Kalya de Valquiria
Publicado: Jue Jun 22, 2023 3:19 am
Nombre: Kalya Olavdóttir
Edad: 21
Género: Femenino
Reino: Asgard
Puesto: Valquiria
PB:

Personalidad:
Da la impresión de ser callada y formal, pero también es curiosa. Intenta ver el lado positivo de las cosas. Compasiva y amable. Prefiere saber antes de actuar. Es muy mala disimulando, pero tiene un gran autocontrol (no disimulará que te odia, pero se contendrá de golpearte sin razón). No le gustan los abusivos o los prejuiciosos, ni los que buscan tomar de otros para su beneficio personal. Puede ser rencorosa. Las condiciones de vida en Asgard la han hecho pragmática y muy consciente de sus deberes y responsabilidad para con su reino. Tiene un sentido del humor medio raro y sarcástico, nunca sabes si está diciendo algo en serio o se burla de ti.
Historia:
Sus padres son servidores de una familia noble de Asgard que se dedica al comercio. Su madre, Ilsa, es ama de llaves y su padre, Olav, capitán de la guardia personal de la familia. Esto le permitió tener acceso a más conocimiento del mundo exterior que a otros ciudadanos del reino. Le permitían estudiar con los hijos de la familia y acompañar a las caravanas cuando salían en el verano a adquirir productos en el mundo exterior.
Sus estudios favoritos siempre fueron los idiomas, la geografía y la historia. Le fascinaba cómo el mismo clima era tan diferente en otras partes del mundo, pero aprendió también a no envidiar sus climas cálidos pues sabía que no venían sin sus propios problemas, como el calor. Tardó muchos años en creer de verdad que en otras partes del mundo existía el día y la noche todo el año.
Cuando mostró aptitudes para la lucha, su padre comenzó a entrenarla para ser guardia de la familia. A veces le daba la impresión de que su hija tenía una habilidad especial para percibir su entorno y juraría que a veces podía ver destellos de luz salir de sus dedos, como pequeñas estrellas. Él no tenía habilidad con el Cosmos, pero conocía las leyendas de los Dioses Guerreros de Asgard, igual que todos, y cómo era siempre su destino vivir y morir en nombre de los dioses.
Al conversar con su esposa, y ambos llenos de temor por lo que pudiera llegar a ser de la vida de su hija, Ilsa propuso consultar a una Volva sobre su destino en las Runas. Les contestó que Kalya tenía el don de los Dioses Guerreros (el cosmos), si la dejaban marchar en ese momento para entrenar y servir en el palacio de Asgard, no viviría más allá de 10 inviernos y su hogar sería destruido. Pero si ella viviera para ver otros 10 inviernos, ayudaría a reconstruir un gran reino.
Ilsa suplicó a la Volva por una forma de suprimir el cosmos de su hija hasta que cumpliera la edad en la que la segunda parte de la profecía pudiera cumplirse. Ella fabricó un amuleto de una piedra pulida, un lado lo marcó con la runa Algiz, símbolo de protección y defensa, y el otro lado con la runa Ansuz, considerada el símbolo rúnico de Odín.
“Algiz, runa de Protección, esconde a tu portadora de quien represente a Ansuz, el Padre de Todo, hasta finalizar el veinteavo invierno de su vida.” Declaró la Volva sellando el amuleto con el poder de las Runas para evitar que el cosmos de Kalya fuera detectado por quienes buscasen personas con la habilidad del cosmos para servir como Dioses Guerreros de Odín.
La Volva les explicó que el amuleto no podía ser reemplazado por ningún otro, aunque portara las mismas runas, pues estaba imbuido con el poder y la intención de ella para cumplir específicamente con lo que había pronunciado.
Ambos entregaron a Kalya el amuleto como obsequio haciéndole prometer que nunca se lo quitaría. Pero siendo el destino de Kalya también servir a Odín en un futuro, el amuleto la hizo incapaz de sentir el cosmos dentro de ella misma y con los años olvidaría que alguna vez lo había sentido.
Kalya tenía 11 años cuando las fuerzas del Caos se desataron en el mundo dejando devastados y/o diezmados los Santuarios y Reinos de los dioses que le hicieron frente, Asgard entre ellos. Olav e Ilsa estuvieron seguros de haber hecho lo correcto al esconder el potencial de su hija pues incluso los guerreros más jóvenes y aprendices habían perecido en la batalla.
Mientras Asgard se recuperaba poco a poco, corría el rumor de una nueva representante de Odín en busca de renacer la orden de Dioses Guerreros y estaban en busca de nuevos reclutas en quienes hubiera despertado el Cosmos. Aunque fueron enviados representantes a todos los hogares de Asgard, nadie notó en Kalya indicio de dicha habilidad y sus padres respiraron aliviados de al menos poder darle a su hija la oportunidad de tener una vida junto a sus seres queridos, aunque no fuera a durar.
Desde entonces, Kalya creció para ser una simple guardia que acompañaba a las pocas caravanas que salían de Asgard para comerciar y traer bienes al reino. No es que necesitasen protección en el Mundo Exterior, pero los caminos que entraban y salían de Asgard seguían conteniendo peligros inimaginables para los ciudadanos del mundo moderno. Las criaturas de la mitología, inevitablemente atraídas por la presencia del poder de Odín desde los otros mundos, acechaban en las afueras de Asgard, incapaces de entrar en el reino, pero haciendo peligrosa la travesía fuera. Algunas eran más bien una minucia de la que podías deshacerte de una patada, otras no tanto. A Kalya le tocaría más de una vez enfrentar a los trolls que se escondían bajo los puentes antiguos. Al final no era nada que un grupo de simples mortales con entrenamiento y armas especialmente encantadas con runas no pudiera enfrentar.
Una vez fuera de lo que nombraban las Tierras Salvajes, la mayor parte de los guardias podían relajarse y tener libertad de hacer a su gusto siempre y cuando estuvieran de regreso en el lugar y la hora acordados para volver con la caravana a Asgard y cumplir su labor. Lo peor con lo que podían encontrarse eran turistas borrachos o perdidos. Mientras que la otra parte se encargaba de la protección personal del jefe en sus viajes de comercio.
La familia de comerciantes poseía varios puntos a lo largo de su ruta en los que había construido centros turísticos para disfrazar sus peregrinajes por los países nórdicos. Eran centros sencillos dedicados al turismo de aventura para quienes preferían disfrutar de las glorias de la naturaleza. De ahí obtenían los fondos cada verano para adquirir lo que necesitaban para subsistir en el largo invierno asgardiano y compartir lo que pudieran con el reino.
Mientras que al palacio y la poca nobleza de Asgard les cobraban lo que correspondía por sus servicios, al resto del pueblo cobraban apenas el mínimo aunque les generara pérdidas. Sus Centros Turísticos eran más que suficientes para cubrir los gastos.
