Salón de Té.

Lugar oscuro en el cual habita una persona la cual es realmente poderosa, aquella que es conocida como una de las mas fuertes de los reinos, la temible voz de Pandora es representada por:

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[On rol privado]. Hypnos y Rhiannon.


Cuando Pandora no quería ser molestada, sabía cómo retirarse muy bien, pensó que en el castillo encontraría más rápido a la señora de las huestes inframundanas. Para quitarse un poco del problema, había amedrentado un poco a los soldados con el fin de que la buscaran y si bien no le hablara, volvieran hacia Rhiannon para referirle dónde estaba.

Entre sus primeros pensamientos, había pasado acudir al señor Hades e Hypnos, pero molestar a los dioses no era su intención y tampoco quería herir susceptibilidades saltándose niveles jerárquicos; incluso si Astra había parecido la mayoría del tiempo relativamente amigable, no quería tentar su suerte cuando su carrera en el inframundo apenas comenzaba.

Esperaría un poco más, y si no encontraba en un par de horas a Astra para darle el mensaje de Ares, no dudaría en ir hacia los dioses.

Probablemente había tiempo de un respiro, así que se tomaría ese tiempo para quitarse la sangre y el sudor de su travesía en Asgard, con el fin estar presentable para ellos (y sentirse bien); al menos era no sólo una excusa sino una necesidad. Se había aseado y cambiado la ropa; se había puesto una holgada camisa blanca y pantalón de piel de color negro, pero todo bajo una larga gabardina que parecía más un vestido. No tenía idea de cómo se sentían cómodas peleando con vestido, pero no era su estilo y tenía que estar preparada, sin embargo, no podía negar que la “estética” del inframundo era agradable en algunos casos.

Aún sin datos por medio de los soldados, decidió ir al salón del té, pero para tomar un poco de Whisky en el acogedor espacio. Dejó su armadura cerca de la ventana y tomó asiento. Sabía que beber un poco la ayudaría a relajarse, y no interferiría en su eficiencia en la batalla, conociendo sus propios límites.

Mientras bebía los primeros tragos, no pudo evitar pensar en el pobre Andras, al que había llevado a la tierra de los dragones en la dimensión de bolsillo que había creado para ellos. Su seudo prometido (qué gracioso, todavía eso) le caía bien, así que si bien Ares iba a “ayudar” a mejorar a los guerreros de Asgard ante lo que se avecinaba, Rhiannon podía ayudar con uno y probablemente evitar que fuese asesinado en el proceso si no era considerado apto. Los dragones eran una excelente práctica y más aún si sus técnicas no debían ir encaminadas a matarlos.

Pensó en el dragón que acababa de rescatar, en cómo también hace no mucho habían hecho equipo para rescatar a otro en América, pero de eso... era mejor no acordarse por ahora.

Rhiannon no había sido negligente, porque ella no era una juez por elección del señor Hades, así que no entendí amucho la culpa le aquejaba, al no haber buscado a otros espectros que hubiesen despertado; porque ella de alguna forma “sentía” que no era la única. Se preguntó si era por la especie de conexión de los 108 masei al llamado de la resurrección de Hades.

Se pasó la mano por el rostro y eligió que eso lo pensaría después; estaba cansada tras haber peleado con seres míticos de Asgard para liberar a otro, pero al menos había conseguido quedar bien con los asgardianos y la libertad del dragón que Siegfried había herido; rara vez podía estar en una situación de ganar-ganar. Aún con todo no podía olvidar las palabras de Ares y preocuparse por el futuro. Empezó a cabecear, estaba cansada pero no se podía permitir dormir. Recargó su barbilla en la mano.

Todavía tenía que completar sus notas de los sucesos, pero... Quería escapar un ratito de todo, así que continuó el libro que había llevado para entretenerse. La tempestad, en el cuarto acto, leyó:
“Nuestros festejos han terminado. Estos actores nuestros/, como te avisé, eran todos espíritus, y/ se han fundido en el aire, en sutil aire/, y, como la tela sin cimiento de esta visión/, las torres coronadas de nubes, los espléndidos palacios/, los solemnes templos, y la misma gran esfera/, con todo lo que le pertenece, se disolverá, y, como este efímero espectácul0, no dejará rastro alguno. Estamos hechos de la misma sustancia de la que están hechos los sueños/, y nuestra pequeña vida se encierra en un sueño.”

