Templo de Eris (On Rol)

La poderosa diosa de la discordia poseedora de la manzana dorada esta aqui representada por:

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Templo de Eris (On Rol)

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Las sombras comenzaron a juntarse desde las esquinas del tenebroso recinto hasta el centro del gran atrio del palacio de Eris para tomar la forma de una bella joven vestida elegantemente con un pantsuit rojo adornado con un cinturón dorado. En su brazo un elegante bolso de diseñador.

“¿Vas a mantener ese atuendo también aquí?” Murmuró Eris al fondo de su mente.

-Suenas como mi nonna… Tsk, bene…

Deshizo la ilusión del pantsuit para regresarlo a la forma del vestido rojo del que tanto gustaba la diosa.

-Entérate que non é facile camminare en vestito sobre este montón de pietre.

“Si te quitaras esos Lobutin…”

-Louboutin, Eris. ¿Sabes? Estoy segura que Lucifero y Febo no danno tanto fastidio a sus contenitori…

Silvana caminó hasta la entrada del templo desde cuya altura era capaz de divisar su nuevo pequeño reino. Cinco recintos precedían el camino que llevaba a su entrada principal cada cual algún día estarían custodiados por guerreros en cuyo interior germinaran las semillas de la Discordia.

Asintió conforme y volvió sus pasos al interior. Llegaría un momento en que debería pasar la mayor parte de su tiempo ahí por lo que quería saber qué tenía a su disposición.

El templo de Eris seguía lo que parecía el patrón normal de un gran templo griego por el Partenón: un largo pasillo con altas columnas hasta llegar a un atrio en el cual descansaba el trono de la diosa. La piedra antigua se veía en buen estado, aunque el polvo imperaba sobre cada superficie.

Silvana extendió sus sombras hacia cada rincón del palacio las cuales absorbieron el polvo para llevárselo a otra parte dejando las superficies tan impolutas que no habrían manchado un guante blanco. El elegante piso de mármol negro estaba algo opaco, pero sólo le bastó con invocar sus sombras y hacerlas girar a cierta velocidad para devolverle el brillo.

Esto de manejar las sombras le estaba gustando bastante, y sólo había tenido que mover unos dedos.

Se sentó en el trono con exquisites de alguien que había aprendido dichos modales desde la infancia y sopesó los últimos acontecimientos con sus dos homónimos de otros reinos con quienes acababa de aliarse.

Que su empleador más reciente, Lucius Ferrard, resultara ser la nueva encarnación de Lucifer y le pidiera entrar al Vaticano a recuperar una antigua reliquia suya había sido una grata sorpresa. Utilizar sus recién adquiridas habilidades como la nueva encarnación de Eris para infiltrar las bóvedas de la ciudad papal había sido un juego de niños. Que Lucifer la esperara acompañada de un amigo quien resultara ser la encarnación de otro dios desterrado, como ellos, era una coincidencia divertida. Pero que Loukas Heliopoulus supiera quién era ella y resultara ser el hombre con el que su familia había esperado ilusamente un compromiso ventajoso había sido… como un puñetazo al estómago.

Sólo su larga práctica, especialmente su último año como infiltradora, había impedido que reaccionara con algo más que un encogimiento de hombros y un comentario sarcástico, pero el sólo recuerdo de aquella ocasión le hacía hervir la sangre. Era una suerte que Loukas hubiera demostrado tener una mente astuta formada para la guerra y el liderazgo en lugar de ser el típico noble venido a menos sin mayor talento que ofrecer al mundo que haber salido por el canal de parto de su noble madre.

Estaba segura de que los tres harían un frente fuerte con sus talentos complementarios. A Silvana no le preocupaba permanecer en las sombras detrás del trono mientras tuviera una buena vista de la acción por lo que estaba dispuesta a aceptar el liderazgo del olvidado dios del Sol en su campaña de conquista.

Y ahora que lo recordaba, ¿debería confesarle a Heliopoulus que había sido una de las víctimas de Silvana y su grupo hacía un año durante su propia de campaña de desprestigio contra su familia?

Sus padres tenían la costumbre de regalar valiosas obras de arte a sus socios comerciales. Obras que Silvana se había asegurado de mandar hacer copias, reemplazar las originales, y hacer ver a sus padres como estafadores sin que a ella le salpicara un solo rumor pues se había asegurado de hacer muy pública la separación de ella y su familia desde “el accidente” hacía años.

-Supongo que debería ser sincera con mis aliados…

“A mí no me mires, yo de eso no sé…”

-Mejor se entere por mí que por otros.

“Por cierto… ¿recuerdas el recipiente de Lucifer dijo cómo no había accedido a su poder completo sin su artefacto? Falta mi lanza.”

-¿También tienes un arma? ¿Por qué me dices hasta ahora?

La voz de la diosa no volvió a responder. ¿Por eso su comunicación era tan intermitente? ¿Aún no había accedido al poder completo de Eris?

Silvana sabía obtener información, bien podía preguntar a Lucius cómo había descubierto la ubicación de su reliquia, pero a veces la solución más fácil era la más obvia. Estaba en el Templo de Eris, en su propio Reino. Cualquier propiedad de la diosa bien podía estar resguardada ahí mismo.

Encendió su Cosmos como le había enseñado Eris cuando la instó a descubrir la naturaleza de sus habilidades buscando dentro de sí misma. Está vez buscaba algo que pertenecía a su esencia, pero se encontraba fuera de ella misma por lo que extendió su Cosmos hacia el exterior buscando sentir el Reino mismo del que ahora era dueña, cada roca y recoveco que le pertenecían.

El sonido de rocas agrietándose detrás del trono la alertó y se volvió para encontrar un brillo proveniente de entre las grietas de la pared. Invocó sus sombras en la forma de afiladas puntas que lanzó contra la pared hasta convertirla en añicos. Detrás se encontraba una pequeña alcoba vacía en cuyo interior brillaba un largo báculo con tres puntas que recordaba a un estilizado tridente.

Silvana se dirigió a él y lo tomó con su mano para finalmente convertirse en una con la diosa Eris.

“Todo lo que soy pasará a ti… No me decepciones…” Resonó la voz de la diosa como una advertencia antes de desvanecerse en la conciencia de Silvana dejándola al fin como la gobernante del Reino de la Discordia.
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Lucius
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Re: Templo de Eris (On Rol)

Mensaje por Lucius »

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De un momento a otro Silvana siente un tirón en sus hermosos cabellos dorados, acto seguido escuchó una voz muy conocida para ella:

Hey! Turrone di merda! dija de jugar con ise tinedor giganche y ven al templo di Febo en Grecia, habrá Pizza! Ja ja ja!

La risa de Lucifer retumbó por toda habitación hasta que nuevamente la calma regresa al recinto, dejando a una Silvana despeinada.
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Silvana
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Re: Templo de Eris (On Rol)

Mensaje por Silvana »

Concentrada como estaba en analizar el poder del tridente Eris ahora en sus manos, Silvana emitió un gritito digno de una colegiala. Empuñó el arma dándose vuelta lista para ensartar al atrevido que jalaba su cabello… y encontrándose con el atrio vacío salvo una voz familiar.

-¡Maldito diavolo! – Exclamó indignada mientras llevaba una mano a su maltratado cabello.

Ni lenta ni perezosa, encendió su Cosmos con toda la fuerza de un indignación y desapareció entre sus sombras siguiendo el rastro de cosmoenergía que había dejado Lucifer hacia donde sea que estuviera.

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