[ONROL] El arribo de Hayate
Publicado: Vie Jul 28, 2023 7:13 am
Hayate, hoy es el último día de tu entrenamiento- El vejestorio de barba frondosa levantaba un jabalí y una botella con una sonrisa de lado a lado, pero los ojos del joven no ocultaban su tristeza y desvió la mirada hacia la fogata. La sonrisa del maestro tembló por un segundo pero volvió a hacerlo de forma nerviosa. El anciano se acercó para sentarse al lado de su discípulo para mirar el tono naranjo y rojizo del fuego -...Hoy celebramos. Te he enseñado lo suficiente, pero tu camino debe continuar. Debes ir por esa armadura de capricornio cueste lo que cueste y es muy probable que la prueba sea dura- Kenji arregló su barba y con movimientos lentos tomó la botella para abrirla, sacó de su pequeño bolso dos vasos pequeños y ceremoniosamente sirvió el líquido ámbar.
- La verdad es que temo separarme de ti. Nuevamente solo, como siempre. Siempre ocurre algo, ¿acaso tengo que estar solo...siempre? - Hayate giró su cabeza en dirección contraria al viejo, en señal de molestia.
Era la primera vez que Kenji escuchaba algo tan al hueso y sincero por parte de su discípulo. Así era el corazón del chico: frío, decidido, metálico. Pero sabía que en su interior hervía un volcán de pasión y de afecto desmedido, sin embargo, le molestaba no conocerlo más en profundidad, no haber tenido el tiempo de verlo crecer aún más, de verlo convertirse en caballero dorado. La respuesta del maestro fue un suspiro y luego de una pequeña pausa tragó saliva para contestarle-Ambos aceptamos este camino, muchacho- tomó uno de los vasos y lo extendió al joven. Éste lo miró de vuelta y lo aceptó, pero de un golpe bebió todo su contenido-Oye oye calma, así no se toma alcohol, disfrútalo.
El peliblanco sabía que ese no era el comportamiento de su maestro, jamás se había comunicado así con él, por lo menos no con tanta sensibilidad y tacto. Aún así, En el tiempo que estuvo bajo su cuidado, a todo momento le demostraba su afecto de alguna forma que, porsupuesto, no era tan correcta. Un golpe en su hombro izquierdo lo sacó de sus pensamientos.
-Disfruta este momento. Disfruta todos los buenos momentos que puedas...una vez que formemos parte de este cosmos, muchacho, son esos recuerdos quienes formarán nuevas estrellas y todas tus victorias y derrotas atesóralas y ofrecelas al universo, para que dioses y seres humanos te recuerden como un ser digno de ser respetado y amado- El canoso terminó la frase bebiendo el líquido de un sorbo. Ambos se echaron a reír, siguieron bebiendo y luego de unos minutos comenzaron a asar la carne que Kenji había conseguido.
-Entonces muchacho- dijo levantando su mano con el alcohol -necesito escucharte decir una vez más por qué quieres la armadura. Tengo que estar seguro...
-Para proteger a los demás, para que no corran la misma suerte que yo. Tengo...tengo que cambiar este mundo...
-JAJAJA ¡no te pases tampoco!- El maestro dio un fuerte golpe en la espalda, tanto que Hayate botó todo el licor que tenía en la boca -Pero de todos modos muchacho, de alguna forma...nuestros destinos se unieron y al parecer, nuestros deseos también.
La noche se aceleró estrepitosamente. Hayate despertó solo en la cabaña, su maestro no estaba ni tampoco sus pertenencias...no lloraba desde la muerte de su familia. Luego de secarse las lágrimas y poderse contener vio un sobre en la pequeña mesa de madera que Kenji le había construído y decidió abrirlo. En su interior había una carta y dinero suficiente como para estar un tiempo sin trabajar. Miró la carta, titubeó en abrirla, pero igualmente la leyó:
El Joven de ojos celestes profundos cerró la carta como despertando de un trance. Estaba sentado en una pequeña banca a la sombra de un árbol. Guardó todo menos el mapa que Kenji le había proporcionado y se levantó. Era de mañana, el viento corría fresco y el pueblo parecía en constante movimiento. Las edificaciones de piedra y el diseño que tenían le daban cierto gusto y placer; en conjunto con los árboles y montañas, le daban un aire místico. En su interior, sabía que esa vitalidad presente en la aldea era gracias a la gran cantidad de cosmos que podía sentir. Era casi como un lago sereno y pacífico de energía.
Un par de minutos cayó en cuenta del cansancio de su cuerpo, pues el viaje había sido largo y tortuoso. Estar tanto tiempo quieto y sentado para Hayate era una verdadera tortura, ya que nunca se acostumbró a quedarse tranquilo por mucho tiempo. Lo que sí le hizo olvidar un poco aquella molestia, eran los paisajes desde el avión en el que iba...sonrió. Levantó el mapa del lugar que tenía en sus manos para observarlo y siguió su camino para encontrar el punto preciso en el que debía esperar, ¿cuánto tiempo?, ni su maestro le había dicho.
-Maldición- pensó- No me gusta esta situación. Qué desagradable...ese viejo me las va a pagar...- El peliblanco se extrañó de sus últimas palabras, ya que era muy probable que lo volviera a ver. Aquello le hizo sentir nostalgia.
Según el mapa, debía seguir caminando hasta encontrar una pileta, pero su sorpresa fue que al llegar allí ya no estaba. Sólo había un árbol lo suficientemente grande como para dar sombra a una veintena de personas, ¿Ese sería el lugar? ¿y la pileta? ¿Se habría equivocado Kenji?. La gente comenzaba a mirarlo y eso le inquietaba, tampoco quería preguntarle a alguien, no estaba acostumbrado y le daba vergüenza. Así que sin más, botó en un basurero el vaso de café vacío que chocó de manera violenta contra el fondo. Lanzó un quejido de molestia sólo perceptible por él y allí, debajo del árbol, decidió esperar a que apareciera aquella persona que su maestro le había dicho.