Como si fuese un conjuro, fue entonces que sus ojos se cerraron, y soñó de nuevo, con un sueño que no era, pero de alguna forma se hizo suyo...
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Cuando abrió los ojos y observó el vaso a medio beber, se dio cuenta que estaba llorando. Eran lágrimas silenciosas pero muy amargas, entre una sensación de extrañar a alguien, desasociego, nostalgia... En ese sueño en el que había sido involucraba le calaba en el alma el que... efectivamente ella había fracasado, pero aquel escape fue un sueño de vida y paz, no de horrorosa muerte y destrucción como fue en la realidad y dolía muchísimo el saber que sus manos estaban manchadas de sangre, por eso ahora estaba maldita y su alma ennegrecida. Esa vida que había vivido en el sueño también le dotó de los sentimientos, porque por un momento para ella fue real, aunque luego viera todo como una observadora externa.

Tragó pesado intentando no sollozar, se limpió las lágrimas tallando con las palmas de las manos el rostro y... se puso erguida al sentir otro cosmos en la habitación. Se destapó lentamente los ojos y ahí estaba de nuevo Hypnos, pero esta vez frente a ella, en La Realidad, iluminado por el fuego y la luz de la ventana, aún con un toque etéreo.

El dios de los sueños, estaba segura, no estaba ahí por casualidad y ahora sabía quién fue Rhiannon; de eso no había duda porque había estado en su dominio hace unos segundos y había sentido una conexión que no podía explicar.

Sonrió con amargura de medio lado, levantó y bajó un hombro.

—Para que conste...a estas alturas, creo que si lo hubieras hecho mejor. —Le dijo con la voz un poco ronca. —Fue un hermoso sueño, lástima que algo como eso nunca sería real. —Sus lágrimas se habían secado y su rostro volvió a su típica inexpresión.

Porque incluso con el ansia y la embriaguez de poder, pese al aura típica de los dioses presuntuosos, Hypnos había querido un mundo de paz que ella no pudo lograr y lo consiguió en su sueño. Dafne no era tan orgullosa como para no entregar el trono de la tierra si era por el bienestar de la humanidad, aún más si ese extraordinario y bello sueño con los espectros y santuarianos viviendo en armonía se pudo haber logrado, con la humanidad a salvo... pero al final del día era una irrealidad. Un simple sueño que en eso se quedaba y se había extinguido ya.
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El sonido del arpa acompañaba el colorido movimiento de las flores del Eliseo, que parecían moverse al tempo de la melodía. Sentado en una banca de un mármol tan blanco como la nieve ártica se encontraba uno de los dioses gemelos del inframundo, Hypnos. Llevaba varias horas deslizando sus dedos por las duras cuerdas doradas de su arpa, cuando tocaba alcanzaba un estado de contemplación muy alto. Es en esos momentos en donde los recuerdos de los primeros instantes de su existencia se permitían aparecer. Cada año que pasaba recordaba un poco menos. En aquel momento eran solo destellos en el éter, se preguntaba si alguna vez había podido recordarlo todo, cada instante, cada momento, desde la creación del ser hasta la compleja composición de la tierra.

Estando en ese estado de concentración y contemplación del universo algo le hizo volver a un plano terrenal. En su mente una imagen enterrada voluntariamente se abría paso con fuerza a través de la bruma de la inconciencia. Se vio nuevamente subiendo las escaleras del santuario y recibiendo a Nike con la venia de Athena y la matriarca del santuario. Sabía de donde procedía esa imagen, había sido resultado de aquel encuentro con Xtabay, un ser vengativo que tenía la habilidad de enardecer los deseos mas oscuros de los hombres, el dios había caído en su trampa y un deseo prohibido había sido materializado en su consiente.