El año en que Kalya cumpliría 20 años, fue invitada por su jefe a realizar un viaje con su familia al Mediterráneo como otra de sus guardaespaldas. Irían a mediados de marzo, justo después de su cumpleaños, y se quedarían una semana. Para entonces, aunque en el extremo norte el invierno tiende a durar más de lo que los calendarios indican, los caminos fuera de Asgard estarían lo suficientemente despejados para salir rumbo a su Centro Turístico más cercano, luego al aeropuerto también más cercano en Noruega con escala en Helsinki, y de ahí a Grecia. Su jefe buscaba expandir y mejorar los servicios de su negocio por lo que asistiría a un evento organizado en un célebre hotel de una isla griega llamada Mykonos. Y aprovecharía para llevar a su familia de vacaciones por primera vez fuera de los países nórdicos.
El dueño siempre se había asegurado de que quienes trabajaban para él tuvieran los papeles e identidades pertinentes en el mundo exterior para evitarse problemas al ir y venir entre los países de la península escandinava (especialmente la parte perteneciente a Rusia porque… Rusia) por lo que el viaje fue tranquilo y rápido gracias a sus conexiones.
Lo más lejos que Kalya había viajado era Dinamarca, siempre como guardia o guardaespaldas de su jefe. El mar no le era extraño proviniendo de una cultura cuyos antepasados habían asolado el norte de Europa transportándose en barcos de madera. Pero aquella isla con mar azul turquesa y arena blanca parecía salida de una fantasía. De no ser porque el calor ya era sofocante para estar apenas a punto de iniciar la primavera, lo habría considerado idílico.
Kalya pasó los siguientes días escoltando a su jefe en su evento y esperando a que terminara sus asuntos antes de reunirse con su familia y el resto de su equipo de seguridad para los recorridos turísticos que ofreciera la isla. Era una visión cómica ver un hombre que parecía salido directo de una película de vikingos (barba con trenzas incluida), siendo protegido por una muchacha casi recién salida de la adolescencia que apenas le llegaba al hombro. Pero Kalya ya llevaba años enfrentando cosas peores que los patéticos intentos de secuestradores que podían surgir, como el año pasado en San Petersburgo.
Los días se sucedieron sin mayor contratiempo, con el plan de volver a su patria para el día 21 de marzo.
La noche previa, a Kalya le tocó escoltar a su jefe y su esposa a una fiesta de la que decidieron retirarse temprano. Una vez libre de sus responsabilidades, Kalya tuvo el deseo de disfrutar su última noche, infinitamente más fresca que el día, y pasear por la playa. Había tomado la costumbre de usar siempre un bikini sencillo para cuando hubiera oportunidad de refrescarse en el mar (increíblemente tibio para alguien acostumbrada a bañarse en aguas a casi 0 centígrados) por lo que decidió aprovechar la ocasión y nadar un rato antes de volver al hotel.
En algún lugar, un reloj marcó las 22 horas con 23 minutos, oficialmente había terminado el invierno, y el Destino tiene sus formas para hacerse cumplir de una forma u otra.
Mientras nadaba, a Kalya le pareció escuchar un chapoteo y sonidos de ave. Gracias a las luces del paseo marítimo logró divisar algo moviéndose sobre una roca que sobresalía del agua. Al acercarse notó que se trataba de una gaviota atorada en una red de pesca. El ave debía de estar realmente acostumbrada a los humanos pues se quedó quieta mientras Kalya la tomaba en brazos y desenredaba la red de su pata para salir volando segundos después. Kalya decidió desenredar la red de la roca y llevarla a la costa para tirarla en algún bote de basura, era un peligro para animales y personas.
El destino parecía estar de acuerdo en eso último.
El oleaje era bastante tranquilo, pero en eso surgió una ola especialmente fuerte e inesperada golpeándola de espaldas, aplastándola contra la roca y enredándola en la misma red que intentaba llevarse. El amuleto con runas que siempre llevaba al cuello se atoró por un momento en unas salientes especialmente puntiagudas haciendo que se rayara su superficie justo sobre las runas. El encantamiento del amuleto se deshizo en ese momento despertando el cosmos de Kalya después de tantos años. Sin darle tiempo a recuperarse de la sensación, surgió una segunda ola cuya fuerza la arrastró lejos de la roca.
El mar no era profundo, pero Kalya apenas lograba rozar el suelo con las puntas de los pies y la red se había enredado especialmente fuerte en sus piernas impidiéndole nadar para salir a la orilla. Al menos el oleaje volvía a ser tranquilo y sólo se había lastimado los brazos en la superficie de la roca.
-¡Bravo, Kalya! - Exclamó en voz alta para sí misma mientras manoteaba con un brazo para mantenerse a flote y trataba de desenredarse con la otra mano. - Serás la única… herida del… viaje y… todos preguntarán… “ohh, ¿Kalya… protegió al jefe… de un asalto?” No… me estrellé… con una maldita… roca en el mar… por salvar… un pájaro. - Siguió murmurando entre saltitos para mantener su cabeza fuera del agua y forcejeando mientras, sin darse cuenta, luces comenzaban a aparecer a su alrededor como pequeñas estrellas o luciérnagas que desaparecían un segundo después.
En eso, escuchó alguien gritar algo seguido de un chapoteo en el agua y unos brazos rodeándola y permitiéndole al fin mantener la cabeza fuera del agua.
-¡Hey! ¿Que te has…?- Comenzó a exclamar al sentir el torso de un hombre contra su espalda y una mano rozar uno de los raspones en su brazo.
-Señorita, ¿se encuentra bien? - Dijo una voz masculina en inglés, o eso le pareció entender. El inglés de Kalya era aceptable.
-No exactamente, estoy atorada. ¡Hey! ¿Qué estás…? - Pronunció, probablemente con el peor acento, para después ser alzada en brazos del extraño quien comenzó a llevarla a la orilla mientras ella trataba de tragarse la humillación de tener que ser rescatada por enredarse en una red de pesca.
Una vez de pie en la arena, Kalya no tardó en lograr desenredarse de la infame red y hacerla una bola para tirarla en el primer bote de basura que encontrara mientras el extraño permanecía en silencio a una respetuosa distancia. Se trataba de un hombre joven y atractivo de cabello marrón largo en la nuca, ojos verdes y algo más alto que ella. Al parecer se había lanzado al agua por ella completamente vestido porque la camiseta, con un curioso dibujo de algo que parecía un caballo con ¿cola de pez?, se adhería a su bien marcado torso.
