado.


El niño pareció comprender. No era la respuesta que más deseaba, pero algo se calmó dentro de él. Finalmente asintió, algo más animado.

El clima había cambiado, así que Phantasos abrió una pequeña brecha y a través de ella atrajo a los ocho sueños que el niño había creado durante esos días. También añadió algo de luz, mucha vegetación y un pequeño lago. En cuanto el infante vio a Alot volar hacia él junto con el resto de sus creaciones, una gran sonrisa brotó de su rostro y pareció olvidarse de sus preocupaciones. La oniro lo observó con atención, asegurándose de que todo estaba bien antes de marcharse de allí.



Su noche no había terminado, debía conseguir más información.



Saltó a varias mentes próximas a las del niño. La misión que tenía encomendada por su señor Hypnos, era la de encargarse de los sueños de la realeza. El resto de los mortales eran el objetivo de otros oniros, por lo que no tenía permitido modificar sus sueños y simplemente sonsacarles la información que quería. Por suerte, nada le impedía entrar a ellas y dedicarse a observar, convertida en piedra o en algo inmaterial.

El pequeño tenía razón. Los miembros de la tribu estaban nerviosos. Sus sueños eran inquietos. El chamán parecía estar convencido en la idea de “sacrificio”... algo demasiado típico. Pero no era el único, y eso era preocupante.

Finalmente, la halló:

Una mujer soñaba con una reunión clandestina en mitad del bosque. Pudo identificar al chamán y a otros miembros del pueblo. Con tanta claridad, que dejaba claro que era un recuerdo, traído al sueño por el estado de inquietud de la mortal. Hablaban sobre las cosechas. El suelo temblaba. No parecía estar de acuerdo con lo que proponían, pero nuevamente la imagen del volcán rugiendo le hacía temblar y asentir. Se escuchó la palabra "sacrificio" una vez más. Ahora todos estaban en el cráter del volcán. Una mano empujaba al que parecía el jefe de la tribu. Lo veía caer desde lo alto cuando...




- ¿Qué estás haciendo aquí, Phantasos?

Alguien había tirado de ella con fuerza y la había sacado del sueño sin previo aviso, evitando que pudiera seguir viendo los planes que tenían pensado llevar a cabo.

- ¡¡Era importante!! Morfeo, no debiste sacarme así.
- ¿Ah, sí? ¿Qué es tan importante si puede saberse?

La oniro no contestó. Lo miró con odio, pero por suerte ya había descubierto el plan. El niño tenía razón en temer por la vida de su padre. Los aldeanos querían lanzarlo al volcán para calmar a los dioses. Pero... ¿cuándo?

- No es de tu incumbencia. No tengo por qué responder ante ti y lo sabes.
- ¿Prefieres que sea Oneiros quien venga a cuestionarte? ¿O quizás nuestro señor?

- ¿Y qué les vas a decir, eh? ¿Que observaba a humanos normales para aprender su lengua o que vigilo a un príncipe capaz de igualar a muchos oniros para que no cree algo peligroso?

- Sabes que no podemos interferir en el destino de los mortales.
- Lo hacemos cada vez que entramos en sus mentes.
- Sabes a qué me estoy refiriendo- sentenció Morfeo con enfado.- No digas después que no te lo advertí.


Su hermano se marchó, simplemente desvaneciéndose en el aire. Phantasos miró a su alrededor. Estaba en el reino de los sueños, pero su mente estaba focalizada en aquel poblado. Sería tan sencillo vestir su armadura para llegar al reino humano y simplemente arrastrar a aquella familia a un lugar seguro...

Pero efectivamente, no podía interferir tan directamente.

- Pero él es un rey... y yo puedo acceder a sus sueños...


REGLA Nº 3: DAR EL PODER DE PROFETIZAR A HUMANOS A TRAVÉS DE LOS SUEÑOS, QUEDA LIMITADO A SITUACIONES EN LAS QUE EL REINO DE LOS SUEÑOS PUEDA VERSE COMPROMETIDO.
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REGLA 4: LA MENTE HUMANA ES CONSIDERADA DEMASIADO FRÁGIL, POR LO QUE LOS ONIROS DEBERÁN GENERAR SUEÑOS ABIERTOS A INTERPRETACIÓN.


No podía decir que fuese una idea generada por los oniros, probablemente era el propio subconsciente humano el culpable por los miles de años viviendo en cuevas y llevándose sorpresas desagradables... pero la realidad, es que una sombra en un sueño, era capaz de causar bastante impacto en la mente humana.

Aún así, su mensaje quería ser claro. El peligro se cernía sobre aquel hombre y debía saberlo. Le mostró las mismas personas que ella había visto en el sueño de la mujer. Le mostró lo que hablaron. Le llevó al propio volcán e hizo que una gran sombra se abalanzase hacia él.

El sueño terminó justo en ese instante por deseo del hombre.

Supuso que se habría despertado con el corazón acelerado y el miedo grabado en su rostro... o al menos así lo esperaba.

El problema es que un solo sueño no bastaba para dar un mensaje. La mayoría de los humanos lo achacaban a sus propios miedos y pasada la sorpresa inicial, poco a poco se olvidaban de él. Aún así, Phantasos tenía más trabajo del que encargarse, así que se conformó con aquello, al menos de momento.


Respiró hondo y después volvió al Reino de los Sueños.




Agradecía la sensación del viento golpeando su rostro y el resto del cuerpo mientras volaba. De todas las maneras que uno podía acceder al reino, sin duda la mejor era desde el aire. Cruzó las puertas y entró al mundo de las pesadillas, descendiendo con cuidado y precisión. Al tiempo que sus pies tocaron la tierra, las alas negras quedaron plegadas a su espalda en perfecta sincronía.

- Os traigo un nuevo compañero- Se adelantó a decir Phantasos conforme los seres más lúgubres iban acercándose hacia ella. Acercó su mano al hombro y cogió un pequeño ser que se aferraba a su piel.- Vamos... aquí estarás bien, ya lo verás.

Los tentáculos fueron aflojando su amarre y finalmente aquella especie de medusa abrió su boca y dejó de clavar los dientes en el hombro de la oniro. Se movía flotando, como si fuese una especie de fantasma, y quizás por eso se aferró a las pesadillas que tenían un aspecto similar a los espíritus.