Pero, ¿Por qué lo estaba viendo en ese momento?. Dejó de tocar, con sus ojos aún cerrados buscó el origen de aquella visión. No era un ataque ilusorio, o mental, como lo había sido originalmente. Era... alguien soñando. No es que pudiera sentir los sueños de todos los humanos en todo momento, el reino de los sueños tenía ciertas reglas, y aún así la administración recaía totalmente en sus oníros. El tenía siglos alejado de ese mundo. Sin embargo, aquel sueño era particular, por que era de el. ¿Quién podría soñar su sueño? ¿Quién puede entender y sentir ese sueño como propio con tal fuerza que sea capaz de materializarlo tal cual lo hubiera soñado el?, no era solo que tenía que ser una persona especial en fuerza y poder como para poder proyectar su mente de esa manera, si no que requería un nivel de entendimiento profundo para poder materializar un sueño ajeno. Debía sentir como sentía el, saber lo que sabía el, al menos en cierta manera.

Conforme se concentraba un hilo de plata se dibujo en el aire. Lo siguió con la mente hasta que descubrió su origen. El castillo heinstein. Por un momento se congeló. ¿Era Hades llamándolo? Que pasaría si su señor de alguna manera hubiera dado con aquel deseo, ¿si los dioses americanos habían, como última jugarreta, entregado aquella información a su señor?.

Respiró, recobró su temple. Aquello no podía ser, a pesar de que nunca había tenido acceso a los sueños de Lord Hades, considerando que tal ves no soñaba de la misma forma que los dioses menores o los hombres, reconocería su energía. Tenía milenios a su lado. Se recriminó por haber dudado de esa manera. El miedo que sintió provenía de la culpa, y la culpa de la vergüenza, sentimientos mezquinos y vanos que no asechaban tanto a los dioses como a los hombres.

Se levantó, su arpa desapareció, y un segundo después Hypnos también. Se había transportado de los campos Elíseos al castillo Heinstein.

Apreció directamente en el salón de descanso. Y entonces la vio. Rhiannon, portadora del manto de Wyvern. ¿Era ella quien compartía su sueño?... pero... ¿Cómo?

El sueño transcurría, el podía ver el sueño al mismo tiempo que veía la realidad. Aquella mujer ataviada en una gabardina negra, con el cabello blanco aún húmedo que caía sobre sus hombros. Sus ojos evidenciaban que estaba soñando, aun y cuando hypnos no pudiera ver su sueño, sus pupilas se movían rápidamente debajo de sus parpados. Su pecho iba de arriba abajo, en un vaivén atropellado, estaba luchando contra algo, no en el sueño, en... ¿Su alma?, no podía estar seguro.

Mientras la miraba fijamente la realidad parpadeó. Durante un milisegundo su cabello se tornó azul, su piel cambio su tonalidad, durante un milisegundo vio a la Athena con la que había soñado. Poco a poco lo comenzó a entender. Recordó hacia algunas semanas como de ella por momentos breves irradiaban dos naturalezas de cosmo. Aquella Athena no era un invento total de su subconciente, era una proyección de un pasado cercano. Ella había hablado de otra alma, ahora lo recordaba. Pero conforme mas recordaba mas preguntas surgían.

El sueño llegaba a su final, las gruesas columnas del santuario de Athena se cuarteaban y desaparecían. El crujir de la piedra opacaba el crujir de su corazón. Hypnos no lo veía claro, pero notó como sendas lágrimas recorrían su mejilla. Le tomó algunos segundos percatarse que el estaba ahí. En cuanto lo hizo se levantó, casi en guardia. Ahí estaba, la guerrera que había conocido en el rio de sangre, orgullosa, presta para el combate.

Aunque cuando ella le reconoció a el nuevamente cambió su porte. Sus hombros se relajaron. Los rasgos de su rostro se suavizaron y hasta una sonrisa triste se dibujó, aún siendo Rhiannon un poco de Dafne apareció.

- Es lo que tienen los sueños. Suelen ser cosas de un nivel fantástico considerable. Aunque no es común que los dioses sueñen, cuando lo hacemos, lo hacemos bajo la misma naturaleza del sueño mortal. Con cosas imposibles...-

Dijo con un dejo de amargura, no tanto por que sabía que su sueño era imposible, si no, por que lo tenía. Era una mancha en su andar que ahora se hacía mas presente.

- No entiendo del todo. ¿Quién eres? -

Dijo, no como una orden o imposición, si no, con una curiosidad sincera no se le ocurrió una mejor manera de iniciar aquella conversación.
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Re: Salón de Té.

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Meditó acerca de la información que Hypnos le daba acerca de los dioses y sus sueños.

