Re: .:: La cascada de Sangre ::.
Publicado: Mié Feb 21, 2024 4:44 am
Rhiannon no habría hecho precisamente el resumen que hizo Raven, pero servía supuso, para que Lady Pandora tuviera al menos una escueta idea. Ya habría tiempo de darle un informe más completo.
Asintió cuando Raven le habló para corroborar los puntos que había tocado respecto al perro guerrero (ahora que sabía que era una especie de dios o semidios que se metamorfoseaba, eso sonaba un poco raro y rudo, pero es lo que era).
Su ceja se levantó como todo lo que su rostro haría como expresión, ante el hecho de seguir una planta. ¿Qué maldita cosa debía ser, para que el dios de los sueños y una de sus creaciones, e incluso la comandante de las legiones del inframundo, no pudieran diezmarla?
Hizo una mueca al escuchar sobre la umbra; habían sido cosas muy molestas por comabtir en anteriores guerras sagradas; pudo hacerlo en el pasado gracias al poder del cosmos luminoso de Atenea y las cosas maravillosas de las que eran capaces, quién sabe qué posibilidades tendría ahora.
—Conocí a una Meterlow una vez. —Por un pequeño instante, su rostro se tornó sereno y contento. Le había sacado casi tantas canas verdes metafóricas como aquella tenía en su cabeza, pero la había querido. Se puso seria de nuevo, retornando a su momento y espacio actual, despidió con un gesto de la mano. —Ah, nada relevante, ella era una simple lechuga.
Por fortuna, Raven lucía ensimisnmada así que probablemente ni siquiera la escuchó; luego hizo la sugerencia a Astra de volver, algo en lo que Rhiannon estuvo absolutamente de acuerdo. Bueno, ahora con lo que escuchó también tenía sentido que Astra se hubiera arriesgado ahí, aunque le descolocaba un poco que Hades hubiera mandado a la princesa, en vez de aun espectro; pero bueno, no era un dios convencional por lo que pudo constatar y ver. Se alegró de que fueran mayoría con Hypnos; probablemente Astra no se negaría tampoco, ante la idea de que su señor fuese informado aunque fuese a medias desde la perspectiva de Rhiannon.
—Busco a veces rescatarlos, a veces llevarlos a donde no estén solos, dependiendo de la raza. Busco... su compañía; su poder me lo dan libremente. —El dragón se había acercado cuando le hizo una seña desde poco antes de la pregunta de Hypnos, porque Rhiannon quería que Astra se fuera a salvo con él. Le puso la mano en el hocico y el dragón prácticamente se recostó en el suelo para que Astra pudiera subir. Rhiannon le ayudó. Miró al dragón y por medio de su cosmos, con el entendimiento único que entre ella y los dragones existía, le confirió el cuidado de su princesa pidiéndole de nuevo, que cuidara el preciado “tesoro” que ella simbolizaba. La vieron partir entonces de regreso a la salvedad de Heinstein. Asintió a la solicitud de Hypnos.
—Cuando vine hacia la zona donde ustedes estaban, me fue más fácil seguir a Sholot por aire. Es pequeño y más rápido; creo que puede llegar a velocidad semejante al sonido o casi superarla.
Rhiannon expandió sus alas, notando que una de ellas estaba lo suficientemente dañada para no poder volar grandes distancias, aunque si podría sostenerla en el aire en batalla. Acumuló cosmos, puso la mano en su pecho y en el aire aparecieron algunas runas. Brillaron y se expandieron hasta formar círculos, donde tres dragones un poco más pequeños que Onyx habían salido y miraron con curiosidad a sus acompañantes.
—Probablemente no los necesiten, pero se los ofrezco. Nos permitirán descansar tanto nuestros cuerpos como evitaran uso de cosmos. —O siquiera soportar el peso de sus armaduras y ni hablar del cuerpo. —Si desean seguir por sus medios... —dijo subiendo ya a uno de los dragones. —Simplemente ellos volverán a donde pertenecen.
Rhiannon despegó. Cerró los ojos para sentir... la especie de “ancla” que había sentido desde el laberinto; esa misma energía que parecía jalarla hacia el perro feo. Hizo que casi forzosamente el dragón azulado que montaba, diera una vuelta en el aire que le hizo perder un poco de altura y fue cuando lo vio, como un puntito que se hacía más grande mientras se acercaban, el perro estaba trotando en una dirección bastante específica. Todavía el muy osado, giró el rostro para verlos, movió la cola y continuó.