- La verdad es que temo separarme de ti. Nuevamente solo, como siempre. Siempre ocurre algo, ¿acaso tengo que estar solo...siempre? - Hayate giró su cabeza en dirección contraria al viejo, en señal de molestia.
Era la primera vez que Kenji escuchaba algo tan al hueso y sincero por parte de su discípulo. Así era el corazón del chico: frío, decidido, metálico. Pero sabía que en su interior hervía un volcán de pasión y de afecto desmedido, sin embargo, le molestaba no conocerlo más en profundidad, no haber tenido el tiempo de verlo crecer aún más, de verlo convertirse en caballero dorado. La respuesta del maestro fue un suspiro y luego de una pequeña pausa tragó saliva para contestarle-Ambos aceptamos este camino, muchacho- tomó uno de los vasos y lo extendió al joven. Éste lo miró de vuelta y lo aceptó, pero de un golpe bebió todo su contenido-Oye oye calma, así no se toma alcohol, disfrútalo.
El peliblanco sabía que ese no era el comportamiento de su maestro, jamás se había comunicado así con él, por lo menos no con tanta sensibilidad y tacto. Aún así, En el tiempo que estuvo bajo su cuidado, a todo momento le demostraba su afecto de alguna forma que, porsupuesto, no era tan correcta. Un golpe en su hombro izquierdo lo sacó de sus pensamientos.
-Disfruta este momento. Disfruta todos los buenos momentos que puedas...una vez que formemos parte de este cosmos, muchacho, son esos recuerdos quienes formarán nuevas estrellas y todas tus victorias y derrotas atesóralas y ofrecelas al universo, para que dioses y seres humanos te recuerden como un ser digno de ser respetado y amado- El canoso terminó la frase bebiendo el líquido de un sorbo. Ambos se echaron a reír, siguieron bebiendo y luego de unos minutos comenzaron a asar la carne que Kenji había conseguido.
-Entonces muchacho- dijo levantando su mano con el alcohol -necesito escucharte decir una vez más por qué quieres la armadura. Tengo que estar seguro...
-Para proteger a los demás, para que no corran la misma suerte que yo. Tengo...tengo que cambiar este mundo...
-JAJAJA ¡no te pases tampoco!- El maestro dio un fuerte golpe en la espalda, tanto que Hayate botó todo el licor que tenía en la boca -Pero de todos modos muchacho, de alguna forma...nuestros destinos se unieron y al parecer, nuestros deseos también.
La noche se aceleró estrepitosamente. Hayate despertó solo en la cabaña, su maestro no estaba ni tampoco sus pertenencias...no lloraba desde la muerte de su familia. Luego de secarse las lágrimas y poderse contener vio un sobre en la pequeña mesa de madera que Kenji le había construído y decidió abrirlo. En su interior había una carta y dinero suficiente como para estar un tiempo sin trabajar. Miró la carta, titubeó en abrirla, pero igualmente la leyó:
"Ya sabes que no podía despedirme, soy un viejo demasiado sensible. Cuida bien del dinero, ya te dejé todas las indicaciones para que puedas llegar al lugar. No sé si nos volvamos a ver, ya sabes, soy un alma errante...creo que aún escapo de mi mismo. Te deseo lo mejor, Hayate"
El Joven de ojos celestes profundos cerró la carta como despertando de un trance. Estaba sentado en una pequeña banca a la sombra de un árbol. Guardó todo menos el mapa que Kenji le había proporcionado y se levantó. Era de mañana, el viento corría fresco y el pueblo parecía en constante movimiento. Las edificaciones de piedra y el diseño que tenían le daban cierto gusto y placer; en conjunto con los árboles y montañas, le daban un aire místico. En su interior, sabía que esa vitalidad presente en la aldea era gracias a la gran cantidad de cosmos que podía sentir. Era casi como un lago sereno y pacífico de energía.
Un par de minutos cayó en cuenta del cansancio de su cuerpo, pues el viaje había sido largo y tortuoso. Estar tanto tiempo quieto y sentado para Hayate era una verdadera tortura, ya que nunca se acostumbró a quedarse tranquilo por mucho tiempo. Lo que sí le hizo olvidar un poco aquella molestia, eran los paisajes desde el avión en el que iba...sonrió. Levantó el mapa del lugar que tenía en sus manos para observarlo y siguió su camino para encontrar el punto preciso en el que debía esperar, ¿cuánto tiempo?, ni su maestro le había dicho.
-Maldición- pensó- No me gusta esta situación. Qué desagradable...ese viejo me las va a pagar...- El peliblanco se extrañó de sus últimas palabras, ya que era muy probable que lo volviera a ver. Aquello le hizo sentir nostalgia.
Según el mapa, debía seguir caminando hasta encontrar una pileta, pero su sorpresa fue que al llegar allí ya no estaba. Sólo había un árbol lo suficientemente grande como para dar sombra a una veintena de personas, ¿Ese sería el lugar? ¿y la pileta? ¿Se habría equivocado Kenji?. La gente comenzaba a mirarlo y eso le inquietaba, tampoco quería preguntarle a alguien, no estaba acostumbrado y le daba vergüenza. Así que sin más, botó en un basurero el vaso de café vacío que chocó de manera violenta contra el fondo. Lanzó un quejido de molestia sólo perceptible por él y allí, debajo del árbol, decidió esperar a que apareciera aquella persona que su maestro le había dicho.