—Cosas imposibles... Shakespeare se equivocó en su ensoñación y no estamos hechos de la misma sustancia de la que están hechos los sueños. —Acarició la portada de su libro en la mesa. —Aunque me gusta imaginar que usted y sus creaciones debieron de haberlo visitado para inspirar tales palabras.

Pensó que era muy triste no soñar, y también en lo relativo que era decir acerca de hablar imposibilidad y los dioses, porque para ellos había ya no posibilidad sino realidad, en aquello donde los humanos apenas soñarían con tener.

—Viví la mayor parte del tiempo más una vida mortal que divina, quizá por eso no alcance la comprensión completa de lo que me habla. —Volvió a hablarle un poco más formal, notando el error de haberlo tuteado apenas despertó, todavía contagiada por la familiaridad del mundo que se forjó en los sueños, donde lo “conocía” y habían convivido por un tiempo de una forma muy cercana.

Por otro lado, no importa cuánto se resistiera o aplastara a “Dafne” en la parte más profunda de su mente; siempre salió y se expresó por medio de recuerdos plasmados en sus sueños, a veces tal cuál pasaron, a veces alterados, pero allí estaba... era parte de ser humano cubrir la necesidad del patrón (incluso caótico como el suyo) de sueño y descanso. No sabía cómo trabajaba o a qué nivel funcionaba el poder del dios, pero a estas alturas, Rhiannon pensó que era absurdo seguir ocultando algo que Hypnos podría verificar si quisiera fácilmente en su subconsciente, en el momento en que durmiera.

Con la palma hacia arriba, hizo el ademán de invitación a sentarse en la mesa al dios, acompañando el gesto de una pequeña reverencia con la cabeza, para luego servir un vaso adicional de Whiskey.

—Si no es de su agrado, puedo preparar té. —Miró hacia la esquina donde de hecho, sobre una mesita de servicio, la servidumbre había dejado un juego de fina porcelana cuando ella anunció que iba a ocupar el salón.

Ella misma se sentó después, rellenando su vaso de whiskey. La botella ya iba por la mitad; la verdad es que normalmente no se alcoholizaba con facilidad, pero había estado cansada y entre eso y la lectura la había llevado a inducirse el sueño. Se sentía de alguna forma cohibida, porque la habían encontrado llorando. Era una vergüenza que un espectro fuera hallado con tal debilidad, incluso si no parecía juzgarla por ello.

—Soy... lo que queda, supongo. —Respondió a la pregunta de Hypnos. Bebió un trago de licor, ya no sentía la quemazón inicial, sólo un calorcito agradable que le recorrió la garganta y el pecho. Halló el valor para mirarlo a los ojos. —Hace algunas generaciones, nací en diferentes vidas para ser la reencarnación de Atenea... —Levantó tres dedos. —Hmm su recipiente quizá. Inicié casi siempre como una guerrera del santuario y el nombre fue Dafne: fui fénix, fui géminis... y de alguna forma, terminaba en el camino del despertar de la diosa.

Los dedos que no estaban tomando el vaso, tamborilearon un poco en la mesa, dejando que la información fuera asimilada por Hypnos. Se obligó a dejarlos quietos cuando lo notó. No solía ser tan nerviosa pero esto... lo sintió de alguna forma un momento crucial de esta vida.

—Fracasé en mi misión una, y otra, y otra vez, por muchas razones... la generación anterior no nací, pero al parecer mi alma necia decidió reciclarse y volver como soy ahora. —Sonrió con amargura. —Eso, o alguien decidió que era “buena idea” hacerme volver como la estrella celeste de la ferocidad.
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Hypnos sonrió levemente ante la atribución de la iluminación de Shakespeare.

