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El poderos dios menor, hermano de thanatos, Hipnos, guardian del poder del sueño eterno con su temible poder esta acargo de este lugar custodiando el reino de Hades este Dios es:

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Raven
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(Viene del sexto círculo: Despertar viewtopic.php?p=4522#p4522)

El camino había sido realmente largo. Acostumbrada a volar, correr a gran velocidad o simplemente pestañear y aparecer en el reino de los sueños, pasear se hacía algo realmente tedioso, aunque agradeció la compañía.

- ¿Es la primera vez que viene al mundo de los sueños... despierta?- se atrevió a preguntar. No quería parecer grosera. Esperaba que la regente no se molestara o pensara que Phantasos se enfadaría por no haberlo visitado antes. Era consciente de que Pandora por su alto cargo y como guardiana de la entrada del castillo Einstein, habría estado más limitada en sus movimientos, incluso dentro del propio Inframundo.
- Ah... no. No creo...

La respuesta había sido dudosa. En principio uno tendría claro si había o no estado en un lugar, pero la realidad, es que era la respuesta más inteligente.

- Sí, la verdad es que ha sido una pregunta absurda, porque es difícil saberlo con los cambios casi continuos... aunque siempre hay ciertas constantes, por suerte. No obstante, estoy convencida de que le gustará... al menos la mayor parte del reino.- Reconoció mientras pensaba en las pesadillas.


Iba a contarle las maravillas que podrían encontrar, pero realmente prefirió seguir caminando y dejar que fuera ella misma la que las descubriese. Conforme se iba acercando a su destino, algo iba creciendo en su interior. Su cosmos se incrementaba y resonaba fuertemente. Finalmente, sonrió. No estaba al 100%, pero sí al... ¿50%? ¿60%? No importaba en realidad, simplemente sabía que era lo suficientemente fuerte para poder hacer lo que tenía en mente.

- Ahora no te asustes- dijo como advertencia.

Astra no tuvo tiempo de preguntar el por qué, y ya las sombras habían envuelto a Raven para su sorpresa. La regente no entendía qué estaba pasando, pero pronto salió de dudas al ver que la figura de Raven había cambiado por completo. Allí ya no había ninguna mujer, sino un pegaso negro que emanaba fuego por sus alas y sus pezuñas... pero mantenía los ojos bicolores.
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- Debe ser el lugar- explicó Raven acercándose con cuidado a Pandora, que se había alejado inconscientemente.- Siempre es más fácil tocar la irrealidad en el mundo onírico, supongo. Pero esto facilitará las cosas...vamos, puedes subir. Llegaremos más rápido volando.- dijo bajando sus dos patas delanteras para facilitarle a Astra la subida.
- ¿No te molesta?

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- ¡Claro que no! Es más rápido y seguro llegar de esta manera. Había pensado en un águila, pero no me pareció adecuado llevarla entre mis garras. Si Pandora viene por primera vez a nuestro reino, entrará con estilo, no como un bulto cualquiera.


Aquello pareció convencer a la regente, aunque no del todo. Cuando ya se hubo montado, Phantasos trotó unos metros para asegurarse de que Astra no cayese, pero pronto se dio cuenta que la equitación seguramente habría sido parte de su educación en algún momento, pues no mostraba ninguna dificultad y se mostraba relajada, por lo que galopó cada vez más rápido, hasta llegar a lo que parecía un acantilado. Sin pensarlo, saltó al vacío para poder al fin disfrutar del vuelo que tanto le gustaba. Esta vez, Astra se sujetó más fuerte.

- Tranquila. No la dejaré caer. En lo que llegamos, quiero explicarle algo. Al cruzar las puertas, tendremos que pasar por el mundo de las pesadillas. Es importante que se mantenga en silencio cuando estemos allí. La mayoría de las pesadillas son inofensivas y no harán nada, pero SUS pesadillas, vendrán a por nosotras. Querrán alcanzarla, y si grita, o llora, o siente pánico, las hará más rápidas y fuertes... y nos alcanzarán. Puede cerrar los ojos, si lo ve más conveniente.- Meditó un instante. Sabía que Astra era muy poderosa, pero también era humana. Siglos observando el interior de las personas, la habían hecho comprender que la mayoría se sentirían nerviosos ante lo que acababa de explicarle. Meditó un segundo. ¿Cómo se calmaba a un humano? - Cantaré para usted. Recuérdelo, cuando calle, cierre los ojos si así lo desea. Cuando vuelva a cantar, podrá abrirlos nuevamente y estaremos llegando.


Aunque no pareciera el tipo de cosas que Phantasos pudiese hacer, lo cierto es que comenzó a hacerlo sin ningún pudor. Su voz era suave y tranquila. Pandora era una gran amante de la música y supo apreciar lo que parecía una nana justo cuando empezaban a adentrarse en lo que parecía un cielo estrellado.
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Escucha el susurro de las montañas
te llevaré a un lugar encantado.
Adéntrate en él, no tengas temor
yo te guiaré hasta su corazón.

En sus bosques, te perderás
hechizado por la magia
y la brisa del mar que acariciará
tu rostro al caminar, al caminar.

El vuelo era tranquilo, intentaba planear, para que Astra se acostumbrara a las alas, que, a pesar de ser de fuego, no quemaban. Agradecía estar subida, pero estaba segura que en aquella oscuridad, visto desde abajo, más que Pegaso, seguramente Raven parecía un fénix.

Fueron acerándose poco a poco hacia una estrella. Había más y más luz, y Astra tuvo que cerrar los ojos para no ser cegada, pero apenas fue un segundo y al abrirlos se dio cuenta que habían atravesado el espacio y ahora se dirigían con más velocidad hacia lo que parecían unas grandes puertas rodeadas de montañas.

Cuentan las leyendas, relatos del lugar
Que en las noches salgo con la luna a pasear
Soy quien trae la lluvia y el viento a tu hogar
Soy quien por tus sueños, para siempre velará

Mientras duermes, te cuidaré
De las penas y el dolor
Que perturban hoy tu calma
Te daré calor

Si esta noche ves, que el camino se torció
Si en tu vida nunca encontraste el amor
Silba con el viento y acudiré
Tus deseos te concederé al amanecer

Las puertas se abrieron de par en par para que ambas pasaran, y Astra vislumbró a lo lejos un enorme palacio, cascadas, montañas y un paisaje de ensueño. A sus pies había una especie de mar, con un barco aguardando. Raven voló a su alrededor y bajó hasta el agua para chocar levemente con sus patas el agua y así salpicar a Astra mientras reía. Pronto volvieron a ascender y Raven comenzó a cantar de forma más suave esta vez. Seguramente era una indicación de que se iban acercando...

