Never Look Back

Los traidores, el peor pecado posible. Grandes traidores como Bruto y Judas tienen aquí su hogar en compañía del mismísimo Lucifer. Custodia este lugar:

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Glenn E. Wagner
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Aquel lugar donde se castigan las almas de los traidores, también conocido como el infierno helado. Ese es el noveno circulo, aquel en el que se encuentra el Cocito, ese enorme lago congelado que es capaz de de hacer dudar hasta a los más valientes sobre si continuar su travesía. La traición, también sirve de preámbulo para el espacio custodiado por los jueces y la heraldo del Inframundo, las cuatro esferas.

En ese lugar había aparecido un nuevo brillo, una estrella que estaba despertando; una que independientemente de las generaciones, siempre había estado conectada de alguna manera al mismo. La ferocidad, que representaba a la bestia de Wyvern, había servido tantas veces como juez del Inframundo apoyándose en su fuerza demoledora y su capacidad implacable.

Ahora me encontraba ahí, en la entrada de aquel lugar cuyas temperaturas heladas no temen ni siquiera a las asgardianas, incluso, se podrían considerar hasta más intensas. Tras aquella despedida temporal con Pandora y Raven, quienes ahora contaban con su propia misión, buscar y Hypnos y con ello, tratar de conseguir alguna pista para el completo despertar de Phantasos. Pero también había más que solo eso, la aparición de Erebo no hacía más que confirmarlo… la pregunta era ¿Que es lo que realmente se encuentra oculto y ligado al retorno de Phantasos?

Ya llegaría el momento de descubrirlo, pero ahora mismo tenía otra misión; un objetivo totalmente diferente, al menos de manera inmediata.

Sentía un cosmos poderoso pero de algún modo incontrolable, como si el ser que despertó para representar a la ferocidad librara incluso una batalla interna. Aunque claro, esa era mi opinión sin siquiera conocerle, solo con base a lo que la estrella que representaba parecía querer revelarle a su Dios.

Conforme me acercaba, fui capaz de observar aquella hermosa figura femenina. Sus claros cabellos parecían formar incluso parte del lugar en el que nos encontrábamos, mientras que su semblante de algún modo es como si dijera mucho sin decir nada. ¿Que clase de vida tuvo que tener esta dama para convertirse en la viva imagen de la ferocidad? Era algo que solo con el tiempo se descubriría.

Por lo visto el Wyvern y la estrella celeste de la ferocidad te han elegido. —Expresé dirigiendome por primera vez hacia ella. —Estoy seguro de que han visto algo especial dentro de ti.
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Rhiannon
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Pese a lo aparente no hay silencio en Cocito. En el inhóspito infinito blanco siempre está el eco persistente de los silbidos del viento gélido. Poco saben aquellos que llaman “hielos eternos” a los que tienen sobre la tierra, porque el sol llega a besar sus lares, pero aquí jamás habrá resquicio de estíos.

Se había quitado el casco porque se sentía más adecuado para encontrarse con Aquel que venía. El viento que choca con ella de forma molesta y siente el frío hasta los huesos, extrañamente sin estremecerse. Mientras hunde los pies en la nieve, evita pisar cabezas de vez en vez para no lucir menos espléndida si se tropieza en su primer encuentro, piensa con “diversión”.

A su lado, el Wyvern que montaba hace unas horas, camina sin cuidado. Es bienvenido su gruñido ocasional, y el golpeteo de sus alas cuando las agita para deshacerse de la nieve que se pega a sus escamas. Está segura de que el dragón en otras circunstancias ya estaría surcando el cielo, pero parece que también lo ha sentido.

Al sentir la presencia del cosmos del dios más cerca, su estómago se siente pequeño odiosamente con los recuerdos removidos, dividida entre la sensación de emocionante expectativa de ver un rostro conocido, y hastiada de saber de vuelta el alma inmortal que ya ha encontrado antes. Su propio cosmos no debe ser nada amable ante esa sensación que emana como una molestia indomable, eso al menos la ha hecho irreconocible, supone.