- Incluso ahora que solo es capaz de hacer pesadillas, éstas son adorables.- Se dijo viendo como poco a poco la nueva creación iba ganando confianza y sintiéndose segura. Una vez afianzado el nuevo grupo, volvió a desplegar sus alas y emprendió nuevamente el vuelo, esta vez hasta su castillo.

Era una gran fortaleza volante, rodeada de cascadas de más de 40 metros de altura. Muchas criaturas podían verse alrededor. Algunas hermosas y míticas, otras mucho más particulares y extrañas.

Cruzó la gran puerta y comenzó a caminar por las distintas salas. No era necesario hacerlo, lo sabía, pero disfrutaba haciéndolo. No existían lugares amueblados como tal... en realidad cada sala era un pequeño espacio completamente diferente al anterior. Había desiertos, bosques o grandes extensiones de hielo y nieve, pero también espacios paradójicos que parecían sacados de algún cuadro de Dalí o Picasso, que se mezclaban con paisajes estrellados.

Se detuvo inconscientemente cuando llegó a un mar de magma. Podía sentir el calor seco en su piel que hacía que el fino lino de la túnica griega se pegara con facilidad a su cuerpo. Era agradable, pero los pensamientos que invadían su cabeza estropeaban su particular sauna.

Decidió continuar, porque allí no encontraría la paz que buscaba.

Chasqueó los dedos en cuanto cruzó otra de las puertas. Su ropa estaba perfecta nuevamente y se movía ligera con su caminar. Buscó a su alrededor. Todo estaba oscuro, pero había una hermosa luna llena al fondo. El viento soplaba con suavidad y el silencio invadía el lugar... durante los primeros 20 segundos al menos, porque justo después, unas pisadas corriendo ligeras entre la hierba interrumpieron gratamente la calma.


- Sí, sí, sí, yo también te he extrañado- dijo riendo mientras intentaba sostener la energía que producía el pequeño lobo negro que saltaba a su alrededor. Acariciaba su lomo peludo, y al hacerlo, los destellos azules de su pelaje iluminaban un poco más el lugar.

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Un tiempo después

Una especie de medusa de un tamaño colosal se acercó hasta los tres oniros situados junto a un puente casi destruido de piedra. Mostraba unos dientes afilados y una actitud claramente amenazante: No eran bienvenidos en aquel lugar.

Quería proteger algo y no había que buscar mucho para saber qué. Justo detrás, la figura de Phantasos abrazando sus piernas y con la cabeza escondida entre sus rodillas se vislumbraba claramente, casi tanto como el vestido rasgado y carcomido que traía.

- Esto tiene que terminar.- Dijo Morfeo con voz seria, al tiempo que una ráfaga de viento producido por el gruñido de la medusa intentaba arrastrarlo con fuerza.
- Es fácil de decir.- Murmuró Ikelos.
- Las pesadillas se están volviendo cada vez más fuertes e incontrolables.
- Podemos con ellas, solo necesita algo más de tiempo.
- No podemos arriesgarnos.
- Es suficiente- intervino Oneiros. Los otros dos callaron.- Nuestro señor Hypnos debe saber lo que está ocurriendo, iré a advertirle.
- ¿Estás loco?- Ikelos agarró a su hermano del brazo para detenerlo. Oneiros por su parte, miró con suficiencia aquella mano y lanzó una mirada de advertencia.- No puedes decírselo.
- DE-BE saberlo.
- ¿Y qué crees que ocurrirá cuando Hypnos descubra que Phantasos no puede continuar? ¿Qué crees que hará cuando descubra que su poder está fuera de control y las pesadillas están amenazando el reino de los sueños? Es nuestra hermana.

Oneiros no dijo nada. Estaba claro que sufría una disputa en su interior, en claro conflicto con el deber y el deseo. Miró a Morfeo, aunque no estaba claro qué se decían entre ellos. Cerró los ojos y continuó su camino.

- Tienes un día más- Sentenció Oneiros.- Si mañana Phantasos no está repuesta...
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REGLA 5: LOS ONIROS NO DEBEN COMPARTIR SU IDENTIDAD SI NO RESPONDE A INTERESES LEGÍTIMOS.


- ¿No eres... el jefe?
- No, en realidad lo es mi padre. Ya ronda los 40 años de edad y empieza a no ser apto para ciertos requerimientos en la tribu, es por eso, que tomo el mando de vez en cuando, aunque supongo que a muchos eso no les hace gracia.


Phantasos lo miró con atención. 40 años no eran muchos, ni siquiera en humanos, pero las condiciones en las que vivían y los peligros a los que estaban expuestos ponían en duda poder llegar a muchos años más.

Así que no era el jefe... aquel niño le había mentido o simplemente no entendía muy bien la jerarquía en la tribu por su edad y pensaba que su padre era lo más de lo más. Sonrió. Tenían más en común de lo que creía.

- Quiero hacerte una pregunta.

Phantasos alzó una ceja. Nunca había entendido muy bien esa frase... era obvio que iban a acabar formulando su duda.

- Son 4 días seguidos los que llevo soñando contigo...- Phantasos sonrió. En realidad eran más, pero no dijo nada.- Y eso es... raro. ¿Es por ti o es por mí?
- ¿Acaso importa?
- No. En realidad no.- Miró al fondo del volcán- Siento cierta libertad cuando estoy aquí contigo. Supongo que solo quiero que no termine.
- Estoy segura de que a tu mujer le encantaría saber eso.
- Podría tener docenas de mujeres a mi alrededor por mi posición y solo tengo una, eso habla bien de mí, no?- Phantasos volvió a levantar su ceja mientras intentaba esconder una sonrisa.- Vale, lo diré de otra manera. Soy suyo, completamente, durante el día. Si no se me permite disfrutar de otra mujer en mis sueños, la vida sería peor que la casa de las navajas de Xibalbá.


La diosa se echó a reír. No sabía de qué casa estaba hablando, pero no sonaba nada bien. Un día de aquellos, tendría que investigar más al respecto. Hoy prefería sin embargo simplemente disfrutar un poco más de la compañía.

- De acuerdo, de acuerdo, no diré nada.- Tenía demasiados años recorriendo el subconsciente humano como para dramatizar por un poco de inocente coqueteo.- Pero tengo malas noticias, a menos que en el fondo del volcán haya otra mujer, vas a tener que conformarte solo con mi palabrería.

- Entonces ya tengo lo mejor de ti.
- Touché. Eres un tipo peligroso... más de lo que pensaba...

- Cruza ese volcán y te lo demostraré.

