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Cabo Circeo

Publicado: Mar Ago 08, 2023 1:55 am
por Aioria
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Re: Cabo Circeo

Publicado: Mar Ago 08, 2023 1:58 am
por Aioria
Αφήστε το βασίλειό σας να έρθει: I. λιοντάρι
Off Rol. Pasado. [Aioria|Milo]

El camino estaba reseco, lo suficiente como para que cuando la gente caminara por ahí, se levantase el polvo. Si pasaba alguna carreta, el aire caliente de ese día soleado provocaba un nubarrón que con seguridad tardaría en descender.

Se había asomado por de debajo de las mantas del transporte donde se había escondido, al notar una planicie conocida. La carreta había estado lo suficientemente llena de productos para que el bulto que él formaba, no se notara; había tenido que respirar penosamente bajo y lento para no ser escuchado tampoco. Era un peligro llevar y traer para los comerciantes los recursos que escaseaban y de no tener entrenamiento, difícilmente hubiese podido pasar por desapercibido de aquellos que, montados en sus caballos, resguardaban lo que para ellos eran una valiosa carga. Además, esas mismas personas habían cuidado mucho incluso en qué día salir para poder irse del pueblo sin problemas.

Espero el momento oportuno, en un pequeño descuido de los guardias, saltó corriendo lo suficientemente rápido, evitando los proyectiles que le estaban lanzando una vez que estuvo a la vista. Ni siquiera tuvo tiempo de esperar a que el polvo se asentara (y fue una suerte que también lo haya ayudado a esconderse un poco).

Cuando estuvo lo suficientemente lejos hubo que parpadear para volver a orientarse, al instante corrió hacia unos troncos caídos para esconderse. Observó de lado a lado, cuidadosamente corroborando que no hubiese nadie más que él; viendo sólo ya como punto lejano la carreta, se animó entonces a emprender carrera rumbo al riachuelo bajando la planicie.

Haciendo honor a la agilidad felina no le costó trabajo saltar descendiendo las formaciones rocosas; lo difícil vendría después.

Se sentó en sus patas traseras sopesando si su necesidad era tanta…

Había sentido el cosmos del aspirante a caballero dorado del Escorpión, eso aunado al camino por demás conocido fue lo que lo había llevado al paraje. El asunto es que su orgullo era demasiado grande para pedir ayuda justamente en esto, pero no tenía más opción.

No había podido reportarse de nuevo y seguramente había acudido porque le pensaba perdido en acción o la diosa no lo quiera, derrotado. Milo nunca debió haber salido de Atenas; debía volver lo antes posible a las filas de Atenea...o lo que quedaba de ellas, más bien, pero sin duda Aioria esta vez lo necesitaba.

Lanzando un suspiro de hastío; movió los dedos sacando y contrayendo las garras, ya que no podía chocar los puños o tronarse los dedos.

—“En fin… ¿para qué hacer esperar un destino inevitable?”—pensó.

Se acercó a su amigo, intentando caminar lo más erguido e imponente que podía ¡un León! bueno… un... cachorro de león.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Jue Ago 10, 2023 2:18 am
por Milo
Su garganta se sentía seca por la sed.

Se suponía que su entrenamiento le permitía no preocuparse por cosas mundanas como la alimentación, el descanso y otras cosas, sin embargo, después de algún tiempo, era necesario cubrir ciertas mínimas necesidades.

El Santuario aún estaba un poco lejos y trasladarse a su destino utilizando su cosmoenergía simplemente atraería atención indeseada, por lo que él, al igual que otros, se veía en la necesidad de transportarse de formas más convencionales… lo que de forma irremediable lo hacía enfrentarse a mundanos inconvenientes.

Había perdido el último transporte a Rodorio, por lo que tuvo que caminar pese al calor que hacía. Por fortuna, conforme avanzaba, encontró un riachuelo cercano y se encaminó hacia allá, poniéndose en cuclillas para recoger un poco de agua en el cuenco que formaba con su mano.

Entonces sintió la presencia de Aioria.

Su compañero y amigo y con quien compartía aventuras cada que podía; estaba preparado para su ataque sorpresa, para la broma con la que seguridad lo intentaría sorprender y agradeció haber bebido un poco de agua, por que seguramente se enfrascarían en un combate amistoso para probarse mutuamente.

Pero cuando se giró para mirarlo, se topó con algo que jamás se había imaginado, ni siquiera aquella vez que había aspirado aquel humo extraño en uno de esos horribles tugurios en los que había ido a parar como parte de una misión. Parpadeó. Pensó en frotar sus ojos con ambas manos, creyendo que quizá eso lo haría dejar de mirar… bueno… ¡eso! pero se limitó a mirar al frente sin poder disimular su sorpresa.

Y entonces... se echó a reír.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Jue Ago 10, 2023 3:05 am
por Aioria
Lo hubiera maldecido, si no fuera su compañero de armas y ambos jurados siervos de la diosa. Y bueno... el maldito era Aioria en este momento.

Aunque no dejó de estar erguido, sus orejas bajaron con hastío.

Milo siempre era un hombre justo y profesional, pero ambos por su amistad a veces se enfrascaban en burlas o juegos a lo largo de los años. ¡Pero esto no era gracioso! Si no necesitara tanto la ayuda, no se habría aparecido para que se rieran de él así. No había otra manera, se tenía que tragar el orgullo y aceptar lo que pasaba...

Bueno, no tanto así.

Aioria podía llegar a ser rencoroso. Sacó sus garras del piso porque ni cuenta se dio de que las había enterrado y dejó que su vena impulsiva lo motivara, flexionó sus patas traseras y se lanzó a darle un buen mordisco en la pierna.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Mié Ago 16, 2023 3:48 am
por Milo
—¡Agh, por todos los santos! —casi gritó, cuando los colmillos alcanzaron a enterrarse en su pie, por lo que lo empujó de una patada que arrojó un par de metros (o menos) al cachorro de león.

¡Qué irónico sonaba cuando lo pensaba!

Se sonrió y caminó hasta que sujetó el cogote del cachorro, levantándolo sin dejar de estirar su brazo para evitar que las pequeñas garritas se incrustaran en él, tal y como lo habían hecho con sus colmillos unos segundos atrás.

Aspiró profundo y lo miró, tratando de no reírse.

-Regularmente en este punto estaría burlándome sin parar —se inclinó colocándolo en el suelo con cuidado, tratando se sonar solemne—. Pero necesitas ayuda y eres un compañero de armas después de todo. Así que… ¿a quién engaño?

Su sonrisa apareció, burlona, cínica, antes de reírse de buena gana, pero antes de hacer molestar a su amigo, estiró los brazos y extendió las palmas haciendo brotar un poco de energía en un vano intento de acrecentar el cosmos de Aioria, creyendo que el problema se debía a la debilidad de su energía.

Esperaba que funcionara.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Jue Ago 17, 2023 12:58 am
por Aioria
Antes de transformarse había tenido una batalla bastante desigual donde resultó herido; lo resintió hasta ahora, cuando la adrenalina de llegar a lugar seguro desapareció . Aunque no fue duro, después de ser apartado, el dolor en el las costillas lo cegó por un momento; tiempo suficiente para que fuera tomado, sin que pudiera hacer nada más que retorcerse buscando herir al infame.

El dolor agudizado en su costado hizo que se quedara de repente quieto, lo que le dio oportunidad a Milo de dejarlo en el suelo y a él de escucharlo. El rubio extendió sus manos emitiendo energía y Aioria, por supuesto, le golpeó la palma de la mano con las almohadillas de la pata y tras un siseo típico de la especie, dio un salto hacia atrás.

Con Milo había comprobado que su cosmos lo hacía reconocible; pero no podía utilizarlo. Era como las palabras; las tenía en su mente, sabía cómo usarlas pero no podía emitirlas para que las comprendieran. Quizá estaba de mal humor por su condición pero estaba ofuscado. En su desesperación estuvo a punto de dar media vuelta cuando recordó con una punzada de culpa la armadura perdida.

Había escuchado rumores de gente que manejaba cosmos e incluso características demasiado específicas como para creer que podían encontrar aun reparador. Si bien no podían dejarse llevar por los rumores, tampoco podían dejar escapar oportunidades, así que Aioria tomó la armadura de Leo, viajó y encontró... ¿qué había pasado por completo? había muchos huecos en su memoria.

Era más importante todavía recuperar la sagrada armadura que su orgullo, si vida o cualquier otra cosa, así que lo importante no era en sí regresara a ser humano, siempre y cuando Milo recuperase el manto sacro.

Para calmarse paseo un poco de un lado a otro como si estuviera enjaulado, finalmente bufó y miró a Milo asintiendo, por supuesto que necesita ayuda...

Re: Cabo Circeo

Publicado: Dom Ago 20, 2023 7:31 pm
por Milo
No funcionó.

Quizá fue muy optimista, pero nunca se había topado con algo así. Había leído un par de relatos, en donde los dioses, caprichosos como su costumbre, decidían egoísta (y burlonamente) sobre la vida del pobre incauto que se cruzara en su camino.

Y aunque no sentía otro tipo de cosmoenergía alrededor del joven cachorro, no podía estar seguro sobre qué había detrás de aquella extraña transformación. Suspiró cuando lo notó alejarse y sujetó la correa del morral que portaba.

Bien, aceptando su inutilidad (pero no en voz alta), fijó su mirada en el pequeño león. No quería reírse, pero la ironía de la situación aún lo sobrepasaba y si pudiera fotografiaría el momento. Pero se suponía que él era una persona seria y digna... no podía estarse riendo de un compañero. Mordió la parte interna de sus labios para no sonreír.

—Veamos. Creo que me entiendes… ¿no? —no parpadeó. Se agachó de nuevo para estar un poco más cerca de él, cruzó sus brazos y se apoyó un poco en sus piernas. —El problema es que yo no te entiendo a ti, así que hasta que no encontremos a alguien que nos pueda ayudar a solucionar… —lo miró de arriba hacia abajo— tu pequeño problema…

Se hizo un poco hacia atrás como si temiera que esta vez se le arrojara a la cabeza para morderlo.

—Debemos encontrar una forma de entendernos. Así que… ¿te aviento una vara y si me la traes es que si?

Milo debió haber sospechado que si se le arrojaría con todas sus fuerzas y mordería su cabeza.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Mar Ago 22, 2023 2:12 am
por Aioria
Asintió de mala gana cuando le preguntó si lo entendía. Era bastante obvio; como también la necesidad de intentar hacerse entender. Cuando por fin pensó que se portaría como ameritaban la situación, sale con ¡tremenda estupidez que-lo-hizo-enojar TANTO!

Lo vio echarse para atrás cuando le enseñó los dientes, probablemente leyendo el movimiento, porque por supuesto que tenía ganas de morder su piojoso cráneo; juzgó tan grande la cabeza para su boca, que decidió que sus uñas en el rostro eran mejor opción.

Al fin que era un guerrero, el ser guapo ni le iba a servir tanto. Fingió que iba a morder su cabeza y por supuesto fue pescado en el aire, pero alcanzó a darle un zarpazo en la mejilla. No era una herida profunda pero tardaría un par de días en desaparecer.

Casi bufando se alejó del tonto. Tras pensárselo un poco regresó con una rama en el hocico y la escupió de mala gana a los pies del otro. Como santos, probablemente tendrían misiones a futuro (si es que retornaba a su condición humana); tendría que aprender a sobrellevar ciertas cosas con más aplomo en nombre del deber y la diosa.

No había de otra que intentar hacerlo a la manera de él; darle la rama era la señal de que estaba en disposición (y el rasguño un aviso para que no se pasara de listo).

Sacó una garra y raspando, trazó en el suelo el signo zodiacal del León, (que parecía mas un esperma torcido, debido a la dificultad de usar sus nuevas garras) dentro de un cuadrado, haciendo a su vez hincapié varias veces al señalarlo.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Sab Ago 26, 2023 7:20 am
por Milo
¡Oh por todos los cielos!