Se encuentra frente a frente con el dios, haciendo lo posible por no mirar fijamente este nuevo rostro que se presenta ante ella, y alejando respetuosamente la vista de la cara del joven, mirando apenas el tiempo suficiente para no ser grosera.

El dragón vive principalmente en lo alto de las montañas alrededor de Heinstein, nunca en una sola cueva para evitar a los curiosos humanos y dividiendo su tiempo en las tierras oscuras, ya que es un ser del inframundo que ha reconocido a su señor; así que parece hacer una especie de respetuosa espera para encontrarse, antes de abrir las alas y batirlas levantando ráfagas de nieve sobre ellos que ni siquiera se inmutan, mientras va de vuelta a la tierra (o donde rayos quiera). Rhiannon no le agradece por traerla; ni siquiera lo mira partir, concentrada en quien tiene que estarlo.

De alguna forma, siente como si pudiera respirar mejor de nuevo, al ver que no había ningún tipo de reconocimiento mutuo. Hades había elegido a otra alma generosa para destrozar, probablemente, como todos los dioses hacen cada vez, en cada encarnación de sus productos desechables.

Sin meterse mucho más en ese pensamiento, imagina por otro lado que debería sentirse muy halagada, porque es común que sean los caballeros quienes se presenten ante sus señores y no al revés, así que hace lo mínimo que se puede esperar de la situación cuando él comienza a hablarle; han sido educados para esto, tras una respetuosa venia acompañada de una rodilla en el suelo, con la espalda erguida y la cabeza baja, dice firme:

—Espero que mi Lord, también lo haga. —Aunque no lo parece, lo expresa más por compromiso, refiriéndose a que vea algo… “especial”, como dijo el dios. —Soy Rhiannon de Wyvern, a tu servicio.
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Glenn E. Wagner
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Aquella criatura a la cual muchos considerarían como un monstruo debido a las historias y cuentos, había partido una vez acompañó a su compañera ante la presencia de aquel que se adentró al Cocito con la intención de recibirla. Los Wyverns, solitarios pero leales y al mismo tiempo muy inteligentes, no elegían a cualquiera como sus camaradas, eso ayudaba a decir mucho incluso antes de demostrar nada más.

El ciclo se repetía y con ello las acciones por compromiso de guerreros que ni siquiera me habían reconocido del todo; unicamente el alma del rey, su cosmos, su historia, permitía que observara una y otra vez aquella escena a la cual sin duda debía acostumbrarme; pero que al mismo tiempo, pensaba en convertirla más que solo un acto de reflejo o compromiso.

Todos aquellos que han sido elegidos por alguna de las 108 Estrellas del Inframundo, tienen algo que hizo que fuesen ellos y nadie más. —Expresé con una pausa ante las primeras palabras de la mujer que se había presentado como Rihannon. —Tú caso no es la excepción ni mucho menos.

Ella, la portadora de Wyvern, había sido la primera en despertar; mas no así la única que aspiraba hacerlo… al contrario, parecía que su caso fue más una especie de selección natural, tal vez porque había algo más. El alma de Hades parecía tener un particular interés por aquel ser que se encontraba ante nosotros, confirmando con ello el pensamiento que tuve de que seguramente la nueva estrella de la ferocidad era alguien especial. Aun así, prefirió no revelar nada por el momento.

Tal vez no lo veía necesario.

Estrella de la ferocidad, Rihannon de Wyvern. —Mencioné nombrándola por primera vez con dicho titulo —Has sido hasta el momento la primera en despertar de tus compañeros, eso dice mucho de la misión y el compromiso de aquella criatura a la cual representas.

Wyvern siempre fue uno de los jueces del Inframundo, convirtiéndose en una de las criaturas más entregadas pero al mismo tiempo, que más sacrificios había realizado a través de las distintas épocas; como dirían algunos, era uno de los principales piezas de guerra. La situación no era del todo diferente en esta nueva etapa, habrían guerras que se aproximarían más temprano que tarde, pero si existían cambios, o al menos como nuevo regente pretendía que los hubieran.

Este lugar, conocido como el infierno helado y utilizado como la prisión para los traidores. —Mi cosmos lentamente comenzó a expandirse por el escenario. —Guarda demasiados secretos, y por ende tiene implicaciones que muchos desconocen.