Negó con la cabeza mientras intentaba evitar una carcajada. Claramente esa noche no conseguiría que entendiera el peligro que le acechaba, así que simplemente desapareció del sueño, no sin antes dejarle a su propia mujer cruzando el volcán.
----- * -----
Tiempo después...


Oneiros caminaba con paso lento. No podría decirse que era tan seguro como le habría gustado. Era una tarea muy desagradable la que le estaba llevando hasta el palacio de Hypnos, pero era el líder de sus hermanos y esa carga le correspondía solo a él.

Había pasado por la mañana a revisar el estado de las pesadillas. Seguían como siempre. También su hermana Phantasos. En la tarde, había sentido el llamado de su señor Hypnos. No podía augurar nada bueno de esa reunión. Si su señor conocía la situación, debía dar una explicación satisfactoria por no haberle informado hasta ese momento. Si no la conocía, él cargaría eternamente con el destino de Phantasos.

Se quedó frente a la puerta que daba a una especie de sala de reuniones que Hypnos tenía en su palacio. Un espacio muy amplio, presidido por una especie de trono perfectamente esculpido.

Entró cuando las puertas se abrieron solas y se adelantó hasta quedar a unos 2 metros de su señor. La gran cristalera daba sus vistas hacia todo el reino de los sueños. Hypnos miraba con atención a través de ésta, dándole la espalda a Oneiros, el cual ya estaba arrodillado y aguardando su turno de intervenir.

Justo cuando ya había perfeccionado el discurso en su cabeza, Oneiros escuchó que la puerta volvía a abrirse tras de sí. Sus tres hermanos cruzaron la misma y se arrodillaron del mismo modo que había hecho él. Se sorprendió. Era imposible no hacerlo. Vigiló estrechamente a Phantasos. ¿Se había recuperado o le mentiría descaradamente a su señor? La sola idea le hizo hervir la sangre durante unos instantes... hasta que ambos oniros cruzaron las miradas.

Ira. Venganza.

Eso es lo que reflejaban sus ojos. ¿Esos sentimientos eran los que le habían hecho reaccionar y salir de su estado de trance? No estaba muy de acuerdo con ello, pero al menos facilitaba enormemente la situación actual. Todo estaba arreglado. Pero entonces... ¿por qué habían sido convocados por su señor?


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REGLA 6: LOS HUMANOS QUE CONSIGUEN LLEGAR HASTA EL REINO DE LOS SUEÑOS, DEBEN SER VIGILADOS POR UN ONIRO.


- ¿Quieres conocerlo?

El niño abrió mucho los ojos. No esperaba esa oferta y un ápice de duda se apoderó de él. Phantasos extendió su mano hacia él.

- A veces hay que arriesgar para ganar...


Apretó los labios dudoso y finalmente estrechó la mano de la oniro. En cuanto lo hizo, la oscuridad se arremolinó y los llevó a otro mundo. Cuando el niño abrió los ojos, encontró unas grandes puertas doradas frente a él.

- Justo detrás se encuentra mi hogar. Al principio puede dar un poco de miedo, pero merece la pena.
- ¿Tengo que preocuparme?- murmuró receloso.
- Tú no.

Las puertas se abrieron ante la petición de la diosa y un hermoso león blanco apareció tras ellas. Phantasos hizo que el niño montase sobre él y comenzaron a caminar por el reino de los sueños ante los ojos maravillados del pequeño. Pronto se adentraron en el área de las pesadillas.

- Tenemos que pasar por aquí en silencio. Cierra los ojos y no los abras hasta que yo te lo diga.


El niño obedeció sin rechistar, ocultando su cara contra el lomo de aquel curioso león. En cuanto pusieron un pie dentro, comenzó a formarse un gran río frente a ellos que les bloqueaba el paso. Pronto apareció la figura de su padre, el mismo hombre del volcán. Phantasos no se sorprendió al verlo degollado y ser lanzado al río. Endureció el gesto mientras veía como la sangre se mezclaba con el agua. Eran unas pesadillas algo inquietantes para un niño. Le oyó gemir. Era el efecto habitual en los humanos al pisar el mundo de las pesadillas.

Había llevado al pequeño a su mundo para intentar ayudarle, no perjudicarle más, así que hizo arder su cosmos y el río y el hombre desaparecieron, convirtiéndose en una cortina de humo. Phantasos se adelantó un par de pasos al niño e hizo un recorrido visual a su alrededor. Estaba lanzando una advertencia muy seria a todas las demás pesadillas que acechaban. Las estaba retando a enfrentarse a ella, pero todas se inclinaron y comenzaron a alejarse.

Continuaron su camino sin más interferencias y pronto llegaron a su destino.

- Bienvenido al reino de los sueños.

Las horas siguientes, fueron un ir y venir de diferentes escenarios y seres. Algunos antiguos conocidos del pequeño, otros completamente nuevos, ante los que quedaba completamente maravillado, estudiándolos con atención desde todos los ángulos. Cuando el chico hubo satisfecho gran parte de su curiosidad, Phantasos le llevó hasta su palacio. Era la primera vez que un humano cruzaba las puertas de plata. La oniro era incapaz de recordar haber disfrutado tanto de su castillo hasta ese instante.
El pequeño iba proponiendo cambios y generándolos a su paso. Tocaba todo lo que deseaba y exploraba curioso aquello que no conocía. Llegaron a la sala del hielo. La diosa pensaba que tal vez no fuera muy agradable para él por el frío, pero por el contrario, brincó emocionado sobre la nieve y pronto descubrió las amplias posibilidades de experimentar con ésta. Rió como loco cuando Phantasos recibió una bola de nieve contra su cara y más aún cuando ésta se cayó al lago al quebrarse el hielo.



- ¿Y bien?- preguntó la diosa al final de su jornada, sentada sobre la arena de una hermosa playa y disfrutando de un bello amanecer en el cielo.
- ¿Qué te ha parecido?
- Ha sido... genial...- asintió mientras jugaba con Alot entre sus manos.
- Entonces admites que es mejor mi hogar que el tuyo...
- No- dijo el pequeño de forma tajante.- Es precioso, pero tienes que sentirte muy sola aquí.

Phantasos se sorprendió notablemente. No esperaba ni mucho menos esa respuesta y por ello no respondió inmediatamente.

