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.: In nomine matris :.

Publicado: Lun May 29, 2023 6:35 pm
por Hotaru Himura
Tarde de primavera, se escucha el cantar de los pájaros tímidamente a la distancia, el cielo comenzaba a teñirse de anarajando y el sol iluminaba con su última caricia de forma estridente un enorme portón de oro.

Decorado con intrincados diseños, que simbolizan escenas ancestrales. Casi en la cima de aquella montaña era difícil determinar si el brillo áureo lo refleja el sol o viceversa, porque al atardecer y al amanecer, el sol parece nacer y morir en la puerta misma.

La admiración inicial que genera el recinto por fuera, rápidamente desaparece cuando se atraviesa el marco y las puertas se cierran. La piel se eriza siguiendo la alfombra roja que se antoja infinita, ante la magnificencia que puede percibirse, no solo por los 5 sentidos.

Simplemente, resulta inexplicable la solemnidad que se respira en aquél sitio de techos altos y grandes espacios.

Se aprecia solitario, como si hubieran pasado años desde la última vez que alguien estuvo ahí y sin embargo cada rincón lucía pulcro e inmaculado, era como si las partículas de polvo no pudieran penetrar en esa atmósfera solemne o en su defecto, como si afanados sirvientes invisibles repasaran perpetuamente cada estatuilla y recoveco con una minuciosidad obsesiva.

No había muchos adornos en la sala principal pero los pocos que había eran de oro puro. Los diseños tallados a mano cuentan una historia y en cada relieve casi puede palparse físicamente el regocijo que da la sensación de vida, la contundencia de la inminente muerte y alrededor de ello o en medio, la vastedad del universo.



Al fondo de aquella sala principal hay un trono de oro custodiado por la efigie de un dragón que te observa permanentemente. Sus alas extendidas dan la sensación de que está a punto de saltarte encima y sin importar desde donde mires, parece siempre estar observando atento a cualquier movimiento.





Está muriendo la tarde cuando cansinamente el silencio, comienza a romperse con un sonido tímido que viene desplazándose desde algún lugar entre las sombras, mismas que parecen empezar a abrazarlo todo con la llegada de la noche.

Poco a poco en un ritual meditabundo, una entidad va encendiendo unas antorchas que iluminan tenuemente algunos espacios. Inapreciable la identidad de aquél encapuchado de movimientos pausados, ni siquiera se aprecia la mano que sostiene una vara delgada de metal, con la punta cubierta por un Kevlar encendido con encina blanca.

¿Por qué haces eso? – Interroga de pronto un murmullo que no puede ser escuchado con el sentido del oído.

Por respuesta, los pasos lentos siguen su camino arrastrándose un poco hasta la siguiente antorcha. Ahí se detiene para volver a estirar la vara de madera, se queda un momento hasta que la nueva antorcha enciende y luego sigue en una danza tranquila hacia la siguiente y así continúa hasta que concluye cuando se han encendido las antorchas que reposan a los lados de la puerta de oro.

Llevas muchos años así y nunca habías hecho eso. No entiendo por qué lo haces. – Vuelve a musitar el murmullo en tono resignado. Como si aquellos enunciados se hubieran gastado a lo largo del tiempo y una vez más, quedasen sin respuesta audible.

Esa noche sin embargo, algo se respiraba diferente. La efigie menuda de apenas un metro y medio de alto contrario a lo que había hecho durante los últimos 10 años regresó sobre sus pasos para luego dirigirse hacia una sala lateral al trono y desaparecer detrás de una cortina cuyo color se mimetizaba con la obscuridad de los rincones.

Detrás de la cortina se erigía un salón más pequeño que el principal. Tenía una pared de piedra maciza cubierta por runas antiguas, la entidad caminó hacia una muy específica, con cautela estiró el cuello hasta que quedó a escasos milímetros de la roca.

“Domina…” – Musitó en un susurro doloroso mientras se escuchaba el tenue crujir de sus labios al intentar completar una frase.- “Suus Tempo”. – Completó lastimosamente, para luego convertirse en polvo, la capucha cayó al suelo al instante.-

...

En pocos segundos brotó una pequeña flama azulosa que consumió los restos, se levantó flotando hasta la pared para desaparecer. Al contacto, las runas descubrieron una inscripción ancestral en griego que brillo solo un instante para luego nutrir la roca de esa extraña energía.
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Esto creó una cadena luminosa que las remarcó casi por completo, de súbito dieron paso atrás y el sonido se apagó abruptamente en todo el salón, abriendo una especie de portal hacia otro mundo pero no ahí...

...