Tras aquel comentario di unos pasos para acercarme a ella, posando mi mano diestra sobre su hombro y mostrando que no poseía hostilidad hacia el nuevo miembro del ejercito, no, del reino de las almas.

Por eso pretendo que llegue el día en el que Rihannon de Wyvern se convierta en ese ser que jamás podría atacar por la espalda a su rey. Y es debido a ello, que te dejaré a cargo de estos dominios. Expliqué sin llegar aun al punto de lo que quería decirle, después de todo lo siguiente no era algo que pudiera afirmar del todo… no aun.
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Rhiannon
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—“Estrella de la ferocidad, Rihannon de Wyvern.”

Dijo el dios como una fórmula contundente. Como una invocación. Su espalda se irguió instintivamente, aunque su pose arrodillada siguió siendo la misma y asintió ante el llamado del señor del inframundo. Cerró sus ojos, al mismo tiempo que su expresión.

La primera en despertar… ¿era así?, no lo veía como algo especial, simplemente como un devenir inevitable, quizá por lo añejo de su alma que había removido un poder antiguo. Pero sin duda sentía un compromiso, el que sólo seguía haciéndose mayor mientras escuchaba al joven dios.

Asintió ante el conocimiento del que hablaba su señor, acerca del mundo gélido donde estaban, pero escuchando atentamente cualquier novedad (o ninguna) que podría decirle. No hizo gesto alguno, pero sin duda le intrigó saber sobre aquellos secretos.

Hasta donde sabía, ese último círculo no sólo era aquel en donde penaban los traidores a dios y la familia, sino también una importante encrucijada a todo aquel que había logrado llegar hasta ese círculo infernal, pues era un paso inevitable para la morada de los espectros y la consecución del camino hacia la ascensión donde las divinidades y los héroes hallaban su morada o reposo, tras la dimensión del muro de los lamentos.

Elegante y seguro como sólo podría ser, él se había acercado interrumpiendo su hilo de pensamiento y le había puesto la mano en el hombro, sintiéndose más como una espada nombrándola su caballero: la solicitud y orden de su fidelidad absoluta bajo el compromiso de un cargo.

Tragó saliva, cerrando los ojos conmovida. Érase una vez hace muchos ayeres, que había confiado grandes cargos y su confianza a gente que no lo había merecido, aunque pareciera lo contrario en su momento, ¿cuántas cabezas de hecho, estarían asomándose en este infierno congelado por haberla traicionado?, ¡varias serían!; no las buscaría.

Justo en ese momento, una especie de sentido protector surgió de ella. Al joven todavía le hacía falta endurecerse, para no perder esta nobleza que el joven rey aparentaba. Esperaba que Hades no lo arruinara como a tantos otros y lo asimilara de una mejor manera. Quizá… sólo quizá, a Rhiannon, esas vidas además del entrenamiento, le serían útil para algo que quitarle el sueño tranquilo.

—Si se me permite hablar… —Esperó unos segundos, por si el dios interrumpía para evitarlo. No sucedió. —He nacido para servirle y protegerle, eso nada en esta vida lo va a cambiar. No hay necesidad de ningún otro cargo que ser su soldado, y que me permita estar a su lado para cumplir con mi labor. —Además, no quería de nuevo la responsabilidad de un ejército… Hades la libre de eso.

Se atrevió a levantar la vista para buscarle el rostro.

—“La lealtad tiene un corazón tranquilo” —parafraseó a Shakespeare, —y es así como mi corazón se siente hacia usted, que es mi señor; tengo la certeza de que jamás atacaré a mi dios por la espalda. Si lo duda, mi existencia sería inútil y debería disponer de ella y enterrarme hasta el cuello ahora mismo… o yo misma lo haré si lo desea.

Sería un final un poco anticlimático, y esperaba algo un poquito más épico, pero no era como si el universo conspirara para traerle cosas grandes o positivas ni nada, lo había comprobado… no estaría mal, además, morir ante este joven que era lo suficiente humilde para ir a conocer a una simple mujer soldado de su ejército, o que era tan noble que todavía podía albergar la esperanza de la confianza en su corazón.

