Re: .: In nomine Leo :.
Publicado: Mar Ago 01, 2023 12:52 am
-- Simplemente sabía que la matriarca regía en ese entonces. No hay... un cargo similar arriba con quien puedas hablar, lo siento. ¿Qué es lo que querías decirle?, si es que puedes compartirlo conmigo, por supuesto.
Lo miró con sorpresa.
¿Era yo?... - Dijo en un hilillo de voz apenas audible. Los labios le temblaron un poco ya que sentía el corazón en su garganta.-
"Tercer chakra... Manipura." - Escuchó un susurro en su cabeza y fue como si un suave soplo de brisa cálida le llegara al rostro, cerró los ojos, claramente pudo sentir el cosmos tibio y frágil de Milka mientras la rodeaba con sus brazos..-
//‐----- Breve recuerdo ------//
¿Acaso no me conoces?
Precisamente por eso. - Respondió rascándose un lado de la nariz tratando de no reírse de nuevo.-
¡No tiene sentido!
¡Jajajajaja!, me gustaría ver la expresión de tu cara. - Iban caminando por el templo papal, él no detuvo el paso, solo se reía ante los aspavientos de ella y sus cuestionamientos, no podía verle la cara porque llevaba la característica cubierta facial de amazona pero percibía su confusión.-
¡No estoy lista para eso!
Ya habían salido del templo. Akonel se detuvo en seco, se giró para mirarla teniendo tras de si la imponente estatua de Athena.
Nadie nunca lo está J. - Afirmó con una sonrisa compasiva.-
¡¿Y si la cajeteo y provoco una guerra con otro reino?! - Le increpó preocupada.-
El sonrió suavemente negando con la cabeza, regresó un par de pasos colocando la mano sobre su hombro para transmitirle confianza. - Es la voluntad de Athena. Vas a estar lista, lo sé, tú eres la única que no se ha dado cuenta. - Luego reinició la marcha rumbo a la cima del santuario.-
//‐----Fin del breve recuerdo-------//
Se llevó la mano al plexo solar no se había dado cuenta el momento en que la armadura de cáncer se había desplazado desde el cuarto templo hasta que tocó el metal con las yemas de los dedos. Estaba protegiendo su cuerpo aunque aún lucía en mal estado. Agradeció en silencio, cobijada por el manto del cangrejo, se sentía un poco más como ella misma.
La armadura de Leo había regresado al interior de la caja. Suspiró profundamente luego se irguió frente a Aioria para responderle.
Supongo que... - Ya no habría marcha atrás. - Le diría que la voluntad de Athena es extraña y que es prioritario que las armaduras dañadas se reparen cuanto antes.
Si no hay nadie que pueda hacerlo aquí entonces... no nos queda más remedio que buscar otras opciones. Lo más lógico es buscar aquí mismo. - -
La cuarta caminó hacia la salida que va a Virgo, afuera soplaba un viento fresco. Faltaba poco para el amanecer.
No nos dejaría desamparados. - Balbuceó, mirando hacia la estatua de Athena, sabiendo que ya no habría marcha atrás. Aún se vislumbraban las estrellas y fue como si le contaran un secreto.- ...
"Oculto entre la árida roca,
reposa silencioso un templo.
Rodeado por un frondoso bosque,
que resguarda el místico secreto.
Bienaventurados los que gozaron del viaje,
sin importar su vestidura mortal.
Porque será antes del último hálito,
cuando reciban la bendición ancestral.
Permite que el camino de sal sea tu guía,
te llevará a través de la noche fría;
de vuelta, al cobijo del seno maternal.
Y así como todo habrá de perecer,
perecerá tu agonía, en los brazos dulces
de la que mira sin mirar. "
Hay un lugar escondido en alguna parte del santuario. - Le repitió las palabras.- Se decía que en ese lugar se atendían a los caballeros que resultaban muy malheridos en batalla y que hay una fuente nacida por una lágrima de la diosa, la cual es capaz de sanar las heridas de sus guerreros... Las armaduras, no deben ser la excepción. - Expresó quitándose el casco para sostenerlo en el antebrazo.-
Yo... - Para respaldar la "misión", dudó un instante en si decirlo o no. Expresarlo en voz alta era aterrador, no solo por el compromiso que se posaba sobre sus hombros sino porque no había ningún testigo vivo de su nombramiento por ello, podría ser que Aioria o los que "eran como él", la tildaran de loca. Se tomó el tiempo para reflexionar sus palabras, algo que le resultaba nuevo pero le nació "reacomodar" lo que iba a decir.-
Como único caballero dorado en funciones. Asumo la responsabilidad de la protección del santuario mientras tanto. - Se le hizo un nudo en la garganta pero pasó saliva antes de que se le notara.- Una vez que los mantos sagrados hayan elegido a su portador, se llevará a cabo un consenso para elegir al regente hasta que encontremos a Athena.
Un leve rayo de sol se abrió paso desde la cima de la montaña e iluminó su rostro justo cuando la castaña volteó hacia Aioria.
Mientras tanto, acepto tu ayuda Aioria. - Expresó con decisión, comprometiéndolo..-
Necesito que traigas un poco del agua de esa fuente para reparar las armaduras dañadas. Llévate la armadura de Leo, puede serte de ayuda y, no vayas solo de ser posible. Hasta donde puedo recordar, al menos otras 4 armaduras de oro deben necesitar reparación. - Quizá había sido ambigüa, al decirle que se llevara la armadura de Leo. Desconocía el protocolo para entregar un manto, pero en su experiencia eso era un honor que si alguien merecía seguramente serían los que mantuvieron su promesa de proteger el santuario cuando no quedaba nadie. Confío que Leo te respaldará. - Expresó con naturalidad-
Iré a Star Hill a buscar respuestas. - Le sonrió con confianza, hizo una seña de "amor y paz" como despedida y se encaminó hacia el templo de Virgo.- Que Athena te acompañe.
