Re: .:: Somnus ::.
Publicado: Mar Abr 16, 2024 2:42 pm
FUTURO PARTE 3
El oniro se mostraba triunfante y confiado. Su poder volvía a conseguir someter a aquellos que le desafiaban. ¿Cómo Phantasos había podido llegar a creer que podía vencerlo a él, en su juego y en su prisión, donde era más fuerte? Sentía algo de decepción, no podía ocultarlo. Había esperado algún tipo de truco final demoníaco que le exigiese ponerse realmente serio, pero en vez de eso, tenía a una joven doncella dócil entre sus brazos.
No es que se quejase.
Había algo en aquella situación que le hacía sentir extasiado. Se sentía más poderoso, aún cuando había perdido parte de su poder para poder llegar a ese punto. Y, aunque finalmente estaba empezando a disfrutar enormemente de aquellos preliminares con una Phantasos más relajada y entregada, concluyó que ya era hora de tomar lo que le pertenecía. Iba a retirar el brazo del cuerpo de la diosa para despojarla de toda su ropa, cuando...
- ¿Qué... qué me ocurre...?
No formuló la pregunta en voz alta. No podía hacerlo. Todo su cuerpo había quedado rígido e inmóvil. En apenas un segundo, había sentido como una gran parte de su poder se había esfumado sin previo aviso, debilitándole en gran medida.
Phantasos se retiró de él y éste pudo entender el motivo. Los ojos de la mujer volvían a brillar en un rojo intenso. El sucubo había vuelto aunque mantenía el aspecto angelical de la oniro. ¿Cómo había podido drenarle tan rápido? Le daba vueltas a eso, pero solo encontraba una explicación: que Phantasos había drenado lentamente su energía para hacerle confiarse para después demostrar su verdadera capacidad. Aún así, no tenía sentido. La oniro no era tan poderosa, estaba seguro de ello.
- Supongo que en tu cabeza debe haber muchas preguntas ahora mismo, que estoy dispuesta a resolver, pero antes... - Se sentó sobre él y agarró su cuello con una de sus manos y la apretó con fuerza- … deja de mancillar a mi señor.
- ¿O qué?- Consiguió articular con dificultad.
Phantasos frunció el ceño. La idea de estrangular a Hypnos, incluso cuando era consciente de que no era él, le resultaba bastante incómoda, así que optó por soltarle y en vez de eso besarle de nuevo. Al hacerlo, la energía de Phobetor volvió a descender radicalmente. Le escuchaba gruñir, pero nada cambiaba, así que la oniro se mantuvo en la misma posición hasta que finalmente Phobetor volvió a ser él y reaparecieron en su lúgubre prisión.
La oniro agradeció para sí misma poder separarse de una vez de él. Se levantó de aquella cama y disolvió la transformación de sucubo. Se miró a sí misma. Estaba deseando frotar todo su cuerpo con algún tipo de lija y quemar aquella ropa provocativa que nuevamente la cubría, pero tendría que esperar un poco más. Al menos podía consolarse con que nadie más la vería con esa extraña combinación que generaba su angelical rostro y esa ropa tan radical.
- Existe una gran diferencia entre nuestros poderes- comenzó a decir la oniro- Debe resultar sencillo coger algo que no te pertenece y usarlo a tu favor. Es rápido, efectivo... no requiere de ningún esfuerzo, solo de una gran falta de escrúpulos. Pero una vez descubres lo que está pasando, es fácil escapar. Sin embargo, las transformaciones...
Se quedó callada junto a la chimenea, calentando sus manos, pensando en si quizás sería mejor quemar toda su piel en vez de lavarla. Tras unos segundos, se dio la vuelta y observó desde allí al petrificado Phobetor. Podía comenzar a moverse, pero seguía sin ser un problema.
- Cuando la gente ve una de mis transformaciones... en un fénix, por ejemplo, solo ven su belleza, lo maravilloso que debe ser poder volar, su fuerza, poder curar o renacer de tus cenizas. Sienten envidia, es comprensible.
Pero pocos se paran a pensar en que tu conciencia sigue ahí. Que ser un fénix te obliga a aprender a prescindir de tus manos y a valerte solo con tus pies y tu boca. Debes ser capaz de asomarte a un acantilado y confiar en que puedas saber cómo volar antes de estrellarte contra el suelo. Y más aún, debes ser capaz de soportar el calor de las llamas en tu cuerpo y hasta llegar a una incineración.- Lo dijo mientras metía su mano en el fuego durante solo un segundo, incapaz de soportarlo en esa forma.- Cada transformación que he logrado a lo largo de toda mi vida, ha exigido de trabajo mental y físico. Requiere de mucha confianza en ti mismo y de capacidad de improvisación.
