FUTURO PARTE 3
El oniro se mostraba triunfante y confiado. Su poder volvía a conseguir someter a aquellos que le desafiaban. ¿Cómo Phantasos había podido llegar a creer que podía vencerlo a él, en su juego y en su prisión, donde era más fuerte? Sentía algo de decepción, no podía ocultarlo. Había esperado algún tipo de truco final demoníaco que le exigiese ponerse realmente serio, pero en vez de eso, tenía a una joven doncella dócil entre sus brazos.
No es que se quejase.
Había algo en aquella situación que le hacía sentir extasiado. Se sentía más poderoso, aún cuando había perdido parte de su poder para poder llegar a ese punto. Y, aunque finalmente estaba empezando a disfrutar enormemente de aquellos preliminares con una Phantasos más relajada y entregada, concluyó que ya era hora de tomar lo que le pertenecía. Iba a retirar el brazo del cuerpo de la diosa para despojarla de toda su ropa, cuando...
- ¿Qué... qué me ocurre...?
No formuló la pregunta en voz alta. No podía hacerlo. Todo su cuerpo había quedado rígido e inmóvil. En apenas un segundo, había sentido como una gran parte de su poder se había esfumado sin previo aviso, debilitándole en gran medida.
Phantasos se retiró de él y éste pudo entender el motivo. Los ojos de la mujer volvían a brillar en un rojo intenso. El sucubo había vuelto aunque mantenía el aspecto angelical de la oniro. ¿Cómo había podido drenarle tan rápido? Le daba vueltas a eso, pero solo encontraba una explicación: que Phantasos había drenado lentamente su energía para hacerle confiarse para después demostrar su verdadera capacidad. Aún así, no tenía sentido. La oniro no era tan poderosa, estaba seguro de ello.
- Supongo que en tu cabeza debe haber muchas preguntas ahora mismo, que estoy dispuesta a resolver, pero antes... - Se sentó sobre él y agarró su cuello con una de sus manos y la apretó con fuerza- … deja de mancillar a mi señor.
- ¿O qué?- Consiguió articular con dificultad.
Phantasos frunció el ceño. La idea de estrangular a Hypnos, incluso cuando era consciente de que no era él, le resultaba bastante incómoda, así que optó por soltarle y en vez de eso besarle de nuevo. Al hacerlo, la energía de Phobetor volvió a descender radicalmente. Le escuchaba gruñir, pero nada cambiaba, así que la oniro se mantuvo en la misma posición hasta que finalmente Phobetor volvió a ser él y reaparecieron en su lúgubre prisión.
La oniro agradeció para sí misma poder separarse de una vez de él. Se levantó de aquella cama y disolvió la transformación de sucubo. Se miró a sí misma. Estaba deseando frotar todo su cuerpo con algún tipo de lija y quemar aquella ropa provocativa que nuevamente la cubría, pero tendría que esperar un poco más. Al menos podía consolarse con que nadie más la vería con esa extraña combinación que generaba su angelical rostro y esa ropa tan radical.
- Existe una gran diferencia entre nuestros poderes- comenzó a decir la oniro- Debe resultar sencillo coger algo que no te pertenece y usarlo a tu favor. Es rápido, efectivo... no requiere de ningún esfuerzo, solo de una gran falta de escrúpulos. Pero una vez descubres lo que está pasando, es fácil escapar. Sin embargo, las transformaciones...
Se quedó callada junto a la chimenea, calentando sus manos, pensando en si quizás sería mejor quemar toda su piel en vez de lavarla. Tras unos segundos, se dio la vuelta y observó desde allí al petrificado Phobetor. Podía comenzar a moverse, pero seguía sin ser un problema.
- Cuando la gente ve una de mis transformaciones... en un fénix, por ejemplo, solo ven su belleza, lo maravilloso que debe ser poder volar, su fuerza, poder curar o renacer de tus cenizas. Sienten envidia, es comprensible.
Pero pocos se paran a pensar en que tu conciencia sigue ahí. Que ser un fénix te obliga a aprender a prescindir de tus manos y a valerte solo con tus pies y tu boca. Debes ser capaz de asomarte a un acantilado y confiar en que puedas saber cómo volar antes de estrellarte contra el suelo. Y más aún, debes ser capaz de soportar el calor de las llamas en tu cuerpo y hasta llegar a una incineración.- Lo dijo mientras metía su mano en el fuego durante solo un segundo, incapaz de soportarlo en esa forma.- Cada transformación que he logrado a lo largo de toda mi vida, ha exigido de trabajo mental y físico. Requiere de mucha confianza en ti mismo y de capacidad de improvisación.
Y claro está, todo eso no se sostendría sin un alto grado de locura e imprudencia, porque aunque puedes suponer que el fénix debe tener algún tipo de inmunidad al fuego... nadie sabe en realidad cómo se logra. Solo lo descubres una vez eres uno de ellos.
Se acercó hasta el borde de la cama y lo miró con una sonrisa de suficiencia.
- No te contaré sobre los fénix, pero te contaré un pequeño secretito de los sucubos y sobre cómo lo descubrí.
Dado que sin experiencia y sin maestro, este encuentro podía ser peligroso, decidí pasar estos últimos meses en la zona de los sueños del deseo. Los humanos son muy prolíficos para eso, así que simplemente me dediqué a estudiar sus acciones y sus reacciones. Cada sonrojo, cada mirada, las tonalidades de sus cuerpos y... en fin, cosas realmente aburridas si solo eres un mero espectador.- Lo explicó con calma, haciéndole entrever que todo su encuentro había sido una actuación cuidadosamente estudiada.- Aprender a contener al sucubo, sin embargo, fue mucho más difícil, especialmente en ese ambiente.
Creía que ya lo había dominado por completo, cuando por puro azar, apareció nuestro querido hermano Oneiros en escena- dijo usando un tono de voz teatral.- No sabía nada de mi plan, pero ya sabes que tiene un sentido extra en eso de saber cuando hay algo extraño pasando en el reino. Verme allí debió fundirle algunos los cables, y aunque no dijo nada, se disponía a salir muy contrariado, así que fui a detenerle para explicarle y... ¡¡SORPRESA!! Le hice caer de rodillas solo con tocar su piel. Pero... ¿cómo? Normalmente tardaba varios minutos en drenar a la gente sin ningún poder. Era contradictorio... ¿Qué era diferente con Oneiros?
Y así descubrí, que el poder de succionar más o menos energía, no depende únicamente del poder del demonio, sino que es directamente proporcional al deseo que tenga el súcubo por su víctima y de su víctima por el súcubo.
Phobetor no pudo ocultar una expresión contrariada, demostrando que era una información que desconocía totalmente. Phantasos sonrió y se dedicó a pasear por la habitación revisando la decoración. La época de caza de brujas e inquisidores debía ser la favorita de Phobetor. Podía imaginarlo perfectamente inspirando a más de uno... o tal vez había sido a la inversa.
- Tenía la corazonada de que deseabas usurpar el puesto de Hypnos, pero lo de hoy...- negó con la cabeza. Era la primera y única norma estrictamente obligada para un oniro: no crear un sueño de Hypnos. Cogió una daga que colgaba de la pared y la puso en la garganta de Phobetor- Tú nunca serás él y nunca te rendiremos pleitesía. Debiste aceptarlo hace mucho tiempo. En cambio, has cometido traición. Me encantaría castigarte yo misma por eso, te lo aseguro. Pero será mi señor quien se encargue de ti.
- Eso no ocurrirá.- Prácticamente escupió sus palabras- Nadie va a venir a buscarte y no te voy a permitir salir de esta prisión durante los próximos milenios. ¿Crees que eres la única que tiene un as bajo la manga? Vas a tener que pagar por todo lo que ha pasado hoy. Vas a desear jamás haber entrado aquí.
Phobetor hablaba cada vez con más claridad. Phantasos lo miró con atención. Tenía más capacidad de movimiento y su odio se había incrementado notablemente, y añadido a éste, podía empezar a entreverse la obsesión en unos ojos marcados por una creciente locura. Se mostró cauta. Confiaba en poder escapar de allí sin problema, pero agradecía contar con el comodín de haber advertido a Hypnos de sus intenciones. Había enviado una mariposa negra y morada justo antes de ir allí con un mensaje conciso: “Llegó el momento”. No podía arriesgarse a dar más información, pues sus hermanos desconocían sus intenciones.
En ese instante, el suelo comenzó a temblar. La habitación seguía exactamente igual, pero Phantasos podía saber que por fuera, la prisión estaba cambiando de forma. Sin saber por qué, se sentía más claustrofóbica que antes y probablemente así fuese en realidad.
- Se acabaron los juegos, Phobetor. ¿O acaso deseas la muerte?
- No puedes hacerlo y lo sabes. Solo puedes intentar debilitarme, pero ¿me crees tan ignorante? Te conozco lo suficiente. Sé que tu poder solo te deja llevar a cabo un número concreto de transformaciones y que tienen un tiempo limitado.- Consiguió incorporarse en la cama.- Sé que los súcubos no pueden absorber energía de forma indefinida y probablemente, hayas llegado a ese extremo.
El oniro comenzó a acumular cosmos y una energía negra le envolvió. Su apariencia tomaba más el aspecto de un auténtico demonio. Phantasos se sorprendió de la cantidad de poder que podía llegar a acumular a pesar de haber sido drenado. La situación empezaba a ponerse peligrosa, así que optó por crear un portal dimensional y salir de allí... pero no pudo hacerlo. Phobetor sonrió.
- Te recuerdo que no estás en tu hermoso palacio cambiante. Estás en una prisión, creada para albergar en su interior a las más oscuras criaturas y ser capaz de contenerlas. Fue creada por Hypnos y goza de todo su poder. Da igual todo el que me arrebates, seguirá siendo imposible para ti escapar de aquí mientras yo domine la prisión.
Por alguna razón, Phantasos empezó a temer que lo que decía es cierto. Intentó desmaterializarse y traspasar el muro, pero una extraña barrera mágica lo impedía. Su siguiente intento fue transformarse en dragón. Lanzó una potente bocanada de fuego contra el trancón que había cerrado Phobetor al entrar en la habitación, creyendo que tal vez ahí estaría la clave para salir, pero a pesar de ser derretido, todo se mantuvo de la misma manera.
- Es completamente inútil. Todo podía haber sido muy diferente hoy. En vez de eso, vas a poder contemplar con tus propios ojos lo cruel que puedo llegar a ser con los que intentan manipularme.
La oniro volvió a su estado original. Se le estaban acabando las ideas y tal y como Phobetor había dicho, no podría seguir usando su cosmos indefinidamente.
- Hypnos sabe que he venido aquí.
La gran carcajada retumbó por toda la habitación. Helaba la sangre solo con oírla.
- Debes estar muy desesperada para jugar esa carta.- Phobetor entonces materializó en su mano una especie de esfera oscura. En su interior, una mariposa revoloteaba intentando escapar.- Me temo que no.
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¿Cuánto tiempo habrá pasado?, ¿Un par de horas?, ¿algunos días?, ¿años? En esa prisión el tiempo realmente no pasaba. Todo, poco a poco, perdía su sentido. Lo primero en irse fue el miedo, ya no importaba el dolor, la idea de vivir eternamente encerrada. Después se fue la esperanza, su mejor oportunidad había sido en el momento en que la transformación de súcubo estaba en su punto mas álgido, pero ya no podía controlarla más. La energía absorbida fue utilizada en los primeros instantes defensivos, pero ahora, la energía robada y la energía propia se habían consumido. Sus ojos otrora claros, ahora denotaban un gris muerto, su cuerpo, otrora hermoso, piel tersa y clara, pellos firmes y exuberantes, sonrisa hermosa, mirada alegre, de aquello ni siquiera una sombra quedaba. Su piel llena de moretones, sus curvas no se distinguían por la gran cantidad de sangre que la rodeaba. No había podido invocar su armadura, era un gran punto en contra, tal vez con su armadura hubiese dado mas batalla, Phobetor ciertamente la invocó cuando ella demostró su tenacidad.
En un principio el intentó consumar el acto, utilizar su fuerza, su posición para deshojar aquella flor. Pero pronto se dio cuenta que aquello difícilmente sería posible. Phantasos se defendió, recurrió a diversas transformaciones, pero ninguna de ellas lo suficientemente poderosa como para hacer frente a Phobetor en su propia prisión, conforme el tiempo pasaba Phantasos se debilitaba y Phobetor ganaba en poder. Aquella prisión era efectiva, así había sido diseñada. Aún y cuando había muerto la esperanza de poder salir de ahí por sus propios medios aún estaba esa pequeña esperanza de que el viniera. De que aquel hombre por el cual su corazón vivía, por el cual su ser, era, viniera a poner orden. Después de todo, el le había dado aquella idea, el le había permitido realizar su venganza.
En algún momento de la batalla lloró, lloró por que el no llegaba, lloró de rabia por no haber sido suficientemente fuerte como para concluir su venganza, se escaparon esas lagrimas que no deben escaparse. Esas lagrimas que vienen del corazón.
Ahí estaba, tirada en un rincón de una dimensión desconocida para ella, en un rincón oscuro de aquella prisión en donde la tortura y el dolor era lo habitual. De vez en vez, cuando la sangre se secaba, cuando las heridas parecían sanar Phobetor volvía, intentaba besarla, lamer la sangre de su mejilla, introducir su mano bajo sus ropas, y aún en el mas débil estado, había un fuego interno en ella que la hacía levantarse y seguir luchando. Su cosmo ardía con fuerza, con tanta fuerza que su cuerpo lo resentía, y así, lo evitaba. Phobetor entendía que debía alejarse, y lo hacía. Dejaba que la prisión hiciera lo propio, que la misma prisión terminara absorbiendo aquellos desplantes de fuerza, de poder, de tenacidad.
–Aún no es tiempo… –Decía mientras sonreía de forma retorcida. El sabía que pronto el cuerpo de Phantasos se debilitaría a tal grado que dejaría de funcionar, a pesar de que su voluntad fuera irrompible poco a poco su fuerza se iría, y entonces, antes de que ella dejara de existir, el podría humillarla de forma definitiva, tomar lo que había querido, concluir con su retorcido deseo de poder sobre ella, sobre Hypnos.
Pero como pasa con aquellos quienes la soberbia reina y establece su proceder el no podía ver mas allá de sus planes, mas allá de su propia autosuficiencia. El sabía que nadie podía entrar a esa prisión si el no lo permitía. Y sabía que no había manera que Hypnos pudiera saber donde estaba Phantasos, después de todo no era poco habitual que los oniros pasaran años o décadas fuera de la vista de Hypnos. Para cuando el se diera cuenta, sería muy tarde, nadie podría culparlo. Ni siquiera Oneiro, su odioso hermano, nadie podría probar que el acabo con la consentida del mundo de los sueños.
Al tener su visión limitada en si mismo no contaba con un detalle que podría parecer minúsuculo. Hypnos había tomado parte de la creación de los Oniros como tales. Aunque sus orígenes pudieran ser variados Hypnos los entrenó, compartió parte de su energía, parte de si mismo en ellos había una conexión profunda, casi imperceptible con cada uno de ellos. En el momento que el alma inmortal de Phantasos comenzó a desfallecer Hypnos lo sintió.
