Re: .:: Somnus ::.
Publicado: Lun Mar 11, 2024 11:03 pm
Había estado tan absorta hablando a la estatua de hielo, que no se percató de que alguien más estaba en aquel lugar y en consecuencia, no pudo ocultar un pequeño brinco producido por el susto inicial.
- ¡Mi señor!
En cuanto dijo esas palabras, una bola de nieve de origen completamente desconocido fue a golpear a la roca que estaba sobre su cabeza, haciendo que sus restos cayesen sobre ella. Phantasos comprendió por qué había pasado eso, aunque era bastante problemático justo en ese momento.
Tuvo un instante en el que consideró la posibilidad real de estar delirando o abducida en una extraña alucinación... pero había cosas que simplemente se sabían, sin tener claro el por qué. Ésta era una de ellas.
Hypnos nunca había estado en su castillo en sus más de dos mil años de vida... ciertamente, tal acontecimiento debía haber sido completamente diferente. Debía haber entrado con los honores que se merecía y haber sido recibido en presencia de todos los sueños que allí habitaban postrados ante él... pero claramente ya no había que preocuparse sobre eso.
Respiró hondo con cierta resignación y simplemente aceptó la situación. En cualquier otro momento se habría levantado y se habría arrodillado frente a Hypnos... pero no lo hizo. Simplemente miró como se acercaba desde su posición sentada en la nieve y apoyada en aquella roca que apenas se elevaba un poco más de medio metro desde su cabeza. Antes de que el dios siguiese avanzando, levantó ambas manos hacia su señor en señal de que se detuviese o que simplemente esperara a recibir una explicación.
- De todas las salas en las que nos podríamos haber encontrado, estamos en la más... complicada.- Le explicó con calma pero con una sonrisa sincera. Estaba feliz por verle allí, no podía negarlo. Las cosas no habían ido tan bien como le habrían gustado en su anterior aventura y sabía que Hypnos ya había gastado muchos cartuchos de paciencia para con ella. Pero su presencia allí ya era una muestra importante de buena voluntad y lo apreciaba.- Yo la creé... pero tiene sus propias reglas y hay que aceptarlas si queremos permanecer aquí indemnes.- Lo pensó un instante. Lo último que le faltaba, es que su señor saliera de allí con un bolazo de nieve recibido a traición y pensando que la culpa era de ella.
1. No se puede usar el cosmos, así que es básicamente como si fuésemos humanos... a excepción de las pequeñas transformaciones que no soy capaz de controlar.
2. Aquí solo somos TÚ y yo. No hay jerarquía.- Dijo remarcando mucho la palabra TÚ.
3. No se puede mentir en esta sala. En consecuencia, tampoco se pueden tomar represalias en el exterior.
¿Estás de acuerdo? Si no... siempre podemos salir e ir a un lugar más... digno.
La diosa no podía ocultar lo graciosa que le resultaba la situación. Escapaba totalmente a la previsión que habría tenido de una primera visita de Hypnos a su palacio.
*Flashback
- De acuerdo, no se vale usar la magia o tendrías mucha ventaja, tenemos que ser iguales en esta sala en todos los aspectos, así que eres humana.- Explicó el niño mientras jugaba con la nieve de sus pies.
- Eso es prácticamente imposible, hay cambios que ni yo puedo controlar a veces.
- Vale, pero solo los que no puedas controlar.
- Hecho- murmuró Phantasos, siendo consciente de que eso dejaba abiertas muchas posibilidades.
- ¡¡No se vale engañar!!- Le replicó el pequeño.
- Demasiado listo... vaaaale.
- Y no te puedes vengar cuando salgamos.
- No pensaba hacerlo... probablemente.- Admitió con algo de duda.- Pero vale, tienes mi palabra.
En ese instante, una bola de nieve fue a impactar directamente sobre la cara de Phantasos. Se quitó los restos que quedaban con su mano, tal y como había prometido, y de pronto todas esas normas cobraban sentido en su cabeza. De fondo podía escuchar las carcajadas del pequeño. Una risa demasiado contagiosa, por lo que Phantasos tuvo que contenerse para no carcajearse como loca. En vez de eso, abrió los ojos de forma desafiante hacia el pequeño, que podía sentir la aventura que iniciaba en ese momento.
- Corre...
Se mantuvo expectante a la respuesta de Hypnos, esperando que no la tomase por loca tras escuchar aquellas normas. Phantasos era consciente de que aquella sala y las reglas creadas por un niño no serían las que sometieran al dios del sueño. No era tan poderosa ni el dios tan sumiso, pero quiso pensar que, al igual que ella, Hypnos las aceptara aunque solo fuese por una cuestión de “honor” o de “palabra”.
