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.: In nomine Leo :.

Publicado: Vie Jul 21, 2023 7:48 am
por Hotaru Himura
Cada paso era difícil, su condición física estaba completamente mermada, lucía sucia con mezclas de sangre seca y tierra. Aún así, logró llegar a la entrada del templo del león.

No contó el tiempo que tardó pero, un calambre en el muslo derecho le dió un norte de cuanto le iba a costar llegar a su destino.

Se detuvo a unos metros de la entrada recargándose en uno de los pilares. Limpió el sudor de su frente con el antebrazo en un movimiento muy lento, debido a la difilcultad que tenía para realizar ciertos movimientos.

Miró hacia las estrellas, no porque buscara algo, sino porque dentro de si quería creer que ésta era una prueba de humildad. Luchó todo el camino tratando de desechar el pensamiento de que su vida era insignificante dentro del plan maestro.

Si aceptaba eso, entonces ningùn sacrificio atestiguado hasta ahora, habría valido la pena.

Suspiró profundamente, mirando hacia el camino de donde venía, sin moverse a la velocidad de la luz y sin manifestar su cosmos, el trayecto se volvía muy desafiante. Probablemente aún si estuviera en buen estado.

Su mirada regresó al frente.

Cuando recuperó el aliento se dispuso a entrar al quinto templo. No percibió al momento que alguien estuviese custodiando el paso pero, por si las dudas se mantuvo alerta con su porte característico, la espalda recta, con pasos lentos pero decididos. No llevaba insignia alguna que la identificara tal cual como parte de la élite Atheniense, sus ropas manchadas y hechas jirones en algunas partes, no daban una buena impresiòn.

Así ingresó al recinto.

Re: .: In nomine Leo :.

Publicado: Dom Jul 23, 2023 4:12 am
por Aioria
“Pon atención, y repite después de mi: Mi señora, enséñame a ser generoso…
A servirte como tú lo mereces…”


Aioria acomodó la cinta de cuero que unía la hombrera con el peto, como último aditamento de su armadura de entrenamiento; si bien nunca equivaldría a algo hecho por un lemuriano, sin duda los sidirourgoí del santuario que las habían fabricado, las hacían al menos suficientemente fuertes para resistir algunos los embates de aquellos otros privilegiados que entendían y usaban el poder del cosmos.

Ante la presencia que se acercaba, no diría que se había exaltado, era simplemente… insólito, el sentir al extraño dirigiéndose a la casa de Leo. Tenía poco de haber regresado al santuario otra vez, y se preguntó si esta presencia sería por fin la amenaza latente que se cerniría, todavía mayor que las que habían enfrentado a lo largo de los años junto a Milo, en el mundo decadente fuera del santuario.

Pasó a través de las habitaciones personales, hasta llegar a la antesala de la principal del recinto de Leo. Frunció el entrecejo, no pudo menos que regresar unos pasos hasta llegar al sagrario de roca donde reposaba la caja de Pandora, con la armadura de Leo dentro. Le había parecido que la caja había vibrado, con una resonancia extraña, como cuando vibran las cuerdas vocales, por loco que pareciera. Acarició la superficie con duda y reverencia. Llevaba años en el lugar sin ser movida, brillante gracias al respetuoso cuidado del hombre frente a ella.

“…a dar sin medida…
A combatir sin temor a que me hieran…”


La armadura no lo había aceptado como lo suficientemente digno para poder utilizarla a pesar de los años de servicio (no perdía la esperanza, estaba trabajando y esforzándose en serlo), pero eso jamás sería un impedimento para que Aioria, fungiera como el guardián de la casa en ausencia de aquel que si fuera digno y que quizá aún no había nacido o despertado su cosmos hasta el séptimo sentido...

Después de todo, entre todos los aprendices o candidatos, él había sido el único sobreviviente, pero eso no aseguraba nada, pues sabía que no sería la primera vez que existiesen caballeros fuera del santuario sin que se enterasen; y era menester tener el valor y coraje para suplir las funciones necesarias para mantener tanto al santuario en función, como para dar continuidad a la tarea de la dioses en la tierra. Armadura o no, él era un beato fiel a la diosa y sobre todo a lo que ella simbolizaba para el mundo.

No había encendido las antorchas, pero gracias a la familiaridad del hábito al conocer la casa, continuó caminando hasta llegar a la sala principal, esperando a aquella persona que, de alguna forma, había llegado hasta la quinta casa sin ser tan siquiera sentido hasta el momento.

Aioria sin duda hubiera corrido hasta Aries de haber iniciado ahí, pero la especie de disrupción energética había comenzado directamente en cáncer. Era una locura el pensar en teletransportación; desde tiempos mitológicos, incluso con poderes psicoquinéticos, la única forma de cruzar las doce casas era a pie; aunque la diosa aún no despertara (¡y cuánto lo han esperado!), su campo de fuerza todavía estaba en vigor, resguardando su hogar ancestral. Como fuese, aquella figura desaliñada que se acercaba le daría las respuestas.

“… a trabajar sin descanso, y a no buscar más recompensa
Que el saber que hago tu santa voluntad.”


—Así sea… —murmuró para sí, recordando una de las primeras oraciones que le había enseñado su primer maestro.

“...Atenea, ruega por nosotros.”




Caminó lento, observando a su vez la figura que en la penumbra se adivinaba como una femenina. Aioria encendió su cosmos, dorado y brillante comenzó a emanar de su ser, permitiendo que hubiese luz en esa oscuridad.

—Deberías volver de donde sea que hayas venido. No puedes pasar de aquí.

Tenía demasiadas dudas, pero la mayoría de las veces si se les daba apenas pie o se les retaba un poco, los invasores mismos darían sus explicaciones y presentaciones.

Re: .: In nomine Leo :.

Publicado: Dom Jul 23, 2023 6:29 am
por Hotaru Himura
El interior del templo se encontraba en completa obscuridad, pero si algo había aprendido a lo largo de su vida era a transitar en poco menos que las sombras, sus ojos se habían acostumbrado a la falta de luz y aunque no veía nada, el resto de sus sentidos estaban agudizados.

Percibió que no estaba sola, lo cual no le pareció extraño al principio ya que usualmente estaba rodeada de entidades espirituales, algún muerto o mínimo cacofonías. Sin embargo una fuente de luz que se manifestó de súbito le encandiló haciendo no solo que se detuviera sino que instintivamente adoptó una pose de pelea por un golpe de adrenalina.

—Deberías volver de donde sea que hayas venido. No puedes pasar de aquí.

Al escuchar la advertencia, levantó el brazo izquierdo deteniendo el movimiento cuando su mano logró bloquear "la luz", permitiéndole parpadear un par de veces acostumbrándose al cambio de iluminación.

...

Así pudo divisar a un tipo frente a ella y la luz no era otra cosa sino el cosmos que emanaba de él pero aunque parecía una clara advertencia, ella tenía suficiente perspicacia para identificar que no era un enemigo del santuario, o al menos quiso confiar en ello. Si lo fuera seguramente habría llegado al templo de cáncer cuando la armadura se manifestó y ella probablemente ya estuviera caminando en el Yomotsu. Miles de pensamientos cruzaron por su mente pero la lógica y la fe le permitió llegar a conclusiones no tan fatalistas.

Hotaru se relajó un poco recuperando la postura erguida mientras observaba detenidamente al hombre y los alrededores aprovechando la generosa iluminación. Una vez que comprobó con la mirada que no había nadie más cerca, volvió a mirar a la persona.

