- Mis señores, traemos nuevas. Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú ya han descendido, tal y como nos ordenasteis.- Dijo en voz alta su hermano Oneiros. Al igual que él, el resto de sus hermanos, incluida ella misma, estaban arrodillados frente al dios Hypnos y al dios Thanatos, que distraídamente jugaban a algo que le era completamente desconocido. Los minutos iban pasando lentamente, pero nadie se movía y nadie decía nada. Phantasos levantó la vista y se quedó observando con atención.
- Es un juego de humanos... ¿por qué será tan interesante? – pensó casi de manera inconsciente.
- Es un juego de dioses, de guerra, de estrategia. Los humanos no son capaces de idear una sola batalla sin la intercesión de algunos de nosotros.- Respondió Hypnos tras haberle leído la mente y haciéndole una señal para que se acercara. Phantasos se levantó ante la sorpresa del resto de sus hermanos y se acercó a los dos dioses.
- Observa y aprende. Tal vez un día puedas ser mejor rival que mi hermano.- Completó Thanatos mientras lanzaba una sonrisa a su contrincante.
Al parecer, la partida se había trasladado al quinto círculo del infierno. Se sentía como un peón… no cualquiera, sino el que inicia la partida y es el foco de atención de todas las figuras. Cuando el nuevo dios apareció, casi podía sentir como una torre… una gran torre, había cruzado todo el tablero y se había posicionado frente a ella. La cuestión era: ¿amigo o enemigo?
Se presentó como el dios Erebo. Eso le convertía en su abuelo en términos humanos, pero para los dioses, la familia era algo totalmente banal. Quizás por el exceso de descendencia o por lo accidental de ésta, pero la realidad era que la afinidad paternal o maternal se consideraba prácticamente inexistente.
Llevaba siglos sin escuchar ese nombre y de pronto, aparecía, así sin más. Se mostró preocupada en su interior. No por su actitud, sino porque recordaba aquella brecha… envuelta en oscuridad…
Hablaban de cosas que no tenían mucho sentido, quizás tantos acontecimientos requerían solo de un minuto de reflexión que no tenía. Sintió entonces como la mano que aún sostenía, tiraba hacia ella y la protegía. Había hecho presencia la reina. Oblicua a la torre, amenazante quizás, mostrando su poder solo con su presencia. A su lado, el rey mostraba diplomacia, más tranquilo y pausado.
Estuvo a punto de decirle algo a Astra. Ella como peón, debía estar delante, debía protegerlos a ambos e incluso entregar su vida si eso hacía ganar la partida… o aunque no. Su existencia era irrelevante comparada con la de los dos gobernantes. Y sin embargo, guardó silencio. Era un soldado, debía situarse donde le dijesen que lo hiciera, no cuestionar la táctica.
Así que esperó y siguió escuchando. Las noticias iban siendo cada vez más inquietantes. Tenían planes para ella, eso podía aceptarlo, era su papel; pero al escuchar que el resto de sus hermanos simplemente no estaban...
- Mi señora...- Aprovechó que aún tomaba la mano de Astra y usó su poder mental para decirle algo que solo ella escuchara- Tengo que contarle algo.
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