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En el cuarto recinto a través del portal un sonido metálico se hace presente, se va haciendo más fuerte hasta que de súbito un cuerpo es arrojado por el portal cayendo estrepitosamente. El impacto con el suelo hace que se le desprenda parte de la protección que tenía, no se escucha el chillido de las piezas metálicas rebotando, ni tampoco el deslizamiento del cuerpo sobre el mármol que va dejando un rastro carmesí tras de sí.

El portal se ha cerrado, la roca vuelve a la normalidad y el sello se consume por completo. El sonido ha regresado o al menos la sensación de vacío ha cedido.

Así queda el cuerpo tendido boca abajo visiblemente herido y por todo el salón piezas de oro regadas. Parece muerto pero al acercarte puedes observar que respira pausadamente.



Fue así que pasó, sabrán las moiras cuanto tiempo en la misma postura. El cuerpo se estremecía tímidamente de vez en cuando, como si le volviera la conciencia a ratos pero la sangre se secó, antes de que pudiera emitir algún quejido.


Re: .: In nomine matris :.

Publicado: Mié May 31, 2023 11:15 pm
por Hotaru Himura
El día y la noche danzaron varias veces después de aquél suceso. Por fortuna o por desgracia, el santuario ateniense llevaba años sin contar con la presencia de algún custodio.

Durante aquellos días, las piezas áureas se fueron alimentando de la sangre de aquél cuerpo. Era como si ambos, metal y carne, estuviesen enfrentado una batalla por sobrevivir en medio de aquella soledad.

Definitivamente habría sido más fácil si alguien hubiese estado ahí para auxiliarles o para terminar con su agonía. Pero a veces, la voluntad de los dioses parece tan caprichosa e inexplicable.

Era la décimo tercera luna. Aquella noche la última pieza se ensambló tomando la forma del cangrejo de oro. Con esa pieza terminó de absorber la sangre, recuperando al momento su brillo característico. Fué solo un instante porque se cubrió rabiosamente de una energía obscura con tintes azul rey y de inmediato, llenó de niebla el interior del recinto de la muerte.

Habían pasado poco más de 10 años desde la última vez que algún espíritu rondara por aquellas baldosas. Pero fue como si la armadura o la voluntad de Athena, buscaran despertar el cuerpo que aún permanecía tendido en el suelo, completamente desprotegido.

La niebla cubrió la atmósfera por completo mientras comenzaba a escucharse el crujir de los cuerpos putrefactos, casi al unísono fueron brotando desesperados del suelo, techo, columnas y cada espacio del templo. Fue como si el yomotsu hubiera vomitado a borbotones aquellas entidades.

Brazos, cabezas, piernas, a veces unidas a veces solas... El olor a muerte hizo desaparecer el de la sangre y solo hasta que el último rincón del recinto se cubrió por una entidad de aspecto terrible fue, que la armadura completamente ensamblada se asentó.
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El que le ha visto sabe, que la armadura de cáncer posee una forma animal sin una expresión concreta. Aun así, su posición con las tenazas bajas flotando ligeramente por encima del suelo, apuntaba en dirección a donde estaba. Daba la impresión de estar atenta.

Como si en silencio le llamara...

Como si le esperara...

Re: .: In nomine matris :.

Publicado: Jue Jul 20, 2023 7:18 am
por Hotaru Himura
Entrada la noche en el santuario, contrario al día en que todo lucía totalmente solo, las luces en algunos recintos daban la impresión de que aún había personas por ahí.

Últimamente, a esas horas los lamentos provenientes del cuarto templo alcanzaban a escucharse varios metros por fuera a la redonda, lo que hacía las noches sutilmente inquietantes.

Pero, esta noche en especial aunque no había luna, el silencio reinaba y desde la montaña en donde reposan los templos del santuario, se podían vislumbrar las estrellas y la vía láctea.

Una visión maravillosa para quien pudiera atestiguarlo.


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!Hotaru Sama!... - Resonó su nombre, en un grito desesperado. Quizá sonó así, más aún porque provino de aquella dulce voz. -

Sintió que retrocedió un par de pasos mientras la sensación de que las manos le explotarían se agudizó, seguramente por la cantidad de cosmos que estaba tratando de contener frente a sí. Apretó los dientes con fuerza mientras su cuerpo buscaba maximizar los recursos, redistribuyendo la sangre hacia las zonas vitales, lo cual provocó el entumecimiento de sus extremidades y un ligero mareo, estaba en su límite.

Deténgase por favor... - Escuchó levemente, ya que el estruendo alrededor le ensordecía, pero la sensación de ser abrazada por los frágiles brazos le despabiló un poco, lo suficiente para escucharla.- ¡Debe regresar!, ¡Tiene que regresar!