¡Lo había arañado en su rostro! Dejándole tres grandes zurcos que ardían como el demonio. Camino hasta el riachuelo (corrió desesperado) y echó un poco de agua, mirando el reflejo distorsionado que le regresaba la superficie y sintió un poco húmedos sus ojos.

Estúpido Aioria. Se lo merecía, no lo negaría, pero lo odiaba en ese momento.

Se giró a mirarlo cuando lo sintió acercarse de nuevo. Lo miró arrugando un poco la nariz, aunque eso provocó un tirón innecesario en su piel que lo hizo apretar la mandíbula.

—Si entiendo cuando asientes. Sólo estaba molestándote.

Porque tampoco seguiría tomándole el pelo; puso atención a lo que el pequeño cachorro hacía y volvió a mirarlo. Inquietándose.

Por extraño que pareciera había entendido el disforme dibujo, quizá trataba de hacerle entender que el motivo de su cambio estaba directamente relacionado con su constelación protectora, pero no podía deducirlo con tan poc información.

—¿Quién te hizo eso?

Se levantó y lo sujetó por los costados, cargándolo con uno de sus brazos, como si fuese un pequeño bulto.

—Debemos hacer que pague —lo miró de reojo—; aunque te hizo un favor, te ves muy bien.

Y sonrió.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Lun Ago 28, 2023 4:04 pm
por Aioria
Asintió frenético, ¡Por fin podrían tomar acciones encaminadas a resolver el problema!

Tenía lagunas en sus memorias, así que no recordaba del todo contra qué se enfrentó y luego no del todo cómo acabó así, pero recordaba un poco los lugares donde había estado y el por qué fue enviado allí.

Así que cuando le cuestionó sobre quién le hizo esto, nuevamente escribió, aunque un poco deforme: Αἰαία.

Apenas terminó la escritura cuando sintió el vacío bajo sus patas. Profirió un pequeño sonido de dolor por el toque en el costado, pero no intentó alejarse; al parecer le había entendido cuál era el lugar a donde se tenían que dirigir.

No le gustó que le cargara y menos sin consentimiento previo; no era ningún niño pequeño pero... no podía negar que sería mucho más rápido y factible que cualquier transporte así que no se quejaría. Lo más importante era el deber de recuperar el manto sacro y resolver la misión, su persona y su orgullo podían quedar en segundo plano por esta vez. Ya parecía letanía recordarlo con Milo.

Ignoró el último comentario; al menos no había usado palabras cursis. Buscó acomodarse entre el brazo y el cuerpo de su amigo de forma mas confortable, porque sus costillas le molestaban por esa forma de ser cargado.

Al principio fue incluso hasta agradable. Estaba muy cansado y aunque le dolía un poco el ser sostenido al menos no estaba haciendo mas esfuerzo. Pero todo eso se terminó, cuando el joven se movió a la velocidad digna de un caballero dorado.

Si bien el aura desplegada del cosmo de Milo lo protegió de la fuerza de velocidad, sintió sus órganos internos revolverse. Tuvo que saltar y tirarse en tierra de costado, respirando penosamente. Su corazón martillaba contra su caja torácica y las obligadas respiraciones profundas para no vomitar sólo empeoraba la situación de las costillas. No tardó mucho en recuperarse.

Milo posiblemente dijo algo pero no lo escuchó por el zumbido en sus orejas. Se puso en pie y ya ubicado al mirar los alrededores, notó no lejos un puerto pequeño. Por fortuna, o quizá así lo planeó Milo, estaban en un sitio sin gente alrededor. Trotó hacia una balsa. Pese a todo se sintió bendecido por la diosa; aunque Milo lo estaba ayudándolo y hasta había una forma de cruzar la gruta hacia la zona boscosa, por la que no se podía llegar ni por aire ni tierra.

Saltó a la balsa y comenzó a mordisquear la soga hasta que la soltó; apoyó dos patas en el borde, mirando hacia Milo y luego en dirección a la gruta.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Lun Ago 28, 2023 4:11 pm
por Milo
Cuando saltó de su brazo, se mantuvo quieto, a un par de metros de él. Sabía que quizá sentía un poco revuelto el estómago, pues no contaba con su cuerpo, uno preparado para moverse a una alta velocidad. Cuando su maestro lo había tomado de esa forma la primera vez y lo había prácticamente teletransportado a otro lugar, había vomitado*.

Su castigo había sido ejemplar, por lo que se empeñó en fortalecerse. Sin embargo tenía presente la sensación y entendía que Aioria la sintiera en ese momento.

Habían llegado a la costa, por fortuna ya era un poco tarde y no había nadie en la playa.

—Está oscureciendo —dijo, inspeccionando la zona. En una duna no muy lejana alcanzó a ver un perro que les miraba sin acercarse, pero no le dio mucha importancia, cerca de donde Aioria caminaba hacia una pequeña barcaza notó un cangrejo que corría sin una dirección fija, pero alejándose de las olas del mar.

Las actitudes de ambos animales lo desconcertaron, pero entonces notó como Aioria soltaba el pequeño bote y le miraba de forma insistente. Se percató entonces que sus ojos parecían atravesarlo y Milo se giró, para descubrir que observaba una formación rocosa en apariencia, cercana a ellos.

—Sería peligroso ir ahora —sin embargo, empezó a empujar la barcaza contra las olas, adentrándola al mar. Sus pies se hundían ligeramente en la arena, sus pantalones comenzaron a mojarse y una ola más alta de lo esperado lo empapó de un costado.

Odiaba la arena. Jamás terminaría de sacarla de sus zapatos.

Se apoyó en la orilla del bote y subió de un salto. Encontró un remo tirado en el piso y lo utilizó para moverse hacia donde quería ir el pequeño león.

—Tengo la impresión de que esto será más difícil de lo que parece —masculló, mientras movía sus brazos para seguir remando. Su vista fija allá hacía donde se dirigían— Me gusta leer —siguió hablando—. Y disfruto en especial los antiguos escritos griegos.

Bajó la mirada para mirar a Aioria y la regresó hacia la formación rocosa del frente.

—A donde nos dirigimos tiene una particular historia, que supongo conoces bien —una fuerte ola choco contra las paredes del bote y lo sacudió con fuerza. Estaban acercándose al fondo rocoso de la isla a la que se dirigían— ¿Tiene que ver con lo que te sucedió?




_____
*Ver misceláneos.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Lun Ago 28, 2023 8:20 pm
por Aioria
No pudo menos que estar de acuerdo con Milo, cuando le dijo que sería peligroso a esas horas pero eran aspirantes santos dorados que estaban acostumbrados a enfrentarse a lo complejo y salir airosos. Dudoso, meditó un poco más de lo necesario, pero asintió con la cabeza.

Milo hablaba mesurado y no pudo ponerle más que una atención fija cuando habló. Aioria siempre fue más un niño de acción. Por supuesto que como estudiante se esmeraba en aprender lo mejor que podía, pero Milo por otro lado, disfrutaba el aprendizaje de los libros, si no más bien lo amaba. A Aioria le había gustado apiñarse a su lado desde que eran muy pequeños, y verlo saltar a sus conclusiones locas pero increíbles, mientras le narraba apasionadamente de qué trataba lo que tenía en sus manos. Si hubiera podido sonreír lo hubiera hecho, sabía que le gustaba leer y por eso había sido fácil con una sola palabra que le entendiera, para su fortuna.

En su estado no podía solucionar nada y era de suma importancia ayudar al poblado. Milo estaba en condiciones para lograrlo y merecía saber a qué se enfrentaba. Aioria le daría las advertencias pertinentes para evitar los errores que lo llevaron a la situación actual, al menos en lo que sus limitados recuerdos pudieran ayudar. Recibiría después el castigo de los representantes en la casa del Patriarca si era necesario.

Una vez recuperado el manto sacro, podrían ir al pueblo de Eea y entonces volver sobre sus pasos desde que llegó como... humano. No había otra manera de darle la información precisa a Milo. De esa forma recuperaría probablemente del todo su memoria o en su defecto, si lo hacían de una manera distinta, al menos el rubio podría desentrañar el misterio de en dónde estaban el resto de las personas desaparecidas. Aioria ya tenía la idea del estado de algunas y olvidó la certeza de otras pocas mas. Como Milo era un hombre culto, era bueno para hacer preguntas precisas y resolver enigmas así que seguramente le iría mejor.

Bordearon hasta la mitad la formación rocosa y allí Aioria, pidió a Milo girar, lo que les permitió el ingreso a un ancho túnel naturalmente formado por las piedras. Era demasiado poca la luz que se filtraba, pero su visión estaba mejorada por su condición felina.

Le dolió la cabeza al intentar recordar detalles; bajó las orejas y sacudió la cabeza para despabilarse. Lo importante era tenía la certeza de haber podido salirse (nunca huir) del lugar (no recordando ubicación) en donde lo habían acorralado aquellos guerreros y una figura misteriosa; los perdió y luego, en el bosque, al cambiar se dio cuenta que estaba dispersa la armadura. Aunque aturdido, en su condición no pudo mas que arrastrar pieza por pieza para esconderla.

Una vez que se acercaron a la orilla, Aioria brincó hacia una formación de tierra. Para su horror se hundió y comenzó a patalear nadando como podía y se encaramó con las garras. Respiró rápido; nunca pensó que fuese tan horrible la sensación del agua en su pelo haciéndolo pesado acrecentando la amenaza de ahogarse. Saliendo del agua, por puro instinto se sacudió. Ahora tenía mucho frío. Miró a Milo que seguramente se burlaría de su espectáculo; por si las dudas levantó la cabeza y olfateó con desdén.

Y justo ahí el aroma exquisito de algo le llamó la atención. Olfateó mas fuerte. Sabía que tenía que conseguir la armadura; que tenía una misión y un caballero al cuál guiar pero... ¡era tan seductor que su razón no alcazaba! Al fin...sólo serían unos segundos.

Corrió hacia unos arbustos en donde comenzaba el follaje a estar mas abundante; mas allá se removió otro amasijo de hierbas altas; él se escondió para ver qué era lo que despedía el delicioso olor. Como si amasara el suelo con sus patas delanteras se aseguró de estar bien plantado y tensó los músculos para saltar; sin embargo olvidó por un instante que Milo estaba también alrededor y su presencia lo distrajo.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Mié Ago 30, 2023 2:56 pm
por Milo
El estrecho pasaje por el que se adentraron le provocó cierta desconfianza, un movimiento descuidado podría estrellar la barcaza contra las filosas rocas y hasta ahí terminaría su transporte, no porque no tuvieran otros medios para trasladarse (eran aspirantes a caballeros dorados muy bien entrenados después de todo), pero había cosas que eran más sencillas si se hacían de la manera habitual, como personas normales.

Por fortuna, pasaron sin mayor problema, el movimiento de la marea era menor ahí y al final llegaron a un claro.

—¡Hey, espera! —llamó cuando Aioria saltó al agua, y por un momento casi suelta la soga del bote para apresurarse a coger de la piel al revoltoso león, cuando lo vio mover sus patas con firmeza, hasta conseguir alcanzar la orilla. Milo negó con la cabeza y arrastró el bote por la playa, hasta encontrar con que amarrarlo para que les sirviera en su viaje de retorno.

Miró al pequeño cachorro, tratando de adoptar la pose de un ejemplar adulto, elegante, viéndose gracioso por los mechones, que en un principio habían parecido tan llamativos, escurriendo sobre su cabeza a causa del agua.

—No eres tan lindo como había creído —masculló, mientras realizaba un fuerte nudo, pues no quería sorpresas cuando quisieran salir de ahí.

Y entonces la pose que adoptó Aioria lo hizo ponerse alerta.