Todos los estilos, de amor escucharé
Siempre a su dueño, yo los llevaré
Soy quien trae la magia y la inspiración
Para que de frió no muera una canción

Mientras duermes, te cuidaré
De las penas y el dolor
Que perturban hoy tu calma
Te daré calor

Si esta noche ves, que el camino se torció
Si en tu vida nunca encontraste el amor
Silba con el viento y acudiré
Tus deseos te concederé al amanecer

Y verás que pronto, tu suerte cambiará
Si crees en la magia que habita este lugar
Vence a la tristeza y comienza a vivir
Pues aún te quedan muchos sueños que cumplir.


El silencio se hizo entonces...
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Mensaje por Hypnos »

En el fondo de aquella surrealista imagen, allá donde un majestuoso palacio se erguía por sobre un lago, algo distinto comenzó a ocurrir. Todas las criaturas del reino se inquietaron, sueños justos y pesadillas por igual. Partículas de luz comenzaron a converger en el centro del palacio. Conforme la luz se concentraba ahí, el reino se oscurecía.

Raven podía sentir como la energía de todo cuanto habitaba en el reino de los sueños comenzaba a disminuir. Ella mismo exhaló un suspiro involuntario, como quien pierde el aire por un segundo solo para darse cuenta que su corazón esta agitado y su sangre irriga con mas velocidad su cuerpo. Al alcanzar el mayor grado de iluminación el centro del palacio, hubo una explosión lumínica, el cielo se partió en dos debido a un rayo de luz que comenzaba en el palacio pero terminaba en algún punto en el firmamento.
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Después todo volvió a la normalidad, o eso parecía. Raven sabía que todas las criaturas oníricas ahora estaban inquietas. Eso incluía a las no siempre amables pesadillas, una densa bruma oscura comenzó a levantarse...
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Allá a lo lejos del otro lado de la realidad un cosmo nuevo apareció...
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Astra
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Mensaje por Astra »

A veces la respuesta más obvia resultaba ser la correcta, y no podía hacer menos el hecho de que Raven había tenido razón al responderle así.

Con eso mente, pasos le acompañaron a la par, dejándose guiar por un trayecto que le resultó incierto, pero confiando en que Raven sabía el camino a su propio hogar. Era algo nuevo, algo que alimentaba su propia curiosidad cuando a veces solo estar en el castillo no lograba entretenerle del todo. Ocupaba su cargo sin culpa, no había duda de eso ni de la lealtad que profesaba, pero era cierto que de tener la oportunidad frente a ella de hacer otra cosa, más aún con el permiso de su Dios, no era algo que iba a desaprovechar.

Cuando su pregunta llegó y más allá de su escueta respuesta, le hizo pensar. No creyó que era absurdo, más no lo expresó, dejando que asuma a su manera lo que ella quisiera. El mundo de los sueños no era algo que reconocía como tal, incluso no lo había visto de la forma en la que Raven lo expresaba, no hasta conocerle y tras escuchar lo que esta le había dicho. No pensó que sería un lugar como tal, y eso le inquietaba a medida que dimensionaba que tan grande era todo lo que les rodeaba.

La fluctuación en su cosmos a medida que avanzaban no pasó desapercibida, sabiendo en ese instante que Raven estaba donde pertenecía y que eso simplemente confirmaba que su despertar como Phantasos era por demás real. Iba a mencionarlo, pero calló nuevamente cuando le escuchó hablar, parpadeando un par de veces en desconcierto mientras le observaba con atención.

Ante aquel despliegue que radicaba en el propio poder de Phantasos, retrocedió. Bastaron un par de pasos para admirar el panorama completo, viendo cómo la figura humana que le había acompañado hasta el momento se convertía en algo más, algo más grande, majestuoso y hermoso, admirándole hasta el último segundo en que su cuerpo dejó de cambiar.

Estas dónde perteneces, ¿Verdad? — musitó, más para ella misma que para Raven en sí, captando la invitación que le ofrecía al inclinarse de esa forma . — ¿No te molesta? — indagó, aunque al tener su confirmación no dudo en apoyar sus manos sobre el terso y oscuro lomo de su ahora nueva forma, para impulsarse en este y montarle.

Dudar, bueno…si lo hacía. No era ajena al hecho en sí, pero todo sucedía demasiado rápido como para que su confianza fuera realmente ciega, sin contar el hecho de que apenas Raven estaba recuperando su poder. Dejo que trotara, ajusto sus piernas a esta con seguridad y sus manos se aferraron a las crines llameantes que aún así, no le lograban quemar. Un poco más segura, notó sus intenciones cuando no parecía querer parar genere al acantilado frente a ellas. Decir que no sintió el vértigo después del salto sería mentir, así que solo se inclinó un poco más al frente, sujetándose lo mejor que podía cuando Raven emprendió el vuelo.

Maravillarse por cosas así era un placer que no le había abandonado por más muerte y oscuridad que le rodease por más asentada que estuviera en el Meikai, así que evitó cerrar los ojos por el impulso de estar volando sobre un pegado alado, tratando de absorber a su manera todo lo que había a su alrededor. Quería expresarle que era algo increíble, pero Raven nuevamente consiguió advertirle de lo que les esperaba nada más llegar.

¿Sus pesadillas? Astra no se consideraba una persona soñadora, incluso, el último sueño que recordaba fue cuando el llamado a ser Pandora le mantuvo en letargo por varios días. Quitando eso del medio, temió por lo que su subconsciente le estaba haciendo olvidar, sabiendo que por dentro cada quien tenía sus demonios personales. Era humana, lo reconocía, había tenido una vida antes de que esto fuese todo lo que conocía, y el temor a sucumbir a esas mortales fallas en su persona le preocuparon de más.

Intentaré no darte problemas, aunque no estoy segura de lo que esas pesadillas pudieras mostrar. — explicó, pensando seriamente en sus palabras. — Ni tampoco lo quiero averiguar.

Para su suerte, Phantasos parecía ser un ser muy peculiar. No pensó que tendría tal consideración, tampoco es que sea porque se trata de ella, pero agradeció la solución a algo que podía acatar sin problema alguno si se lo proponía. Se dejó envolver por el canto suave, la letra incluso, y trató de despejar la sombra de la incertidumbre de las pesadillas que está había mencionado.

