Este es un bar que se alza a pocos metros del Mediterráneo, en una ensenada turística griega donde el mar golpea suave contra el muelle de madera. Es de noche, pero no oscura: faroles antiguos iluminan la costa con una luz ámbar que se refleja en las olas tranquilas. El aire huele a sal, ron y madera húmeda.
El local parece más la bodega de un viejo barco que una cantina común. Las paredes están revestidas con tablones curvados, como el casco de una nave. Redes de pesca cuelgan del techo, entrelazadas con boyas, brújulas oxidadas y faroles de latón. Detrás de la barra hay un timón auténtico, gastado por los años, clavado como símbolo de mando.
La clientela es variada, pero el ambiente es sereno:
marineros retirados que juegan a las cartas en una esquina,
turistas discretos que beben vino blanco mirando el mar,
algún viajero solitario que observa más de lo que habla.
No hay gritos, no hay caos. Solo conversaciones bajas y el sonido constante del oleaje filtrándose por las ventanas abiertas.
El cantinero es un hombre grande, de barba gris y brazos como cabos de ancla. Tiene cicatrices viejas en las manos y una mirada dura… hasta que sonríe. Conoce a todos. No necesita preguntar demasiado: observa cómo alguien entra, cómo se sienta, cómo respira… y ya sabe qué servir.
Las botellas detrás de él no están ordenadas por marca, sino por historia: bebidas traídas de puertos lejanos, licores artesanales, rones oscuros, vinos que no aparecen en menús turísticos.
Cuando alguien cruza la puerta por primera vez, suele decir sin levantar demasiado la voz:
-Aquí no servimos prisa… solo lo que el cuerpo necesita-
Era de las razones por la que Drake, el general Dragón Marino, suele venir para refugiarse cuando los exigentes protocolos militares le dan una oportunidad para reconectarse con el mundo. Si bien es cierto que su rango le otorgaba el beneficio de partir cuando quería, el respeto por su señor Poseidón era lo que hacía que sus salidas fuesen más escasas. O eso pensaba, pues luego del renacer de su señor bajo el nombre de Isios, algo había cambiado en él, incluso en pensamientos trataba elegir las palabras adecuadas para referirse a su señor.
Sentado en la esquina de la barra, casi aislado del resto personas, el peli azul meditaba cabizbajo mientras algunos de sus mechones cubrían parte de su rostro, al parecer tenía pocos días en la superficie, lo cual se evidenciaba el crecimiento de su barba, este estuvo todo el día trabajando en el puerto cercano llevando mercancía, todo para alimentar su fachada de trabajador informal, con su típico t-shirt negro sin mangas que deja ver su estado atlético y su pantalón azul oscuro desgastado, su aspecto cansado no fue por la jornada de hoy, sino de su mente luchando con la contradicción de lo que Isios representa para él, un señor de las sombras más que un benevolente gobernante de los mares, evitando constante y tajantemente rayar en la herejía.
Por ello, para evitar una muestra de insolencia a su señor, irrespeto a sus camaradas, sobre todo a su mejor amigos Nestor, General de Hipocampo, Drake se tomó la libertad para irse a caminar el mundo, como si estuviese buscando reconectar su deber como defensor de los mares, tal vez el guerrero estaba pidiéndole peras al Olmo, tal vez solo debería dejar que el alcohol arrastre esos pensamientos entre trago y trago, aunque dificil para alguien con un sentido del deber tan agudo.
El hombre se queda absorto mirando el mar hasta donde las luces del local le permiten ver, sintiendo la brisa marina y el roce de las olas en la madera del muelle, ciertamente relajante para él.
El mar sigue allí. Paciente.
Como si le escuchara.
Abrió los ojos y ya era de noche. Estaba de pie en medio de una callejuela vacía, miró a los alrededores tratando de ubicarse pero no reconoció el sitio. Un gato corriendo detrás de una rata la hizo mirar hacia abajo a la izquierda. El suelo estaba empedrado, ligeramente bañado en rocío, probablemente porque era de noche y el mar estaba cerca, reconoció el aroma a sal y el ambiente bochornoso.
¿Qué diablos pasa?... - Musitó. Comenzó a caminar sin rumbo fijo, trataba de reconocer el sitio en vista de que su cerebro no comprendió como había llegado hasta ahí. Lo último que recordaba era estar frente a Rodust, luego algo la jaló, eso provocó que se revisara palpándose físicamente para descartar que estuviese herida.-
Al menos estoy "bien". – Expresó con resignación reanudando su paso.-
Se detuvo frente a un muelle a observar la luna, estaba totalmente llena y el sonido de las olas golpeando la playa suavemente le hizo tranquilizarse. Observó con atención, había faroles antiguos iluminando la costa, siguiendo la vista, sus pasos le llevaron a un lugar que parecía un barco viejo en donde se alcanzaban a escuchar el sonido de cristales y voces.
¿?
Intentó abrir la puerta pero era pesada, la madera crujió cuando ejerció presión sobre ella pero apenas si se movió unos escasos centímetros. Alcanzó a ver que había luz en el interior, el decorado era típico de las actividades de pesca pero no supo porqué le vino una sensación extraña que la hizo retroceder medio paso haciéndola dudar.
En el instante que retrocedió, pasó un hombre corpulento casi atropellándola, abrió la puerta de par en par mientras anunciaba su entrada animosamente.
¡HEY, PHILLIPE!, ¡¡¡YA REGRESÉ!!! – El hombre se unió a un grupo de personas en una de las mesas, riendo estrepitosamente y chocando los vasos con bebidas.-
...
La inercia la hizo entrar, cayó en cuenta cuando la puerta se atrancó detrás de ella volviéndose a cerrar. Ahí quedó desconcertada, observando el entorno por algunos instantes, buscando instintivamente evaluar si aquello era una amenaza o no.
-Aquí no servimos prisa… solo lo que el cuerpo necesita-
La frase la hizo mirar en dirección a la barra en donde un cantinero se afanaba limpiando un tarro y mirándolo a contraluz para asegurarse que no le quedaran marcas de jabón.
¿Perdón?... – No supo si le habló a ella ya que el cantinero estaba totalmente enfocado en limpiar el tarro y no parecía estar muy interesado en ella.-
Ante la falta audible de respuesta, caminó hacia la barra. Miró a los alrededores, identificando que había varios tipos de personas ahí, desde un grupo de viejitos jugando cartas hasta una pareja bebiendo vino en un rincón o la mesa del grupo ruidoso.
...
El barista la observó mientras se acercaba sin dejar de limpiar el tarro. Le miró de pies a cabeza como si analizara qué clase de persona era ella. Levantó una ceja mientras la veía, tennis negros con la suela húmeda, le indicó que había caminado hasta ahí. Vestía un pantalón gris y una blusa negra de manga corta cruzada al frente, ropa cómoda aunque peculiar a esas horas de la noche en que recibe más que nada pescadores, turistas buscando tener citas o prostitutas buscando turistas.
