Loukas Eliopoulos de Phoebus/Febo
Publicado: Lun Jul 31, 2023 9:14 pm
Generalidades.
Nombre: Loukas Eliopoulos
Edad: Veinticinco (25) años
Género: Masculino
Reino: Corona Solar
Puesto: Febo
PB: Las imágenes correspondientes a su apariencia fueron creadas utilizando el AI Anime Generator y GenCraft.
Edad: Veinticinco (25) años
Género: Masculino
Reino: Corona Solar
Puesto: Febo
PB: Las imágenes correspondientes a su apariencia fueron creadas utilizando el AI Anime Generator y GenCraft.






Personalidad.
Loukas es un individuo centrado, de carácter fuerte, aunque se mantiene estoico frente a casi todo cuanto sucede en la cotidianidad. Difícil de impresionar, en muchas ocasiones puede dar la impresión de ser arrogante o petulante, aunque en esencia simplemente no le importa lo que piensen los demás de él. Está enfocado en su mejoramiento personal tanto física como mentalmente.
Le aburre todo aquello que identifique como un sinsentido idealista, prefiriendo mantener el pragmatismo, ante todo, y suele solucionar los conflictos aplicando el principio de la navaja de Ockham. Muchas veces habla con un aire de superioridad elitista dada su crianza como joven, y hay casos en los que desestima las opiniones de quienes para él son solo infelices siervos de la gleba. Detesta a los denominados “nuevos ricos”, especialmente aquellos que han originado sus capitales a partir de delitos transnacionales o la política partidaria, entendiendo que “no son más que chusma aspirante a gente que atenta contra el poderío de los que sí tenemos los dotes para liderar por designio divino”. Igualmente, puede parecer misántropo por su desdeño hacia los humanos, sobre todo los que ve como inferiores.
Aunque hay momentos en los que adopta un discurso religioso de corte conservador, es solo un recurso discursivo retórico que emplea para confrontarse con aquellos que irrespetan el tradicionalismo. Sin embargo, sostiene que las tradiciones han de ser preservadas porque son la base social que une a un pueblo y les permite tener cohesión y dirección.
Por otra parte, aunque no se alaba públicamente, está orgulloso de su apariencia física, considerándose más hermoso que la mayoría de los demás seres humanos, por lo que se ejercita habitualmente y prosigue con la profundización de sus conocimientos, de manera que logre ser ese ser con “belleza íntegra” que los antiguos griegos romantizaban.
Asimismo, aunque es heterosexual, tiene un discurso férreo contra los hombres que se esfuerzan demasiado para conseguir la atención de las mujeres, sustentando que aquellos que incurren en ese comportamiento son “hombres inferiores” que deberían enfocarse en la consecución de su máximo potencial, por lo que lo demás vendrá por añadidura.
La única persona no emparentada con la que tolera largas conversaciones es su amigo Lucius Ferrad.
Le aburre todo aquello que identifique como un sinsentido idealista, prefiriendo mantener el pragmatismo, ante todo, y suele solucionar los conflictos aplicando el principio de la navaja de Ockham. Muchas veces habla con un aire de superioridad elitista dada su crianza como joven, y hay casos en los que desestima las opiniones de quienes para él son solo infelices siervos de la gleba. Detesta a los denominados “nuevos ricos”, especialmente aquellos que han originado sus capitales a partir de delitos transnacionales o la política partidaria, entendiendo que “no son más que chusma aspirante a gente que atenta contra el poderío de los que sí tenemos los dotes para liderar por designio divino”. Igualmente, puede parecer misántropo por su desdeño hacia los humanos, sobre todo los que ve como inferiores.
Aunque hay momentos en los que adopta un discurso religioso de corte conservador, es solo un recurso discursivo retórico que emplea para confrontarse con aquellos que irrespetan el tradicionalismo. Sin embargo, sostiene que las tradiciones han de ser preservadas porque son la base social que une a un pueblo y les permite tener cohesión y dirección.
Por otra parte, aunque no se alaba públicamente, está orgulloso de su apariencia física, considerándose más hermoso que la mayoría de los demás seres humanos, por lo que se ejercita habitualmente y prosigue con la profundización de sus conocimientos, de manera que logre ser ese ser con “belleza íntegra” que los antiguos griegos romantizaban.