A Kalya le sorprendió ser capaz de notar tantos detalles en su persona con tan poca luz, ¿sus sentidos parecían más agudos que antes? ¿Era su imaginación o le pareció notar un leve resplandor alrededor de aquel joven? ¿Se había golpeado la cabeza? Por momentos le parecía ver lucecitas flotantes… En ese momento, el resplandor y las lucecitas desaparecieron y sus sentidos parecieron volver a la normalidad porque todo volvió a verse en el tono de oscuridad correspondiente a una noche apenas iluminada por las luces del hotel. Y Kalya se dio cuenta de que, distraída por aquella momentánea ilusión (provocada por el abrupto despertar de un cosmos que llevaba sin sentir desde los 8 años aunque ella no lo razonaría así hasta tiempo después), llevaba varios segundos mirando apreciativamente al desconocido.
“¿Dónde está Thor para partirme con un rayo cuando se le necesita?” Pensó con vergüenza.
-¡Perdón! Hola, digo… Gracias por ayudarme. Encontré esto y trataba de sacarla cuando me golpearon unas olas y… bueno, pasó lo que pasó. - Explicó con toda la coherencia que fue capaz, alzando la red de pesca en su mano. - Soy Kalya, me hospedo en el hotel con mi jefe y su familia, somos de Thor’s Adventure, vinimos por la conferencia. - Extendió su mano libre hacia el desconocido.
Kalya no supo interpretar la expresión intensa que cruzó el rostro del joven por un segundo para ser reemplazada por una más formal.
-Soy Néstor... Néstor Prevost... Es un placer... Si quiere la acompaño de regreso al hotel... Siento que es mi deber ya que mis tíos son los dueños, y puede decirse que trabajo con ellos... Nos gusta que todos nuestros visitantes estén a gusto… - Ofreció amablemente con lo que sólo podía ser una bien practicada voz de “servicio al cliente” mientras tomaba la mano de Kalya en un apretón firme.
-Es muy amable de tu parte, muchas gracias.
Mientras caminaban, Kalya divisó la banca cercana donde había dejado su uniforme de empleada/guardaespaldas con el logo de Thor’s Adventure (un martillo de Thor rodeado de rayos).
-No puedo ponérmelo de nuevo, debo usarlo mañana. - Comentó mirándose a sí misma aún mojada y con el bikini que apenas dejaba algo de su figura curvilínea a la imaginación. Por no mencionar lo empapado de su largo cabello.
Un brazo apareció frente a ella sosteniendo una camiseta seca. Al voltear encontró a Néstor con una caja de camisetas bajo el otro brazo. La caja estaba llena de arena en su exterior, pero las camisetas parecían secas y limpias. Se dio cuenta que eran del mismo tipo que él llevaba puesto. Lo más seguro es que la llevara consigo rumbo al hotel y la hubiera dejado caer en la playa antes de saltar al mar por la turista idiota que había conseguido enredarse en una red de pesca.
Kalya aceptó la prenda con otro gracias, debía ser talla grande para hombre porque le quedaba inmensa, y ambos continuaron su camino al hotel. Cuando se cruzaron con un cesto de basura público, ella arrojó la dichosa red dentro.
-Me tomaré el atrevimiento de tutearte, si no tienes inconvenientes... No sé, pero, así de primera impresión me pareces una persona con la que es fácil hablar... Si gustas, te regalo uno de los postres exclusivos del restaurante principal del hotel…
La joven no pudo evitar sonrojarse ante el cambio de actitud de su acompañante a uno más amigable. Tampoco estaba segura de cuál era el procedimiento habitual cuando alguien te salva de ahogarte cual delfín enredado. ¿Lo normal no sería que ella le invitara algo a él? Pero Kalya era demasiado golosa para rechazar un postre gratis por lo que aceptó gustosa y le dejó guiarla al restaurante del hotel que aún seguía abierto para los turistas trasnochadores.
Mientras disfrutaban del delicioso postre, Kalya preguntó sobre el dibujo en las camisetas pues no estaba familiarizada con aquella criatura caballo-pez.
-Ah... ¿Esto? Es un logo que he venido desarrollando para los uniformes del área exclusiva del hotel... Representa al Hipocampo de la mitología griega... Era uno de los caballos de mar del dios Poseidón, quien irónicamente también era, por alguna razón extraña, el dios de los caballos.
-No puedo decir que eso sea lo que imagino al pensar en un hipocampo. - Comentó conteniendo la risa al recordar el famoso pececito conocido como caballito de mar. - Ciertamente la mitología resultó más literal que la ciencia.
A cambio, Kalya le contó cómo su jefe había inventado el nombre y logo de su Centro Turístico apenas un mes antes del viaje. Durante los más de 10 años que tenían de existir siempre habían sido “los centros turísticos” y nunca se había molestado en ponerles un nombre, pero al parecer era un requisito para el evento al que asistían. Así que escribió lo primero que se le ocurrió que sonara suficientemente nórdico y, gracias a sus conexiones, tuvieron listos para entregar su logo y uniformes de empleados en el aeropuerto de Helsinki, donde hicieron escala en el vuelo a Grecia.
Al terminar sus postres, Néstor la acompañó hasta la puerta de su habitación, al parecer llevaban compartiendo piso desde el inicio, donde se despidieron cordialmente.
Aquella noche, Kalya se removió inquieta en sueños repletos de símbolos rúnicos y una luz resplandeciente que tomaba la figura de una doncella alada que se deshacía en miles de luces con forma de caballitos de mar (el pez, no el mitológico). Despertó apenas rayando el alba e, incapaz de seguir durmiendo, se dedicó a alistar su maleta para el viaje de regreso. Guardó también la camiseta del caballo marino, con la que había dormido, para ponerse su uniforme. Pero su mente seguía inmersa en su sueño y la extraña sensación que había experimentado la noche anterior. Quería seguir creyendo que había sufrido una ilusión momentánea por el estrés, pero ella había vivido situaciones mucho más estresantes y peligrosas en su vida.
Un recuerdo de la infancia la asaltó de pronto, durante los primeros tiempos en que su padre había comenzado a entrenarla cuando mostró interés en ser guardia como él. Esa conexión con su entorno, la sensación de un universo pulsando bajo su piel esperando a liberarse, al punto que juraba podía ver estrellas entre sus dedos.
Salió al balcón de su habitación y se concentró como hacía durante sus entrenamientos marciales, despejando su mente. Ahí estaba, esa luz interior llamándola… No notó la figura masculina que la observaba desde uno de los balcones aledaños con expresión entre perpleja y sospechosa… La sobresaltaron unos golpes fuertes en su puerta y la voz de uno de sus compañeros. Algo sobre una tormenta formándose en el norte, que habían adelantado la hora de regreso y debían estar listos para partir lo más pronto posible.