La mujer por cierto no tenía pinta de prostituta, aunque andaba vestida muy informal había algo en su caminar que denotaba que tenía clase. No llevaba anillo de casada ni accesorios, excepto por un collar discreto que terminaba en una piedra, que sí que llamó su atención. No solo porque adornaba el sutil y hermoso escote de la dama, sino también porque estaba amarrada con un humilde lazo de cuero alrededor de su cuello. Pero mientras pasaba por una de las ventanas el brillo platinado de la luna refractado en la piedra con tintes entre verde y azul, no le dejó dudas.
Era de un material precioso.
Alguna vez su abuelo le contó que alguien le había pagado una noche de excesos con una pepita de algo parecido. Podía decir que de mucho menor calidad a juzgar por el brillo del metal y el acabado, aún así les había sido suficiente para renovar el bar y comprar un barco.
“Oricalco”… - Recordó en silencio volviendo su atención hacia ella, intrigado.-
No parecía estar ahí para ver a alguien, tenía buen cuerpo, piel clara y labios sensuales, la media sonrisa que esbozó sin querer se congeló para cuando llegó hasta el rostro de la mujer. Ella ya se había dado cuenta que la miraba y el brillo penetrante de sus ojos celestes mirándolo de vuelta, haciéndole saber sin palabras que no era de su agrado que la escudriñara tan descaradamente lo tomó desprevenido.
¡EJEM!... - El hombre carraspeó disimulando, mirando por n-ésima vez que el tarro no tuviera marcas de jabón. Ante la mueca de fastidio de la castaña.-
Finalmente el barista dejó el tarro junto a los demás detrás de él y un tanto brusco antes de que ella pudiera decir algo, le puso enfrente una copa de vino.
Hace mucho que no venían por aquí y hoy hay dos. Supongo que es mi noche de suerte. – Completó ofreciéndole una gran sonrisa para casi llenar la copa con un vino tinto.- Va por cuenta de la casa. Tómelo como una sincera disculpa, de éste humilde servidor.
Espere yo no… - No alcanzó a completar la frase porque el barista dejó la botella al lado de la copa y se retiró a calmar a los que estaban en la mesa haciendo escándalo y riéndose a carcajadas.- ¿Hay dos qué?...
Ante la retirada de aquél hombre se reacomodó en el asiento. Apoyó el codo de su brazo derecho en la barra apoyando la barbilla en su mano, sujetó el delgado cristal de la copa de vino frente a ella con sus dedos. Resopló incómoda sin saber como reaccionar. Todo era demasiado extraño y le costaba hilar sus pensamientos para encontrar explicaciones convincentes. Quizá la opción en ese momento era simplemente aceptar la copa y dejar de pensar tan arduamente si esque eso era posible para ella.
Demonios -__-U... - Espetó con un suspiro.-
Hasta ese momento fue que vio a un hombre barbón en la esquina de la barra, quizá a unos 3 asientos de donde estaba ella. Fue difícil verlo porque estaba casi en penumbras, al inicio pensó que quizá estaba ebrio, tenía la mirada perdida hacia una de las ventanas pero luego de unos instantes, por alguna razón se identificó con la expresión en su rostro.
Una era difícil. - Dijo con un suspiro profundo para luego darle un gran trago al vino, esto la hizo atragantarse porque nunca tomó antes, así que no sabía que el vino es algo que se disfruta con calma.- ¡>o<U!
Te prometo que si voy a morir. Haré de mi muerte... ¡La esperanza perfecta!
El bullicioso ambiente resultó ser muy relajante para Drake, formaba un excelente ruido blanco que le permitía hundirse en el interior de sus pensamientos.
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En ese momento Drake se encontraba frente a su pilar, se podía ver a si mismo arrodillado frente a la figura de Isios, el nuevo soberano de los mares. Drake estaba incomodo pensando que su señor debía ser un dios luz, sabiduría y vida, contrario a lo que sus ojos tenían de frente, un hombre siniestro, tanto como los abismos marinos, de voz siniestra, el rechazo fue peor al enterarse tiempo después que las bestias marinas que azotaron el Reino Marino eran de su autoría le provocaron mayor rechazo ante ese contenedor que podría haber sido un mejor Hades y esa afirmación le resultaba menos repugnante.
Pero sobre todo, lo que más indigna al guerrero es atreverse a pensar en esas cosas, más cuando se jactaba de ser uno de sus soldados más leales, el que daría vida por el reino.
Las preguntas que afloran desde su mente: Vale la pena seguir a Isios? Vale la pena seguir siendo su general? Quien es Drake para pensar en alzarse contra su señor? Acaso Poseidón se equivocó?
Drake se encuentra sumergido en un mar de tinieblas, mientras esas preguntas comenzaban a ensordecerlo, tanto que el trance en que estaba sometido por la calma del lugar comienza a resonar.
Hasta que algo hizo que levantara mirada de golpe, sus ojos se abrieron grandes, tuvieron una leve chispa de cosmos, sumamente fugaz, había dejado de observar el mar, dejó su jarra de cerveza, estrujó sus manos en su cara como tratando de convencerse de que estaba despierto, echó para atrás su pelo con ambas manos buscando despejar su visión, luego miró hacía el techo de la taberna unos momentos, como si dejase de cargar con el peso de un transatlántico sobre sus hombros y tomara un descanso, dejando escapar un leve rebuzne de obstinación, mezclado con resignación. En ese momento algo le hizo mirar al otro lado de la barra donde sus ojos se encontraron una mujer, Drake no pudo establecer cuanto tiempo llevaba ahí, no pudo evitar sentir algo de bochorno, pues hace unos instantes entendió que estaba solo y por ello podía liberar algo de su frustración.
Los problemas internos de Drake no eran obstáculo para mostrarse respetoso ante la dama, tomó su jarra y la levantó un poco dando a entender un saludo y un gesto de brindis, acto seguido cortó contacto visual para un sorbo grande a su trago, este cerró los ojos para apreciar en silencio las facciones delicadas de la joven, así como su atuendo y posiblemente interpretar su situación, pues su postura aunque serena daba a entender que este no era su lugar, Drake no le dio tanta importancia pues cuando vino la primera vez el tampoco pensó que este sería su lugar, tiempo al tiempo pensaba en sus adentros.
Pero el alivio que le dio no pensar en si, sino pensar en la situación de esa mujer terminó desapareciendo cuando por nueva vez se enfrentaba a su problema interno, rápidamente dio un sorbo largo de su jarra, mientras presionaba su otra mano en el mostrador, mientras más alcohol tomaba, más lentamente iba aflojando su otra mano, para un guerrero de su clase, el alcohol perdía efecto rápido, pero en esos escasos momentos podía dejarse vivir.
Tras terminar todo el trago, coloca suavemente la jarra en el mostrador, este busca con la mirada al cantinero el cuál en un momento hace contacto visual, entiende que Drake quería otra ronda más. Y así lo hizo, retiró la jarra de Drake, dejando una nueva, además siguiendo su instinto con las personas no dudó en decirle a joven con su característico humor:
Veo que te fue muy bien en la jornada, podrías beberte el mar si pudieras jajaja!-Y más que tomarlo como una burla, Drake lo tomó como un cumplido, que le hace sonreír queriendo mantener el momento ameno.
