Damasco - Lisboa (Origenes)
Publicado: Lun Jul 10, 2023 6:06 am
Ciudad de Damasco, Siria; 20 años atrás de nuestro tiempo.
Entre las calles destrozadas por el mal cuidado, un sol ardiente propio de una zona justo en el meridiano del mundo, encontramos a nuestro personaje caminando con un par de harapos cubriendo su cuerpo, pies descalzos y a pesar del calor, no mostraba signo que el piso le quemara los pies. A través de una zona sumamente pobre y marginal, un niño se hizo resaltar cuando este estallaba en llanto al vez a un hombre de unos 60 años, con una expresión entre cansada y asombrada, como quien buscaba algo que ya no pertenece a ese lugar, a su lado, un perro de gran tamaño, un perro que sin duda había tenido mejores versiones en sus antepasados, pero ahora, y al igual que nuestro personaje, no eran más que dos mestizos, viejos y hambrientos que regresaban a lo que alguna vez fue su hogar.
TU!!!!- grito una voz grave pero fingida, una voz que buscaba intimidar. – Que quieres aquí!... – agredió nuevamente esa voz pero que no recortaba su distancia.
El anciano poso su mano sobre sus ojos, proyectando un poco de sobra sobre los mismos buscando aclarar la distancia y encontrar la fuente de tan agresiva voz.
Un poco de agua… un poco de agua para mí y mi compañero… - dijo con una voz rasposa y un lenguaje un tanto torpe.
Apenas terminaba de decir esto, cuando escucho a su compañero canino esbozar un chillido agudo y de dolor, no alcanzo a comprender cuando algo sólido acertó en su costado… seguido de ruidos crujientes que azotaban en las calles empedradas, y alaridos enérgicos de niños y jóvenes, los cuales habían tomado la decisión de apedrear a un extraño anciano y a su perro. Entre tumbos y quejidos, alcanzaba a escuchar a los jóvenes gritar “largaos de aquí”, “no vuelvas anciano apestoso”, “no queremos verte por aquí nuevamente”.
Refugiado bajo un canal de desechos, el hombre y el canino se sentaron a revisar sus heridas… - Soy un tonto por seguir tropezando con piedra… y con hombres… - se dijo mirando fijamente al can mientras revisaba su cabeza que sangraba un poco entre los pelos.
Entre ligeros gemidos el dolor se hacía presente, dolor por el ataque, y dolor por la edad, sus huesos ya no eran los mismos de cuando era joven. Cuando escucho un ruido que alerto al viejo y a su perro.
- Por favor, déjanos seguir nuestro camino… no es necesario que nos ataquen… - dijo sin siquiera darse cuenta que caminando hacia el, se encontraba una joven de unos 15 años con una vasija de plástico que parecía pesada.
- Bebe… - dijo la joven extendiendo el recipiente al anciano, mientras el perro se levantaba con trabajo. – ¿es peligroso? – dijo la joven echando para atrás con el recipiente en las manos.
- He encontrado más peligro entre los hombres que entre los animales – extendió la mano pidiendo se le alcanzara el agua… a lo que la joven le entrego el recipiente.
Ambos bebieron desesperados, víctimas de las altas temperaturas.
- Te lo agradecemos jovencita… pero dime algo, como llego a la ciudad de damasco… - la joven lo miro extrañada.
- Estas en damasco, bueno, en las afueras de damasco – dijo con una pequeña sonrisa. – te encuentras en Duma, tendrás que caminar un día mas con ese paso para llegar al centro de damasco.
- ¿Un día?... – dijo mientras se pasaba el agua por su garganta después de un largo trago.
- Como se llama… - dijo la joven señalando al perro…
- Nunca tuvo un nombre… y si algún día lo tuvo, también lo olvido… así como olvide el mío –
- Cómo puede un hombre olvidar su nombre… acaso no recuerda quién es? –
- Sé quién soy… y recuerdo lo que fui… sin embargo, un día deje todo atrás… incluyendo al hombre que un día fui… y respecto a mi amigo… aun cuando pasamos mucho tiempo juntos nunca me hablo de su pasado… - el anciano miraba al perro tomar agua lentamente.
- Dónde vives? – pregunto la joven - ¿A dónde vas?... ¿pretendes solo seguir caminando? –
- Son demasiadas preguntas…. – porque alguien tan joven desea saber tanto…
- ¿Puedo ir contigo? – dijo sin más rodeos.