- No estoy sola en este lugar. Tengo mucha familia en realidad. - “Más de los que quisiera” quiso agregar- Todos están aquí... por aquí...
- ¿Y por qué no hemos visto ninguno?
- Es que deben andar haciendo otras cosas...
- Llámalos.
- No puedo.
- ¿No puedes? ¿Tenéis mil mundos aquí pero no puedes contactar con ellos?
- Puedo ir a buscarles, pero no nos reunimos si no es algo muy importante.
- ¿No os reunís para nada?
- Eh...- Phantasos volvió a omitir su primer pensamiento: “sí, para comandar los ejércitos de las pesadillas y muertos contra el mundo de los vivos cuando la guerra se desata en el Inframundo”- En realidad, estamos muy ocupados. Cada uno tenemos una misión y eso no nos deja mucho tiempo libre... tenemos que obedecer.
- ¿Os pasáis la vida trabajando? ¡¡Qué aburrido!!

- No es exactamente así, es que... fuimos creados para eso y... no es que podamos simplemente dejar de hacerlo sin ocasionar problemas...- conforme iba expresando las ideas en voz alta, se daba cuenta que ese niño, al igual que su padre, era muy peligroso.
- Eso es muy triste.

Phantasos miró hacia el horizonte. Quería contradecir al pequeño, pero era imposible hacerlo. Nunca se había parado a pensar en el número de días que podían pasar sin ver o hablar con ninguno de sus hermanos. Incluso le costaba recordar la última vez que había visto a Hypnos.

- Supongo que tienes razón. En realidad en mi familia... somos como extraños. Eso te convierte en un chico afortunado por lo que tienes.
- Bueno, pero yo también tengo que obedecer órdenes.- Se apresuró a decir, tal vez a modo de disculpa.- Hago todo lo que quiero, pero cuando está mi casco puesto, todo es diferente.

- ¿Tu casco?
- Sí, la cabeza de un jaguar, te lo enseñaré mañana. Con mi casco soy un guerrero que tiene que obedecer, pero sin él soy libre de ir y venir donde quiera. Ésa es la norma que puso mi papá.

Phantasos lo miró sonriente. Supuso que había sido algún tipo de artimaña creada por aquel hombre para tener controlado a aquel niño tan curioso y extrovertido o quizás algún tipo de entrenamiento temprano en el arte de la guerra.

La brisa corría suave y mecía sus cabellos mientras veían el mar al fondo. Algunas sirenas saltaban por encima del agua tomando los primeros rayos de sol.

- ¿Sabes? Creo que hoy ha sido uno de los días más felices de mi vida. Tengo que darte las gracias.

- Yo también lo he pasado muy bien. Si me dejas, quiero poder seguir viniendo aquí a estar contigo. Así nunca te volverás a sentir sola.

Phantasos lanzó un suspiro. Era difícil contradecir a aquel pequeño saco de ternura.

- Siempre que quieras.- Asintió con sinceridad.- ¿Sabes? Yo también tengo un casco con unas alas muy bonitas.

- ¿Me lo enseñas mañana?

La diosa dudó un instante. Los aldeanos de su poblado cada vez estaban más inquietos y se temía que el día clave estaba más próximo de lo que le gustaría, aunque no podía saber la fecha exacta.

- Mañana.
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Mensaje por Hypnos »

Hypnos, absorto en el horizonte cavilaba en el futuro del reino de los sueños. «El reino de los sueños ha cambiado… » concluía. Y es que, desde los albores del tiempo aquella región era conocida por su lejanía con el mundo real. Al igual que la realidad, aquella zona parecía tener un sentido, un destino. Hypnos no podía recordar la creación de aquella zona, pero desde que el tiene conciencia está conectado a ella. Desde el inicio los sueños de los hombres parecían darle forma. Su conciencia se conectaba con aquella zona, que después terminó llamando, reino de los sueños, ahí residía temporalmente para luego despertar. Hypnos dedicó gran parte de su existencia a entender esa relación. Cuando aún los humanos no eran sus grandes enemigos… cuando Hades aún no había decidido que eran inadecuados para poblar la zona mas preciada de la creación.

Con el tiempo descubrió que no todos realmente entraban al reino de los sueños cuando dormían. Tenía que cumplir ciertos requisitos de espiritualidad y poder. Eso explicaba por que el reino mantenía cierta estructura y no se volvía un caos deforme al recibir aquellas conciencias humanas que se multiplicaban constantemente. Había otras propiedades que hubo de determinar después de algunas actividades de… investigación. Aquella dimensión, o reino, era capaz de atrapar el alma humana y evitar que volviera a su cuerpo, y un poco más. Podían evitar incluso que volviera nunca mas al reino terreno. Ante tal peligro Hades estableció reglas. Sería el quien decidiera que almas debían ser atrapadas, con el tiempo cedió aquella protestad a Hypnos también, debido a la conexión del dios de los sueños con aquella zona.

Pero mas de diez milenios habían transcurrido desde aquellos días. Cada vez mas humanos podían conectarse a aquella región. Habían descubierto el poder del cosmo, de tal suerte que la energía que visitaba el reino era cada vez mayor. Hypnos tenía protestad sobre los sueños de los hombres, pero poco a poco los hombres comenzaban a darle forma al reino de los sueños. No había riesgo que algún humano pudiera tener poder en el reino de los sueños, sin embargo, la suma de todos los seres que terminaban uniéndose al reino comenzaban a transformarlo, el resultado, como el inconsciente humano, no era predecible, era después de todo este tiempo, esperando, que el reino de los sueños revelaba de mejor manera su estructura.

La puerta detrás de el se abrió. Habían llegado, podía reconocer a sus oniros sin siquiera voltear a verlos. Sentía la energía de los otros tres acercándose. Poco tiempo después de que el estuviera en el mundo llegaron a su vida. Compartió con ellos su energía, los llevó hasta el 8vo sentido, aunque de eso pocos recuerdos quedan ya. De ahí que surgiera la confusión y hubiera quien les llamara hijos de Hypnos, y otros hermanos. No era algo que el meditara demasiado. No conocía profundamente el concepto de familia, pero de conocerlo, hubiera admitido que aquellos cuatro dioses eran su familia.