Pero pese a su nobleza, este joven ya le llevaba una ventaja muy grande a ella misma, en sus vidas anteriores como regente. Ya desconfiaba de aquellos que estaban a su servicio, si temía que le atacara uno de sus propios antiguos jueces por la espalda.
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Glenn E. Wagner
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Wyvern siempre había sido uno de los espectros más leales al rey del inframundo, la misma alma de Hades lo tenía presente y era algo que yo conocía. Ninguno de los dos dudaba de que Rihannon, aquella fémina que fue elegida por dicha Surplice sería alguien que cumpliría con esa característica; aun así, tal vez producto de los cambios generados por la última guerra, pero ahora, deseaba que dicha lealtad fuese más allá del compromiso que implica pertenecer al ejercito del Inframundo.

Existen cadenas que deben romperse, así como ciclos que deben ser renovados. —Expresé en respuesta a sus palabras sobre simplemente ser una soldado más. —Tal vez es el momento de que suceda con aquella que representa a la ferocidad, que el compromiso de ser una de los jueces del inframundo no te limite en esta era.

Para algunos podía parecer que aquella guerrera estaba siendo degradada, sin embargo a nuestros ojos, estaba recibiendo una oportunidad de escribir un camino diferente al trazado durante tantas guerras. Ella, sería una Wyvern que podría alcanzar nuevos horizontes o eso me gustaría pensar… aun así, había algo en la albina, que me hacía querer tenerla cerca, no por desconfianza, sino por el sentimiento de que existía algo más en ella.

Probablemente si el alma de Hades no hubiera pasado por todo lo que representaron las secuelas del sello de los primordiales, se habría dado cuenta de manera inmediata de aquel fragmento de un alma conocida que se encontraba mezclada con Rihannon, pero ese letargo del que no se terminaba de recuperar del todo, impedía que todo pasara de un “tiene algo que me parece conocido”.

Como mencioné antes, el noveno circulo, ese lugar donde son castigados los traidores. —Musité cuando ella habló sobre su existencia en caso de que tuviera dudas sobre su lealtad. —Pretendo que sea el lugar custodiado por aquellos que siempre puedan estar a mi lado… es por eso, que aun sin ser una jueza; pretendo que este lugar sea el territorio que protejas. —Comenté, aunque de alguna manera no habían demasiadas diferencias con respecto a su rol del pasado si ella lo analizaba, cosa que esperaba que hiciera. —Es cierto que en Cocito se encuentran las Cuatro Esferas, custodiadas por los jueces y Pandora; pero, ahí entrarás tú como un factor clave, como ese ser que se mueva con libertad dentro de todo el noveno circulo.

Después de dar toda aquella explicación cerré los ojos durante unos segundos y mi cosmos se mostraba con aquella tonalidad oscura que le caracterizaba. Los espíritus del lugar comenzaban a moverse alrededor, como si no pudieran mantenerse lejos, pero al mismo tiempo como si no tuvieran permitido acercarse más de lo que ya estaban. Entre todo eso solo nos encontrábamos la nueva protectora del lugar, y yo, quien ejercía como el rey de toda la tierra de las almas.

Incluso antes de convertirme en el recipiente de Hades, mi vida giró en torno a traiciones que destruyeron mi familia. —Aquellas palabras representaban una explicación que no había sido pedida, y que pocos conocían. —Sé que estas son parte de la vida misma, por ello, la traición representa el pecado que se castiga en el círculo más cercano al Dios del Inframundo. —Realicé una pequeña pausa antes de continuar. —Por eso valoro tanto la lealtad, y creo fervientemente que ese es el motivo por el cual fuiste la primera de los 108 espectros en despertar.
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Re: Never Look Back

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Si tan sólo Lord Hades, supiera que el portar un manto oscuro, ya había “roto” una de sus cadenas... sólo para traer otra. Así era la vida, después de todo y al final la muerte también, cuando hay un ciclo aparentemente interminable como el suyo. Por cierto, ¿por qué alguien quería vida eterna?, tontos humanos...Al final del demonio de la perversidad, dice el personaje de Poe “¿para qué diré más? ¡Hoy tengo estas cadenas y estoy aquí! ¡Mañana estaré libre! Pero ¿dónde?”