Si tuviera que ser sincera, el trayecto que parecía ser tan ameno resultó ser más corto de lo que habría preferido. Hizo lo que pudo para cubrir su rostro con el antebrazo, cegada por la luz que atravesar aquello había significado. Realmente cuando pudo acostumbrar sus ojos a la luz, no se esperó que el mundo de los sueños fuese de tal manera. — No habría podido imaginar cómo sería…pero es más de lo que hubiera podido hacer…— expresó, mirando hacia todos lados y direcciones. Quizás la respuesta a ello fue la forma en que descendió sobre el agua, o la risa que acompañó el gesto como si estuvieran allí por placer y no por una misión.

Se sentía extraña, esa comodidad, pero de una forma agradable a la que quizás, no se tendría que acostumbrar.

Caer en la realidad de aquello entonces fue algo inevitable. Lo fue al darse cuenta de cómo aquella exposición de luz alcanzó todo lugar, incluso a ellas que de a poco se acercaban. No podía sentir lo que ella, Astra no pertenecía allí, pero no tenía que hacerlo para saber que ni la propia Raven había estado esperando que algo así sucediera.

¿Qué fue eso? — cuestionó, sintiendo que su corazón se saltaba un latido o dos por la repentina impresión de lo que había sucedido. — ¿Raven…? ¿Qué…?

Acudir a su propio cosmos fue en todo lo que pensó, olvidándose de las palabras que Raven le había dicho por un instante, ignorando que incluso ella había dejado de cantar.

De repente, no parecía que hubiera sonido alguno a su alrededor, no al menos a los que en ese largo trayecto se había acostumbrado. Cómo si le hablaran desde el fondo de su mente, pudo reconocer el timbre de alguien que no había escuchado hacía mucho tiempo, uno que le erizo hasta el más mínimo poro que podría habitar en ella y alertó a su mente de que eso, no podía ser real.

¿O si? ¿Podía? ¿Qué era todo aquello que de golpe le hacía sentir el pecho a punto de estallar? Reconoció el deje de desesperación que la incertidumbre y el miedo causan, y odio esas emociones mortales que le hacían flaquear con debilidad..

Astra…estás aquí. Yo sabía que regresaras, sabía que vendrías a arreglar lo que has hecho… — escuchó, latía esa voz como si de un pulso se tratase, agudo y profundo, haciendo mella en su pecho a cada palabra que alcanzaba sus oídos.

— No…no he regresado. Nunca lo haría…— murmuró, intentando enfocarse en lo que Raven le había dicho, cerrando los ojos con fuerza y llevando sendas manos a cubrir sus oídos. — No regresé, no lo hice. No hay nada que arreglar…


Mientras me intentaba ignorar aquello, algo más llamó su atención, haciendo que abriera los ojos nuevamente y un pequeño grito hablase por ella, presa de la impresión. Sobre su cuerpo, todo él, miles de pequeñas serpientes se arremolinaban, reparando con su frío tacto por el cuerpo de Pandora que parecía, en ese instante, haber olvidado quien era en verdad.
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Raven
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Mensaje por Raven »

Aquella luz cegadora la tomó por sorpresa. El mundo de los sueños era cambiante porque algunas de las personas que entraban allí, eran capaces de alterarlo a sus designios y normalmente no se encontraban con la oposición de los oniros, pero lo que acababan de presenciar, no parecía ese tipo de manifestación. Inevitablemente pensó en la brecha que la había obligado a tomar un cuerpo humano, pero aquella irradiaba oscuridad, así que descartó rápidamente la idea.
Ese rayo de luz había sido demasiado poderoso, capaz de someter a todos los seres pertenecientes al mundo del sueño… solo había un nombre que cruzase en ese instante por su cabeza, el único capaz de realizar semejante proeza… y esperaba no estar equivocada.

Quería descubrir el origen, sin duda, pero antes de hacerlo, había algo más importante que hacer: cruzar el oscuro mundo de las pesadillas. Estaban justo en el límite de la entrada cuando escuchó la voz de Astra, tan desconcertada como ella misma por ese poder.

¿Qué fue eso? ¿Raven…? ¿Qué…?

No podía detener su vuelo en ese instante, así que simplemente no respondió y esperó que aquello fuese suficiente para que Astra reaccionara y se diese cuenta de dónde se encontraban. Estando a su espalda, no tenía modo de saber si finalmente había cerrado los ojos, así que solo debía concentrarse en salir de allí indemnes lo más pronto posible.

Las nubes y las montañas se habían oscurecido notablemente, mostrando un paisaje de terror. Se podían ver lápidas y ciénagas a sus pies. Algunos fuegos y bosques sin apenas vegetación.


Tal vez era por su “no despertar”, o tal vez por la cegadora luz que inevitablemente había aumentado la oscuridad de las zonas más alejadas, pero lo cierto es que se sentía más lenta que de costumbre y aquello la preocupó. El aire estaba mucho más pesado, así que el vuelo hacía que desgastara demasiada energía para, aún así, avanzar demasiado lento. No tenía otra opción que tomar tierra, así que lo hizo aprovechando la velocidad de la caída y comenzó a galopar tan rápido como pudo una vez tocó el suelo. Le habría gustado advertirle a Astra sobre sus intenciones, pero no podía… en realidad, tal vez ni pudiendo hacerlo lo habría hecho, pues la mujer debía estar más concentrada en otro aspecto:

— Astra…estás aquí. Yo sabía que regresaras, sabía que vendrías a arreglar lo que has hecho…


Las pesadillas habían llegado. No reconoció esa voz, pero le resultó una pesadilla peculiar. ¿Una huida? ¿Remordimientos tal vez?

No…no he regresado. Nunca lo haría… No regresé, no lo hice. No hay nada que arreglar…


Escuchó los susurros de Astra. Casi inaudibles, era cierto, pero fueron manifestados fuera de su mente, y al hacerlo, les dio poder a sus oscuros sueños. La voz se fue, pero en su lugar, el suelo se llenó poco a poco de pequeñas serpientes… a montones, saliendo desde la nada. Eso iba a dificultar las cosas aún más, y poco a poco, también su mente se empezó a cubrir de pesadillas… ¿y si no podía cumplir su misión? Ahora era humana, con pesadillas propias que podrían atraparla…


- ¡NO!- La respuesta en su mente fue alta y clara- No soy humana, soy el dios Phantasos y vosotros sois mis juguetes. Os guardaré en una caja si osáis molestarme.


Esta vez hizo emanar su cosmos como si una onda de choque se tratara, haciendo que las pesadillas se alejaran por unos segundos arrastradas por ésta. En ese intervalo, Raven volvió a cambiar su forma, esta vez, a la de un guepardo. Mucho más ágil en tierra, mucho más veloz.