Finalmente el dios asintió. Ahora venía lo más complicado, que era dejar atrás miles de años de trato cortés para, simplemente, tratarlo como a uno más de su particular familia. Phantasos dio un par de palmadas en el suelo junto a ella, haciendo que algo de nieve se aplastara.
- Lo siento, sé que no es el sitio más cómodo, pero os aseguro...- al decir aquellas palabras se oyó un crujido a la lejanía, procedente de unas montañas nevadas.-... pero te aseguro...- corrigió Phantasos- que es el sitio más seguro, lo sé por experiencia. Como te he dicho, yo creé la sala, pero fue él quien hizo ciertos ajustes para que fuera más entretenida.- Explicó mientras señalaba la estatua de hielo del niño.
Observaba cómo Hypnos se sentaba junto a ella y algo en su interior agradeció que él estuviese allí, de esa manera. A pesar de todo, podía sentir que había un muro invisible entre ambos. No podía señalar razones concretas, más allá de que había dejado de llamarla “Phantanasos” para dirigirse a ella como todos los demás, pero había una cierta tensión que había arrastrado desde el río de sangre hasta aquella sala.
- Me has preguntado quién es él- dijo de forma pensativa- Yo diría que “un tesoro robado”. Un niño particularmente talentoso y con un grandioso potencial para el reino de los sueños que me fue arrebatado en el cráter de un volcán.- No entró en detalles, sabía que Hypnos había visto lo ocurrido en aquel corredor.- Pero aún es mucho más que eso. Es mi confidente, quien aún hoy consigue sacarme una sonrisa... y también el recuerdo presente de que encariñarse con humanos puede traer terribles consecuencias a los inmortales.
Mientras hablaba, poco a poco su cabello iba cambiando de color y algunas facciones de su rostro cambiaron ligeramente. Aquella figura que se mostraba ante él, no le era desconocida, pero hacía milenios que no la había vuelto a ver:
Era la Phantasos real. La que él un día había creado. No era morena, ni con ojos con heterocromía. En realidad eran unos ojos tan claros que se fundían con el lila y el azul indistintamente.
Hypnos solo había visto esa apariencia en muy pocas ocasiones, todas próximas a su “nacimiento”. Después había cambiado a un estilo casi completamente opuesto para nunca más volver a su forma real.
La oniro respiró hondo. Su señor no había ido allí para hablar del niño o de las particularidades de la sala del hielo. Retrasar lo que parecía evidente, solo lo haría más difícil.
- Nunca quise subestimarte, ni dañar tu orgullo de dios.- Lo dijo con suavidad y con un claro tono de disculpa. Hablaba despacio, pendiente de las reacciones de su señor.- ¿Cómo podría? He sentido de primera mano el poder que albergas y he contemplado las proezas que puedes llegar a hacer desde hace miles de años.- Sonrió levemente.- Creí que Rhiannon se enfadaría al escuchar hablar “mal” sobre los dragones y que podría aprovecharme de que no me conocía lo suficiente para guiarla. Creí que tú nos intentarías detener y te enfadarías conmigo por mi actitud, un pequeño ataque y ya. Montábamos en dragones, cruzar el río no debería habernos llevado más de un minuto. Parecía algo sencillo y manejable.- Se detuvo un instante bajando la mirada hasta sus manos.- Me equivoqué y lo lamento. Estaba tan preocupada por lo que podría aparecer después del río, que no pude prever lo que pasaría... y el resultado no fue en absoluto lo que quería.- Levantó finalmente la mirada para fijarla en la de Hypnos.- El problema, es que yo también tengo mi propio orgullo de diosa- volvió a sonreírle. Quería una charla pacífica de la cuál aprender, pero era un tema delicado de abordar y si se descuidaba podría no ser visto así por el dios.- Hay un punto frustrante en el hecho de saber que no puedes proteger a quien quieres, porque básicamente eres mucho más débil que él. Cuando llegué a la sospecha de lo que el río de sangre hacía, quise protegerte a ti y a Rhiannon, quise que no tuvieras que enfrentar la idea o las consecuencias de tener que hacernos daño a ella o a mí. Sé que debía ser tu decisión, que es parte de lo que implica comandar, pero...
Dudó un instante. Aún podía sentir la furia y la decepción que había emanado del dios en aquel momento, aunque después había intentado contenerla. Era difícil hablar sobre ello sin que acabase derivando en un reproche.