Aún con su mente llena de preguntas, tomó sus pertenencias y salió a reunirse con su grupo. Entre el caos de otros varios huéspedes europeos que buscaban también retirarse antes por el pronóstico de una inesperada tormenta formándose en el Atlántico con rumbo a Europa, Kalya logró divisar a Néstor en el lobby, parecía muy concentrado buscando algo. Ella avanzó con su equipo hacia los Jeeps rentados que los llevarían al aeropuerto y tomó su posición de pie en la parte trasera de uno. Desde allí sus ojos se encontraron con los de Néstor que la observaba intensamente desde la entrada del hotel, como la noche anterior cuando recién la había sacado del agua, como si fuera capaz de ver más allá dentro de su ser. Ella volvió a notar aquel brillo alrededor de él y finalmente la realidad de lo que aquello podía significar entró de golpe en su mente: el cosmos, la energía del universo que vivía dentro de aquellos destinados a servir a los dioses…
En ese momento arrancaron los autos y la silueta del hotel con el joven, que podía o no ser lo que ella empezaba a sospechar que también era ella, se perdió en la distancia.
El viaje de regreso procedió sin contratiempos con Kalya sopesando su descubrimiento sobre sí misma y el cambio que ello traería a su vida. Si en verdad el Cosmos había despertado en ella, era su deber como asgardiana ofrecer su fuerza al servicio de sus dioses y su reino. Ocultarlo para seguir viviendo como hasta entonces se sentía como una traición.
El reencuentro con su hogar y su familia fue más agridulce de lo que había esperado pues en los rostros de sus padres vio una gravedad que no estaba antes y supo en ese momento que ellos sabían lo que Kalya había descubierto. Ambos le explicaron lo acontecido cuando era pequeña y las medidas que habían tomado para asegurar que tuviera la oportunidad de una vida. Al tomar la roca de su collar notó por primera vez los raspones en su superficie, suficientemente profundos para haber dañado el grabado de las runas volviendo inservible el amuleto justo en el día del final del invierno, tal como la Volva había vaticinado.
Kalya les aseguró que no los culpaba y estaba agradecida de haber podido vivir con su familia y trabajar para traer otro tipo de prosperidad a su pueblo.
Al día siguiente, Kalya se despidió de su hogar y familia para partir rumbo al palacio de Asgard donde solicitó una audiencia con la soberana representante de Odín, Fryevia Mist.
La familia a la que Kalya había servido hasta ahora era siempre bienvenida por el servicio que brindaba trayendo bienes al reino. Y a ella le había tocado desde hacía algunos años escoltar a su jefe por la ciudad y el palacio por lo que también era conocida por los guardias. Estos no tardaron en conducirla ante su señora quien fue informada de que la guardia personal del comerciante Stevenson deseaba verla.
-Por supuesto, acércate, Kalya, hija de Olav. ¿Hay alguna razón por la que tu señor no te acompañe? ¿Ha ocurrido algún percance?
-Gracias, señora Fryevia. La casa Stevenson manda sus saludos. Mi presencia aquí obedece a asuntos superiores al comercio. Mi señor me ha liberado del servicio a su casa por una situación que ha surgido en mí. He descubierto que soy capaz de sentir el Cosmos y como devota de mi señor Odín es mi deber ofrecer mi fuerza al servicio de Asgard - explicó Kalya posándose sobre una rodilla ante quien sería su superior de ahí en adelante.
-Oh, es verdad, puedo sentir el Cosmos en ti, aún sin entrenar, pero con un gran potencial. - Exclamó la mujer con sorpresa cuando Kalya se concentró y dejó fluir la energía en su interior. - ¿Cómo ha sucedido esto?
-Desconozco, mi señora. Sólo sé que hace algunas noches, durante el viaje más reciente con la familia Stevenson, se presentó en mis sueños la luz de una doncella alada rodeada de runas místicas y fui capaz de sentir el universo en mi interior.
Kalya ya había decidido que no revelaría cómo su familia había mantenido oculto su potencial todos esos años, no se arriesgaría a que fueran acusados de algún tipo de traición. Le sorprendió descubrir que su jefe conocía también el secreto. Olav y él no eran sólo amo y servidor, habían crecido juntos y entrenado desde niños, y había estado de acuerdo en guardar el secreto de su amigo. Eso explicaba por qué ambos la habían entrenado como guardia y guerrera con especial esmero y asignado responsabilidades muy por encima de lo normal para alguien de su edad. Si sólo podían burlar al destino durante un tiempo limitado, se asegurarían de convertirla en la mejor guerrera.
-El comerciante Stevenson ha sido sabio en dejarte marchar con esta nueva información. Sé que en su casa han hecho bien con tu entrenamiento hasta ahora, siempre decía que eres la mejor de sus guerreros y cómo pondría su vida en tus manos sin dudarlo. Tengo entendido que has viajado a su lado y enfrentado situaciones tanto en las Tierras Salvajes como el Mundo Exterior donde has probado tu habilidad como guardia. Eres una guerrera de Asgard en pleno derecho y acepto tus servicios, pero para portar una armadura de los Dioses Guerreros debes de entrenar tu Cosmos. Yo misma seré tu maestra y te enseñaré a utilizarlo para cumplir tu sagrada misión de servir en nombre del Padre de Todo.
Kalya pasaría el siguiente año entrenando su Cosmos para descubrir sus habilidades innatas que usaría en batalla de ser necesario y revelar la armadura a la que estaba destinada. Desde el inicio logró discernir su afinidad para manipular la energía lumínica con la que crear armas sólidas, explosiones y viajar a través de portales de luz.
Su segunda habilidad se revelaría al investigar más sobre el conocimiento secreto de las runas en los antiguos archivos del palacio de Asgard a los que ahora tenía acceso, movida por la curiosidad de cómo aquella Volva había imbuido de poder un amuleto para que sus efectos duraran una cierta cantidad de tiempo. Al ver la colección de libros antiguos con las runas escritas y estudiarlas una por una se preguntó qué pasaría si ella misma dibujaba una con la intención de usar su poder.
Ya había aprendido a controlar suficiente su habilidad de luz para crear formas a voluntad, así que fue practicando crear las figuras de las runas en el aire con la luz de su cosmos. Con el tiempo, fueron tres cuyos efectos consiguió extraer para aumentar el poder sus ataques y obtener resultados específicos.
Fue después de su 21 cumpleaños que finalmente su maestra dio por terminado su entrenamiento en el Cosmos para convertirse en Diosa Guerrera de Asgard y su armadura destinada se presentaría ante ella en la forma de la Valquiria.
Sólo quedaba por descubrir en qué consistiría su nuevo destino sobre “ayudar a reconstruir un gran reino”.
(*Nestor proveyó el diálogo de su propio personaje).