Su carrera era tan rápida que apenas tocaba el suelo con sus patas. Un instante tan sutil, que impedía que las serpientes se agarraran a ellas. A pesar de todo, no quería arriesgarse. Su cosmos había sido un llamado que diligentemente los sueños habían escuchado, por lo que no había pasado ni un minuto cuando docenas de águilas aparecieron volando sobre ellas, cayendo en picado a su alrededor para atrapar a las culebras entre sus garras.


Corrió, corrió, corrió y… ¡plonch! Cayeron en el agua sumergiéndose.




Fue cuestión de apenas unos segundos, porque con sus garras pudo rápidamente aferrarse a una roca y salir de allí, ya arropadas por la clara luz.

Phantasos respiraba agitadamente, intentando recobrar el aliento. Apenas Astra pudo ponerse de pie, recobró su aspecto habitual como si nada de aquello hubiese ocurrido. Completamente seca, sin una arruga en su vestido o un cabello más alborotado que otro. Astra todavía seguía a su espalda, y sin mirarla comenzó a hablar de forma tranquila aunque ligeramente pedante.


- Cuando dije que no se podía hablar, eso incluía murmullos, susurros, lament… ¡¿por qué sigues mojada?!- Justo se había dado la vuelta y se había encontrado con Astra sobre un charco, completamente empapada, el maquillaje corrido y su ropa pegada a la piel dejando poco a la imaginación. - ¡Oh! ¡Entiendo! – Se detuvo un momento a pensar y su tono de voz se suavizó intentando demostrar la máxima comprensión- Lo siento, se me olvida que eres humana y todo esto es nuevo para ti.

Tranquila, no es la primera vez que me topo con “ese tipo” de deseos en humanos tras enfrentarse a algo peligroso… debe ser por la adrenalina. Además, es obvio que después de descubrir las pesadillas, también quieras descubrir “ESOS” otros sueños... podemos encontrarlos yendo hacia el oeste. No tenía intención de enseñarte ese lugar hasta otra visita más calmada, pero supongo que podríamos desviarnos si te carcome la curiosidad. Solo me veo en la obligación de advertirte que nos retrasaría demasiado, porque caray! Puedes tener todo lo que quieras y en versión mejorada… recuerdo que mi hermano Ikelos estuvo un año entero allí metido a pesar de nuestros intentos porque saliera, hasta que mi señor Hypnos tuvo que encargarse personalmente y sacarlo enfurecido por desatender sus funciones. Es un lugar adictivo, aunque una vez vi a un tipo haciendo cosas que… puaj!! En fin, pero si es lo que quieres en este momento...


Astra no detuvo su discurso, pero seguía allí empapada mirándola fijamente.

Raven la miró con atención. Era difícil saber qué pensaba en ese momento, lo que la hizo meditar un poco más.

- O… solo no sabe cómo secarse…- dijo Phantasos en un murmullo.- Mmm… si es el caso, solo tiene que desear tener sus ropas secas… INSISTO, desear TENER SUS ROPAS SECAS… si lo cambia por “desearía no tener puesta esta ropa mojada”, no me haré cargo de las consecuencias.

¿Tal vez está esperando a que acabe la canción?

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Mensaje por Astra »

No fue consciente de que ni siquiera zurcaban ya el cielo al vuelo de sus imponentes alas. Para Astra, ese instante en el que la luz le cegó fue algo inesperado, aturdiendo sus sentidos como si aquel lugar le recordase de alguna forma que ella no pertenecía allí.

Sumida en su propio limbo, abrió los ojos, presa de una desesperación que encontró horriblemente humana cuando con sus manos intentaba quitarse los reptiles que parecían ser cada vez más, sin importar cuánto los alejara de ella. Pensó que cada una era la suma de sus errores, y eso le asustó aún más. Había dejado atrás tanto, que nunca se detuvo a sentir culpa, así que el miedo mismo podía ser la prueba tangible de que algún día y como todos, tendría un precio a pagar por el camino que había escogido seguir.

Aún así, no fue su inconsciente el que le hizo entrar en razón, sino el cosmos que Raven irradió al enfrentarse a las pesadillas que habían osado intentar nublar su mente. La voz de la mujer fue un eco, y con ella, algo se aclaró entre esa bruma oscura que insistía en ensombrecer su juicio.

Parpadeó, intentó salir de ese vacío que su mente había creado pero fue el cambio en su forma lo que terminó de enseñarle que nada de todo eso, era real. Manos aún se sujetaron, quizás con más fuerza que antes al verse en ese apuro y al sentir el aletear de aquellas aves acudiendo al llamado del hacedor de sueños.

Si ocupaba despertar, ciertamente Raven había encontrado la forma de hacerlo saltando al agua, misma que de repente, no le permitía respirar.

La primer bocanada de aire que dió lo hizo a la par de sus movimientos que le llevaron a la superficie, logrando salir a brazadas un poco torpes producidas por el impacto de no encontrarse en un lugar firme. Una vez a su lado, despejó su rostro del cabello empapado que se le pegaba a este, consternada por estar así de pies a cabeza.

Enarcó una ceja que mostró su descontento a lo que consideró obvio, porque fue la misma Raven quien con su acción le había dejado en tal estado. — ¿De que otra forma podría estar si...? Aish...— calló, quitando el agua de su rostro como pudo mientras trataba de entender lo que Phantasos le estaba diciendo.

La verdad, el Reino de los sueños era tan complejo como decir que no lo es, lo que parecía obvio no lo era, y las respuestas quizás más fáciles eran las que resolvían las cosas más complicadas. Estaba aprendiendo mucho de esto, pero la amplitud a entender todo no era quizás posible de imaginar. Raven pertenecía aquí, y eso se notaba sin lugar a dudas.

¿A qué te refieres con esos "otros" sueños? Aunque no creo que sea conveniente desviarnos...no ahora al menos. Después puedes enseñarme los rincones del sueño como te plazca, y evitar quedar empapada otra vez. — aclaró, curiosa sin duda pero recordando que estaban ahí con un propósito más que fijado. Faltar a las órdenes de su Dios no era lo que buscaba, y obtener el poder de Phantasos como tal era una prioridad.

Meditó sus últimas palabras, las cuales tomo de forma muy literal gracias a su advertencia. — Que caprichoso puede llegar a ser este lugar...

