
Morano Cálabro, una ciudad al sur de Italia, conocida por su bella arquitectura que se yergue sobre una montaña, que desde su falta hasta su cima reboza de su estilo único, siendo un punto de referencia para aquellos turistas que buscan una experiencia más simple, tras recorrer sus hermosas calles pavimentadas con piedras.

Tambien teniendo una de los más hermosos parques, el cual le da la bienvenida a sus visitantes con el bello color producto del Lavanda que crece ahí. Esto sempre a supuesto una excelente oportunidad que ha sido aprovechada por los comerciantes tanto locales como foráneos. Hace unos años, empresario Napo-Siciliano puso sus ojos en un pequeño local, podría decirse que siempre ha tenido un instinto natural para abrirse conseguir lo que se propone, pues desde el día que se hizo con ese lugar, prácticamente se mimetizó con el entorno y su gente. Don Marco Ferrand, abrió un local sencillo de embutidos en una zona muy difícil para ese tipo de negocios, pues a su lado tenía una fuerte competencia, pero luego de un tiempo terminó adquiriendo la propiedad pudiendo ampliar más el negocio.
Siempre que le preguntaban el porqué dejó las costas Sicilianas para abrir otra sucursal, siempre respondía lo mismo: ''Me enamoré de esta localidad un día que acompañé a mi hermana en sus misiones caritativas, cuando falleció ese recuerdo pasó a ser uno de los más valiosos, que mejor motivo para venir'' y luego alzaba una copa y empezaba a bailar con alguna joven que le gustase.

El local tenía variedad, ricos quesos, del Gouda hasta el Ricota, desde el jamón Serrano hasta el Prosciutto, aunque pareciese solitario, lo cierto es que en la noche aquel local cobraba vida, cuando el sol se ocultaba, pasaba a ser un restaurante, donde los empleados sacaban mesas, bandejas de prueba y acompañaban el momento. Más allá de ambiente alegre y colorido, el local poseía una trastienda, donde al fondo, tras caminar unos metros se podía acceder a las oficinas administrativas, en una puerta de caoba marrón oscura entreabierta dejaba pasar un poco de luz.

Al cruzarla, estaba una oficina lujosa, que daba la bienvenida un olor una colonia suave y envolvente, con unos muebles y decorada con un cuadro en oleo de Don Marco, el hombre había dejado el negocio para disfrutar su vejez en alguna de las playas californianas, se aseguró tener al sucesor adecuado, muchos de sus hijos quisieron tomar el rol pero este dudaba de talento, su única opción su querido sobrino, con quien compartía sus gustos.

Ahí se encontraba el joven Lucius, vestido con su traje elegante, la colonia que se percibe es la que lleva puesta, él, a pesar de su historial alocado no se negó a seguir el negocio cuando su amado tío Marco se lo pidió, mientras realizaba las finanzas al son de una hermosa opera recordaba como su tío le leía por horas El príncipe de Nicolas Maquiavelo en el sillón del fondo mientras este lo observaba maravillado. Lucius Ferrad, ''el príncipe'' que no solo se adueñó de la riqueza sino también de la mentalidad de su tío, pues sentía que ahora mismo estaba en un capítulo de aquella obra:
-Los príncipes que adquieren tierras lejanas, ya sean heredadas o conquistadas, requieren ser entendidas...-Musita para si mismo mientras sonríe levemente.-Los súbditos aman tener a sus gobernantes cerca, les dan sentimiento de importancia y como sea el gobernante con ellos, así será de prospero el principado, Ja ja! Tío me has dañado.
Este se detiene por un momento, mirando el reloj se da cuenta que pronto su amigo vendrá a verlo, Loukas Eliopoulos viajó desde Grecia para verlo para tratar temas de sumo interés, y aunque se vieron en uno de los campos a la entrada del pueblo, Lucius insistió en que esperara un poco, que se tomase el tiempo para disfrutar la ciudad por lo que lo hospedó en uno de los hoteles por el fin de semana mientras que el joven Ferrad terminaba de recabar información importante, y claramente ''pagar'' a quien le hizo el favor.
Todavía los gritos de aquel hombre resonaban en la oficina, algo tan valioso debía permanecer en secreto y como dice un viejo adagio en el mundo de la mafia: ''Tres hombres pueden guardar un secreto, si dos están muertos.''