–Arriba Oneiros, Morpheo, Phantasos, Ikelos, Phobetor… – No se detuvo a mirarlos detenidamente. De hacerlo, tal vez se hubiese dado cuenta que algo anda mal con Phantasos. Pero tenía tiempo ya que poco convivía con ellos. Les había asignado tareas especificas y habían resultado realmente buenos en realizarlas. Se encargaban de cuidar los lindes del mundo de los sueños. De controlar aquellas conciencias que resultaban muy poderosas, y aquellas muy atrevidas. Lo hacían mediante ilusiones, sueños, métodos muy persuasivos, así habían podido controlar aquellas proyecciones que de otra manera habrían causado un gran caos en ese reino.

–Se que han percatado del cambio que ha tenido a lo largo del tiempo el reino de los sueños… Han hecho un buen trabajo controlando los sueños de los humanos que incursionan por acá, es hora de dar un paso más – Sonrió mientras decía aquello. En ese momento el suelo parecía evaporarse. Las líneas rectas de las lozas debajo de ellos comenzaron a ondular. Estaban por ser transportados a otro lugar. Estuvieron pronto flotando en el espacio, frente a ellos estaba el reino de Morphia.

–Este lugar quedará bajo tu recaudo Morpheo. Es la zona más antigua del reino. Y la mas peligrosa. Tendrás las llaves de la prisión eterna del Hades. Pronto necesitaremos atrapar ciertas almas en este lugar para evitar que reencarnen. Serás tu el administrador de esta tierra – Hasta aquel momento Hypnos fungía como administrador de todo. Las acciones de sus oniros estaban limitadas. El gran cambio de aquella reunión sería la libertad. Los oníros tendrían libertad de controlar aquellas dimensiones o reinos.

Pasaron entonces a Fatria. Aquel reino era lúgubre. Era otro tipo de prisión que se alimentaba de la energía de los humanos. Era un castigo distinto. Aquel lugar quedo a recaudo de Phobetor. Pasaron entonces a Phobia, el reino de las pesadillas. Había una diferencia importante en aquel reino. Los humanos podían dormir y tener pesadillas, eso ocurría en otro lugar, sin embargo, los Oniros tenían la capacidad de enviar el alma y conciencia de un humano a Phobia, ahí el sufrimiento sería real, no solo en su sueño. Su alma quedaría atrapada en un sueño terrible que tendría efectos permanentes en su ser. Aquel lugar no podía ser para otro que Ikelo, el mas violento y agresivo de los oniros.

Viajaron nuevamente. –Este lugar solo podría pertenecerte a ti Phantasos – Dijo con cierto toque amoroso que siempre molestaba a sus hermanos. – Es, de todas formas, el lugar que más frecuentas, ahora tendrás protestad para regir los sueños de los humanos mas destacados, decidirás como dirigirlos, te aseguraras que no sea necesario enviarlos a los demás reinos. Hoy hacemos permanente el trabajo que venían realizando todo este tiempo – Ese comentario final lo dirigió a todos. Volvieron entonces al salón donde habían partido. La mirada de Hypnos era una mezcla de orgullo y un poco de tristeza. Ahora que los reinos estaban definidos y entregados el vería cada vez menos aquellos rostros. Pero confiaba en que cumplirían su deber.
Observó le rostro contrariado de Oniros. Después de todo no había entregado ningún reino a su oniro mas leal y poderoso. – Creo que no será sorpresa que Oniros tendrá ingerencia en todos los reinos, como lo tuviera yo. El determinará eventualmente si el camino del reino de los sueños sigue una senda adecuada. Y de no ser así, me informará para corregirlo –. Su mirada descansó. Hypnos había hecho aquello a propósito, deseaba ver la reacción de sus oniros.
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Ya casi había pasado el tiempo que Oneiros había dado de plazo, pero nada había cambiado. Ikelos finalmente optó por enfrentarse a las pesadillas que honorablemente cortaban su paso y llegó hasta Phantasos, zarandeándola.

- Tienes que reaccionar, ¡ya! Oneiros va a informar a nuestro señor de tu estado en apenas unos minutos. Y sabes lo que ocurrirá entonces.
- Me da absolutamente igual.- Respondió. Sus palabras eran una mezcla de ira y dejadez, pero al menos por fin había dicho algo.
- Tenemos una misión y debemos cumplirla, nos guste o no. Tu ausencia empieza a ser demasiado llamativa.

Phantasos levantó la cabeza, fulminando con los ojos a su hermano.

- No me hables del deber... no lo entiendes, ¿verdad? ¡¡Ese niño está muerto por las estúpidas normas que tenemos los oniros!!

Ikelos retrocedió un par de pasos al escuchar el grito de la muchacha, al tiempo que se ponía de pie y se encaraba con él.

- Sabía lo que iba a ocurrir, pero no pude escucharlo todo. Solo tenía que haber entrado a la mente de uno de ellos y haberle hecho escupir cada idea de ese plan para haberlo averiguado. Podría haberles dicho quién era, podría haberles advertido... podría haber intercedido en su destino... podría haber matado a todo ese estúpido pueblo... ¡¡y no hice nada!! ¿No lo entiendes? ¡¡Es como si yo misma les hubiese arrojado al fuego!!

Phantasos tomó aire mientras las lágrimas salían furiosas de sus ojos. Su hermano se mantuvo callado, expectante e intentando comprender. Acogió toda su ira, consciente de que eso era positivo para ella en aquel momento. Tras unos instantes, decidió hablar.

- Las normas existen por un motivo, no son un capricho de nuestro señor. Y sabes tan bien como yo, que el principal objetivo de esas reglas, es el de cuidar de nosotros y nuestro reino.

La oniro se echó a reír con bastante ironía mientras le daba la espalda, pero no le respondió. Unos instantes después, ambos sintieron algo parecido a un tirón dentro de su pecho. Era una llamada del dios supremo de aquel reino. Ikelos chasqueó los dientes.

- No puedes cambiar lo que ya ha ocurrido, Phantasos, pero sí lo que está por venir. Y la decisión es clara: ¿quieres abandonar a Hypnos o no?

Su hermana se giró con rapidez para mirarle con extrañeza.