Cerro los ojos, intentando ignorar el frío que estar así le causaba, aunque quizás este era un incentivo más para que desear tal cosa se hiciera real. Acudió a su cosmos, dejándose los segundos que siguieron a ese solo deseo y, cuando todo vestigio de esa incomoda situación se evaporó, los volvió a abrir para encontrarse nuevamente como hace minutos atrás.

Mira...¡Funcionó! — expresó, mirándose a sí misma, antes de enfocar su atención nuevamente alrededor. Había perdido el eje, quizás por el sobresalto de caer al agua, y porque ya no montaba el ejemplar increíble en que Raven se había convertido.

No fue normal, ¿Verdad? Esa explosión de luz...Quizás es porque estás aquí, y no eres la única que está despertando. ¿Que sabes de tus hermanos? ¿Ha pasado con ellos lo mismo que contigo? — no quería abrumarla en preguntas pero era inevitable cuando intentaba conocerla a base de lo que ella misma había dicho.

Cuando desperté como Pandora, me llegaron tantos recuerdos que sin ser míos, se sienten como tal. Vidas pasadas, supongo, y aún así no fue Hypnos y Thanatos quienes se presentaron para que cumpliera con mi deber, como con el resto de mis predecesoras. Quizás por eso nunca he estado aquí, o solo no lo recuerdo...

Mientras habla, es quien también propone seguir el camino, reanudando una marcha que no tiene seguridad de a dónde es que debe de llevarles. De dónde están, tan cerca del agua aún, solo sube una colina que no es siquiera empinada, pero que amplía el panorama que desde arriba se veía mucho más seguro.

Puertas, tan grandes como te las puedas imaginar son las que se alzan a metros desde donde están, cortando el panorama poco favorable que se abría entre esta y dónde estaban. — Pero...se supone que ya las habíamos cruzado...esto-...olvídalo...— parecía que hablaba sola, pero realmente aquel lugar le estaba haciendo dudar de cosas que realmente sí había visto y no imaginado, y es algo que no.

A su alrededor, un extenso campo de ciénagas se abría. El agua estancada no olía mejor que los círculos menos agraciados del infierno, y podía ser que era su imaginación, pero eso le hizo llevar una mano a cubrirse parcialmente el rostro.

Tenemos que cruzarlas pero...si algo hay con ellas, quisiera saberlo desde ahora...— añadió, optando por recurrir a la joyería que tenía en su dedo, la cual se enroscaba como una serpiente alrededor de este. Con su cosmos, esta misma se transformó, tomando la forma de una lanza que destellaba púrpura y negro en el reluciente metal.

No tuvo que acercarse demasiado, le bastó con ver sobre el agua para notar figuras extrañas entre lo turbio de estas, y pensó que quizás serían más pesadillas esperando a salir.

¿Quien es esa figura de allá? — cuestionó una vez tuvo a Raven a su lado una vez más, notando una silueta extraña entre la escasa pero densa neblina que se cernía sobre la ciénaga y, por un momento, pensó si en verdad las pesadillas no estaban jugando con ella una vez más.
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Re: .:: El Reino de los Sueños ::.

Mensaje por Hypnos »

La bruma se disipaba y aquella figura aparecía, como una estatua perdida en el tiempo; viéndolas a lo lejos. Sus formas apenas podían imaginarse, aún así Raven y Astra podían sentir como la mirada de aquel rostro sin ojos se clavaba en ellas. Las criaturas que se escondían bajo del agua desaparecieron, escondidas como estaban no se preocuparon en disimular la estela de agua que dejaba su huida.

Pronto la neblina cedió, frente a ellas quedó la imagen de un pantano extraño, era un pantano silencioso, mas parecido a una fotografía que a un páramo natural no se oían los grillos, ranas o aves. El sonido de su respiración parecía perecer en el aire mas rápido de lo normal, una sensación inofensiva. Pero extraña.
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La silueta comenzó a ganar tamaño. Se estaba acercando, sus pasos al entrar al agua no hacían ruido, se extrañaba el "splash" característico. Conforme una luna improvisada subía desde el horizonte, la oscuridad daba paso a un poco de claridad. Pudieron entonces dejar de imaginar la silueta y darse cuenta de que se trataba de un hombre, alto, de cabellos dorados. Con un quitón blanco que caía sobre su lado izquierdo, cubriendo ese hombro y esa parte del cuerpo, del otro lado portaba una hombrera dorada decorativa.

Hypnos era un dios que no reencarnaba, no buscaba un cuerpo humano el cual habitar para conservar su cuerpo original. A pesar de eso su presencia no era siempre la misma, aunque siempre conservaba su mirada tranquila, ojos dorados y cabello rubio. Estos eran parte de la esencia primordial de su espíritu de tal manera que siempre se repetían sin importar la forma que tomara. Astra probablemente no le reconocería, se le dificultaría el sentir su cosmo, no por que no lo tuviera, si no por que todo el lugar emanaba su misma esencia. Sin embargo Raven estaría bien familiarizada con las sutiles diferencias en la energía.

El dios caminó hasta ellas y las observó, era mas alto que ellas por lo que reconoció a Raven como una extranjera, no era la primera vez que un mortal pisaba el reino onírico, pero no era usual. La miró un momento como buscando reconocerla. Podía sentir su poder, era una humana con una capacidad colosal y podía identificar la esencia de Hades en ella.

Luego miró a Raven. Arqueó una ceja.

- Phantanasos...-- Dijo con una voz sin emoción. Fría. - Tomaste un cuerpo. - Recalcó lo obvio, pero con un dejo de incertidumbre. Phantanasos era una diosa, de una naturaleza similar a la de el. De menor jerarquía pero de un poder que podría rivalizar en momento dado con el suyo. No pudo evitar mostrar una sombra de duda al mirarla. La recorrió de arriba a abajo, había pocos motivos por las que un dios se limitaría a si mismo de esta manera. Estaba intrigado.
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Mensaje por Raven »

Debía decir la verdad. Ver a Astra mostrando su claro descontento por estar mojada la sorprendió. No por el descontento, sino por su forma educada y cortés de salir de la situación, demostrando su altura como regente del Inframundo.

- Con “otros” sueños, me refiero a los eróticos, de sexo, calenturientos, indecentes... no sé qué denominación prefiere- se limitó a contestar como el que enumeraba la lista de la compra- Y teniendo eso claro, estoy de acuerdo en lo de dejarlo para más tarde. Con lo de garantizar que no vuelva a acabar empapada, lo siento, pero me es imposible hacerlo.

