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Re: Cabo Circeo

Publicado: Jue Sep 07, 2023 8:13 pm
por Milo
—Te pareces al hombre que estuvo aquí hace unos días —comenzó el niño, sentándose sobre sus piernas—. Dijo que me ayudaría.

Milo supo que se refería a Aioria, y aunque estaba seguro que no se parecían en nada, quizá para los ojos de aquel niño tenían un aire familiar, quizá por tratarse de caballeros de Atenea.

—Me llamo Evan —Milo reparó entonces en la mano que le era ofrecida, sin la brumosa atmósfera de la taberna, pudo ver como parecía una pequeña garra casi como las de…— ¡Woa! —Aioria casi chocó con el niño, ambos con los ojos muy abiertos, las manos de Evan cubrieron su boca, como temiendo haber sido escuchado.

Los ojos de Evan recorrían la figura del caballero de leo. Sus orejas puntiagudas, su pelo desordenado; gruesas lágrimas parecían empezar a formarse en sus ojos, pero sorbió la nariz y se giró hacía Milo.

—¿Es él, verdad? —preguntó, como alguien que sabe de antemano la respuesta, parecía no sorprenderle el hecho, aunque considerando sus rasgos animales más ligeros, pero presentes, no debería extrañarle. Milo asintió.

—Me llamo Milo —señaló con la cabeza a Aioria—. Él es mi amigo Aioria.

—Él estuvo aquí antes —respondió el niño. Le contó entonces cuando notó a Aioria en el pueblo, cuando comenzó a aparecer por la taberna. También le contó que lo siguió a la parte este de la Isla, ahí donde antes solía haber un camino, que ahora había desaparecido.

Hace un par de días mientras regresaba de la playa con unos peces que había conseguido capturar, escuchó mucho ruido no lejos de ahí y cuando se acercó un poco, lo vio corriendo. Los hombres grandes de la taberna lo seguían y él –señaló a Aioria- llevaba algo sobre su espalda.

Pero tenía miedo. Había visto como esos hombres se llevaban a muchas personas y nadie volvía y cuando vio a Milo, sentado en el mismo lugar que Aioria ocupara días atrás, supo que podía confiar en él.

—¡Deben rescatar a la señorita Aileen! —finalizó—. Ellos se la llevaron. La tenían encerrada en su casa y no la dejaban salir, pero ayer ¡esos hombres se la llevaron! Dijeron que matarían al que se interpusiera, pero ¡miren lo que nos han hecho!

Mostró sus manos. La tenue luz de la luna le permitió a Milo ver que sus ojos eran casi como los de león de Aioria.

—¿Quién es la señorita Aileen? —Milo miró a Aioria, esperando notar alguna señal de reconocimiento, pero este sólo observaba atento al niño.

—Es la sacerdotisa del templo de nuestra señora Anfítrite. Nuestro pueblo era pequeño, pero sobrevivíamos de la pesca y el poco turismo que llegaba gracias a las leyendas antiguas. Estábamos bendecidos por su protección, no sé qué paso después. Un día la gente empezó a cambiar… —la voz del niño mostró su desesperación—, al principio no lo notamos, pero después, las personas que nos visitaban comenzaron a desaparecer.

—¿Sabes a donde la llevaron? —Evan negó con la cabeza. Milo miró a Aioria, interrogándolo con la mirada. Esperaba que eso que el niño les había contado fuera algo que Aioria ya hubiese sabido de antemano y ahora supiera el camino que debían seguir para encontrar respuestas.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Sab Sep 09, 2023 1:55 am
por Aioria
La tristeza del niño le conmovió, puso una pata como consuelo sobre la rodilla del niño, luego, asintió una vez enérgico con la cabeza ante lo dicho por Milo. El olfato, ligado profundamente a los recuerdos, había detonado su memoria aunado a la información del niño. Se dio la vuelta y con sigilo pero rápido, los llevó a la zona más deshabitada.

Se paró frente al niño y lo empujó suavemente con la cabeza antes de continuar; el sitio a donde irían no era lugar para él. Miró penetrante a Milo y luego señaló hacia el niño. El aspirante a santo dorado, entendiendo y compartiendo su preocupación lo enviaría a casa.

Atravesaron la cueva para ir de nuevo al bosque. Había hablado con Aileen; y aunque se guardó información gracias a la sacerdotisa pudo entender muchas cosas.