- Nosotros no creamos los sueños de los mortales. Son ellos quienes dan vida a mi reino... - Hizo una pausa.- En el principio de los tiempos, el mundo de los sueños se creó a manera de prisión. Es una dimensión íntimamente ligada con el alma. Morpheo rige aún esa parte primigenia, ese lugar recóndito en donde aún el alma de un dios tendría problemas para alcanzar, o salir de ahí, si el alma de un mortal cae en los dominios de Morpheo, nunca mas encarnara en ningún cuerpo humano. Con el paso de los milenios esta dimensión fue particionándose, en gran medida debido a mi poder, pero si te soy sincero, creo que el poder de los mortales tuvieron enorme peso en lo que ocurrió después. Esa capacidad del alma mortal de imaginar aquello que le falta en el corazón es tan poderosa que se ha proyectado en otro plano, colaborando activamente en todas las secciones de este mundo, incluso aquella que visitas cuando sueñas... - Termino diciendo. Era una explicación incompleta, y probablemente innecesaria, pero de repente Hypnos sentía que debía llenar esos pequeños espacios. Hypnos al no estar acostumbrado a la empatía, a la conexión con alguien mas que no fuera su hermano, no entendía lo que ocurría, pero dentro de el se estaba dando ese pequeño cambio que se da cuando conoces un poco mas a alguien de lo que deberías, cuando de súbito te das cuenta que has pasado un poco la armadura que solemos colocar al alma, a los deseos, a los miedos.

-Viví la mayor parte del tiempo más una vida mortal que divina, quizá por eso no alcance la comprensión completa de lo que me habla.-

Hypnos volvió a enfocarse en ella, curioso. Declaraba haber conocido la divinidad. Esta segunda pausa fue mas larga. El la miraba a los ojos, ella los rehuía podía adivinar la duda en ella, la lucha interna. Le ofreció un vaso de Whisky, el aceptó sin pensarlo mucho.


—Soy... lo que queda, supongo. —Respondió a la pregunta de Hypnos. Bebió un trago de licor, ya no sentía la quemazón inicial, sólo un calorcito agradable que le recorrió la garganta y el pecho. Halló el valor para mirarlo a los ojos. —Hace algunas generaciones, nací en diferentes vidas para ser la reencarnación de Atenea... —Levantó tres dedos. —Hmm su recipiente quizá. Inicié casi siempre como una guerrera del santuario y el nombre fue Dafne: fui fénix, fui géminis... y de alguna forma, terminaba en el camino del despertar de la diosa.


Aquello fue sorpresivo, Hypnos ya no se enfocaba en ella, su mirada mas bien se perdió mientras intentaba dar sentido a lo que había escuchado. 3 Encarnaciones de Athena. Hizo cuentas rápidas, no... el no había participado en ninguna de aquellas generaciones.

- 3 encarnaciones... - Dijo, mas pensando en voz alta. - El alma inmortal de aquellas personas especiales suelen encarnarse una y otra vez, repitiendo la historia. Es algo sabido y contra lo que luchamos desde la primera guerra santa. Pero nunca había sabido que Athena se uniera una y otra vez a la misma alma. - Su mente trabajaba rápidamente, buscaba relaciones, información en su subconciente. - Cuando el alma de un dios toma un cuerpo humano el alma mortal queda relegada, no se unen sus naturalezas, no podrían. Pero contigo parecen ha ocurrido algo diferente, de alguna manera Athena te ha elegido 3 veces. Es la primera vez que se de algo así. -

Aquello era mucho decir, pues Hypnos era el encargado de, en cada encarnación escoger al elegido para que su señor Hades volviera.

- Y no solo hay alguna especie de conexión con Athena, si no que, has conseguido romperla, y romperla a un nivel profundo, pues estas ahora en el inframundo..-

Dijo, mas como para sí, que para Rhiannon. De pronto se olvido de su sueño, de su vergüenza, de su culpa. Aquello había hecho que el dios obtuviera nuevas conclusiones en una existencia que el consideraba ya bien conocida.

Volvió al presente, identificó que para Rhiannon no era un evento tan sorprendente como lo era para el. Sus ojos regalaban un dejo de tristeza. Sin saberlo, por ser una sensación tan ajena no podía saberlo, se preocupo un poco por ella.

—Fracasé en mi misión una, y otra, y otra vez, por muchas razones... la generación anterior no nací, pero al parecer mi alma necia decidió reciclarse y volver como soy ahora. —Sonrió con amargura. —Eso, o alguien decidió que era “buena idea” hacerme volver como la estrella celeste de la ferocidad.

Meditó un momento, de un tragó acabo su vaso de whiskey, el licor recorrió su garganta calentándola un poco. Comenzó a entender por que ella podía adueñarse de aquel sueño. La proyección de energía de Hypnos podía ser tan poderosa como para evocar personas reales en su sueño. Había evocado a Athena real, y probablemente la segunda mujer del sueño también existió en algún momento. Aún y con lo anterior para poder hacer suyo un sueño ajeno debían compartir algo mas, aquel sentimiento de fracaso se le hizo muy familiar. Dejó el baso a un lado y se sentó frente a Rhiannon, sus ojos dorados por fin encontraron el plata en los ojos de ella.