Esperó pacientemente y sonrió con cada frase que la mujer decía. Sí, el mundo onírico era caprichoso, pero en el fondo (muy en el fondo a veces), todo solía tener sentido cuando te hacías a él. Tras conseguir secarse, Astra entonces comenzó a abordarle con tantas preguntas que tuvo que repasarlas mentalmente para intentar no olvidar responder alguna.

- Es difícil poder decir qué es normal y qué no aquí. Este reino está diseñado por mi señor Hypnos con el beneplácito de nuestro dios Hades. Normalmente nosotros entramos en la mente de los humanos, pero algunos son capaces de llegar hasta aquí... no muchos, en realidad, suelen ser personas que poseen cosmos en su interior. De ellos, solo unos pocos son capaces de “crear” sueños. Con eso puede hacerse una idea del poder que requiere que aquí aparezca un colibrí por acción ajena a uno de nosotros. ¿Un rayo de luz de esa magnitud, separando el cielo, capaz de perturbar a todos los seres del mundo de los sueños? Solo hay una persona capaz de hacer algo así aquí, y es la persona que estamos buscando.

Sonrió y respiró hondo. Deseaba fervientemente encontrar a su señor cuanto antes y esperaba que esa luz hubiese sido su forma de advertirlas que estaba allí con ellas.


- En realidad no es que seamos una familia muy apegada- continuó explicando- cada uno hace su trabajo y de vez en cuando coincidimos en algún lugar, aunque la relación entre nosotros es buena... casi siempre. Cuando vi aquella brecha, intenté encontrar a alguno de mis hermanos o a mi señor, pero no di con ellos. Insisto en que esto, es relativamente normal, pues solo mi señor Hypnos es capaz de convocarnos a todos. Consideré que había esperado demasiado tiempo y que debía actuar en vez de quedarme con los brazos cruzados, pero al entrar en este cuerpo nuestra conexión... si es que tenemos una, seguramente se haya distorsionado y dificulte el que ellos me sientan como siempre. Así que no, no tengo idea de dónde pueden estar ahora.



Finalmente comenzaron a moverse. Esta vez era Astra quien tomaba la iniciativa y marcaba el rumbo, llegando desafortunadamente a uno de esos paisajes no tan idílicos, pero existentes al fin y al cabo. La ciénaga no pertenecía al mundo de las pesadillas, aunque bien podría haberlo sido, pero entendía que la regente se mostrara recelosa. Nuevamente, tampoco podía garantizar que apareciese una preciosa criatura de alguno de esos pozos y que simplemente por tener algún ojo de más, los humanos no la consideraran una pesadilla.

Meditaba sobre esa idea, cuando de pronto vio que algo se movía en la lejanía. No lo perdió de vista, al igual que a su entorno. Al principio era una sombra difusa, pero conforme se acercaba a ellas, la forma comenzó a parecer una persona. ¿Quién? No lo tenía claro, pero tal vez la pesadilla de Astra las había perseguido hasta fuera de sus fronteras.

Esta vez, Raven se colocó frente a su reina, aún cuando ésta tenía su arma y sin embargo ella carecía de su armadura. No sentía miedo, (OT: pero yo sí x_x ctm corre por tu vida @onion13@ XDDDDD) pero quería ser prudente, pues no podían permitirse errores en aquella importante misión. Observó sin contestar a Astra, que se hacía las mismas preguntas que ella, pero en voz alta. En vez de eso, Phantasos intentaba recopilar todos los detalles que podía.

Aquella persona caminaba sobre el agua, pero ésta no reaccionaba. ¿Una mera ilusión? ¿Un fantasma? No lo parecía... más bien era como si su poder pudiese recolocar cada gota, cada sonido u onda, donde deseara...

Era extraño, pero cuanto más se acercaba, más inquieta se mostraba en su interior... ¿por qué?

Finalmente, tras atravesar todas aquellas ciénagas en lo que había parecido un lento transcurrir del tiempo, la luna mostró el rostro que estaba frente a ellas esclareciendo todo y a la vez cubriendo a Raven en un mar de dudas.

- Mi... señor...? - la voz apenas fue un susurro.

Inmediatamente, su cuerpo humano la hizo hincar su rodilla en el suelo, tal y como había ocurrido con Hades y Astra. Al igual que ella, Hypnos no siempre se mostraba del mismo modo, pero milenios a su lado, la hacían reconocer esas pequeñas facciones que siempre conservaba. Y estaba su cosmos... sin duda era el de su dios, pero por algún motivo, no se percibía tan poderoso como estaba acostumbrada, y aquello la hacía irremediablemente dudar. ¿Era así, o simplemente otro defecto de su cuerpo humano? Si no lo era...


- Phantanasos...- fueron las primeras palabras que dijo - Tomaste un cuerpo.


Con solo cuatro palabras, consiguió hacer que su corazón se le parara debido al tono que usó. No es que no estuviese acostumbrada a que se dirigiesen fríamente hacia ella... en realidad, el dios Thanatos lo hacía de forma habitual las pocas veces que habían cruzado palabras, pero no era capaz de recordar una sola vez en la que su señor se hubiese dirigido a ella de esa manera, y eso le infundió más dudas.

Todo carecía de sentido y al mismo tiempo no. Su misión era encontrar al dios Hypnos, algo que en realidad nunca había sido complejo en ese mundo, pero tras su encuentro con Hades y Erebo, había creído que por algún extraño motivo esa búsqueda iba a ser compleja y duradera... no que el dios iba a presentarse frente a ellas sin más.

Pensaba muy rápido... tal vez demasiado. Ahora era una humana con cosmos, y había deseado encontrar a su señor... es más, seguramente también Astra lo habría hecho, así que lo que estaba frente a ellas, bien podría ser un sueño. ¿Ambas tenían poder suficiente para hacerlo? Sí. Pero de ser así, habría sido más complaciente, seguramente habría tenido una entrada más triunfal y sosegada... pero no habría tenido su cosmos. ¿Podría su señor haber creado un sueño de sí mismo? Sí, y tendría sentido que apareciese ante la regente del Inframundo, pero nuevamente esa explicación seguía sin encajar.

Recordó lo que Erebo le había susurrado: “Hypnos en cualquier momento despertará, solo él podrá ayudarte a responder tus preguntas.”