Habilidades:
Datos extras:
Fecha de nacimiento: 15 de marzo
Estatura: 1.67 m
Cabello: Pelirrojo
Ojos: Azules
Piel: Clara
Edad: 21
Género: Femenino
Reino: Asgard
Puesto: Valquiria
PB:

Personalidad:
Da la impresión de ser callada y formal, pero también es curiosa. Intenta ver el lado positivo de las cosas. Compasiva y amable. Prefiere saber antes de actuar. Es muy mala disimulando, pero tiene un gran autocontrol (no disimulará que te odia, pero se contendrá de golpearte sin razón). No le gustan los abusivos o los prejuiciosos, ni los que buscan tomar de otros para su beneficio personal. Puede ser rencorosa. Las condiciones de vida en Asgard la han hecho pragmática y muy consciente de sus deberes y responsabilidad para con su reino. Tiene un sentido del humor medio raro y sarcástico, nunca sabes si está diciendo algo en serio o se burla de ti.
Historia:
Sus padres son servidores de una familia noble de Asgard que se dedica al comercio. Su madre, Ilsa, es ama de llaves y su padre, Olav, capitán de la guardia personal de la familia. Esto le permitió tener acceso a más conocimiento del mundo exterior que a otros ciudadanos del reino. Le permitían estudiar con los hijos de la familia y acompañar a las caravanas cuando salían en el verano a adquirir productos en el mundo exterior.
Sus estudios favoritos siempre fueron los idiomas, la geografía y la historia. Le fascinaba cómo el mismo clima era tan diferente en otras partes del mundo, pero aprendió también a no envidiar sus climas cálidos pues sabía que no venían sin sus propios problemas, como el calor. Tardó muchos años en creer de verdad que en otras partes del mundo existía el día y la noche todo el año.
Cuando mostró aptitudes para la lucha, su padre comenzó a entrenarla para ser guardia de la familia. A veces le daba la impresión de que su hija tenía una habilidad especial para percibir su entorno y juraría que a veces podía ver destellos de luz salir de sus dedos, como pequeñas estrellas. Él no tenía habilidad con el Cosmos, pero conocía las leyendas de los Dioses Guerreros de Asgard, igual que todos, y cómo era siempre su destino vivir y morir en nombre de los dioses.
Al conversar con su esposa, y ambos llenos de temor por lo que pudiera llegar a ser de la vida de su hija, Ilsa propuso consultar a una Volva sobre su destino en las Runas. Les contestó que Kalya tenía el don de los Dioses Guerreros (el cosmos), si la dejaban marchar en ese momento para entrenar y servir en el palacio de Asgard, no viviría más allá de 10 inviernos y su hogar sería destruido. Pero si ella viviera para ver otros 10 inviernos, ayudaría a reconstruir un gran reino.
Ilsa suplicó a la Volva por una forma de suprimir el cosmos de su hija hasta que cumpliera la edad en la que la segunda parte de la profecía pudiera cumplirse. Ella fabricó un amuleto de una piedra pulida, un lado lo marcó con la runa Algiz, símbolo de protección y defensa, y el otro lado con la runa Ansuz, considerada el símbolo rúnico de Odín.
“Algiz, runa de Protección, esconde a tu portadora de quien represente a Ansuz, el Padre de Todo, hasta finalizar el veinteavo invierno de su vida.” Declaró la Volva sellando el amuleto con el poder de las Runas para evitar que el cosmos de Kalya fuera detectado por quienes buscasen personas con la habilidad del cosmos para servir como Dioses Guerreros de Odín.
La Volva les explicó que el amuleto no podía ser reemplazado por ningún otro, aunque portara las mismas runas, pues estaba imbuido con el poder y la intención de ella para cumplir específicamente con lo que había pronunciado.
Ambos entregaron a Kalya el amuleto como obsequio haciéndole prometer que nunca se lo quitaría. Pero siendo el destino de Kalya también servir a Odín en un futuro, el amuleto la hizo incapaz de sentir el cosmos dentro de ella misma y con los años olvidaría que alguna vez lo había sentido.
Kalya tenía 11 años cuando las fuerzas del Caos se desataron en el mundo dejando devastados y/o diezmados los Santuarios y Reinos de los dioses que le hicieron frente, Asgard entre ellos. Olav e Ilsa estuvieron seguros de haber hecho lo correcto al esconder el potencial de su hija pues incluso los guerreros más jóvenes y aprendices habían perecido en la batalla.
Mientras Asgard se recuperaba poco a poco, corría el rumor de una nueva representante de Odín en busca de renacer la orden de Dioses Guerreros y estaban en busca de nuevos reclutas en quienes hubiera despertado el Cosmos. Aunque fueron enviados representantes a todos los hogares de Asgard, nadie notó en Kalya indicio de dicha habilidad y sus padres respiraron aliviados de al menos poder darle a su hija la oportunidad de tener una vida junto a sus seres queridos, aunque no fuera a durar.
Desde entonces, Kalya creció para ser una simple guardia que acompañaba a las pocas caravanas que salían de Asgard para comerciar y traer bienes al reino. No es que necesitasen protección en el Mundo Exterior, pero los caminos que entraban y salían de Asgard seguían conteniendo peligros inimaginables para los ciudadanos del mundo moderno. Las criaturas de la mitología, inevitablemente atraídas por la presencia del poder de Odín desde los otros mundos, acechaban en las afueras de Asgard, incapaces de entrar en el reino, pero haciendo peligrosa la travesía fuera. Algunas eran más bien una minucia de la que podías deshacerte de una patada, otras no tanto. A Kalya le tocaría más de una vez enfrentar a los trolls que se escondían bajo los puentes antiguos. Al final no era nada que un grupo de simples mortales con entrenamiento y armas especialmente encantadas con runas no pudiera enfrentar.
Una vez fuera de lo que nombraban las Tierras Salvajes, la mayor parte de los guardias podían relajarse y tener libertad de hacer a su gusto siempre y cuando estuvieran de regreso en el lugar y la hora acordados para volver con la caravana a Asgard y cumplir su labor. Lo peor con lo que podían encontrarse eran turistas borrachos o perdidos. Mientras que la otra parte se encargaba de la protección personal del jefe en sus viajes de comercio.
La familia de comerciantes poseía varios puntos a lo largo de su ruta en los que había construido centros turísticos para disfrazar sus peregrinajes por los países nórdicos. Eran centros sencillos dedicados al turismo de aventura para quienes preferían disfrutar de las glorias de la naturaleza. De ahí obtenían los fondos cada verano para adquirir lo que necesitaban para subsistir en el largo invierno asgardiano y compartir lo que pudieran con el reino.
Mientras que al palacio y la poca nobleza de Asgard les cobraban lo que correspondía por sus servicios, al resto del pueblo cobraban apenas el mínimo aunque les generara pérdidas. Sus Centros Turísticos eran más que suficientes para cubrir los gastos.
