Continuación de El cantar del
Nibelungo Dragón Infernal. Viene de
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—“Por Pandora inmaculada... ¿cómo me fui a meter en esto?, yo venía por otra cosa...”
Se había recuperado de la impresión inicial. Si bien la idea de subir a Andras al dragón había sido por la táctica de separar a los Asgardianos, pero ahora de hecho, ella misma veía mejor que estuvieran juntos para que no hubiera cosas raras en la cabeza de él.
Si esto iba en serio lo tomaría de la mejor manera porque era una oportunidad que no podía desperdiciar. Si aceptaba supuestamente sus términos, podría moverse un poco más libremente y menos sospechosa por sus tierras, además se veía que el joven era de noble cuna y probablemente una alianza política no podría estar tan mal.
No que Rhiannon tuviera une estatus de juez o algo que fuera lo suficientemente alto, pero si Hades en persona la había recibido y había puesto interés en su existencia, debería significar algo.
No es que los espectros requirieran de ayuda, pero en las guerras toda alianza era buena y más si podían usar una escala a favor de llegar más fácil a otros reinos, sin batallas innecesarias que interfirieran en el proceso. Eso y quitar las posibilidades de que ellos hicieran alianza con el santuario, no sonaba tan mal.
Le sonrió a la Valkirya, por lo que dijo de los familiares (y esperaba que fuese una broma) aunque casi le da un tic en el ojo e inmediatamente se puso seria de nuevo. No le hacía mucha gracia que la persona que parecía más cabal hace un rato, ahora se enfocara nada más en eso. Eran personas de tradiciones (y muy arcaicas algunas), probablemente le veían mucha importancia al “acontecimiento”.
... ella sólo había querido un seguro para que no la atacaran... ojalá se hubiera acordado antes... ¡No es que su dragón fuera un caballo, por los dioses!... ¿ese tecnicismo serviría de algo para impedir una locura?...
Todos pidieron sus bebidas, que amablemente Andras sirvió y repartió.
—Whiskey, por favor.
Bueno, mientras veía qué tan conveniente era o no cumplir su extraña tradición, les seguiría la corriente. Todavía estaba considerando qué tan provechoso sería expresar una negativa o acuerdo en voz alta, pero Andras no ayudaba mucho. Desgraciado. Si el sarcasmo goteara estaría todo mojado, pero dos podían jugar al mismo juego.
—Servida por un dios guerrero... gracias, Mi Lord. —Le guiñó el ojo cuando sus miradas se encontraron, su cara seria no le quitó coquetería.
Como una especie de entendimiento mutuo extraño, aunque Helge era recién llegado también como ella, él y la Valkirya se sentaron juntos, dejando un espacio solo, al lado de Rhiannon, donde terminó sentándose Andras.
De un trago grande se acabó el vaso de Whisky, su mirada entrecerrada pasando uno a uno de los presentes, mientras sentía el raspar agradable y caliente de la bebida en su garganta. Sirvió casi de forma elegante otro vaso, aprovechando que Andras había dejado la botella en la mesa.
Siempre había escuchado entre los soldados, que los grandes tratos se hacían entre copas, así como les había permitido muchas veces relajarse, por eso su insistencia de que fueran a un bar; desafortunadamente la falta de trato con la gente no le permitía a veces expresar lo que sentía o quería. Los soldados con los que había crecido en el palacio de Hades, sabían de sus excentricidades pero en el mundo “real” era complicado sin ellos para explicarlas. Como fuese, ya estaban ahí.
—Antes del... incidente que por cierto... no es para lo que ustedes piensan que fue... —Carraspeo, le dio otro trago de Whiskey. Arrastró un poco su silla hacia Andras, poniendo una mano en el muslo y moviendo el pulgar. —No es que me esté quejando, cariño. —Le dijo con los dientes apretados.
Lo dejó en paz con naturalidad, como si hubieran apagado un botón y encendido otro. No tenía caso dar más vueltas... Suspiró y metió la mano en su abrigo. Tenía una especie de encuadernado de piel, donde aparte de la libreta básica, venían un montón de papeles entremetidos y sostenidos por el apretado cinturón que venía integrado en la pequeña carpeta.
—Les decía que yo había venido por algo a Asgard...
Acostó el lomo del cuaderno en sus piernas, soltando las hojas levemente y pasando por ellas en rápida sucesión hasta que encontró la que quería y la colocó sobre la mesa. Apretó los labios, haciendo que su gesto serio se viera más grave.
—La gente ha sido injusta con los dragones, a lo largo de los siglos. Los pocos sobrevivientes se escondieron lo suficientemente bien de los humanos, para que los dejaran en paz.
Abrió el papel para mostrar un dibujo, era la escena de un libro antiguo, mientras Siegfried con su espada atravesaba el cuello de un dragón y se bañaba en su sangre.
—La historia la escribe el vencedor, y probablemente no les agrade del todo escuchar otra perspectiva, pero ustedes parecen más racionales.
Más o menos.
—Así que sólo piensen por un momento... sé que Siegried es su héroe mitológico, pero él fue con toda la intención a tomar un tesoro que no era suyo, no le importó matar a su guardián para obtenerlo. Probablemente para ustedes sea un orgullo, pero para el derrotado, no ha habido más que dolor durante siglos.
Giró la hoja para mirar el dibujo, cierta tristeza se pintó en sus ojos.
—No estoy segura si ha sido la conexión con los dragones, o esa sensación extraña de que mi destino está conectado a Asgard que tuve desde que llegué, como les dije, he tenido sueños extraños y pienso que es el dragón pidiéndome ayuda. Llevo un tiempo investigando en todos los lugares posibles y he obtenido ciertas pistas. Quiero darle su libertad, les juro por Hades, que no les dará daño a los habitantes de Asgard en cuanto la tenga.