- Es posible que Hades halla, de alguna manera capturado tu alma, o ayudado con algún deseo profundo de tu ser. Si haz encarnado a Athena en 3 ocasiones definitivamente hay algo especial en ti, ya sea que tu deseo de alejarte de la tierra se haya cumplido, o que Hades haya intercedido, creo que eres una gran adición a las filas del inframundo. - Recordó aquella sensación que sintió cuando buscaban la planta de los Merthelow. En aquel primer encuentro sintió que esta generación podía ser diferente. - Compartimos la ilusión de Xtabay, de alguna manera mi voluntad y la tuya se unieron.

Ella reflejaba un dejo de tristeza en su rostro, amargura, repudiaba algo, tal vez su pasado, ¿lo que no logró, lo que si hizo? quien era ahora...

- Generación tras generación el deseo de Hades ha sido uno. Gobernar la tierra de los vivos. En ocasiones con un deseo genocida mas intenso. - El la miraba fijamente sin mostrar expresión. - La vida sigue en la tierra, son 8 mil millones de personas ya. Si tu hubieras fracasado a ese número le faltarían algunos ceros y nosotros estaríamos tomando este whiskey en otro lugar. -

Se echó para atrás. En la silla.

- No estoy particularmente feliz de que hayas tenido éxito en detener a Hades en esas 3 oportunidades, pero de algo que puedes estar segura es que el fracaso no esta en tu ser. Tal vez esa es la razón por la que estas en el inframundo... quiso quitarte de en medio. - Ese último comentario fue un pensamiento que escapó.

Se inclinó hacia adelante en la silla, disminuyó la distancia entre ellos a menos de un metro.

- Esto me obliga a preguntarte. Habrá guerra y muerte, por que eso somos. Probablemente veas en el enemigo antiguos amigos, antiguos amores... ¿Qué tanto hay de ella en ti? - Era una pregunta peligrosa, y Rhiannon podía intuirlo. Aún y con aquellos sueños de sublevación y rebeldía, Hypnos era sin duda un ser fiel a Hades y al Inframundo.
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Re: Salón de Té.

Mensaje por Rhiannon »

Conocía una parte de la explicación de la ciencia acerca del sueño, las zonas del cerebro implicadas en los seres humanos, la función de adaptación, en procesos de información e integración, entre muchos otros puntos...pero siempre, siempre había más que ellos todavía no conocían los humanos comunes, y que las celosas deidades jamás les darían a manos llenas en cuanto a conocimientos o saberes. (Y hacían bien).

Con lo que le comentaba, Hypnos hablaba de una dimensión accesible a los seres humanos al dormir, donde ellos daban forma entretejiendo su reino al hacer proyecciones de su mente inconsciente y lo que había en su corazón... pero a su vez, regida y capaz de ser modificada por los dioses, y por tanto inferir en los humanos, imaginó que con reglas autoimpuestas de acuerdo a lo que les funcionara lo evitaban o lo hacían... un sistema complejo que sospechó, alguien que no fuese poseedor de ese poder y función apenas podría suponer y ni por asomo se atreverá a intentar preguntar.

Agradeció con un asentimiento la explicación, e internamente por la paciencia y la confianza que le estaba confiriendo al darle toda esa información probablemente delicada al no ser accesible para cualquiera.

—Tres es un número ganador. —"Bromeó", aunque terminó haciendo una mueca al escuchar sobre “romper” a la diosa. —No fue intencional, pero a veces ocurren las peores cosas, con nuestras mejores intenciones.

Bebió un poco más del whisky, un trago pequeño que saboreó más tiempo del necesario en su boca mientras escuchaba sus conclusiones.

—Esas son buenas especulaciones; tuve mis propias hipótesis a lo largo de los años, la que más me resonó es que simplemente fui enviada como castigo al inframundo. El infierno no era suficiente para mí, supongo, así que vivir una vida que era contrario a todo lo que fui era una manera de castigarme, aunque cada día que pasa cada vez menos logro verlo así. —Suspiró, moviendo el vaso de forma circular, observando el brillo del fuego en la superficie del líquido.