Mmm... - Expresó adoptando un gesto pensativo. Estaba decidiendo la mejor manera de reaccionar. -

La realidad era que no estaba en condiciones para iniciar una batalla y la diplomacia no era su fuerte, al menos es lo que pensaba, ¿Cómo podría convencer al guardián del templo para que la dejara pasar?...

...

Pero entonces volvió a mirarlo, ahora con más atención, de pies a cabeza sin mover más que sus ojos y finalmente dijo:

El único que puede negar o permitir el paso es el guardián del templo y... - Realizó una pausa para agarrar aire y pasar saliva ya que en su estado y después de la caminata que hizo, aún sentía que el aire no llenaba sus pulmones. Bajó el ritmo de su respiración luego prosiguió.-

Creo que tú no eres.

Si bien el hombre no traía la armadura dorada, le era evidente que tenía un cosmos con bastante potencial, además lucía decidido. Quizá era un aspirante al manto sagrado pero si no era el guardián, era un indeseable como ella en ese momento.

El gesto de ella era cansado, se veía tranquila pero la determinación se apreciaba en sus ojos celestes. No estaba jugando, ni retrocedería. Se sintió cierta tensión hasta que ella miró hacia sí misma.

Tenía la ropa rota en algunas partes que ya ni se apreciaba que en algún momento había sido un uniforme de amazona. La blusa que había sido negra estaba descolorida y con un tirante a punto de romperse. Su pantalón igual o más descolorido, todo roto, lleno de sangre y al que le faltaba de la rodilla derecha hasta el tobillo.

Después de eso continuó con calma.

Solo los caballeros de oro tienen permitido andar libremente entre los templos. Aspirantes y guerreros de otro rango tienen sus propios espacios en el santuario, incluso si no hay guardián en alguna de las 12 casas. - Expresó con cierto hastío como si en su mente repitiera las reglas que desde tiempos ancestrales se les otorgan a los aspirantes durante su formación como guerreros. -

Volvió a hacer una pausa porque le dió un ataque de tos que le hizo llevarse la mano a la boca para dejar una leve mancha de sangre en el dorso cuando pasó. Pero ella no se quejó, se recompuso volviendo a mirarlo.

Te propongo ésto... Ni yo te ví, ni tú me viste y así lo dejamos.

Con el gesto serio, mantuvo el contacto visual con firmeza, el tono de su voz se apreció agotado, no como una advertencia o un reto, solo una negociación para que ella pudiera pasar y él pudiera quedarse ahí si quería.

Re: .: In nomine Leo :.

Publicado: Lun Jul 24, 2023 4:43 am
por Aioria
De inicio, pudo atribuir por lo que veía que al menos era valiente. Mucha gente se sentía intimidada por su cosmos y ella todavía se tomaba el tiempo para tranquilamente hacer lo que parecía pensar en sus palabras... O algo así, porque era un poco tontamente desafiante en su opinión, dada la condición en la que ella se presentaba.

—Soy el guardián de este templo. —Afirmó, porque no había nadie más, y él era aquel que tenía el cosmos de uno caballero dorado, aunque tristemente la armadura no lo invistiera; y un rayo lo partiría en dos antes de permitir que esa labor no fuese cumplida al menos por él.

Después por lo que dijo, ella le hubiese dado con sus palabras en un metafórico talón de Aquiles, si no hubiera tenido años de auto recriminación y auto motivación, por saberse indigno de la armadura pero consagrado con el servicio a la diosa y ya estaba blindado a ese tipo de sentimientos.

—¿Piensas eso porque no porto a Leo? — lo había barrido de arriba abajo con la mirada por eso, supuso. —Simplemente no está aquí porque no todos los individuos son dignos de su presencia. —Dijo con naturalidad, aunque él estaba incluido desafortunadamente, pero no era algo que ella tenía que saber. A Aioria no le gustaban las mentiras, pero podía ocultar ciertas verdades.

Ajeno a eso, Aioria pensaba que incluso si lo hubiesen nombrado como saint, no sería de los que portarían la armadura en todo momento y lugar; no era un trofeo para presumir.

No era una persona que supiera esconder sus emociones, pero cuando se trataba de la pelea podía mantener su gesto tranquilo a menos que algo “golpeara” muy cerca de forma emocional. Ella le estaba dando información encontrada así que hizo lo posible por no mostrar su consternación; por un lado, ella le hablaba palabras que había escuchado textualmente en sus días de entrenamiento, por otro...

—Pareces saber cosas, pero a la vez me dices lo mucho que desconoces con ello.

No es que no hubiera algún guardián nombrado en una de las casas, ¡no había ninguno! Y obviamente no iban a dejar entrar y salir al resto de mortales o invasores por los templos...

Y no por ser presuntuoso, pero pensó en que bastante gente del santuario, sabía quiénes eran ellos incluso si no llevaban investidura, porque se habían esforzado en que la misión y hogar de Atenea no cayera con los caballeros.

Cerró los ojos. No era momento para desviar su mente. Pensó en el cab... aspirante en el noveno templo, y en cuán poco sabía de la actividad de su compañero. ¿Y qué si ella fuera uno de ellos?, ¿quizá estaba como Aioria, haciendo misiones, pero en secreto durante estos años? Aún así ella sabría que no había nadie a quien reportar arriba ¿cierto?, además los reportes casi informales que se organizaban y recopilaban, o al menos se vigilaba al personal encargado de ello...

Abrió los ojos escuchando una tos húmeda sintiendo un poco de empatía; él sabía lo que era eso. Personalmente pelear sin una protección adecuada contra individuos poderosos no era cualquier cosa y aún con su poder, él resultaba a veces muy herido. Es por lo que, pese a la condición de la mujer, él todavía se había mantenido en su posición firme; si tuviera motivación suficiente, no importaba si el cuerpo de alguien estuviese destrozado y seguiría adelante, porque al menos eso es lo que él haría.

Levantó despacio la mano para que ella pudiera ver el movimiento; de su dedo salió un delgado hilo de luz, llegando a la antorcha del pilar más cercano para generar chispa y encenderla. Sería bastante sencillo encenderlas todas de una vez haciendo rebotar halos de luz, pero sintió innecesaria la “muestra” del uso de cosmos, aunque sería habitual para él. Dejó que su energía dejara de ser visiblemente luminosa. Sólo alumbrados con la luz del pequeño fuego, ella todavía se veía peor.

¿Qué tipo de... infeliz le haría tanto daño a una mujer?, parecía que la habían herido con mucha brutalidad. Aioria era impulsivo, pero no malvado y de hecho prefería acabar con sus enemigos lo más rápido posible para evitar crueldad innecesaria.

Negó suavemente con la cabeza ante la petición de la dama. Estaba ofreciéndole una especie de tregua bastante absurda, pero tampoco su cuerpo hablaba de una actitud de ataque, exceptuando al principio cuando llegó y era lógica por la forma en que Aioria a propósito se había presentado.

—Si fueras del santuario, sabrías que no hay manera en que eso pase. Ningún caballero... ni siquiera un aspirante sería tan descarriado.

Después de todo, como ella todavía no había mostrado ningún tipo de actitud física de ofensa, sino todo lo contrario, por eso le daría el beneficio de la duda.

—Mi nombre es Aioria y soy el guardián de Leo. —Más o menos... —¿Cuál es tu nombre, y por qué quieres subir?

Con su condición, no llegaría lejos. Si esta era una compañera como de alguna forma intuía, sería execrable de su parte no prestarle ayuda. Si fuera su enemiga intentando ser “astuta” ... bueno, ya vería.

Re: .: In nomine Leo :.

Publicado: Lun Jul 24, 2023 8:06 pm
por Hotaru Himura

—Soy el guardián de este templo. ¿Piensas eso porque no porto a Leo?, Simplemente no está aquí porque no todos los individuos son dignos de su presencia.


