El tono utilizado por Rhiannon no daba lugar a mucha interpretación. Claramente estaba molesta y lo había dejado muy claro con sus palabras, lo que hizo sacar una pequeña carcajada en la mente de Phantasos, aunque no cambió ni un ápice las facciones de su rostro. Aquella mujer de cabellos claros era la representante de un dragón infernal... ¿cómo no esperar que escupiese fuego con sus palabras? Aunque tenía que reconocer, que en su experiencia con otros dragones, la caldera no ardía tan fácilmente, así que tal vez debía tener más tacto en el futuro.
Quizás por eso, simplemente se limitó a asentir y mantuvo el silencio. Por suerte, aquello no debió ser relevante, pues Hypnos y Wyvern habían comenzado a entablar una entretenida charla. Podía sentir las vibraciones procedentes de su señor de que lo que escuchaba le complacía, algo que agradecía, pues no podían permitirse nuevas asfixias ni enfrentamientos en ese lugar. Dadas las circunstancias, podía centrarse en el ser que estaba en sus brazos. No lanzaba verdaderos mordiscos, aunque tampoco es que le hubiese importado, pero parecía no estar cómodo atrapado, por lo que lo dejó en el suelo y se agachó frente a él mientras éste se sacudía.
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Así que te llamas Sholot- dijo en voz baja. No quería interrumpir la otra conversación, ni parecer maleducada, pero la realidad es que estaba mucho más interesada en el can que en los designios que Hades tenía para el Inframundo, pues ya le había conocido y ya había sacado sus propias conclusiones.-
Tal vez me equivoque, pero entiendo que éste es tu hogar y vosotros dos no os conocéis desde hace mucho. Aún así, la has ayudado a llegar a Pandora y a nosotros... así que para empezar, quiero mostrar mi gratitud al respecto.
Seguía susurrando, mirando de vez en cuando a los otros dos y a Astra. Hypnos parecía estar buscándola con la mirada, pero en realidad no tenía ni idea de lo que estaban hablando, así que simplemente asintió con poca confianza, esperando que no fuese nada importante y siguió su conversación.
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En mi experiencia, los animales tienen mucho más sentido común que los humanos, así que estoy segura de que puedes presentir que nosotros no tenemos ninguna intención de dañar a las personas que están al otro lado del corredor. El problema, es que creo que alguien ha dejado la puerta abierta y que algo indebido ha cruzado por aquí hasta llegar a mi hogar e intentar destruirlo. ¿Sabes a lo que me refiero?- El perro hizo un pequeño gruñido, casi inaudible.-
Queremos devolverlo a su sitio y cerrar la puerta. Después simplemente volveremos a nuestros asuntos. Tendrías nuestra gratitud si pudieras ayudarnos con eso.
El animal se quedó durante unos instantes quieto, tal vez meditando las palabras, y entonces comenzó a caminar hacia la maleza. Phantasos cogió su guadaña y se levantó para poder seguirlo, mientras Hypnos y Rhiannon seguían hablando. Tal vez tendría que haberles advertido de su movimiento, pero en realidad no trataba de pasar desapercibida, simplemente no quería interrumpirlos. Además, su señor había ordenado avanzar, así que simplemente lo hizo sin dudar.
Sholot se había quedado completamente quieto justo un par de metros más adelante del lugar donde anteriormente había estado Raven. El espacio se agrandaba conforme se adentraban en la espesura, hasta el punto de poder contemplar montañas a la lejanía. Pero era una de ellas la que más llamaba la atención, por ser mucho más cercana y porque el flujo de sangre transitando por sus rocas era realmente llamativo. El animal miraba fijamente hacia esa montaña, aunque era prácticamente imposible que pudiera ver algo desde su perspectiva. Phantasos agudizó la vista. Había una zona mucho más... sombría, más oscurecida, y por un instante, las sensaciones encontradas, eran las mismas que experimentó la primera vez que vio la planta en el reino de los sueños.
Aquello hizo que se sintiera algo mejor. Su teoría cobraba sentido, así que entrar en aquel lugar no había sido en vano. Ya había separado el pie del suelo para ir hacia la montaña, cuando el perro se interpuso en su camino. Era obvio que la estaba deteniendo, por lo que miró a su alrededor para entender el motivo. Tanto a la izquierda como a la derecha, escondidos entre las ramas a un par de metros, había dos esculturas, aunque no podía saber lo que representaban. Sin embargo, al unirlas ambas trazando una línea imaginaria, ésta quedaba solo a escasos 20 cm delante de Phantasos.
No podía ser una coincidencia. Hacía unas horas, había pensado en que ella habría puesto límites dentro del corredor, y justo ahora aparecía uno visible dentro de lo invisible.
Volvió a recorrer con la mirada esa línea, casi por inercia y entonces, no pudo evitar que el corazón se le parara durante unos instantes.
Un rostro. Justo frente a ella. Justo detrás de esa línea marcada por las esculturas. Tan cerca, que de haber dado ese paso, se habría golpeado con ese ser, perfectamente camuflado con el entorno.
Su mirada estaba fija y era particularmente penetrante. Fría como el hielo, pero la sostuvo sin parpadear.
Uno habría dudado de si aquel ser estaba vivo, pero podía sentir su respiración entrecortada, similar a la emitida por los moribundos, aunque con la notable diferencia de que aquel ser, emanaba un cosmos tan poderoso que distaba mucho de aquella fragilidad.