Si, pero no hay jarra tan grande para que quepa un mar, tal vez una ánfora podría funcionar.-Ripostó con una voz calmada y amena, el cantinero golpea el hombro de Drake en aprobación, en eso decide acercarse más al joven guerrero.
Oye, notaste a la joven del otro lado?-Al escuchar la pregunta Drake asintió mientras observa su jarra.Vi por un momento que te echó el ojo, no deberías ser tan arisco con la gente, muchacho.-Este comentario le causó mucha gracia a Drake quien sonrió levemente mientras daba su sorbo al trago.
En estos días, lo que más busco es tener un dolor de cabeza, no ser el dolor de cabeza de alguien más, lo digo porque nadie que quiera problemas toma vino.-Comentó en confianza con el cantinero, a lo que el hombre se ríe pensando que lo que dice es producto del alcohol y no de la tormenta interna que maneja el peli azul.
El hombre se aleja de Drake para atender a un nuevo visitante que llegó reciente, mientras se desplaza con la jarra que era de Drake, pasa donde estaba la joven despampanante para dejarle la botella completa de vino.
Todos lidian con algo a su manera, ja ja!-Le dice de manera amable y agrega mientras se retira: De parte del míster simpatías del fondo, jaja!
Fue lo ultimo que le dijo a la mujer antes de recibir a la nueva clientela, Drake por otro lado arquea una ceja al ver que su comentario fue malinterpretado o quizás manipulado, nunca se sabe como operan los costeños, decide darse otro trago largo.
¿?... ¡Oiga! – Se giró en el banco siguiendo la trayectoria del cantinero que se desplazó sin detenerse para recibir a más gente. Era inútil… Regresó a la misma posición girando despacio el banquillo. Se topó con la nueva botella de vino, apenas le había dado un trago a la copa que le sirvió originalmente y no le había sido del todo agradable.
...
Miró al fondo de la barra, siguiendo la dirección desde donde el barista había regresado para dejarle la botella. El hombre en penumbras ya se había echado el cabello hacia atrás y aún así no alcanzaba a distinguirlo entre tantas sombras. Solo percibía abiertamente el brillo de la jarra de vidrio grueso que sostenía, centelleando de forma intermitente cuando seguramente la levantaba para darle un trago.
¡Pfff!... - Resopló molesta consigo misma. No pudo evitar sentirse mal. Toda su existencia había convivido con la obscuridad y jamás antes tuvo problemas para ver o percibir nada, en éste momento ni siquiera con la escaza luz del alumbrado de la cantina podía distinguir al que identificó como el “simpatías del fondo”.-
Probablemente, de todos modos no habría servido de mucho, eso de distinguir entre las sombras.
Las habilidades sociales nunca habían sido su fuerte así que el simple hecho de entablar conversación con un extraño cuando no tenía un propósito fijo como una misión o … una misión, resultaba terreno totalmente desconocido y por demás incómodo. Aunque claro, era socialmente funcional de ser necesario no por nada Akonel la había elegido para ser la matriarca…
O al menos eso prefería pensar.
¡Señor… Simpatías! – Dijo, llamando brevemente la atención del hombre del fondo. Levantó la copa hacia el extraño diciendo con los labios “Salud”. Le dio un trago al vino para completar el ritual, supuso que eso sería suficiente para agradecer por la botella y cubrir el protocolo “social”.-
La palabra era clara y breve a menos que no hablaran el mismo idioma, lo cual podría ser un inconveniente… Si, ahí estaba de nuevo sobre-pensando las cosas…
“¿Qué más da si no habla mi idioma?...” – Pensó mirando el líquido rojo intenso dentro de su copa antes de darle otro sorbo, esta vez apenas tocó el líquido con los labios, el sabor amargoso ya no fue tan intenso y pudo percibir el aroma a uva fermentada.-
¿Mmm?… - Expresó con un dejo de aprobación mirando el líquido dentro de la copa.-
Y ahí entonces, no pudo evitar evocar el color de la sangre aunque ésta era más vibrante. Por instinto se llevó los dedos de la mano izquierda a los labios debido a que sintió un poco del sabor metálico, ese que tantas veces saboreó en incontables peleas y misiones.
Se llevó luego la mano a la frente y cerró los ojos mientras se masajeaba la sien tratando de clarificar sus caóticos pensamientos. Quizá con algo de suerte recordar lo que sucedió en los últimos 10 años.
…
Absorta en su propio mundo, repasando mentalmente todo lo acontecido desde que había despertado en el piso del templo de cáncer. Volvió a recargar el mentón en la palma de su mano, su mirada se tornó melancólica y ausente mientras recapitulaba en que casi el 90% de los sucesos recientes no habían dependido para nada de ella.
Eso era una situación angustiante para una persona con tanto control. El calor tenue del alcohol ingresando a su cuerpo la hizo bajar un poco la guardia, después de todo aunque había mucha gente alrededor, realmente solo estaba ella ahí. Se sintió como cuando paseaba en el Yomotsu, aunque estaba el sitio atiborrado de espíritus y muertos, realmente no había otro ser vivo además de ella en el plano espiritual que custodiaba. Quizá si lo pensaba… Sentirse cómoda en esas circunstancias era un poco triste.
Jm… - Negó con la cabeza mientras sonreía sutilmente. –
Ya ni siquiera tenía eso… Sin su cosmos, toda su existencia estaba en duda. Si no podía luchar, si no podía aplastar las estrellas con la fuerza de sus puños, si no podía invocar espíritus y leer las energías ocultas entre las sombras… ¿Qué era?.
…
Apretó el puño sin querer y el mango frágil de la copa de cristal se quebró obligándola a salir de su estupor. Malabareó en su asiento brevemente para sostener la parte superior de la copa evitando que se desparramara todo el líquido sobre la barra.
Ajjj!...¡Qué torpe!... – Se dijo presa de la frustación. No tenía juez más cruento que ella misma. Aunque se arrepintió de ser tan dura casi en el momento en que la última letra abandonó sus labios. Quizá porque la herida auto-inflinjida en la palma de su mano le recordó que al final seguía siendo lo que nació siendo…
Solo un ser humano.
Levantó la mirada buscando al cantinero o algo al alcance para limpiar el pequeño desastre.
Te prometo que si voy a morir. Haré de mi muerte... ¡La esperanza perfecta!
Tras terminarse trago Drake entendió que debía pasar, el alcohol no le funcionaba lo suficiente, los efectos le pasaban bastante rápido, algo que le fastidió un poco.
¡Señor… Simpatías!-Que se escuchó del otro lado de la barra hizo que hiciese contacto visual con aquella mujer, al parecer el gesto del vino, fue de su agrado, o eso le dio a entender al guerrero, el cual contesto el gesto de salud, aunque su jarra estaba vacía, no importaba tanto, la luz tenue del lugar no dejaba ver las cosas con claridad, a lo mejor ella solo notó una silueta entre tanta oscuridad.
A medida que el alcohol se metabolizaba en su sistema este recuperaba algo de lucidez, podía ver que aquella dama también navegaba en sus propias penumbras, un mal día, un desamor? Se lo que sea terminó llamando la atención de Drake al verle tensa, que tanto que se lastimó la quebrar la copa que sostenía en sus manos.