Le escuchó decir. Se encogió de hombros ligeramente asintiendo sin palabras, aunque ella no se lo tomó personal sino que de hecho pensó que él era el indigno y el que lo “aceptara” le hizo sentir un poco de compasión.

Hasta que lanzó un rayo de cosmos para encender una antorcha. La mujer, batalló en asimilar la “muestra de poder”. Miró la antorcha, luego a él con la pose del dedo, luego volvió a mirar la antorcha. Fue un momento bastante incómodo, hasta que se dio cuenta que había muchas más antorchas, entonces entendió que el movimiento fue como “Eso no es nada para mí”.

Pppfffff!!!…. – Expresó con cansancio, entrecerrando los ojos con cierto fastidio.-

Había olvidado la arrogancia que podía tener un caballero. Negó con la cabeza ligeramente pero no pudo evitar esbozar una media sonrisa. Al final ella había sido así o mucho peor incontables veces, por lo que hubiera sido incongruente ofenderse por el accionar del muchacho.



Mi nombre es Aioria y soy el guardián de Leo. ¿Cuál es tu nombre, y por qué quieres subir?



Cuando escuchó la presentación, sintió como si un rayo le hubiera atravesado la frente. Se llevó la mano derecha a la cabeza apretando los ojos para que el dolor pasara. Tenía problema para hilar los recuerdos, era como si todo dentro de su memoria estuviera revuelto y había grandes huecos que se lo dificultaba aún más.

¿Aioria?... – Repitió en voz baja, mientras palpaba la sangre seca sobre su frente.- Bueno… En tu favor puedo decir que la armadura elige al guerrero, no es al revés. Uno tiende a olvidar eso con el tiempo. – Tomó una posición de flor de lotto, sentándose en el suelo. Recargó el codo izquierdo sobre su muslo encorvándose ligeramente para darse un pequeño masaje en la sien.- Además para tu mala suerte, la armadura no puede ser portada por dos personas al mismo tiempo, a menos claro que sea una emergencia. Lo cual no… – Hizo una pausa. –

Colocó las manos sobre sus rodillas volviendo a enderezar la columna, miró hacia los alrededores de nuevo. Se la veía algo dispersa, eso era porque ella percibía algo extraño, como si el tiempo estuviera pasando muy lento o estuviera experimentando un “lag”. En eso, recordó que podría intentar comunicarse a través del séptimo sentido en lugar de estar perdiendo el tiempo e intentó probar con eso concentrándose mientras respondía a su interlocutor.

La confusión aumentaba, atrás se había quedado el sentimiento de estar en casa cuando recién reconoció el templo de cáncer y vio la armadura frente a ella. Ahora, después de la pequeña interacción con el muchacho, se sentía completamente fuera de lugar y no precisamente porque estaba en el templo de alguien más.

Mi nombre es... – Percibió un breve rezago de cosmos familiar. Se puso de pie después de descansar un poco.- Hotaru... - Respondía con pausas, para no perder el rastro y ganar tiempo antes de que el muchacho quisiera "encenderla" como a la antorcha.-

Le convino que él le tapaba el paso hacia la salida rumbo a Virgo. Ya que el retazo de energía le hizo desplazarse unos metros hacia la antesala. Y no es que se moviera a la velocidad de la luz ni nada por el estilo. Como cualquier humano comenzó a caminar rumbo a donde podía sentir la “familiaridad”. Incluso al alejarse un poco del muchacho, tuvo que usar sus manos para ir tocando la pared ya que aunque la antorcha iluminaba un poco, no era suficiente para caminar tranquilamente en el interior.

...

Así llegó al marco de la sala en donde reposaba un sagrario de roca pero para su sorpresa, en cuanto la tuvo a la vista se abrió de súbito y la armadura de oro se armó frente a ella flotando unos centímetros por encima del piso iluminando ligeramente la sala. La castaña se detuvo en el marco aún sin entrar, sus ojos se abrieron sorprendidos por el repentino evento.

Si la armadura estaba ahí…

¿En dónde está... – Buscaba un nombre en su cerebro, el cual dijo en voz alta cuando se le vino a la cabeza.- ¿En dónde está Exdelión? – Interrogó en voz alta con más seguridad observándola.- ¡Dile que venga!...- Demandó hacia el manto sagrado como si pudiera escucharla y se acercó a él unos pocos pasos sintiendo que la cabeza le estallaría.

El ambiente se tornó nostálgico, era como si entre la armadura y ella hubiera una conexión. Algo diferente, muy sutil, como si fuera un diálogo mudo entre dos compañeros después de compartir un trauma. Viendo la armadura de cerca pudo notar las grietas, aún había partes faltantes aunque por la forma, solo podían notarse si se prestaba mucha atención. Algo le hizo saber que la razón por la cual la armadura estaba en “reposo” era porque al igual que ella necesitaba recuperarse y el hecho de mostrarse fue únicamente, para entregar un último mensaje, solo la sensación familiar que afianzó lo que sintió en cáncer.


“Estás en casa”…


Pesaba. Pesaba como losa sobre los hombros. Se negó por un momento a aceptar lo que su intuición le dictaba. Dejó caer los brazos a los costados de su cuerpo.

¿Qué carajos está pasando? – Interrogó de forma automática. En un esfuerzo por ir tocando tierra para estar en el “aquí” y “ahora”.- Se golpeó la cabeza ligeramente con los puños cerrados evidentemente frustrada. Debía parecer una loca pero no le importaba, necesitaba respuestas, se giró hacia donde estaba el muchacho.

Exijo ver al... – Calló, quería decir patriarca, pero Akonel le había cedido su lugar, eso quería decir que no había autoridad en el santuario, al menos no una que conociera o pudiera percibir con el séptimo sentido.-

¡Con un…

Al darse cuenta de la encrucijada, un nuevo ataque de tos le hizo encorvarse. Se tapó la boca tratando de tranquilizarse y se llevó la mano al pecho tratando de acelerar el tiempo para recomponerse. Finalmente, se recargó con la espalda a la pared, suspiró profundamente con el rostro en dirección al techo del templo y los ojos cerrados.

¿Qué fecha es hoy? – Preguntó ya más serena, temiendo en su interior la respuesta. – ¿Hay algún caballero de oro en el santuario? - Después de ver las condiciones de la armadura, era evidente para ella que él no era el custodio de leo, que de hecho nadie lo era aún. Sintió un poco de indignación. Si algo le molestaban eran las mentiras o las verdades a medias que al final, para ella terminaban siendo lo mismo. - Y no me digas que tú. – Agregó mirándolo severamente un instante, antes de volver cerrar los ojos.-

Podía o no, ser digno del manto sagrado pero ella pensó que quizá era muy joven para saber que la armadura no había estado en condiciones de aceptar a nadie todavía. Lo cual, era una situación preocupante. Si lo pensaba, podía entender el accionar del muchacho, al menos estaba ahí protegiendo el paso, eso hablaba de su compromiso con la causa pero quién sabe, tal vez solo era un oportunista que sabía encender antorchas y mostrar airadamente su cosmos.

La armadura está en mal estado aún. – Externó tratando de suavizar un poco el tono de su voz.- Necesita más de ti que tú de ella. – Afirmó, para luego quedarse en silencio en espera de una respuesta por parte de él. Mientras trataba de armonizar su respiración para no ser presa de otro ataque de tos que le resultaban muy dolorosos.-


Re: .: In nomine Leo :.

Publicado: Mar Jul 25, 2023 5:43 pm
por Aioria
—¿Aioria? Bueno… En tu favor puedo decir que la armadura elige al guerrero, no es al revés. Uno tiende a olvidar eso con el tiempo.