Sintió la inquietud en su pecho, su corazón por un momento se aceleró. Sintió como estaba a punto de perder algo preciado. Pronto ató cabos, si el reino de los sueños estuviera enfrentando una amenaza mortal el ya se hubiera enterado. Pronto asoció la última conversación sostenida con Phantasos con aquel sentimiento de vacío en su pecho.
En la prisión de Phobetor un portal se abrió, una poderosa luz púrpura parecía entrar primero por el portal, una vez esa luz hubo de amainar la silueta de Hypnos apareció. No encontró a sus oníros en aquella primera intervención. Utilizó su poder para hurgar en esa dimensión, las paredes comenzaron a moverse, transformarse, ir y venir, la dimensión se colapsaba y expandía a gran velocidad, hasta que, por fin, frente a él, la vio.
La reconoció solo por su comos. El corazón de Hypnos se apretujó. Se acercó a ella, ella parecía haberle reconocido, sus ojos apenas se abrieron, sus labios intentaron moverse, pero solo temblaron. Hasta ese momento había estado sentada, lo mas erguida que podía estarlo, pero al reconocerlo se desplomó, sabía que ya no tenía que seguir luchando. Ella pensabase morir, por lo menos lo haría con la imagen de su Dios como su última imagen.
Hypnos, que ya se había agachado, la tomó entre sus brazos para que no se desplomara totalmente. La levantó. Presionó su mandíbula. Con su energía había llamado a Phobetor desde que había llegado a aquella dimensión. En aquel momento, el apareció. Se arrodilló.
–Mi señor, Phantasos se volvió loca, intentó absorber parte de mi energía. Se aprovechó de mi amor hacia ella para hacerme caer en una trampa. –Hizo una pausa buscando la forma correcta de seguir. –No quise preocuparlo, o molestarlo, así que decidí que lo mejor sería que ella aprendiera una lección, aquí, en esta prisión especial para aquellos que necesitan aprender. –
Hypnos le miraba, no con ira, u odio, si no con un dejo de tristeza. Después de todo, a el también le amaba, como a su hermano, o hijo. Se reprochaba así mismo varias cosas. El haberle permitido a Phantasos intentar vengarce. El no haber visto en Phobetor la traición que se fraguaba. El que su autoridad había sido transgredida por Phantasos, Oneiro y Phobetor en el primer altercado, que ahora Phobetor creía que podía salirse con la suya.
Hypnos no le dirigió palabra. Le dolía ver sus errores reflejados en Phobetor, tanto como le dolía ver a Phantasos tan lastimada. Phobetor continuaba hincado, Hypnos comenzó a usar su cosmoenergía para sanar un poco a Phantasos, evitar que cruzara el umbral eterno de la muerte.
Detrás de Phobetor 2 siluetas aparecieron, Oneiro y Morpheo, quienes habían sido llamados justo en ese momento. La sorpresa en sus rostros no fue disimulada. El dolor de Oneiro era evidente, así como el proceso en que ese dolor se convirtió en ira.
–Morpheo, dejo a Phobetor en tus manos, asegúrate que el castigo sea equivalente a la afrenta. – Morfeo no podía articular palabra en principio, pero después de unos segundos asintió. Oneiro dio un paso al frente.
–Señor, permítame a mi retribuir lo que Phobetor se merece. –
Hypnos negó con la cabeza, si dejaba a Phobetor en manos de Oneiro, aquella escena se repetiría, y probablemente Phobetor no tendría tanta suerte como Phantasos.
–Tu misión es otra. – Dijo Hypnos–Cuida a Phantasos, llévala a su reino y asegúrate de que se recupere al 100%, la dejo en tus manos, confió en ti.
Era lo mejor, Hypnos podía cuidarla sin duda, pero aquello crearía un vínculo más fuerte entre ellos. Mas envidia, mas problemas.
Se acercó a Oneiro, dejó a Phantasos en sus brazos. Acarició su cabeza de forma amistosa, agitando sus mechones ensangrentados.
–Lo hiciste bien. Te dije que el vampiro era mejor idea… –
Phobetor había intentado huir, nadie lo había notado, pero su cuerpo estaba atado al piso desde que apareció, no podía mover un músculo por efecto de la energía de Hypnos.
–Has demostrado desdén hacia Hades, hacia tu reino, hacia tus hermanos, hacia mí. Mereces el olvido…– No estaba seguro del final de Phobetor, pero estaba seguro de que Morpheo se aseguraría de que el castigo fuera acorde a la transgresión.
En un principio el intentó consumar el acto, utilizar su fuerza, su posición para deshojar aquella flor. Pero pronto se dio cuenta que aquello difícilmente sería posible. Phantasos se defendió, recurrió a diversas transformaciones, pero ninguna de ellas lo suficientemente poderosa como para hacer frente a Phobetor en su propia prisión, conforme el tiempo pasaba Phantasos se debilitaba y Phobetor ganaba en poder. Aquella prisión era efectiva, así había sido diseñada. Aún y cuando había muerto la esperanza de poder salir de ahí por sus propios medios aún estaba esa pequeña esperanza de que el viniera. De que aquel hombre por el cual su corazón vivía, por el cual su ser, era, viniera a poner orden. Después de todo, el le había dado aquella idea, el le había permitido realizar su venganza.
En algún momento de la batalla lloró, lloró por que el no llegaba, lloró de rabia por no haber sido suficientemente fuerte como para concluir su venganza, se escaparon esas lagrimas que no deben escaparse. Esas lagrimas que vienen del corazón.
Ahí estaba, tirada en un rincón de una dimensión desconocida para ella, en un rincón oscuro de aquella prisión en donde la tortura y el dolor era lo habitual. De vez en vez, cuando la sangre se secaba, cuando las heridas parecían sanar Phobetor volvía, intentaba besarla, lamer la sangre de su mejilla, introducir su mano bajo sus ropas, y aún en el mas débil estado, había un fuego interno en ella que la hacía levantarse y seguir luchando. Su cosmo ardía con fuerza, con tanta fuerza que su cuerpo lo resentía, y así, lo evitaba. Phobetor entendía que debía alejarse, y lo hacía. Dejaba que la prisión hiciera lo propio, que la misma prisión terminara absorbiendo aquellos desplantes de fuerza, de poder, de tenacidad.
–Aún no es tiempo… –Decía mientras sonreía de forma retorcida. El sabía que pronto el cuerpo de Phantasos se debilitaría a tal grado que dejaría de funcionar, a pesar de que su voluntad fuera irrompible poco a poco su fuerza se iría, y entonces, antes de que ella dejara de existir, el podría humillarla de forma definitiva, tomar lo que había querido, concluir con su retorcido deseo de poder sobre ella, sobre Hypnos.
Pero como pasa con aquellos quienes la soberbia reina y establece su proceder el no podía ver mas allá de sus planes, mas allá de su propia autosuficiencia. El sabía que nadie podía entrar a esa prisión si el no lo permitía. Y sabía que no había manera que Hypnos pudiera saber donde estaba Phantasos, después de todo no era poco habitual que los oniros pasaran años o décadas fuera de la vista de Hypnos. Para cuando el se diera cuenta, sería muy tarde, nadie podría culparlo. Ni siquiera Oneiro, su odioso hermano, nadie podría probar que el acabo con la consentida del mundo de los sueños.
Al tener su visión limitada en si mismo no contaba con un detalle que podría parecer minúsuculo. Hypnos había tomado parte de la creación de los Oniros como tales. Aunque sus orígenes pudieran ser variados Hypnos los entrenó, compartió parte de su energía, parte de si mismo en ellos había una conexión profunda, casi imperceptible con cada uno de ellos. En el momento que el alma inmortal de Phantasos comenzó a desfallecer Hypnos lo sintió.
Sintió la inquietud en su pecho, su corazón por un momento se aceleró. Sintió como estaba a punto de perder algo preciado. Pronto ató cabos, si el reino de los sueños estuviera enfrentando una amenaza mortal el ya se hubiera enterado. Pronto asoció la última conversación sostenida con Phantasos con aquel sentimiento de vacío en su pecho.
En la prisión de Phobetor un portal se abrió, una poderosa luz púrpura parecía entrar primero por el portal, una vez esa luz hubo de amainar la silueta de Hypnos apareció. No encontró a sus oníros en aquella primera intervención. Utilizó su poder para hurgar en esa dimensión, las paredes comenzaron a moverse, transformarse, ir y venir, la dimensión se colapsaba y expandía a gran velocidad, hasta que, por fin, frente a él, la vio.
La reconoció solo por su comos. El corazón de Hypnos se apretujó. Se acercó a ella, ella parecía haberle reconocido, sus ojos apenas se abrieron, sus labios intentaron moverse, pero solo temblaron. Hasta ese momento había estado sentada, lo mas erguida que podía estarlo, pero al reconocerlo se desplomó, sabía que ya no tenía que seguir luchando. Ella pensabase morir, por lo menos lo haría con la imagen de su Dios como su última imagen.
Hypnos, que ya se había agachado, la tomó entre sus brazos para que no se desplomara totalmente. La levantó. Presionó su mandíbula. Con su energía había llamado a Phobetor desde que había llegado a aquella dimensión. En aquel momento, el apareció. Se arrodilló.
–Mi señor, Phantasos se volvió loca, intentó absorber parte de mi energía. Se aprovechó de mi amor hacia ella para hacerme caer en una trampa. –Hizo una pausa buscando la forma correcta de seguir. –No quise preocuparlo, o molestarlo, así que decidí que lo mejor sería que ella aprendiera una lección, aquí, en esta prisión especial para aquellos que necesitan aprender. –
Hypnos le miraba, no con ira, u odio, si no con un dejo de tristeza. Después de todo, a el también le amaba, como a su hermano, o hijo. Se reprochaba así mismo varias cosas. El haberle permitido a Phantasos intentar vengarce. El no haber visto en Phobetor la traición que se fraguaba. El que su autoridad había sido transgredida por Phantasos, Oneiro y Phobetor en el primer altercado, que ahora Phobetor creía que podía salirse con la suya.
Hypnos no le dirigió palabra. Le dolía ver sus errores reflejados en Phobetor, tanto como le dolía ver a Phantasos tan lastimada. Phobetor continuaba hincado, Hypnos comenzó a usar su cosmoenergía para sanar un poco a Phantasos, evitar que cruzara el umbral eterno de la muerte.
Detrás de Phobetor 2 siluetas aparecieron, Oneiro y Morpheo, quienes habían sido llamados justo en ese momento. La sorpresa en sus rostros no fue disimulada. El dolor de Oneiro era evidente, así como el proceso en que ese dolor se convirtió en ira.
–Morpheo, dejo a Phobetor en tus manos, asegúrate que el castigo sea equivalente a la afrenta. – Morfeo no podía articular palabra en principio, pero después de unos segundos asintió. Oneiro dio un paso al frente.
–Señor, permítame a mi retribuir lo que Phobetor se merece. –
Hypnos negó con la cabeza, si dejaba a Phobetor en manos de Oneiro, aquella escena se repetiría, y probablemente Phobetor no tendría tanta suerte como Phantasos.
–Tu misión es otra. – Dijo Hypnos–Cuida a Phantasos, llévala a su reino y asegúrate de que se recupere al 100%, la dejo en tus manos, confió en ti.
Era lo mejor, Hypnos podía cuidarla sin duda, pero aquello crearía un vínculo más fuerte entre ellos. Mas envidia, mas problemas.
Se acercó a Oneiro, dejó a Phantasos en sus brazos. Acarició su cabeza de forma amistosa, agitando sus mechones ensangrentados.
–Lo hiciste bien. Te dije que el vampiro era mejor idea… –
Phobetor había intentado huir, nadie lo había notado, pero su cuerpo estaba atado al piso desde que apareció, no podía mover un músculo por efecto de la energía de Hypnos.
–Has demostrado desdén hacia Hades, hacia tu reino, hacia tus hermanos, hacia mí. Mereces el olvido…– No estaba seguro del final de Phobetor, pero estaba seguro de que Morpheo se aseguraría de que el castigo fuera acorde a la transgresión.

Re: .:: Somnus ::.
Oneiros no tuvo más remedio que seguir las órdenes del dios del sueño. Eran muchos los sentimientos encontrados en ese instante y sin duda alguna, podría desquitarse de todos ellos contra aquel monstruo que decía llamarse hermano.
Pero Hypnos tenía otros planes. Sería Morpheo quien gozaría de la venganza que todos deseaban tomar. No le cabía duda de que éste haría un buen trabajo, aunque su mano templada seguramente sería demasiado piadosa para su gusto. Por suerte su señor no había dicho nada sobre Ikelos y estaba seguro que su hermano no dudaría en darle el aviso para ayudarle con el castigo.
Recibió a Phantasos de los brazos de Hypnos. Agradecía tener sus manos ocupadas en ese instante con algo tan importante, porque de no ser así, aquella visión le habría hecho enloquecer y arremeter contra Phobetor sin importarle las consecuencias.
A pesar de ello, simplemente bajó la cabeza en gesto de sumisión y alzó su vuelo hasta el reino de Fantasía, dejando a todos los demás atrás.
El vuelo fue rápido, tanto como pudo. No tenía sentido hacerlo, pues a diferencia de la prisión de Phobetor, Phantasos no se nutría de la energía de Fantasía, sino más bien al contrario. Aún así, simplemente quería alejar a la joven de aquel monstruoso lugar y llevarla a uno más seguro.
Oneiros frunció el ceño al encontrarse frente al castillo de Phantasos. Nunca dejaba de asombrarle la capacidad del propio emplazamiento para cambiar de forma al igual que su dueña, dependiendo del estado de ésta. Había requerido de muchos siglos de observación para llegar a concluir que el número de cascadas variaba dependiendo de la inquietud de la diosa, que el castillo se volvía más recóndito e impenetrable cuando Phantasos urdía algún plan o simplemente que los sueños alados revoloteaban alrededor cuando ésta se sentía feliz. Podría seguir enumerando millones de alternativas, pero no era necesario ser ningún sabio para entender lo que reflejaba el lugar en ese instante.

La escalinata de piedra que llevaba a la puerta principal estaba resquebrajada. Los árboles que solían adornar la entrada se mostraban secos y desnudos. No parecía haber ningún resquicio de vida, excepto el del musgo abriéndose paso entre las paredes negras del castillo.
Oneiros se quedó unos segundos quieto frente a la puerta. Sabía que el castillo usualmente no se mostraba como la típica casa humana, pero también sabía que podía serlo de ser preciso.
Las puertas se abrieron solas y permitieron la entrada al oniro. Solo tuvo que avanzar unos metros y cruzar otra puerta para llegar a la habitación de Phantasos, donde al fin pudo dejarla descansando sobre la cama.
No podía evitar recordar las docenas de veces que había hecho aquel mismo gesto a lo largo de su vida, especialmente cuando ambos entrenaban juntos. Daba igual cuantas veces le gritara a la mujer que no llegara hasta esos extremos, siempre acababa desmayada o extenuada por el sobreesfuerzo de querer superar sus límites. Sin embargo era la primera vez que la encontraba en tan mal estado. Contuvo la respiración para concentrarse en la idea de permanecer allí y no volver sobre sus pasos a cobrar venganza.