Esto hizo que se levantase hasta donde ella, para el hombre era incomodo que notara que sus pasos eran un poco torpes, el alcohol se iba rápido pero no tanto como esperaba, cuantas habrán sido? 10, 15 cervezas? No importaba.
Tanto el peli azul y cantinero se acercaron a socorrer a la castaña. Estas copas ya no son como antes, es la 3ra del mes, comienzo a pensar que son de mala calidad.-Vociferaba el cantinero con visiblemente molesto; con delicadeza y respeto le retira la copa de las manos a la joven. Son cosas que pasan...-Agrega Drake, mientras saca un pañuelo blanco de su bolsillo y cubre la herida de mujer, así mismo con sus manos desnudas retira los cristales evitando cortarse también, el cantinero hace un gesto y Drake le pasa los trozos.
El cantinero regresa con otra copa y le pasa un trapo para limpiar el desastre, le devuelve amplia sonrisa vuelve a servirle vino a la joven agregando: Ahí está! Disfrute señorita!
Contrario a su actitud distante, este decide sentarse cerca, a un banco de distancia de la castaña.
Por eso siempre vengo aquí, no importa quien seas, hay un espacio para ti. Te encuentras bien?-Le dijo Drake con una voz tranquila, no está bebiendo más, para el no fue la solución que esperaba, honestamente tampoco esperaba que lo fuera.
Drake la mira de reojo mientras pasa su mano sobre su rostro, se da cuenta que tiene la barba algo descuidada, se levanta e intenta observarse en un espejo que estaba del otro lado del mostrador, hace una leve mueca de disgusto, el tiempo como Marinas le obligaba a tener la cara limpia como el mármol blanco, no tiene problemas con el pelo largo por su casco, pero la barba? Podrá sentirse un hereje pero no un cavernícola.
Con resignación toma asiento para acto seguido posar su mirada a la joven, da un breve vistazo, como si sus sentidos volvieran a aclararse, nota en detalle su atuendo, facciones de la cara, la forma en que está arreglada, no tiene una opinión sobre ella, al parecer ella está centrada en sus asuntos como lo está Drake, no cree preguntarle le ayude a tener una solución, ni el mismo tiene las respuesta a los suyos.
Lo lamento, he sido algo indiscreto...-Aparta la mirada buscando no ser tan invasivo con la mujer, aunque reconoce que le causa intriga su presencia en este lugar.
No se habían terminado de mezclar las gotas de sangre con el vino cuando de súbito el señor simpatías salió de las penumbras con decisión, quizá por eso se tropezó un poco con las sillas a su paso. Por el flanco opuesto y casi a la par el barista se acercó también velozmente.
Por instinto, la mujer se irguió y levantò las manos casi a la altura de su rostro. Para cualquiera habría sido simplemente un intento por ocultar la vergüenza sino fuera porque se levantó bruscamente del banco y adoptó una postura con un pie frente al otro como quien reacciona para esquivar un ataque.
Estas copas ya no son como antes, es la 3ra del mes, comienzo a pensar que son de mala calidad. -Vociferó el barista.-
La castaña dió un medio giro cuando él pasó de largo sujetando la copa de su mano.
Son cosas que pasan. -Externó el extraño al momento en que extendía un pañuelo.-
Pasaron algunos segundos antes de que soltara el resto de la copa y relajara la mano para que el hombre de la barba colocara un pañuelo sobre su herida.
Miró a uno y a otro solo con el movimiento de sus ojos, frunciò el seño ligeramente al momento en que el de la barba retiraba los restos de vidrio de la palma de su mano, hasta ese momento le llegó una señal peculiar a su cerebro.
"No es un ataque."- Se dijo a si misma.-
Siguió los movimientos del extraño detenidamente ya que era el más próximo pero de soslayo estaba alerta con respecto a la posición del barista.
Probablemente el extraño habría sentido la tensión y quizá por ello retrocedió dejando un asiento vacío de distancia.
Ahí está! Disfrute señorita!.
La copa nueva rebozada fué colocada frente a ella, hasta entonces se atrevió a parpadear exhalando el aire que contuvo instintivamente poniendo duro su cuerpo.
Por eso siempre vengo aquí, no importa quien seas, hay un espacio para ti. Te encuentras bien?
De modo muy lento, como un caballo acercándose al borde de un río lleno de cocodrilos para beber agua, tomó con la otra mano el trapo y terminó de limpiar el líquido. El barista había desaparecido entre la gente y solo quedó el hombre del pañuelo.
S...si. E...estoy bien. - Dijo recuperando la compostura, reacomodó la silla y se sentó para luego hacer presión con el pañuelo sobre la herida.-
¿Quién lleva un pañuelo consigo?... - Interrogó algo arisca en un intento de salir de ese estado de hipervigilancia. -
Quizá fué por los tragos de vino que llevaba encima, pero sintió que su rostro se puso muy caliente en respuesta al momento tan vergonzozo que estaba viviendo. La cuarta siempre había ostentado una seguridad impecable, aunque sus acciones tendían a verse abruptas sus movimientos y la expresión en su rostro eran seguros, decisivos. Sin embargo ahi estaba, casi al borde de un ataque de ansiedad, solo porque ante el caos no había podido acudir a su energía vital. Bajó el rostro y sus ojos se nublaron ligeramente.
Gracias.
Completó sintiéndose vulnerable y derrotada de cierta manera. Quizá era hora de aceptar, no que ese era su lugar ya que aun no le había agarrado gusto al vino. Sino mas bien que el santuario no lo era. Eso le provocó un sinsabor muy desagradable.
Tomó un sorbo de vino y alcanzó a ver que el hombre se incomodó brevemente cuando se miró el espejo que estaba detrás de la barra en la vitrina que exhibe los mejores licores del bar. Después de eso, tomó asiento mirándola pero la castaña estaba ocupada observándolo. Ya fuera de las penumbras pudo ver sus facciones, el color azul de su cabello, era joven, no mas de 20 años quizá, aunque lucía algo descuidado por la barba. También notó que era alto, atlético e incluso identificó un ligero enrojecimiento en algunas áreas de su piel quizá por exposición al sol.
Lo lamento, he sido algo indiscreto.
Cuando lo dijo sus ojos celestes se abrieron sorprendidos, seguramente lo djo porque se le quedó viendo, aunque el contacto visual fué breve ya que él desvió la mirada.
Disculpa. - Externò esbozando una leve sonrisa aunque sintió que se le derretiría la cara de la verguenza.-
La realidad es, que las muestras de amabilidad pura y llana... - Hizo una pausa breve.- No son algo común... En estos tiempos.
Habría podido dar más detalles, decir que en su vida había conocido pocas personas realmente amables aunque casi siempre esa amabilidad estaba supeditada al estatus, su estatus particularmente.
Si lo pensaba un poco, solamente recordaría a dos que genuinamente la habrán tratado bien sin ser dioses y desde ellos ya habían pasado eones. Después de eso, solamente la encarnación de Athena y desafortunadamente la había perdido poniendo en riesgo la existencia de la humanidad.