Y claro está, todo eso no se sostendría sin un alto grado de locura e imprudencia, porque aunque puedes suponer que el fénix debe tener algún tipo de inmunidad al fuego... nadie sabe en realidad cómo se logra. Solo lo descubres una vez eres uno de ellos.
Se acercó hasta el borde de la cama y lo miró con una sonrisa de suficiencia.
- No te contaré sobre los fénix, pero te contaré un pequeño secretito de los sucubos y sobre cómo lo descubrí.
Dado que sin experiencia y sin maestro, este encuentro podía ser peligroso, decidí pasar estos últimos meses en la zona de los sueños del deseo. Los humanos son muy prolíficos para eso, así que simplemente me dediqué a estudiar sus acciones y sus reacciones. Cada sonrojo, cada mirada, las tonalidades de sus cuerpos y... en fin, cosas realmente aburridas si solo eres un mero espectador.- Lo explicó con calma, haciéndole entrever que todo su encuentro había sido una actuación cuidadosamente estudiada.- Aprender a contener al sucubo, sin embargo, fue mucho más difícil, especialmente en ese ambiente.
Creía que ya lo había dominado por completo, cuando por puro azar, apareció nuestro querido hermano Oneiros en escena- dijo usando un tono de voz teatral.- No sabía nada de mi plan, pero ya sabes que tiene un sentido extra en eso de saber cuando hay algo extraño pasando en el reino. Verme allí debió fundirle algunos los cables, y aunque no dijo nada, se disponía a salir muy contrariado, así que fui a detenerle para explicarle y... ¡¡SORPRESA!! Le hice caer de rodillas solo con tocar su piel. Pero... ¿cómo? Normalmente tardaba varios minutos en drenar a la gente sin ningún poder. Era contradictorio... ¿Qué era diferente con Oneiros?
Y así descubrí, que el poder de succionar más o menos energía, no depende únicamente del poder del demonio, sino que es directamente proporcional al deseo que tenga el súcubo por su víctima y de su víctima por el súcubo.
Phobetor no pudo ocultar una expresión contrariada, demostrando que era una información que desconocía totalmente. Phantasos sonrió y se dedicó a pasear por la habitación revisando la decoración. La época de caza de brujas e inquisidores debía ser la favorita de Phobetor. Podía imaginarlo perfectamente inspirando a más de uno... o tal vez había sido a la inversa.
- Tenía la corazonada de que deseabas usurpar el puesto de Hypnos, pero lo de hoy...- negó con la cabeza. Era la primera y única norma estrictamente obligada para un oniro: no crear un sueño de Hypnos. Cogió una daga que colgaba de la pared y la puso en la garganta de Phobetor- Tú nunca serás él y nunca te rendiremos pleitesía. Debiste aceptarlo hace mucho tiempo. En cambio, has cometido traición. Me encantaría castigarte yo misma por eso, te lo aseguro. Pero será mi señor quien se encargue de ti.
- Eso no ocurrirá.- Prácticamente escupió sus palabras- Nadie va a venir a buscarte y no te voy a permitir salir de esta prisión durante los próximos milenios. ¿Crees que eres la única que tiene un as bajo la manga? Vas a tener que pagar por todo lo que ha pasado hoy. Vas a desear jamás haber entrado aquí.
Phobetor hablaba cada vez con más claridad. Phantasos lo miró con atención. Tenía más capacidad de movimiento y su odio se había incrementado notablemente, y añadido a éste, podía empezar a entreverse la obsesión en unos ojos marcados por una creciente locura. Se mostró cauta. Confiaba en poder escapar de allí sin problema, pero agradecía contar con el comodín de haber advertido a Hypnos de sus intenciones. Había enviado una mariposa negra y morada justo antes de ir allí con un mensaje conciso: “Llegó el momento”. No podía arriesgarse a dar más información, pues sus hermanos desconocían sus intenciones.
En ese instante, el suelo comenzó a temblar. La habitación seguía exactamente igual, pero Phantasos podía saber que por fuera, la prisión estaba cambiando de forma. Sin saber por qué, se sentía más claustrofóbica que antes y probablemente así fuese en realidad.
- Se acabaron los juegos, Phobetor. ¿O acaso deseas la muerte?