Bueno, eso era algo que él ya sabía y aunque no comprendía a qué iba con eso. Fue... extraño, verla “relajarse” o más bien descansar en un momento como este.

—Además, para tu mala suerte, la armadura no puede ser portada por dos personas al mismo tiempo, a menos claro que sea una emergencia. Lo cual no…

¡Ah! Ahí estaba de nuevo, la muestra de que tenía información, pero a la vez falta de ella. Miró cómo entraba en una especie de... ¿trance?, tuvo el sentimiento persistente de que debía dejar que las cosas pasaran, aunque no pudo evitar tensión en sus hombros.

—Espera... Hotaru, no avances más. —Y pese a sus palabras, no la detuvo porque no sólo no había intentado pasar de la casa, incluso se había adentrado en ella en plena oscuridad, como si la conociera porque sabía exactamente cómo llegar a las habitaciones personales y esa intriga la hizo seguirla vigilante, viendo apenas su silueta luchar para llegar.

La habitación del sagrario estaba suavemente iluminada por la energía proveniente de la armadura, mientras se acercaba la dama, daba la sensación que Aioria sintió poco antes que ella apareciera en la casa, como si vibrara, una resonancia que llamaba... ¡A ella!, desde el principio estaba llamándola a ella. Sintió su aliento detenerse por un momento. La armadura se mostró, henchida en su brillo de cosmos, pero aún un poco opaca en el metal a la vista. ¿Hotaru sería la elegida, aquella quien sería la guardiana de Leo?

—¿En dónde está... ¿En dónde está Exdelión? ¡Dile que venga!...

Ante la exigencia desconcertante, el recinto se llenó de una tristeza insondable. Guardó silencio comprendiendo que era algo similar al luto en una nostalgia que, aunque no se había dicho, era casi palpable en el ambiente. Ella aparentemente conocía al antiguo caballero.

Sus movimientos erráticos y sus oraciones cortadas que no tomaban sentido alguno, mostraron que estaba en algún tipo de choque. Ella había parecido bastante coherente al inicio, pero había personas que podían volverse locas de dolor, no podría saberlo porque de todas formas no la conocía, pero dejó respetuosamente que tuviera su momento, contagiado todavía por el sentimiento que expresaba tanto la armadura como la mujer. Ella como sospechó brevemente lo más probable es que pertenecía al santuario.

—¿Qué fecha es hoy?, ¿Hay algún caballero de oro en el santuario? Y no me digas que tú.

Entonces... no era desorientación el que no supiera la fecha, era simple y llanamente falta de información. Le dijo la fecha y negó la cabeza al final, suavemente. ¿Cómo decirle con tacto, que quizá la gente que ella conoció ya no estaba?

—No, no lo soy, pero... los que son como yo, somos todo lo que queda.

Con eso, respondía a la segunda pregunta a la vez. Le dio el tiempo de asimilar sus palabras mientras la observaba. Aparte de las heridas, bajo la sangre, los moretones y la mugre ella no parecía mucho mayor que él, sin embargo ¿sería de la generación de los antiguos caballeros?, pudo ser un prodigio que se hizo saint muy joven, ¿o se había referido al hecho de que dos no pudieran usar la misma armadura, porque siendo sucesora de Leo, no sabía que el anterior había muerto y apenas supo que podía portarla?

—La armadura está en mal estado aún. Necesita más de ti que tú de ella.

Parpadeó negando con la cabeza, sin comprender del todo a qué se refería, pero centrándose de nuevo en ella.

—Entonces creo que no es la única. —Se acercó sin prisa y colocó una mano sobre su hombro, pero todavía sin tocarla. —Puedo ayudarte si me dejas... —Su mano se iluminó, sanando un pequeño rasguño y de inmediato bajó la mano haciéndose un paso atrás, no haría nada que ella no le permitiera en ese aspecto.

—Hotaru... ¿eres del santuario?, ¿estabas en alguna misión lejos? —le extendió la mano para que le diera la suya, como petición muda de si es que permitía que la ayudase con sus heridas.

Podía casi escuchar en su cabeza una conocida voz que le decía que estaba siendo tonto y crédulo demasiado pronto, pero la validación de reconocimiento que aparentemente le dio la armadura era más que suficiente para él.

Re: .: In nomine Leo :.

Publicado: Jue Jul 27, 2023 9:17 pm
por Hotaru Himura
“Los que son como yo, somos todo lo que queda.”

Le sobresaltó escucharlo decir eso. No porque solo quedaran guerreros como él, sino porque eso quería decir que no había ningún caballero de oro en funciones, eso significaba que habían perecido lo cual era tristemente abrumador. Mordió su labio inferior en un rictus de impotencia, esa era la realidad y tenía que aceptarla.

Puedo ayudarte si me dejas...

El movimiento del muchacho la sacó de sus pensamientos, instintivamente quiso rechazar la mano de él cuando se acercó pero no pudo porque sus movimientos eran muy lentos. No le quedó más que seguirlo con la mirada sintiéndose un poco más cómoda cuando él retrocedió un paso dándole su espacio.

—Hotaru... ¿eres del santuario?, ¿estabas en alguna misión lejos?
Hotaru miró la mano extendida frente a sí. De por sí, le dolía en el orgullo aceptar que necesitaba ayuda. Pero para ella no era lo mismo pedirla o recibirla de alguien conocido que de un desconocido. Si bien parecía tener la mejor de las intenciones, aquél hombre era alguien a quien ella no conocía y eso le generaba de forma natural desconfianza.

S..sí. – Balbuceó mientras buscaba en su hombro el rasguño.-

Pareció sanar milagrosamente ante el contacto, eso le indicaba que Aioria no solo era capaz de manifestar el cosmos, sino también de controlarlo para aprovechar las propiedades sanadoras del mismo. Esto era algo que solo a través del séptimo sentido se podía lograr en un cierto grado, se sintió más cómoda, no solo reveló la naturaleza de su energía, sino su amabilidad.




Probablemente por ello, pudo bajar la guardia y reconocer éste sentimiento de soberbia dentro de sí. Se sintió molesta consigo misma por lo que catalogó como falta de humildad de su parte, ante un gesto honesto de ayuda.

Gracias pero… No me siento digna para recibir tu ayuda. – Expresó. Quizá para el muchacho era una descortesía. No la conocía y no podía saber que esas palabras viviendo de parte de ella, era un salto importante entre la Hotaru del pasado y la del presente.-

Después de decirlo se sintió extraña, fue un choque para ella, como si algo no cuadrara dentro de sí misma. Aún no caía en cuenta que habían pasado años desde la última vez que estuvo ahí, quizá en el tiempo presente esos años que estuvo ausente le estaban cayendo encima sin saberlo, provocando que mentalmente madurara de un minuto a otro. Eso era algo que se puede dar en los humanos pero solo lo otorga, el paso de la vida misma.

Saber la fecha actual no le sirvió de mucho, ya que ni siquiera recordaba cuando se había ido. Incluso quizá de haberlo tenido presente de todos modos no hubiera hecho mucha diferencia. Para ella, todos los días se trataban de evitar un ataque, orquestar una estrategia o ver si había alguna misión por hacer. No importaba la época del año ni si era un fin de semana, ser un caballero no era un trabajo, servir a la causa era su forma de vida y la causa… No tenía horarios ni fechas.

Si acaso la escala de medida era a partir de que despertaba un Dios. De ahí en más, vivía cada día con el único objetivo de cumplir con su deber y a veces “un día” en cumplimiento de su deber, se convertía en semanas, meses o como en ésta ocasión... Años.


...