Phantasos abrió los ojos y se quedó mirando el movimiento del fuego de las velas próximas a ella. Reconocía perfectamente el lugar, pero era difícil saber si era real o no... pronto lo sabría. Enfocó su vista más a la lejanía y entonces contempló la figura de su hermano Oneiros acercándose a ella.
Intentó arrastrarse sobre las sábanas para alejarse de él, pero todo su cuerpo seguía brutalmente dañado. Sentía que había recuperado algo de cosmos, así que transformó las uñas de sus manos a unas tan afiladas que parecían aguijones.
- No es necesario que hagas eso, ya estás a salvo.- El oniro se detuvo, observando la reacción e intentando averiguar qué pasaba por la mente de la mujer.
- Si yo digo (…)
- Yo respondo (…)
La oniro hizo retroceder su transformación, sintiendo una extraña calma a la vez. No podía dejar de estar alerta, a pesar de que aquella contraseña inventada con su hermano milenios atrás resultaba casi imposible de haber sido robada por Phobetor.
Oneiros se acercó lentamente, consciente de la desconfianza que todavía percibía de Phantasos. Al llegar al borde de la cama, se agachó para quedar de rodillas y así quedar a su altura.
- ¿Qué... día es?
- Sábado 27. Has dormido dos días enteros.
Phantasos reflexionó un instante, contando los días que, según lo que decía su hermano, había permanecido en la prisión. Sentía que su pensamiento estaba enlentecido, aunque no era de extrañar.
- ¿Ocho... días?
Se llevó la mano a la frente. Le dolía muchísimo la cabeza, incluso la luz tenue de las velas le ofendía. Oneiros frunció el ceño. La sola idea de imaginar a Phantasos atrapada durante tanto tiempo a merced de Phobetor hizo que un escalofrío le recorriera la espalda. No obstante...
- No pueden ser ocho días... te vi hace tres. Estoy seguro. Sobrevolabas el río.
Lo dijo con serenidad, pero tampoco pudo ocultar un tono de duda. No solo porque iba en contra de lo que él mismo había visto, sino porque la mujer no estaba lúcida y porque realmente le costaba creer que la oniro hubiese podido aguantar tanto tiempo contra un adversario como Phobetor en su prisión. Phantasos se dio cuenta de lo que debía estar pensando Oneiros, pero aún así, mantuvo silencio.
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- Da igual cuánto te empeñes, es inútil. No hay necesidad de alargar la agonía.- Las palabras de Phobetor en su mente retumbaban, se mezclaban en una bruma oscura, parecían lejanas y a la vez demasiado próximas.- Te dejaré reflexionar al respecto durante un tiempo. No queremos que nuestros queridos hermanos se preocupen, ¿verdad? Tienes suerte de tenerme a mí para cumplir tus deberes de oniro y hacer que nadie note tu ausencia.
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Sintió como sus propias uñas se clavaban en su cabeza, aunque era algo inútil. Intentaba borrar los recuerdos de su mente, pero en vez de eso, éstos iban aflorando cada vez con más claridad.
- ¿Cómo me habéis encontrado?
- No fuimos nosotros, fue nuestro señor el que sintió que tu vida se apagaba.
Phantasos se sorprendió. Hacía varios meses que no veía al dios del sueño. Podía recordar claramente la última vez que lo había visto, saliendo de su palacio. Phantasos se había armado de valor para acercarse hasta él, como nunca había hecho hasta entonces, dejando su nariz a la altura de los labios del dios. Es más, podía recordar incluso haber rozado su piel con las pestañas, para después despedirse de él con un cálido “todo está bien”.
Aquel recuerdo le trajo una extraña paz que rápidamente se vio interrumpida por otras imágenes procedentes de la prisión, hasta que la voz de Oneiros la trajo de nuevo de vuelta a la realidad.
- Cuando Morpheo y yo llegamos a la prisión, él ya te estaba curando y había conseguido bloquear la huida de Phobetor. No puedo decirte más.
Pensaba que aquellas palabras tranquilizarían a su hermana, pero por el contrario, su rostro se congeló por un instante y sus ojos se abrieron notablemente, reflejando un pánico auténtico.
- El Hypnos real... ¿ha estado allí?- Oneiros asintió, mientras valoraba lo que quería decir con “real” y veía como la cara de Phantasos se desencajaba aún más si era posible- Yo... él... ¿está bien?
- ¿Qué estás insinuando? Tu soberbia es bastante irritante si realmente crees que tú o Phobetor tenéis la capacidad de poder llegar a dañar a nuestro señor.- intervino con tono molesto.
- Tienes razón... tienes razón...- su corazón parecía tranquilizarse. Cerró los ojos y los tapó con sus manos. Si lo pensaba más detenidamente, lo último que recordaba antes de colapsar, era un brillo familiar.
- Fue él quien te trajo hasta mis brazos. Me ordenó que cuidara de ti hasta que estuvieses recuperada al 100%- Le habría dicho que parecía bastante afectado, pero no lo hizo, pues sabía la reacción que habría tenido la oniro sería la de levantarse e ir a buscarlo.- Creo que habría querido venir hasta aquí.- “Pero no sé por qué no lo ha hecho” le hubiese gustado agregar.
Phantasos lo miró con atención mientras hablaba. Estaba claro que Oneiros estaba cuidando su discurso, algo que hacía cuando quería ocultar algo a su interlocutor. En cualquier otro momento, aquello habría sido un buen motivo para dar vueltas a su cabeza durante varios días sobre por qué el dios del sueño no la había acompañado, pero ahora era diferente.
- Así es como debe ser- dijo con calma. Su mirada quedó perdida nuevamente en el fuego de la vela y después agregó algo que conmocionó a su hermano- No quiero ver a Hypnos.
Un silencio aplastante inundó el dormitorio.
Si alguna vez Oneiros hubiese tenido que apostar sobre la frase que jamás escucharía saliendo de Phantasos, ésa habría sido la primera que habría acudido a su cabeza. Incluso la forma de referirse a su señor, de una forma tan poco respetuosa, le chirriaba viniendo de ella. Necesitaba información, urgentemente. Toda aquella historia estaba empezando a sobrepasar su paciencia.
- ¿Vas a contarme lo que ha pasado en esa prisión?
- No.- respondió tajante.
- ¿Tampoco el por qué fuiste allí?
- Tampoco.
Respiró hondo intentando calmarse. Recordaba perfectamente el día que encontró a Phantasos en la zona de los sueños del deseo y la conversación que habían tenido. No había dado ninguna pista sobre lo que pretendía hacer, pero estaba seguro de que ya entonces se estaba preparando para ese momento.
- ¿Lo habías planeado todo, verdad? Aquel día me mentiste.
- No lo hice. Solo no te conté todo lo que había pensado. Te habrías opuesto.
- ¡Por supuesto! Era un suicidio anunciado.
- Ha sido un éxito. Solo cometí un pequeño error al creer que la prisión seguía igual que cuando la conocí.
- ¿Ha sido...? ... ¿pequeño...?- Oneiros enfureció y se puso de pie con rapidez. Agarró las sábanas con fuerza, tiró de ellas hasta el pie de la cama y la dejó completamente al descubierto.- ¡Mírate! ¿A esto lo llamas un “éxito”?
La joven aún tenía los restos secos de sangre en todo su cuerpo amoratado y numerosas cicatrices todavía eran visibles en su delicada piel. Phantasos se mostró incómoda. No por sus heridas, sino porque su hermano la viera vestida de ese modo.
- No es la primera vez que me caigo del acantilado- murmuró más para sí misma. Sabía desde el primer momento que su hermano no iba a comprender nada de lo ocurrido.- Las heridas sanarán en cuanto me encargue de eso. Para el resto... solo necesito tiempo.
- Tiempo... la última vez que te oí decir eso, acabaste rodeada de pesadillas y a punto de ser degradada ¿recuerdas?
- Solo quería sacar a Phobetor de mi vida... de nuestras vidas. ¿Por qué te cuesta tanto entenderlo? Hypnos lo comprendió al instante ¿por qué tú no?
- ¡PORQUE YO NO SOY HYPNOS!
Ambos se quedaron en silencio tras aquel grito, observándose sin atreverse a hablar. Oneiros mantuvo la respiración mientras giraba sobre sus pies y se alejaba hasta el balcón. Apretó sus manos contra la piedra de la barandilla, quebrando ésta poco a poco. De haber podido, habría salido de allí, pero todavía debía cumplir su cometido.
- ¿A eso se refería con lo de “te dije que el vampiro era mejor idea”? ¿Lo planeasteis juntos?
- No exactamente. Solo le expuse mi plan, me aconsejó y dejó que yo decidiese por mí misma.- “Porque él confía en mi capacidad, a diferencia de ti” se dijo.
- Debió detenerte, nada de esto habría pasado. Habéis sido unos irresponsables.
Phantasos respiró hondo, conteniendo su lengua. Podía dar todas las explicaciones posibles sobre su naturaleza o sus anhelos y éste jamás las entendería. Podría haber salido de allí con un mero rasguño en el dedo y también lo habría considerado un fracaso. Efectivamente, su hermano no era Hypnos. La mujer finalmente se levantó de la cama y salió de la habitación, dejando atrás al oniro.
Pero Hypnos tenía otros planes. Sería Morpheo quien gozaría de la venganza que todos deseaban tomar. No le cabía duda de que éste haría un buen trabajo, aunque su mano templada seguramente sería demasiado piadosa para su gusto. Por suerte su señor no había dicho nada sobre Ikelos y estaba seguro que su hermano no dudaría en darle el aviso para ayudarle con el castigo.
Recibió a Phantasos de los brazos de Hypnos. Agradecía tener sus manos ocupadas en ese instante con algo tan importante, porque de no ser así, aquella visión le habría hecho enloquecer y arremeter contra Phobetor sin importarle las consecuencias.
A pesar de ello, simplemente bajó la cabeza en gesto de sumisión y alzó su vuelo hasta el reino de Fantasía, dejando a todos los demás atrás.
El vuelo fue rápido, tanto como pudo. No tenía sentido hacerlo, pues a diferencia de la prisión de Phobetor, Phantasos no se nutría de la energía de Fantasía, sino más bien al contrario. Aún así, simplemente quería alejar a la joven de aquel monstruoso lugar y llevarla a uno más seguro.
Oneiros frunció el ceño al encontrarse frente al castillo de Phantasos. Nunca dejaba de asombrarle la capacidad del propio emplazamiento para cambiar de forma al igual que su dueña, dependiendo del estado de ésta. Había requerido de muchos siglos de observación para llegar a concluir que el número de cascadas variaba dependiendo de la inquietud de la diosa, que el castillo se volvía más recóndito e impenetrable cuando Phantasos urdía algún plan o simplemente que los sueños alados revoloteaban alrededor cuando ésta se sentía feliz. Podría seguir enumerando millones de alternativas, pero no era necesario ser ningún sabio para entender lo que reflejaba el lugar en ese instante.

La escalinata de piedra que llevaba a la puerta principal estaba resquebrajada. Los árboles que solían adornar la entrada se mostraban secos y desnudos. No parecía haber ningún resquicio de vida, excepto el del musgo abriéndose paso entre las paredes negras del castillo.
Oneiros se quedó unos segundos quieto frente a la puerta. Sabía que el castillo usualmente no se mostraba como la típica casa humana, pero también sabía que podía serlo de ser preciso.
Las puertas se abrieron solas y permitieron la entrada al oniro. Solo tuvo que avanzar unos metros y cruzar otra puerta para llegar a la habitación de Phantasos, donde al fin pudo dejarla descansando sobre la cama.
No podía evitar recordar las docenas de veces que había hecho aquel mismo gesto a lo largo de su vida, especialmente cuando ambos entrenaban juntos. Daba igual cuantas veces le gritara a la mujer que no llegara hasta esos extremos, siempre acababa desmayada o extenuada por el sobreesfuerzo de querer superar sus límites. Sin embargo era la primera vez que la encontraba en tan mal estado. Contuvo la respiración para concentrarse en la idea de permanecer allí y no volver sobre sus pasos a cobrar venganza.
--------------------------- * ---------------------------
Phantasos abrió los ojos y se quedó mirando el movimiento del fuego de las velas próximas a ella. Reconocía perfectamente el lugar, pero era difícil saber si era real o no... pronto lo sabría. Enfocó su vista más a la lejanía y entonces contempló la figura de su hermano Oneiros acercándose a ella.
Intentó arrastrarse sobre las sábanas para alejarse de él, pero todo su cuerpo seguía brutalmente dañado. Sentía que había recuperado algo de cosmos, así que transformó las uñas de sus manos a unas tan afiladas que parecían aguijones.
- No es necesario que hagas eso, ya estás a salvo.- El oniro se detuvo, observando la reacción e intentando averiguar qué pasaba por la mente de la mujer.
- Si yo digo (…)
- Yo respondo (…)
La oniro hizo retroceder su transformación, sintiendo una extraña calma a la vez. No podía dejar de estar alerta, a pesar de que aquella contraseña inventada con su hermano milenios atrás resultaba casi imposible de haber sido robada por Phobetor.
Oneiros se acercó lentamente, consciente de la desconfianza que todavía percibía de Phantasos. Al llegar al borde de la cama, se agachó para quedar de rodillas y así quedar a su altura.
- ¿Qué... día es?
- Sábado 27. Has dormido dos días enteros.
Phantasos reflexionó un instante, contando los días que, según lo que decía su hermano, había permanecido en la prisión. Sentía que su pensamiento estaba enlentecido, aunque no era de extrañar.
- ¿Ocho... días?
Se llevó la mano a la frente. Le dolía muchísimo la cabeza, incluso la luz tenue de las velas le ofendía. Oneiros frunció el ceño. La sola idea de imaginar a Phantasos atrapada durante tanto tiempo a merced de Phobetor hizo que un escalofrío le recorriera la espalda. No obstante...
- No pueden ser ocho días... te vi hace tres. Estoy seguro. Sobrevolabas el río.
Lo dijo con serenidad, pero tampoco pudo ocultar un tono de duda. No solo porque iba en contra de lo que él mismo había visto, sino porque la mujer no estaba lúcida y porque realmente le costaba creer que la oniro hubiese podido aguantar tanto tiempo contra un adversario como Phobetor en su prisión. Phantasos se dio cuenta de lo que debía estar pensando Oneiros, pero aún así, mantuvo silencio.
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- Da igual cuánto te empeñes, es inútil. No hay necesidad de alargar la agonía.- Las palabras de Phobetor en su mente retumbaban, se mezclaban en una bruma oscura, parecían lejanas y a la vez demasiado próximas.- Te dejaré reflexionar al respecto durante un tiempo. No queremos que nuestros queridos hermanos se preocupen, ¿verdad? Tienes suerte de tenerme a mí para cumplir tus deberes de oniro y hacer que nadie note tu ausencia.
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Sintió como sus propias uñas se clavaban en su cabeza, aunque era algo inútil. Intentaba borrar los recuerdos de su mente, pero en vez de eso, éstos iban aflorando cada vez con más claridad.
- ¿Cómo me habéis encontrado?
- No fuimos nosotros, fue nuestro señor el que sintió que tu vida se apagaba.
Phantasos se sorprendió. Hacía varios meses que no veía al dios del sueño. Podía recordar claramente la última vez que lo había visto, saliendo de su palacio. Phantasos se había armado de valor para acercarse hasta él, como nunca había hecho hasta entonces, dejando su nariz a la altura de los labios del dios. Es más, podía recordar incluso haber rozado su piel con las pestañas, para después despedirse de él con un cálido “todo está bien”.