- No puedes viajar con nosotros… somos viejos, y tu muy joven, porque quisieras acompañarnos? –
- Deseo huir de aquí… - dijo mientras se tomaba la barriga…
- Entiendo… esbozo el anciano – tomo un hondo respiro e hizo el esfuerzo de ponerse en pie…
Entre las calles destrozadas por el mal cuidado, un sol ardiente propio de una zona justo en el meridiano del mundo, encontramos a nuestro personaje caminando con un par de harapos cubriendo su cuerpo, pies descalzos y a pesar del calor, no mostraba signo que el piso le quemara los pies. A través de una zona sumamente pobre y marginal, un niño se hizo resaltar cuando este estallaba en llanto al vez a un hombre de unos 60 años, con una expresión entre cansada y asombrada, como quien buscaba algo que ya no pertenece a ese lugar, a su lado, un perro de gran tamaño, un perro que sin duda había tenido mejores versiones en sus antepasados, pero ahora, y al igual que nuestro personaje, no eran más que dos mestizos, viejos y hambrientos que regresaban a lo que alguna vez fue su hogar.
TU!!!!- grito una voz grave pero fingida, una voz que buscaba intimidar. – Que quieres aquí!... – agredió nuevamente esa voz pero que no recortaba su distancia.
El anciano poso su mano sobre sus ojos, proyectando un poco de sobra sobre los mismos buscando aclarar la distancia y encontrar la fuente de tan agresiva voz.
Un poco de agua… un poco de agua para mí y mi compañero… - dijo con una voz rasposa y un lenguaje un tanto torpe.
Apenas terminaba de decir esto, cuando escucho a su compañero canino esbozar un chillido agudo y de dolor, no alcanzo a comprender cuando algo sólido acertó en su costado… seguido de ruidos crujientes que azotaban en las calles empedradas, y alaridos enérgicos de niños y jóvenes, los cuales habían tomado la decisión de apedrear a un extraño anciano y a su perro. Entre tumbos y quejidos, alcanzaba a escuchar a los jóvenes gritar “largaos de aquí”, “no vuelvas anciano apestoso”, “no queremos verte por aquí nuevamente”.
Refugiado bajo un canal de desechos, el hombre y el canino se sentaron a revisar sus heridas… - Soy un tonto por seguir tropezando con piedra… y con hombres… - se dijo mirando fijamente al can mientras revisaba su cabeza que sangraba un poco entre los pelos.
Entre ligeros gemidos el dolor se hacía presente, dolor por el ataque, y dolor por la edad, sus huesos ya no eran los mismos de cuando era joven. Cuando escucho un ruido que alerto al viejo y a su perro.
- Por favor, déjanos seguir nuestro camino… no es necesario que nos ataquen… - dijo sin siquiera darse cuenta que caminando hacia el, se encontraba una joven de unos 15 años con una vasija de plástico que parecía pesada.
- Bebe… - dijo la joven extendiendo el recipiente al anciano, mientras el perro se levantaba con trabajo. – ¿es peligroso? – dijo la joven echando para atrás con el recipiente en las manos.
- He encontrado más peligro entre los hombres que entre los animales – extendió la mano pidiendo se le alcanzara el agua… a lo que la joven le entrego el recipiente.
Ambos bebieron desesperados, víctimas de las altas temperaturas.
- Te lo agradecemos jovencita… pero dime algo, como llego a la ciudad de damasco… - la joven lo miro extrañada.
- Estas en damasco, bueno, en las afueras de damasco – dijo con una pequeña sonrisa. – te encuentras en Duma, tendrás que caminar un día mas con ese paso para llegar al centro de damasco.
- ¿Un día?... – dijo mientras se pasaba el agua por su garganta después de un largo trago.
- Como se llama… - dijo la joven señalando al perro…
- Nunca tuvo un nombre… y si algún día lo tuvo, también lo olvido… así como olvide el mío –
- Cómo puede un hombre olvidar su nombre… acaso no recuerda quién es? –
- Sé quién soy… y recuerdo lo que fui… sin embargo, un día deje todo atrás… incluyendo al hombre que un día fui… y respecto a mi amigo… aun cuando pasamos mucho tiempo juntos nunca me hablo de su pasado… - el anciano miraba al perro tomar agua lentamente.
- Dónde vives? – pregunto la joven - ¿A dónde vas?... ¿pretendes solo seguir caminando? –
- Son demasiadas preguntas…. – porque alguien tan joven desea saber tanto…
- ¿Puedo ir contigo? – dijo sin más rodeos.
- No puedes viajar con nosotros… somos viejos, y tu muy joven, porque quisieras acompañarnos? –
- Deseo huir de aquí… - dijo mientras se tomaba la barriga…
- Entiendo… esbozo el anciano – tomo un hondo respiro e hizo el esfuerzo de ponerse en pie…