Visiblemente abrumada, la castaña despegó la espalda de la pared. Se paró derecha e inclinó ligeramente la cabeza en dirección a Aioria en señal de agradecimiento no solo por la intención, sino por permitirle entender un poco más de si misma siendo él mismo. No había ni completado el movimiento, cuando un nuevo ataque de tos le hizo regresar para apoyarse. Curiosamente, casi al mismo tiempo el rasguño en su hombro reapareció; aunque en ese momento, no lo notó.

Se volvió a sentar en el suelo con la espalda recargada en la pared, estaba muy cansada.

¿Sabes?... Si en verdad quieres ayudar. – Le señaló la armadura de Leo.-

Tu sangre puede acelerar el proceso de recuperación del manto sagrado. El único inconveniente es, que podrías morir y si no, quedarás muy débil. Lo cual podría significar que ambos moriríamos si llegase a presentarse un enemigo pero… - Sonrió sutilmente. – Por el lado bueno, una parte de tu cosmos viviría eternamente en la armadura y otro caballero podría portarla en todo su esplendor.

Miró con nostalgia hacia la armadura, recordando al joven Exdelión.

Después de todo… ¿No es esa parte de nuestra misión?... Luchar por la esperanza de un futuro…



“… Duna … mis …” - Creyó escuchar una palabra haciendo eco en su cabeza. Miró hacia las sombras del recinto, tratando de identificar si alguien más estaba ahí o era algo que venía desde su mente. -


Al no identificar nada extraño se calmó un poco.



Tal vez… Me estoy volviendo loca. - Agregó con sorna. Bajó la mirada hacia el suelo mientras trataba de recordar.-

Miró sus manos, apreció que tenía los dedos muy maltratados, evidentemente por la misma razón que estaba toda llena de sangre pero... Había "algo" que le generaba una sensación de vacío, podía percibir que había tenido entre sus manos una energía diferente, algo terrible, algo que le hacía sentirse muy pequeña e insignificante, lo cual le provocaba una gran lucha interna porque si aceptaba cómo se sentía, creía que perdería su motivación para seguir luchando y eso era algo, que no podía permitirse.


No tengo recuerdos claros, pero desde que abrí los ojos tengo estas... Sensaciones, extrañas... - Hizo una pausa, tratando de hurgar en sus memorias pero en cuanto lo intentaba un zumbido dentro de su cabeza le impedía ir más allá.-

Pero si algo tengo seguro es, que no fue una misión… - Dijo cuando pudo recomponerse. Su gesto se endureció opacando el brillo en sus ojos.- Era la guerra. - Completó.-

Re: .: In nomine Leo :.

Publicado: Vie Jul 28, 2023 3:34 am
por Aioria
Sus ojos se abrieron un poco más, no se sentía digna dijo, aun cuando la armadura se había revelado ante ella y se había comunicado con la dama. Intentó disimular su asombro y no contradecirla, bajando la mano.

—Eso es algo que no creo ahora en absoluto, pero no te voy a contrariar.

Además, la forma en cómo hacía lo posible por estar erguida por momentos pese a la cabida de sus heridas, y la forma despreocupada de hablarle a alguien que al inicio aparentaba tener alguna ventaja, le revelaba el ser una guerrera de talante orgulloso.

Hizo un gesto de simpatía al escuchar la tos, que parecía dolorosa. Por inercia al mismo tiempo que ella bajaba, él se puso en cuclillas. Terminó con los codos en las rodillas, y uniendo las yemas de los dedos para controlar sus manos y el deseo de ayudar, cuando de nuevo, verbalmente le estaban planteando que dirigiera su atención al respecto otra vez, sobre la armadura. Una pequeña sonrisa tiró de sus labios mientras la escuchaba sugiriéndole un sacrificio, asintiendo brevemente.

—No creo que lo difícil sea morir por la Diosa y la misión, no valoro mi vida sobre de ellas, pero aunque no lo creas lo difícil ahora es vivir para ello.

Su mirada bajó hasta sus propios dedos, había empuñado las manos y luego cuando se dio cuenta que Hotaru miraba más allá de él, se irguió en pie mirando hacia la misma dirección, por si hallaba alguna amenaza de la que no se percatara. La aparición abrupta de Hotaru, debía aceptar que aún lo tenía tenso.

—Tal vez… Me estoy volviendo loca.

—No podría decirlo, todavía pareces bastante cuerda para mí. —Pese a todo. Él recordaba lo que era volver de alguna batalla al inicio, las pesadillas o la sensación de una persecución todavía por la adrenalina en su sangre. Ella había sido atacada hacía poco a juzgar las heridas.

—No tengo recuerdos claros, pero desde que abrí los ojos tengo estas... Sensaciones, extrañas... Pero si algo tengo seguro es, que no fue una misión…Era la guerra.

Vaya... entonces hasta de lo que había pasado ella misma, no tenía memoria, no sólo de lo que sucedió en el santuario. ¿Recordaría la devastación en que ahora vivía la tierra? Sintió la piel en sus brazos erizarse ante la forma oscura en que había dicho sus palabras finales, pero no se estremeció. Asintió con la cabeza porque de alguna forma tenía sentido para él. Aunque en menor escala, sentía que no se había acabado y siempre presintieron que vendría algo mayor, para lo que quizá no estaban preparados.

—Teníamos quizá... 11 o 12 años, cuando el mundo fuera y dentro del santuario casi acabó... de repente nos hicimos muy pocos los que quedamos como candidatos para tener acceso al manto sacro, gracias al poder del cosmos. Desde ese entonces hemos hecho lo posible por seguir adelante y como se dice, mantener el fuerte.

Recordó que Hotaru... sabía mucho, pero a la vez le demostraba lo poco que conocía sobre el presente en el santuario como había pensado anteriormente. Quizá si le hablaba un poco de lo propio, ayudaría a su memoria, esperaba. Caminó hacia la armadura.

—Estar en altos puestos o apenas por debajo de ellos, hace a veces a la gente ambiciosa. Alguien les tenía que recordar que el santuario y Rodorio que nos ayuda a subsistir, no se trataba de ellos, aunque se les permitió perdurar porque sabían la organización que se requería para funcionar mejor que nadie.

Con reverencia, pasó los dedos por el casco, pero sin tocarlo, sólo sintiendo en los dedos la energía que emanaba de él apenas residual, ya que no brillaba con la misma intensidad; de hecho, su principal fuente de luz, eran ahora las antorchas siempre encendidas del sagrario, una vez que la armadura se había asentado en el suelo. Giró la muñeca y con la otra mano impregnada de cosmos en las puntas de los dedos, generó un halo que cortó la piel de su muñeca, dejando que emanara la sangre.

—Me imagino que sabes del caos allá afuera... continuando precisamente con la misión de la Tritogenia, hemos salido en ocasiones a ayudar a las pequeñas poblaciones que están resurgiendo, cuando los dioses menores o algún rapaz por el estilo, ha querido imponerse sobre los seres humanos que han estado luchando por subsistir.

Cuidó que su sangre fuera distribuida, que tocara cada parte de la armadura despacio. Había escuchado un poco al respecto, pero nunca habían sabido si era cierto acerca de la sangre en las armaduras, ya que no habían hallado a los legendarios reparadores.

—Hubo a su vez quienes recordaban cómo hacer llegar su pedido al patriarca... perdón, la matriarca, pero de la misma manera, sólo nosotros pudimos acudir al llamado.

Incluso había buscado en alguna pequeña misión la forma de reparar las armaduras dañadas, pero no habían encontrado quién lo hiciera.

—También encontramos algunos pequeños niños con potencial, y los trajimos al santuario para que fueran la esperanza del futuro.