Guio a Milo a la zona mas densa del bosque. Subieron una formación rocosa, lo suficientemente escarpada para parecer una montaña diminuta. Al descender y bordear una ladera había una puerta entre un muro de piedra tallada; sabía que del otro lado estaba una casucha de roca que era para los guardias que custodiaban la prisión más adelante; no era mas que una especie de galera.

En la tierra había agujeros donde metían a los prisioneros en sitios donde apenas si podían sentarse y cerraban sobre las cabezas las rejas. Quedaban así expuestos a las inclemencias del clima. La verdadera prisión estaba dentro del complejo.

Aioria estuvo en las galeras exteriores, sólo una noche; mientras se burlaban, lo habían mojado con una sustancia viscosa y de olor raro en varias ocasiones. Sacudió la cabeza para concentrarse en el presente. No es como si pudiera decirle al santo del escorpión las cosas como ocurrieron.

Se contentó con dibujar en la tierra unas líneas lo más parecido que pudo a rejas, señalando con la cabeza hacia el muro. Quizá la sacerdotisa podría darle mejores referencias una vez rescatada; ya daría a Milo advertencias conforme siguieran.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Mié Sep 13, 2023 4:22 pm
por Milo
Sacudió su cabeza, luego de inclinarla para mirar el dibujo de Aiorira en la tierra.

Sintió un poco de vértigo cuando intentó levantar la cara, por lo que apretó los párpados un par de veces, luchando contra la sensación.

Evan los había dejado poco antes de entrar a la cueva. Una vez que se encontraron frente al muro de mármol de lo que parecía ser un palacio griego antiguo, Milo miró alrededor, tratando de ver por donde podrían pasar. Aunque lo más remarcable era el montón de variados animales que paseaban en los jardines, siendo que en ninguna otra parte de la isla se habían topado con tantos.

Comenzaron a abrirse paso por los pasillos desiertos, Aioria valiéndose de su reconocimiento previo, guió a Milo por pasajes seguros, en donde no se toparon con obstáculos o alguien que pudiera detenerlos. En algunas ocasiones existió la necesidad de ocultarse, pues era mejor que un combate directo en tanto no encontraran a la chica.

Una sacerdotisa, había dicho Evan, de la deidad a la que solían adorar y que ahora parecía haberlos abandonado a su suerte. Tropezó con el último escalón mientras bajaban por unas escaleras de piedra a lo que parecía ser un sótano, habilitado como prisión.

Caminaron un poco más, Aioria adelantándose a penas unos pasos, valiéndose de su forma animal para no levantar sospechas, por fortuna no había nadie en el lugar, por lo que Milo se atrevió a hablar.

—¿Aileen?

Re: Cabo Circeo

Publicado: Lun Sep 18, 2023 8:39 pm
por Aioria
La joven no estaba en las prisiones externas; se escuchaban en ellas lamentos de varios animales distintos. Aioria había recordado bien a Aileen; aunque mucho más débil, podía sentir el rastro de su cosmos. Entonces debían ir a la zona inferior.

Miró varias veces hacia atrás, verificando que el otro santo dorado aún lo siguiera. Fingió no ver cuando Milo, había hecho una pausa mas larga de lo necesario para levantar la cabeza; o escuchar el sonido de su trastabillar en el escalón. No estaba muy seguro cómo lo tomaría el otro, si es que le mostraba su preocupación. Esperaba se tratara sólo del cansancio del caballero y no que el apeste de hierbas e incienso en la taberna fuese lo que le afectara.

Sus orejas se movieron cuando Milo, llamó a la muchacha. Se adelantó cuando su nariz captó por fin un suave perfume a hierbas y madera que se le hizo conocido, incluso cuando se mezclaba con el apeste de la mugre y orina del sitio.

Por un momento su visión se puso nebulosa y tenía esa rara sensación de que se alejaba del sitio, aunque su cuerpo no se moviera. Se aferró a cada uno de sus sentidos e hizo oración a la diosa, para que le diera luz a su mente y no se perdiera justo en ese momento.

—¿Hola? - surgió una voz en la celda al fondo, que ancló su razón. Mientras se acercaba hacia la celda, después de un susurro de tela frotándose contra el piso, Aioria pudo ver un par de manos delgadas con gruesas uñas negras, envolviendo los barrotes.