Si... quizá era muy dura verse como la responsable absoluta de que Athena no estuviese ahi pero ¿Cómo no pensarlo? Eso sucedió inmediatamente después de su nombramiento como la comandante del ejército de la luz...
¿Un espacio eh?. Supongo que es lo que buscamos... Ser parte de algo.
La expresiòn en su rostro denotó angustia y culpa. Levantó la copa y tocó sus labios con el vino buscando hallarle sabor a la bebida en vista de que tenía una botella y media solo para ella.
El instinto de la cuarta se relajó un poco.
Lo... siento. No suelo hablar con gente viva. - Balbuceó un poco meciendo la copa, el peculiar comentario podría decir que tenía un sentido del humor muy obscuro o que quizá trabajaba en una funeraria. -
La mujer observaba como el líquido giraba dentro de la copa, evitó el contacto visual porque se sentía extraña de que hubiera un receptor de su voz, aun así, dada la muestra de atención con el pañuelo, su lógica de una interacción social le dictaba que ameritaba compartir algo y su voz era el medio.
Creo que me hubiera sentido mejor si mi fuerza hubiera roto el vidrio, eso me hubiera dado la sensación de que soy fuerte físicamente. No es nada alentador sentir que un ebrio malhumorado podría degollarme con algo tan chafa.
¡Ah!, pero no me refiero a ti >_< - Expresó con sobresalto cayendo en cuenta que probablemente se pudiera ver aludido, por el lugar y el ambiente.- Lo digo porque no sé ni en donde estamos, ni qué clase de gente hay aquí... - Justo en eso la música cesó y una pareja que estaba en una mesa contigüa la volteó a ver con algo de molestia por el comentario.- ¡No pero, no porque haya gente naca o mala aquí!... - La pareja se puso de pie y se cambiaron de mesa a una más retirada. En ese momento la música continuó y la castaña entendió que estaba empeorando las cosas al tratar de dar explicaciones, optó por encogerse de hombros, recorrerse a la silla al lado del hombre de la barba para bajar la voz la próxima vez que hablara.-
Definitivamente hablar con muertos es más fácil. - Dijo casi inaudiblemente.-
J... Mis amigos me llamaban J. - Le dijo con un dejo de tristeza en sus ojos.-
Volteó su rostro hacia el frente, ahora podía hablarle sin tener que voltear a verlo para leer sus labios en medio del ruido de la cantina y creyó que el protocolo requería que supiera como dirigirse a ella sobretodo si se sentaba justo a su lado. La castaña notó que había saltado de un tema a otro y que además, usando palabras de más; por ello no dudó en liberar al extraño.
No te sientas comprometido, si te incomodo puedes simplemente irte. - Agregó secamente, volviendo a su característica personalidad.-
Te prometo que si voy a morir. Haré de mi muerte... ¡La esperanza perfecta!
El hombre había decidido cerrar los ojos, mantener tanto contacto visual haría que se sintiera con la necesidad de escudriñar más de lo permitido, Drake vino a la superficie para dejar atrás su rol como general marino, no buscaba crear un ambiente de interrogación o suspicacia con la mujer que tenía cerca, aunque los instintos de un guerrero no son fáciles de aplacar a pese la enorme cantidad de alcohol que ingirió, evitaba fuertemente volver a ser Dragón Marino.
Al escuchar la confirmación de que la mujer estaba bien decidió tomar una postura más desenfadada, puso el codo sobre la barra para terminar colocando su mejilla contra su puño, con los ojos todavía cerrados, demuestra tranquilidad con una sonrisa escueta.
Ante la interrogante sobre el pañuelo Drake no supo que responder, solo se limitó a levantar los hombros en señal de irrelevancia ante el origen del pañuelo, decirle a la mujer que era para el sudor o las alergias podría prestarse para una situación desagradable, lo cierto es que el pañuelo era en realidad su capa de General Dragón Marino solo que reducida a dimensiones de un pañuelo, ya que de ser necesario podría devolverla a la normalidad y usarla como señal de autoridad frente a las Marinas sin recurrir a sus Escamas. A veces no dar explicaciones es mejor.
Y por más que intenta no ser suspicaz, pudo sentir en ese ''Gracias'' algo de apertura, el comentario sobre la amabilidad hizo que el peli azul abriese ligeramente los ojos, ese mensaje le había dado a entender que esa mujer se manejaba en un mundo distinto, como si estuviese acostumbrada a estar rodeada de gente falsa o subalternos, desempeñaba algún cargo de gerente? Sus ojos se posaron en ella pero tratando de mantener una expresión serena.
Ante el comentario del lugar al que uno busca pertenecer este le responde: Ah sí, se siente bien, pero que pasa cuando algo te abruma que ya no puedes ser tú sin eso...? Da para pensar un poco...
En cierto sentido la pregunta se la había hecho a si mismo, en el poco tiempo que tiene como General Marino ha tenido que hacer tanto por su reino que le resulta dificil saber cuando es Drake y cuando es Dragón Marino, pero eso tampoco le quitaba el sueño en este momento.
Lo... siento. No suelo hablar con gente viva.-Este comentario hizo que Drake dejara de prestar atención a sus pensamientos, aunque se mantenía con el rostro sereno fiel a su estoicismo, una gota se deslizó desde su sien ante la ocurrencia de la mujer, para evitar que la atmosfera se rompa dice en voz baja: Quizá porque los muertos son más de escuchar... creo.
Analizando su propio comentario, recuerda que le tiene una animadversión a los espíritus... mejor dicho, los Espectros de Hades, el marino sabe de lo que ese reino sombrío es capaz de hacer, el hombre tenía planeado al respecto sin embargo la llegada de Isios al Reino de los Mares supuso un giro brusco de los acontecimientos, el ceño del guerrero se frunce ante cierta frustración, sentía ese pensamiento en bucle, esa...
Creo que me hubiera sentido mejor si mi fuerza hubiera roto el vidrio, eso me hubiera dado la sensación de que soy fuerte físicamente. No es nada alentador sentir que un ebrio malhumorado podría degollarme con algo tan chafa.- El comentario quebró el rostro estoico de Drake, este abrió grande los ojos ante tal comentario, el hombre miraba a todos lados con algo de apuro, pues no sabría que decir, solo optó por devolverle la mirada.
¡Ah!, pero no me refiero a ti >_< - Expresó con sobresalto cayendo en cuenta que probablemente se pudiera verse aludido, sin embargo, Drake solo asintió con la cabeza, percibe que la mujer todavía no baja la guardia.- Lo digo porque no sé ni en donde estamos, ni qué clase de gente hay aquí...
Ante ese comentario, el hombre nota algo de tensión en el ambiente, la música paró abruptamente, hubo ruido de sillas lo que le obligó cortar contacto visual con ella y al fijarse bien ve la cara de disgusto de la pareja que estaba cerca, otra gota cae de su sien por la situación, este solo devuelve una sonrisa al par mientras los ve marcharse.