Aquel recuerdo le trajo una extraña paz que rápidamente se vio interrumpida por otras imágenes procedentes de la prisión, hasta que la voz de Oneiros la trajo de nuevo de vuelta a la realidad.
- Cuando Morpheo y yo llegamos a la prisión, él ya te estaba curando y había conseguido bloquear la huida de Phobetor. No puedo decirte más.
Pensaba que aquellas palabras tranquilizarían a su hermana, pero por el contrario, su rostro se congeló por un instante y sus ojos se abrieron notablemente, reflejando un pánico auténtico.
- El Hypnos real... ¿ha estado allí?- Oneiros asintió, mientras valoraba lo que quería decir con “real” y veía como la cara de Phantasos se desencajaba aún más si era posible- Yo... él... ¿está bien?
- ¿Qué estás insinuando? Tu soberbia es bastante irritante si realmente crees que tú o Phobetor tenéis la capacidad de poder llegar a dañar a nuestro señor.- intervino con tono molesto.
- Tienes razón... tienes razón...- su corazón parecía tranquilizarse. Cerró los ojos y los tapó con sus manos. Si lo pensaba más detenidamente, lo último que recordaba antes de colapsar, era un brillo familiar.
- Fue él quien te trajo hasta mis brazos. Me ordenó que cuidara de ti hasta que estuvieses recuperada al 100%- Le habría dicho que parecía bastante afectado, pero no lo hizo, pues sabía la reacción que habría tenido la oniro sería la de levantarse e ir a buscarlo.- Creo que habría querido venir hasta aquí.- “Pero no sé por qué no lo ha hecho” le hubiese gustado agregar.
Phantasos lo miró con atención mientras hablaba. Estaba claro que Oneiros estaba cuidando su discurso, algo que hacía cuando quería ocultar algo a su interlocutor. En cualquier otro momento, aquello habría sido un buen motivo para dar vueltas a su cabeza durante varios días sobre por qué el dios del sueño no la había acompañado, pero ahora era diferente.
- Así es como debe ser- dijo con calma. Su mirada quedó perdida nuevamente en el fuego de la vela y después agregó algo que conmocionó a su hermano- No quiero ver a Hypnos.
Un silencio aplastante inundó el dormitorio.
Si alguna vez Oneiros hubiese tenido que apostar sobre la frase que jamás escucharía saliendo de Phantasos, ésa habría sido la primera que habría acudido a su cabeza. Incluso la forma de referirse a su señor, de una forma tan poco respetuosa, le chirriaba viniendo de ella. Necesitaba información, urgentemente. Toda aquella historia estaba empezando a sobrepasar su paciencia.
- ¿Vas a contarme lo que ha pasado en esa prisión?
- No.- respondió tajante.
- ¿Tampoco el por qué fuiste allí?
- Tampoco.
Respiró hondo intentando calmarse. Recordaba perfectamente el día que encontró a Phantasos en la zona de los sueños del deseo y la conversación que habían tenido. No había dado ninguna pista sobre lo que pretendía hacer, pero estaba seguro de que ya entonces se estaba preparando para ese momento.
- ¿Lo habías planeado todo, verdad? Aquel día me mentiste.
- No lo hice. Solo no te conté todo lo que había pensado. Te habrías opuesto.
- ¡Por supuesto! Era un suicidio anunciado.
- Ha sido un éxito. Solo cometí un pequeño error al creer que la prisión seguía igual que cuando la conocí.
- ¿Ha sido...? ... ¿pequeño...?- Oneiros enfureció y se puso de pie con rapidez. Agarró las sábanas con fuerza, tiró de ellas hasta el pie de la cama y la dejó completamente al descubierto.- ¡Mírate! ¿A esto lo llamas un “éxito”?
La joven aún tenía los restos secos de sangre en todo su cuerpo amoratado y numerosas cicatrices todavía eran visibles en su delicada piel. Phantasos se mostró incómoda. No por sus heridas, sino porque su hermano la viera vestida de ese modo.
- No es la primera vez que me caigo del acantilado- murmuró más para sí misma. Sabía desde el primer momento que su hermano no iba a comprender nada de lo ocurrido.- Las heridas sanarán en cuanto me encargue de eso. Para el resto... solo necesito tiempo.
- Tiempo... la última vez que te oí decir eso, acabaste rodeada de pesadillas y a punto de ser degradada ¿recuerdas?
- Solo quería sacar a Phobetor de mi vida... de nuestras vidas. ¿Por qué te cuesta tanto entenderlo? Hypnos lo comprendió al instante ¿por qué tú no?
- ¡PORQUE YO NO SOY HYPNOS!
Ambos se quedaron en silencio tras aquel grito, observándose sin atreverse a hablar. Oneiros mantuvo la respiración mientras giraba sobre sus pies y se alejaba hasta el balcón. Apretó sus manos contra la piedra de la barandilla, quebrando ésta poco a poco. De haber podido, habría salido de allí, pero todavía debía cumplir su cometido.
- ¿A eso se refería con lo de “te dije que el vampiro era mejor idea”? ¿Lo planeasteis juntos?
- No exactamente. Solo le expuse mi plan, me aconsejó y dejó que yo decidiese por mí misma.- “Porque él confía en mi capacidad, a diferencia de ti” se dijo.
- Debió detenerte, nada de esto habría pasado. Habéis sido unos irresponsables.
Phantasos respiró hondo, conteniendo su lengua. Podía dar todas las explicaciones posibles sobre su naturaleza o sus anhelos y éste jamás las entendería. Podría haber salido de allí con un mero rasguño en el dedo y también lo habría considerado un fracaso. Efectivamente, su hermano no era Hypnos. La mujer finalmente se levantó de la cama y salió de la habitación, dejando atrás al oniro.

Re: .:: Somnus ::.
Cerró la puerta tras de sí, intentando mantener la compostura. No quería enfrentarse a Oneiros. No en ese momento. Entendía que su enfado procedía de la preocupación por su estado, pero tenía esa extraña manía caballeresca que a veces la sacaba de quicio. Estaba segura que de darle la opción, su hermano sería feliz teniéndola encerrada en una jaula dorada donde nada ni nadie pudiera hacerle daño.
Respiró hondo mientras se adentraba en lo que era el balneario personal de Phantasos. Había una pequeña piscina que comunicaba con otra mayor, en un entorno que mezclaba la naturaleza con la arquitectura griega. El sonido de las pequeñas cascadas y las luces tenues de los faroles, proporcionaban al lugar un clima que invitaba a la relajación y al descanso.
No caminó muchos pasos. En cuanto el enojo se fue, el dolor que sentía al moverse le hizo recordar que todo su cuerpo seguía dañado y que aún no había hecho nada para solucionarlo. Por suerte ya estaba en su palacio y allí tenía alternativas de sobra para no tener que seguir soportando aquello. Abrió un pequeño portal y sacó una botella de allí. Bebió su contenido y las heridas curaron de inmediato. Tan fácil... casi parecía una burla.
De pronto su mirada se topó con su propia imagen que reflejaba uno de los espejos del lugar. Seguía llevando aquella extravagante ropa, ahora bastante rasgada y todo su cuerpo estaba bañado en sangre. Un aspecto bastante grotesco a pesar de que haber sanado.
*****************************************************************************************************
- ¡Un vampiro! Ingenioso, no quería que murieras tan rápido.
Phobetor parecía estar pasándolo en grande con los intentos de Phantasos de resistirse. Para cada transformación que tenía, el oniro parecía encontrar la alternativa que le beneficiara y lo había tomado como su diversión particular.
No había pasado más de un minuto transformada, cuando las paredes de la prisión se abrieron e inundaron de luz solar todo el lugar, causándole graves quemaduras a Phantasos hasta que volvieron a cerrarse.
- Imprudente... es una transformación que conozco bien, de hecho, puede que mejor que tú. Si quieres, ambos podemos jugar.- En ese instante, el cosmos rodeó a Phobetor y cuando se dispersó, éste mostraba unos colmillos afilados.- Tengo entendido que beber sangre entre vampiros es comparable al sexo entre humanos, probémoslo. Adelante. Te estoy ofreciendo la oportunidad única de hacerme daño y ganar energía al mismo tiempo. Solo tienes que beber y todo tu dolor desaparecerá. Podrás seguir luchando...
Phantasos seguía en el suelo, arrinconada, intentando recuperarse de las quemaduras. La energía se estaba acabando, pero la transformación en vampiro evitaba que muriera. Su instinto le pedía obedecer para sobrevivir, pero la sola idea de albergar sangre de Phobetor en su interior por el resto de la eternidad, le repugnaba.
El oniro cambió nuevamente su humor y la agarró por los brazos con fuerza zarandeándola.
- Vamos... ¡¡bebe!!- le gritó.
- No.
- ¡¡Hazlo!! Vas a hacerlo, de un modo u otro.- Phobetor se transformó nuevamente en Hypnos, aunque con un aspecto más demoníaco, con unos ojos inyectados en sangre y unos colmillos aún más pronunciados.- ¡Es una orden!
- ¡¡No!!- Phantasos intentaba soltarse.
- ¿Necesitas un incentivo?
Phobetor tomó una de las armas que colgaban de la pared, una especie de vara de hierro y se la clavó en el cuello con fuerza ante el grito de espanto de Phantasos. La sangre de Hypnos/Phobetor la bañaba por completo, mezclándose con las lágrimas que no podía evitar que brotaran de sus ojos. El dios del sueño reía a carcajadas, justo antes de clavar sus colmillos en el cuello de la joven. Sintió como ésta se estremecía entre sus brazos durante apenas un instante, pues en cuanto pudo ser capaz de reaccionar, la mujer se desvaneció.
- Sublime...- murmuró Phobetor sin dejar de mostrar una sonrisa descarada de triunfo- No hay razón para huir. Cuanto antes aceptes que te ha gustado, antes podremos continuar disfrutando juntos. Venga... ¿qué es esta vez? ¿Una cucaracha? ¿Una hormiguita? Vamos... sal de donde estés... no tienes donde esconderte...
Las palabras dejaron de escucharse. La prisión comenzaba a mover todos los muros nuevamente para así quedar reducida al menor tamaño posible y exponer su escondite.
*****************************************************************************************************
- Phantasos... ¿va todo bien?
La voz de su hermano al otro lado de la puerta volvió a sacarla de sus pensamientos. No estaba del todo consciente de cuánto tiempo llevaba allí metida. Toda la ropa que llevaba ya casi se había convertido en cenizas en lo que había sido una especie de fogata improvisada.
Miró sus brazos y el resto de su cuerpo desnudo. Toda su piel estaba roja a causa de un uso compulsivo de la esponja sobre ésta. Incluso en algunas zonas, podía intuir el comienzo de algunas heridas.
- Sí...- Respondió de forma automática, dejando sus manos libres y entrando en el agua con su respiración aún un tanto agitada.
- Siento lo de antes.
- Yo también.- Lo dijo con sinceridad al tiempo que su cuerpo comenzaba a transformarse en el de una sirena. En cuanto sintió el agua en la gran aleta, las energías comenzaron a renovarse y algo de calma la invadió.- No tienes por qué estar aquí.
- Tengo órdenes de cuidarte hasta que te recuperes al 100% ¿recuerdas?
“Eso no va a pasar” Fue el pensamiento que cruzó su mente. Oneiros era un gran líder y un gran protector, pero no estaba capacitado para cuidar de ella, menos en ese momento.
- He tomado lágrimas de fénix. Estoy bien... fuerte como un minotauro.
- ¿Puedo entrar y comprobarlo por mí mismo?
- Puedes hacerlo, pero estoy desnuda.
Al otro lado de la puerta se hizo el silencio durante un instante. Phantasos sonrió imaginando la cara que debía haber puesto Oneiros en ese instante.
- Iré a informar a nuestro señor sobre tu estado y de paso averiguar qué ha sido de ese malnacido. ¿Hay algo que quieras que le diga?
Su mirada se perdía en el movimiento del agua.
Tal vez debía responderle a lo que parecían haber sido sus últimas palabras hacia ella. “El vampiro no funcionó”. Pero dado que sería Oneiros el que llevaría el mensaje, probablemente no le haría ninguna gracia tener que decir algo así.
- Dile que gracias. Dile que...- su respiración se detuvo y sus ojos se humedecieron. Aún así, intentó mantener la voz firme. No podía mentirle, pero debía mantenerlo alejado.- … todo estará bien.
Al otro lado de la puerta, escuchó el batir de las alas de Oneiros saliendo del reino de Fantasía. La mujer al fin había quedado sola... o no.
Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. Frente a ella, el niño del volcán la observaba fijamente. Serio, con la mitad de su cara derretida por la lava.
- Todavía no hemos acabado de jugar.
Respiró hondo mientras se adentraba en lo que era el balneario personal de Phantasos. Había una pequeña piscina que comunicaba con otra mayor, en un entorno que mezclaba la naturaleza con la arquitectura griega. El sonido de las pequeñas cascadas y las luces tenues de los faroles, proporcionaban al lugar un clima que invitaba a la relajación y al descanso.
No caminó muchos pasos. En cuanto el enojo se fue, el dolor que sentía al moverse le hizo recordar que todo su cuerpo seguía dañado y que aún no había hecho nada para solucionarlo. Por suerte ya estaba en su palacio y allí tenía alternativas de sobra para no tener que seguir soportando aquello. Abrió un pequeño portal y sacó una botella de allí. Bebió su contenido y las heridas curaron de inmediato. Tan fácil... casi parecía una burla.
De pronto su mirada se topó con su propia imagen que reflejaba uno de los espejos del lugar. Seguía llevando aquella extravagante ropa, ahora bastante rasgada y todo su cuerpo estaba bañado en sangre. Un aspecto bastante grotesco a pesar de que haber sanado.
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- ¡Un vampiro! Ingenioso, no quería que murieras tan rápido.
Phobetor parecía estar pasándolo en grande con los intentos de Phantasos de resistirse. Para cada transformación que tenía, el oniro parecía encontrar la alternativa que le beneficiara y lo había tomado como su diversión particular.
No había pasado más de un minuto transformada, cuando las paredes de la prisión se abrieron e inundaron de luz solar todo el lugar, causándole graves quemaduras a Phantasos hasta que volvieron a cerrarse.
- Imprudente... es una transformación que conozco bien, de hecho, puede que mejor que tú. Si quieres, ambos podemos jugar.- En ese instante, el cosmos rodeó a Phobetor y cuando se dispersó, éste mostraba unos colmillos afilados.- Tengo entendido que beber sangre entre vampiros es comparable al sexo entre humanos, probémoslo. Adelante. Te estoy ofreciendo la oportunidad única de hacerme daño y ganar energía al mismo tiempo. Solo tienes que beber y todo tu dolor desaparecerá. Podrás seguir luchando...
Phantasos seguía en el suelo, arrinconada, intentando recuperarse de las quemaduras. La energía se estaba acabando, pero la transformación en vampiro evitaba que muriera. Su instinto le pedía obedecer para sobrevivir, pero la sola idea de albergar sangre de Phobetor en su interior por el resto de la eternidad, le repugnaba.