—Oh... —se encontró con la mirada de la joven; ella lo contempló un poco como valorándolo.— Aioria... volviste. —Dijo cansada. La pobre muchacha estaba sucia, pálida y demacrada. Al parecer por algún motivo esta gente podía reconocerlo. Ella extendió la mano con la palma hacia arriba, como se haría para llamar mansamente a un animal receloso.

Se sintió un poco ofendido, pero aunque ella sonreía, sus ojos tenían lágrimas contenidas; parecía muy triste y quería consolarla. Fue breve; se acercó y permitió que ella acunara su rostro y le dejó que frotara su cuello con las yemas de sus dedos. Si fuese humano, la sangre se le notaría en la cara. Por algún motivo desde que la conoció sus ojos de gacela lo habían cautivado; ¡ahora literalmente parecían los de una!

Se alejó de inmediato para dejar de estorbar y que Milo trabajara en liberarla, mientras retornó cerca del pasillo para montar guardia. En el fondo del pasillo lateral al que estaban se abrió una puerta ; se alarmó al ver que un par de individuos grandes, con marcados rasgos humanoides de un rinoceronte y un tigre entraron. Ellos ¡no desprendían ningún cosmos!. Se agazapó escondido a la vuelta de la esquina de su pasillo y sacó los dientes; acomodando los cojinetes en sus patas para saltar en cualquier instante, aunque ellos apenas entraban a lo lejos. Su corazón retumbaba poderosamente en su tórax, con la amenaza de peligro inminente y deseo de atacar para protegerse y a su manada.

Sabía que tenía que dar la vuelta y alertar a Milo. Que no era seguro enfrentarlos en su condición; como tampoco con ello poner a la sacerdotisa en peligro, cuando Milo tuviese que desviar su atención. Pero su mente se puso en blanco cuando el instinto ganó.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Lun Sep 18, 2023 9:30 pm
por Milo
Permaneció de pie un par de metros alejado de la escena que se desarrollaba frente a sus ojos. La forma en que la chica miraba a Aioria, como si se tratase de una persona querida. Entendió entonces que el caballero de leo había hecho más en ese lugar de lo que había creído en un principio y por alguna extraña razón la labor que estuvo realizando se vio truncada.

Se acercó luego de que el momento pasara, sintiéndose un poco intruso y miró a la chica. Pudo ver los ojos completamente negros de la joven.

—Muévete un poco hacia atrás —pidió. Lanzó una de sus agujas contra la cerradura de la reja, abriéndola, la chica salió del cuarto de la celda y masculló un agradecimiento.

Agachó por un segundo su cabeza, mientras la sacudía un poco, cada momento que pasaba se sentía más mareado y empezaba a percibir como sus músculos se adormecían. Escuchó que Aileen soltaba un grito cuando su cuerpo fue arrojado contra la puerta de la reja y los barrotes lo golpearon.

Intentó levantarse pero unas manos demasiado grandes y con dedos como garras se cerraron sobre su cuello. Llevó sus propias manos hasta los brazos que lo apresaban, e intentó apartarlos de si, pero no pudo.

¡No podía utilizar su cosmos!

Trató de patear a aquel que lo inmovilizaba, pero su fuerza también estaba reducida, entonces, una mancha amarilla se abalanzó sobre el sujeto que lo estaba ahorcando, escuchó como el hombre profería un alarido para luego soltarlo, Milo cayó al suelo y se apresuró a levantarse.

—¡Aileen! —gritó a la chica, quien en ese momento mordía el brazo del sujeto que parecía tener el rostro deformado como si se tratase de un rinoceronte, se soltó y corrió hacia donde estaba Milo.

El sujetó se acercó hasta ellos de nuevo y Milo lo golpeó, estrellando su puño contra su cara, echó su cuerpo hacia atrás y ladeándolo un poco, flexionó su brazo para golpear con el codo en el estómago del hombre que continuaba acercándose.

Aioria seguía sobre la espalda del otro sujeto, enterrando sus garras haciendo al tipo rugir por el dolor, cuando Milo se giró para mirarlo, vio como el hombre lo agarraba y lo lanzaba contra el suelo. Aileen corrió hacia Aioria y lo ayudó a levantarse.