Asimismo, aunque es heterosexual, tiene un discurso férreo contra los hombres que se esfuerzan demasiado para conseguir la atención de las mujeres, sustentando que aquellos que incurren en ese comportamiento son “hombres inferiores” que deberían enfocarse en la consecución de su máximo potencial, por lo que lo demás vendrá por añadidura.
La única persona no emparentada con la que tolera largas conversaciones es su amigo Lucius Ferrad.
Historia.
Nacido en Granada, España el seno de la familia Eliopoulos, parte de la nobleza griega exiliada luego de que Grecia pasó a ser la República Helénica, Loukas tuvo una vida privilegiada. Sus padres eran personas muy religiosas, siendo fieles seguidores de las enseñanzas de la Iglesia Ortodoxa de Grecia. Durante el bautismo de Loukas, el sacerdote les profetizó a sus padres que su hijo estaba destinado para alcanzar grandes proezas y tenía garantizado un futuro promisorio, ya que en él podía sentir la presencia de Dios.
A partir de ese día, sus padres siempre optaron por darle lo mejor en educación y entretenimiento, al tiempo que buscaron que siempre se relacionara con otros pertenecientes a su clase social, de manera que contara con un círculo de influencia lo suficientemente férreo como para permitirle alcanzar todo cuanto se propusiera en la vida. Lo predicho por el sacerdote parecía tener dotes de verdad desde la perspectiva de sus padres, ya que Loukas resaltaba en la mayoría de las actividades en las que se veía envuelto. Incluso, aprendió a tocar el arpa, un instrumento inusual, con una naturalidad que daba la impresión de que, de existir vidas pasadas, probablemente había sido un gran arpista. Lo mismo sucedía cuando practicaba algún deporte o arte marcial, o participaba de una competencia de literatura o matemáticas.
Sus maestros lo apodaron “el brillante” por sus dotes intelectuales, excelencia académica y capacidades deportivas. Aunque sonreía ante las alabanzas, para todo era el resultado natural de sus capacidades. En la medida que entró en la adolescencia tardía, acuñó la frase “algunos sirven y otros son servidos”, lo que era habitualmente corregido por varios de sus allegados quienes le decían que debía tratar de mantener una actitud humilde. No obstante, el ripostaba que estaba siendo humilde porque hacía lo que le resultaba natural, agregando que no tenía culpa de la mediocridad de los demás. La única persona a la que toleraba era a su mejor amigo, Lucius Ferrad, a quien conoció durante su paso por un internado para gente de la alta sociedad y la nobleza. Su cosmovisión era tan parecida que fue inevitable que ahondaran su amistad.
A través de los años, varias mujeres trataron de conquistarlo, y aunque pasó tiempo con algunas de ellos, siempre las dejaba porque sentía que era demasiado demandante para lo que obtenía a cambio, además de que ellas eran las que debían sentirse privilegiadas de estar con él. Como parte de sus estudios superiores, completó un programa en psicología humana y otro en antropología, en un intento de entender las interioridades del ser humano. A pesar de todo lo que alcanzaba, siempre quedaba un sentimiento de vacío, acompañado de un nihilismo misántropo, sobre todo contra aquellos que eran víctimas de sus instintos primarios, cayendo presas de los vicios.
Por otra parte, le molestaba el hecho de que en Grecia no pudieran retomar la posición nobiliaria, y que se vieran limitados a vivir como exiliados en una tierra que no era la de sus ancestros, razón por la que no era un abanderado de la democracia plena, e insistía en que en Grecia debió haberse instaurado al menos una monarquía parlamentaria. Al final, prevalecía el sentimiento de molestia que luego se tornó en indiferencia, y quedó relegado al ensimismamiento para la satisfacción de sus intereses personales, enajenado de cuanto ocurría a su alrededor.
Un día, ya en su adultez temprana, volvió a la iglesia en la que había sido bautizado, y exigió verse con el sacerdote que hizo aquella profecía de que estaba destinado para grandes cosas. Este había sido transferido de regreso a Grecia, por lo que Loukas tomó un vuelo para visitarle. Allí, tan pronto lo vio, el sacerdote se arrodillo frente a él y frenéticamente expresó: “¡La luz invicta de Dios!”.