No tenían más que eso por ahora, esperanza. Una que para Aioria se había incrementado en el corazón del hombre, con una guerrera de vuelta a casa.

—Es por eso que no me puedo dar el... permiso de morir pronto, por decirlo de alguna manera.

Un cuerpo humano normal podía sobrevivir con dos tercios de su sangre, y ellos como caballeros podían resistir aún más; calculó que probablemente había dado suficiente a la armadura así que se tomó la muñeca y cerró superficialmente la herida, manteniéndola sujeta para que no se abriera. Siempre era más fácil curar a los demás que a sí mismo. Cerró los ojos sintiéndose mareado y comenzó a sentir frío. Ignoró ambas sensaciones, caminando de vuelta a Hotaru.

—Aún no me has dicho por qué querías subir... pero te ofrezco mi ayuda, si todavía quieres hacerlo.

Aioria se había mostrado confiado ante ella y ni una sola vez, ni por asomo, había intentado atacarlo e incluso libremente le había ofrecido la información para ayudar a la reparación de la armadura (que no había pasado nada... ¿y si lo había engañado para debilitarlo?... pisoteó de inmediato el pensamiento malicioso...), así que sus palabras fuera del ofrecimiento eran un voto de confianza hacia ella.

Re: .: In nomine Leo :.

Publicado: Sab Jul 29, 2023 5:26 am
por Hotaru Himura
Su respiración se agitó levemente a medida que lo escuchaba. Sintió preocupación y pena pero no dijo nada, estaba ávida por encontrar la familiaridad en lo que había conocido como su hogar desde niña.

Pero fuera de esos escasos vestigios en la armadura de cáncer y leo el vacío en su pecho se extendía hasta su estómago. Solo lo siguió con la mirada, le agradó no ver atizbo de duda en realizar el sacrificio de sangre para el manto sacro pero, en un punto del monólogo bajó el rostro dejando que sus cabellos castaños cubrieran mansamente sus ojos.

Mientras, trataba de procesar la información lo más rápido posible, sacando cuentas. A juzgar por lo que platicaba:
Misiones.
Cambios sociales.
¿Rapiña?.
Acciones para "mantener presente la causa".

Estaba hablando de ¡años!.

Si 'ellos' llegaron a los 11 años..." - Reflexionaba, en eso algo que mencionó llamó poderosamente su atención.-


...recordaban cómo hacer llegar su pedido al patriarca... perdón, la matriarca, pero de la misma man.....



Dijiste. ¿Matriarca? - Interrogó al aire levantando la cara para mirarlo pero, su voz afloró tenue casi tímida, sintió que el estómago se le revolvió y la lengua se le trabó.-


—Es por eso que no me puedo dar el... permiso de morir pronto, por decirlo de alguna manera. Aún no me has dicho por qué querías subir... pero te ofrezco mi ayuda, si todavía quieres hacerlo.-

Para cuando lo vió venir ella ya estaba de pie de nuevo, apoyándose de la pared con un brazo. Su respiración era agitada y sus ojos celestes estaban muy abiertos.

Lo notó pálido, solo un poco pero en buena condición.

El sacrificio es una parte importante de la restauración de los mantos sacros cuando se hace de corazón. Finalmente ellos son entidades con vida, creadas por Athena para proteger nuestra humanidad pero, no es tan sencillo. - Trató de relajar su respiración para no atropellarse con sus palabras, ya que tenía presente una duda que le carcomía, pero aclarar lo de la armadura le resultaba apremiante, sobre todo si habían transcurrido años y nadie había intentado restaurarlas aún. -

También requieren la ayuda de un "especialista", para recuperarse si están agonizando. Un caballero con armadura creada para sanar, caballero del altar, copa o un lemuriano pueden ayudar en eso. Justo como Hefestos creó y forjó las armaduras de los dioses.

Hizo una pausa, anhelaba aclarar su duda pero al mismo tiempo dudó porque cabía la posibilidad de que Aioria le diera otra respuesta desoladora.


¿Quién es la matriarca?. ¡Necesito verla, hablar con ella! - Se armó de valor para preguntar, aguantando un poco la respiración para que un ataque de tos no le evitara escuchar la respuesta. -


Era esperanzador, si después de que partieron a la guerra hubo una sucesora, podía ser la clave para disipar las dudas. El comandante del ejército de Athena tenía a su disposición el acceso a Star Hill en algún lugar podía estar algún papiro ancestral, en donde se guardan las profecías que el dirigente obtiene de las estrellas. Se dice que ese es el lugar más sagrado del santuario incluso si aún no estaba escrito, el lazo primigenio entre Athena y su mano derecha podía darle respuestas, una pista para develar las sombras en sus recuerdos o incluso para ¡Encontrar a la diosa!.

Aunque se mantuvo serena, por un momento se llenó de esperanza.



//-- Breve recuerdo --//

"Quiero pedirte algo, quiero que tomes mi lugar."

Lo miró incrédula y luego soltó una carcajada.

Batalló para hablar porque de la risa le dolió el estómago, en un momento Akonel se unió a ella en el ataque de risa lo cual prolongó aún más la situación.

Finalmente se calmaron y ella limpiándose una lágrima finalmente agregó.


¿Pero qué tontería estás diciendo Ajo?. Te pasaste, hacía mucho que no me reía así.


En respuesta simplemente la miraba con un gesto paternal, mezcla de orgullo y confianza.

Espera... ¿No es una broma?...
- En respuesta él sonrió abiertamente y negó con la cabeza.-

¡¿QUÉEEEEEEE?¡
- Casi se cae de espalda. -

//------------- Fin del breve recuerdo ------//



Esa decisión no tenía sentido para ella, había candidatos mucho mejores (desde su perspectiva) y no por sentirse inferior, peleando era igual o mejor que todos ellos pero sus habilidades sociales aunado a su temperamento algo iracundo, su falta de tacto, de paciencia y demás... (siendo congruente en su autocrítica), no tenía sentido ponerla como regente del Santuario.

Aparte de eso, jamás en la historia había habido una matriarca. Definitivamente Akonel estaba senil.


Por un instante su mirada se quedó fija en el ayer, se sintió bien de evocar ese momento, pero la esperanza y el bienestar duró poco.

La sonrisa se congeló en sus labios, miró a Aioria con incredulidad esperando por la respuesta aunque en ese momento palideció mientras le caía el 20.

Re: .: In nomine Leo :.

Publicado: Lun Jul 31, 2023 2:23 am
por Aioria
Era una pena que sufriera, pero si era tan orgullosa que no dejara que la ayudase, ¿qué podía hacer?, probablemente fingir que no veía la resistencia intermitente en su estado físico sería lo mejor y más respetuoso, pese a que a él le era un poco frustrante no hacer algo al respecto de una situación, cuando estaba en sus manos poner, aunque sea un pequeño remedio.

Una parte de él se alegraba de que su sangre pudiese ayudar al menos a la armadura, porque sin duda ponía su corazón en cada cosa que hacía como esto. Además, ya tenía una década reparándose; no quería ni imaginar el daño que resistió para quedar en tales condiciones. Escuchó con atención el resto acerca de lo que Hotaru le decía y asintió.

—Algo supimos al respecto de los reparadores de armaduras, y aunque hace unos años salí con la intención de encontrarlos para que nos ayudaran con las armaduras dañadas, no los encontré.

Se preguntó en ese entonces, si también ellos habían llegado a su fin. Aunque ahora que ella lo mencionaba... no había buscado sobre el dios Hefestos o aquellos seguidores suyos que quizá sabrían de sus artes, ¿Cómo no se le ocurrió?; lo que encontró fue un montón de problemas siguiendo rastros falsos de lemurianos por rumores y una vez casi pierde una armadura, pero ya le estaba dando de por sí mucha información de golpe y eso se había quedado sólo como un recuerdo ignominioso que además de los implicados, no tenía nadie más por qué saber.

