Aquí está el Templo donde la luz arroja su incandescente reflejo sobre aquellos que entren a la Casa de Virgo. El hombre más cercano a Dios, purificará las almas corrompidas de los que se han desviado de su camino. La Santa Armadura de Virgo está en manos de:
Puso una rodilla en el suelo, intentando calmar su mente, su respiración y buscando un segundo para poder usar la razón en todo aquel repentino suceso. Esa energía abrumadora que había borrado a la Matriarca de su vista, lo había absorbido también a él y lo había transportado frente a una inmensa puerta.
Una vez tranquilizado su ímpetu por desatar una tormenta de rayos indomable, se puso de pie y miró alrededor.
- Aún sigo en Virgo...-murmuró casi para sí mismo pero en un tono adrede para que si alguien estaba por ahí, pudiera oírlo.
Inmenso portón de color verde musgo, con una triada de flores blancas se alzaba frente a él. Lo único que se le ocurrió hacer fue incendiar levemente su cosmos, tratando de atraer alguna energía, sea benigna o maligna, estaba preparado para afrontar cualquier situación.