Eso pareció calmar un poco al pequeño león, que giró su cabeza para mirar a Milo.

—¡Sácala de aquí! —gritó, interponiéndose entre los hombres y las escaleras hacia la salida.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Lun Sep 18, 2023 11:42 pm
por Aioria
Cuando recobró la razón, Aileen lo ponía en pie y su cuerpo casi convulsionaba en espasmos de dolor. Su boca sabía a sangre. Se percató primero de que otra costilla se había fracturado, como si alguien lo hubiera golpeado y el efecto analgésico que Milo incitó, se había disipado.

Escapar era todo lo que había hecho desde que lo transformaron y estaba harto de ello. Su dignidad como caballero se sentía dañada. Preferiría morir peleando incluso en esta piel pero…

Milo se notaba agitado. No podía darse el lujo de ser un estorbo sólo por su ego; o al menos no poner a la joven en riesgo. Echó a correr cojeando de una pata, escuchó sus pasos de la joven detrás de él. Salió de las celdas subterráneas atravesando el patio donde estaban las galeras. Cuando estaban cerca de la puerta le hizo un gesto para que ella saliera.

—¡No!— replicó. —No me iré sin ti, no puedes hacer nada por él así, déjame… ¡Au! —se quejó cuando casi cayó. Aioria se paró en sus patas traseras empujándola. No podía perder tiempo, aunque fuera como una distracción, ayudaría a Milo. Un caballero no puede abandonar a otro; primero moriría.

—Por favor, no seas necio, yo puedo ayudarte.

Por sus lesiones, Aioria no fue lo suficientemente rápido para evitar que ella se agachara y lo tomara de la piel trasera del cuello, él forcejeo en el piso se retorciéndose para zafarse, pero no lo lograría sin herirla y era lo que menos quería. Finalmente ella se agachó rodeándolo con un brazo y uniéndose después el otro, en un abrazo duro, lo apretó fuerte para que no se escapara.

Aioria soltó casi un alarido de dolor y movió las patas en el aire, lo que ella confundió con frustración y apretó más. Muy probablemente no se daba cuenta del terrible daño que le hacía. Él sintió como si una enorme pared blanca le cayera encima y perdió el conocimiento. Aileen se asustó, pero sintiendo el corazón de él retumbando sobre el pecho de ella, se calmó.

Cuidadosa de no ser observada, la sacerdotisa cruzó parte del bosque con rapidez, siendo su rasgo animal de ayuda en la carrera. Incluso pudo perder a un bestiamorfo con rasgos de mono, que la persiguió un tramo por los árboles. El pequeño León inconsciente que yacía en sus brazos, se tornaba cada vez más pesado para ella y tenía que parar para darle un tirón hacia arriba y reacomodarlo. Había algo que parecía dolerle, porque se quejaba en cada ocasión que ella saltaba para evitar tropezar, aún dormido.

Jadeante, atravesó el bosque para llegar a una lagunilla. Con dificultad cargó a Aioria bajo un brazo, retirando con el otro, ramajes que cubrían la entrada a un pasadizo.
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Cuando Aioria despertó, se encontró con la extraña particularidad de que el techado traslucía y se movía en ondas; sombras zigzagueantes pasaban en el. Pudo notar que los pilares se terminaban justo donde estaba esa especie de…techo de agua.

Paladeo notando un sabor suave a hierba en la boca. Estaba encima de paja sobre un altar de mármol. Avergonzado, se dio cuenta de que Aileen acariciaba su cuerpo, con las manos brillantes de un aceite al igual que su propia piel peluda. Intentó levantarse pero ella lo detuvo.

—Sólo espera, por favor.— Susurró, mientras recitaba en voz armoniosa algo como un poema en una lengua parecida al griego, que no reconocía. Aioria se sentía extraño, con la piel hormigueando, pero con una sensación agradable que lo durmió al instante de nuevo.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Mar Sep 26, 2023 3:09 am
por Milo
Milo había recibido un golpe en la base del estómago que lo había lanzado contra la pared por la fuerza empleada. Había bloqueado un par de patadas que fueron directo a su rostro y él alcanzó a noquear el hombre con rasgos de rinoceronte antes de que tres sujetos más aparecieran.