—¡Espera! —le llamó, pero Aioria, siendo el cachorro que era, parecía no tener intención de poner más atención de lo indispensable a lo que Milo decía y continuó su camino sin importarle nada más, su nariz levantándose al aire, buscando algún tipo de esencia que le fuera traída por el viento. No podía permitir que se alejara de él y prácticamente corrió detrás para no perderlo de vista.

—¿Qué estás haciendo? —llamó, sujetándolo del cuerpo a modo de abrazo, pegándolo a su pecho. —No sabemos a que nos enfrentamos... —su frente se arrugó un poco y miro a Aioria en sus brazos— Bueno, quizá tú si sepas, pero en tanto no tengamos un plan de acción será mejor permanecer en silencio.

Y quietos... aunque sabía que eso era imposible para alguno de los dos... o para los dos.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Sab Sep 02, 2023 5:00 am
por Aioria
Cuando se sintió levantado de nuevo decidió no intentar zafarse; mientras menos movimiento tenían mas oportunidad de no asustar a aquello que desplegaba el aroma delicioso.
Miró hacia arriba al rostro de Milo, mientras le hablaba. ¡Ahora resultaba que era Aioria, al que le pedían silencio, cuando él era quien no estaba haciendo ruido!

Las hierbas hicieron otro siseo, se removieron y se quedaron quietas. Aioria dejó de poner atención a Milo. Ambos, expectantes, esperando ver qué era lo que saldría del otro lado.

-¿Oink?- "dijo" un jabalí.

Tragó duro. La boca de Aioria empezó a llenarse de saliva, entendiendo por fin que el instinto le llevó a la cena. No recodaba la última vez que comió y el pensar en probar la sabrosa carne, vísceras y grasa le hizo percatarse de cuánta hambre tenía.

Otra vez fue como si su mente se pusiera en blanco y saltó de los brazos de Milo; comenzó a perseguir a la presa. El jabalí chilló y corrió no demasiado lejos cuando el león le saltó encima. Aunque el animal era más grande y fuerte que Aioria, no resultó dar mucha batalla. El león estaba acostumbrado a ese tipo de enemigos y tenía una mejor "técnica de pelea".

Acabó sometiéndolo, con su peso encima y las patas delanteras aplastándole la tráquea; las traseras con las garras salidas en el vientre del jabalí, amenazando en desgarrarlo si el animal se movía. La baba del león comenzó a gotear en el rostro del animal, podía sentir tensarse los labios al mostrarle los colmillos. La cara del jabalí estaba a medias recargada en el suelo, sólo lo miraba con un ojo repleto de terror.

Aioria recuperó conciencia en sí mismo, dejando de jadear y cerrando el hocico; para su horror, pudo reconocer que contrario a cualquier animal que se hubiera revuelto para escapar en pos de sobrevivencia, el jabalí se había quedado absolutamente quieto y lo miraba suplicante al igual que sus chillidos que eran casi de forma... humanos.

En su asombro saltó fuera del animal; para el observador externo fue como si en realidad el jabalí hubiera conseguido liberarse porque al verse sin la amenaza encima, lo envistió en el abdomen pegándole con la cabeza y luego corrió. La costilla tronó al terminar por fracturarse lo que le obligó a quedarse quieto unos momentos tumbado en el suelo.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Lun Sep 04, 2023 7:31 pm
por Milo
—¡Oye! —llamó, pero era demasiado tarde. Aioria saltó de sus brazos luego de que un pequeño jabalí saliera a su encuentro.

Era una situación cómica, si lo veías desde afuera, la forma en que había saltado y corrió a toda velocidad por un par de metros. Él mismo no supo por qué había echado a correr tras ellos pero una vez recuperó su buen juicio, observó la escena frente a él.

Extraño.

Aioria parecía haber cedido muy fácilmente al instinto de saltar sobre el jabalí, algo que habría considerado normal (considerando que eran animales) de no ser porque desde que se habían encontrado, el caballero de leo se había mostrado muy racional e incluso tenía actitudes que podía calificar de humanas, hasta ese momento.

Lo cual también tornaba extraña la escena que se desarrollaba frente a sus ojos. El jabalí no se movía, aterrorizado, parecía no tener instinto de supervivencia y mientras meditaba en ello, no tuvo que intervenir cuando el propio Aioria, quien se había visto sorprendido por sus acciones, se retiró de un salto de encima del Jabalí.

Tardó en reaccionar, pensando sobre ello y fue tarde cuando volvió a acercarse a Aioria, quien permanecía inmóvil luego de un fuerte golpe que el otro animal le propinó. Se inclinó sobre él y maldijo su poco conocimiento en mamíferos.

Milo había estudiado anatomía, no en vano su técnica principal presionaba puntos específicos para infligir dolor, unos que, no por mera casualidad, terminaban por formar su constelación guía. Si se tratase de Aioria con su cuerpo normal, podría ayudar a recuperarse un poco, utilizando su cosmos, pero no sabía si podría hacerlo con el pequeño león, no quería arriesgarse sin saber la magnitud del daño o si en realidad podría ayudarlo.

Se inclinó para mirarlo.

—¿Estás bien? —le llamó. Estuvo por levantar la mano para palmear su cabeza, pero de estar él en lugar de Aioria probablemente no apreciaría el gesto—. El jabalí de hace un momento —continuó—, estoy seguro que lo notaste, quizá se trate de una persona, al igual que tú.

Decidió levantar su mano, extendiéndola con suavidad sobre el costado en donde Aioria había sido golpeado y elevó poco a poco su cosmoenergía, tratando de neutralizar el dolor. Aunque lo hizo de forma escasa, no era una técnica curativa propiamente y no sabía cómo afectaría una cantidad mayor al otro.

Buscó su cara, su mirada, para tratar de discernir si estaba actuando de manera correcta.

—Investigar esto… ¿era parte de tu misión? —preguntó—. Si el poema es correcto, debemos buscar un prado en medio de este bosque ¿lo encontraste?

Milo esperó a que contestara, haciéndose entender tal y cual lo había estado haciendo hasta ese momento, aunque la inquietud que aún le causaba el anterior comportamiento de Aioria lo hacía dudar de si recibiría respuestas, no quería pensar en si no habría sido mejor volver al santuario o buscar el consejo de alguien con mayor rango.

Tal vez su soberbia le había impedido analizar bien la situación. Ahora debían de apresurarse, porque si sus sospechas eran ciertas, tal vez para el final del día, Aioria sería más animal que hombre.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Mar Sep 05, 2023 12:22 am
por Aioria
Ese lapso donde su razón estuvo perdida y el instinto animal ocupó su lugar, lo había preocupado. Como esta vez se dio cuenta, ahora podía darse una idea de que, parte de los recuerdos difusos o lagunas, podrían ser a causa de su transformación. Cada vez era más frecuente esa disociación. Temía que de a poco la transformación se estuviese haciendo permanente más rápido de lo esperado. Él no importaba tanto; le preocupaba perder la razón antes de resolver los problemas.

La sombra de Milo se cernió sobre él. Qué vergonzoso. Picaba bastante al orgullo. Aunque fuese prácticamente su familia, Milo también era un compañero de armas y un amigo que respetaba, además ahora era testigo de su ignominia; sin duda difícilmente podría cambiar la opinión de Milo si era mala.

Al asentir mintió sobre su estado, pero no se movió, valorando si había más lesiones. Asintió también acerca del jabalí, contentándose con que Milo, se había dado cuenta del otro desafortunado. Por supuesto su aspecto era tan lamentable que Milo, se percató de que mentía. La tensión en su cuerpo disminuyó cuando desapareció parte del dolor gracias a la calidez del cosmos del otro, asintiendo o negando a las preguntas; ¡ojalá pudiera completar las respuestas!

Si, era parte, aunque la misión era encontrar a todas las personas desaparecidas e investigar la extraña fluctuación de energía en la zona resolviendo el problema. Si, había encontrado el prado y lo que generó todo, pero no recordaba qué, ni la ubicación exacta. No, la armadura no estaba ahí, sino cerca de donde estaban.

Se sentó y suspiró molesto. Incluso si estaba molesto por su condición no era culpa del rubio, sino todo lo contrario. Así que agradecido puso una pata sobre la mano del caballero y sin apartar la mirada de sus ojos, bajó un poco la cabeza en señal de agradecimiento y disculpa por su actitud. Ojalá la acción lo explicase, su mal humor era por la molestia en su cuerpo pero sobre todo por su condición, no por él. Aunque no tenía casi dolor, sabía que la lesión continuaba en sus costillas. Él mismo usaba ese tipo de técnicas ya sea de sanación parcial o disminución de dolor.

Dibujó nuevamente el cuadrado y el símbolo de león, observando a Milo y echó a correr observando los árboles. Algunos los reconocía por su tamaño y posición; entonces se acercó a un grupo que estaba bordeado de algunas flores. Se paró en dos patas, enseñando a Milo, que casi en la base del tronco había un rastro de garras. Confiaba en que Milo lo ayudara, si a él se le perdía alguna marca.

No tardaron mucho cuando llegaron a un amasijo de arbustos y ramas revueltos, cerca de una formación de rocas. Parecía casualidad, como si las gruesas ramas se hubieran roto y caído de un alto árbol cercano. De a poco, comenzó a quitarlas para exponer un agujero que llevaba hacia una cueva.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Mar Sep 05, 2023 2:07 am
por Milo
No sabía que esperar. Mirando a Aiorira, guiándolo a algún lugar, se preguntaba cuanto tiempo llevaba con esa misión, cuál había sido la orden principal y hasta qué punto había llegado antes de que las cosas se tornaran de aquella manera.

Habían caminado bastante para llegar a la entrada de aquella cueva desde que desembarcaran. La única manera que tuvo Aioria para salir de ahí debió haber sido nadando, lo cual, dada su condición con seguridad se trató de una empresa casi imposible de lograr y encima de ello, había caminado un largo trecho para llegar al punto en el que se encontró con Milo.

Se adentró, siguiéndolo una vez más, la caverna estaba oscura, había algunos pasajes que parecían estarlo aún más, con seguridad porque se cerraban al terminar, sin tener salida alguna. Por fortuna, Aioria parecía conocer el camino, guiándose quizá por instinto, o porque previamente había investigado el lugar. De ser así, su sospecha de que se trataba de una encomienda larga era correcta.

Cuando al final se detuvo en un recodo, caminando sólo un par de metros más, encontraron escondida tras de una especie de columnas de piedra la caja de la armadura del caballero de leo.

Milo miró a Aioria y le sonrió, travieso.

—Será un poco complicado para ti cargarla —le dijo, colocando por un momento su mano sobre la caja—. Aquí parece ser estará segura. ¿Qué tal si volvemos por ella después? —a pesar de que había comenzado con un leve tono burlón, le miró, tratando de demostrarle que sus palabras no tenían dobles intenciones. No quiso decir algo como “cuando puedas portarla”, porque esas palabras sonaban incluso crueles, y quizá Aioria entendería que lo tachaba de alguien indigno -y por eso no había podido abrir siquiera la caja-, cuando en realidad era una cuestión de practicidad, no sabían que se encontrarían más adelante, él por su parte, ni siquiera había podido acercarse a la vestidura por la que tanto entrenaba.

Aioria parecía estar de acuerdo o si no lo estuvo no lo demostró.

Continuaron el camino hasta salir de la cueva. Si la historia del libro era cierta debía encontrar un palacio cerca de ahí, pero a diferencia de lo que imaginó, se toparon con un pueblo en apariencia tranquilo. Eso le pareció extraño.

No estaba muy informado sobre esa zona en específico, pero el único atractivo que tenía desde hacía años era precisamente el que estaba ligado a los relatos antiguos, lo que lo hacía una zona turística olvidada en el que la población local debería ser escasa, si no es que nula, por lo que aquel pequeño poblado parecía tan fuera de lugar, que todo en él gritaba lo peligroso que sería adentrarse a ese sitio.