- No puedes hacerlo y lo sabes. Solo puedes intentar debilitarme, pero ¿me crees tan ignorante? Te conozco lo suficiente. Sé que tu poder solo te deja llevar a cabo un número concreto de transformaciones y que tienen un tiempo limitado.- Consiguió incorporarse en la cama.- Sé que los súcubos no pueden absorber energía de forma indefinida y probablemente, hayas llegado a ese extremo.
El oniro comenzó a acumular cosmos y una energía negra le envolvió. Su apariencia tomaba más el aspecto de un auténtico demonio. Phantasos se sorprendió de la cantidad de poder que podía llegar a acumular a pesar de haber sido drenado. La situación empezaba a ponerse peligrosa, así que optó por crear un portal dimensional y salir de allí... pero no pudo hacerlo. Phobetor sonrió.
- Te recuerdo que no estás en tu hermoso palacio cambiante. Estás en una prisión, creada para albergar en su interior a las más oscuras criaturas y ser capaz de contenerlas. Fue creada por Hypnos y goza de todo su poder. Da igual todo el que me arrebates, seguirá siendo imposible para ti escapar de aquí mientras yo domine la prisión.
Por alguna razón, Phantasos empezó a temer que lo que decía es cierto. Intentó desmaterializarse y traspasar el muro, pero una extraña barrera mágica lo impedía. Su siguiente intento fue transformarse en dragón. Lanzó una potente bocanada de fuego contra el trancón que había cerrado Phobetor al entrar en la habitación, creyendo que tal vez ahí estaría la clave para salir, pero a pesar de ser derretido, todo se mantuvo de la misma manera.
- Es completamente inútil. Todo podía haber sido muy diferente hoy. En vez de eso, vas a poder contemplar con tus propios ojos lo cruel que puedo llegar a ser con los que intentan manipularme.
La oniro volvió a su estado original. Se le estaban acabando las ideas y tal y como Phobetor había dicho, no podría seguir usando su cosmos indefinidamente.
- Hypnos sabe que he venido aquí.
La gran carcajada retumbó por toda la habitación. Helaba la sangre solo con oírla.
- Debes estar muy desesperada para jugar esa carta.- Phobetor entonces materializó en su mano una especie de esfera oscura. En su interior, una mariposa revoloteaba intentando escapar.- Me temo que no.
El oniro se mostraba triunfante y confiado. Su poder volvía a conseguir someter a aquellos que le desafiaban. ¿Cómo Phantasos había podido llegar a creer que podía vencerlo a él, en su juego y en su prisión, donde era más fuerte? Sentía algo de decepción, no podía ocultarlo. Había esperado algún tipo de truco final demoníaco que le exigiese ponerse realmente serio, pero en vez de eso, tenía a una joven doncella dócil entre sus brazos.
No es que se quejase.
Había algo en aquella situación que le hacía sentir extasiado. Se sentía más poderoso, aún cuando había perdido parte de su poder para poder llegar a ese punto. Y, aunque finalmente estaba empezando a disfrutar enormemente de aquellos preliminares con una Phantasos más relajada y entregada, concluyó que ya era hora de tomar lo que le pertenecía. Iba a retirar el brazo del cuerpo de la diosa para despojarla de toda su ropa, cuando...
- ¿Qué... qué me ocurre...?
No formuló la pregunta en voz alta. No podía hacerlo. Todo su cuerpo había quedado rígido e inmóvil. En apenas un segundo, había sentido como una gran parte de su poder se había esfumado sin previo aviso, debilitándole en gran medida.
Phantasos se retiró de él y éste pudo entender el motivo. Los ojos de la mujer volvían a brillar en un rojo intenso. El sucubo había vuelto aunque mantenía el aspecto angelical de la oniro. ¿Cómo había podido drenarle tan rápido? Le daba vueltas a eso, pero solo encontraba una explicación: que Phantasos había drenado lentamente su energía para hacerle confiarse para después demostrar su verdadera capacidad. Aún así, no tenía sentido. La oniro no era tan poderosa, estaba seguro de ello.
- Supongo que en tu cabeza debe haber muchas preguntas ahora mismo, que estoy dispuesta a resolver, pero antes... - Se sentó sobre él y agarró su cuello con una de sus manos y la apretó con fuerza- … deja de mancillar a mi señor.
- ¿O qué?- Consiguió articular con dificultad.