El año en que Kalya cumpliría 20 años, fue invitada por su jefe a realizar un viaje con su familia al Mediterráneo como otra de sus guardaespaldas. Irían a mediados de marzo, justo después de su cumpleaños, y se quedarían una semana. Para entonces, aunque en el extremo norte el invierno tiende a durar más de lo que los calendarios indican, los caminos fuera de Asgard estarían lo suficientemente despejados para salir rumbo a su Centro Turístico más cercano, luego al aeropuerto también más cercano en Noruega con escala en Helsinki, y de ahí a Grecia. Su jefe buscaba expandir y mejorar los servicios de su negocio por lo que asistiría a un evento organizado en un célebre hotel de una isla griega llamada Mykonos. Y aprovecharía para llevar a su familia de vacaciones por primera vez fuera de los países nórdicos.
El dueño siempre se había asegurado de que quienes trabajaban para él tuvieran los papeles e identidades pertinentes en el mundo exterior para evitarse problemas al ir y venir entre los países de la península escandinava (especialmente la parte perteneciente a Rusia porque… Rusia) por lo que el viaje fue tranquilo y rápido gracias a sus conexiones.
Lo más lejos que Kalya había viajado era Dinamarca, siempre como guardia o guardaespaldas de su jefe. El mar no le era extraño proviniendo de una cultura cuyos antepasados habían asolado el norte de Europa transportándose en barcos de madera. Pero aquella isla con mar azul turquesa y arena blanca parecía salida de una fantasía. De no ser porque el calor ya era sofocante para estar apenas a punto de iniciar la primavera, lo habría considerado idílico.
Kalya pasó los siguientes días escoltando a su jefe en su evento y esperando a que terminara sus asuntos antes de reunirse con su familia y el resto de su equipo de seguridad para los recorridos turísticos que ofreciera la isla. Era una visión cómica ver un hombre que parecía salido directo de una película de vikingos (barba con trenzas incluida), siendo protegido por una muchacha casi recién salida de la adolescencia que apenas le llegaba al hombro. Pero Kalya ya llevaba años enfrentando cosas peores que los patéticos intentos de secuestradores que podían surgir, como el año pasado en San Petersburgo.
Los días se sucedieron sin mayor contratiempo, con el plan de volver a su patria para el día 21 de marzo.
La noche previa, a Kalya le tocó escoltar a su jefe y su esposa a una fiesta de la que decidieron retirarse temprano. Una vez libre de sus responsabilidades, Kalya tuvo el deseo de disfrutar su última noche, infinitamente más fresca que el día, y pasear por la playa. Había tomado la costumbre de usar siempre un bikini sencillo para cuando hubiera oportunidad de refrescarse en el mar (increíblemente tibio para alguien acostumbrada a bañarse en aguas a casi 0 centígrados) por lo que decidió aprovechar la ocasión y nadar un rato antes de volver al hotel.
En algún lugar, un reloj marcó las 22 horas con 23 minutos, oficialmente había terminado el invierno, y el Destino tiene sus formas para hacerse cumplir de una forma u otra.
Mientras nadaba, a Kalya le pareció escuchar un chapoteo y sonidos de ave. Gracias a las luces del paseo marítimo logró divisar algo moviéndose sobre una roca que sobresalía del agua. Al acercarse notó que se trataba de una gaviota atorada en una red de pesca. El ave debía de estar realmente acostumbrada a los humanos pues se quedó quieta mientras Kalya la tomaba en brazos y desenredaba la red de su pata para salir volando segundos después. Kalya decidió desenredar la red de la roca y llevarla a la costa para tirarla en algún bote de basura, era un peligro para animales y personas.
El destino parecía estar de acuerdo en eso último.
El oleaje era bastante tranquilo, pero en eso surgió una ola especialmente fuerte e inesperada golpeándola de espaldas, aplastándola contra la roca y enredándola en la misma red que intentaba llevarse. El amuleto con runas que siempre llevaba al cuello se atoró por un momento en unas salientes especialmente puntiagudas haciendo que se rayara su superficie justo sobre las runas. El encantamiento del amuleto se deshizo en ese momento despertando el cosmos de Kalya después de tantos años. Sin darle tiempo a recuperarse de la sensación, surgió una segunda ola cuya fuerza la arrastró lejos de la roca.
El mar no era profundo, pero Kalya apenas lograba rozar el suelo con las puntas de los pies y la red se había enredado especialmente fuerte en sus piernas impidiéndole nadar para salir a la orilla. Al menos el oleaje volvía a ser tranquilo y sólo se había lastimado los brazos en la superficie de la roca.
-¡Bravo, Kalya! - Exclamó en voz alta para sí misma mientras manoteaba con un brazo para mantenerse a flote y trataba de desenredarse con la otra mano. - Serás la única… herida del… viaje y… todos preguntarán… “ohh, ¿Kalya… protegió al jefe… de un asalto?” No… me estrellé… con una maldita… roca en el mar… por salvar… un pájaro. - Siguió murmurando entre saltitos para mantener su cabeza fuera del agua y forcejeando mientras, sin darse cuenta, luces comenzaban a aparecer a su alrededor como pequeñas estrellas o luciérnagas que desaparecían un segundo después.
En eso, escuchó alguien gritar algo seguido de un chapoteo en el agua y unos brazos rodeándola y permitiéndole al fin mantener la cabeza fuera del agua.
-¡Hey! ¿Que te has…?- Comenzó a exclamar al sentir el torso de un hombre contra su espalda y una mano rozar uno de los raspones en su brazo.
-Señorita, ¿se encuentra bien? - Dijo una voz masculina en inglés, o eso le pareció entender. El inglés de Kalya era aceptable.
-No exactamente, estoy atorada. ¡Hey! ¿Qué estás…? - Pronunció, probablemente con el peor acento, para después ser alzada en brazos del extraño quien comenzó a llevarla a la orilla mientras ella trataba de tragarse la humillación de tener que ser rescatada por enredarse en una red de pesca.
Una vez de pie en la arena, Kalya no tardó en lograr desenredarse de la infame red y hacerla una bola para tirarla en el primer bote de basura que encontrara mientras el extraño permanecía en silencio a una respetuosa distancia. Se trataba de un hombre joven y atractivo de cabello marrón largo en la nuca, ojos verdes y algo más alto que ella. Al parecer se había lanzado al agua por ella completamente vestido porque la camiseta, con un curioso dibujo de algo que parecía un caballo con ¿cola de pez?, se adhería a su bien marcado torso.