Loukas, extrañado, pero estoico, lo levantó por los brazos, y secamente le dijo: “Oiga… eh… Padre… No sé si se habrá confundido conmigo, pero… yo no sé de qué grandeza es de la que habla si yo nunca voy a poder ser noble aquí… Esto es una república ahora, no un reino… Y yo de verdad no tengo interés en casarme con una de esas zorras de la nobleza que tratan de mantener una imagen pulcra de cara a la sociedad, pero en secreto hacen y deshacen… No gracias… A lo mucho heredaré el título de mi padre, que tuvo suerte al casarse con mi madre que es de la nobleza española y danesa… Entonces, dígame, ¿de qué grandeza me habla?”.
El viejo sacerdote, ya de pie, sonriente de forma bizarra, asintió repetidamente. Se dio vuelta y se adentró a un cuarto aledaño a su oficina, de donde, al cabo de unos breves segundos, regresó con un mapa rústico en las manos. La actitud del clérigo cambió a una seria, y mirando a Loukas fijamente a los ojos, le dijo: “Ve a este lugar… Ve a las ruinas de Atenas y entra al templo central… Pon tu mano solo un pedestal que yace vacío y sin insignias cerca de donde están las estatuas rotas de los dioses… Cuando lo hagas, sentirás que eres uno con el resto del universo, y todo tendrá sentido”.
Insatisfecho con la respuesta, Loukas exhaló y con un aire de molestia, y le arrebató el mapa al sacerdote, y luego soltó: “¿Entonces ahora tengo que ir a ver si algo pasa porque usted lo dice y ya? ¡Qué maldita locura! Oiga, voy a ir, pero si no sucede nada, vamos a tener una conversación de otra naturaleza… Nada más piense en lo bien que le iría si lo transfieren a Rusia… El frío le ayudaría en los huesos… Pero nada, padre… Me voy a verificar lo que dijo… Ah, sí… Dios le bendiga…”.
Se movilizó hasta las ruinas en horario nocturno, utilizando sus contactos para poder entrar sin las molestias de los turistas circundantes que siempre se tomaban fotos en ese sitio. Revisó el dibujo del mapa, y tal cual como se veía en los trazos crudos, entre las estatuas de los dioses, próximo a la de la diosa Atenea, había un estante vacío, y con rastros de vandalismo, como si alguien intentó escribir con un cincel un nombre. “¿Phoebus?”, leyó Loukas en su griego perfecto: “A ese dios no lo conozco… Hm…”. Acto seguido, posó su mano sobre el nombre, y quedó adherido al estante. “¡Joder! ¡Qué está pasando!”, gritó. Trato repetidas veces de separarse, pero fue inútil.
De pronto, su cuerpo empezó a brillar, y un halo de luz incandescente lo cubrió por completo. Sentía que todo su cuerpo se quemaba, y dejó salir un grito de desesperación. Vio el universo girar a su alrededor, siendo cegado por el brillo de las estrellas. Daba la sensación de que estaba ascendiendo a gran velocidad por los cielos, subiendo hasta el espacio sideral en dirección al Sol. “¡Alguien detenga esto! ¡Rayos! ¿Me están por lanzar vivo hacia el Sol?”, clamó en un tono desesperado.
El halo de luz siguió movilizándolo hasta ser lanzado hacia el Sol y después solo había luz. Un hombre de gran estatura, vistiendo unos ropajes parecidos a los de un sacerdote, pero de color blanco y rojo se acercó a él con el dedo índice derecho extendido y toco su frente. Su voz resonaba cubriendo todo el espacio en el que se encontraban. Con firmeza, le ordenó: “Loukas Eliopoulos… Heredero de mi poder… Debes despertar…”
“¿Quién… eres?”, preguntó el joven.
“¿He tenido muchos nombres a través de la historia, y muchos me han olvidado… otros usurparon mi posición y hasta terminaron siendo más populares que yo… Soy quien alguna vez fue la deidad que representó al Sol… Algunos me llamaban Helios… Otros Phoebus o Febo… No te culpo si no me conoces… Apolo se encargó de usurparme…”, respondió serenamente el hombre quien se había revelado como un supuesto dios.