¡No pero, no porque haya gente naca o mala aquí!...-Esto hizo que el hombre colocara su otra mano sobre el rostro para poder esbozar el blofeo de risa que se le escapó, pero rápidamente se contiene y vuelve a prestarle toda su atención, nota su postura corporal, murmuró algo que no comprendió bien, algo sobre que ''Era más fácil traficar con tuertos'', lo que hizo pensar que era una especie de dicho foráneo, no era el más indicado para señalar extranjeros, el tampoco pertenece a este lugar.
J...-Escuchar esto hace que el hombre preste mayor atención, ambos se miraban fijamente.
Mis amigos me llamaban J.-Parece la mujer se había abierto, al menos con un apodo, Drake por su parte se sentía en un aprieto, tendría que dar su nombre, pues no tiene apodos, tampoco es que sea tan transcendental mantener su nombre en secreto.
Aprovechando que ella cortó contacto visual, el hombre continuó viéndole, notó sus ojos, vio sus labios, continuó bajando por su cuello, casi parecía estar dibujando un mapa sobre su piel, sus ojos se posaron sobre collar, y su mirada se heló, no había notado ese detalle... Oricalco.
Los sentidos de Drake se estaban despertando, se sintió torpe al no ver tan detenidamente a la mujer, el alcohol lo había despistado demasiado, acaso es una Sirena? No, lo hubiese reconocido de inmediato, aunque tiene un buen cuerpo atlético, es una de las razones por lo que descarta la posibilidad de que lo sea, las Sirenas son delicadas con el fin de apelar a instinto machista y protector de los hombres, sobre todo, una Sirena que no sabe donde está ubicada? Es ridículo, estos detalles hacen que la mirada de Drake se vaya cerrando en torno a esa prenda y sobre la identidad de J... Quien es esa mujer realmente?
No te sientas comprometido, si te incomodo puedes simplemente irte.-Dijo sacándole de su estado suspicaz, Drake respiró profundo, exhaló suavemente y se sentó más erguido, su mirada continuaba serena pero algo cambió en él.
Descuida J, no pasa nada, está bien.-Responde con voz amena, el peli azul sopesa que debería calmarse, muchas veces, las respuestas simples pueden ser las más correctas, una simple coincidencia.-Bueno, primero que nada me llamo Drake y para que tengas una idea, estamos en Nauplia, una ciudad en Grecia, a orillas del Golfo de Nauplia, en un bar turístico.
Así que ya sabes que tipo de personas vienen aquí jaja!-No pudo evitar soltar el comentario, mientras le hace un gesto al cantinero para que se acerque, una vez el hombre llega Drake cambia la expresión, mira muy fijamente al hombre, este mantiene la mirada expectante.
Quiero me traiga la bebida más dificil de servir en este lugar...-Dice con voz autoritaria, desafiante, el cantinero muestra una expresión de desagrado ante la petición, pero asiente con la cabeza, ambos hombres mantienen sus miradas fijas, el cantinero procede a sacar un vaso grande vacío de cristal con una mano, con la otra parece estar abriendo un refrigerador y saca rápidamente una gran jarra con agua fresca, cristalina con mucho hielo.
-Aquí tienes!-Luego de un momento Drake le sonríe, el hombre le devuelve el gesto, pues en efecto, la bebida más dificil de servir en un bar es un vaso de agua, Drake procede a servirse una buena cantidad para darse un trago largo.
El gesto tenía una segunda intención, beber agua podría agilizar su proceso de recuperación, el alcohol había sido la razón por la que el hombre dejó ir varios detalles de la mujer, quizá también su apariencia física tuvo algo que ver, el general siempre ha sido muy metódico y autoexigente antes los fallos, entrenar miles de Marinas lo habían forjado de esta forma.
El hombre coloca el vaso en la barra, luego se pasa la mano sobre el cabello, nunca ha sido bueno en la diplomacia o el cortejo, quizá podría ser la mejor oportunidad para entender todas las inquietudes que le causa esta mujer.
Bueno... ya que diste a entender que este sitio te resultaba incomodo, que piensas sobre ir a caminar por el muelle?-Le mira con calma, tal vez salir de este lugar le permita aclarar su mente y hablar más sobre ella.
Le escuchó decir. Se le hizo nostálgico, aunque así se presentó, hacía mucho que nadie se dirigía a ella de esa manera. Siempre estaba un título presente a veces solo el título sin su nombre.
"!Hotaru Sama!..."Escuchó en su mente, la voz suave de Milka. Cualquiera podría haber pensado que la llamaba así porque era una niña y los niños suelen ver a sus mayores con respeto; pero en cambio Hotaru pensaba que la llamaba así porque como diosa, tenía un entendimiento vasto de la natutaleza humana y seguramente sabía que tenía que evidenciar y apoyar su jerarquía entre la élite, ya que no era fácil que una mujer fuese respetada sin ser la diosa Atheniense sin importar su capacidad y experiencia.-
Se llevó una mano a la frente, las palabras de Drake no habían pasado desapercibidas, esas sobre estar abrumado y no poder ser tu mismo. Hicieron eco en su cabeza pero las dejó de lado, quizá porque sin querer había dado en un punto flaco para ella en ese preciso momento.
Bueno, primero que nada me llamo Drake y para que tengas una idea, estamos en Nauplia, una ciudad en Grecia, a orillas del Golfo de Nauplia, en un bar turístico.
Así que ya sabes que tipo de personas vienen aquí jaja!
La risa de la sacó de sus pensamientos, sonrió e hizo una seña en la que unió el dedo índice y el pulgar llevándolos de un extremo de sus labios al otro en señal de que mejor no agregaría nada. No fuera a ser la causa de que los sacaran a golpes, a ella por imprudente y a él por estar hablando con ella.
Después de darle la ubicación, pidió agua ante la mirada retadora del cantinero.
...
Hotaru les miró interactuar entretenida, parecía que tenían una buena relación, quizá tenían mucho tiempo de conocerse. Le pareció refrescante, muy lejos de la rígida diplomacia que la había mantenido tensa y estresada los últimos días. No se había dado cuenta lo cansado que era siempre pensar detenidamente antes de actuar, decir o incluso gesticular cuando hasta el más mínimo detalle podría deteriorar la motivación de sus semejantes para luchar guerras a veces ya perdidas en el papel.
Tenía el borde de la copa en los labios cuando le vino con aquella pregunta.
¿Que piensas sobre ir a caminar por el muelle?
¡Glup! - Pasó el trago con dificultad ya que la tomó por sorpresa.
Antes de responder se le quedó viendo fijamente como si intentase leer sus intenciones, evaluando mentalmente la situaciòn.
Veloz para el pensamiento, inquisitiva y desconfiada. Estaban a poco mas de 130km de Atenas, regresar al santuario sin su cosmos le tomaría un buen de tiempo y quizá todo lo acontecido era una señal para indicarle que debía alejarse, por mucho que le pesara, la cadena es tan fuerte como lo es el eslabón más débil y en su condición probablemente no sería para nada de ayuda.
Suspiró al momento que cerraba los ojos rascándose la cabeza como queriendo sacudirse los pensamientos... enfocándose en la presente invitación ya había recorrido una parte del muelle, calles iluminadas con faroles antiguos, el mar muy cerca, la luz de la luna que ayudaba a la iluminación de las calles empedradas...