Phantasos frunció el ceño. La idea de estrangular a Hypnos, incluso cuando era consciente de que no era él, le resultaba bastante incómoda, así que optó por soltarle y en vez de eso besarle de nuevo. Al hacerlo, la energía de Phobetor volvió a descender radicalmente. Le escuchaba gruñir, pero nada cambiaba, así que la oniro se mantuvo en la misma posición hasta que finalmente Phobetor volvió a ser él y reaparecieron en su lúgubre prisión.
La oniro agradeció para sí misma poder separarse de una vez de él. Se levantó de aquella cama y disolvió la transformación de sucubo. Se miró a sí misma. Estaba deseando frotar todo su cuerpo con algún tipo de lija y quemar aquella ropa provocativa que nuevamente la cubría, pero tendría que esperar un poco más. Al menos podía consolarse con que nadie más la vería con esa extraña combinación que generaba su angelical rostro y esa ropa tan radical.
- Existe una gran diferencia entre nuestros poderes- comenzó a decir la oniro- Debe resultar sencillo coger algo que no te pertenece y usarlo a tu favor. Es rápido, efectivo... no requiere de ningún esfuerzo, solo de una gran falta de escrúpulos. Pero una vez descubres lo que está pasando, es fácil escapar. Sin embargo, las transformaciones...
Se quedó callada junto a la chimenea, calentando sus manos, pensando en si quizás sería mejor quemar toda su piel en vez de lavarla. Tras unos segundos, se dio la vuelta y observó desde allí al petrificado Phobetor. Podía comenzar a moverse, pero seguía sin ser un problema.
- Cuando la gente ve una de mis transformaciones... en un fénix, por ejemplo, solo ven su belleza, lo maravilloso que debe ser poder volar, su fuerza, poder curar o renacer de tus cenizas. Sienten envidia, es comprensible.
Pero pocos se paran a pensar en que tu conciencia sigue ahí. Que ser un fénix te obliga a aprender a prescindir de tus manos y a valerte solo con tus pies y tu boca. Debes ser capaz de asomarte a un acantilado y confiar en que puedas saber cómo volar antes de estrellarte contra el suelo. Y más aún, debes ser capaz de soportar el calor de las llamas en tu cuerpo y hasta llegar a una incineración.- Lo dijo mientras metía su mano en el fuego durante solo un segundo, incapaz de soportarlo en esa forma.- Cada transformación que he logrado a lo largo de toda mi vida, ha exigido de trabajo mental y físico. Requiere de mucha confianza en ti mismo y de capacidad de improvisación.
Y claro está, todo eso no se sostendría sin un alto grado de locura e imprudencia, porque aunque puedes suponer que el fénix debe tener algún tipo de inmunidad al fuego... nadie sabe en realidad cómo se logra. Solo lo descubres una vez eres uno de ellos.
Se acercó hasta el borde de la cama y lo miró con una sonrisa de suficiencia.
- No te contaré sobre los fénix, pero te contaré un pequeño secretito de los sucubos y sobre cómo lo descubrí.
Dado que sin experiencia y sin maestro, este encuentro podía ser peligroso, decidí pasar estos últimos meses en la zona de los sueños del deseo. Los humanos son muy prolíficos para eso, así que simplemente me dediqué a estudiar sus acciones y sus reacciones. Cada sonrojo, cada mirada, las tonalidades de sus cuerpos y... en fin, cosas realmente aburridas si solo eres un mero espectador.- Lo explicó con calma, haciéndole entrever que todo su encuentro había sido una actuación cuidadosamente estudiada.- Aprender a contener al sucubo, sin embargo, fue mucho más difícil, especialmente en ese ambiente.
Creía que ya lo había dominado por completo, cuando por puro azar, apareció nuestro querido hermano Oneiros en escena- dijo usando un tono de voz teatral.- No sabía nada de mi plan, pero ya sabes que tiene un sentido extra en eso de saber cuando hay algo extraño pasando en el reino. Verme allí debió fundirle algunos los cables, y aunque no dijo nada, se disponía a salir muy contrariado, así que fui a detenerle para explicarle y... ¡¡SORPRESA!! Le hice caer de rodillas solo con tocar su piel. Pero... ¿cómo? Normalmente tardaba varios minutos en drenar a la gente sin ningún poder. Era contradictorio... ¿Qué era diferente con Oneiros?
Y así descubrí, que el poder de succionar más o menos energía, no depende únicamente del poder del demonio, sino que es directamente proporcional al deseo que tenga el súcubo por su víctima y de su víctima por el súcubo.