- Él no tiene nada que ver con esto.
- Tiene todo que ver. Si no puedes ocupar tu cargo, lo hará otro, más débil y estúpido, con el consiguiente riesgo para todos. Pero para seguir a su lado, tienes que volver a cumplir las normas sin cuestionarlas.
- ¿En serio? ¿Así de fácil? ¿Así que, si un día tienes en tu conocimiento un daño potencial a nuestro señor, y tienes el poder y la capacidad de protegerlo, te quedarías de brazos cruzados, simplemente por seguir una estúpida norma que te exige esperar una orden suya?
- ¡Sí!
- ¡¡No!!
- ¡Yo moriría!
- ¡¡Pero él seguiría vivo!!- Sus ojos volvieron a quebrarse. Ikelos era consciente de que volvían al punto de partida. Aquellas palabras no solo se referían a su señor.- ¿Por qué es tan difícil hacer que entiendas que nuestras vidas son insignificantes? Solo valen lo que son capaces proteger.
- Entonces usa eso para continuar. Coge tu ira y tu sed de venganza y aprende ellas, úsalas para proteger al reino y a nuestro señor. Adáptate a las circunstancias, es lo mejor que sabes hacer, y cuando llegue el momento, usa todo ese conocimiento para arrasar con el que te condujo a esto.
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SALÓN DE HYPNOS:

Oneiros la había mirado con mucha atención cuando entró en el salón. Estudiaba cada uno de sus movimientos, era consciente de ello, así que finalmente decidió mirarle a los ojos para que él mismo pudiese sacar conclusiones.

Se pusieron en pie cuando Hypnos les pidió hacerlo y escucharon con atención lo que decía. Pronto comenzaron a recorrer diferentes espacios del reino. Phantasos admiró el paisaje que su señor le mostraba y le ofrecía. No podía ocultar su cara de sorpresa y cariño. Escuchaba sus palabras con atención. Durante unos segundos todo parecía haber vuelto a la normalidad y sentía cierta paz en su interior. Era el efecto sanador que tenía la mera presencia de su señor. No dijo nada, aunque sin duda habría deseado hacerlo y agradecerle, pero no le correspondía a ella hablar.

Continuaron su recorrido hasta llegar nuevamente al salón del trono de Hypnos. Parecía que el dios del sueño había terminado de hablar, así que Oneiros tomó finalmente la palabra.

- Mi señor... me honráis, como siempre. Estoy seguro que hablo por todos al agradeceros una vez más vuestra generosidad. Cumpliremos nuestro deber diligentemente.- Se detuvo ahí, y por un momento pareció no querer continuar hablando, hasta que...- Si debo informaros sobre lo que pasa en vuestro reino, me veo en la obligación de advertiros de importantes nuevas en estas últimas semanas.


Tal vez fue su imaginación, pero el aire se tensó en ese instante. Todos parecían aguantar su respiración.

- Phantasos... - Ikelos apretó tanto sus dientes que casi todos lo oyeron.- no ha participado apenas en sus funciones contraídas con los humanos estas últimas semanas. A cambio, hoy gozáis de algunas nuevas y poderosas pesadillas para vuestros ejércitos creadas por ella. Sobra decir que ningún humano quedó descuidado en ese tiempo, pues Ikelos, Morfeo y yo mismo tomamos gustosos esa responsabilidad.

Phobetor se echó a reír irrespetuosamente mientras lanzaba una mirada desafiante a Oneiros. Estaban claras las desavenencias entre ellos. Pronto la conversación se centró en el hermano descarriado, como siempre solía suceder. Phantasos no dijo nada, aunque sabía que tendría que agradecer el gesto a su hermano en el futuro. Pero no ese día... todo había sido muy confuso.
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MOMENTO ACTUAL
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La nieve caía lentamente sobre su rostro, fundiéndose lentamente sobre sus pálidas mejillas. Vestía una túnica griega blanca, completamente inadecuada para un entorno helado. Carecía de importancia al no poder sentir el frío, aunque era capaz de rememorarlo en su mente de cuando lo sintió en el cuerpo de Raven y traerlo hasta ese momento.

Su piel se mostraba pálida y sus cabellos de color azul celeste, lo que la hacía casi imperceptible desde la lejanía, excepto por el vaho producido por su respiración.

Al fin estaba en casa y aquello le traía una extraña mezcla de sensaciones.

Agradecía volver y tener tiempo de poder ordenar sus ideas. Disfrutar de la paz reconfortante de su hogar. Pero también admitía que tras todo ese tiempo rodeada de gente, su hogar parecía más solitario que de costumbre.

Respiró hondo, intentando sentir el frío en el interior de sus pulmones de forma infructuosa. La estatua de hielo de aquel niño la miraba con atención. Ella sonrió mientras se acomodaba en la roca que tenía a su espalda. Había mucho de lo que hablar.
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S. XIV aproximadamente



- El mundo humano está sumido en el caos. La muerte y la desesperación están llegando a cada rincón, pero eso no nos concierne... todavía.- Explicó Hypnos mientras sus cinco oniros se mantenían arrodillados frente a él.- Os he hecho llamar, porque hay una tarea para vosotros en el mundo de los vivos. Phantasos... Phobétor... seréis los encargados de cumplirla.

- Mi señor.- Oneiros prácticamente no dejó acabar a Hypnos, lo cuál era una actitud de lo más extraña en él.- Sería un honor para mí poder tomar la responsabilidad de llevar a cabo la misión, si os place.

- Te necesito en otro lugar junto con Ikelos y Morpheo.- Se limitó a contestar el dios del sueño.


Oneiros bajó la cabeza. Apretó el puño con fuerza, pero no dijo ni una sola palabra más. Phantasos lo miró a su espalda. Podía notar la tensión que emanaba de su hermano en ese instante, al igual que la sonrisa descarada de triunfo que mostraba Phobétor a su izquierda.

Hypnos les explicó los detalles, aunque el pensamiento de todos los oniros estaba en otra parte. La reunión finalizó y todos salieron pensativos de aquel lugar. Íkelos y Morpheo se encaminaron hacia sus respectivos destinos, no sin antes lanzar una mirada de advertencia a la diosa. Oneiros no les siguió, en realidad, no tardó ni 5 segundos desde que se cerraran las puertas a la sala de Hypnos para acercarse a su hermana y tomarla del brazo con fuerza.

- Phantasos... tienes que hablar con Hypnos ahora.- Hablaba en susurros, pero su tono era más serio de lo habitual y reflejaba auténtica preocupación.
- No.- Respondió ella tajantemente.
- Jamás permitiría que fueses a esta misión si supiera la verdad.
- Me necesita allí. Somos los más aptos, así que voy a ir.
- Es demasiado arriesgado. Phobétor no es de los que dejan las cosas a medias, ya lo sabes. No puedes completar la tarea y controlarle al mismo tiempo... deja que hable con Hypnos.
- ¡No!- Esta vez fue la oniro la que sujetó los brazos de su hermano.- Soy un oniro igual que tú. Tengo que hacerlo... sola. Sabíamos que esto ocurriría antes o después. Puedo hacerlo. Tengo mis trucos.
- Él te conoce demasiado bien, contará con ello.