—¿Con qué es ahí a donde vamos, eh? —preguntó, aunque no porque quisiera una respuesta en realidad, con paso firme se encaminó hacia lo que parecía la taberna del pueblo, después de todo, debería ser el lugar que más personas concentraría y tal vez ahí encontrarían alguna pista que los ayudara con el problema de Aioria.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Mié Sep 06, 2023 4:13 am
por Aioria
Fue una suerte que la mente no le estuviera jugando malas pasadas por el momento; dejando de lado las lagunas, había dejado marcas que medio reconocía y Milo ayudó a suplir lo que su mente no alcanzaba a conectar, incluso cuando él mismo lo había puesto. Estando de acuerdo con Milo, la armadura quedó en su escondite mientras ellos partieron al nuevo punto de la isla.

No sabe cómo no lo notó antes; una especie de olor pesado; puede escuchar los trinos de las aves, sentir la caricia del aire veraniego. Pero no es más que podredumbre encubierta de aromas suaves de flores y campo. Se replegó en las casas con la esperanza de esconder su paso en las sombras y espacios; observando que no había el mismo bullicio y mucho menos la cantidad de gente atareada que cuando él llegó. Caminó entonces junto a Milo, que se dirigía hacia la taberna. El caballero tenía buenos instintos.

Aioria había tardado más días, primero recorriendo los alrededores del bosque y la cueva, para intentar hallar pistas además de conocer el terreno; encontró la cueva y puntos importantes para evacuar el pueblo de forma segura entre otras circunstancias previas a la investigación entre los lugareños. Visitó la taberna cada noche, por ser comúnmente el lugar donde los varones se reunían, tras algún día o semana pesada.

Fingiendo ser un muy curioso aunque discreto visitante, encantado por el misterio de las desapariciones, en el pueblo había tardado en que le dieran información; el disimulado miedo latente los hacía callar. Costó mucho labor de convencimiento y todo el encanto que Aioria podía explotar; pero después de comprarles algunos tragos a cansados pescadores y campesinos, pudo obtener información de susurrantes temerosos testimonios y nombres de desaparecidos.

Su mente de repente se quedó en blanco; al “volver” se fijó en que habían avanzado bastante y al menos se había limitado a caminar al lado de Milo, en vez de correr estúpidamente de nuevo. Mientras más tiempo pasaba así, más tiempo perdía su capacidad de razón. Esperaba que Milo no se diera cuenta. Tenía una sensación extraña en la piel ¿lo habría cargado de nuevo ó era otra cosa?. Centrándose de nuevo intentó recordar; fue inútil.

No sabía en cuál noche de las tantas en que visitó la taberna, se percató del patrón, ni tampoco después de usarse como cebo, cuándo había logrado dar con los culpables.

Olisqueó de nuevo; su instinto queriéndole gritar algo que lo tensaba, aunque no sabía decir qué era. Este era un mal lugar, donde la gente como él, distinguiría el olor a muerte lenta. Observando cada vez movimiento y aumentar el número de personas, se escondió en el espacio entre dos casas, al lado de la la taberna. Además de sombra, había un pequeño bulto de paja y cajas con utensilios que bien servirían para ocultarlo mientras esperaba a Milo. Por supuesto el león no iba a poder entrar en la taberna. Percibió un aroma específico que le hizo arrugar la nariz y mostrar dientes. Aunque distinguía una mezcla de sándalo con otras hierbas, de alguna manera le hizo sentir una especie de recuerdo ligado a malas experiencias.

Un flash en su mente… el aroma de un incensario; mujeres y hombres a su alrededor en una conversación; bebida y luego era precisamente cuando todo se ponía extraño… borroso… el aroma nauseabundo…

No quería salir y arruinar la oportunidad de Milo. Se asomó por una ventana lo más discreto que pudo, intentó hacer movimientos para llamarle la atención, sin alertar a los demás y desde lejos cubrió su nariz. Esperaba no verse tan estúpidamente ridículo y... Maldita sea… tonto, una y mil veces, ¿Por qué no recordó antes, que el olor tenía mucho que ver con lo que pasó?...la diosa quiera que le entendiera.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Jue Sep 07, 2023 2:45 am
por Milo
Pueblo vacío. Taberna en similares condiciones… o al menos eso creyó que encontraría. Contrario a lo que esperaba, el lugar se veía bastante agradable, acogedor, incluso un poco lujoso si debía ser sincero.

Aioria se quedó fuera, asomándose como podía por una de las ventanas a la que ocasionalmente Milo miraba de reojo.

El aire se sentía tibio y había un olor extraño que apenas se percibía entre el aroma agrio de la cerveza. Cuando notó que Aioria se llevaba las patas a la cara y tapaba su nariz (de una manera graciosa que lo hizo fruncir el ceño), entendió.

A partir de eso trató de controlar su respiración, se sentó en una esquina en donde podía mirar lo que sucedía en el salón. Afortunadamente, la mayoría de las personas ahí parecían mantener su atención puesta en un par de sujetos que se habían pasado de copas y reían por cualquier cosa que les dijeran.

Varios minutos después, Milo se sintió un poco mareado, sabía que tenía que salir de ahí, pero entonces el par de hombres se desplomaron sobre la mesa, inconscientes. Su primer instinto fue levantarse e ir a ayudarlos, pero cuando tres hombres de hombros anchos se acercaron y los cargaron echándoselos a los hombros como si fueran simples costales de papas, se detuvo.

Esperaría a que se alejaran un poco y luego los seguiría.

Pero uno de ellos giró para mirarlo y Milo trató de disimular la turbación que lo asaltó cuando notó la cara deforme del hombre. Tenía rasgos animales. Parpadeó varias veces antes de percatarse que todos en la taberna, a excepción de los hombres inconscientes y de un par en otra de las mesas tenían alguna característica animal, incluso el niño que le miraba insistente.

“Ayuda”

Gesticuló sin dejar de mirar a Milo. El hombre con rasgos de toro en el rostro se giró para encaminarse hacia ellos.

—Se nos acabó el estofado, pero aún hay pan y queso —el niño le tendió lo que ofrecía y le sonrió, mientras Milo tomaba la comida, manteniéndose imperturbable.

—Gracias —masculló, llevándose un trozo de pan a la boca, le sonrió de vuelta al niño. Aioria por su parte hacía gestos para que no tragara lo que se había echado a la boca y con un poco de dificultad, se las arregló para escupirlo en la servilleta, luego de fingir haber tragado.

Por fortuna los hombres salieron y valiéndose de este pequeño lapso de tiempo el niño volvió a acercarse a Milo:

—El baño está al final del pasillo, se lo mostraré —el niño comenzó a caminar y Milo se levantó para seguirlo y movió la cabeza haciendo un gesto a Aioria para que intentara encontrarlos. El niño lo sacó por una puerta lateral al patio trasero, escondiéndose detrás de unos barriles.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Jue Sep 07, 2023 3:18 am
por Aioria
Viendo el gesto de Milo, se agachó y avanzó pecho tierra, esperando no ser visto por los hombres que llevaban a los otros en sus hombros. Había una estrecha separación entre una construcción de madera y la taberna, presumiblemente era donde guardaban víveres (se tuvo que concentrar mucho en no hacer caso a su estómago y olfato, para no perder razón de nuevo); avanzó a través del estrecho, hasta la parte posterior del lugar.

Cauteloso se asomó de lado a lado y al no ver nada relevante, se apuró hacia donde el rastro de Milo era más fuerte. Pudo percibir que su aroma había cambiado, aunque su esencia y cosmos aún era el mismo.

Esperaba no haberse equivocado. Sus orejas se movieron atrás y adelante, ante el susurro distinguible de la suela arrastrándose en el piso y avanzó hasta los barriles, escondiéndose detrás de ellos de inmediato.

Frenó de golpe para no chocar su rostro que quedó frente al del niño; ojos grandes, felinos, observándose entre sí.

Por un momento tuvo una especie de deja vú, aunque no podría decir con exactitud en dónde había visto a la criatura. Los ojos de Aioria, cambiaron ensanchándose un poco; observando sin querer con ternura inevitable de pupilas dilatadas, la carita sorprendida del pequeño.

Esperando que el niño no se asustara al verlo, se sentó en el suelo en una actitud mansa para mostrarle que no le haría daño. Observó a Milo, aliviado de que se veía muy poco perturbado por fortuna; los ojos del león interrogantes sobre lo que notó y por qué estaban ahí.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Jue Sep 07, 2023 8:13 pm
por Milo
—Te pareces al hombre que estuvo aquí hace unos días —comenzó el niño, sentándose sobre sus piernas—. Dijo que me ayudaría.

Milo supo que se refería a Aioria, y aunque estaba seguro que no se parecían en nada, quizá para los ojos de aquel niño tenían un aire familiar, quizá por tratarse de caballeros de Atenea.

—Me llamo Evan —Milo reparó entonces en la mano que le era ofrecida, sin la brumosa atmósfera de la taberna, pudo ver como parecía una pequeña garra casi como las de…— ¡Woa! —Aioria casi chocó con el niño, ambos con los ojos muy abiertos, las manos de Evan cubrieron su boca, como temiendo haber sido escuchado.

Los ojos de Evan recorrían la figura del caballero de leo. Sus orejas puntiagudas, su pelo desordenado; gruesas lágrimas parecían empezar a formarse en sus ojos, pero sorbió la nariz y se giró hacía Milo.

—¿Es él, verdad? —preguntó, como alguien que sabe de antemano la respuesta, parecía no sorprenderle el hecho, aunque considerando sus rasgos animales más ligeros, pero presentes, no debería extrañarle. Milo asintió.

—Me llamo Milo —señaló con la cabeza a Aioria—. Él es mi amigo Aioria.

—Él estuvo aquí antes —respondió el niño. Le contó entonces cuando notó a Aioria en el pueblo, cuando comenzó a aparecer por la taberna. También le contó que lo siguió a la parte este de la Isla, ahí donde antes solía haber un camino, que ahora había desaparecido.

Hace un par de días mientras regresaba de la playa con unos peces que había conseguido capturar, escuchó mucho ruido no lejos de ahí y cuando se acercó un poco, lo vio corriendo. Los hombres grandes de la taberna lo seguían y él –señaló a Aioria- llevaba algo sobre su espalda.

Pero tenía miedo. Había visto como esos hombres se llevaban a muchas personas y nadie volvía y cuando vio a Milo, sentado en el mismo lugar que Aioria ocupara días atrás, supo que podía confiar en él.

—¡Deben rescatar a la señorita Aileen! —finalizó—. Ellos se la llevaron. La tenían encerrada en su casa y no la dejaban salir, pero ayer ¡esos hombres se la llevaron! Dijeron que matarían al que se interpusiera, pero ¡miren lo que nos han hecho!

Mostró sus manos. La tenue luz de la luna le permitió a Milo ver que sus ojos eran casi como los de león de Aioria.

—¿Quién es la señorita Aileen? —Milo miró a Aioria, esperando notar alguna señal de reconocimiento, pero este sólo observaba atento al niño.

—Es la sacerdotisa del templo de nuestra señora Anfítrite. Nuestro pueblo era pequeño, pero sobrevivíamos de la pesca y el poco turismo que llegaba gracias a las leyendas antiguas. Estábamos bendecidos por su protección, no sé qué paso después. Un día la gente empezó a cambiar… —la voz del niño mostró su desesperación—, al principio no lo notamos, pero después, las personas que nos visitaban comenzaron a desaparecer.

—¿Sabes a donde la llevaron? —Evan negó con la cabeza. Milo miró a Aioria, interrogándolo con la mirada. Esperaba que eso que el niño les había contado fuera algo que Aioria ya hubiese sabido de antemano y ahora supiera el camino que debían seguir para encontrar respuestas.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Sab Sep 09, 2023 1:55 am
por Aioria
La tristeza del niño le conmovió, puso una pata como consuelo sobre la rodilla del niño, luego, asintió una vez enérgico con la cabeza ante lo dicho por Milo. El olfato, ligado profundamente a los recuerdos, había detonado su memoria aunado a la información del niño. Se dio la vuelta y con sigilo pero rápido, los llevó a la zona más deshabitada.