- ¿Tan... malo es... que me preocupe por tu bienestar?
- ¡Mi señor!
En cuanto dijo esas palabras, una bola de nieve de origen completamente desconocido fue a golpear a la roca que estaba sobre su cabeza, haciendo que sus restos cayesen sobre ella. Phantasos comprendió por qué había pasado eso, aunque era bastante problemático justo en ese momento.
Tuvo un instante en el que consideró la posibilidad real de estar delirando o abducida en una extraña alucinación... pero había cosas que simplemente se sabían, sin tener claro el por qué. Ésta era una de ellas.
Hypnos nunca había estado en su castillo en sus más de dos mil años de vida... ciertamente, tal acontecimiento debía haber sido completamente diferente. Debía haber entrado con los honores que se merecía y haber sido recibido en presencia de todos los sueños que allí habitaban postrados ante él... pero claramente ya no había que preocuparse sobre eso.
Respiró hondo con cierta resignación y simplemente aceptó la situación. En cualquier otro momento se habría levantado y se habría arrodillado frente a Hypnos... pero no lo hizo. Simplemente miró como se acercaba desde su posición sentada en la nieve y apoyada en aquella roca que apenas se elevaba un poco más de medio metro desde su cabeza. Antes de que el dios siguiese avanzando, levantó ambas manos hacia su señor en señal de que se detuviese o que simplemente esperara a recibir una explicación.
- De todas las salas en las que nos podríamos haber encontrado, estamos en la más... complicada.- Le explicó con calma pero con una sonrisa sincera. Estaba feliz por verle allí, no podía negarlo. Las cosas no habían ido tan bien como le habrían gustado en su anterior aventura y sabía que Hypnos ya había gastado muchos cartuchos de paciencia para con ella. Pero su presencia allí ya era una muestra importante de buena voluntad y lo apreciaba.- Yo la creé... pero tiene sus propias reglas y hay que aceptarlas si queremos permanecer aquí indemnes.- Lo pensó un instante. Lo último que le faltaba, es que su señor saliera de allí con un bolazo de nieve recibido a traición y pensando que la culpa era de ella.
1. No se puede usar el cosmos, así que es básicamente como si fuésemos humanos... a excepción de las pequeñas transformaciones que no soy capaz de controlar.
2. Aquí solo somos TÚ y yo. No hay jerarquía.- Dijo remarcando mucho la palabra TÚ.
3. No se puede mentir en esta sala. En consecuencia, tampoco se pueden tomar represalias en el exterior.
¿Estás de acuerdo? Si no... siempre podemos salir e ir a un lugar más... digno.
La diosa no podía ocultar lo graciosa que le resultaba la situación. Escapaba totalmente a la previsión que habría tenido de una primera visita de Hypnos a su palacio.
*Flashback
- De acuerdo, no se vale usar la magia o tendrías mucha ventaja, tenemos que ser iguales en esta sala en todos los aspectos, así que eres humana.- Explicó el niño mientras jugaba con la nieve de sus pies.
- Eso es prácticamente imposible, hay cambios que ni yo puedo controlar a veces.
- Vale, pero solo los que no puedas controlar.
- Hecho- murmuró Phantasos, siendo consciente de que eso dejaba abiertas muchas posibilidades.
- ¡¡No se vale engañar!!- Le replicó el pequeño.
- Demasiado listo... vaaaale.
- Y no te puedes vengar cuando salgamos.
- No pensaba hacerlo... probablemente.- Admitió con algo de duda.- Pero vale, tienes mi palabra.
En ese instante, una bola de nieve fue a impactar directamente sobre la cara de Phantasos. Se quitó los restos que quedaban con su mano, tal y como había prometido, y de pronto todas esas normas cobraban sentido en su cabeza. De fondo podía escuchar las carcajadas del pequeño. Una risa demasiado contagiosa, por lo que Phantasos tuvo que contenerse para no carcajearse como loca. En vez de eso, abrió los ojos de forma desafiante hacia el pequeño, que podía sentir la aventura que iniciaba en ese momento.
- Corre...
Se mantuvo expectante a la respuesta de Hypnos, esperando que no la tomase por loca tras escuchar aquellas normas. Phantasos era consciente de que aquella sala y las reglas creadas por un niño no serían las que sometieran al dios del sueño. No era tan poderosa ni el dios tan sumiso, pero quiso pensar que, al igual que ella, Hypnos las aceptara aunque solo fuese por una cuestión de “honor” o de “palabra”.