A Kalya le sorprendió ser capaz de notar tantos detalles en su persona con tan poca luz, ¿sus sentidos parecían más agudos que antes? ¿Era su imaginación o le pareció notar un leve resplandor alrededor de aquel joven? ¿Se había golpeado la cabeza? Por momentos le parecía ver lucecitas flotantes… En ese momento, el resplandor y las lucecitas desaparecieron y sus sentidos parecieron volver a la normalidad porque todo volvió a verse en el tono de oscuridad correspondiente a una noche apenas iluminada por las luces del hotel. Y Kalya se dio cuenta de que, distraída por aquella momentánea ilusión (provocada por el abrupto despertar de un cosmos que llevaba sin sentir desde los 8 años aunque ella no lo razonaría así hasta tiempo después), llevaba varios segundos mirando apreciativamente al desconocido.
“¿Dónde está Thor para partirme con un rayo cuando se le necesita?” Pensó con vergüenza.
-¡Perdón! Hola, digo… Gracias por ayudarme. Encontré esto y trataba de sacarla cuando me golpearon unas olas y… bueno, pasó lo que pasó. - Explicó con toda la coherencia que fue capaz, alzando la red de pesca en su mano. - Soy Kalya, me hospedo en el hotel con mi jefe y su familia, somos de Thor’s Adventure, vinimos por la conferencia. - Extendió su mano libre hacia el desconocido.
Kalya no supo interpretar la expresión intensa que cruzó el rostro del joven por un segundo para ser reemplazada por una más formal.
-Soy Néstor... Néstor Prevost... Es un placer... Si quiere la acompaño de regreso al hotel... Siento que es mi deber ya que mis tíos son los dueños, y puede decirse que trabajo con ellos... Nos gusta que todos nuestros visitantes estén a gusto… - Ofreció amablemente con lo que sólo podía ser una bien practicada voz de “servicio al cliente” mientras tomaba la mano de Kalya en un apretón firme.
-Es muy amable de tu parte, muchas gracias.
Mientras caminaban, Kalya divisó la banca cercana donde había dejado su uniforme de empleada/guardaespaldas con el logo de Thor’s Adventure (un martillo de Thor rodeado de rayos).
-No puedo ponérmelo de nuevo, debo usarlo mañana. - Comentó mirándose a sí misma aún mojada y con el bikini que apenas dejaba algo de su figura curvilínea a la imaginación. Por no mencionar lo empapado de su largo cabello.
Un brazo apareció frente a ella sosteniendo una camiseta seca. Al voltear encontró a Néstor con una caja de camisetas bajo el otro brazo. La caja estaba llena de arena en su exterior, pero las camisetas parecían secas y limpias. Se dio cuenta que eran del mismo tipo que él llevaba puesto. Lo más seguro es que la llevara consigo rumbo al hotel y la hubiera dejado caer en la playa antes de saltar al mar por la turista idiota que había conseguido enredarse en una red de pesca.
Kalya aceptó la prenda con otro gracias, debía ser talla grande para hombre porque le quedaba inmensa, y ambos continuaron su camino al hotel. Cuando se cruzaron con un cesto de basura público, ella arrojó la dichosa red dentro.
-Me tomaré el atrevimiento de tutearte, si no tienes inconvenientes... No sé, pero, así de primera impresión me pareces una persona con la que es fácil hablar... Si gustas, te regalo uno de los postres exclusivos del restaurante principal del hotel…
La joven no pudo evitar sonrojarse ante el cambio de actitud de su acompañante a uno más amigable. Tampoco estaba segura de cuál era el procedimiento habitual cuando alguien te salva de ahogarte cual delfín enredado. ¿Lo normal no sería que ella le invitara algo a él? Pero Kalya era demasiado golosa para rechazar un postre gratis por lo que aceptó gustosa y le dejó guiarla al restaurante del hotel que aún seguía abierto para los turistas trasnochadores.
Mientras disfrutaban del delicioso postre, Kalya preguntó sobre el dibujo en las camisetas pues no estaba familiarizada con aquella criatura caballo-pez.
-Ah... ¿Esto? Es un logo que he venido desarrollando para los uniformes del área exclusiva del hotel... Representa al Hipocampo de la mitología griega... Era uno de los caballos de mar del dios Poseidón, quien irónicamente también era, por alguna razón extraña, el dios de los caballos.
-No puedo decir que eso sea lo que imagino al pensar en un hipocampo. - Comentó conteniendo la risa al recordar el famoso pececito conocido como caballito de mar. - Ciertamente la mitología resultó más literal que la ciencia.
A cambio, Kalya le contó cómo su jefe había inventado el nombre y logo de su Centro Turístico apenas un mes antes del viaje. Durante los más de 10 años que tenían de existir siempre habían sido “los centros turísticos” y nunca se había molestado en ponerles un nombre, pero al parecer era un requisito para el evento al que asistían. Así que escribió lo primero que se le ocurrió que sonara suficientemente nórdico y, gracias a sus conexiones, tuvieron listos para entregar su logo y uniformes de empleados en el aeropuerto de Helsinki, donde hicieron escala en el vuelo a Grecia.
Al terminar sus postres, Néstor la acompañó hasta la puerta de su habitación, al parecer llevaban compartiendo piso desde el inicio, donde se despidieron cordialmente.
Aquella noche, Kalya se removió inquieta en sueños repletos de símbolos rúnicos y una luz resplandeciente que tomaba la figura de una doncella alada que se deshacía en miles de luces con forma de caballitos de mar (el pez, no el mitológico). Despertó apenas rayando el alba e, incapaz de seguir durmiendo, se dedicó a alistar su maleta para el viaje de regreso. Guardó también la camiseta del caballo marino, con la que había dormido, para ponerse su uniforme. Pero su mente seguía inmersa en su sueño y la extraña sensación que había experimentado la noche anterior. Quería seguir creyendo que había sufrido una ilusión momentánea por el estrés, pero ella había vivido situaciones mucho más estresantes y peligrosas en su vida.
Un recuerdo de la infancia la asaltó de pronto, durante los primeros tiempos en que su padre había comenzado a entrenarla cuando mostró interés en ser guardia como él. Esa conexión con su entorno, la sensación de un universo pulsando bajo su piel esperando a liberarse, al punto que juraba podía ver estrellas entre sus dedos.
Salió al balcón de su habitación y se concentró como hacía durante sus entrenamientos marciales, despejando su mente. Ahí estaba, esa luz interior llamándola… No notó la figura masculina que la observaba desde uno de los balcones aledaños con expresión entre perpleja y sospechosa… La sobresaltaron unos golpes fuertes en su puerta y la voz de uno de sus compañeros. Algo sobre una tormenta formándose en el norte, que habían adelantado la hora de regreso y debían estar listos para partir lo más pronto posible.