“¿Y qué tiene que ver eso conmigo? ¿A qué se refiere con que debo despertar? ¿Y qué es eso de que soy el heredero de su poder?”, cuestionó Loukas, aún incrédulo ante los hechos que se desencadenaban frente a él.
“Se acerca una nueva guerra santa, y los reinos están despertando… Todas las historias que has escuchado de las deidades tienen dotes de verdad, adornadas con le interpretación humana de los hechos… Cada cierto tiempo, desde la era del mito, los dioses entramos en conflicto unos con otros haciendo uso de nuestros ejércitos, a quienes otorgamos armaduras sagradas para batirse en combate en nuestro nombre… Solo aquellos que pueden acceder a la energía que une a todo el universo son dignos de ser nuestros guerreros… Esa energía se llama el cosmos y fue lo que despertó en ti cuando tocaste mi pedestal olvidado… Siempre ha sido parte de ti, y por eso has sido excelente en todo cuanto te has propuesto… Tu cosmos sobrepasa el de los demás porque es de naturaleza divina… Verás, dejamos de pelear utilizando nuestros cuerpos, por lo que preferimos tomar recipientes mortales que son compatibles con nuestro cosmos y espíritu para caminar una vez más la tierra sin que nuestro cuerpo original peligre, ya que, aunque somos inmortales en comparación a ustedes, entre dioses podemos darnos muerte… Por eso, tú eres mi recipiente… Eres el heredero de mi poder y de mi reino, la Corona Solar… Todo irá tomando sentido tan pronto llegues allí… Solo te advierto que tengas cuidado con Apolo, con Atenea y con Hades…”, respondió Febo en una voz monótona.
Loukas interrumpió el discurso alargado de Febo, y le respondió: “O sea… A ver… ¿Soy un dios, o el representante o recipiente de un dios olvidado? Entonces eres un desterrado como yo, un noble de una familia exiliada… Genial… Supongo que a eso se referían cuando decían que estaba destinado a grandes cosas… ¡Excelente! Y dígame, Febo, ¿dónde está ese reino y los grandes ejércitos que he de comandar?”.
Febo mantiene el rostro estoico. Mira hacia cada lado y luego directamente hacia los ojos de Loukas, y le dice: “A veces la grandeza no radica en el número de soldados que componen un ejército, sino en la calidad de las tropas seleccionadas para poner en ejecución una operación… Además, tener aliados es importante… Tu amigo, Lucius Ferrad, es parecido a ti… Es el recipiente de Lucifer… Por ende, recomiendo que hagan una alianza estratégica… Creo que ya es hora de que vayas a la Corona Solar, y recuerda que siempre hay un mejor futuro esperándonos cuando estamos de cara al Sol… Cuando la duda entre en tu corazón, mira hacia tu astro, y su luz las despejará. Mucha suerte, Loukas Eliopoulos”.
“¡Espera! ¡Todavía tengo más preguntas! ¡Oye! ¡Ah, joder!”, exteriorizó mientras Febo se desvanecía frente a sus ojos, y el halo de luz lo despidió haciéndolo aparecer en medio de unas ruinas de lo que pudo discernir que se trataba de la Corona Solar. Allí empezó su proceso de entrenamiento. Para su decepción, el reino estaba vacío, y apenas tenía tres guerreros a su cargo. “¿A eso era que se refería con la calidad de los soldados? Me siento estafado…”, dijo y luego suspiró: “Nada… No importa… Soy un dios… Eso es suficiente… Creo que lo puedo hacer mejor que cualquier otro que haya ocupado esta posición antes que yo… Solamente debo reclutar a otros que sean como Febo y yo… exiliados…”.
Ahí dio inició la vida de Loukas Eliopoulos como Phoebus, dios olvidado del Sol.