Cerró los ojos para intentar olvidar esos pensamientos, y al abrirlos se dio cuenta de que sus manos, una sobre su rodilla y la otra en el suelo... estaban temblando. Aquel estúpido cuerpo humano, estaba muerto de terror, aún cuando en su interior, aquella reacción le resultaba estúpida, ilógica y débil. Si habría un ser que no temer, ése era Hypnos. No porque él no debiese ser temido... solo un necio cuestionaría su poder, pero ella había sido creada por él y moriría gustosa cuando él lo decidiese, aunque fuera en sus manos. Podía manejarla como una marioneta en contra de su voluntad, y Phantasos jamás se negaría a hacerlo. Entonces... ¿por qué? Ciertamente había tomado posesión de un cuerpo y podía ser considerado una violación de las normas, pero Hades le había concedido su perdón a eso...

Respiró hondo. Intentaba detener el intenso latir de aquel corazón y hacerlo más lento, pero todo era inútil... estúpidos cuerpos humanos. No podía seguir quejándose de una situación que al fin y al cabo ella había provocado, así que intentando cobrar toda la serenidad de la que era capaz, levantó el rostro y miró fijamente a su señor.

- Si os place, os mostraré el por qué.

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Mensaje por Hypnos »

La escena de a poco comenzaba a despejarse. La bruma había cedido territorio a la luz lunar, esa luna improvisada que había salido de repente, en medio de una oscuridad súbita. El mundo de los sueños había reaccionado a su creador, y se adaptó de un momento a otro al ánimo actual del alma inmortal de Hypnos.

Su despertar era reciente, aún no aclaraba todas sus ideas cuando una voz lejana le llamó. Sintió el deseo, la desesperación de quien busca, de quien anda por sobre los sueños, sintió a su fiel servidor, el deseo de Raven le había llamado, tal vez también el de Pandora, pero eso no lo tenía claro. Principalmente por que no tenía claro que aquella mujer fuera pandora. Podía sentir el cosmos característico del hades en ella. Era fuerte. Si no era la representante de Hades en la tierra debería ser algún guerrero de alta estirpe.

No dejó de ver a Raven, Phantanasos, su leal servidor. Había desobedecido, los dioses del reino de los sueños no podían dejar esta realidad sin un fin especifico, dado por su dios creador. Tenían tareas muy específicas que debían ser cumplidas cabalmente. Seguía intrigado pues pocas veces los seres del mundo de los sueños se habían atrevido a romper alguna regla, a desobedecer, y ciertamente para Phantanasos aquella era su primera vez.

- ¿Acaso la soberbia nubló tus sentidos? ¿Crees que hay algún motivo que justifique tu falta de obediencia? - Dijo con voz tranquila- ¿Tu falta de respeto a aquel que te creo?...-

Sobra decir que no esperó una respuesta. El cuerpo mortal de Raven se irguió rápidamente en un rictus de dolor. Como diosa Phantanasos no conocía el miedo, el dolor, o el sufrimiento... estos son sentimientos humanos, muy humanos. El aire comenzó a faltar, en aquel momento la diosa conoció el frío, ese frío característico que te da la falta de oxígeno. Ella, en su naturaleza divina nunca hubiera temido o sufrido por aquello, lo tomaría con estoicismo y entereza, por que era lo que debía de ser. Pero su nuevo cuerpo no era divino... aún.

Hypnos notó las marcas del paso del tiempo en un cuerpo carente de vida.

- No conforme con tu desacato manchaste tu naturaleza. Has poseído un cuerpo muerto, cual vil demonio. - Su expresión no estaba cargada de ira, para aquellos que no convivían con Hypnos pudiera resultar un dialogo neutro, sin una carga sentimental, pero Phantanasos, en su dolor, podía reconocer el dejo de la decepción - Eres Phantanasos. Diosa de la irrealidad, de todo aquello que es fantástico en este mundo sin límites...-

La luz comenzó a irse de aquellos grandes ojos púrpuras...
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Mensaje por Raven »

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Había aprendido a guardar las formas ante sus superiores. Por eso, conforme las preguntas iban siendo formuladas por Hypnos, Raven se había mantenido en silencio a pesar de tener una clara respuesta para ellas. No obstante, cuando el dios de los sueños afirmó con sus últimas palabras faltarle al respeto, cogió aire dispuesta a justificar sus acciones, aunque éste rápidamente quedó fijo en su garganta como un gran nudo.

Todo su cuerpo había dejado de obedecer sus órdenes y se había convertido en una simple marioneta mortal. Sintió el sufrimiento en cada célula de su cuerpo… ¿era eso lo que llamaban “dolor”? Al fin comprendía el por qué los humanos huían de él envueltos en terror. Por mucho que su mente no se opusiera a aquella situación, su cuerpo intentaba por todos los medios retorcerse para escapar de aquella sensación en pequeños espasmos totalmente infructuosos.

Era consciente de que el castigo era merecido… en realidad, a la larga (si es que tenía futuro), seguramente estaría más conforme consigo misma habiéndolo recibido que sin hacerlo. Romper las reglas era cosa de humanos y por eso era necesaria la existencia del infierno, para castigar a aquellos que las quebraban. Llevaba milenios contemplando y ejecutando la acción-reacción de esas acciones… es más, no podía negar que disfrutaba ver que al final de sus vidas, los malhechores debían pagar la cuenta y no quedar impunes.

No podía identificarse como tal, pues aunque el modo no era el correcto, consideraba que el fin era legítimo, pero admitía que su trabajo estaba en la mente de los humanos, no en preocuparse por lo que ocurriera en el infierno y menos aún en poseer cuerpos para llevar a cabo tareas de otros.

Y no obstante…



Su mente comenzaba a nublarse y su reserva de cosmos no era suficiente para poder hacer frente a eso. Sabía que Hypnos seguía hablando, pero ya no podía comprender lo que decía aunque oyese su voz de fondo.

Tal vez lo mejor habría sido pensar en cómo pedir perdón o intentar explicar los motivos que salvaran su vida, pero no podía hacerlo, pues su único pensamiento estaba en cómo poder transmitir lo que había visto a su señor y proteger al reino de los sueños.



Debía intentarlo. No necesitaba sobrevivir, así que no tuvo reparo en usar todo el cosmos del que disponía para que el mundo de los sueños mostrara lo que había visto.



El día se hizo nuevamente.

Hypnos miró hacia el cielo que, en contra de sus designios, nuevamente mostraba un cielo azulado con apenas unas tenues nubes.

En mitad de él, podía observar lo que parecía el tronco de un árbol lleno de espinas. Salía por una gran grieta en mitad del cielo y lo cruzaba hasta otra, para así desaparecer por completo. El dios continuó observando. Las espinas entonces iban transformándose en lo que parecían pequeños remolinos negros de oscuridad, y algunas nuevas ramas seguían creciendo hacia otras zonas del cielo, rasgándolo.