Lo miró con sorpresa.
¿Era yo?... - Dijo en un hilillo de voz apenas audible. Los labios le temblaron un poco ya que sentía el corazón en su garganta.-
"Tercer chakra... Manipura." - Escuchó un susurro en su cabeza y fue como si un suave soplo de brisa cálida le llegara al rostro, cerró los ojos, claramente pudo sentir el cosmos tibio y frágil de Milka mientras la rodeaba con sus brazos..-
//‐----- Breve recuerdo ------//
¿Acaso no me conoces?
Precisamente por eso. - Respondió rascándose un lado de la nariz tratando de no reírse de nuevo.-
¡No tiene sentido!
¡Jajajajaja!, me gustaría ver la expresión de tu cara. - Iban caminando por el templo papal, él no detuvo el paso, solo se reía ante los aspavientos de ella y sus cuestionamientos, no podía verle la cara porque llevaba la característica cubierta facial de amazona pero percibía su confusión.-
¡No estoy lista para eso!
Ya habían salido del templo. Akonel se detuvo en seco, se giró para mirarla teniendo tras de si la imponente estatua de Athena.
Nadie nunca lo está J. - Afirmó con una sonrisa compasiva.-
¡¿Y si la cajeteo y provoco una guerra con otro reino?! - Le increpó preocupada.-
El sonrió suavemente negando con la cabeza, regresó un par de pasos colocando la mano sobre su hombro para transmitirle confianza. - Es la voluntad de Athena. Vas a estar lista, lo sé, tú eres la única que no se ha dado cuenta. - Luego reinició la marcha rumbo a la cima del santuario.-
//‐----Fin del breve recuerdo-------//
Se llevó la mano al plexo solar no se había dado cuenta el momento en que la armadura de cáncer se había desplazado desde el cuarto templo hasta que tocó el metal con las yemas de los dedos. Estaba protegiendo su cuerpo aunque aún lucía en mal estado. Agradeció en silencio, cobijada por el manto del cangrejo, se sentía un poco más como ella misma.
La armadura de Leo había regresado al interior de la caja. Suspiró profundamente luego se irguió frente a Aioria para responderle.
Supongo que... - Ya no habría marcha atrás. - Le diría que la voluntad de Athena es extraña y que es prioritario que las armaduras dañadas se reparen cuanto antes.
Si no hay nadie que pueda hacerlo aquí entonces... no nos queda más remedio que buscar otras opciones. Lo más lógico es buscar aquí mismo. - -
La cuarta caminó hacia la salida que va a Virgo, afuera soplaba un viento fresco. Faltaba poco para el amanecer.
No nos dejaría desamparados. - Balbuceó, mirando hacia la estatua de Athena, sabiendo que ya no habría marcha atrás. Aún se vislumbraban las estrellas y fue como si le contaran un secreto.- ...
"Oculto entre la árida roca,
reposa silencioso un templo.
Rodeado por un frondoso bosque,
que resguarda el místico secreto.
Bienaventurados los que gozaron del viaje,
sin importar su vestidura mortal.
Porque será antes del último hálito,
cuando reciban la bendición ancestral.
Permite que el camino de sal sea tu guía,
te llevará a través de la noche fría;
de vuelta, al cobijo del seno maternal.
Y así como todo habrá de perecer,
perecerá tu agonía, en los brazos dulces
de la que mira sin mirar. "
Hay un lugar escondido en alguna parte del santuario. - Le repitió las palabras.- Se decía que en ese lugar se atendían a los caballeros que resultaban muy malheridos en batalla y que hay una fuente nacida por una lágrima de la diosa, la cual es capaz de sanar las heridas de sus guerreros... Las armaduras, no deben ser la excepción. - Expresó quitándose el casco para sostenerlo en el antebrazo.-
Yo... - Para respaldar la "misión", dudó un instante en si decirlo o no. Expresarlo en voz alta era aterrador, no solo por el compromiso que se posaba sobre sus hombros sino porque no había ningún testigo vivo de su nombramiento por ello, podría ser que Aioria o los que "eran como él", la tildaran de loca. Se tomó el tiempo para reflexionar sus palabras, algo que le resultaba nuevo pero le nació "reacomodar" lo que iba a decir.-
Como único caballero dorado en funciones. Asumo la responsabilidad de la protección del santuario mientras tanto. - Se le hizo un nudo en la garganta pero pasó saliva antes de que se le notara.- Una vez que los mantos sagrados hayan elegido a su portador, se llevará a cabo un consenso para elegir al regente hasta que encontremos a Athena.
Un leve rayo de sol se abrió paso desde la cima de la montaña e iluminó su rostro justo cuando la castaña volteó hacia Aioria.
Mientras tanto, acepto tu ayuda Aioria. - Expresó con decisión, comprometiéndolo..-
Necesito que traigas un poco del agua de esa fuente para reparar las armaduras dañadas. Llévate la armadura de Leo, puede serte de ayuda y, no vayas solo de ser posible. Hasta donde puedo recordar, al menos otras 4 armaduras de oro deben necesitar reparación. - Quizá había sido ambigüa, al decirle que se llevara la armadura de Leo. Desconocía el protocolo para entregar un manto, pero en su experiencia eso era un honor que si alguien merecía seguramente serían los que mantuvieron su promesa de proteger el santuario cuando no quedaba nadie. Confío que Leo te respaldará. - Expresó con naturalidad-
Iré a Star Hill a buscar respuestas. - Le sonrió con confianza, hizo una seña de "amor y paz" como despedida y se encaminó hacia el templo de Virgo.- Que Athena te acompañe.