Tenía la mirada fija al frente, resistiendo como hacía siempre, dando todo de sí sin importar nada más, siempre yendo más y más adelante, siempre luchando, siempre de frente, con todo, con decisión... Hoy... En ese instante se dio cuenta.

Bajó ligeramente la mirada hacia donde provenía la voz, la vista se le nublaba por el cansancio y por el hilillo de sangre que comenzó a brotar de uno de los lados de su cabeza. Aún así, divisó a la niña que estaba abrazada a ella con los ojos llorosos, los cabellos dorados revoloteaban violentos con la cantidad de energía que las rodeaba.

Tenía miedo. Tenía miedo de esa mirada llorosa que le decía que no con la cabeza, veía que movía los labios pidiéndole que se detuviera, que estaba bien, que así tenían que ser las cosas.

Pero... quien la conociera sabría que no se detendría sin darlo todo, era su naturaleza, su forma legítima de ser. El miedo lo transformó en motivación, si tenía que renunciar a su cuerpo mortal lo haría con tal de lograr repeler el ataque, de forjar un camino. Así de decidida era. Su cerebro se centró en la única oportunidad que tenía.

De alguna manera obligó a su cuerpo a reaccionar, concentró su cosmos en los brazos, afianzó los pies en la tierra resquebrajándola para poder hacer un movimiento de jalar los brazos ligeramente hacia arriba y luego hacia un lado, logrando desviar la energía ajena solo un instante.

El tiempo suficiente para poder llamar a su máxima técnica.

La niña lo vio en su mirada y lo entendió. Lo supo por la fe en esos ojos celestes y el gesto de confianza en la faz ensangrentada de la cuarta. Casi podría pensar que no le importaba el dolor, la increíble desventaja, el estado de sus heridas, la pérdida de sangre... Su mirada se lo dijo, a pesar de todo sabía que tenía una oportunidad, muy pequeña, una en un billón de billones. Pero, oportunidad al fin.

!!!!!!SEKISHIKI...

La niña bajó el rostro y aligeró el abrazo con pesar.

... MEIKAI ...

Perdóneme...

Fue sutil pero contundente. La castaña sintió claramente como todo el cosmos que había concentrado simplemente desapareció, las células de su cuerpo que vibraban a causa de su energía, el sonido, el estruendo, todo se detuvo, sintió que todo se esfumó casi a la altura de su pecho, instintivamente colocó la mano ahí y palpó brevemente una insignia.

Era un sello de Athena.

Dio un paso hacia atrás con incredulidad, se topó con la mirada llorosa de la niña que le sonrió con ternura mientras una luz rosácea rodeaba sus manos pero detrás de ella, los cabellos dorados brillaban por la luz que venía, como un tren que viene y que está a punto de destrozarte.

"Grazie"...

Alcanzó a escuchar. Estiró la mano para tratar de alcanzarla pero, la inercia del ataque en camino y la abrupta desaparición de su cosmos levantó su cuerpo del suelo lanzándola hacia atrás con violencia.

Todo fué muy rápido, pero ante su percepción las cosas pasaron en cámara lenta. La niña inclinó la cabeza en un gesto noble de respeto, luego se enderezó con una sonrisa amable que empequeñeció tiernamente sus ojos llorosos. Sus brazos delgados estaban al frente de ella con las manos entrelazadas, podían verse sus cabellos dorados que comenzaron a desaparecer uno a uno a causa del brillo de aquella luz detrás de ella que comenzaba a tragarlo todo.

Después de ello... Vino la obscuridad.


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Intentó dar una gran bocanada de aire que le hizo sentir un agudo dolor en el pecho, fué como si sus pulmones estuvieran colapsados y el aire batallara para entrar en ellos.

Se giró boca arriba, luego boca abajo, sentía tanto dolor por todos lados, fué como si sus sentidos primarios despertaran abruptamente abrumándola por unos instantes.

¡COF!,¡COF¡...Milk...¡COF!,¡COF¡

Un ataque de tos la hizo encorvarse, tosió sangre y le dolió terriblemente la garganta, hasta que cesó poco a poco.

Logró sentarse, miró alredor, no había nada, nadie, solo obscuridad y unos metros enfrente la armadura dorada de cáncer completamente armada.

Tardó en reconocer el sitio, pero aunque no veía mucho; el resplandor áureo del manto del cangrejo, le hizo saber que estaba en casa.

Instintivamente se llevó la mano casi a la altura de su pecho, sentía un gran dolor pero sus dedos no lograron palpar nada, pero ese dolor vorázmente se replegó hasta llegar a sus ojos, se encorvó como una niña porque lo entendió, apretó las manos frente a su pecho y escondió su rostro entre ellas llorando desconsoladamente.