Esperó que le diera más detalles, quizá algún lugar que desconocían, en cambio recibió una pregunta un poco rara cambiando el tema.

—¿Quién es la matriarca? ¡Necesito verla, hablar con ella!

Hizo lo posible por mantener su gesto neutro. Revisó su muñeca (ya no sangraba, pero sin duda requeriría un vendaje), mientras repasaba mentalmente sus palabras. Se recordó a sí mismo que ella estaba en shock y que probablemente apenas saliendo de uno, él mismo la metió en otro con la información que le dio. Había sentido urgencia de que ella supiera algunas cosas que sintió relevantes antes de que se fuera y probablemente en su discurso (un monólogo más bien, que ella amablemente le había permitido), la había confundido. Se aclaró la garganta con un carraspeo, e intentó de nuevo.

—Llegué al santuario cuando era casi un bebé, debido a que fui “elegido" para servir a la diosa, se me dijo; pero pese a que he vivido aquí toda mi vida y había escuchado de la matriarca, no tuve el honor de conocerla en persona; era un simple aprendiz y todavía un niño, hasta que... —Miró hacia la armadura con intención, luego hacia Hotaru, apretando un poco los labios con pesadumbre. —Simplemente sabía que la matriarca regía en ese entonces. No hay... un cargo similar arriba con quien puedas hablar, lo siento.

En la historia del santuario habían sido siempre varones hasta ella, se le enseñó, así que pese a lo que algunos llegaban a decir a murmullos porque no les agradaba la idea, no le dio tanta importancia ya que en su mente infantil y sin muchos prejuicios, parecía lógico que si Atenea era una dama por lo tanto que su portavoz en la tierra también lo fuera, estaba bien.

Frunció el entrecejo, creía que había escuchado el nombre de la Pontífice, pero había sido hace tanto tiempo...

Sin embargo, aunque la matriarca no estuviera, la sala sagrada de la diosa y aquello que le pertenecía por derecho a su reencarnación para defender al mundo, todavía estaba en la cima de los doce templos. No se podía dejar pasar a cualquiera e incluso aunque estuviera vacío el trono, sería impensable el que la casa de la diosa fuese invadida ya que debía esperarse su bendito retorno. De alguna forma sentía que podía confiar en esta mujer; probablemente Milo pincharía a Aioria con algunas agujas, pero en el fondo sabía que había algo bueno y verdadero en esos ojos celestes, aunque justo ahora parecían... perdidos. De nuevo.

No se atrevió a romper de nueva cuenta el silencio, cuando le notó primero la mirada perdida largamente y luego se reenfocó en él.

—¿Qué es lo que querías decirle?, si es que puedes compartirlo conmigo, por supuesto.

No era tanta la curiosidad, como una genuina preocupación y eso se notaba en su voz. Si traía noticias que afectaban al santuario quizá podrían ayudarse.

Re: .: In nomine Leo :.

Publicado: Mar Ago 01, 2023 12:52 am
por Hotaru Himura
-- Simplemente sabía que la matriarca regía en ese entonces. No hay... un cargo similar arriba con quien puedas hablar, lo siento. ¿Qué es lo que querías decirle?, si es que puedes compartirlo conmigo, por supuesto.

Lo miró con sorpresa.

¿Era yo?... - Dijo en un hilillo de voz apenas audible. Los labios le temblaron un poco ya que sentía el corazón en su garganta.-

"Tercer chakra... Manipura." - Escuchó un susurro en su cabeza y fue como si un suave soplo de brisa cálida le llegara al rostro, cerró los ojos, claramente pudo sentir el cosmos tibio y frágil de Milka mientras la rodeaba con sus brazos..-



//‐----- Breve recuerdo ------//


¿Acaso no me conoces?

Precisamente por eso. - Respondió rascándose un lado de la nariz tratando de no reírse de nuevo.-

¡No tiene sentido!

¡Jajajajaja!, me gustaría ver la expresión de tu cara. - Iban caminando por el templo papal, él no detuvo el paso, solo se reía ante los aspavientos de ella y sus cuestionamientos, no podía verle la cara porque llevaba la característica cubierta facial de amazona pero percibía su confusión.-

¡No estoy lista para eso!

Ya habían salido del templo. Akonel se detuvo en seco, se giró para mirarla teniendo tras de si la imponente estatua de Athena.

Nadie nunca lo está J. - Afirmó con una sonrisa compasiva.-

¡¿Y si la cajeteo y provoco una guerra con otro reino?! - Le increpó preocupada.-

El sonrió suavemente negando con la cabeza, regresó un par de pasos colocando la mano sobre su hombro para transmitirle confianza. - Es la voluntad de Athena. Vas a estar lista, lo sé, tú eres la única que no se ha dado cuenta. - Luego reinició la marcha rumbo a la cima del santuario.-


//‐----Fin del breve recuerdo-------//



Se llevó la mano al plexo solar no se había dado cuenta el momento en que la armadura de cáncer se había desplazado desde el cuarto templo hasta que tocó el metal con las yemas de los dedos. Estaba protegiendo su cuerpo aunque aún lucía en mal estado. Agradeció en silencio, cobijada por el manto del cangrejo, se sentía un poco más como ella misma.

La armadura de Leo había regresado al interior de la caja. Suspiró profundamente luego se irguió frente a Aioria para responderle.


Supongo que... - Ya no habría marcha atrás. - Le diría que la voluntad de Athena es extraña y que es prioritario que las armaduras dañadas se reparen cuanto antes.

Si no hay nadie que pueda hacerlo aquí entonces... no nos queda más remedio que buscar otras opciones. Lo más lógico es buscar aquí mismo.
- -


La cuarta caminó hacia la salida que va a Virgo, afuera soplaba un viento fresco. Faltaba poco para el amanecer.

No nos dejaría desamparados. - Balbuceó, mirando hacia la estatua de Athena, sabiendo que ya no habría marcha atrás. Aún se vislumbraban las estrellas y fue como si le contaran un secreto.- ...


"Oculto entre la árida roca,
reposa silencioso un templo.
Rodeado por un frondoso bosque,
que resguarda el místico secreto.

Bienaventurados los que gozaron del viaje,
sin importar su vestidura mortal.
Porque será antes del último hálito,
cuando reciban la bendición ancestral.

Permite que el camino de sal sea tu guía,
te llevará a través de la noche fría;
de vuelta, al cobijo del seno maternal.

Y así como todo habrá de perecer,
perecerá tu agonía, en los brazos dulces
de la que mira sin mirar. "



Hay un lugar escondido en alguna parte del santuario. - Le repitió las palabras.- Se decía que en ese lugar se atendían a los caballeros que resultaban muy malheridos en batalla y que hay una fuente nacida por una lágrima de la diosa, la cual es capaz de sanar las heridas de sus guerreros... Las armaduras, no deben ser la excepción. - Expresó quitándose el casco para sostenerlo en el antebrazo.-


Yo... - Para respaldar la "misión", dudó un instante en si decirlo o no. Expresarlo en voz alta era aterrador, no solo por el compromiso que se posaba sobre sus hombros sino porque no había ningún testigo vivo de su nombramiento por ello, podría ser que Aioria o los que "eran como él", la tildaran de loca. Se tomó el tiempo para reflexionar sus palabras, algo que le resultaba nuevo pero le nació "reacomodar" lo que iba a decir.-

Como único caballero dorado en funciones. Asumo la responsabilidad de la protección del santuario mientras tanto. - Se le hizo un nudo en la garganta pero pasó saliva antes de que se le notara.- Una vez que los mantos sagrados hayan elegido a su portador, se llevará a cabo un consenso para elegir al regente hasta que encontremos a Athena.