A partir de ese día, sus padres siempre optaron por darle lo mejor en educación y entretenimiento, al tiempo que buscaron que siempre se relacionara con otros pertenecientes a su clase social, de manera que contara con un círculo de influencia lo suficientemente férreo como para permitirle alcanzar todo cuanto se propusiera en la vida. Lo predicho por el sacerdote parecía tener dotes de verdad desde la perspectiva de sus padres, ya que Loukas resaltaba en la mayoría de las actividades en las que se veía envuelto. Incluso, aprendió a tocar el arpa, un instrumento inusual, con una naturalidad que daba la impresión de que, de existir vidas pasadas, probablemente había sido un gran arpista. Lo mismo sucedía cuando practicaba algún deporte o arte marcial, o participaba de una competencia de literatura o matemáticas.
Sus maestros lo apodaron “el brillante” por sus dotes intelectuales, excelencia académica y capacidades deportivas. Aunque sonreía ante las alabanzas, para todo era el resultado natural de sus capacidades. En la medida que entró en la adolescencia tardía, acuñó la frase “algunos sirven y otros son servidos”, lo que era habitualmente corregido por varios de sus allegados quienes le decían que debía tratar de mantener una actitud humilde. No obstante, el ripostaba que estaba siendo humilde porque hacía lo que le resultaba natural, agregando que no tenía culpa de la mediocridad de los demás. La única persona a la que toleraba era a su mejor amigo, Lucius Ferrad, a quien conoció durante su paso por un internado para gente de la alta sociedad y la nobleza. Su cosmovisión era tan parecida que fue inevitable que ahondaran su amistad.
A través de los años, varias mujeres trataron de conquistarlo, y aunque pasó tiempo con algunas de ellos, siempre las dejaba porque sentía que era demasiado demandante para lo que obtenía a cambio, además de que ellas eran las que debían sentirse privilegiadas de estar con él. Como parte de sus estudios superiores, completó un programa en psicología humana y otro en antropología, en un intento de entender las interioridades del ser humano. A pesar de todo lo que alcanzaba, siempre quedaba un sentimiento de vacío, acompañado de un nihilismo misántropo, sobre todo contra aquellos que eran víctimas de sus instintos primarios, cayendo presas de los vicios.
Por otra parte, le molestaba el hecho de que en Grecia no pudieran retomar la posición nobiliaria, y que se vieran limitados a vivir como exiliados en una tierra que no era la de sus ancestros, razón por la que no era un abanderado de la democracia plena, e insistía en que en Grecia debió haberse instaurado al menos una monarquía parlamentaria. Al final, prevalecía el sentimiento de molestia que luego se tornó en indiferencia, y quedó relegado al ensimismamiento para la satisfacción de sus intereses personales, enajenado de cuanto ocurría a su alrededor.
Un día, ya en su adultez temprana, volvió a la iglesia en la que había sido bautizado, y exigió verse con el sacerdote que hizo aquella profecía de que estaba destinado para grandes cosas. Este había sido transferido de regreso a Grecia, por lo que Loukas tomó un vuelo para visitarle. Allí, tan pronto lo vio, el sacerdote se arrodillo frente a él y frenéticamente expresó: “¡La luz invicta de Dios!”.
Loukas, extrañado, pero estoico, lo levantó por los brazos, y secamente le dijo: “Oiga… eh… Padre… No sé si se habrá confundido conmigo, pero… yo no sé de qué grandeza es de la que habla si yo nunca voy a poder ser noble aquí… Esto es una república ahora, no un reino… Y yo de verdad no tengo interés en casarme con una de esas zorras de la nobleza que tratan de mantener una imagen pulcra de cara a la sociedad, pero en secreto hacen y deshacen… No gracias… A lo mucho heredaré el título de mi padre, que tuvo suerte al casarse con mi madre que es de la nobleza española y danesa… Entonces, dígame, ¿de qué grandeza me habla?”.
El viejo sacerdote, ya de pie, sonriente de forma bizarra, asintió repetidamente. Se dio vuelta y se adentró a un cuarto aledaño a su oficina, de donde, al cabo de unos breves segundos, regresó con un mapa rústico en las manos. La actitud del clérigo cambió a una seria, y mirando a Loukas fijamente a los ojos, le dijo: “Ve a este lugar… Ve a las ruinas de Atenas y entra al templo central… Pon tu mano solo un pedestal que yace vacío y sin insignias cerca de donde están las estatuas rotas de los dioses… Cuando lo hagas, sentirás que eres uno con el resto del universo, y todo tendrá sentido”.