Dos de ellos se arrojaron contra él y eran tan fuertes que aunque Milo logró esquivar a uno de ellos, el golpe que le soltó al otro apenas y lo hizo ladear la cabeza, aunque fue suficiente para sujetarlo del brazo y torcérselo hacía atrás, con un rápido y firme movimiento hasta que sintió el hueso crujir.

El tipo soltó un alarido y Milo lo lanzó al suelo, antes de tener a dos más encima de él, tirándolo al piso, uno de ellos se subió encima y aprovechando que había caído de frente, aplastó su cabeza contra la dura piedra. Alguien sujetó sus piernas y antes de que pudiera empujarse, otro tiró de sus brazos. Sintió el tirón de sus coyunturas cuando movió sus extremidades para intentar soltarse y se dio cuenta de cuan frustrante era pelear sin poder utilizar su cosmos y con la desventaja de número.

—No lo maten, será un buen sacrificio —escuchó la voz de una chica, por un momento pensó que se trataba de Aileen, sonaba parecido, pero no pudo despegar su cabeza del suelo. El agarre pareció aflojarse un poco cuando aquellos hombres pusieron atención a la dueña de aquella voz, por lo que tiró con una de sus piernas tan fuerte que logró zafarla del agarre al que era sometido y logró patear en la cabeza a uno de los sujetos.

Alcanzó a moverse lo suficiente para mirar desde el suelo a la chica.

¡Era Aileen!

O por lo menos Aileen sin los rasgos de gacela.

La chica le sonrió, al notar su frustración, entonces se inclinó para hacerle oler un extraño aceite dulzón. Entonces... perdió la consciencia.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Mié Sep 27, 2023 5:34 am
por Aioria
El dolor en su tórax se había calmado. Su cabeza estaba sobre algo suave y en dóciles caricias alisaban su cabello. Al abrir los ojos lo primero que vio fue su propia mano. Incrédulo, extendió la palma frente a sus ojos. Entre sorprendido y feliz, giró la cabeza aún recargada, encontrándose con los ojos normales de Aileen. Ella lo ayudó a incorporarse; la cabeza de Aioria había estado reposada en su regazo.

El caballero se sentía dichoso con su cuerpo humano, pese a estar desnudo y sólo cubierto en su parte media por una tela ruinosa para proteger su pudor, o quizá por respeto al templo.

—¿Te encuentras mejor ahora?

—Si, Aileen, gracias a ti.— su voz salió ronca por el desuso. Sonrió tomando su mano y besó sus nudillos.— No se cómo lo hiciste, pero te estaré eternamente agradecido. —dijo con la voz cariñosa.

—Te entregaré la fórmula escrita para que también sepas cómo; aunque un sacerdote tendrá más éxito en ello por el lenguaje antiguo. No tienes nada que agradecer,— dijo bajando la cabeza avergonzada— después de todo fui culpable de que te transformaran. Lo siento mucho.— Ella apretó fuertemente la manos de Aioria.— Yo le creí y ella…lo que no te dije… —balbuceó—mi hermana… me engañó. ¡Todo empezó por esa maldita copa! –murmuró mas para sí.

—¿Qué quieres decir?
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Aioria mentiría si no se sintiera... decepcionado y triste. Pero se enfocó.

—¿Es ella quien me hizo eso, entonces?, ¿fue quien te encerró?

Evitando su vista, la joven apretó los labios y asintió, alejando sus manos de las de él, apretó su vestido. Le contó entonces más de su historia con su hermana.

—Fue a causa de esa pérfida diosa, tal como pensaste desde el principio. —culminó el relato.— Lamento haberte desviado de la verdad… tuve fe en que la palabra de mi hermana era cierta, pero fue cambiando con el tiempo, hasta que finalmente yo estaba siendo manipulada. Nuestra señora Anfítrite aunque no ha reencarnado, nos reveló una profecía: habrá batallas pronto y se afectará a la tierra.

Se levantó, caminando hacia el altar. Tomó un frasco con líquido rojizo oleoso y un papiro.

—Ayudamos a la corrupta porque nos hicieron creer que era por el bien del futuro de muchos pueblos y su protección en contra las batallas que se han vaticinado. Ella necesita de la energía desatada a través de los sacrificios rituales; tardaría mas tiempo en volver ya que requiere de numerosos sacrificios; excepto si encontrara uno más digno. Una persona cuyo poder vital al ser debidamente preparado, sacrificado y consumido por las llamas, le fuera drenada la energía; le daría poder y carne en este mundo. Un sacrificio justo como tú…lo siento.