Se paró frente al niño y lo empujó suavemente con la cabeza antes de continuar; el sitio a donde irían no era lugar para él. Miró penetrante a Milo y luego señaló hacia el niño. El aspirante a santo dorado, entendiendo y compartiendo su preocupación lo enviaría a casa.

Atravesaron la cueva para ir de nuevo al bosque. Había hablado con Aileen; y aunque se guardó información gracias a la sacerdotisa pudo entender muchas cosas.

Guio a Milo a la zona mas densa del bosque. Subieron una formación rocosa, lo suficientemente escarpada para parecer una montaña diminuta. Al descender y bordear una ladera había una puerta entre un muro de piedra tallada; sabía que del otro lado estaba una casucha de roca que era para los guardias que custodiaban la prisión más adelante; no era mas que una especie de galera.

En la tierra había agujeros donde metían a los prisioneros en sitios donde apenas si podían sentarse y cerraban sobre las cabezas las rejas. Quedaban así expuestos a las inclemencias del clima. La verdadera prisión estaba dentro del complejo.

Aioria estuvo en las galeras exteriores, sólo una noche; mientras se burlaban, lo habían mojado con una sustancia viscosa y de olor raro en varias ocasiones. Sacudió la cabeza para concentrarse en el presente. No es como si pudiera decirle al santo del escorpión las cosas como ocurrieron.

Se contentó con dibujar en la tierra unas líneas lo más parecido que pudo a rejas, señalando con la cabeza hacia el muro. Quizá la sacerdotisa podría darle mejores referencias una vez rescatada; ya daría a Milo advertencias conforme siguieran.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Mié Sep 13, 2023 4:22 pm
por Milo
Sacudió su cabeza, luego de inclinarla para mirar el dibujo de Aiorira en la tierra.

Sintió un poco de vértigo cuando intentó levantar la cara, por lo que apretó los párpados un par de veces, luchando contra la sensación.

Evan los había dejado poco antes de entrar a la cueva. Una vez que se encontraron frente al muro de mármol de lo que parecía ser un palacio griego antiguo, Milo miró alrededor, tratando de ver por donde podrían pasar. Aunque lo más remarcable era el montón de variados animales que paseaban en los jardines, siendo que en ninguna otra parte de la isla se habían topado con tantos.

Comenzaron a abrirse paso por los pasillos desiertos, Aioria valiéndose de su reconocimiento previo, guió a Milo por pasajes seguros, en donde no se toparon con obstáculos o alguien que pudiera detenerlos. En algunas ocasiones existió la necesidad de ocultarse, pues era mejor que un combate directo en tanto no encontraran a la chica.

Una sacerdotisa, había dicho Evan, de la deidad a la que solían adorar y que ahora parecía haberlos abandonado a su suerte. Tropezó con el último escalón mientras bajaban por unas escaleras de piedra a lo que parecía ser un sótano, habilitado como prisión.

Caminaron un poco más, Aioria adelantándose a penas unos pasos, valiéndose de su forma animal para no levantar sospechas, por fortuna no había nadie en el lugar, por lo que Milo se atrevió a hablar.

—¿Aileen?

Re: Cabo Circeo

Publicado: Lun Sep 18, 2023 8:39 pm
por Aioria
La joven no estaba en las prisiones externas; se escuchaban en ellas lamentos de varios animales distintos. Aioria había recordado bien a Aileen; aunque mucho más débil, podía sentir el rastro de su cosmos. Entonces debían ir a la zona inferior.

Miró varias veces hacia atrás, verificando que el otro santo dorado aún lo siguiera. Fingió no ver cuando Milo, había hecho una pausa mas larga de lo necesario para levantar la cabeza; o escuchar el sonido de su trastabillar en el escalón. No estaba muy seguro cómo lo tomaría el otro, si es que le mostraba su preocupación. Esperaba se tratara sólo del cansancio del caballero y no que el apeste de hierbas e incienso en la taberna fuese lo que le afectara.

Sus orejas se movieron cuando Milo, llamó a la muchacha. Se adelantó cuando su nariz captó por fin un suave perfume a hierbas y madera que se le hizo conocido, incluso cuando se mezclaba con el apeste de la mugre y orina del sitio.

Por un momento su visión se puso nebulosa y tenía esa rara sensación de que se alejaba del sitio, aunque su cuerpo no se moviera. Se aferró a cada uno de sus sentidos e hizo oración a la diosa, para que le diera luz a su mente y no se perdiera justo en ese momento.

—¿Hola? - surgió una voz en la celda al fondo, que ancló su razón. Mientras se acercaba hacia la celda, después de un susurro de tela frotándose contra el piso, Aioria pudo ver un par de manos delgadas con gruesas uñas negras, envolviendo los barrotes.

—Oh... —se encontró con la mirada de la joven; ella lo contempló un poco como valorándolo.— Aioria... volviste. —Dijo cansada. La pobre muchacha estaba sucia, pálida y demacrada. Al parecer por algún motivo esta gente podía reconocerlo. Ella extendió la mano con la palma hacia arriba, como se haría para llamar mansamente a un animal receloso.

Se sintió un poco ofendido, pero aunque ella sonreía, sus ojos tenían lágrimas contenidas; parecía muy triste y quería consolarla. Fue breve; se acercó y permitió que ella acunara su rostro y le dejó que frotara su cuello con las yemas de sus dedos. Si fuese humano, la sangre se le notaría en la cara. Por algún motivo desde que la conoció sus ojos de gacela lo habían cautivado; ¡ahora literalmente parecían los de una!

Se alejó de inmediato para dejar de estorbar y que Milo trabajara en liberarla, mientras retornó cerca del pasillo para montar guardia. En el fondo del pasillo lateral al que estaban se abrió una puerta ; se alarmó al ver que un par de individuos grandes, con marcados rasgos humanoides de un rinoceronte y un tigre entraron. Ellos ¡no desprendían ningún cosmos!. Se agazapó escondido a la vuelta de la esquina de su pasillo y sacó los dientes; acomodando los cojinetes en sus patas para saltar en cualquier instante, aunque ellos apenas entraban a lo lejos. Su corazón retumbaba poderosamente en su tórax, con la amenaza de peligro inminente y deseo de atacar para protegerse y a su manada.

Sabía que tenía que dar la vuelta y alertar a Milo. Que no era seguro enfrentarlos en su condición; como tampoco con ello poner a la sacerdotisa en peligro, cuando Milo tuviese que desviar su atención. Pero su mente se puso en blanco cuando el instinto ganó.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Lun Sep 18, 2023 9:30 pm
por Milo
Permaneció de pie un par de metros alejado de la escena que se desarrollaba frente a sus ojos. La forma en que la chica miraba a Aioria, como si se tratase de una persona querida. Entendió entonces que el caballero de leo había hecho más en ese lugar de lo que había creído en un principio y por alguna extraña razón la labor que estuvo realizando se vio truncada.

Se acercó luego de que el momento pasara, sintiéndose un poco intruso y miró a la chica. Pudo ver los ojos completamente negros de la joven.

—Muévete un poco hacia atrás —pidió. Lanzó una de sus agujas contra la cerradura de la reja, abriéndola, la chica salió del cuarto de la celda y masculló un agradecimiento.

Agachó por un segundo su cabeza, mientras la sacudía un poco, cada momento que pasaba se sentía más mareado y empezaba a percibir como sus músculos se adormecían. Escuchó que Aileen soltaba un grito cuando su cuerpo fue arrojado contra la puerta de la reja y los barrotes lo golpearon.

Intentó levantarse pero unas manos demasiado grandes y con dedos como garras se cerraron sobre su cuello. Llevó sus propias manos hasta los brazos que lo apresaban, e intentó apartarlos de si, pero no pudo.

¡No podía utilizar su cosmos!

Trató de patear a aquel que lo inmovilizaba, pero su fuerza también estaba reducida, entonces, una mancha amarilla se abalanzó sobre el sujeto que lo estaba ahorcando, escuchó como el hombre profería un alarido para luego soltarlo, Milo cayó al suelo y se apresuró a levantarse.

—¡Aileen! —gritó a la chica, quien en ese momento mordía el brazo del sujeto que parecía tener el rostro deformado como si se tratase de un rinoceronte, se soltó y corrió hacia donde estaba Milo.

El sujetó se acercó hasta ellos de nuevo y Milo lo golpeó, estrellando su puño contra su cara, echó su cuerpo hacia atrás y ladeándolo un poco, flexionó su brazo para golpear con el codo en el estómago del hombre que continuaba acercándose.

Aioria seguía sobre la espalda del otro sujeto, enterrando sus garras haciendo al tipo rugir por el dolor, cuando Milo se giró para mirarlo, vio como el hombre lo agarraba y lo lanzaba contra el suelo. Aileen corrió hacia Aioria y lo ayudó a levantarse.

Eso pareció calmar un poco al pequeño león, que giró su cabeza para mirar a Milo.

—¡Sácala de aquí! —gritó, interponiéndose entre los hombres y las escaleras hacia la salida.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Lun Sep 18, 2023 11:42 pm
por Aioria
Cuando recobró la razón, Aileen lo ponía en pie y su cuerpo casi convulsionaba en espasmos de dolor. Su boca sabía a sangre. Se percató primero de que otra costilla se había fracturado, como si alguien lo hubiera golpeado y el efecto analgésico que Milo incitó, se había disipado.

Escapar era todo lo que había hecho desde que lo transformaron y estaba harto de ello. Su dignidad como caballero se sentía dañada. Preferiría morir peleando incluso en esta piel pero…

Milo se notaba agitado. No podía darse el lujo de ser un estorbo sólo por su ego; o al menos no poner a la joven en riesgo. Echó a correr cojeando de una pata, escuchó sus pasos de la joven detrás de él. Salió de las celdas subterráneas atravesando el patio donde estaban las galeras. Cuando estaban cerca de la puerta le hizo un gesto para que ella saliera.

—¡No!— replicó. —No me iré sin ti, no puedes hacer nada por él así, déjame… ¡Au! —se quejó cuando casi cayó. Aioria se paró en sus patas traseras empujándola. No podía perder tiempo, aunque fuera como una distracción, ayudaría a Milo. Un caballero no puede abandonar a otro; primero moriría.

—Por favor, no seas necio, yo puedo ayudarte.

Por sus lesiones, Aioria no fue lo suficientemente rápido para evitar que ella se agachara y lo tomara de la piel trasera del cuello, él forcejeo en el piso se retorciéndose para zafarse, pero no lo lograría sin herirla y era lo que menos quería. Finalmente ella se agachó rodeándolo con un brazo y uniéndose después el otro, en un abrazo duro, lo apretó fuerte para que no se escapara.

Aioria soltó casi un alarido de dolor y movió las patas en el aire, lo que ella confundió con frustración y apretó más. Muy probablemente no se daba cuenta del terrible daño que le hacía. Él sintió como si una enorme pared blanca le cayera encima y perdió el conocimiento. Aileen se asustó, pero sintiendo el corazón de él retumbando sobre el pecho de ella, se calmó.

Cuidadosa de no ser observada, la sacerdotisa cruzó parte del bosque con rapidez, siendo su rasgo animal de ayuda en la carrera. Incluso pudo perder a un bestiamorfo con rasgos de mono, que la persiguió un tramo por los árboles. El pequeño León inconsciente que yacía en sus brazos, se tornaba cada vez más pesado para ella y tenía que parar para darle un tirón hacia arriba y reacomodarlo. Había algo que parecía dolerle, porque se quejaba en cada ocasión que ella saltaba para evitar tropezar, aún dormido.