—Si es lo que Lord Hades desea de mí, eso será. Agradezco su confianza.

Después de todo, le iban a alargar la cadena y sin tener la responsabilidad de otros. Era bastante ideal al menos para el nuevo estilo de vida, porque a veces tenía un impulso bastante irracional y que parecía hasta autodestructivo, que la llevaba a ser cosas moralmente ambiguas y peligrosas, no quería arrastrar con ella a nadie más a su abismo personal. A veces se sentía un poco... salvaje, por decirlo de alguna manera, y era difícil controlarse. Se preguntó si era porque había convivido más tiempo con dragones que con personas, o era parte de la naturaleza de la estrella bajo la que nació.

El dragón la había llevado a tierras lejanas; de las ciudades derrumbadas, había sacado preciosos tesoros y no sólo se refería al alijo de joyas y objetos valiosos que había escondido en las cuevas, sino que había ido a los restos de antiguas bibliotecas y se había hecho de muchos textos interesantes. En algún punto, sobre todo al borde de la incivilización, la información y el saber, son un gran poder a custodiar, como lo marcaba la propia historia de la humanidad.

Sería tonto pensarse sabia sólo por haber leído unos cuantos libros a lo largo de esta vida, pero sin duda, entre eso y la tranquila percepción de las cosas ante la destrucción a su alrededor, con los años de la generación actual corriendo, sus perspectivas de blanco y negro habían cambiado y también se percataba de cuán erróneas eran las de otros a veces, la vez.

Era común, por ejemplo, pensar en los seres del inframundo como algo perverso y maligno en general, pero era lo que literalmente le tocó en proverbial azar, al señor del inframundo y aquellos que le servían. Pudo haber estado reinando el mar o el cielo, pero la suerte le había llevado a ser regente y la necesidad a usar los medios del dolor y la pena como medio de purificación de las almas que volverían al mundo. No estaba de acuerdo con los medios, pero ahora los entendía y ahora por su rol de vida, estaba dispuesta a aceptarlo como lo hacía con su destino inevitable, esperando esta vez hacer bien las cosas.

Vio a su señor y su corazón se sintió como compactado, mientras él le contaba acerca de su historia personal. Lo sintió como un privilegio, pero también como otra cadena que le estaban poniendo encima. Más allá del servicio indudable del siervo, su señor estaba usando la peligrosa arma contra ella que había sido un peligro constante en su vida pasada. En esta vida, Rhiannon había cuidado de no tener más relaciones personales que la de sus padres y también se había alejado de a poco de ellos, cortando conexiones importantes. Conocer la historia personal de la gente las podía llegar a acercar.

Esta aparente confesión era un arma de doble filo que le estaban proporcionando aún en su funda. Ella no se atrevería a decirlo en voz alta, pero estaba lejos de pensar al igual que su señor.

Evitó mirar a los seres a su alrededor, pareciendo polillas que se acercan a la flama, pero temerosas de llegar a ella, pero no eran importantes ya que la presencia única del emperador era la que debía tener esa atención.

¿Qué es lo que debería decir?, no quería ofenderlo de ninguna manera diciendo que lamentaba sus pérdidas, por contrario, le gustaría que estuviera a gusto. No podía decir que feliz, ninguna reencarnación que conociera lo había sido. Siempre se había tratado de jóvenes que en el fondo eran dulces y melancólicos.

—Le doy las gracias por el privilegio de ser su confidente en esto, como intuyo. Le prometo que haré lo posible para no defraudarlo.

Eso parecía lo correcto por decir y también algo que de verdad quería creer. Ser una... ¿confidente?... se atrevería a decir... ¿amiga?, que aparentemente era lo que Hades quería, si es que pedía más ser algo además de su sierva. No era algo que quería por juicio personal, pero si algo que podía lograr, si era lo que se necesitaba para su señor, era un papel que podía cumplir por él. Aún así le llamó la atención que se refería a si como recipiente...