Insatisfecho con la respuesta, Loukas exhaló y con un aire de molestia, y le arrebató el mapa al sacerdote, y luego soltó: “¿Entonces ahora tengo que ir a ver si algo pasa porque usted lo dice y ya? ¡Qué maldita locura! Oiga, voy a ir, pero si no sucede nada, vamos a tener una conversación de otra naturaleza… Nada más piense en lo bien que le iría si lo transfieren a Rusia… El frío le ayudaría en los huesos… Pero nada, padre… Me voy a verificar lo que dijo… Ah, sí… Dios le bendiga…”.
Se movilizó hasta las ruinas en horario nocturno, utilizando sus contactos para poder entrar sin las molestias de los turistas circundantes que siempre se tomaban fotos en ese sitio. Revisó el dibujo del mapa, y tal cual como se veía en los trazos crudos, entre las estatuas de los dioses, próximo a la de la diosa Atenea, había un estante vacío, y con rastros de vandalismo, como si alguien intentó escribir con un cincel un nombre. “¿Phoebus?”, leyó Loukas en su griego perfecto: “A ese dios no lo conozco… Hm…”. Acto seguido, posó su mano sobre el nombre, y quedó adherido al estante. “¡Joder! ¡Qué está pasando!”, gritó. Trato repetidas veces de separarse, pero fue inútil.
De pronto, su cuerpo empezó a brillar, y un halo de luz incandescente lo cubrió por completo. Sentía que todo su cuerpo se quemaba, y dejó salir un grito de desesperación. Vio el universo girar a su alrededor, siendo cegado por el brillo de las estrellas. Daba la sensación de que estaba ascendiendo a gran velocidad por los cielos, subiendo hasta el espacio sideral en dirección al Sol. “¡Alguien detenga esto! ¡Rayos! ¿Me están por lanzar vivo hacia el Sol?”, clamó en un tono desesperado.
El halo de luz siguió movilizándolo hasta ser lanzado hacia el Sol y después solo había luz. Un hombre de gran estatura, vistiendo unos ropajes parecidos a los de un sacerdote, pero de color blanco y rojo se acercó a él con el dedo índice derecho extendido y toco su frente. Su voz resonaba cubriendo todo el espacio en el que se encontraban. Con firmeza, le ordenó: “Loukas Eliopoulos… Heredero de mi poder… Debes despertar…”
“¿Quién… eres?”, preguntó el joven.
“¿He tenido muchos nombres a través de la historia, y muchos me han olvidado… otros usurparon mi posición y hasta terminaron siendo más populares que yo… Soy quien alguna vez fue la deidad que representó al Sol… Algunos me llamaban Helios… Otros Phoebus o Febo… No te culpo si no me conoces… Apolo se encargó de usurparme…”, respondió serenamente el hombre quien se había revelado como un supuesto dios.
“¿Y qué tiene que ver eso conmigo? ¿A qué se refiere con que debo despertar? ¿Y qué es eso de que soy el heredero de su poder?”, cuestionó Loukas, aún incrédulo ante los hechos que se desencadenaban frente a él.
“Se acerca una nueva guerra santa, y los reinos están despertando… Todas las historias que has escuchado de las deidades tienen dotes de verdad, adornadas con le interpretación humana de los hechos… Cada cierto tiempo, desde la era del mito, los dioses entramos en conflicto unos con otros haciendo uso de nuestros ejércitos, a quienes otorgamos armaduras sagradas para batirse en combate en nuestro nombre… Solo aquellos que pueden acceder a la energía que une a todo el universo son dignos de ser nuestros guerreros… Esa energía se llama el cosmos y fue lo que despertó en ti cuando tocaste mi pedestal olvidado… Siempre ha sido parte de ti, y por eso has sido excelente en todo cuanto te has propuesto… Tu cosmos sobrepasa el de los demás porque es de naturaleza divina… Verás, dejamos de pelear utilizando nuestros cuerpos, por lo que preferimos tomar recipientes mortales que son compatibles con nuestro cosmos y espíritu para caminar una vez más la tierra sin que nuestro cuerpo original peligre, ya que, aunque somos inmortales en comparación a ustedes, entre dioses podemos darnos muerte… Por eso, tú eres mi recipiente… Eres el heredero de mi poder y de mi reino, la Corona Solar… Todo irá tomando sentido tan pronto llegues allí… Solo te advierto que tengas cuidado con Apolo, con Atenea y con Hades…”, respondió Febo en una voz monótona.
