Slifer conocía la importancia de la alianza que había formado con Erebo. Debía ayudarlo en su misión personal, una tarea que iba más allá de sus propios deseos. Con determinación y el eco de una antigua profecía resonando en su mente, se embarcó en un arriesgado viaje hacia uno de los destinos más misteriosos del mundo: la Atlántida, un lugar donde los secretos se escondían en las profundidades marinas.
Navegando por las aguas turbulentas, Slifer se acercaba a la legendaria ciudad perdida, donde Poseidón, el dios del mar, ejercía su dominio sobre los siete mares. A medida que se aproximaba, los vestigios de una antigua guerra se revelaban en los fragmentos dispersos de edificios derruidos y ruinas sumergidas. La magnificencia de la Atlántida había sido eclipsada por la destrucción, y Slifer comprendía que una de sus misiones era rescatar la gloria pasada y devolverla a su antiguo esplendor para así seguir con su cometido.
El reino submarino estaba protegido por los valientes guerreros de Poseidón, quienes se alzaban como guardianes de su dios y su morada sagrada. Slifer sabía que para cumplir su cometido, debía Buscar cubrir las bajas de los guerreros marinos. Con un simple movimiento de su mano derecha, canalizó sus habilidades y dio forma a una sombra oscura, dándole vida a un humanoide leal a su causa.
Este ser sombrío, a medio camino entre la realidad y la oscuridad, se convertiría en su compañero inseparable en la ardua tarea de reconstruir la Atlántida. Juntos, explorarían los misterios ocultos en los oscuros corredores de la ciudad sumergida, desentrañarían los secretos ancestrales que yacían olvidados y se enfrentarían a peligros que acechaban en las profundidades marinas.
Slifer nombro a este ente Umbra. Y le dio la tarea de reconstruir todos los templos del reino marino. Mientras él buscaba a los futuros Generales marinos que protegerán este reino.