Cualquiera hubiera visto que el lugar ofrecía un ambiente romántico; pero ella, lo que veía eran sitios solitarios en donde Drake podría en el mejor de los casos asesinarla o raptarla para encerrarla en un sótano.
Entrecerrò los ojos sin dejar de mirarlo, era evidente que estaba sobrepensando la invitación.
Justo terminaba de amarrarse el pañuelo en la mano, hasta entonces notó que la tela era muy suave, ligera, lamentó haberla manchado de sangre ya que son manchas muy difíciles de sacar. Lo miró de nuevo estudiándolo, lucía descuidado pero se manejaba como una persona decente parecía trabajador y su expresión le daba un aire de tribulación a lo mejor porque ella tardó en responder como sea su conclusión fue que seguramente había trabajado todo el día y buscaba un momento de esparcimiento mas que a alguien a quien matar. Si acaso ella había interrumpido su rutina al aparecer ahí y armar un escándalo con lo de la copa.
Mmmmmm...
De súbito su expresión cambió, esbozó una hermosa sonrisa mirándolo al momento en que se enderezó de su asiento.
¿Por qué no?... Pero me llevaré la botella. - Agregó echándose en la boca lo que quedaba del vino en la copa, la dejó sobre la barra y con la palma de la mano derecha golpeó la madera llamando la atención del barista al momento en que sujetó la botella a medio terminar, poniéndose de pie.-
El barista al otro lado de la barra limpiaba otro tarro meticulosamente pero miró en su dirección cuando escuchó el sonido sobre la madera, le sonrió cuando la miró con la boca inflada por el líquido que aun no se tragaba y respondió con un movimiento de cabeza ante la señal de amor y paz que la castaña hizo con los dedos de la mano del vendaje improvisado antes de alejarse.
La mujer dió un medio giro para zafarse del taburete, hechó sus largos cabellos castaños hacia su espalda, lo que descubrió lo suficiente su hombro izquierdo en donde se alcanzaba a ver una cicatriz aun a medio sanar.
Probablemente por ello el movimiento de su brazo se cortó a la mitad del camino aunque siendo la mano en la que llevaba amarrado el pañuelo podría también atribuirse a que le molestó la herida.
>_<! - Hizo una mueca pero no se quejó.-
Bajó el brazo mas lentamente dejándolo a la altura de su pecho con la mano hacia arriba para ayudar a que la sangre no manchara aún más la fina tela. No eran cosas que pensara, era puro instinto, desarrollado a lo largo de interminables entrenamientos y peleas en las que siempre arriresgaba su vida. Cada acto de auto-preservación, por insignificante que pareciera, en batalla podía ser la diferencia entre la vida y la muerte.
Fué un breve momento que pasó de largo cuando comenzó a caminar dirigiéndose hacia la salida. Como si nada le aquejara se desplazó con pasos seguros, el porte erguido y la mirada decidida hacia el frente.
Aunque emocionalmente su confianza estaba mermada tenía la suficiente capacidad para creer en que podía defenderse en caso de ser necesario. Finalmente su formación bélica no solo trataba del uso del cosmos sino de técnicas de combate cuerpo a cuerpo y siempre se destacó por ser buena en ello. Aunque claro, trataba de tener mas de un plan. Se llevaría la botella para contar con un arma por si Drake resultaba ser un simpático asesino en serie. Algo que usualmente podría ver a través de las capas del espíritu, pero a falta de ello solo le quedaba confiar en si misma y su instinto.
...
Un hombre que estaba cerca de la puerta la abrió al ver que se dirigía hacia afuera, por algún motivo el porte y la seguridad de la dama lo hizo despavilarse unos segundos para hacerlo apresurado. Hotaru con un gesto, agradeció la caballerosidad ya que no podía hablar.
Salió de la cantina. Una vez afuera finalmente se tragó el líquido que llevaba en la boca pero tal vez fué un error porque no había dado ni 10 pasos cuando el aire fresco de la noche le pegó en el rostro y dada su baja tolerancia al alcohol y que su cuerpo aun estaba en proceso de recuperación, de inmediato sintió un mareo que la hizo cerrar los ojos y detenerse para recuperar el equilibrio.
>_<u
Sintió que le dolió todo el cuerpo, sujetó fuerte la botella, empuñando la mano siniestra por el ardor en todos sus dedos, fué un cruel recordatorio de su humanidad y las heridas que la mantuvieron 13 noches inconsciente en el piso del templo de la muerte... Apenas habían pasado 4 días desde eso.
...
Por supuesto que no cayó pero abrió un poco más el compás y separó los brazos de su cuerpo para sostenerse, lo que permitió que Drake le alcanzara y probablemente pensara que ya estaba ebria.
Te prometo que si voy a morir. Haré de mi muerte... ¡La esperanza perfecta!
Para la suerte de Drake la castaña aceptó irse del local a caminar, lo que provoca que una sonrisa, pero no duró mucho al ver como la mujer se adelantó a salir, este no escatima tiempo y le deja el dinero de las cervezas, así como la de la misma botella, el cantinero levanta el pulgar como gesto de aprobación.
Sin embargo, notar las marcas en la piel de aquella mujer le preocupó, eran heridas recientes, alguna operación? no, se veía irregular, por otra parte, ningún médico permitiría que sus pacientes de posoperatorio anduviese de turistas perdidos, Drake vuelve a sopesar de las circunstancias la mujer, obviamente no está tratando con alguien común, el general aprovecha que esta estaba de espaldas para intentar sentir más allá, el peli azul enciende muy ligeramente su cosmos, esperando que su universo interior hiciese resonancia con el de la mujer... Acaso ella era usuario de cosmos también? Sin embargo, no pudo ver nada en ella, su universo no era sobresaliente muy similar a los clientes del bar, peculiar pero irrelevante en cuanto fuerza, Drake pudo haber hecho eso en primer lugar, pero su capricho de querer aparentar ser un hombre normal evitó usar el recurso, pero también existía la posibilidad que al hacerlo la mujer podría descubrir su fachada, ya sin tantas sospechas decide apagar su cosmos.
Drake respiró algo resignado para luego seguirle hasta la salida del bar, donde al cruzar las puertas encuentra a J tambaleante, a lo mejor ya el vino le había hecho efecto, este no disimula algo de preocupación pero la mujer se las arregla para mantenerse equilibrada, la determinación de la castaña sorprende al general de los mares el cual se rasca la barba ante la situación.
-Jeje eres fuerte, oye, no quiero ser indiscreto, pero que te pasó? Esas heridas parecen serias.-El hombre se acerca hasta ponerse en su campo visual a una distancia respetuosa mientras acaricia su barba dando un análisis empírico.- Ya sé!-Exclamó con seguridad mientras deja caer su puño sobre su otra palma.-Eres una atleta y tuviste un accidente reciente, qué disciplina practicas?
El marino estaba considerando cambiar el destino a un centro médico, no piensa que la mujer es indefensa pero sus heridas son a tomar en consideración, aunque no quería ser un aguafiestas tampoco, se tomó un momento para plantearle una nueva situación.