—Agradezco sus palabras, espero ser lo suficientemente buena al menos esta vez para el inframundo... sea lo que sea en lo que termine mi camino, pero al menos espero que esta vez pueda cumplir mi papel. —Sin fracasar, dejó implícito.

Por la inercia del interlocutor atento, Rhiannon también se había hecho un poco hacia enfrente para encontrarse con su mirada. Asintió a la afirmación acerca de sus voluntades unidas. No se refería supo entonces, a la voluntad como capacidad dirigida a conseguir objetivos, sino a la Gran Voluntad que rige en cada ser, la misma creadora del origen del universo. La acción de manifestación pura de lo que es o puede ser.

—Lo vi, el sueño quiero decir, inicialmente en el laberinto; aunque no me quedé lo suficiente para enfrentarla yo misma, creo que me halló la mujer que ustedes enfrentaron y después me comentaron: Xtabay. Me quedé inconsciente en la pelea, vi su sueño como mío...

Era por eso que en su atrevimiento ofuscado al verlo, le había dicho “yo te conozco”.

—Supongo me permitió acceder a él para desorientarme. Fue... un sueño hermoso, lo suficiente para que mi inconsciente que todavía tiene restos de “ella” lo guardara.

Su sonrisa se volvió amarga, negando con la cabeza a lo siguiente que el dios había dicho.

—No es así, Lord Hypnos. Sé que fallé y no es necesario suavizarlo o simplemente. Desde las últimas guerras sagradas y luego tras el último ataque que casi acabó con esta dimensión, han pasado años completos de seres humanos intentando sobrevivir y poblar de nuevo. Por supuesto hay naciones más grandes que otras como siempre, pero muchas de ellas apenas están levantándose, igual que nuestros propios reinos.

- Esto me obliga a preguntarte. Habrá guerra y muerte, por que eso somos. Probablemente veas en el enemigo antiguos amigos, antiguos amores... ¿Qué tanto hay de ella en ti? –

Se recargó en el respaldo con lentitud, no pudo ocultar que había cierta tristeza en su mirada. No debería dolerle tanto. Era absurdo porque a esta persona sólo le tenía afecto devenido de una falsa realidad en el sueño; aunque experta en recibir sinsabores y traiciones, o falta de confianza, podría reponerse. Cuando se dio cuenta que sus cejas se habían arqueado un poco obligó (casi sin esfuerzo) a dejar neutral el gesto.

Era curioso porque precisamente Xtabay la había puesto a combatir contra sus antiguos compañeros de distintas épocas, pero se había dado cuenta de que no eran ellos ante su debilidad y cambios mínimos en el carácter y los acabó sin piedad, además de que había puntualizado en el derecho de ser su propia persona y no la que fue. Actualmente Rhiannon tenía bien establecidas sus prioridades, pero ¿quién podía predecir lo que pasaría en el futuro?

—Has hablado de tu voluntad y la mía unidas; cuando peleábamos con los dioses americanos, incluso hiciste de tu cosmos el nuestro, de nuevo en uno, para poder vencerlos; así que me has conocido de formas que muchos mortales y dioses habían pretendido y nunca lograron, ya que incluso has puesto “pie” en mi subconsciente por “gracia” de Xtabay. Si con todo eso todavía te atreves a dudar de mí, Lord Hypnos, entonces no pierdas tu tiempo con preguntas de ese tipo... —Unió sus dedos y los pasó de lado a lado cerca de su propio cuello, — y has lo que pienses que tengas qué hacer.

Apuró el resto del vaso en un par de últimos y ardorosos tragos.
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Re: Salón de Té.

Mensaje por Hypnos »

–No sería la primera vez que un convencido elemento termine traicionando las filas del Hades Nuestra conexión no es tan profunda como para saber que ocurre en tu corazón, es más un evento fortuito. – Sentenció Hypnos ante el último comentario. – Mi cuestionamiento no es si hoy eres leal, o si lo fuiste en el pasado. Mas bien, quiero saber si tienes la posibilidad de entender que ocurriría en ti al lidiar con guerreros que en otra vida fueran tus hermanos de armas –.