- Pero siempre podemos conocernos mejor ¿verdad, “hermanita”?

La voz gélida de Phobetor interrumpió la conversación. Oneiros tuvo que ser retenido por Phantasos y así evitar una pelea.

- Oneiros... no es el lugar.
- Eso, Oneiros... vas a hacer que lleguemos tarde...- el oniro le tendía la mano a la muchacha, pero ésta la ignoró por completo. La diosa abrió un portal y desapareció a través de él, no sin antes mandarle una mirada tranquilizadora a Oneiros.

Phobétor la siguió, mientras chasqueaba la lengua y decía adiós a su hermano con sorna.
---- * ----
- ¿Piensas hacer algo para cumplir nuestra misión?- preguntó Phantasos visiblemente molesta.
- Tú lo harás bien...

La oniro intentó contenerse. Solo quería acabar aquello cuanto antes. Phobétor se acercó, pero por suerte paró a una distancia segura.

- Muy interesante la charla que has tenido con nuestro hermanito mayor. Siento como si hubiese vivido una mentira durante miles de años. Siempre había pensado que nuestro amado señor me había premiado por mi comportamiento... no sabes lo desilusionado que me siento al descubrir que en realidad él nunca supo nada.- Hablaba con tono teatral y realizando gestos exagerados.- En realidad, ahora que lo pienso... tal vez Hypnos se sienta igual que yo cuando lo descubra... y eso no está bien- explicó mientras movía de un lado a otro su dedo frente a ella.

- ¿Quieres que lo descubramos?- Murmuró mientras observaba a los humanos que les habían traído hasta allí.

- No quiero arriesgarme a ver como te rompe como una ramita...

Phantasos cerró los ojos y se acercó hasta él para encararse con seriedad.

- ¿Crees que puedes amenazarme con mi señor? Me subestimas si crees que esa manipulación de principiante puede condicionarme de algún modo. Acabemos-la-misión.- Se dio la vuelta para volver al punto en el que estaba vigilando.

- Prefiero disfrutar un poco más de tu compañía, hacía mucho que no podíamos disfrutar de un tiempo a solas... ¿Cuánto hace? ¿Mil años? ¿Dos mil? Estoy seguro de que puedes recordar exactamente el día, la hora y el minuto... podemos continuar lo que dejamos pendiente...- murmuró alzando su mano para intentar tocar su hombro. La diosa lo esquivó a tiempo transformándose viento y se alejó varios metros de él. Lo miró con determinación desde la lejanía mientras Phobétor dejaba su teatralidad aparcada. Pronto se enderezó más y su sonrisa se desvaneció, generando un aura de peligro y violencia.- Sabes que un día superaré a Oneiros... y sabes que ese día habré encontrado el modo de que no te escabullas entre mis dedos.

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MOMENTO ACTUAL:

- Lo tuve... al alcance de mi mano, pude sentirlo.- Explicaba la oniro a la estatua de hielo.- Sentí que por fin todo había terminado, que todo volvería a ser como antes. Pero se desvaneció frente a mis ojos. Los sueños desaparecían... y las pesadillas volvían.
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S. XVIII aproximadamente

La noche había terminado en el mundo de los humanos y el día se hacía paso en el reino de los sueños. Era el mejor momento para explorar el reino, hacer nuevas creaciones o simplemente descansar.

Ikelos se echó a reír, no podía evitarlo. Morpheo tampoco pudo evitar soltar una carcajada. Oneiros se acercó a ellos tras volver de sus funciones, extrañado por la actitud de ambos hermanos.

- ¿Qué os ocurre?- preguntó al escucharles murmurar.
- Esos dos idiotas de ahí, han considerado que podía ser un gran entretenimiento venir a burlarse de mí.- La voz de Phantasos se escuchó, algo más alejada. Se movía bajo un árbol de una forma bastante indefinida. Caminaba hacia delante y hacia atrás, haciendo algún giro brusco en ocasiones.
- ¿Estás...?- Se detuvo en su pregunta, esencialmente porque no estaba muy seguro de lo que su hermana hacía.
- ¡Estoy bailando!- Gritó molesta bajando los brazos.
- Reinventando el baile, querrás decir.- Intervino Morpheo sonriente. Phantasos optó por ignorar ese último comentario.
- La muchacha con la que trato últimamente vive completamente obsesionada con el baile, da igual todo lo que intente en sus sueños, siempre acaba derivando en una sala enorme con música. Así que... no me queda otra que intentar acceder a ella a través de la danza.- Explicó Phantasos- Y en vez de ayudar, estos dos niñitos andan burlándose.

- No, no, no, eso no es cierto, ni justo... lo sabes. Te he ayudado hasta que mi resistencia ha quedado doblegada bajo el poder de tus zapatos- Aclaró Morpheo.
- En mi caso... no, no estoy hecho para eso. Pero lo admito y ya.- Asintió Ikelos.

Oneiros respiró hondo. Quería descansar, sin duda, pero no era común encontrarse los cuatro de manera tan animada, así que decidió quedarse un poco más.

- ¿Qué practicas?
- Vals... estilo francés...
- Adelante.

Oneiros extendió su mano dispuesto a ayudarla. Prefirió omitir la parte en la que jamás habría averiguado que lo que hacía era practicar un vals. Phantasos sonrió ampliamente y tomó su mano encantada... aunque pronto el mayor de los hermanos comenzó a lamentar haberse ofrecido para la tarea. Ahora entendía que un dios guerrero como Morpheo se hubiese retirado de aquella contienda.


- Tienes que vigilar tus pies.
- Ya lo hago- dijo Phantasos bajando la cabeza para intentar no fallar esta vez.
- ¡Pero tienes que mirarme a los ojos!
- ¡Oh, disculpa!- Levantó la cabeza con tanta fuerza que golpeó sin querer la nariz de su hermano.- O_O ¡¡Perdón!! Bueno... no sangras, no ha podido ser muy grave...