—O alguien como Milo. Puedo perdonarte que me hayas engañado por el bien de tu hermana, pero no el que a causa de tu ceguera, hayas permitido que su injusticia dañara a tanta gente. Sin embargo… será tu diosa quien te juzgue. No perdamos más tiempo; tengo que ir por Milo y detener a Circe.

También tendría que recuperar después la armadura. Elevó su cosmos y partió.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Mié Oct 04, 2023 2:16 am
por Milo
Sintió cierta pesadez al intentar moverse. Sus ojos probablemente estaban vendados y él atado, por eso no pudo hacerlo a pesar de que lo intentó.

—Has despertado —escuchó la voz en tono alegre de la chica, aunque no pudo mirarla y tampoco podía sentir si manaba algún tipo de cosmoenergía de ella—. Creí que todo sería más complicado cuando tu amigo escapó.

Esperó paciente a que la mujer siguiera hablando, mientras intentaba mover sus muñecas para aflojar sus ataduras.

—Se convirtió más rápido de lo que esperé y estos inútiles a mi servicio no pudieron detenerlo —no estaban solos entonces, estaba recostado sobre una superficie dura, por lo que con seguridad podían observar sus intentos por liberar sus manos, aunque eso no importaba—. ¡Pero estás tú! Casi es una pena que deba sacrificarte, serías un buen caballero para nuestro ejército ¿Me pregunto en que te transformarías tú?

Milo sintió unas manos sobre su rostro, ladeando su cara, una uña arañando sobre los rasguños que le había hecho Aioria, y aunque le ardió, sólo apretó la mandíbula.

—Quizá un tigre. O un lobo —escuchaba la diversión en su voz y cuando un par de dedos comenzaron a restregarse sobre sus labios, tiró con fuerza de su cabeza hacia un lado para evitar el toque. Ella rió.

—Pero mi señora necesita tu poder. Yo lo necesito —sus labios fueron otra vez separados y el líquido dulzón que antes había probado volvió a invadir sus papilas gustativas—. Tu amigo olió nuestra poción durante casi dos meses. La estúpida de Aileen nos lo entregó en bandeja de plata. Contigo habrá que apresurarnos un poco.

Aunque Milo intentó escupir el líquido, fue obligado a tragarlo lo cual le provocó un poco de tos. Entonces escuchó que la chica comenzaba un extraño rezo en griego antiguo; apretó sus ojos, tenía que sacar fuerza de algún lado, él no quería verse convertido como Aioria.

Y si la transformación de su compañero había obedecido a su signo... ¡no! ¡él no quería ser un pequeño escorpión!. Bueno, quizá uno gigante si, con enormes dientes, de esos devora hombres de las leyendas antiguas. Rió para sí ante tal estúpido pensamiento en un momento como ese, pero debía admitir que sería divertido, atravesar a un enemigo con su enorme aguijón.

Apretó sus dientes cuando sintió un fuerte dolor en el pecho. Estaba a punto de gritar cuanto lo sintió.

La energía que se acercaba era tan fuerte que incluso con la restricción de sus poderes podía sentirla. No necesitaba mirar el resplandor dorado para saber de quien se trataba.

Aioria.

Había recuperado su forma humana y su cosmos.

Re: Cabo Circeo

Publicado: Mié Oct 04, 2023 3:56 am
por Aioria
La ira del guerrero bullía en Aioria. Contemplar usar una sagrada armadura dorada para luchar en contra de tan ridículos oponentes, lo hubiese hecho reír y negarse a usarla (si pudiera, por supuesto); pero no podía perder tiempo preciado, con la esperanza de que Milo, no fuese aún sacrificado se apresuró.

Flechas y jabalinas fueron lanzadas desde todos los puntos posibles. Alertados por el cosmos del caballero, los soldados bestiamorfos se habían congregado casi en su totalidad, atacando en pos del beato de Atenea. La energía del joven, estaba extendida a su alrededor formando un amplia aura protectora que rechazaba los ataques rudimentarios y protegía a la sacerdotisa, que caminaba en pasos presurosos detrás de él.