Teniendo como única compañía el manto de oro, ahí en la obscuridad del recinto de la muerte. Golpeó el suelo con la poca fuerza que le quedaba pero llena de rabia, hasta que la sal que brotaba a borbotones de sus ojos celestes tocó sus labios.

Agarró aire controlándose estoicamente, limpió sus ojos y se enderezó como pudo.

Caminó hasta la armadura, emuló el gesto que hizo la niña instantes atrás, no sabía cuanto tiempo había pasado y aunque sabía que había pasado, todo estaba fresco en su memoria como su hubieran pasado apenas unos segundos.

Agradeció al manto de oro inclinando la cabeza hacia el frente, luego se enderezó abandonando el templo con toda la entereza que logró reunir en esos escasos minutos.

A su partida, la armadura desapareció en un resplandor, era obvio que regresaba a su caja.

...



La mujer un poco más recompuesta, salió del templo por la puerta que apunta hacia la siguiente casa, sintió en el rostro la suave caricia del aire fresco de la noche pero sus cabellos no pudieron danzar al ritmo porque estaban pegados a su cuerpo y rostro debido a que la sangre se había secado.

Levantó la mirada con pesar, pero aún así, con todo ese dolor en su corazón pudo apreciar la maravillosa imágen que brindaban las estrellas, la vía láctea y las constelaciones que alcanzaba a identificar. Por un momento sintió que sus ojos se empañarían, pero por respuesta endureció el gesto y miró hacia adelante, siempre hacia adelante y comenzó a caminar en dirección al quinto templo.

Re: .: In nomine matris :.

Publicado: Mié Ene 31, 2024 5:02 am
por Hotaru Himura
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En tres pasos estaba de nuevo en...

El cuarto templo... - Dijo en voz baja.-

Le extrañó haber llegado hasta ahí, en realidad solo pensó que podría salir a las escaleras a Tauro. Sintió que tuvo un mini-infarto, pero al llevarse la mano a la altura del pecho sintió un resquicio del agudo dolor con el que despertó ahí mismo.

...

El instinto le decía Erebo sabía más sobre el misterio en torno a su regreso, por eso quería regresar a Virgo y averiguar lo más que pudiera, antes de ir a Star Hill.

Aprovechó haber llegado a cáncer para dejar la armadura recién reparada en su lugar y darse un baño aunque, sus cosas no estaban más ahí. Fué extraño estar en la que había sido su habitación un par de semanas atrás y que ésta no tuviera ni un indicio de haberle pertenecido.


¡Qué mal!... - Espetó molesta, iba a tener que usar los mismos harapos. -

Resignada preparó el agua metiéndose bajo la regadera, el vapor inundó ese espacio. Cerró los ojos, levantando la cara hacia el agua, dejando que remojara la sangre seca que empezó a resbalar por su cuerpo.

La sensación le brindó alivio, sus músculos se relajaron, con suavidad talló sus brazos descubriendo nuevas cicatricez, moretones y raspones por doquier.

¿Cómo puedo saber lo que sucedió?...


Terminó de bañarse, ya limpia no se quiso poner la ropa sucia por lo que se le ocurrió usar la sábana de la cama para cubrirse, intentó amarrarla de modo que no se viera tan improvisado pero no resultó.

Frustrada se quitó la sábana, la hizo bola y la pateó molesta.


¡ARRRRRGGGGGHHHH¡,


Se dejó caer en la cama pensando qué hacer. Tendría que usar la sábana, se enderezó buscándola, había golpeado sobre la cómoda medio abriendo uno de los cajones. Fué a levantarla y de paso empujó el cajón para cerrarlo pero éste se regresó. Al fijarse bien, notó que algo se había aflojado por el golpe, era un cuadro de metal con un grabado medio raro.


Mmmmmm... ¿?...

Se paseó por la habitación hasta que en la pared a un lado de la cama había un fragmento faltante, con la misma forma y tamaño.

Al colocarla embonó perfectamente, presionó y no pasó nada, refunfuñó y le tiró una patada lo que activó un mecanismo que soltó el bloque y dentro había una pequeña mochila y otras cosas.

Sabía que era de ella pero no recordaba haber dejado nada, era como si su instinto la hubiera guiado. Tomó la mochila, la esculcò por encima, tenía un par de mudas de ropa, modestas pero limpias, se apresuró a cambiarse, ropa interior, un pantalón gris con una blusa negra de manga corta cruzada al frente.

Calcetas limpias y unos tennis reebok negros. Decidió que revisaría la mochila después, metió ahí la capa que le habían prestado, colocó el bloque de nuevo en la pared y luego de medio acomodar las cosas, regresó la llave a su lugar y se marchó continuando su camino.


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