- Las palabras...tan filosas como una espada - pensó.
Ya todos se habían ido, sólo quedaba él. Eso le calmó bastante y con un suspiro emprendió su marcha, no sabía donde llegar.
- Rayos, no pregunté hacia donde tenía que dirigirme - Se rascaba su cabeza - Bueno, me daré una vuelta subiendo por el santuario a ver qué tal. Después de todo uno tiene que conocer su entorno, ¿no?.
Los ecos de los pasos de Hayate fueron silenciándose lentamente de la casa de aries, a medida que el peliblanco se alejaba del lugar.
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