Phantasos no se movió un solo centímetro. Haber pasado años jugando con las pesadillas templaban el carácter ante ese tipo de situaciones, pero cualquier humano en su lugar, bien podría haber sufrido un infarto en ese mismo instante, no solo por el susto inicial, sino por la intensa gélida energía que emanaba de aquel ser.
Lo observó. Tenía una especie de arco negro en el ojo, llegando hasta su mejilla y algunas pinturas en su rostro que lo hacían ver mucho más sobrenatural. Seguía sin parpadear y sin retirar la mirada de la de Phantasos, pero ahora había decidido incorporarse y su cabeza poco a poco iba elevándose, hasta quedar a más de dos metros sobre el suelo, obligando a la diosa a inclinar bastante el cuello para no ceder en aquel pulso imaginario.
Podía atacarla... y deseaba hacerlo, estaba segura de sentir eso. Pero no lo hacía, y solo se le ocurría un motivo para ello.
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Si doy un paso más, entraré en tu territorio, ¿cierto? A pesar de tu poder, no puedes cruzar esas estatuas.
Aquel ser se inclinó un poco más hacia ella, casi como si quisiera aceptar el reto de probar su teoría, pero lo cierto es que no las traspasó... pero sí lo hizo un sonido. Unos cascabeles a lo lejos, que hicieron que un recuerdo galopara hasta su mente:
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OT: señalo que Hypnos puede verlo, Rhiannon no, y Astra... depende XDDD
Había llegado la hora. Aquel volcán que había servido de escenario para más de 21 sueños, finalmente se volvía parte de la realidad del protagonista de éstos. El hijo del jefe de aquella tribu, caminaba cabizbajo hacia el cráter, escoltado por al menos cuatro fuertes soldados. Era un honor morir como ofrenda a los dioses, decían, más aún para amortiguar la ira del volcán, pero era imposible que el miedo y la duda no se apoderaran de cualquier ser cuando éste presentía su final tan cerca.
Phantasos había ido al mundo de la vigilia para presenciar aquel momento. Toda la “familia real” iban a presenciar la ofrenda, así como algunos miembros señalados de la tribu, por lo que fue sencillo mezclarse con la multitud, y así quedar frente al joven.
No quiso escuchar la absurda palabrería de aquella especie de chamán. Ofrecían su muerte al dios de los sacrificios, es lo único que escuchó, aunque ningún dios más que ella misma estaba allí presente. No debía interferir si no era por mandato de su señor Hypnos o Hades, así que no podía evitar aquello, pero no había ninguna norma que la prohibiese acompañarlo o evitar su sufrimiento.
Sus miradas se cruzaron.
El hombre abrió los ojos con gran sorpresa, reconociéndola. Sonrió, al igual que la diosa. Casi podía estar segura de que las charlas que ambos habían mantenido en aquel cráter en sus sueños, pasaban una a una por la mente del muchacho en ese instante, siendo consciente de que todas habían sido reales.
...
Y finalmente, llegó el momento de ser arrojado al fuego.
La diosa rápidamente se mezcló con la lava, abrazándolo antes de que su cuerpo tocara el magma, sumergiéndolo en un profundo sueño.
No hubo agonía. Quizás únicamente para la propia diosa, que no podía evitar el llanto silencioso mientras sentía como el cadáver se iba deshaciendo entre sus brazos. Nunca volverían a encontrarse, estaba segura, pues era un alma demasiado noble como para ir al Inframundo. Reencarnaría en cualquier otro ser, con toda seguridad, lejos del alcance del poder de la diosa, así que aquella era una despedida eterna y la estaba asumiendo como tal cuando...
¡¡PCHHH!!
No debió mirar, pero ya era demasiado tarde. A su lado, un pequeño cuerpo se fundía en la lava junto a ella. Reconoció el colgante antes de que se abrasara.
El hijo del príncipe. Un niño especialmente brillante con el que había recorrido varios ríos en barco durante sus sueños, creador de criaturas marinas tan imaginativas que la propia diosa había decidido guardarlas para el reino de los sueños.
…
No pudo ni siquiera gritar. Los ojos se le habían desencajado totalmente y sus iris se habían tornado completamente negros.
...
Recordaba poco. No quería hacerlo. Solo que su cosmos había explotado con violencia y que los humanos habían pagado con la furia del volcán. Pero sí había una imagen que había conservado:
Ella misma, convertida en una especie de fantasma cadavérico con alas negras, sin una gota de sangre, pues no estaba dispuesta a mezclarse con aquella inmundicia humana. Flotando, quieta, pero viendo fijamente frente a ella a un nuevo ser en escena.
Era un dios. Con un arco negro en su ojo, llegando hasta su mejilla y con unos cascabeles colgando de su pelo.
La miraba fijamente y sonreía, complacido por el número de sacrificios de aquella tarde. Y tras hacerlo, simplemente desapareció.
Phantasos agarró con fuerza su guadaña. Tenía la garantía de que aquello no era una ilusión, ni seres fantasmales como el ejército que anteriormente había derrotado. Aquel ser era él mismo, aunque tal vez solo una parte de él atrapado en aquel corredor por decisión propia, si realmente había sido uno de los creadores como Xtabay había explicado.
Intentó atraer su armadura, pero ésta no respondió. No le importaba lo más mínimo. Sus ojos se tornaron negros, su pelo creció, se oscureció tanto como la propia umbra y comenzó a moverse de forma similar a las medusas en el agua. Su cosmos ardía sin medida. Solo tuvo un pequeño gesto sutil hacia Sholot, apartándolo suavemente con el mango de su guadaña, y ahora sí, dio un paso al frente cruzando la línea.
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Ya eres mío.