El oniro cambió nuevamente su humor y la agarró por los brazos con fuerza zarandeándola.
- Vamos... ¡¡bebe!!- le gritó.
- No.
- ¡¡Hazlo!! Vas a hacerlo, de un modo u otro.- Phobetor se transformó nuevamente en Hypnos, aunque con un aspecto más demoníaco, con unos ojos inyectados en sangre y unos colmillos aún más pronunciados.- ¡Es una orden!
- ¡¡No!!- Phantasos intentaba soltarse.
- ¿Necesitas un incentivo?
Phobetor tomó una de las armas que colgaban de la pared, una especie de vara de hierro y se la clavó en el cuello con fuerza ante el grito de espanto de Phantasos. La sangre de Hypnos/Phobetor la bañaba por completo, mezclándose con las lágrimas que no podía evitar que brotaran de sus ojos. El dios del sueño reía a carcajadas, justo antes de clavar sus colmillos en el cuello de la joven. Sintió como ésta se estremecía entre sus brazos durante apenas un instante, pues en cuanto pudo ser capaz de reaccionar, la mujer se desvaneció.
- Sublime...- murmuró Phobetor sin dejar de mostrar una sonrisa descarada de triunfo- No hay razón para huir. Cuanto antes aceptes que te ha gustado, antes podremos continuar disfrutando juntos. Venga... ¿qué es esta vez? ¿Una cucaracha? ¿Una hormiguita? Vamos... sal de donde estés... no tienes donde esconderte...
Las palabras dejaron de escucharse. La prisión comenzaba a mover todos los muros nuevamente para así quedar reducida al menor tamaño posible y exponer su escondite.
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- Phantasos... ¿va todo bien?
La voz de su hermano al otro lado de la puerta volvió a sacarla de sus pensamientos. No estaba del todo consciente de cuánto tiempo llevaba allí metida. Toda la ropa que llevaba ya casi se había convertido en cenizas en lo que había sido una especie de fogata improvisada.
Miró sus brazos y el resto de su cuerpo desnudo. Toda su piel estaba roja a causa de un uso compulsivo de la esponja sobre ésta. Incluso en algunas zonas, podía intuir el comienzo de algunas heridas.
- Sí...- Respondió de forma automática, dejando sus manos libres y entrando en el agua con su respiración aún un tanto agitada.
- Siento lo de antes.
- Yo también.- Lo dijo con sinceridad al tiempo que su cuerpo comenzaba a transformarse en el de una sirena. En cuanto sintió el agua en la gran aleta, las energías comenzaron a renovarse y algo de calma la invadió.- No tienes por qué estar aquí.
- Tengo órdenes de cuidarte hasta que te recuperes al 100% ¿recuerdas?
“Eso no va a pasar” Fue el pensamiento que cruzó su mente. Oneiros era un gran líder y un gran protector, pero no estaba capacitado para cuidar de ella, menos en ese momento.
- He tomado lágrimas de fénix. Estoy bien... fuerte como un minotauro.
- ¿Puedo entrar y comprobarlo por mí mismo?
- Puedes hacerlo, pero estoy desnuda.
Al otro lado de la puerta se hizo el silencio durante un instante. Phantasos sonrió imaginando la cara que debía haber puesto Oneiros en ese instante.
- Iré a informar a nuestro señor sobre tu estado y de paso averiguar qué ha sido de ese malnacido. ¿Hay algo que quieras que le diga?
Su mirada se perdía en el movimiento del agua.
Tal vez debía responderle a lo que parecían haber sido sus últimas palabras hacia ella. “El vampiro no funcionó”. Pero dado que sería Oneiros el que llevaría el mensaje, probablemente no le haría ninguna gracia tener que decir algo así.
- Dile que gracias. Dile que...- su respiración se detuvo y sus ojos se humedecieron. Aún así, intentó mantener la voz firme. No podía mentirle, pero debía mantenerlo alejado.- … todo estará bien.
Al otro lado de la puerta, escuchó el batir de las alas de Oneiros saliendo del reino de Fantasía. La mujer al fin había quedado sola... o no.
Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. Frente a ella, el niño del volcán la observaba fijamente. Serio, con la mitad de su cara derretida por la lava.
- Todavía no hemos acabado de jugar.
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Re: .:: Somnus ::.
ENTRENAMIENTO EN SUCUBO
Creía que con el paso de los días, su estancia en aquel lugar se haría más fácil, pero seguía siendo casi tan incómodo como el primero. Al menos se había acostumbrado a caminar entre gente desnuda sin motivo aparente. Echando la vista atrás, consideraba que aquel entrenamiento era bastante peor que cualquier otro que hubiese sufrido, incluyendo las serpientes. Cuando creía que ya había dominado una de las zonas, intentaba avanzar a la siguiente y algo le obligaba a retroceder muerta de la vergüenza. En más de una ocasión valoró la posibilidad de abandonar esa idea y tomar otro camino contra Phobetor, pero sabía que éste no se dejaría tentar por nada más que por un súcubo, así que solo le quedaba continuar.
Respiró hondo intentando calmarse, aunque era difícil concentrarse con tanto ruido indecente. Miró a su alrededor... sí, ése era el lugar. La arquitectura árabe y la decoración con telas de tonos cálidos en toda una gama de rojos y magenta era inconfundible. Se sentó en un pequeño rincón, disimulado por una larga cortina y esperó. Cuando se adentró por primera vez en la zona de los sueños del deseo contaba con encontrar bastantes cosas que harían que su cerebro diese vueltas como una peonza, pero reconoció que no había esperado encontrarse con lo que había encontrado una semana atrás: a ella misma, en su versión morena y con ojos con heterocromía.
Se había abalanzado hasta ella sin ningún reparo y tuvo que obligar a aquel clon suyo a permanecer frente a ella para creerlo totalmente. Rápidamente se percató de que no era un súcubo, sino un sueño materializado. Alguien poderoso había tenido que crearlo, pues ningún humano la conocería tan bien como para lograr aquella réplica... ¿pero quién? El sueño no rebeló el nombre de su creador aún cuando Phantasos se identificó como una oniro, y eso solo quería decir una cosa: el creador tenía su mismo rango o uno superior. La diosa finalmente la dejó ir, aunque le resultaba perturbador verse a ella misma huyendo con cara de pánico. Desde entonces, había decidido acudir allí con otra apariencia y vigilar día tras día. Si Phobetor usaba ese sueño para... no quería pensarlo, al menos podría obtener información y llegar a usarla en su contra llegado el momento. Tal vez incluso pudiese usar ese sueño para intercambiarse con él y llevar a cabo su venganza.
- Déjame salir a divertirme, deja que te enseñe.
Desde aquel lugar podía vigilar y entrenar al mismo tiempo. El súcubo seguía siendo igual de exigente, pero había aprendido a mantenerlo a raya. Era fácil cuando todo lo que había alrededor le repugnaba de alguna manera. Sabía que no debía pensar así, que tenía que dejarse llevar para aprender a controlarlo en su total hostilidad, pero habría tiempo para eso.
Estaba a punto de escuchar una nueva queja desde su interior, cuando el sonido de su propia risa irrumpió por el salón próximo a ella. Phantasos dejó a un lado su entrenamiento y puso mayor atención. Junto a aquella risa de su clon, podía reconocer otra masculina. Al fin había llegado el momento de descubrir al autor de aquel ser. La oniro se puso de pie como un resorte y se deslizó junto a la pared hasta llegar al borde, donde apenas se asomó, solo lo suficiente para identificarlo.
Sintió cómo el corazón se le paraba durante unos segundos mientras volvía a esconderse tras la pared y la pareja entraba en el cuarto que compartía el muro. Debió detenerse ahí, pero algo en su interior quería negarse a creer lo que había visto o simplemente buscar algún tipo de razonamiento lógico que se le hubiese escapado. Contuvo el aliento y comenzó a caminar con firmeza hasta llegar a descorrer sigilosamente la cortina que separaba aquel cuarto del exterior... sí, debió haberse detenido antes.
Phantasos dio un par de pasos hacia atrás. Sus piernas temblaban y tuvo que dejarse caer al suelo mientras aún tenía algo de fuerza. Era difícil expresar lo que sentía en ese instante y por qué lo hacía. ¿Decepción? ¿Ira? ¿Repulsión? ¿Miedo? ¿Soledad?
Las horas habían pasado. Tiempo suficiente para poner en orden sus ideas y valorar sus próximas acciones. Podría haberse marchado, pero ¿cómo pensaba vencer a Phobetor si no era capaz de soportar escucharse o verse a sí misma de ese modo con alguien mucho más querido?
Escuchó el sonido de las cortinas al descorrerse. Phantasos se puso de pie y contempló la espalda de aquel hombre saliendo tranquilamente del lugar. En ese instante dudó de nuevo, quizás lo mejor era dejarle ir y nunca hablar sobre el tema... pero ¿acaso intentar ocultar algo así no le había traído a esa situación? Tomó aire, lo contuvo unos instantes y finalmente lo llamó en voz alta.
- Oneiros.
Éste se detuvo en seco y, aunque aún no podía verle, la mujer podía intuir el miedo que irradiaba todo su ser. Finalmente se giró y sus ojos se encontraron. No hacía falta que éste hablase, podía ver el pánico grabado en sus pupilas.
- ¿Cuánto hace que...?- se atrevió a decir el oniro con la voz entrecortada.
- El suficiente.
Oneiros tragó saliva y comenzó a salir del lugar con paso más apresurado. Phantasos lo alcanzó sin dificultad, pues siempre había sido más rápida que él. Lo tomó por el brazo y entonces hizo que éste se desplomase de rodillas. La oniro sintió como un golpe de energía hacía vibrar al súcubo interior y se percató entonces de que aún mantenía la transformación.
- Lo siento... no sabía que aún estaba en mi forma de súcubo, no quería...- tragó saliva mientras miraba a su hermano con algo de tristeza.
- ¿Un súcubo? ¿Por eso estás aquí?- preguntó Oneiros mientras abría y cerraba su mano intentando que despertase. Phantasos asintió.- ¿Por qué quieres controlar un demonio así?
- Algún día tenía que ser.- Se limitó a responder mientras se encogía de hombros. No podía contarle sus verdaderas intenciones sin que eso derivara en una gran discusión... y no era el momento.
El hombre no respondió. No creía que la oniro estaba capacitada para dominarlo. Aún no. No con su inocencia. Pero a pesar de eso no dijo nada. Simplemente se incorporó dispuesto a seguir su camino hacia la salida, pero Phantasos lo detuvo de nuevo, esta vez habiendo cambiado a su condición de oniro.
- Si sales de aquí sin que hablemos de esto... - hizo una sonrisa un tanto irónica- …no creo que pueda volver a mirarte a los ojos.
Oneiros se quedó parado, sopesando las posibilidades, los pros y los contras de quedarse o irse. Se llevó las manos a la cara intentando mantener la calma. La diosa nunca lo había visto tan nervioso como en ese instante. Le escuchó resoplar y finalmente bajó los brazos como dándose por vencido.
- Está bien, hablemos.- dijo con seriedad, retomando el porte orgulloso que solía tener.
- No estoy enfadada, si eso es lo que te preocupa. No esperaba ver lo que he visto, pero... entiendo el por qué has tenido que llegar a esto. En realidad hay una parte de mí que se siente halagada, pero también hay otra que...
- ¿Que qué?
- Que hace que me odie a mí misma.
Oneiros puso un gesto contrariado. Muchas veces no era capaz de seguir la línea de pensamiento de Phantasos y éste era uno de esos momentos.
- No sé a qué te refieres.
- Yo nunca he buscado que te sintieses así por mí, pero eso no cambia el que sea mi culpa que tengas que recurrir a esto. Es como si estuviese...- se detuvo un instante y recordó a Xtabay.
- ¿Estuvieses qué?
- Maldita- dijo con seriedad.
- ¿Qué?- Oneiros soltó una risa irónica. Su hermana debía haber enloquecido, era la única conclusión razonable.- Adelante, explícame cómo has llegado hasta esa locura.
- No te burles.
- Es tan absurdo que no sé si quiero escucharte.
- No lo es. Da igual lo que haga o el aspecto que tenga. Soy una especie de tentación andante que genera problemas a su alrededor. Los humanos son débiles, pero ¿qué me dices de ti? ¿o de Phobetor? Incluso nuestro señor llegó a reconocerlo.
- ¿Reconocer qué?- preguntó, no sin dudas sobre lo que podía llegar a escuchar.- ¿Qué te dijo?
- Me... - Phantasos dudó un instante en si debía hablar sobre eso, pero era tarde para dar marcha atrás.- me dijo que él luchaba contra el deseo de... - No pudo evitar sonrojarse al recordar aquellas palabras y le daba aún más vergüenza aún repetirlas frente a Oneiros, además de considerarlo cruel. Respiró hondo un momento y puso las manos frente a ella.- No voy a decir que no me gustó escucharle decir eso. Pero mi ego me nubló la cruda realidad que acompaña a esas palabras. Nadie quiere tener un pastel frente a él que no puede comerse y que le hace sentir mal por dentro tanto si lo hace como si no. No quiero causar eso.
- ¿Qué...?
- No te haces una idea de cuántas veces he querido poder llegar a corresponderte. Todo sería tan fácil. Tú serías feliz, dejaría de ser un problema para nuestro señor y Phobetor pasaría a ser solo un mal recuerdo. Pero... no puedo. Aún no puedo.
Oneiros dio un paso hacia ella al ver que sus ojos se humedecían, pero ésta respondió casi automáticamente con un paso atrás. En cuanto se dio cuenta, lanzó un doloroso suspiro.
- La decisión de esperarte es solo mía. Es mi responsabilidad, con todo lo que arrastra con ella, bueno y malo.- Aseguró con calma.- Y sé que lo entiendes, porque tú misma te encuentras en la misma situación. No tienes que sufrir por mí, como ves... tengo algo de ayuda para lidiar con esto. Deberías preocuparte por ti, que no tienes esa opción.
- No la necesito.
- Aún.- Sentenció Oneiros mirándola con seriedad.
- ¿Qué quieres decir?
- Todavía eres demasiado inocente Phantasos. Como bien has dicho, es fácil no sentir el deseo de comer una deliciosa tarta si nunca has probado su sabor. Puedes vivir sin ella eternamente y ser feliz.
La oniro se mantuvo en silencio, recordando todo lo acontecido en los últimos meses.
- ¿Y si ya la he probado?
- Entonces ya has iniciado una cuenta atrás sin quererlo. Lo que antes era una espera en un campo tranquilo a la sombra de un árbol, se ha convertido en continuar sujeta a la roca de una montaña con la única ayuda de tus dedos para no caer. Solo tú sabes cuánto tiempo puedes seguir ahí. Solo puedo asegurarte... que siempre querrás más.
Phantasos tragó saliva. Oneiros se acercó a ella nuevamente sin ceder en su paso a pesar de que ésta retrocedía al mismo tiempo. La oniro finalmente chocó su espalda contra la pared y el dios comenzó a hablarle al oído.
- Cuando ese momento llegue... recuerda que puedes tomar mi mano. Yo...- El oniro se detuvo a pensar en lo que Phantasos había visto en aquella habitación.- … nunca te haría eso. No a ti.
Dicho eso, se alejó y finalmente salió de aquel lugar.