No se esperaba la ráfaga de aire que hizo girar incluso a alguien tan diestro en los cielos como el dragón...
Asintió cuando Raven le habló para corroborar los puntos que había tocado respecto al perro guerrero (ahora que sabía que era una especie de dios o semidios que se metamorfoseaba, eso sonaba un poco raro y rudo, pero es lo que era).
Su ceja se levantó como todo lo que su rostro haría como expresión, ante el hecho de seguir una planta. ¿Qué maldita cosa debía ser, para que el dios de los sueños y una de sus creaciones, e incluso la comandante de las legiones del inframundo, no pudieran diezmarla?
Hizo una mueca al escuchar sobre la umbra; habían sido cosas muy molestas por comabtir en anteriores guerras sagradas; pudo hacerlo en el pasado gracias al poder del cosmos luminoso de Atenea y las cosas maravillosas de las que eran capaces, quién sabe qué posibilidades tendría ahora.
—Conocí a una Meterlow una vez. —Por un pequeño instante, su rostro se tornó sereno y contento. Le había sacado casi tantas canas verdes metafóricas como aquella tenía en su cabeza, pero la había querido. Se puso seria de nuevo, retornando a su momento y espacio actual, despidió con un gesto de la mano. —Ah, nada relevante, ella era una simple lechuga.
Por fortuna, Raven lucía ensimisnmada así que probablemente ni siquiera la escuchó; luego hizo la sugerencia a Astra de volver, algo en lo que Rhiannon estuvo absolutamente de acuerdo. Bueno, ahora con lo que escuchó también tenía sentido que Astra se hubiera arriesgado ahí, aunque le descolocaba un poco que Hades hubiera mandado a la princesa, en vez de aun espectro; pero bueno, no era un dios convencional por lo que pudo constatar y ver. Se alegró de que fueran mayoría con Hypnos; probablemente Astra no se negaría tampoco, ante la idea de que su señor fuese informado aunque fuese a medias desde la perspectiva de Rhiannon.
—Busco a veces rescatarlos, a veces llevarlos a donde no estén solos, dependiendo de la raza. Busco... su compañía; su poder me lo dan libremente. —El dragón se había acercado cuando le hizo una seña desde poco antes de la pregunta de Hypnos, porque Rhiannon quería que Astra se fuera a salvo con él. Le puso la mano en el hocico y el dragón prácticamente se recostó en el suelo para que Astra pudiera subir. Rhiannon le ayudó. Miró al dragón y por medio de su cosmos, con el entendimiento único que entre ella y los dragones existía, le confirió el cuidado de su princesa pidiéndole de nuevo, que cuidara el preciado “tesoro” que ella simbolizaba. La vieron partir entonces de regreso a la salvedad de Heinstein. Asintió a la solicitud de Hypnos.
—Cuando vine hacia la zona donde ustedes estaban, me fue más fácil seguir a Sholot por aire. Es pequeño y más rápido; creo que puede llegar a velocidad semejante al sonido o casi superarla.
Rhiannon expandió sus alas, notando que una de ellas estaba lo suficientemente dañada para no poder volar grandes distancias, aunque si podría sostenerla en el aire en batalla. Acumuló cosmos, puso la mano en su pecho y en el aire aparecieron algunas runas. Brillaron y se expandieron hasta formar círculos, donde tres dragones un poco más pequeños que Onyx habían salido y miraron con curiosidad a sus acompañantes.
—Probablemente no los necesiten, pero se los ofrezco. Nos permitirán descansar tanto nuestros cuerpos como evitaran uso de cosmos. —O siquiera soportar el peso de sus armaduras y ni hablar del cuerpo. —Si desean seguir por sus medios... —dijo subiendo ya a uno de los dragones. —Simplemente ellos volverán a donde pertenecen.
Rhiannon despegó. Cerró los ojos para sentir... la especie de “ancla” que había sentido desde el laberinto; esa misma energía que parecía jalarla hacia el perro feo. Hizo que casi forzosamente el dragón azulado que montaba, diera una vuelta en el aire que le hizo perder un poco de altura y fue cuando lo vio, como un puntito que se hacía más grande mientras se acercaban, el perro estaba trotando en una dirección bastante específica. Todavía el muy osado, giró el rostro para verlos, movió la cola y continuó.
No se esperaba la ráfaga de aire que hizo girar incluso a alguien tan diestro en los cielos como el dragón...