Phobetor no pudo ocultar una expresión contrariada, demostrando que era una información que desconocía totalmente. Phantasos sonrió y se dedicó a pasear por la habitación revisando la decoración. La época de caza de brujas e inquisidores debía ser la favorita de Phobetor. Podía imaginarlo perfectamente inspirando a más de uno... o tal vez había sido a la inversa.
- Tenía la corazonada de que deseabas usurpar el puesto de Hypnos, pero lo de hoy...- negó con la cabeza. Era la primera y única norma estrictamente obligada para un oniro: no crear un sueño de Hypnos. Cogió una daga que colgaba de la pared y la puso en la garganta de Phobetor- Tú nunca serás él y nunca te rendiremos pleitesía. Debiste aceptarlo hace mucho tiempo. En cambio, has cometido traición. Me encantaría castigarte yo misma por eso, te lo aseguro. Pero será mi señor quien se encargue de ti.
- Eso no ocurrirá.- Prácticamente escupió sus palabras- Nadie va a venir a buscarte y no te voy a permitir salir de esta prisión durante los próximos milenios. ¿Crees que eres la única que tiene un as bajo la manga? Vas a tener que pagar por todo lo que ha pasado hoy. Vas a desear jamás haber entrado aquí.
Phobetor hablaba cada vez con más claridad. Phantasos lo miró con atención. Tenía más capacidad de movimiento y su odio se había incrementado notablemente, y añadido a éste, podía empezar a entreverse la obsesión en unos ojos marcados por una creciente locura. Se mostró cauta. Confiaba en poder escapar de allí sin problema, pero agradecía contar con el comodín de haber advertido a Hypnos de sus intenciones. Había enviado una mariposa negra y morada justo antes de ir allí con un mensaje conciso: “Llegó el momento”. No podía arriesgarse a dar más información, pues sus hermanos desconocían sus intenciones.
En ese instante, el suelo comenzó a temblar. La habitación seguía exactamente igual, pero Phantasos podía saber que por fuera, la prisión estaba cambiando de forma. Sin saber por qué, se sentía más claustrofóbica que antes y probablemente así fuese en realidad.
- Se acabaron los juegos, Phobetor. ¿O acaso deseas la muerte?
- No puedes hacerlo y lo sabes. Solo puedes intentar debilitarme, pero ¿me crees tan ignorante? Te conozco lo suficiente. Sé que tu poder solo te deja llevar a cabo un número concreto de transformaciones y que tienen un tiempo limitado.- Consiguió incorporarse en la cama.- Sé que los súcubos no pueden absorber energía de forma indefinida y probablemente, hayas llegado a ese extremo.
El oniro comenzó a acumular cosmos y una energía negra le envolvió. Su apariencia tomaba más el aspecto de un auténtico demonio. Phantasos se sorprendió de la cantidad de poder que podía llegar a acumular a pesar de haber sido drenado. La situación empezaba a ponerse peligrosa, así que optó por crear un portal dimensional y salir de allí... pero no pudo hacerlo. Phobetor sonrió.
- Te recuerdo que no estás en tu hermoso palacio cambiante. Estás en una prisión, creada para albergar en su interior a las más oscuras criaturas y ser capaz de contenerlas. Fue creada por Hypnos y goza de todo su poder. Da igual todo el que me arrebates, seguirá siendo imposible para ti escapar de aquí mientras yo domine la prisión.
Por alguna razón, Phantasos empezó a temer que lo que decía es cierto. Intentó desmaterializarse y traspasar el muro, pero una extraña barrera mágica lo impedía. Su siguiente intento fue transformarse en dragón. Lanzó una potente bocanada de fuego contra el trancón que había cerrado Phobetor al entrar en la habitación, creyendo que tal vez ahí estaría la clave para salir, pero a pesar de ser derretido, todo se mantuvo de la misma manera.
- Es completamente inútil. Todo podía haber sido muy diferente hoy. En vez de eso, vas a poder contemplar con tus propios ojos lo cruel que puedo llegar a ser con los que intentan manipularme.
La oniro volvió a su estado original. Se le estaban acabando las ideas y tal y como Phobetor había dicho, no podría seguir usando su cosmos indefinidamente.
- Hypnos sabe que he venido aquí.
La gran carcajada retumbó por toda la habitación. Helaba la sangre solo con oírla.
- Debes estar muy desesperada para jugar esa carta.- Phobetor entonces materializó en su mano una especie de esfera oscura. En su interior, una mariposa revoloteaba intentando escapar.- Me temo que no.