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Creía que con el paso de los días, su estancia en aquel lugar se haría más fácil, pero seguía siendo casi tan incómodo como el primero. Al menos se había acostumbrado a caminar entre gente desnuda sin motivo aparente. Echando la vista atrás, consideraba que aquel entrenamiento era bastante peor que cualquier otro que hubiese sufrido, incluyendo las serpientes. Cuando creía que ya había dominado una de las zonas, intentaba avanzar a la siguiente y algo le obligaba a retroceder muerta de la vergüenza. En más de una ocasión valoró la posibilidad de abandonar esa idea y tomar otro camino contra Phobetor, pero sabía que éste no se dejaría tentar por nada más que por un súcubo, así que solo le quedaba continuar.
Respiró hondo intentando calmarse, aunque era difícil concentrarse con tanto ruido indecente. Miró a su alrededor... sí, ése era el lugar. La arquitectura árabe y la decoración con telas de tonos cálidos en toda una gama de rojos y magenta era inconfundible. Se sentó en un pequeño rincón, disimulado por una larga cortina y esperó. Cuando se adentró por primera vez en la zona de los sueños del deseo contaba con encontrar bastantes cosas que harían que su cerebro diese vueltas como una peonza, pero reconoció que no había esperado encontrarse con lo que había encontrado una semana atrás: a ella misma, en su versión morena y con ojos con heterocromía.
Se había abalanzado hasta ella sin ningún reparo y tuvo que obligar a aquel clon suyo a permanecer frente a ella para creerlo totalmente. Rápidamente se percató de que no era un súcubo, sino un sueño materializado. Alguien poderoso había tenido que crearlo, pues ningún humano la conocería tan bien como para lograr aquella réplica... ¿pero quién? El sueño no rebeló el nombre de su creador aún cuando Phantasos se identificó como una oniro, y eso solo quería decir una cosa: el creador tenía su mismo rango o uno superior. La diosa finalmente la dejó ir, aunque le resultaba perturbador verse a ella misma huyendo con cara de pánico. Desde entonces, había decidido acudir allí con otra apariencia y vigilar día tras día. Si Phobetor usaba ese sueño para... no quería pensarlo, al menos podría obtener información y llegar a usarla en su contra llegado el momento. Tal vez incluso pudiese usar ese sueño para intercambiarse con él y llevar a cabo su venganza.
- Déjame salir a divertirme, deja que te enseñe.
Desde aquel lugar podía vigilar y entrenar al mismo tiempo. El súcubo seguía siendo igual de exigente, pero había aprendido a mantenerlo a raya. Era fácil cuando todo lo que había alrededor le repugnaba de alguna manera. Sabía que no debía pensar así, que tenía que dejarse llevar para aprender a controlarlo en su total hostilidad, pero habría tiempo para eso.
Estaba a punto de escuchar una nueva queja desde su interior, cuando el sonido de su propia risa irrumpió por el salón próximo a ella. Phantasos dejó a un lado su entrenamiento y puso mayor atención. Junto a aquella risa de su clon, podía reconocer otra masculina. Al fin había llegado el momento de descubrir al autor de aquel ser. La oniro se puso de pie como un resorte y se deslizó junto a la pared hasta llegar al borde, donde apenas se asomó, solo lo suficiente para identificarlo.
Sintió cómo el corazón se le paraba durante unos segundos mientras volvía a esconderse tras la pared y la pareja entraba en el cuarto que compartía el muro. Debió detenerse ahí, pero algo en su interior quería negarse a creer lo que había visto o simplemente buscar algún tipo de razonamiento lógico que se le hubiese escapado. Contuvo el aliento y comenzó a caminar con firmeza hasta llegar a descorrer sigilosamente la cortina que separaba aquel cuarto del exterior... sí, debió haberse detenido antes.
Phantasos dio un par de pasos hacia atrás. Sus piernas temblaban y tuvo que dejarse caer al suelo mientras aún tenía algo de fuerza. Era difícil expresar lo que sentía en ese instante y por qué lo hacía. ¿Decepción? ¿Ira? ¿Repulsión? ¿Miedo? ¿Soledad?
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Las horas habían pasado. Tiempo suficiente para poner en orden sus ideas y valorar sus próximas acciones. Podría haberse marchado, pero ¿cómo pensaba vencer a Phobetor si no era capaz de soportar escucharse o verse a sí misma de ese modo con alguien mucho más querido?
Escuchó el sonido de las cortinas al descorrerse. Phantasos se puso de pie y contempló la espalda de aquel hombre saliendo tranquilamente del lugar. En ese instante dudó de nuevo, quizás lo mejor era dejarle ir y nunca hablar sobre el tema... pero ¿acaso intentar ocultar algo así no le había traído a esa situación? Tomó aire, lo contuvo unos instantes y finalmente lo llamó en voz alta.
- Oneiros.
Éste se detuvo en seco y, aunque aún no podía verle, la mujer podía intuir el miedo que irradiaba todo su ser. Finalmente se giró y sus ojos se encontraron. No hacía falta que éste hablase, podía ver el pánico grabado en sus pupilas.
- ¿Cuánto hace que...?- se atrevió a decir el oniro con la voz entrecortada.
- El suficiente.
Oneiros tragó saliva y comenzó a salir del lugar con paso más apresurado. Phantasos lo alcanzó sin dificultad, pues siempre había sido más rápida que él. Lo tomó por el brazo y entonces hizo que éste se desplomase de rodillas. La oniro sintió como un golpe de energía hacía vibrar al súcubo interior y se percató entonces de que aún mantenía la transformación.
- Lo siento... no sabía que aún estaba en mi forma de súcubo, no quería...- tragó saliva mientras miraba a su hermano con algo de tristeza.
- ¿Un súcubo? ¿Por eso estás aquí?- preguntó Oneiros mientras abría y cerraba su mano intentando que despertase. Phantasos asintió.- ¿Por qué quieres controlar un demonio así?
- Algún día tenía que ser.- Se limitó a responder mientras se encogía de hombros. No podía contarle sus verdaderas intenciones sin que eso derivara en una gran discusión... y no era el momento.
El hombre no respondió. No creía que la oniro estaba capacitada para dominarlo. Aún no. No con su inocencia. Pero a pesar de eso no dijo nada. Simplemente se incorporó dispuesto a seguir su camino hacia la salida, pero Phantasos lo detuvo de nuevo, esta vez habiendo cambiado a su condición de oniro.
- Si sales de aquí sin que hablemos de esto... - hizo una sonrisa un tanto irónica- …no creo que pueda volver a mirarte a los ojos.
Oneiros se quedó parado, sopesando las posibilidades, los pros y los contras de quedarse o irse. Se llevó las manos a la cara intentando mantener la calma. La diosa nunca lo había visto tan nervioso como en ese instante. Le escuchó resoplar y finalmente bajó los brazos como dándose por vencido.
- Está bien, hablemos.- dijo con seriedad, retomando el porte orgulloso que solía tener.
- No estoy enfadada, si eso es lo que te preocupa. No esperaba ver lo que he visto, pero... entiendo el por qué has tenido que llegar a esto. En realidad hay una parte de mí que se siente halagada, pero también hay otra que...
- ¿Que qué?
- Que hace que me odie a mí misma.
Oneiros puso un gesto contrariado. Muchas veces no era capaz de seguir la línea de pensamiento de Phantasos y éste era uno de esos momentos.
- No sé a qué te refieres.
- Yo nunca he buscado que te sintieses así por mí, pero eso no cambia el que sea mi culpa que tengas que recurrir a esto. Es como si estuviese...- se detuvo un instante y recordó a Xtabay.
- ¿Estuvieses qué?
- Maldita- dijo con seriedad.
- ¿Qué?- Oneiros soltó una risa irónica. Su hermana debía haber enloquecido, era la única conclusión razonable.- Adelante, explícame cómo has llegado hasta esa locura.
- No te burles.
- Es tan absurdo que no sé si quiero escucharte.
- No lo es. Da igual lo que haga o el aspecto que tenga. Soy una especie de tentación andante que genera problemas a su alrededor. Los humanos son débiles, pero ¿qué me dices de ti? ¿o de Phobetor? Incluso nuestro señor llegó a reconocerlo.
- ¿Reconocer qué?- preguntó, no sin dudas sobre lo que podía llegar a escuchar.- ¿Qué te dijo?
- Me... - Phantasos dudó un instante en si debía hablar sobre eso, pero era tarde para dar marcha atrás.- me dijo que él luchaba contra el deseo de... - No pudo evitar sonrojarse al recordar aquellas palabras y le daba aún más vergüenza aún repetirlas frente a Oneiros, además de considerarlo cruel. Respiró hondo un momento y puso las manos frente a ella.- No voy a decir que no me gustó escucharle decir eso. Pero mi ego me nubló la cruda realidad que acompaña a esas palabras. Nadie quiere tener un pastel frente a él que no puede comerse y que le hace sentir mal por dentro tanto si lo hace como si no. No quiero causar eso.
- ¿Qué...?
- No te haces una idea de cuántas veces he querido poder llegar a corresponderte. Todo sería tan fácil. Tú serías feliz, dejaría de ser un problema para nuestro señor y Phobetor pasaría a ser solo un mal recuerdo. Pero... no puedo. Aún no puedo.
Oneiros dio un paso hacia ella al ver que sus ojos se humedecían, pero ésta respondió casi automáticamente con un paso atrás. En cuanto se dio cuenta, lanzó un doloroso suspiro.
- La decisión de esperarte es solo mía. Es mi responsabilidad, con todo lo que arrastra con ella, bueno y malo.- Aseguró con calma.- Y sé que lo entiendes, porque tú misma te encuentras en la misma situación. No tienes que sufrir por mí, como ves... tengo algo de ayuda para lidiar con esto. Deberías preocuparte por ti, que no tienes esa opción.
- No la necesito.
- Aún.- Sentenció Oneiros mirándola con seriedad.
- ¿Qué quieres decir?
- Todavía eres demasiado inocente Phantasos. Como bien has dicho, es fácil no sentir el deseo de comer una deliciosa tarta si nunca has probado su sabor. Puedes vivir sin ella eternamente y ser feliz.
La oniro se mantuvo en silencio, recordando todo lo acontecido en los últimos meses.
- ¿Y si ya la he probado?
- Entonces ya has iniciado una cuenta atrás sin quererlo. Lo que antes era una espera en un campo tranquilo a la sombra de un árbol, se ha convertido en continuar sujeta a la roca de una montaña con la única ayuda de tus dedos para no caer. Solo tú sabes cuánto tiempo puedes seguir ahí. Solo puedo asegurarte... que siempre querrás más.
Phantasos tragó saliva. Oneiros se acercó a ella nuevamente sin ceder en su paso a pesar de que ésta retrocedía al mismo tiempo. La oniro finalmente chocó su espalda contra la pared y el dios comenzó a hablarle al oído.
- Cuando ese momento llegue... recuerda que puedes tomar mi mano. Yo...- El oniro se detuvo a pensar en lo que Phantasos había visto en aquella habitación.- … nunca te haría eso. No a ti.
Dicho eso, se alejó y finalmente salió de aquel lugar.

Re: .:: Somnus ::.
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En resumen para el oniro: una meta prácticamente imposible si su hermana seguía siendo tan hermética como siempre.
Aún así, no le quedaba más remedio que intentarlo. Su prisionero había soltado su lengua más de lo habitual en las últimas semanas, fruto de la locura que se iba acrecentando en él. Había dado información preocupante y no podía simplemente dejarlo pasar. Debía despejar sus dudas.
Contuvo el aliento cuando a lo lejos encontró finalmente a Phantasos, sentada en la hierba, con sus piernas metidas en un río. No estaba muy seguro en qué estaba convertida esta vez. ¿Un hada? ¿Una ninfa? Las alas casi transparentes desprendían un brillo muy tenue y se movían suavemente, generando un efecto hipnótico para el que se quedaba mirando. Cerró los ojos para intentar salir de ese trance. Debía hacer una última reflexión sobre como abordar el tema. Debía cuidar cada palabra y cada acción si quería tener éxito.
Soltó el aire lentamente y avanzó con paso firme.
- Los humanos que sueñan contigo son realmente afortunados. Ni el escritor de fantasía más locuaz podría hacerte justicia en este instante. Una visión... celestial.
Phantasos le sonrió con suavidad. Morpheo siempre había tenido un alma de poeta, lo cual hacía complicado ofenderse o bromear cuando sacaba a relucir su lado más sensible. Por ese motivo, solo le quedaba asentir y agradecer el detalle.
- Hacía mucho tiempo que no te veía en Fantasía.
- Hacía mucho que no nos veíamos en realidad.
La oniro desvió la mirada hacia el agua y continuó moviendo las piernas, haciendo solo un gesto de asentimiento con su cabeza en respuesta a su hermano.
- He estado esperándote todo este tiempo. Pensaba que tarde o temprano serías tú quien vendría a verme para averiguar más sobre el destino de Phobetor.- Dijo sin intentar esquivar el tema.
- Si te soy sincera, prefiero no saberlo.- Contestó con voz suave pero segura.
- Vaya... eso no le hará ninguna gracia... aunque no es que me importe que algo le moleste.
Su hermano caminó unos pasos más hasta quedar junto a ella y se sentó a su lado, disfrutando del tacto de la hierba.
- Aunque no quieras saber los detalles, he creído oportuno venir para advertirte de que sería mejor que no te acercases allí. Su obsesión hacia ti roza una locura a la que no estoy acostumbrado y su poder, aunque menguado, sigue siendo considerable.- Ladeó la cabeza y se frotó la barbilla.- Tanto que he llegado a plantearme acudir incluso a nuestro señor para valorar las alternativas, aunque... no sé... tal vez...
- Hazlo, no temas. Es algo que ya había sopesado y comentado con él. Te ayudará.
- Comentado...
- Cuando elegí el súcubo, lo hice precisamente con la intención de que no pudiera pasar un solo día sin un pensamiento molesto y obsesivo en su cabeza. Ojo por ojo...
- Si era tu intención, puedo decir que lo conseguiste.
- No me importaba tanto la venganza como el hecho de saber que todos somos libres por fin. Perder el miedo. No tener que seguir preocupándonos por él y sus tramas. Es... reconfortante.
- Habla por ti, yo aún le tengo en mi día a día... aunque no me quejo en absoluto.- Agregó con rapidez- soy consciente de que me he quedado con la parte más divertida de la historia.
Ambos se miraron y se echaron a reír. Tras unos instantes de un silencio relajado, Morpheo volvió a hablar.
- Entiendo por qué lo hiciste. Una locura, eso es cierto, pero tuviste agallas para ir hasta allí y soportar lo que soportaste.
Phantasos lo miró con una pizca de duda, algo que no le pasó desapercibido al oniro. Al parecer Morpheo estaba al corriente de más de lo que a ella le gustaría que supiese. ¿Hasta dónde sabía él? No podía ocultar su pensamiento, pero no llegó a expresarlo en voz alta.