Loukas interrumpió el discurso alargado de Febo, y le respondió: “O sea… A ver… ¿Soy un dios, o el representante o recipiente de un dios olvidado? Entonces eres un desterrado como yo, un noble de una familia exiliada… Genial… Supongo que a eso se referían cuando decían que estaba destinado a grandes cosas… ¡Excelente! Y dígame, Febo, ¿dónde está ese reino y los grandes ejércitos que he de comandar?”.
Febo mantiene el rostro estoico. Mira hacia cada lado y luego directamente hacia los ojos de Loukas, y le dice: “A veces la grandeza no radica en el número de soldados que componen un ejército, sino en la calidad de las tropas seleccionadas para poner en ejecución una operación… Además, tener aliados es importante… Tu amigo, Lucius Ferrad, es parecido a ti… Es el recipiente de Lucifer… Por ende, recomiendo que hagan una alianza estratégica… Creo que ya es hora de que vayas a la Corona Solar, y recuerda que siempre hay un mejor futuro esperándonos cuando estamos de cara al Sol… Cuando la duda entre en tu corazón, mira hacia tu astro, y su luz las despejará. Mucha suerte, Loukas Eliopoulos”.
“¡Espera! ¡Todavía tengo más preguntas! ¡Oye! ¡Ah, joder!”, exteriorizó mientras Febo se desvanecía frente a sus ojos, y el halo de luz lo despidió haciéndolo aparecer en medio de unas ruinas de lo que pudo discernir que se trataba de la Corona Solar. Allí empezó su proceso de entrenamiento. Para su decepción, el reino estaba vacío, y apenas tenía tres guerreros a su cargo. “¿A eso era que se refería con la calidad de los soldados? Me siento estafado…”, dijo y luego suspiró: “Nada… No importa… Soy un dios… Eso es suficiente… Creo que lo puedo hacer mejor que cualquier otro que haya ocupado esta posición antes que yo… Solamente debo reclutar a otros que sean como Febo y yo… exiliados…”.
Ahí dio inició la vida de Loukas Eliopoulos como Phoebus, dios olvidado del Sol.
Habilidades.
Photokinesis.
1. Generación de luz.
2. Manipulación de la luz.
3. Variación de los niveles de intensidad de la luz.
Descripción.
Por medio de su dominio sobre el cosmos, Loukas puede generar y manipular la luz, así como variar sus niveles de intensidad.
Piromancia.
1. Generación de fuego.
2. Manipulación del fuego.
3. Variación de los niveles de intensidad del fuego.
Descripción.
Por medio de su dominio sobre el cosmos, Loukas puede generar y manipular el fuego, así como variar sus niveles de intensidad.
1. Generación de luz.
2. Manipulación de la luz.
3. Variación de los niveles de intensidad de la luz.
Descripción.
Por medio de su dominio sobre el cosmos, Loukas puede generar y manipular la luz, así como variar sus niveles de intensidad.
Piromancia.
1. Generación de fuego.
2. Manipulación del fuego.
3. Variación de los niveles de intensidad del fuego.
Descripción.
Por medio de su dominio sobre el cosmos, Loukas puede generar y manipular el fuego, así como variar sus niveles de intensidad.
Datos extras.
Apariencia.
Estatura: 1,80 metros
Peso: 80 kilogramos
Piel: Fototipo II en la escala de Fitzpatrick
Ojos: Azules
Pelo: Gris, ondulado con mechones a ambos lados de la frente, del largo de la nuca.
Contextura física: Mesomorfo, definición muscular.
Fecha de nacimiento.
30 de noviembre.
Estatura: 1,80 metros
Peso: 80 kilogramos
Piel: Fototipo II en la escala de Fitzpatrick
Ojos: Azules
Pelo: Gris, ondulado con mechones a ambos lados de la frente, del largo de la nuca.
Contextura física: Mesomorfo, definición muscular.
Fecha de nacimiento.
30 de noviembre.