Aún con su mente llena de preguntas, tomó sus pertenencias y salió a reunirse con su grupo. Entre el caos de otros varios huéspedes europeos que buscaban también retirarse antes por el pronóstico de una inesperada tormenta formándose en el Atlántico con rumbo a Europa, Kalya logró divisar a Néstor en el lobby, parecía muy concentrado buscando algo. Ella avanzó con su equipo hacia los Jeeps rentados que los llevarían al aeropuerto y tomó su posición de pie en la parte trasera de uno. Desde allí sus ojos se encontraron con los de Néstor que la observaba intensamente desde la entrada del hotel, como la noche anterior cuando recién la había sacado del agua, como si fuera capaz de ver más allá dentro de su ser. Ella volvió a notar aquel brillo alrededor de él y finalmente la realidad de lo que aquello podía significar entró de golpe en su mente: el cosmos, la energía del universo que vivía dentro de aquellos destinados a servir a los dioses…
En ese momento arrancaron los autos y la silueta del hotel con el joven, que podía o no ser lo que ella empezaba a sospechar que también era ella, se perdió en la distancia.
El viaje de regreso procedió sin contratiempos con Kalya sopesando su descubrimiento sobre sí misma y el cambio que ello traería a su vida. Si en verdad el Cosmos había despertado en ella, era su deber como asgardiana ofrecer su fuerza al servicio de sus dioses y su reino. Ocultarlo para seguir viviendo como hasta entonces se sentía como una traición.
El reencuentro con su hogar y su familia fue más agridulce de lo que había esperado pues en los rostros de sus padres vio una gravedad que no estaba antes y supo en ese momento que ellos sabían lo que Kalya había descubierto. Ambos le explicaron lo acontecido cuando era pequeña y las medidas que habían tomado para asegurar que tuviera la oportunidad de una vida. Al tomar la roca de su collar notó por primera vez los raspones en su superficie, suficientemente profundos para haber dañado el grabado de las runas volviendo inservible el amuleto justo en el día del final del invierno, tal como la Volva había vaticinado.
Kalya les aseguró que no los culpaba y estaba agradecida de haber podido vivir con su familia y trabajar para traer otro tipo de prosperidad a su pueblo.
Al día siguiente, Kalya se despidió de su hogar y familia para partir rumbo al palacio de Asgard donde solicitó una audiencia con la soberana representante de Odín, Fryevia Mist.
La familia a la que Kalya había servido hasta ahora era siempre bienvenida por el servicio que brindaba trayendo bienes al reino. Y a ella le había tocado desde hacía algunos años escoltar a su jefe por la ciudad y el palacio por lo que también era conocida por los guardias. Estos no tardaron en conducirla ante su señora quien fue informada de que la guardia personal del comerciante Stevenson deseaba verla.
-Por supuesto, acércate, Kalya, hija de Olav. ¿Hay alguna razón por la que tu señor no te acompañe? ¿Ha ocurrido algún percance?
-Gracias, señora Fryevia. La casa Stevenson manda sus saludos. Mi presencia aquí obedece a asuntos superiores al comercio. Mi señor me ha liberado del servicio a su casa por una situación que ha surgido en mí. He descubierto que soy capaz de sentir el Cosmos y como devota de mi señor Odín es mi deber ofrecer mi fuerza al servicio de Asgard - explicó Kalya posándose sobre una rodilla ante quien sería su superior de ahí en adelante.
-Oh, es verdad, puedo sentir el Cosmos en ti, aún sin entrenar, pero con un gran potencial. - Exclamó la mujer con sorpresa cuando Kalya se concentró y dejó fluir la energía en su interior. - ¿Cómo ha sucedido esto?
-Desconozco, mi señora. Sólo sé que hace algunas noches, durante el viaje más reciente con la familia Stevenson, se presentó en mis sueños la luz de una doncella alada rodeada de runas místicas y fui capaz de sentir el universo en mi interior.
Kalya ya había decidido que no revelaría cómo su familia había mantenido oculto su potencial todos esos años, no se arriesgaría a que fueran acusados de algún tipo de traición. Le sorprendió descubrir que su jefe conocía también el secreto. Olav y él no eran sólo amo y servidor, habían crecido juntos y entrenado desde niños, y había estado de acuerdo en guardar el secreto de su amigo. Eso explicaba por qué ambos la habían entrenado como guardia y guerrera con especial esmero y asignado responsabilidades muy por encima de lo normal para alguien de su edad. Si sólo podían burlar al destino durante un tiempo limitado, se asegurarían de convertirla en la mejor guerrera.
-El comerciante Stevenson ha sido sabio en dejarte marchar con esta nueva información. Sé que en su casa han hecho bien con tu entrenamiento hasta ahora, siempre decía que eres la mejor de sus guerreros y cómo pondría su vida en tus manos sin dudarlo. Tengo entendido que has viajado a su lado y enfrentado situaciones tanto en las Tierras Salvajes como el Mundo Exterior donde has probado tu habilidad como guardia. Eres una guerrera de Asgard en pleno derecho y acepto tus servicios, pero para portar una armadura de los Dioses Guerreros debes de entrenar tu Cosmos. Yo misma seré tu maestra y te enseñaré a utilizarlo para cumplir tu sagrada misión de servir en nombre del Padre de Todo.
Kalya pasaría el siguiente año entrenando su Cosmos para descubrir sus habilidades innatas que usaría en batalla de ser necesario y revelar la armadura a la que estaba destinada. Desde el inicio logró discernir su afinidad para manipular la energía lumínica con la que crear armas sólidas, explosiones y viajar a través de portales de luz.
Su segunda habilidad se revelaría al investigar más sobre el conocimiento secreto de las runas en los antiguos archivos del palacio de Asgard a los que ahora tenía acceso, movida por la curiosidad de cómo aquella Volva había imbuido de poder un amuleto para que sus efectos duraran una cierta cantidad de tiempo. Al ver la colección de libros antiguos con las runas escritas y estudiarlas una por una se preguntó qué pasaría si ella misma dibujaba una con la intención de usar su poder.
Ya había aprendido a controlar suficiente su habilidad de luz para crear formas a voluntad, así que fue practicando crear las figuras de las runas en el aire con la luz de su cosmos. Con el tiempo, fueron tres cuyos efectos consiguió extraer para aumentar el poder sus ataques y obtener resultados específicos.
Fue después de su 21 cumpleaños que finalmente su maestra dio por terminado su entrenamiento en el Cosmos para convertirse en Diosa Guerrera de Asgard y su armadura destinada se presentaría ante ella en la forma de la Valquiria.
Sólo quedaba por descubrir en qué consistiría su nuevo destino sobre “ayudar a reconstruir un gran reino”.
(*Nestor proveyó el diálogo de su propio personaje).
Habilidades:
Datos extras:
Fecha de nacimiento: 15 de marzo
Estatura: 1.67 m
Cabello: Pelirrojo
Ojos: Azules
Piel: Clara