- Sé que no todo lo que suelta por su boca es cierto, pero algunas partes parecen bastante claras y veraces. Lo suficiente para saber que si no hubieras intervenido, en un periodo breve tal vez nos habríamos encontrado con un problema muy gordo. Aunque solo sea por eso, tu incursión ya mereció la pena.- Hizo una pequeña pausa, quizás dudando de si dar esa información.- Tenía la intención de acabar con nosotros, uno por uno, antes de llegar hasta Hypnos.- Resopló mientras negaba con la cabeza.- Pero dejando eso a un lado, dado que ya está resuelto, me preocupa más lo que parece insinuar sobre ti y no me quedaré tranquilo sin conocer la verdad.
- Vas a tener que ser mucho más concreto si quieres que te ayude.
- Se vanagloria de haber conseguido “reeducar tu mente”. De que no salieras de allí sin un daño permanente. Incluso de haber conseguido arrebatarte a Hypnos.- Decidió omitir la parte en la que, furioso, había gritado “es mía y únicamente mía” durante horas hasta quedar afónico.- ¿Qué hay de verdad en todo eso?
La mujer miró al agua fijamente sopesando sus alternativas. Apreciaba a su hermano, pero no podía hablar de eso con él. No se veía capaz.
- Phobetor es poderoso, pero no tanto como para arrebatarme a su alteza. Aún así, no puedo negar que...- Phantasos agarró un collar de mariposa que traía al cuello.- … algo ha cambiado.
- Sé que no deseas hablar de esto conmigo, pero es necesario. Te aseguro que me repugna escuchar todo lo que cuenta. Cada cosa que te hizo o pensaba hacer. No quería escucharlo, es la verdad, pero llegué a oír una por una, todas las veces que atacaste a “Hypnos” y cómo lo hiciste. No negaré que esa parte me inquieta.
- Tuve que defenderme.- Phantasos no pudo evitar tensar sus músculos al recordar todos los encuentros de los que hablaba. Phobetor sabía que su señor era su punto débil y por eso lo había usado una y otra vez contra ella para atacarla. Al mismo tiempo, sabía que el subconsciente de la oniro no le permitiría dañar al dios del sueño, así que era una carta segura. La había atacado y se había automutilado en incontables ocasiones para hacerla doblegarse... pero no llegó a hacerlo. De hecho, se había sorprendido de sentir en sus propias carnes el que Phantasos cruzara aquella peligrosa línea y lo agrediera... una y otra vez, hasta que la idea de cortar en pedazos a Hypnos le parecía tan normal como la de untar mantequilla en el pan.
Solo eran ilusiones.
“No, eran sueños. Uno tras otro, destrozados sin piedad.” Quiso responder, pero no lo hizo.
- Tal vez sería buena idea que me acompañaras y hablases de todo esto con nuestro señor. Seguramente podrá ayudarte.
- Lo he pensado... varias veces... - Phantasos bajó la cabeza.
Los oniros solo iban al palacio del dios del sueño cuando eran convocados o en caso de necesidad extrema. Solo Oneiros gozaba del privilegio de acudir allí cuando fuera preciso. La mujer sacó las piernas del agua y se abrazó a ellas sin poder contener algunas lágrimas. No obstante, ése no era el principal problema.
- No puedo...
Morpheo se sorprendió. Era la primera vez en milenios que contemplaba a Phantasos llorar de ese modo. Le recordó a su época de bloqueo en el mundo de las pesadillas y aquello hizo que una alarma se encendiese en su cabeza. Debía informar de lo que estaba pasando a Oneiros... tal vez incluso al mismo Hypnos. Si lo que había oído en la prisión era cierta... y vistas las reacciones de Phantasos...
- Quiero que seas clara... ¿crees que ahora puedes ser un peligro real para nuestro señor?
Un silencio extremadamente incómodo se hizo presente. Morpheo podía escuchar el latido de su propio palpitar que deseaba escapar.
- No estoy segura.- Respondió finalmente Phantasos mientras se limpiaba las lágrimas.
- Con esa respuesta, yo sí.- Se puso en pie y la miró desde allí muy rígido.- Por mucho que me duela decir esto, tienes prohibido ver a nuestro señor a partir de ahora, bajo pena de muerte. Informaré a los demás, así que no hagas ninguna locura.
- No tienes la autoridad para hacer eso y lo sabes.- Lo dijo de forma automática pero desafiante.
Morpheo la miró con seriedad. Había una pelea en sus miradas, de eso no cabía la menor duda, pero de pronto Phantasos tuvo que admitir la obviedad. Finalmente ésta asintió, no sin un gran pesar. Era una cuestión de sentido común.
- ¿Hasta cuándo?
- Hasta que tengas un claro “no” como respuesta a mi pregunta.
- ¿Y si no consigo llegar a tener esa garantía nunca?
Ninguno contestó. No era necesario hacerlo.
Ambos llegaron a la misma conclusión: tal vez Phobetor decía la verdad.

Re: .:: Somnus ::.
Futuro (última parte)
¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que se habían visto?
Demasiado.
Tal vez por eso, la primera reacción de Phantasos al ver a Hypnos fue la de pasar de largo, creyendo que aquel ser no era sino otra macabra ilusión... nada fuera de lo habitual. Pero conforme sus pasos se alejaban, algo en su interior se enfriaba lentamente... y eso solo le ocurría con una persona en este mundo.
Detuvo su caminar y permaneció quieta dándole la espalda, conteniendo sus miedos. Se descubrió a sí misma suplicando en su interior a cualquier deidad que pudiese ayudarla en ese momento... ¿pero acaso no la tenía justo a su espalda? Los segundos pasaban y Phantasos parecía congelada en el tiempo.
Finalmente, cerró los ojos y contuvo el aliento. Comenzó a girar sobre sí misma tan lentamente, que su movimiento podría haber pasado desapercibido. Su corazón se aceleró. Solo podía escuchar ese latir desenfrenado en sus oídos.
Abrió los ojos.
No tenía más remedio que hacerlo tarde o temprano.
El dios del sueño pudo identificar con claridad que algo se había roto en el interior de su oniro al cruzar la mirada con ella. Tal vez por eso permitió que ésta se acercara con su mano temblorosa en alto sin mover ningún músculo. Hypnos no sabía qué estaba pasando, pero en cuanto la mano de Phantasos hizo contacto con el pecho del dios, ésta se derrumbó sobre sus rodillas y rompió a llorar.
*Flashback
- ¡Me has clavado un puñal en el corazón! Ajajajaja ¡Aún no puedo creerlo!- Reía Phobetor convertido en Hypnos- ¡Has atacado a tu señor! Jamás creí que tendrías las agallas.- Lo dijo sin perder su sonrisa macabra mientras se sacaba el puñal del pecho y Phantasos veía como la sangre brotaba incontrolada, aunque sin ningún tipo de efecto real en el oniro.- Pero eso está bien, así nuestros juegos podrán ser más divertidos. Veamos qué más podemos usar...
Phobetor recorrió las paredes de su habitación con cara divertida, hasta que dio con algo que pareció darle una idea.
- Objetos sencillos... son los más eficaces, no me cabe ninguna duda.- Dijo arrodillándose ante una Phantasos debilitada que lo miraba dubitativa al mostrarle la cuchara que traía en la mano.- No hay que ser muy observador para saber que adoras los ojos de Hypnos. Cada vez que los miras, algo en tu interior se desconecta, como los humanos contemplando la Vía Láctea. ¿Nunca te has preguntado... a qué sabrán?
- ¿Q-Qué?
La mujer intentaba comprender el significado oculto de aquellas palabras cuando horrorizada se dio cuenta de que no existía ninguno, sino simplemente lo que éste parecía haber insinuado. Usó la cuchara para sacarse sus propios ojos y dejar las cuencas vacías, haciendo que la oniro diese un grito de pánico al contemplar aquel acto. Se tapó los ojos con sus manos, como si aquello pudiera hacerla olvidar lo que estaba presenciando. En mitad de la oscuridad, solo escuchó una nueva orden.
- Abre la boca...
*Fin del flashback.
Las lágrimas seguían corriendo amargas.
Sentía rabia e impotencia. También injusticia y resignación a lo que era inevitable.
- No quería que supieras la verdad. No quería encontrarte hasta resolver esto, pero... esas imágenes... siempre van a estar aquí, verdad?- murmuró entre sollozos llevándose su mano a la cabeza.- Es mi culpa... sé por qué está pasando y, aún así no puedo...
Esta vez su habla era más seria y clara, aunque lo hacía sin levantar la mirada del suelo.
- Aquel día te traicioné... a ti... a mí... no porque llamase “mi señor” a Phobetor, aquello solo era una artimaña pero... después... yo te... te... odié.
La voz quebrada de Phantasos no daba lugar a dudas de lo arrepentida que se sentía, pero no dejaba de ser consciente de la dureza de sus palabras. Agachó aún más la cabeza y apretó los puños. Le dolía haber pensado aquello y más aún confesar en voz alta algo tan horrible.
- Quise entender tus motivos y respetar tu decisión... juro que traté de hacerlo. Pero no soy capaz de comprender el destino del que me hablaste en la sala de hielo, no soy capaz de ver tan lejos como tú. En cambio, no pude evitar creer que todo esto podría haberse evitado si tan solo... - dudó un instante, pero ¿acaso no había ya perdido todo?- Nosotros... ya nos habíamos besado una vez... es cierto que no era yo, pero para ti sí lo era y, a pesar de todo, nada cambió entre nosotros. Repetir eso no implicaba ningún riesgo para ti y... en vez de eso, preferiste verme en los brazos de un monstruo.
Querría poder ser capaz de levantar la vista, pero no tenía el valor si quería seguir hablando. Tampoco podría haber identificado los pensamientos de Hypnos sin ver sus ojos, aunque era consciente de que sus palabras eran dañinas.
- No te reprocho el que me dejaras ir. Sé que lo hiciste porque confiabas en mí y porque valoras mi libertad.- Lo dijo en un murmullo y se mantuvo en silencio un par de minutos antes de continuar.- Solo quiero hacerte entender el por qué en ese momento yo solo me dejé llevar. Quería... castigarte. Olvidé mi motivo real para estar allí y cuando quise darme cuenta, me sorprendí a mí misma pensando en que...- contuvo el aliento. Sabía que no debía decirlo, pero tenía que hacerlo.- … prefería a ese Hypnos antes que a ti.
Esta vez levantó la vista, completamente rota por la realidad. Tal y como había supuesto, no era capaz de saber qué pasaba por la mente de Hypnos en ese instante, pero tal vez él sí pudiese llegar a entender el por qué Phantasos estaba mentalmente resquebrajada.
- Pude salir de mi propia fantasía porque recordé tus palabras. Dijiste que ese sentimiento que había desarrollado por algunos humanos y por ti, era una fuente de gran poder, pero que también podía ser mi perdición. Dijiste que confiabas en que llegado el momento tomaría las decisiones correctas.- Bajó nuevamente la mirada.- Lo intenté, pero ahora sé, que las tomé demasiado tarde. Mi mente sigue viajando una y otra vez a ese día cada vez que pienso en ti o te tengo frente a mí. Soy completamente incapaz de renunciar por mí misma al recuerdo de tus besos o tus caricias... dios ¿cómo podría? aún sabiendo que son mentira... pero mantener esos pensamientos, también implica que...
Phantasos proyectó sus visiones hacia Hypnos. Éste pudo contemplarse a sí mismo, mutilado. Sin ojos, con agujeros en su cuello y su garganta degollada. Apuñalado, sin un brazo y lo que parecía un sin fin de otras tantas lesiones. También estaban sus otros oniros y un niño con aspecto similar.
- Lo siento... todo. Incluso tener que rendirme... pero... no puedo más, Phobetor ganó.- Se inclinó posando sus manos sobre el suelo, en una especie de reverencia.- Me someto a mi destino divino, sea el que sea. No hay ningún pensamiento que valore tanto como tu ser, no tiene sentido continuar habiéndote perdido en el proceso. Solo tienes que sellar esa parte de mí que te ama del modo que no debe hacer y... volveré a ser la oniro que un día deseasteis que fuera a vuestro servicio. Por favor... - su tono era de súplica absoluta.- Mi lealtad seguirá intacta y vos siempre recordaréis que os amaré por encima de todas las cosas, solo... dejará de ser un obstáculo. Por favor...
Sus palabras, comenzaron a escucharse lejanas, como un eco olvidado. La sombra los envolvió y todo ese mundo, desapareció.
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Momento actual
- ¿Mi señor? ¿Mi señor? ¿Estáis bien? ¿Habéis... vuelto?- La voz de Phantasos sonaba cautelosa mientras contemplaba como los ojos de Hypnos volvían finalmente a su tonalidad habitual y la sala los castigaba de nuevo con una lluvia torrencial por haber hecho distinción de clases. Ambos se encontraban en el agua y la oniro lo abrazaba para evitar que éste acabase hundido en las profundidades.
El dios parecía algo desorientado, pues tuvo que girar varias veces a su alrededor para reconocer el lugar en el que se encontraban: la sala del hielo, el palacio de Phantasos. Pero tal vez la pregunta no debía ser “¿dónde se encontraba?”, sino “¿cuándo?”.
La muchacha convertida en una sirena plateada intentó mantener la calma aunque la situación requería de cierta premura. La confusión de su señor no la pillaba por sorpresa, pues aquel entorno tranquilo y relajante del que ambos estaban disfrutando al sonido de la lira de Hypnos, ahora se mostraba algo más caótico. La lluvia caía con fuerza sobre aquel lago helado, ahora resquebrajado y con numerosos troncos flotando sobre el agua.
- Salgamos de aquí antes de que te plantees no volver a pisar mi palacio.- gritó la oniro para hacerse oír entre el sonido de la lluvia cayendo a bocajarro sobre ellos y el de los truenos de fondo.
La mujer sonrió divertida mientras creaba un portal dimensional. Finalmente, ambos lo cruzaron antes de que un relámpago impactase contra el agua.
El paisaje cambió por completo. El atardecer podía vislumbrarse en la línea del horizonte de un bello mar en calma. El clima era cálido y el silencio tan solo era roto por el sonido de algunas gaviotas y de las olas rompiendo en la orilla próxima.
Phantasos podía intuir que su señor aún estaba asimilando algún tipo de información que ella desconocía, así que no dijo nada y simplemente mantuvo el agarre de su mano para arrastrarle nadando hacia la pequeña cala de arena fina.
- Ya te... os advertí- corrigió a tiempo- que era una sala algo complicada. Aquí estaremos mucho más tranquilos y sin sobresaltos, lo prometo.- Explicó pasados unos minutos sentados en la orilla. Ella misma se había quedado hipnotizada por los destellos de los brillos que hacían el sol y el agua en su aleta.- No entendía el por qué la sala se había tornado violenta hasta que me di cuenta de que la música había dejado de sonar. Los árboles comenzaron a desplomarse uno tras otro sobre nosotros, partiendo el hielo del lago y todo lo que encontraban a su paso. Fue entonces que os vi, rígido como una estatua y con esos ojos negros capaces de asustar a cualquiera.
Phantasos solo había visto esos ojos una vez, en la sala del trono hacía muchos años. Todos los oniros mostraron la misma reacción de extrañeza al verlo, y más aún, porque cuando Hypnos volvió en sí, todos sus planes parecían opuestos a lo que previamente les había ordenado. Sin duda era un don desconocido para ellos. De hecho, incluso Phantasos se preguntaba si no era acaso un poder que escapaba al control del propio dios.