Jadeante, atravesó el bosque para llegar a una lagunilla. Con dificultad cargó a Aioria bajo un brazo, retirando con el otro, ramajes que cubrían la entrada a un pasadizo.
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Cuando Aioria despertó, se encontró con la extraña particularidad de que el techado traslucía y se movía en ondas; sombras zigzagueantes pasaban en el. Pudo notar que los pilares se terminaban justo donde estaba esa especie de…techo de agua.

Paladeo notando un sabor suave a hierba en la boca. Estaba encima de paja sobre un altar de mármol. Avergonzado, se dio cuenta de que Aileen acariciaba su cuerpo, con las manos brillantes de un aceite al igual que su propia piel peluda. Intentó levantarse pero ella lo detuvo.

—Sólo espera, por favor.— Susurró, mientras recitaba en voz armoniosa algo como un poema en una lengua parecida al griego, que no reconocía. Aioria se sentía extraño, con la piel hormigueando, pero con una sensación agradable que lo durmió al instante de nuevo.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Mar Sep 26, 2023 3:09 am
por Milo
Milo había recibido un golpe en la base del estómago que lo había lanzado contra la pared por la fuerza empleada. Había bloqueado un par de patadas que fueron directo a su rostro y él alcanzó a noquear el hombre con rasgos de rinoceronte antes de que tres sujetos más aparecieran.

Dos de ellos se arrojaron contra él y eran tan fuertes que aunque Milo logró esquivar a uno de ellos, el golpe que le soltó al otro apenas y lo hizo ladear la cabeza, aunque fue suficiente para sujetarlo del brazo y torcérselo hacía atrás, con un rápido y firme movimiento hasta que sintió el hueso crujir.

El tipo soltó un alarido y Milo lo lanzó al suelo, antes de tener a dos más encima de él, tirándolo al piso, uno de ellos se subió encima y aprovechando que había caído de frente, aplastó su cabeza contra la dura piedra. Alguien sujetó sus piernas y antes de que pudiera empujarse, otro tiró de sus brazos. Sintió el tirón de sus coyunturas cuando movió sus extremidades para intentar soltarse y se dio cuenta de cuan frustrante era pelear sin poder utilizar su cosmos y con la desventaja de número.

—No lo maten, será un buen sacrificio —escuchó la voz de una chica, por un momento pensó que se trataba de Aileen, sonaba parecido, pero no pudo despegar su cabeza del suelo. El agarre pareció aflojarse un poco cuando aquellos hombres pusieron atención a la dueña de aquella voz, por lo que tiró con una de sus piernas tan fuerte que logró zafarla del agarre al que era sometido y logró patear en la cabeza a uno de los sujetos.

Alcanzó a moverse lo suficiente para mirar desde el suelo a la chica.

¡Era Aileen!

O por lo menos Aileen sin los rasgos de gacela.

La chica le sonrió, al notar su frustración, entonces se inclinó para hacerle oler un extraño aceite dulzón. Entonces... perdió la consciencia.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Mié Sep 27, 2023 5:34 am
por Aioria
El dolor en su tórax se había calmado. Su cabeza estaba sobre algo suave y en dóciles caricias alisaban su cabello. Al abrir los ojos lo primero que vio fue su propia mano. Incrédulo, extendió la palma frente a sus ojos. Entre sorprendido y feliz, giró la cabeza aún recargada, encontrándose con los ojos normales de Aileen. Ella lo ayudó a incorporarse; la cabeza de Aioria había estado reposada en su regazo.

El caballero se sentía dichoso con su cuerpo humano, pese a estar desnudo y sólo cubierto en su parte media por una tela ruinosa para proteger su pudor, o quizá por respeto al templo.

—¿Te encuentras mejor ahora?

—Si, Aileen, gracias a ti.— su voz salió ronca por el desuso. Sonrió tomando su mano y besó sus nudillos.— No se cómo lo hiciste, pero te estaré eternamente agradecido. —dijo con la voz cariñosa.

—Te entregaré la fórmula escrita para que también sepas cómo; aunque un sacerdote tendrá más éxito en ello por el lenguaje antiguo. No tienes nada que agradecer,— dijo bajando la cabeza avergonzada— después de todo fui culpable de que te transformaran. Lo siento mucho.— Ella apretó fuertemente la manos de Aioria.— Yo le creí y ella…lo que no te dije… —balbuceó—mi hermana… me engañó. ¡Todo empezó por esa maldita copa! –murmuró mas para sí.

—¿Qué quieres decir?
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Aioria mentiría si no se sintiera... decepcionado y triste. Pero se enfocó.

—¿Es ella quien me hizo eso, entonces?, ¿fue quien te encerró?

Evitando su vista, la joven apretó los labios y asintió, alejando sus manos de las de él, apretó su vestido. Le contó entonces más de su historia con su hermana.

—Fue a causa de esa pérfida diosa, tal como pensaste desde el principio. —culminó el relato.— Lamento haberte desviado de la verdad… tuve fe en que la palabra de mi hermana era cierta, pero fue cambiando con el tiempo, hasta que finalmente yo estaba siendo manipulada. Nuestra señora Anfítrite aunque no ha reencarnado, nos reveló una profecía: habrá batallas pronto y se afectará a la tierra.

Se levantó, caminando hacia el altar. Tomó un frasco con líquido rojizo oleoso y un papiro.

—Ayudamos a la corrupta porque nos hicieron creer que era por el bien del futuro de muchos pueblos y su protección en contra las batallas que se han vaticinado. Ella necesita de la energía desatada a través de los sacrificios rituales; tardaría mas tiempo en volver ya que requiere de numerosos sacrificios; excepto si encontrara uno más digno. Una persona cuyo poder vital al ser debidamente preparado, sacrificado y consumido por las llamas, le fuera drenada la energía; le daría poder y carne en este mundo. Un sacrificio justo como tú…lo siento.

—O alguien como Milo. Puedo perdonarte que me hayas engañado por el bien de tu hermana, pero no el que a causa de tu ceguera, hayas permitido que su injusticia dañara a tanta gente. Sin embargo… será tu diosa quien te juzgue. No perdamos más tiempo; tengo que ir por Milo y detener a Circe.

También tendría que recuperar después la armadura. Elevó su cosmos y partió.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Mié Oct 04, 2023 2:16 am
por Milo
Sintió cierta pesadez al intentar moverse. Sus ojos probablemente estaban vendados y él atado, por eso no pudo hacerlo a pesar de que lo intentó.

—Has despertado —escuchó la voz en tono alegre de la chica, aunque no pudo mirarla y tampoco podía sentir si manaba algún tipo de cosmoenergía de ella—. Creí que todo sería más complicado cuando tu amigo escapó.

Esperó paciente a que la mujer siguiera hablando, mientras intentaba mover sus muñecas para aflojar sus ataduras.

—Se convirtió más rápido de lo que esperé y estos inútiles a mi servicio no pudieron detenerlo —no estaban solos entonces, estaba recostado sobre una superficie dura, por lo que con seguridad podían observar sus intentos por liberar sus manos, aunque eso no importaba—. ¡Pero estás tú! Casi es una pena que deba sacrificarte, serías un buen caballero para nuestro ejército ¿Me pregunto en que te transformarías tú?

Milo sintió unas manos sobre su rostro, ladeando su cara, una uña arañando sobre los rasguños que le había hecho Aioria, y aunque le ardió, sólo apretó la mandíbula.

—Quizá un tigre. O un lobo —escuchaba la diversión en su voz y cuando un par de dedos comenzaron a restregarse sobre sus labios, tiró con fuerza de su cabeza hacia un lado para evitar el toque. Ella rió.

—Pero mi señora necesita tu poder. Yo lo necesito —sus labios fueron otra vez separados y el líquido dulzón que antes había probado volvió a invadir sus papilas gustativas—. Tu amigo olió nuestra poción durante casi dos meses. La estúpida de Aileen nos lo entregó en bandeja de plata. Contigo habrá que apresurarnos un poco.

Aunque Milo intentó escupir el líquido, fue obligado a tragarlo lo cual le provocó un poco de tos. Entonces escuchó que la chica comenzaba un extraño rezo en griego antiguo; apretó sus ojos, tenía que sacar fuerza de algún lado, él no quería verse convertido como Aioria.

Y si la transformación de su compañero había obedecido a su signo... ¡no! ¡él no quería ser un pequeño escorpión!. Bueno, quizá uno gigante si, con enormes dientes, de esos devora hombres de las leyendas antiguas. Rió para sí ante tal estúpido pensamiento en un momento como ese, pero debía admitir que sería divertido, atravesar a un enemigo con su enorme aguijón.

Apretó sus dientes cuando sintió un fuerte dolor en el pecho. Estaba a punto de gritar cuanto lo sintió.

La energía que se acercaba era tan fuerte que incluso con la restricción de sus poderes podía sentirla. No necesitaba mirar el resplandor dorado para saber de quien se trataba.

Aioria.

Había recuperado su forma humana y su cosmos.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Mié Oct 04, 2023 3:56 am
por Aioria
La ira del guerrero bullía en Aioria. Contemplar usar una sagrada armadura dorada para luchar en contra de tan ridículos oponentes, lo hubiese hecho reír y negarse a usarla (si pudiera, por supuesto); pero no podía perder tiempo preciado, con la esperanza de que Milo, no fuese aún sacrificado se apresuró.

Flechas y jabalinas fueron lanzadas desde todos los puntos posibles. Alertados por el cosmos del caballero, los soldados bestiamorfos se habían congregado casi en su totalidad, atacando en pos del beato de Atenea. La energía del joven, estaba extendida a su alrededor formando un amplia aura protectora que rechazaba los ataques rudimentarios y protegía a la sacerdotisa, que caminaba en pasos presurosos detrás de él.

Alrededor de diez soldados humanoides, probablemente más movidos por el instinto de su lado animal que por valor, osaron intentar combate cuerpo a cuerpo, cuando no funcionaron los primitivos a distancia. Aileen se agazapó a su espalda en busca de protección y cerró los ojos. El caballero también lo hizo, pero más buscando no ver tan patética escena.

Sabía que estas eran personas que habían sido transformados por Circe y eso les hubiera merecido piedad; pero parecían tener conciencia y no eran del todo víctimas pues peleaban por ella; entonces eran traidores de su pueblo y de su gente. Justo antes que desde por el cielo y la tierra llegasen a él, el caballero generó una explosión con su cosmos haciendo añicos a los más cercanos; la onda expansiva generada alcanzó al resto, terminando el trabajo de manera inmediata.

En medio de la destrucción, Aileen se quedó observando con una mezcla de miedo y respeto a aquel guerrero que parecía diferente al hombre amable que conoció, mientras Aioria continuaba su paso dentro de la fortaleza, derribando oponentes. Ella le indicó el camino hasta llegar a un patio central, en donde se encontraba el templete de sacrificios rituales.

La imagen era escalofriante. Era un patio semicircular rodeado de columnas; al fondo en la sombra había un trono de piedra. La iluminación era escasa con pocas antorchas y la luz celeste del techo abierto. Había recargados en los pilares troncos gruesos en forma de cruz, en los extremos atados por los brazos, estaban colgando cadáveres putrefactos con partes faltantes de sus cuerpos; despojos no distinguibles, sin saber si fueron humanos o bestias. Los pilares y el suelo tenían manchas marrones de sangre seca. A la izquierda había una construcción parecida a un pozo de ancha embocadura y a su lado una hoguera apagada.

Milo yacía atado en el centro sobre una plataforma, acosado por una mujer de espalda a ellos haciendo oración en palabras desconocidas. Cundo volteó al ser interrumpida, observó que era muy parecida a Aileen; pero sin duda alguna cubierta por un corrupto cosmos divino.

—Aléjate de él. —Aioria ordenó tajante, deshaciéndose a su vez de los últimos siervos visibles con ráfagas de energía.