Un leve rayo de sol se abrió paso desde la cima de la montaña e iluminó su rostro justo cuando la castaña volteó hacia Aioria.

Mientras tanto, acepto tu ayuda Aioria. - Expresó con decisión, comprometiéndolo..-

Necesito que traigas un poco del agua de esa fuente para reparar las armaduras dañadas. Llévate la armadura de Leo, puede serte de ayuda y, no vayas solo de ser posible. Hasta donde puedo recordar, al menos otras 4 armaduras de oro deben necesitar reparación. - Quizá había sido ambigüa, al decirle que se llevara la armadura de Leo. Desconocía el protocolo para entregar un manto, pero en su experiencia eso era un honor que si alguien merecía seguramente serían los que mantuvieron su promesa de proteger el santuario cuando no quedaba nadie. Confío que Leo te respaldará. - Expresó con naturalidad-


Iré a Star Hill a buscar respuestas. - Le sonrió con confianza, hizo una seña de "amor y paz" como despedida y se encaminó hacia el templo de Virgo.- Que Athena te acompañe.

Re: .: In nomine Leo :.

Publicado: Mar Ago 01, 2023 10:30 pm
por Aioria
—Disculpa, no te escuché...

No le repitió lo que dijo, quedándose ensimismada otra vez. Quizá debería ser un poco preocupante eso, ahora que lo pensaba...

Prácticamente de la nada, el templo se iluminó de nuevo; la velocidad a la que venía aquella luminiscencia dorada era similar a la luz, así que pudo distinguir de qué se trataba. Seguramente debería estar más sorprendido, pero tras la interacción con la dama esto sólo confirmaba sus sospechas como nada. Sonrió sintiendo calidez, la esperanza un huésped perpetuo en su corazón, abría paso al alivio y alegría del ver que un santo de la sagrada divinidad se erigía para servir.

—Supongo que... Le diría que la voluntad de Athena es extraña y que es prioritario que las armaduras dañadas se reparen cuanto antes. Si no hay nadie que pueda hacerlo aquí entonces... no nos queda más remedio que buscar otras opciones. Lo más lógico es buscar aquí mismo.

Ella recordó su pregunta, entonces. Escuchó serio y asintió, aunque parecía que eso no era todo. Caminó a su lado hasta salir de la casa. La miró con atención unos minutos; era como si con la armadura puesta hubiera recuperado una parte de sí, volviéndose más cabal, más... completa, de alguna manera. Incluso su pose desgarbada y dolida se había ido y parecía tener el brío suficiente para hacer lo que se proponía, cuando apenas momentos atrás creía que en cualquier momento caería. Esto sin duda, mostraba que la dama era un caballero de la esperanza.

Escuchó los versos en su voz cadenciosa, como si fuese una oración; respetuosamente inclinó la cabeza para repetir las palabras en su cabeza ya que lo reconocía como algo que era dedicado a la diosa, levantó la cara para centrar su mirada en sus ojos. Mientras ella expresaba sus palabras acerca de responsabilizarse del santuario, las sopesó mentalmente, y finalmente asintió. Vislumbró el cielo estrellado y luego le miró el rostro; sus rasgos finos y bonitos fueron iluminados, justo como la culminación de una señal divina, lo que le hizo sonreír.

—Mientras tanto, acepto tu ayuda Aioria.

—Por supuesto. Te escucho.

Tras la explicación de la misión, se le cortó por un instante la respiración. ¿Podría ser que estaba leyendo mal la implicación de sus palabras?, ¿Leo lo aceptaría?

—Daré lo mejor y haré cuanto de mi dependa. —Prometió. —Esperaré entonces, para no partir solo.

Ya fuese el retorno de Hotaru o que Milo bajase si es que lo enviaba con él en lo que atendía aquellos asuntos, que como caballero... amazona, parecía tan claramente conocer.

En repuesta a su signo de amor y paz, él levantó su mano en despedida devolviéndole la sonrisa.

—Gracias. La diosa siempre nos acompaña, espero que Niké corone tu empresa. —Pensó en que él era probablemente el primero en haber tenido contacto con ella, si es que no había encontrado a los soldados. —Y supongo que me toca decir... Bienvenida a casa.

La vio ascender algunas de las escaleras, regresando a las habitaciones principales de Leo. La armadura en su caja de nueva cuenta vibró. Se le hizo un nudo en la garganta; sabía que esta vez, el llamado era para él. Se sintió.... humilde.

Se acercó a la armadura, colocando una rodilla en el suelo y su mano sobre la caja de Pandora. Oró en murmullos bajos a la diosa un devoto agradecimiento, permitiendo que la energía de su cosmos se combinara con la del manto sacro, paleando el sentimiento de nostalgia y sinsabor que la armadura exudaba, atenuando con su propio cosmos y amor por la diosa, la soledad estéril que el manto portaba, como una segunda transfusión que tanto necesitaba. La caja vibró como si fuese a abrirse, Aioria disminuyó su cosmos.

—No por ahora... —Cargó la caja y la puso reverentemente sobre el mármol pulido del del sudario.

Había esperado muchos años, esperar un poco más a que la armadura asimilara su sangre no le quitaba nada, además la usaría sólo si fuese necesario para la misión.

Re: .: In nomine Leo :.

Publicado: Mié Ene 31, 2024 8:09 pm
por Hotaru Himura

Era la madrugada del cuarto día desde que abrió los ojos en el cuarto templo. La había sorprendido la noche pero estaba decidida a regresar al templo de virgo cuanto antes, no fue sino hasta que ingresó al interior del quinto recinto que sintió el cansancio de no haber dormido en las últimas 72 horas.


Demonios... Creo que el baño no me hizo bien. - Se dijo en voz baja mientras suspiraba presa del cansancio.-


Sabía que Aioria no estaba, quiso suponer que él no tendría problema si descansaba un poco ahí. Buscó la cocina, al llegar notó que estaba impecablemente limpio al igual que como encontró el templo de cáncer, por algún motivo esa característica le saltó a la vista, tomó del refrigerador un poco de fruta, se preparó un sandwich para luego merodear por el lugar mientras terminaba su merienda de media noche.

"Qué curioso... Pasaron 10 años, durante los cuales el santuario estuvo vacío la mayor parte. Aioria dijo que él y Milo estuvieron al pendiente pero dudo que hayan pasado su tiempo limpiando..."- Pensaba, a la par que deambulaba por el lugar.-

La sensación era la misma, parecía como si las partículas de polvo no lograran tocar las superficies, hasta el último rincón estaba impecable. Había personas que se encargaban de esos menesteres aunque no estaba segura que pudieran seguir accediendo en ausencia de un representante.

No quiso ingresar a la habitación que sería o era de Aioria. Optó por lavarse los dientes en el lavabo de la cocina y acomodarse en un sillón de una de las salas.


Sabrán los dioses que cosas raras habrá en esa habitación. Mejor me quedo aquí. - Expresó, hablando consigo misma.-

...

...

...

De súbito abrió los ojos, el sol estaba por salir. Se levantó apurada porque ni siquiera se dio cuenta del momento en que se quedó dormida ni tenía idea de cuanto tiempo había pasado. Sentía el cuerpo pesado como si hubiera dormido durante varios días.

¡¡¡¡¡CARAJOOOOOOOOOOO!!!!! - Se lavó la cara y los dientes con prisa, metió las cosas en su mochila y salió corriendo hacia Virgo.-
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