—Sin embargo, y no por ser insensible o cruel, pero... ¿no es anticipado decir que su familia ha sido destruida?, siempre que Lord Hades se levanta, también lo hará Lady Pandora, su querida hermana. No creo que la traición sea algo de lo que deba preocuparse, los espectros nos levantamos para usted y moriríamos para que usted persista.

Levantó la vista, todavía en su posición arrodillada ya que no le había dado el permiso de ponerse en pie.
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Mensaje por Glenn E. Wagner »

Había revelado mucho más de lo necesario, eso era algo que sin duda comprendía; aún así, la intención bajo la cual había realizado tal acción se mantenía más que firme. Wyvern, quien ahora tendría un tipo de responsabilidad diferente a aquella que había desempeñado en el pasado, tendría una labor de gran importancia dentro del nuevo Inframundo, aunque ya llegaría el momento ideal para que supiera con precisión cuál sería su papel de ahora en adelante.

Aún así, razón no faltaba a la fémina en su última frase. Quedaba muy poco de los Wagner, o al menos de esa línea de sangre directa; siendo mis padres los únicos sobrevivientes conocidos, aunque no supiera el lugar donde se encontraban. Pero ahora como el rey del Inframundo tenía una especie de nueva familia, con hermanos de armas que habían comenzado a despertar y que habían acompañado al alma de Hades durante ese ciclo casi infinito conocido como las Guerras Santas; Pandora había sido la primera en regresar, pero el resto no parecía tener intenciones de tardar en reaparecer.

Tal como sugieres, esto es tan solo el inicio. Y en lugar de pensar en el pasado, debemos concentrarnos en lo que está por venir. —Mencioné en respuesta a sus últimas palabras. —Eso también aplica para ti Wyvern, estás ante un nuevo inicio ahora que tu estrella ha despertado.

No existían motivos específicos para esa frase, o al menos no respecto a algo que supiera sobre ella. Aún así, el hecho de que portarse el manto de un antiguo juez, combinado con sus propias palabras, llevó a la necesidad de recitar aquel mensaje. Existía algo diferente dentro de aquel ser llamado Rihannon, algo que, tal vez por ese estado de despertar incompleto en el cual se encontraba el alma de Hades, era incapaz de descubrir del todo. No veía dicha situación como un problema, después de todo, cada ser vivo tenia sus propios misterios y secretos.

Yo, era uno de esos.

El Wyvern, aquella criatura asociada a la Estrella Celeste de la Ferocidad, ¿Comprendes el motivo por el cual te ha elegido?

Aquella era una pregunta que no poseía un único tipo de respuesta, y mucho menos una idealmente correcta; pero de algún modo permitía revelar muchas cosas incluso para un guerrero que no se hubiera planteado dicha interrogante anteriormente.

¿Que es un Wyvern y como son? Eso indudablemente era algo que Rihannon conocía.

¿Por qué el Wyvern se asociaba a la estrella de la Ferocidad? Era posible razonarlo una vez comprendías la naturaleza y los secretos de estos.

¿Por qué ella había sido la elegida? Era algo que solo ella podría descubrir.
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En su experiencia, los dioses no eran omniscientes pero algunos si podían ser muy astutos. Además, se trataba del mismísimo dios del reino de los muertos; probablemente podría saber acerca del alma vieja de Rhiannon, a juzgar por las palabras.

—Me parece bien la perspectiva, el pasado no es lo que soy, y como usted sugiere procuro dar importancia sólo al presente y el futuro. —Aunque no dudaba en usar lo aprendido para su beneficio siempre.

El cosmos de la divinidad seguía latente en el área, magnificente en su oscuridad casi envolvente, en la demostración mínima para ella, a comparación de lo que podía lograr el dios.

Su ceja se elevó ante la pregunta.

—No diría que lo comprendo, no. Quizá me eligió porque estaba aburrido de dormir...

Se puso en pie, al hacerlo las alas de la armadura se sacudieron, dejando que la nieve cayera de ellas.