-Verás... soy un turista algo peculiar, me gusta moverme por Grecia trabajando transportando mercancías de los barcos a los almacenes, a veces me voy a otros puertos y descanso en las demás ciudades... Si, un poco raro, pero pagan bien si eres cuidadoso.
Jeje, no tengo residencia en Nauplia, pero al terminar la caminata por el muelle podría decirte donde hospedarte sin problemas.-Concluye cruzándose de brazos observando a J, luego sonríe para agregar.-Qué te parece la idea J?
Jeje eres fuerte, oye, no quiero ser indiscreto, pero que te pasó? Esas heridas parecen serias.
¿Heridas?...-Regresó los brazos a su posición natural solo mantuvo la mano vendada hacia arriba, intentó mirar la cosa en su hombro, la blusa de mangas cortas se había movido cuando retiró el cabello, pero no alcanzaba a ver bien aunque sentía la piel tensa y la molestia se extendía desde ahi hasta la mitad de su espalda.
Ya sé!. Eres una atleta y tuviste un accidente reciente, qué disciplina practicas?
Pffff!, ¡Jajajajajajajajajajaja! - Soltó una carcajada ante la ocurrencia pero fué porque esa explicación resultaba bastante simple con respecto a la cruda realidad. Y bueno, tambien habría tenido que ver el alcohol ingerido. Usualmente la mujer no era alguien que mostrara abiertamente sus emociones, si no lo hacía en confianza cuanto menos con extraños.-
Probablemente Drake no entendió porqué se reía, ya que el comentario no era tan gracioso pero optó por dejar la pregunta al aire y habló un poco de su trabajo y sus actividades, luego concluyó con algo que Hotaru no había considerado.
-Jeje, no tengo residencia en Nauplia, pero al terminar la caminata por el muelle podría decirte donde hospedarte sin problemas.-
¡Carajo!, no había pensado en eso. - Dijo con tono serio.- Cuidame esto, tantito. - Le dijo dándole la botella.-
Esculcó en las bolsas de su pantalón, traia una cartera desgastada la sacó y la abrió pero solo tenía 6 euros y un par de tarjetas departamentales. Volvió a guardarla, palpó su cuerpo por encima de la blusa llevaba una especie de faja que no era mas que un soporte para la espalda que le ayudaba a mantenerse erguida y no ceder ante la incomodidad de sus heridas pero, lo que buscaba estaba en un bolsillo discreto del chaleco lumbar.
Suspiró aliviada cuando lo palpó, saber que ahi estaba era suficiente. En el bolsillo oculto traía un pasaporte y una tarjeta parecida a las de crédito. Si bien, dentro del santuario no les hacía falta comida o casa, el uso del cosmos facilita el desempeño de trabajos en caso de ser necesario pero sin eso, a la castaña solo le quedaba la beca que cada aspirante recibía al ingresar y dado que ella estuvo en el santuario desde muy joven, no era millonaria pero al menos podría subsistir en lo que decidía que hacer.
Tal vez necesite encontrar otro trabajo -_-u...- Se lamentó en voz baja.-
Si algo fallaba, su último recurso era ver si podía acceder al fideicomiso destinado a los de la élite, ese que podían utilizar cuando anduvieran en misiones.
Se giró hacia Drake y le quitó la botella de las manos sonriente.
Ya veremos qué dice Nicté. - Agregó para luego iniciar la caminata por el muelle.- Ps mira, si te cuento a detalle probablemente no me creas o en su defecto pienses que estoy loca, pero ahora que lo dices si soy... Bueno... Era una atleta. Pasé mi infancia y mi adolescencia entrenándome. Mi sueño siempre fué ser LA mejor. - Sonrió aunque su mirada se nubló un poco.-
Eso era casi imposible, verás; en mi disciplina la mayoría son hombres. Siendo objetivos un hombre de forma natural tiene ciertas características físicas que una mujer no. - Lo dijo con total franqueza aunque probablemente una feminista se hubiese ofendido por el comentario.-
Pero eso es lo significativo, porque siempre creí que esforzándome lograría compensar mis desventajas de otras maneras... - Hizo una pausa.-
En fin, creo que es justo decir que si lo logré. Mi objetivo, al menos en mi entorno... Eso pensé...
Se detuvo bajo un farol mirando hacia el mar. La luz de la luna hacía brillar la espuma de las olas y la brisa jugaba delicadamente con sus cabellos. Se recargó en el poste un momento para descansar, aun no podía recorrer muchos metros sin que su cuerpo le pidiera detenerse.
Peeero, ese es el primer error que cometemos las personas, creer que al alcanzar nuestras metas la vida nos va a dar un espacio para disfrutar el logro... Entonces, poniéndolo en contexto, es como si justo cuando mas segura estaba de ello un tren bala me golpeó y pasó sobre mi. - Volteó a verlo encogiéndose de hombros.-
Sonaba a una metáfora, aunque era más como poner en palabras lo que la había hecho perder 10 años del mundo.
Recargó la espalda en el poste y bajó ligeramente el rostro inmersa en sus pensamientos aunque parecía que miraba sus tennis con la suela humedecida por el rocío nocturno.
"Cuando desperté ya no me quedaba nada... Mis compañeros, mi misión, mi cosmos por el que tanto sacrifiqué y trabajé. Y sin el, ya tampoco tengo la dignidad para portar el manto sagrado u ostentar el título que el anterior patriarca me heredó. ¿Quién va a creer que yo... yo sea la sucesora del comandante del ejército de Athena?. Sin duda como beato de élite yo no lo creería"... - Pensó.-
¿Es irónico sabes?... Pero siendo realista ni siquiera yo aceptaría a alguien... Como yooo... - Le dijo mientras con las manos se apuntaba a si misma, burlándose de su situación. Era evidente que tenía heridas mas profundas que aquellas que se veían sobre su piel.- Dentro del "equipo". Así que quizá esto es la caprichosa voluntad de los caprichosos dioses. - Concluyó empinándose la botella y dándole un trago al vino.-
Después de eso volvió a caminar bajo los faroles. Ahi en esa calle solitaria, la neblina había bajado haciendo la visión un poco menos clara quizá creando un ambiente algo sombrío, debido a esa peculiaridad fué mas evidente.
Lo que Drake intento ver en el bar, fué en ese instante más claro, no había ni un atizbo de cosmos... Nada.
Sabía que estaba ahí porque la veía, escuchaba su voz o porque había tocado su mano cuando retiró los vidrios que se incrustaron en su piel pero fuera de eso no se percibía su presencia, ni como una piedra.
Quizá un nigromante la confundiera con un fantasma pero aun los fantasmas tienen una reminiscencia de la llama de prometeo en su fuego fatuo, Hotaru no tenía ni eso, quizá estaba completamente consciente de su situación, tal vez por ello aunque caminaba segura, se veía perdida.
¿Que pasa?... ¿Ya te aburrí o ya te cansaste?.. - Le interrogó desde la mitad de la calle, con la mano vendada a la altura de su pecho y la mano que sostenía la botella sobre su cintura.
Te prometo que si voy a morir. Haré de mi muerte... ¡La esperanza perfecta!