—¡Oh! —contestó la mujer, alargando burlona la vocal; la ráfaga que se dirigía a ella, antes de tocarla fue devuelta a Aioria y este la detuvo con sus manos hasta que se disipó. —Hermanita, por un momento pensé que tendría que matarte; pero me lo vuelves a ofrecer, ahora en bandeja dorada.

Su fría carcajada odiosa resonó, mientras ella caminaba. Su mano nunca dejó el cuerpo del caballero de Escorpio, propinando una larga caricia a lo largo del cuerpo, mientras rodeaba la superficie donde Milo se encontraba. Después de algunos metros ascendió los escalones hasta el trono.

Aioria a su vez avanzó, posicionándose entre el cuerpo de Milo y aquella mujer espeluznante. Estaba extrañado de que ella hubiera obedecido. Debía tramar algo.

—Estás equivocada hermana. —Aileen se acercó mientras tanto a Milo, poniendo su mano en el pecho de él en un intento de consuelo. —Reconozco mi error y la gran Anfítrite después me juzgará por ello. Pero ahora con dolor en mi corazón, es a ti a quien entrego con el fin de salvar tu alma y a las personas a quienes has… hemos hecho tanto daño.

Una espantosa doble carcajada sonora vino desde la mujer, como si fuesen dos y no una quienes estuvieran sentadas en el trono.

—Oh cariño, siempre tan estúpidamente cursi e inocente. ¡Tú ibas al fin por tan buen camino!. —Bebió de una copa dorada; recordaba su descripción de anteriores relatos de Aileen. Aioria comenzó a avanzar a ella. —Hasta que este pobre imbécil vino a lavarte la cabeza con absurdas ideas Atenienses. Como sea ya no estoy interesada en él y pagará por haber diezmado mi ejército. ¡Vengan a mí, Sagrados Bestiamorfos! Los invoco en nombre de Circe.

La copa brilló. Elevó ambos brazos por encima de su cabeza. Aioria se detuvo antes de ascender por la escalera. El aire se volvió pesado y una explosión que dejó una humareda se disipó pronto, para mostrar sobre la escalinata un Minotauro y un Centauro del doble del tamaño del caballero, ataviados con algo parecido a coloridas armaduras sacras.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Mié Oct 04, 2023 8:41 pm
por Milo
Sus músculos se fueron tensando, ahí por donde la mujer deslizaba sus dedos, como si se tratase de un objeto de exhibición. Escuchó los pasos de Aioria y después sintió una mano diferente deslizarse desde su pecho hasta su rostro, para luego retirarle la venda.

Sus ojos estaban nublados producto, con toda seguridad, de lo que –ahora sabía– la hermana de Aileen le había hecho.

“a las personas a quienes has… hemos hecho tanto daño”

Milo arrugó un poco la frente. Cuando escuchó a la otra chica clamar por sus guerreros en nombre de la antigua diosa hechicera, terminó de atar cabos en su mente. Cuando Aioria le había dicho a donde se dirigían, así como la apariencia de su compañero, había tenido una idea de contra quien se enfrentaban.

Sin embargo, hasta donde sabía, esa era una zona que ya tenía un guardián, un ente benévolo de agua que había hecho prosperar el lugar e incluso había permitido que un pequeño camino se abriera entre las aguas para permitir un acceso más sencillo a la península. El cuál no habían podido utilizar a su llegada ahí, pues había sido cubierto por olas furiosas, como si algo tratase de impedir que la gente se acercara a la isla.

—Abre la boca —le pidió la chica y quizá Milo la miró con desconfianza porque continuó—, estarás bien, lo prometo.

Un líquido amargo se deslizó por su garganta y casi lo hace vomitar. Las manos de Aileen se colocaron sobre su pecho y Milo pudo sentir la cálida energía que emanaba de la chica, al tiempo que sus sentidos se recobraban y sentía su cosmos crecer. Entonces una fuerte explosión y la risa odiosa de la mujer resonó; Milo pudo observar como el cuerpo de Aioria era lanzado por encima de ellos e iba a estrellarse con una de las columnas. Soltó una risilla burlona, ningún momento era demasiado "peligroso" para buscarle pulla.

Elevó su cosmos para repeler un ataque, usando esa misma energía para liberar sus manos. Aileen se había agachado para usar la estructura de piedra como un escudo, pese a que no había sido necesario.

Milo se bajó de la mesa y le gritó a Aioria que ya estaba de pie, para que supiera que estaba listo para la batalla. Con seguridad las enormes bestias lo habían impresionado (tal y como lo habían hecho con él al momento de verlas) y lo golpearon en un brevísimo descuido.

—Yo me encargo de ellos —señaló a las bestias e incendió su cosmos para llamar la atención de las criaturas. Sonrió, mientras sentía como la enorme mano del centauro rodeaba su cuello y lo alzaba hasta que sus pies se separaron del piso. Levantó su propia mano izquierda y lo sujetó del brazo apretándolo con la fuerza suficiente para rompérselo—. Ve por la chica.

Cuando el centauro lo soltó, lanzó 3 golpes de sus agujas de una sola vez que hicieron que las patas de caballo de la criatura se flexionaran y quedara como arrodillado en el piso. Casi a la altura de Milo, la expresión sádica que portaba, no abandonó su rostro.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Mié Oct 11, 2023 6:54 am
por Aioria
Apenas apareciendo el Minotauro, dobló sus rodillas y agachó la cabeza. Sus cuernos refulgieron en una luz azul resplandeciente, clamando a su vez en idioma antiguo el nombre de su técnica. Ni siquiera se movió de su sitio; de ellos salió una ráfaga poderosa que envistió a Aioria. El "usuario de cosmos", apenas alcanzó plegarse un poco, para colocar sus brazos en equis protegiendo su cabeza y pecho. Lo expulsó al aire.

Sus costillas volvieron a resentir el daño anterior con el golpe en el pilar, que lo dejó sin respirar por un momento. Cayendo en sus pies, se irguió al mismo tiempo acumulando su energía. Escuchó a Milo quien se veía por un momento con su dorado cosmos elevado, como si un sol pequeño hubiera venido a desterrar la obscuridad. Milo estaba haciendo frente al Centauro.

Alcanzó a observar que las patas de caballo cedieron al aguijón del escorpión y cómo el Centauro lo aferró hacia abajo con él.

Y aunque el otro opuso afanada resistencia, el hombre mitad caballo ocupó su masa y aparente fuerza física superior, para presionarlo contra el suelo aún sostenido del cuello. Fue irónico pensar… que el centauro le estaba haciendo un poco de justicia a Aioria; ya que el desgraciado de Milo se había reído de él cuando lo mandaron a volar y ahora comía polvo. Sin embargo se veía claramente que estaba sufriendo el daño por el veneno.

Aioria sonrió socarrón mientras corría hacia la corrupta. Era muy mala idea intentar acorralar a un beato de Atenea; más aún si se trataba de uno de orgullo ponzoñoso. Podía confiar en que esa injuria era el pase directo del centauro al otro mundo.

—¡A un lado! —Ordenó al Minotauro que se interpuso en su camino; los cuernos resplandeciendo otra vez. Aioria saltó, mientras su puño era levantado a la altura de su hombro, cargado de energía extendió el brazo. —¡Ligthning Bolt!

La potente acumulación de cosmos en un punto, chocó en contra de la técnica del Minotauro, devolviendo el impacto que se sumaba al del aspirante a caballero dorado. Inútilmente la bestia intentó detenerla con sus brazos. La armadura en ellos se rompió y lo tiró al piso. Con el mismo impulso, Aioria dio un giro en el aire y cayó en pie, más adelante que el pesado cuerpo del Minotauro. No necesitaba seguir peleando con él; su compañero dijo que se haría cargo.

—¡Espera! —Ordenó a la joven, que al ver en problemas a sus guardianes, estaba corriendo hacia la puerta. —Por favor, te lo pido. —Eso la detuvo, quizá ante la sorpresa de la petición. —No quiero lastimarte…tu hermana me dijo que tu nombre es Cora, ¿verdad? —siguió caminando mientras hablaba. —Esto no es tu culpa, sólo por favor, ¡lucha! Si nos permites ayudarte entonces…

La carcajada odiosa resonó con escalofriante eco; una risa maníaca y malévola que erizó la piel del caballero, aunque quisiera disimularlo.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Mié Oct 11, 2023 8:43 pm
por Milo
El aire escapó de sus pulmones de un solo golpe. No por la fuerza, sino por el peso de aquella masa cayendo sobre él. Extendió su mano sobre el pecho del centauro y dejó escapar una ráfaga de energía que lo mandó a volar, deshaciendo el peto de su armadura al instante. Se levantó e hizo a un lado su cabeza, haciendo que su cuello tronara.

Alcanzó a ver el resplandor de la técnica de Aioria chocando contra el minotauro y regresó su atención al mitad caballo.

Caminó hasta él sin apresurarse, agachó un poco la cabeza para mirarlo y comprobó lo que su cosmos le había hecho entender hacía unos instantes. La fuerza de su cosmoenergía había sido tal que le había roto el cuello al animal, por lo que no sería necesario ni un solo golpe más.

Hizo una ligera mueca de disgusto, le habría gustado por lo menos incrustarle un par más de sus agujas, pero tampoco podía esperar resistencia de aquellas extrañas criaturas, que a pesar de poder utilizar la fuerza del cosmos no parecían llegar si quiera al nivel de un caballero de plata. Si habían logrado golpearlo a él y Aioria era simplemente porque aún tenían rastros del hechizo de Cirse, producto quizá de su influjo sobre la isla.

Entonces, entrecerró un poco los ojos cuando el cuerpo del centauro comenzó a transformase en una masa disforme frente a él, los huesos crujieron y los músculos adquirieron una forma sanguinolenta que a otros pudo haberles provocado nauseas. Pero no pudo ser testigo de todo el cambio porque el minotauro se arrojó de cabeza contra él, golpeándolo en el costado.

Giró su cuerpo para sujetar los cuernos de la criatura e hizo tanta fuerza hacia abajo, llevando la cabeza de la criatura al suelo que al final rompió la cornamenta y se quedó con los cachos en las manos.

—Patético —masculló. Lazó la más fuerte de sus agujas contra su oponente y cayó muerto al suelo. Milo solía tomarse un poco más de tiempo con sus enemigos, sin embargo tenía curiosidad sobre lo que sucedía con esas criaturas una vez muertas y el proceso que había observado a medias con el centauro se repitió con el hombre mitad toro.

No fue agradable y se preguntó si estando con vida aquellos pobres habrían sufrido cada cambio de su cuerpo. Al final, sólo quedaron un par de hombres desnudos.

Regresó hasta el altar y encontró a Aileen agazapada a un lado.

—Escóndete fuera —le ordenó, mirándola mientras ella levantaba el rostro y lo observaba con grandes ojos. Normales ahora—. O mejor aún, regresa a tu casa.

Milo no esperó a que la chica asintiera, tenía que ir con Aioria.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Mar Oct 17, 2023 3:23 pm
por Aioria
Dejó de reír. Cora lo miró como si estimase lo que decía; parecía que en verdad podría sopesar con seriedad el que Aioria la creyera inocente y utilizada.

—Vaya par que haces con mi hermana…¡dices tales cosas estúpidas e ingenuas!

Extendió la mano donde tenía la copa vacía; de la nada ésta se llenó de un líquido espeso. Por arte de "magia", salió de la copa un torrente de líquido y luz rojizo hacia Aioria. Su sexto sentido le dijo que lo mejor era evitarla en vez de detenerla; esquivó apenas, quedando en el lugar un boquete profundo saliendo humo. ¿Veneno o ácido quizá?

—No peleo con mujeres que no puedan defenderse como guerreras. —El cabello del guerrero se elevaba ingrávido, con la fuerza de su cosmos ascendente. Cerró los ojos con el ceño fruncido. —Pero no me dejas opción… ¡Lightning bolt!- Tiró en dirección a la copa.