- Con el destrozo caísteis al agua... y tuve que manteneros a flote. No quería arriesgarme a transportar su cuerpo a otro lugar y dejar su mente perdida en otra dimensión, aunque...- Se inclinó un poco hacia él, dado que seguía con la mirada perdida.- … me pregunto si no haya sido así. En cuanto a su lira, la recuperaré mañana, en cuanto la sala se calme. No exagero al decir que de entrar hoy podría no salir con vida. Cuanto más cosmos se usa allí, más violenta se vuelve... mmm...- recapacitó un instante-... no sería una mala opción encerrar allí a Phobetor, sin duda sería un recurso más rápido que aprender el súcubo.
Phantasos se echó a reír, pero Hypnos seguía callado. Tal vez ella no lo habría hecho de ser consciente de la realidad: El don de la clarividencia, traía consigo una gran responsabilidad y una carga difícil de imaginar para cualquier ser que no lo poseyera.
Predecir el futuro mediante los sueños... un poder aplastante. Poder cambiar el destino o poder asumirlo con gran antelación. Un poder que el dios había preferido guardar en silencio, al menos hasta ese instante. Un poder que le había hecho merecedor de ser el consejero principal de su señor Hades. Un poder, que solía resurgir por sí solo como si de una alarma de seguridad se tratase, cuando alguna acción podía derivar en un riesgo vital para el Reino de los Sueños.
El dios por fin había conseguido aclarar sus ideas. Ya no le quedaba ningún resquicio de duda sobre lo que había sido real y lo que no. Había contemplado el futuro, todo lo que ocurriría cuando éste dejase atrás el palacio de su oniro. Había observado el entrenamiento de Phantasos como súcubo, su llegada a la prisión de Phobetor y toda su posterior tortura. Su propio rescate y todos los meses de agonía de su oniro. Cómo estos hechos la habían llevado a acercarse a Lucifer y los dioses olímpicos, a perder el control de su poder... y todo lo posterior hasta su rendición final ante él mismo.
Hypnos respiró hondo mientras veía como la cola de sirena chapoteaba con gracia contra las olas en un entretenimiento inocente e hipnotizante. Tenía en su mano cambiar todo el destino de sus oniros o mantenerlo. Podría llamársele un don o una maldición, pues todo acto, traería consigo otros destinos quizás no tan alentadores. Hiciese lo que hiciese, la sombra llegaría al reino de los sueños, de un modo u otro.
¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que se habían visto?
Demasiado.
Tal vez por eso, la primera reacción de Phantasos al ver a Hypnos fue la de pasar de largo, creyendo que aquel ser no era sino otra macabra ilusión... nada fuera de lo habitual. Pero conforme sus pasos se alejaban, algo en su interior se enfriaba lentamente... y eso solo le ocurría con una persona en este mundo.
Detuvo su caminar y permaneció quieta dándole la espalda, conteniendo sus miedos. Se descubrió a sí misma suplicando en su interior a cualquier deidad que pudiese ayudarla en ese momento... ¿pero acaso no la tenía justo a su espalda? Los segundos pasaban y Phantasos parecía congelada en el tiempo.
Finalmente, cerró los ojos y contuvo el aliento. Comenzó a girar sobre sí misma tan lentamente, que su movimiento podría haber pasado desapercibido. Su corazón se aceleró. Solo podía escuchar ese latir desenfrenado en sus oídos.
Abrió los ojos.
No tenía más remedio que hacerlo tarde o temprano.
El dios del sueño pudo identificar con claridad que algo se había roto en el interior de su oniro al cruzar la mirada con ella. Tal vez por eso permitió que ésta se acercara con su mano temblorosa en alto sin mover ningún músculo. Hypnos no sabía qué estaba pasando, pero en cuanto la mano de Phantasos hizo contacto con el pecho del dios, ésta se derrumbó sobre sus rodillas y rompió a llorar.
*Flashback
- ¡Me has clavado un puñal en el corazón! Ajajajaja ¡Aún no puedo creerlo!- Reía Phobetor convertido en Hypnos- ¡Has atacado a tu señor! Jamás creí que tendrías las agallas.- Lo dijo sin perder su sonrisa macabra mientras se sacaba el puñal del pecho y Phantasos veía como la sangre brotaba incontrolada, aunque sin ningún tipo de efecto real en el oniro.- Pero eso está bien, así nuestros juegos podrán ser más divertidos. Veamos qué más podemos usar...
Phobetor recorrió las paredes de su habitación con cara divertida, hasta que dio con algo que pareció darle una idea.
- Objetos sencillos... son los más eficaces, no me cabe ninguna duda.- Dijo arrodillándose ante una Phantasos debilitada que lo miraba dubitativa al mostrarle la cuchara que traía en la mano.- No hay que ser muy observador para saber que adoras los ojos de Hypnos. Cada vez que los miras, algo en tu interior se desconecta, como los humanos contemplando la Vía Láctea. ¿Nunca te has preguntado... a qué sabrán?
- ¿Q-Qué?
La mujer intentaba comprender el significado oculto de aquellas palabras cuando horrorizada se dio cuenta de que no existía ninguno, sino simplemente lo que éste parecía haber insinuado. Usó la cuchara para sacarse sus propios ojos y dejar las cuencas vacías, haciendo que la oniro diese un grito de pánico al contemplar aquel acto. Se tapó los ojos con sus manos, como si aquello pudiera hacerla olvidar lo que estaba presenciando. En mitad de la oscuridad, solo escuchó una nueva orden.
- Abre la boca...
*Fin del flashback.
Las lágrimas seguían corriendo amargas.
Sentía rabia e impotencia. También injusticia y resignación a lo que era inevitable.
- No quería que supieras la verdad. No quería encontrarte hasta resolver esto, pero... esas imágenes... siempre van a estar aquí, verdad?- murmuró entre sollozos llevándose su mano a la cabeza.- Es mi culpa... sé por qué está pasando y, aún así no puedo...
Esta vez su habla era más seria y clara, aunque lo hacía sin levantar la mirada del suelo.
- Aquel día te traicioné... a ti... a mí... no porque llamase “mi señor” a Phobetor, aquello solo era una artimaña pero... después... yo te... te... odié.
La voz quebrada de Phantasos no daba lugar a dudas de lo arrepentida que se sentía, pero no dejaba de ser consciente de la dureza de sus palabras. Agachó aún más la cabeza y apretó los puños. Le dolía haber pensado aquello y más aún confesar en voz alta algo tan horrible.
- Quise entender tus motivos y respetar tu decisión... juro que traté de hacerlo. Pero no soy capaz de comprender el destino del que me hablaste en la sala de hielo, no soy capaz de ver tan lejos como tú. En cambio, no pude evitar creer que todo esto podría haberse evitado si tan solo... - dudó un instante, pero ¿acaso no había ya perdido todo?- Nosotros... ya nos habíamos besado una vez... es cierto que no era yo, pero para ti sí lo era y, a pesar de todo, nada cambió entre nosotros. Repetir eso no implicaba ningún riesgo para ti y... en vez de eso, preferiste verme en los brazos de un monstruo.
Querría poder ser capaz de levantar la vista, pero no tenía el valor si quería seguir hablando. Tampoco podría haber identificado los pensamientos de Hypnos sin ver sus ojos, aunque era consciente de que sus palabras eran dañinas.
- No te reprocho el que me dejaras ir. Sé que lo hiciste porque confiabas en mí y porque valoras mi libertad.- Lo dijo en un murmullo y se mantuvo en silencio un par de minutos antes de continuar.- Solo quiero hacerte entender el por qué en ese momento yo solo me dejé llevar. Quería... castigarte. Olvidé mi motivo real para estar allí y cuando quise darme cuenta, me sorprendí a mí misma pensando en que...- contuvo el aliento. Sabía que no debía decirlo, pero tenía que hacerlo.- … prefería a ese Hypnos antes que a ti.
Esta vez levantó la vista, completamente rota por la realidad. Tal y como había supuesto, no era capaz de saber qué pasaba por la mente de Hypnos en ese instante, pero tal vez él sí pudiese llegar a entender el por qué Phantasos estaba mentalmente resquebrajada.
- Pude salir de mi propia fantasía porque recordé tus palabras. Dijiste que ese sentimiento que había desarrollado por algunos humanos y por ti, era una fuente de gran poder, pero que también podía ser mi perdición. Dijiste que confiabas en que llegado el momento tomaría las decisiones correctas.- Bajó nuevamente la mirada.- Lo intenté, pero ahora sé, que las tomé demasiado tarde. Mi mente sigue viajando una y otra vez a ese día cada vez que pienso en ti o te tengo frente a mí. Soy completamente incapaz de renunciar por mí misma al recuerdo de tus besos o tus caricias... dios ¿cómo podría? aún sabiendo que son mentira... pero mantener esos pensamientos, también implica que...
Phantasos proyectó sus visiones hacia Hypnos. Éste pudo contemplarse a sí mismo, mutilado. Sin ojos, con agujeros en su cuello y su garganta degollada. Apuñalado, sin un brazo y lo que parecía un sin fin de otras tantas lesiones. También estaban sus otros oniros y un niño con aspecto similar.
- Lo siento... todo. Incluso tener que rendirme... pero... no puedo más, Phobetor ganó.- Se inclinó posando sus manos sobre el suelo, en una especie de reverencia.- Me someto a mi destino divino, sea el que sea. No hay ningún pensamiento que valore tanto como tu ser, no tiene sentido continuar habiéndote perdido en el proceso. Solo tienes que sellar esa parte de mí que te ama del modo que no debe hacer y... volveré a ser la oniro que un día deseasteis que fuera a vuestro servicio. Por favor... - su tono era de súplica absoluta.- Mi lealtad seguirá intacta y vos siempre recordaréis que os amaré por encima de todas las cosas, solo... dejará de ser un obstáculo. Por favor...
Sus palabras, comenzaron a escucharse lejanas, como un eco olvidado. La sombra los envolvió y todo ese mundo, desapareció.
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Momento actual
- ¿Mi señor? ¿Mi señor? ¿Estáis bien? ¿Habéis... vuelto?- La voz de Phantasos sonaba cautelosa mientras contemplaba como los ojos de Hypnos volvían finalmente a su tonalidad habitual y la sala los castigaba de nuevo con una lluvia torrencial por haber hecho distinción de clases. Ambos se encontraban en el agua y la oniro lo abrazaba para evitar que éste acabase hundido en las profundidades.
El dios parecía algo desorientado, pues tuvo que girar varias veces a su alrededor para reconocer el lugar en el que se encontraban: la sala del hielo, el palacio de Phantasos. Pero tal vez la pregunta no debía ser “¿dónde se encontraba?”, sino “¿cuándo?”.
La muchacha convertida en una sirena plateada intentó mantener la calma aunque la situación requería de cierta premura. La confusión de su señor no la pillaba por sorpresa, pues aquel entorno tranquilo y relajante del que ambos estaban disfrutando al sonido de la lira de Hypnos, ahora se mostraba algo más caótico. La lluvia caía con fuerza sobre aquel lago helado, ahora resquebrajado y con numerosos troncos flotando sobre el agua.
- Salgamos de aquí antes de que te plantees no volver a pisar mi palacio.- gritó la oniro para hacerse oír entre el sonido de la lluvia cayendo a bocajarro sobre ellos y el de los truenos de fondo.
La mujer sonrió divertida mientras creaba un portal dimensional. Finalmente, ambos lo cruzaron antes de que un relámpago impactase contra el agua.
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El paisaje cambió por completo. El atardecer podía vislumbrarse en la línea del horizonte de un bello mar en calma. El clima era cálido y el silencio tan solo era roto por el sonido de algunas gaviotas y de las olas rompiendo en la orilla próxima.
Phantasos podía intuir que su señor aún estaba asimilando algún tipo de información que ella desconocía, así que no dijo nada y simplemente mantuvo el agarre de su mano para arrastrarle nadando hacia la pequeña cala de arena fina.
- Ya te... os advertí- corrigió a tiempo- que era una sala algo complicada. Aquí estaremos mucho más tranquilos y sin sobresaltos, lo prometo.- Explicó pasados unos minutos sentados en la orilla. Ella misma se había quedado hipnotizada por los destellos de los brillos que hacían el sol y el agua en su aleta.- No entendía el por qué la sala se había tornado violenta hasta que me di cuenta de que la música había dejado de sonar. Los árboles comenzaron a desplomarse uno tras otro sobre nosotros, partiendo el hielo del lago y todo lo que encontraban a su paso. Fue entonces que os vi, rígido como una estatua y con esos ojos negros capaces de asustar a cualquiera.
Phantasos solo había visto esos ojos una vez, en la sala del trono hacía muchos años. Todos los oniros mostraron la misma reacción de extrañeza al verlo, y más aún, porque cuando Hypnos volvió en sí, todos sus planes parecían opuestos a lo que previamente les había ordenado. Sin duda era un don desconocido para ellos. De hecho, incluso Phantasos se preguntaba si no era acaso un poder que escapaba al control del propio dios.
- Con el destrozo caísteis al agua... y tuve que manteneros a flote. No quería arriesgarme a transportar su cuerpo a otro lugar y dejar su mente perdida en otra dimensión, aunque...- Se inclinó un poco hacia él, dado que seguía con la mirada perdida.- … me pregunto si no haya sido así. En cuanto a su lira, la recuperaré mañana, en cuanto la sala se calme. No exagero al decir que de entrar hoy podría no salir con vida. Cuanto más cosmos se usa allí, más violenta se vuelve... mmm...- recapacitó un instante-... no sería una mala opción encerrar allí a Phobetor, sin duda sería un recurso más rápido que aprender el súcubo.
Phantasos se echó a reír, pero Hypnos seguía callado. Tal vez ella no lo habría hecho de ser consciente de la realidad: El don de la clarividencia, traía consigo una gran responsabilidad y una carga difícil de imaginar para cualquier ser que no lo poseyera.
Predecir el futuro mediante los sueños... un poder aplastante. Poder cambiar el destino o poder asumirlo con gran antelación. Un poder que el dios había preferido guardar en silencio, al menos hasta ese instante. Un poder que le había hecho merecedor de ser el consejero principal de su señor Hades. Un poder, que solía resurgir por sí solo como si de una alarma de seguridad se tratase, cuando alguna acción podía derivar en un riesgo vital para el Reino de los Sueños.
El dios por fin había conseguido aclarar sus ideas. Ya no le quedaba ningún resquicio de duda sobre lo que había sido real y lo que no. Había contemplado el futuro, todo lo que ocurriría cuando éste dejase atrás el palacio de su oniro. Había observado el entrenamiento de Phantasos como súcubo, su llegada a la prisión de Phobetor y toda su posterior tortura. Su propio rescate y todos los meses de agonía de su oniro. Cómo estos hechos la habían llevado a acercarse a Lucifer y los dioses olímpicos, a perder el control de su poder... y todo lo posterior hasta su rendición final ante él mismo.
Hypnos respiró hondo mientras veía como la cola de sirena chapoteaba con gracia contra las olas en un entretenimiento inocente e hipnotizante. Tenía en su mano cambiar todo el destino de sus oniros o mantenerlo. Podría llamársele un don o una maldición, pues todo acto, traería consigo otros destinos quizás no tan alentadores. Hiciese lo que hiciese, la sombra llegaría al reino de los sueños, de un modo u otro.

[[.:: Hypnos ::.]]