Hypnos terminó echándose para atrás en la silla. Había dejado el vaso de whisky en la mesa y no lo había vuelto a tomar. Miraba fijamente a Rhiannon, pero su pensamiento no estaba realmente en aquel lugar, estaba divagando en las posibilidades que ofrecía aquel descubrimiento. Debía mantener su ego en su lugar, no debía dejar volar mucho su imaginación, esa información es algo que Hades seguramente ya conocía y no quisiera intervenir en los planes de su señor. Aunque sería bueno conocerlos. No había visto a su señor desde que había vuelto, pensó en que le reprendería por todo aquel alboroto con la puerta de los Merthelow… pero no, ni un rastro de su cosmos.

–Supongo que ya lo averiguaremos. – Decidió no seguir hurgando en el pasado de Rhiannon. Él estaba seguro de que hasta ese momento el santuario había ganado todas las guerras. Pero por alguna razón el corazón de la antigua diosa Athena sentía que no era así. Probablemente por los estándares tan altos que manejaban uno y otro. Para uno la victoria no se conseguiría hasta que los planes de Hades se ejecutaran al pie de la letra y para ella la muerte de algunos humanos era ya un fracaso.

–La providencia – Hypnos solía usar distintos sinónimos de para “destino”– me ha permitido conocer esa parte de tu historia, y a cambio tú has conocido una parte oscura de mi pensamiento... – Dijo pensativo–No sabré que hacer con esta información hasta que sea el momento adecuado – Se atrevió a asegurar, en una contradicción que el mismo reconocía.

–Sin embargo, si me permites… – Sin esperar realmente su consentimiento, extendió su mano, de ella una línea dorada se disparó recorriendo los escasos metros que les separaban, esta línea de cosmo atravesó la mente de Rhiannon. – Esta será la última vez que compartamos este sueño. – Hypnos no podía estar seguro del impacto de la unión generada por Xtabay en aquella prueba, y no aceptaría el riesgo. Hypnos se levantó de la silla, caminó hacia el extremo de la sala en donde un gran ventanal dejaba entrar la luz de la luna. – ¿Dime Rhiannon, que tanto recuerdas de las anteriores guerras? De haber estado de este lado, ¿Qué hubieras hecho diferente? – Le interesaba saber si podía indagar en la perspectiva de la antigua líder del Santuario. No era seguro que pudiera recordarlo todo, pero no todo el tiempo tenía la oportunidad de cruzar pensamientos con quien fuera su diametral enemigo.
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Re: Salón de Té.

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Niega con la cabeza en el salón de té, no está dispuesta a pasar de nuevo por otra. Está sudando como si hubiera entrenado por horas. Recuerda su guarida en la cueva, de cuando era niña y el primer dragón la robó del campo de sus padres, pensándola como “suya”. El ardor del veneno de Wyvern inyectado en su brazo y la fébril noche que pasó no dolió tanto como esto, pero si trajo los primeros fuertes delirios que más que eso fueron recuerdos que la mantuvieron enferma por días. No quiere saber más de Atenea, la entierra a cal y canto en la parte más oscura de su mente junto a Dafne. A veces sus memorias son útiles, pero como cualquier libro para sacar información. Nada había dolido como ahora esto que rascó de sus cimientos el señor de los sueños.


Pero de la misma forma en que el dragón no le permitió un descanso, la levantó y la hizo seguir adelante, Rhiannon se obliga a luchar, a sacar de su mente la incursión.

—De haber estado de este lado, ¿Qué hubieras hecho diferente?

Le dice tranquilo e indiferente, iluminado hermosamente por la luz de la luna. ¿Cómo se atreve? Le dan ganas de decirle que no es de su maldita incumbencia, pero ahora ¿no todo lo relacionado lo es?

Sus manos tiemblan, se da cuenta al tomar la servilleta y limpiarse la frente y el resto de la cara con palmaditas. Se avergüenza un poco al sentir que también hubo lágrimas, que espera se hallan confundido con el sudor. El calor de la habitación por la chimenea se siente sofocante, pegajoso. Suspira y bebe té, dejando que su garganta seca tenga posibilidad de palabra.

—No sabría decirle, soy una persona diferente. Nuestras habilidades son diferentes, sobre todo las "sociales", que creo que en eso se basaba gran parte del "poder" de... Dafne. Y ya estoy de este lado, no creo que tenga caso pensar en que "hubiera" hecho en algo que ya no es.
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