Finalmente el dios asintió. Ahora venía lo más complicado, que era dejar atrás miles de años de trato cortés para, simplemente, tratarlo como a uno más de su particular familia. Phantasos dio un par de palmadas en el suelo junto a ella, haciendo que algo de nieve se aplastara.
- Lo siento, sé que no es el sitio más cómodo, pero os aseguro...- al decir aquellas palabras se oyó un crujido a la lejanía, procedente de unas montañas nevadas.-... pero te aseguro...- corrigió Phantasos- que es el sitio más seguro, lo sé por experiencia. Como te he dicho, yo creé la sala, pero fue él quien hizo ciertos ajustes para que fuera más entretenida.- Explicó mientras señalaba la estatua de hielo del niño.
Observaba cómo Hypnos se sentaba junto a ella y algo en su interior agradeció que él estuviese allí, de esa manera. A pesar de todo, podía sentir que había un muro invisible entre ambos. No podía señalar razones concretas, más allá de que había dejado de llamarla “Phantanasos” para dirigirse a ella como todos los demás, pero había una cierta tensión que había arrastrado desde el río de sangre hasta aquella sala.
- Me has preguntado quién es él- dijo de forma pensativa- Yo diría que “un tesoro robado”. Un niño particularmente talentoso y con un grandioso potencial para el reino de los sueños que me fue arrebatado en el cráter de un volcán.- No entró en detalles, sabía que Hypnos había visto lo ocurrido en aquel corredor.- Pero aún es mucho más que eso. Es mi confidente, quien aún hoy consigue sacarme una sonrisa... y también el recuerdo presente de que encariñarse con humanos puede traer terribles consecuencias a los inmortales.
Mientras hablaba, poco a poco su cabello iba cambiando de color y algunas facciones de su rostro cambiaron ligeramente. Aquella figura que se mostraba ante él, no le era desconocida, pero hacía milenios que no la había vuelto a ver:
Era la Phantasos real. La que él un día había creado. No era morena, ni con ojos con heterocromía. En realidad eran unos ojos tan claros que se fundían con el lila y el azul indistintamente.
Hypnos solo había visto esa apariencia en muy pocas ocasiones, todas próximas a su “nacimiento”. Después había cambiado a un estilo casi completamente opuesto para nunca más volver a su forma real.
La oniro respiró hondo. Su señor no había ido allí para hablar del niño o de las particularidades de la sala del hielo. Retrasar lo que parecía evidente, solo lo haría más difícil.
- Nunca quise subestimarte, ni dañar tu orgullo de dios.- Lo dijo con suavidad y con un claro tono de disculpa. Hablaba despacio, pendiente de las reacciones de su señor.- ¿Cómo podría? He sentido de primera mano el poder que albergas y he contemplado las proezas que puedes llegar a hacer desde hace miles de años.- Sonrió levemente.- Creí que Rhiannon se enfadaría al escuchar hablar “mal” sobre los dragones y que podría aprovecharme de que no me conocía lo suficiente para guiarla. Creí que tú nos intentarías detener y te enfadarías conmigo por mi actitud, un pequeño ataque y ya. Montábamos en dragones, cruzar el río no debería habernos llevado más de un minuto. Parecía algo sencillo y manejable.- Se detuvo un instante bajando la mirada hasta sus manos.- Me equivoqué y lo lamento. Estaba tan preocupada por lo que podría aparecer después del río, que no pude prever lo que pasaría... y el resultado no fue en absoluto lo que quería.- Levantó finalmente la mirada para fijarla en la de Hypnos.- El problema, es que yo también tengo mi propio orgullo de diosa- volvió a sonreírle. Quería una charla pacífica de la cuál aprender, pero era un tema delicado de abordar y si se descuidaba podría no ser visto así por el dios.- Hay un punto frustrante en el hecho de saber que no puedes proteger a quien quieres, porque básicamente eres mucho más débil que él. Cuando llegué a la sospecha de lo que el río de sangre hacía, quise protegerte a ti y a Rhiannon, quise que no tuvieras que enfrentar la idea o las consecuencias de tener que hacernos daño a ella o a mí. Sé que debía ser tu decisión, que es parte de lo que implica comandar, pero...
Dudó un instante. Aún podía sentir la furia y la decepción que había emanado del dios en aquel momento, aunque después había intentado contenerla. Era difícil hablar sobre ello sin que acabase derivando en un reproche.
- ¿Tan... malo es... que me preocupe por tu bienestar?