En el Atlántico Norte...
Publicado: Mar Jul 04, 2023 2:20 am
El mar Atlántico, aquel cuerpo de agua que permanece sereno en la noche, con el va y ven de las olas.
La calma de la noche se ve interrumpida por un halo de luz que cruza el cielo oscuro, el sol se asomaba en el horizonte, como si fuese un dínamo todo ser que dependa de este empieza a moverse una vez más.

Los rayos del sol atraviesan aquellas profundas aguas hasta llegar a iluminar aquella imponente obra, el pilar del Atlántico Norte. Sus escalinatas son recorridas por una solitaria figura, un hombre vestido con T-shit azul marino, pantalones y zapatos negros, en su hombro derecho lleva colgando consigo un bulto pequeño rojo, su mirada era calmada como mirar un lago azul, unos cuantos mechones de su pelo azul cruzan su frente contoneándose con su andar , su barba frondosa desarreglada denotaba un descuido intencionado, estando a la mitad del camino se detiene y contempla el pilar, como si estuviese respondiendo un llamado.
Al llegar lanza una mirada a su alrededor analizando el lugar como esperando una bienvenida, pero solo las rocas y el coral circundante le recibieron.
Colocó su bulto en una sección de la base del pilar, sacó un pequeño espejo y una afeitadora de mano, al compás de unos movimientos finos comienza liberarse de aquella molesta barba, demostrando una habilidad considerable para rasurarse sin cortarse.
-Nunca me ha gustado tener barba...-Murmuró entre dientes.- Me acuerda mucho al viejo...- Puntualizando, como si alguien más fuese el testigo de lo que hace.
Mojó su cara, se acercó nuevamente al pedazo de espejo que tenía y pudo contemplar su rostro, observando su piel lisa como el mármol, revisó que no quedase ningún área sin afeitar, recogió para atrás su cabello y sonrió.
Drake había llegado a su hogar luego de un tiempo largo sin haber estado activo, siempre ha tenido esa mala costumbre de irse sin avisar, sabía que cuando regresase todo estaría tal como lo dejó.
Había recogido nuevas viviendas de la superficie, más agravantes o atenuantes contra la civilización de arriba, inconforme con la forma en que ellos viven pero entendiendo que es algo que toma tiempo corregir.
Luego de un tiempo comienza a dar su ronda, esa era su costumbre, cada vez que regresa de la superficie da un pequeño paseo por el entorno del pilar, cada roca, cada planta, todo es meticulosamente revisado, en ciertos intervalos logra ver a un grupo de Marinas de menor rango moverse, estos hacen un gesto de saludo y este asiente con la cabeza sin detener su paso.
Al terminar se sentó en las escalinatas, se inclinó hacia atrás para observar el mar sobre su cabeza, luego de respirar hondo unos instantes pasó a tener una mirada más seria.
El joven se levantó enérgico y comenzó a caminar lentamente, en eso un destello salió a toda velocidad del templo del soporte principal, la luz se ramificó y envolvió al sujeto.

Las escamas de Dragón de los mares cubrían al guerrero, este apretó los puños y comenzó a dar puñetazos rápidos, patadas y sentadillas. Esa sensación otorgada por las vestimentas era insuperable, ya calmada la euforia de portar sus escamas, Dragón Marino arregló su capa blanco con azul, de aquel bulto rojo sacó una caja de madera rectangular de no más de 20 cm, la sujetó entre su cuerpo y el antebrazo, emprendiendo así su rumbo.
Lentamente aquella figura dejó el pilar, nuevamente sin darle cuentas a nadie.
La calma de la noche se ve interrumpida por un halo de luz que cruza el cielo oscuro, el sol se asomaba en el horizonte, como si fuese un dínamo todo ser que dependa de este empieza a moverse una vez más.

Los rayos del sol atraviesan aquellas profundas aguas hasta llegar a iluminar aquella imponente obra, el pilar del Atlántico Norte. Sus escalinatas son recorridas por una solitaria figura, un hombre vestido con T-shit azul marino, pantalones y zapatos negros, en su hombro derecho lleva colgando consigo un bulto pequeño rojo, su mirada era calmada como mirar un lago azul, unos cuantos mechones de su pelo azul cruzan su frente contoneándose con su andar , su barba frondosa desarreglada denotaba un descuido intencionado, estando a la mitad del camino se detiene y contempla el pilar, como si estuviese respondiendo un llamado.
Al llegar lanza una mirada a su alrededor analizando el lugar como esperando una bienvenida, pero solo las rocas y el coral circundante le recibieron.
Colocó su bulto en una sección de la base del pilar, sacó un pequeño espejo y una afeitadora de mano, al compás de unos movimientos finos comienza liberarse de aquella molesta barba, demostrando una habilidad considerable para rasurarse sin cortarse.
-Nunca me ha gustado tener barba...-Murmuró entre dientes.- Me acuerda mucho al viejo...- Puntualizando, como si alguien más fuese el testigo de lo que hace.
Mojó su cara, se acercó nuevamente al pedazo de espejo que tenía y pudo contemplar su rostro, observando su piel lisa como el mármol, revisó que no quedase ningún área sin afeitar, recogió para atrás su cabello y sonrió.
Drake había llegado a su hogar luego de un tiempo largo sin haber estado activo, siempre ha tenido esa mala costumbre de irse sin avisar, sabía que cuando regresase todo estaría tal como lo dejó.
Había recogido nuevas viviendas de la superficie, más agravantes o atenuantes contra la civilización de arriba, inconforme con la forma en que ellos viven pero entendiendo que es algo que toma tiempo corregir.
Luego de un tiempo comienza a dar su ronda, esa era su costumbre, cada vez que regresa de la superficie da un pequeño paseo por el entorno del pilar, cada roca, cada planta, todo es meticulosamente revisado, en ciertos intervalos logra ver a un grupo de Marinas de menor rango moverse, estos hacen un gesto de saludo y este asiente con la cabeza sin detener su paso.
Al terminar se sentó en las escalinatas, se inclinó hacia atrás para observar el mar sobre su cabeza, luego de respirar hondo unos instantes pasó a tener una mirada más seria.
El joven se levantó enérgico y comenzó a caminar lentamente, en eso un destello salió a toda velocidad del templo del soporte principal, la luz se ramificó y envolvió al sujeto.
Las escamas de Dragón de los mares cubrían al guerrero, este apretó los puños y comenzó a dar puñetazos rápidos, patadas y sentadillas. Esa sensación otorgada por las vestimentas era insuperable, ya calmada la euforia de portar sus escamas, Dragón Marino arregló su capa blanco con azul, de aquel bulto rojo sacó una caja de madera rectangular de no más de 20 cm, la sujetó entre su cuerpo y el antebrazo, emprendiendo así su rumbo.
Lentamente aquella figura dejó el pilar, nuevamente sin darle cuentas a nadie.