Una nube se interpuso y todo desapareció durante unos segundos. Cuando cruzó completamente, el árbol había desaparecido, pero en cambio podía verse un enorme agujero en el cielo, completamente negro, de una oscuridad totalmente anormal. Más densa, más poderosa. Sombras de la Umbra.

Hypnos controlaba aquel mundo. Era plenamente consciente de que ningún oniro había creado aquel árbol capaz de quebrar su mundo, pues requería de un poder tan alto como el suyo propio... y claramente tampoco había sido creado por su propia voluntad.



La imagen entonces comenzó a desvanecerse. La luna volvió a brillar en el cielo y la oscuridad de la noche que Hypnos había creado volvió a tomar forma, desapareciendo entonces la visión de aquella masa negra. Phantasos había quedado completamente inconsciente.
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Astra
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Mensaje por Astra »

Nada de lo que acontecía en aquel reino podría haber sido lo esperado, mucho menos en un lugar donde la realidad se distorsionaba a gusto de los hacedores de sueños, esos que podían brindarte la mayor de las experiencias como también la peor de las pesadillas.

Astra había aceptado sin titubear aquella enmienda, y lo habría hecho aunque su corazón hubiera estado lleno de dudas porque su Dios, su señor Hades se lo había encomendado. Pero, de poder ser sincera, no pensó que se viera conflictuada con las realidades a las que ahora se enfrentaba.

Su corazón pareció entonces saltarse un latido o dos, como si de golpe no hubiera sonido a su alrededor porque todo se centraba en la imponente figura que no dudó en sus pasos al acercarse hacia ellas. Las palabras de Raven, tan certeras al querer aplacar sus dudas hacían eco en su mente, dimensionando a lo que estaban buscando y también, a lo que las había encontrado sin tener que ir más allá.

Y lo sintió, ese temor que solo infundan los Dioses cuando saben que no eres más que un simple mortal, o quizás era solo la forma de reaccionar al saberse de esa forma, al darse cuenta de que frente a ella se encontraba alguien realmente tan poderoso como peligroso, algo que le inquietaba por más entereza que quisiera mostrar.

El impulso de adelantarse un par de pasos le fue privado cuando Raven tomó tal acción, una que hizo que volteara a verle, intuyendo que quizás si ese era el Dios que estaban buscando, le afectaría de otra forma que ella no lograría entender a menos que fuera Hades quien se presentara frente a ella.

Cuando le vio caer de rodillas fue entonces que lo supo, o más bien que tuvo la certeza de que así era, porque ese hombre que parecía tan apacible como su imagen pretendía ser, no irradiaba eso en absoluto.

Su voz entonces le estremeció, aferrando su arma hasta que nudillos quedaron blancos, todo hasta que un horrible escalofrío le hizo sentir el más fino de sus nervios que le hacían estar en alerta. Podía sentir a su lado como Raven obedecía, o más bien se aplacaba al poder que ese hombre tenía sobre ella.

Lo que sucedió después, ni siquiera cree que Phantasos lo hubiera podido predecir.

Pasos le hicieron retroceder en cuanto volvió a escuchar su voz, tan neutra, tan…nada, tan vacía que no hacía más que provocar más temor del que su sola presencia era capaz de proyectar. Y temió, lo hizo cuando vio lo que podía hacer, lo que podía percibir en ese cosmos agitado y violento, y por cómo Raven era castigada por algo que ni siquiera ella había pedido.

Tiempo atrás también había sentido eso, esa devoción involuntaria e inexplicable ante la presencia de quién te ha creado, y que es es tan fuerte que cualquier castigo proveniente de este es tan justo como la más suave de sus palabras. Lo sabía, ella misma tenía esa sensación al estar frente a su Dios, pero no podía permitir que aquello terminase de esa forma cuando el mismo Hades había dado su bendición a Phantasos de unirse a sus fuerzas una vez recobrara todo el poder que por designio, le pertenecía.

— Detente…— pidió, e incluso así, su voz parecía no tener la fuerza necesaria.

No tenía que imaginarlo, porque podía ver cómo el cuerpo que Raven poseía, tan común y mortal como cualquier otro, iba cada vez perdiendo la fuerza vital de la que dependía su vida. Algo que no podía permitir aún si eso significaba perder la suya, todo por cumplir con lo que Hades le había pedido sin dudar en que fuera ella quien lo haría.

De repente, todo lo que Raven había querido hacerle entender estaba ahí. La grieta, la oscuridad, las espinas y el cielo fracturado por estas, por las sombras que sin explicación aparente habían hecho que Phantasos también reencarnara en ese cuerpo por el que ahora estaba siendo castigada.

Si parecía que había sido un instante era quizás porque así fue, porque ni bien sintió como Raven caía a unos cuantos pasos de ella completamente insconciente, también pudo ver cómo cielo se despejaba, como volvía a tomar la forma que el Dios de los sueños había querido que fuera, porque sin lugar a dudas ese Reino era su dominio y lugar.

Adelantándose a lo que sea que tuviera intención de hacer, se interpuso. Alzó su lanza, más a la defensiva que por mostrar alguna postura que sugiriera un ataque, y dejó que cosmos, ese por el cual había sido elegida casi por el propio designio de los caprichos dioses que la crearon, le rodeara tanto a ella como a Phantasos, temiendo sin duda ante la imponente presencia a la que pretendía hacer frente.

— Como representante de Hades, no puedo permitir que acabes con ella, seas o no el Dios que la ha creado. — está vez, no titubeó. No estaba pretendiendo ser descortés, mucho menos enfrentarse a un dios, solo quería dejar en claro que no dejaría que nada mas le pase hasta obtener respuestas y, sobre todo, hasta asegurarse que aquello no había sido el final para Raven.

— Es a usted a quien estábamos buscando, a quién el mismo Dios Erebo aseguró a Phantasos que debía de encontrar si pretendía recobrar su poder. — intentaba poner en orden muchas cosas que en tan poco habían sucedido, pero desconocía el poder o las intenciones de Hypnos, y no podía suponer nada de lo que este pudiera decidir con alguien que ciertamente, estaba bajo su poder.


— Y eso…eso que acaba de ver, es una de las razones por la que estamos aquí. Hay una brecha en el mundo de los Sueños…¿Sabe usted entonces, de que se trata? Si acaba de despertar, puede entender el porqué de la búsqueda que ahora Raven ha comenzado, aunque no pueda explicar porque su escencia ha escogido un cuerpo mortal para reencarnar…
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