— Quizá Wyvern me eligió porque le parecí un dragón con piel de persona. O quizá porque puedo ser feroz al proteger las cosas valiosas; y cuando se trata de servirlo, atesoro mi deber.

Reacomodó su casco en sus brazos.

—Perdone la imprudencia pero, ¿usted qué es lo que piensa al respecto?
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Re: Never Look Back

Mensaje por Glenn E. Wagner »

Conocer el motivo por el que fuimos elegidos para desempeñar el papel que se nos había otorgado, era algo que podría convertirse en un factor crucial para lograr los propósitos que la gran voluntad había establecido para nosotros. Sin embargo también entendía que dicha travesía solo se podía dar de manera individual, y que para cada uno de nosotros era diferente; incluso yo, desde el momento en el que fui elegido para convertirme en el Yorishiro de Hades, no fui capaz de comprender el motivo por el cual se me había elegido en lugar de a Zach, quien consideraba que tenía una mayor firmeza y temple para desempeñar la responsabilidad.

Incluso a estas alturas no podía decir que comprendía del todo que fuese yo el elegido, pues aunque cada uno de los espectros y seres relacionados con el Inframundo me consideraban su rey por tener el alma de Hades; sentía que aun me encontraba en pleno proceso de crecimiento y adaptación en pro de convertirme en lo que realmente debía ser para estar a la altura de contener a un ser divino de tal magnitud.

Puede que tengas una pequeña parte de razón dentro de todo lo que has dicho. —Expresé en respuesta. —Sin embargo llevarlo a un sentido tan básico, es no comprender del todo la voluntad de la criatura que te eligió.

Esas palabras eran válidas tanto para ella como incluso para mí, así como para cualquiera de los espectros que pudiese llegar a representar. Toda surplice estaba asociada a un ser en especifico y al mismo tiempo a una estrella que representaba una cualidad; ser capaces de encontrar ese punto de unificación, haría que las mismas no fuesen capaces de controlar al portador como sucedió tantas generaciones atrás.

Esa será la primera de tus misiones Wyvern, pero no espero que sea un camino corto. —Mencioné sabiendo que incluso yo no había culminado mi propia búsqueda. —Comprender el motivo por el cual eres la nueva Wyvern, y con ello cual será tu propio camino; será lo que te haga romper con cualquiera de las cadenas que pudieran haberte mantenido atada.
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Re: Never Look Back

Mensaje por Rhiannon »

Los dioses y sus secretos, los dioses y sus palabras oscuras...

Por momentos, había pensado que no tenía tanta importancia el por qué había sido elegida, sino que ya estaba ahí y simplemente debía hacer lo mejor que podía; pero darle sentido al final resultaba importante para su señor.

Había aprendido que los caminos eran neutrales; corto o largo, la forma de andar por ellos eran lo que les daba significado, además no siempre dependía de la perspectiva o significado personal, las personas que se encontraban a lo largo, o las que recorrían los senderos con uno, eran también los que daban valor y significado.

Sin embargo como dios debía de saber mejor, así que asintió con la cabeza ante las palabras sabias, aunque todavía sin tener del todo sentido para ella.

Había esperado que su Lord le diera su primera tarea, algo que le mostrara ser digna de servirlo, sin embargo, preocupado en su nobleza por ella, le estaba otorgando el regalo (pero también la condena) del libre albedrío.

Entendió entre líneas, que este tiempo entonces debía ocuparlo para ella, para hallar ese camino suyo del que el dios hablaba. No se le ocurría mejor manera de descubrir por qué Wyvern la había elegido, que la compañía misma de dragones.

—Entonces, si le parece bien a mi señor, iré en la búsqueda de ese camino no tan metafórico. —Inclinó su cuerpo para dar una media reverencia.

Había cosas que tenía pensado hacer, incluso antes de tener un sapuri puesto, bien podía empezar a tachar su lista de deseos antes de morir en una guerra santa o algo similar, para al menos llegar al final satisfecha por una vez.

Una idea demasiado osada, demasiado alocada se le ocurrió. Sus ojos comúnmente apagados tomaron brillo.

—"¿Le gustaría acompañarme a buscar mi camino, mi Lord?" —Pero no se lo dijo.
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