Alrededor de diez soldados humanoides, probablemente más movidos por el instinto de su lado animal que por valor, osaron intentar combate cuerpo a cuerpo, cuando no funcionaron los primitivos a distancia. Aileen se agazapó a su espalda en busca de protección y cerró los ojos. El caballero también lo hizo, pero más buscando no ver tan patética escena.

Sabía que estas eran personas que habían sido transformados por Circe y eso les hubiera merecido piedad; pero parecían tener conciencia y no eran del todo víctimas pues peleaban por ella; entonces eran traidores de su pueblo y de su gente. Justo antes que desde por el cielo y la tierra llegasen a él, el caballero generó una explosión con su cosmos haciendo añicos a los más cercanos; la onda expansiva generada alcanzó al resto, terminando el trabajo de manera inmediata.

En medio de la destrucción, Aileen se quedó observando con una mezcla de miedo y respeto a aquel guerrero que parecía diferente al hombre amable que conoció, mientras Aioria continuaba su paso dentro de la fortaleza, derribando oponentes. Ella le indicó el camino hasta llegar a un patio central, en donde se encontraba el templete de sacrificios rituales.

La imagen era escalofriante. Era un patio semicircular rodeado de columnas; al fondo en la sombra había un trono de piedra. La iluminación era escasa con pocas antorchas y la luz celeste del techo abierto. Había recargados en los pilares troncos gruesos en forma de cruz, en los extremos atados por los brazos, estaban colgando cadáveres putrefactos con partes faltantes de sus cuerpos; despojos no distinguibles, sin saber si fueron humanos o bestias. Los pilares y el suelo tenían manchas marrones de sangre seca. A la izquierda había una construcción parecida a un pozo de ancha embocadura y a su lado una hoguera apagada.

Milo yacía atado en el centro sobre una plataforma, acosado por una mujer de espalda a ellos haciendo oración en palabras desconocidas. Cundo volteó al ser interrumpida, observó que era muy parecida a Aileen; pero sin duda alguna cubierta por un corrupto cosmos divino.

—Aléjate de él. —Aioria ordenó tajante, deshaciéndose a su vez de los últimos siervos visibles con ráfagas de energía.

—¡Oh! —contestó la mujer, alargando burlona la vocal; la ráfaga que se dirigía a ella, antes de tocarla fue devuelta a Aioria y este la detuvo con sus manos hasta que se disipó. —Hermanita, por un momento pensé que tendría que matarte; pero me lo vuelves a ofrecer, ahora en bandeja dorada.

Su fría carcajada odiosa resonó, mientras ella caminaba. Su mano nunca dejó el cuerpo del caballero de Escorpio, propinando una larga caricia a lo largo del cuerpo, mientras rodeaba la superficie donde Milo se encontraba. Después de algunos metros ascendió los escalones hasta el trono.

Aioria a su vez avanzó, posicionándose entre el cuerpo de Milo y aquella mujer espeluznante. Estaba extrañado de que ella hubiera obedecido. Debía tramar algo.

—Estás equivocada hermana. —Aileen se acercó mientras tanto a Milo, poniendo su mano en el pecho de él en un intento de consuelo. —Reconozco mi error y la gran Anfítrite después me juzgará por ello. Pero ahora con dolor en mi corazón, es a ti a quien entrego con el fin de salvar tu alma y a las personas a quienes has… hemos hecho tanto daño.

Una espantosa doble carcajada sonora vino desde la mujer, como si fuesen dos y no una quienes estuvieran sentadas en el trono.

—Oh cariño, siempre tan estúpidamente cursi e inocente. ¡Tú ibas al fin por tan buen camino!. —Bebió de una copa dorada; recordaba su descripción de anteriores relatos de Aileen. Aioria comenzó a avanzar a ella. —Hasta que este pobre imbécil vino a lavarte la cabeza con absurdas ideas Atenienses. Como sea ya no estoy interesada en él y pagará por haber diezmado mi ejército. ¡Vengan a mí, Sagrados Bestiamorfos! Los invoco en nombre de Circe.

La copa brilló. Elevó ambos brazos por encima de su cabeza. Aioria se detuvo antes de ascender por la escalera. El aire se volvió pesado y una explosión que dejó una humareda se disipó pronto, para mostrar sobre la escalinata un Minotauro y un Centauro del doble del tamaño del caballero, ataviados con algo parecido a coloridas armaduras sacras.