- Si hubiésemos sabido esto antes, los doce trabajos de Hércules se podrían haber simplificado en uno: “bailar con Phantasos”... y ese saco de músculos jamás lo hubiese conseguido.- Susurró Ikelos a Morpheo sin poder contener la risa.
- ¡¡¡Callaros estúpidos!!!
- Esto empieza a recordarme a cuando entrenábamos juntos.- Se quejó el oniro mayor mientras se frotaba su tibia.
- ¿En serio, tú también?
- Solo...- Oneiros meditó un instante- tienes que concentrarte... y sé cómo puedo ayudarte con eso.
- ¿Intentas entrar en mi cabeza?
- Déjame ayudarte...

La oniro torció el gesto, pero finalmente aceptó el uso del control mental de Oneiros. En ese instante, su hermano había dejado de estar presente y ahora era Hypnos el que estaba frente a ella. Para sorpresa de todos, a partir de ese instante, no hubo ningún error llamativo. De hecho, ahora sí podía decirse que ambos bailaban con elegancia.

Morpheo e Ikelos se miraron con sonrisa cómplice, conocedores de que Oneiros debía estar disfrutando ese momento por más motivos que el simple éxito en sus enseñanzas.

- Vaya...- Phantasos sonrió animada tras unos minutos de práctica. Su hermano dejó de usar su influjo y nuevamente volvió a ser él.
- ¿Lo ves? Solo era cuestión de concentración.
- Bueno, es que la pareja no es comparable.
- ¡Auch!- Murmuraron Morpheo e Ikelos casi al unísono haciendo un gesto de dolor.
- Tengo que admitirlo, se te da mejor enseñar a bailar que a luchar.

Los dos hermanos se llevaron las manos a la cara. Oneiros por su parte frunció un poco el ceño. Estaba claro que estaba dándole vueltas a una respuesta diplomática en vez de la que resonaba con fuerza en su cabeza.

- Sigue practicando y no tendrás ningún problema con esa muchacha.

Comenzó a marcharse de allí, pero Phantasos le retuvo.

- Muchísimas gracias por tu ayuda- sonrió mientras tomaba su mano entre las suyas.- No sé qué habría hecho si no hubieses llegado.


Oneiros se sonrojó un poco, pero casi de inmediato recobró la compostura. Tomó una de las manos de Phantasos y besó su palma antes de marcharse.

- Madame...
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Mensaje por Hypnos »

En los campos Elíseos, frente al templo de los dioses gemelos se encontraba uno de ellos, Hypnos, sentado a un costado de las escalinatas observando el hermoso paisaje, sus ojos se esforzaban por apreciar el color de todas las flores, su forma, su movimiento, su mirada se forzaba para apreciar aquellos arreglos que estaban en el horizonte. Meditaba en su regreso, en las diferencias entre esta encarnación y las anteriores. Había algunas cosas que le inquietaban, una de ellas era el no haberse encontrado con Hades aún. Sabía por boca de Phantasos que había algunas deidades rondando el inframundo. ¿Estaría Hades con ellos? No podía sentir su cosmos. Tal vez estaban en otra dimensión. El no saber que ocurría con su dios no le permitía estar consigo mismo. Decidió tratar de ocuparse de otros temas que sí tenía a su alcance resolver.

Recordó lo ocurrido en su último viaje, la recordó a ella, su oniro. Phantasos. ¿Estaría bien?, pensaba en que, volviendo al reino de los sueños ella encontraría de nuevo su centro, junto a sus hermanos. Pero no estaba tan seguro. Recordaba aquella sensación cuando vio por primera vez a sus Oniros, estaba orgulloso de ellos y pasaba mucho tiempo trabajando con ellos en el reino de los sueños. Hasta que poco a poco comenzó a alejarse. No es que ya no sintiera aquel orgullo o amor por ellos. Pero las guerras y el cuidado de su dios lo alejaron poco a poco de ellos, hasta que la relación se jerarquizó, así era más sencillo y eficiente.

El convivir con Phantasos durante aquellos días había removido aquella sensación olvidada. Ahora, después de todo lo ocurrido continuaba preguntándose si Phantasos estaba bien, al concluir el viaje se veía entera, fuerte, pero su voz y sus ojos ya no arrojaban aquella chispa tan característica en ella. Pensó en llamarla a comparecer frente a él, era lo habitual. Hypnos no acostumbraba a andar por el reino de los sueños llamando a voces a sus oníros. Pero concluyó que, si quería averiguar si Phantasos estaba realmente bien debía ser allá, en su hogar.

Hypnos desapareció del Eliseo en un dorado destello, para aparecer a la entrada del reino de los sueños y fantasía, quería aprovechar y recorrer un poco el lugar. Ver que se había estado perdiendo. Apenas al llegar las pesadillas se congregaron, amagaron con atacar, pero luego solo desaparecieron. Hypnos no había evocado su poder, pero aquellas maquinaciones sabían que era inútil interponerse. Aquellas pesadillas parecían estar en el reino de Phantasos, cuando se dividió aquella dimensión los miedos y pesadillas capaces de lastimar el alma habían quedado a recaudo de Ikelos, en otra parte del reino… que hubiera tantas pesadillas en Phantasia evidenciaba los cambios que Hypnos constantemente sentía en el reino. Las fronteras se borraban de a poco.

Se concentró, busco a Phantasos, la ubicó en el castillo. Recorrió hermoso e intrincado camino hasta llegar al castillo de los sueños, el había morado ahí anteriormente, pero como todo, era distinto. Atravesó salones, estancias y bibliotecas, todas de distintas formas y colores, después llegó a un salón que parecía ser una región distinta. Al atravesar las puertas la nieve cubría todo cuanto la vista tocaba, nevaba copiosamente, Hypnos se extrañó, pensaba en que significaba aquel salón mientras jugaba con algunos copos de nieve en su mano.

Siguió su andar, extendió sus alas pues consideró que le tomaría mucho tiempo caminar en aquel frío páramo. Sentía a Phantasos cerca. Por fin la vio, la nieve que caía hacía difícil verla a detalle, pero ahí estaba, sentada, frente a una estatúa de hielo, conforme se acercaba pudo ver que era una imagen de un niño. Aquello le extrañó.
Hypnos por fin hubo de estar lo suficientemente cerca como para dejar de volar. Sus alas desaparecieron, sus pies recorrieron los últimos metros del camino.

Phantasos — Dijo al estar casi a su lado. No estaba seguro de como comenzar aquella convseración, pensaba que si le ordenaba que le contara todo lo que le sucedía lo haría, pero no sentía que aquello fuera la mejor manera de ayudar a su Oniro, después de un par de segundos de duda, desvió la mirada. — ¿Quién es el? —
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