Era normal que el mundo experimentara cambios; buenos, malos, desastres naturales, conflictos sociales, etc. pero en todos esos años, incluso en todas aquellas reencarnaciones experimentadas, jamás presencie uno de tal magnitud, era un completo desastre en todos los sentidos.
Reinos destruidos, una sociedad colapsada, por más que se buscara no se veía forma alguna, parecía algo casi irreparable. El recorrer por los reinos fue un más devastador para mi antaña alma; miles de recuerdos fueron desempolvados uno a uno, algunos más preciados que otros, pero todos con un valor similar, puesto que gracias a ese conjunto de situaciones llegue a ser lo que soy ahora; y mientras el tiempo parecía retroceder para dejar ver una vez mas aquella gloriosa época, no pude evitar sentir nostalgia, una que me desgarraba y quemaba desde dentro…
¿Había sido lo correcto dejar tanto tiempo ese mundo?
El hubiera no existe y si ese era el cruel destino de todo, incluso estando presentes, el mundo hubiera seguido su fatídico curso, tarde o temprano sufriría la consecuencia de sus actos, lo único que quedaba era buscar soluciones, aunque eso no significaba la inexistencia de dolor al ver ciertos escenarios y paisajes cruelmente destruidos.
Mis puños se crisparon, aunque casi por arte de magia fueron calmados por la calidez de una de las manos de mi compañero, lo miré con algo de incertidumbre pero éste logro apaciguar mi ansiedad con un gesto que exclamaba silenciosamente “todo estará bien”… solo asentí, después de todo confiaba en él.
Por fin llegue a la conclusión de lo que teníamos que hacer, la decisión estaba tomada. Me despedí con un “hasta pronto” y una cálida sonrisa para mi amado, mientras tomaba la mano de mi hija menor para dirigirnos hacia uno de los reinos mas majestuosos y gloriosos, uno que alguna vez acogió mi dolida alma y la reparó, era hora de devolverle el favor.
Pronto estábamos surcando los cielos, abriéndonos paso entre las grisáceas nubes, el viento golpeaba y arremolinaba tanto nuestra ropa como los largos cabellos que nos caracterizaban desde años atrás, no tardo demasiado en vislumbrarse un colosal monte, uno que solo era fachada en realidad, ascendimos incluso más que aquel monstruo terrestre, dejándolo varios menos atrás, solo para buscar lo que alguna vez fue una puerta que según los mitos era impenetrable, indestructible e invisible para los ojos comunes, solo aquellos con un alma divina podían cruzar esas puertas, aunque la sorpresa era que justo ahora no parecía existir.
Extinta, al igual que el reino que albergaba a los doce olímpicos… no había mas que ruinas y desolación, podredumbre que solo se asemejaba al mundo humano, jamás pensé si quiera imaginar hacer aquella vil comparación con el reino de los gloriosos dioses, pero incluso ahora parecía peor. Horrorizada de todo lo que mis azules ojos observaban, por instinto mis manos fueron directo a mi boca, como tratando de ahogar un grito que jamás existió, pero tenía que ser fuerte, no tenía que flaquear en esos momentos y menos frente a una de mis descendientes. Mi objetivo se encontraba al fondo, así que proseguimos un poco mas hasta llegar a el.
El trono de Zeus, o al menos lo poco que quedaba de él... Retiramos algunos de los escombros para despejar el área, después de eso tomé ambas manos de mi hija frente a él esperando entendiera el sacrificio que haría, mi deseo era que algún día ella y sus hermanos también contemplara la majestuosidad de todos aquellos reinos que un día conocí, lo que viniera después quedaba en manos de ellos, la nueva generación.
- Es hora… - Le susurré al oído después de tenerla entre mis brazos.
Di media vuelta para recostarme sobre los vestigios, respiré con profundidad mientras cerraba los ojos, mis manos fueron depositadas con suavidad sobre mi pecho.
- Oh querida Diosa que algún día albergaste dentro de mí, tu humilde receptora... tuya y de tu amada hija... la flor de mi juramento… la flor que nunca ser marchita... ¡florece sin cesar una vez más! -
Un inmenso resplandor brotó desde lo más profundo de mi ser, envolviendo no solo mi cuerpo, sino el reino completo, un poderoso cosmos había atendido mi llamado... No, más bien fue un par… dos cosmos divinos fueron los que despertaron, lo único que pedía era la restauración del Olimpo y que mi cuerpo soportara el peso de aquellas dos almas divinas, después de eso no sabía que me depararía el destino, muy posiblemente el sueño eterno.
Rápidamente toda aquella cosmoenergía comenzó a conectarse por doquier, cual red de información, el reino parecía reconocerla y aceptarla sin problema alguno, después de todo se trataba de una de sus antiguas habitantes. Poco a poco la energía se restablecía, recorriendo y llenando todo el lugar, el sol volvería a brillar para todos una vez mas.
~*~*~*~
La nieve cae sin parar y se va apilando rápidamente, tiñendo de negro mi destino... Poco a poco es atravesada por los rayos del sol y se va derritiendo con el calor del verano.
- ¿Qué puedo hacer para que el sueño que viste en tu eterno dormir se haga realidad? Quiero ayudarte, es verdad… Porque tal como el sol ilumina la mas profunda oscuridad, el deseo que pediste llegó a mí -
- Ese ramo de flores de luz que un día me obsequiaste sigue uniendo las estaciones que jamás se han de juntar y es la prueba fehaciente de este dolor... ¿Me pregunto si podré seguir siendo la nieve que cae incluso en verano? ¿Nos encontraremos de nuevo un día… en algún lugar? -
Las estaciones giran al revés, la nieve se eleva lentamente hacia el cielo, como si regresase en el tiempo.
- ¿Puedo acercarme un poco? Quisiera verte pero no puedo, así que te canto esta plegaria con eterna humildad… -
La nieve cae sin parar y se va apilando rápidamente, tiñendo de negro mi destino... Poco a poco es atravesada por los rayos del sol y se va derritiendo con el calor del verano.
- ¿Qué puedo hacer para que el sueño que viste en tu eterno dormir se haga realidad? Quiero ayudarte, es verdad… Porque tal como el sol ilumina la mas profunda oscuridad, el deseo que pediste llegó a mí -
- Ese ramo de flores de luz que un día me obsequiaste sigue uniendo las estaciones que jamás se han de juntar y es la prueba fehaciente de este dolor... ¿Me pregunto si podré seguir siendo la nieve que cae incluso en verano? ¿Nos encontraremos de nuevo un día… en algún lugar? -
Las estaciones giran al revés, la nieve se eleva lentamente hacia el cielo, como si regresase en el tiempo.
- ¿Puedo acercarme un poco? Quisiera verte pero no puedo, así que te canto esta plegaria con eterna humildad… -