Para su sorpresa, justo antes de golpear a la antigua sacerdotisa, ella se cubrió de un aura roja que repelió el ataque. Aioria esta vez no pudo evitar su propio poder, golpeándolo de lleno en el estómago. Soltó un alarido cayendo escaleras abajo, sumergido en una hendidura formada por su cuerpo.

—Hhn… no… no lo puedo creer…mi técnica… —Se retorció un poco, ladeándose para ponerse en pie de nuevo.

—No podrás dañarme. La diosa ya reside en mí y todo ataque te será devuelto. Ríndete ya y abrevia tu sufrimiento. —Bebió de nuevo de la copa. Sus cabellos parecían tornarse en dos colores diferentes de forma rápida y constante. —Ahora que tendré que matarlos, habrá que hacer otros tantos sacrificios ya que ustedes fueron poco cooperadores; miren que poco heroicos, —rio burlona. —Muy pronto Circe vendrá a mí y entonces el mundo entero…

—¡No! Detén tu diatriba absurda.- Masculló dolorido levantándose, elevó su cosmos volviendo a lanzar su golpe. Esta vez al regresarse interceptó su poder entre las manos y evitó el daño. Repitió el ataque.

La sacerdotisa quitó la sonrisa, comenzando a verlo entre sorprendida y temerosa. Pese a empezaba a notarlo cansado, dado que aún su cuerpo estaba desgastado por la transformación de bestia a hombre, el cosmos del caballero se hacía más fuerte y ella veía los golpes más cercanos.

—¿Por qué?... Es inútil, no puedes tocar a un dios. Tu cuerpo sólo se destrozará y no podrás vencerme. Ya has perdido ¿Por qué no te rindes y evitas la agonía?

—¡Ja!... ¿tú una diosa? ¿Quién dice estupideces ahora? —Volvió a elevar su cosmos. —Aún si parece que no hay esperanza seguiré elevando mi cosmos para vencerte, si al menos consigo quitarte la copa, la vida de aquellos inocentes que mataste no será vano… mi vida habrá valido la pena sólo por este día.

Apretó los puños lanzando un grito de batalla. Su vista hacia el cielo. Detrás de Aioria se dibujó en cosmos la figura de un León. Lo arriesgaría todo… —¡Lightning Plasma!

Más de cien mil ráfagas por segundo, de rayos de plasma cortante a velocidad de la luz, formarían entrecruzados algo parecido a una red de al menos cinco metros. Rodearían a la joven hasta conseguir golpearla. Hubo algunos que se regresaron al caballero, pero ya esperándolos pudo esquivarlos. Cora, en cambio, se vio en la necesidad de usar cada vez más poder que ya no poseía, pues su seguidores que le daban fuerza con la creencia en Circe, habían muerto.

—¡No! —La presión de los rayos de plasma sobre su campo fue demasiada; aunque la protegió del impacto principal su defensa colapsó. Ella se estrelló en el piso soltando al fin la copa. El sonido metálico de esta rebotando en las escaleras fue lo único que se escuchó por un instante. Vencida, la joven convulsionó. Probablemente creyendo que era el final en el cuerpo mortal, un fino hilo espiritual comenzó a viajar de la joven a la copa; Circe estaba abandonándola. Su cabello volvió a la normalidad.

—No… ¡No! No sabes por todo lo que he pasado… —lágrimas de frustración rodaban por sus mejillas; ella empezó a levantarse, aferrándose al residuo del poder de Cire en ella, —no me puedes quitar algo por lo que luche tanto.

—No use todo mi poder; vivirás. Ya que nos ayudó, le debo esa bondad a tu hermana. En adelante arrepiéntete y lucha por algo que valga la pena para variar. —Aioria levantó la copa, ocultando al poner la espalda erguida que estaba sumamente cansado y se dio media vuelta.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Vie Oct 20, 2023 2:26 am
por Milo
Mátala.” Pensó el escorpión.

Aioria miraba a la mujer en el suelo. Y hablaba sobre la bondad que le debía a su hermana. Milo había observado, había aguardado paciente y desde su punto de vista, esa mujer no merecía la vida. Ni siquiera como una concesión a un alma que incluso se sabía culpable.

—a las personas a las que hemos hecho tanto daño—.”

Para Milo esa había sido confesión suficiente. "Culpable". Sabían sus pecados y estos no debían ser perdonados con facilidad.

—Aioria —lo llamó, mientras el caballero caminaba hacia él, Milo dio un par de pasos para acercarse y comprobar que en efecto, estuviera bien.

—¡Aioria! ¡Cora! —el grito de Aileen hizo que Milo girara a mirarla.

¡Estúpida mocosa!

¿Qué tenía en su cabeza? Le había pedido específicamente que se marchara de ahí, si bien el poder de un dios menor sin seguidores no era un gran obstáculo para ellos como aspirantes a caballeros dorados, no podían saber si cualquier detalle, por pequeño que pareciera, podría cambiar la balanza en su contra.

Aioria también levantó el rostro para mirar a la chica y la mano de Milo se congeló en el aire cuando intentaba sujetar a la imprudente mujer que ya se había colocado delante del cuerpo de Aioria, quien giraba un poco sobre sus talones, el tiempo necesario para sostener el cuerpo de Aileen, que caía sobre sus brazos.

Cora había lanzado una extraña técnica, un líquido rojizo que se estrelló en Aileen.

Las rodillas de Aioria no alcanzaron a tocar el suelo cuando un poderoso halo de cosmoenergía roja salía del dedo de Milo y se impactaba de lleno sobre el pecho de Cora, quien caía impulsada por la fuerza de la técnica de Milo dentro del foso.

El veneno la habría consumido en cuestión de segundos, pero el rugido de varias bestias arrojándose sobre lo que creían su alimento ni siquiera permitió que un solo grito más brotara de la garganta de aquella ambiciosa mujer.

Y ahí terminaba por todo lo que Cora había luchado.

Milo siempre escuchaba, cada palabra de sus oponentes, aun cuando parecieran banales. Eso le ayudaba a entender y la chica había mostrado sus ambiciones, pese a que Aioria las atribuía a la influencia de Cirse sobre ella.

Era un soñador y Milo lo detestó un poco por eso.

No podía vivir con la esperanza de que todos tenían algo bueno dentro de sí, y él mejor que nadie debería de saberlo, pues su hermano era una clara muestra de la falsedad de las personas.

Parpadeó un poco aturdido, no sabiendo de donde había venido esa idea. Milo sabía que los sueños no siempre eran algo bueno o que podía materializarse, más por experiencia propia que por presenciar algún hecho importante, como en ese momento su tren de pensamientos lo había llevado a pensar en algo que ahora no entendía.

Miró la escena que se desarrollaba frente a sus ojos como un espectador ajeno y decidió, que era mejor marcharse. Después de todo, aquella no había sido su misión... y aún se sentía confundido.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Mar Oct 31, 2023 6:47 pm
por Aioria
Él que podía moverse tan rápido no lo habia hecho, se había confiado. El terrible grito de dolor de Aileen, sofocó el sonido de las bestias devorando a Cora. Dejó caer la copa aferrando el cuerpo de la joven. Por inercia, había arrancado la parte de la espalda el vestido, intentando eliminar el líquido que cayó en ella. La suerte de Aileen consistió en que su hermana sólo tenía vestigios últimos del poder de Circe; el líquido no era tan corrosivo como el que había agujerado el piso.

—Aileen… ¿por qué lo hiciste? Mi cosmos me hubiera protegido… ¡tu espalda!…

Sin embargo, para la delicada piel humana sin protección, el líquido fue agresivo. En varias zonas se había quemado al grado de observarse las capas profundas del músculo de su espalda; donde conservaba la piel se formaron ámpulas. El cuerpo de la joven estaba afiebrado y tembloroso. A futuro, la piel cicatrizada que estaría endurecida limitaría ciertos movimientos. Nunca mejor dicho que en su castigo llevaría la penitencia. Elevó su cosmos rodeándolos de una esfera difuminada de energía, concentrándola principalmente en sus manos sobre la espalda de la muchacha, para detener la hemorragia, mitigar el dolor y estimular a las células para ayudar a sanar.

—Cora… Cora… —musitó Aileen, llorando en el pecho de Aioria.

El caballero se sorprendió por un instante. Esta muchacha no lloraba tanto de dolor propio como de su pérdida. Había sufrido de la crueldad de la ambición de su hermana, quien había tomado su ingenuidad por estupidez y su bondad la había convertido en un arma de manipulación. Ella lloraba su muerte, pese a que hasta antes de morir la había marcado en más de un sentido para toda la vida.

Aioria la abrazó suave y más estrecho evitando sus heridas, recargando su barbilla en su cabeza. Odiaba cuando las misiones se ponían personales.

—Shh… acabó. Ya se acabó… no está sufriendo mas por sus deseos… ni nadie más lo hará por sus manos…

Pese a todo, esta muchacha seguía amando a su hermana traidora. Aunque tenía ira contra sí mismo por sentirse identificado, se dedicó a hacer lo que pensó correcto. El servicio a Atenea no sólo se trataba de impartir justicia, sino de extender una misión de cuidado, piedad y amor al necesitado...

(¡¿Por qué se sintió identificado?!)

Con Circe desaparecida, muchos de los aldeanos volverían a la normalidad; otros se quedarían como animales, debido al largo tiempo que pasaron transformados y con ello perderían su humanidad. Entregaría a Aileen al cuidado de los aldeanos; sabía que estaba arrepentida y estaría en ella confesar o no sus pecados a la gente. Quizá no era un futuro muy prometedor, pero ella era el último vínculo que les quedaba para pedir el favor de Anfítrite. Auxiliada por el poder del santo de Leo, la joven se quedó dormida ya casi sin dolor. Deseo haber traído una capa consigo para cubrirla con ella... levantándola después en brazos, No olvidó la copa. En pasos largos alcanzó a Milo, que ya estaba saliendo del templete.

—¡Milo! —cuando su amigo se detuvo interrumpió también su propio andar. —Estoy en deuda contigo. Si algún día necesitas ayuda, por favor no dudes en llamarme. Muchas gracias por todo y… discúlpame por haberte metido en esto. Créeme que si hubiera tenido otra opción no te hubiera molestado en una misión que se supone debía cumplir yo solo...

Sin duda, su orgullo estaba lejos de estar intacto y por su honor aunque Milo no quisiera, algún día pagaría el favor. Inclinó un poco la cabeza en señal de agradecimiento y respeto. Reacomodó a Aileen y la copa, siguiendo el camino hacia la puerta juntos.

Esta se abrió antes de que él lo hiciera. Temerosos, algunos hombres asomaban la cabeza. Al ver atenienses y la sacerdotisa, con confianza la abrieron de par en par sonriendo y agradeciendo en ovaciones. Ellos debieron ser aquellos que los observaban en el bosque.

Aioria agradeció modesto, dirigiéndose al hombre que lucía más fuerte para darle a Aileen. Sintiendo el cambio, por instinto Aileen despertó aferrandose al abrazar el cuello de Aioria.

—Todo está bien. Tu gente, se encargará de ti. —Miró hacia el hombre. —Deben saber que ella fue pieza clave para vencer a Circe. La pesadilla acabó y no se repetirá. Aferró la copa.

—Aioria...¿es esta la despedida? —el nacido bajo Leo asintió, la joven se abrazó mas fuerte, ocultando el rostro bajo la barbilla del caballero. —Gracias por todo... me has salvado en mas de un sentido. —Lo miró a los ojos, anhelante, temerosa. —¿volverás...a visitarnos?

Entendía lo que quería tras esa pregunta de voz temblorosa; porque le hubiera gustado decir que si.

—No. Mi misión aquí se acabó, pero no con Atenea. Adiós Aileen.

Sin mayor preámbulo la entregó. No miró de nuevo hacia atrás.