Myrkviðr

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Helge_Eta
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Re: Myrkviðr

Mensaje por Helge_Eta »

-Aun sacudiendo sus ropas, sigue a Kalya, quien le explica en forma muy rápida el "Suelta y deja que fluya", como su maestro Kaffie habia explicado-

Suena a como mi maestro Kaffie

-Indica repitiendo lo mismo junto a ella, solo, que no fue necesario usar ese impulso del "cosmos", ya que no es primera vez que debe hacer esto, porque cuando tenia que volver rápido ido a casa y que la nieve no entorpeciera más su camino, saltaba en las copas de los árboles cercanos, fue un grato recuerdo, mira el cielo y se percata de lo mismo que su compañera, solo, que algo no le parecio del todo bien con el Dragón -

No entiendo nada, solo falta que Juan Carlos venga y case a estos dos

-El joven sonrie, siguiendo a los jóvenes dentro de la Taberna, lo cual, llama su atención lo apagado que estaba, recuerda que entre su ropa estaba la Lira que, su maestro, sedio para usarla, por sus cuerdas hiper resistentes, para tocar una suave melodia acorde al lugar-
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Rhiannon
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Re: Myrkviðr

Mensaje por Rhiannon »

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Re: Myrkviðr

Mensaje por Rhiannon »

Las brujas hijas de Ivaldi viven en un bosque oscuro y tenebroso, rodeado de niebla y sombras. Su cabaña está hecha de ramas, huesos y pieles de animales (o eso se quiere creer). Dentro hay un caldero donde preparan sus pociones y hechizos, y una forja donde trabajan el metal. Las brujas son tres hermanas: Alvitr, la mayor, que tiene el cabello blanco y los ojos azules, y es la más sabia y poderosa; Dvalinn, la mediana, que tiene el cabello rojo y los ojos verdes, y es la más hábil y astuta; y Sindri, la menor, que tiene el cabello negro y los ojos marrones, y es la más bella y caprichosa.

Para iniciar la prueba, los personajes deben entrar al bosque siguiendo un sendero marcado por unas piedras con runas grabadas. El sendero los llevará hasta la cabaña de las brujas, pero no sin antes enfrentarse a algunos peligros, que serán menores a comparación de aquellos que vendrán si las encuentran...

En el bosque este sendero que lleva a las brujas no es fácil de hallar, ni de seguir. Solo los que saben leer las runas antiguas podrán llegar hasta su cabaña oculta.
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Rhiannon
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Re: Myrkviðr

Mensaje por Rhiannon »

Rhiannon había aparecido cerca del bosque oscuro. Aún y cuando estaba acostumbrada al frío, se estremeció ante el cambio de calor ya que el bar donde había dejado atrás a los dioses guerreros había tenido una cálida aclimatación. Exhaló aire caliente en sus manos y las frotó, comenzando su camino.
En el bosque, había varias runas que brillarían en las piedras, así que tendría que estar al pendiente; pero aunque las runas mostraran caminos, muchos podían ser engañosos. Por más que estudiase, no había podido descifrar el significado de las runas. Habría sido invaluable la ayuda de los guerreros oriundos pero dada su falta de respuesta Rhiannon no podía esperar más.
Al andar encontró algunas de las piedras. Había sacado las notas para comparar de vez en vez, cuando algunas se parecían demasiado.
Por fin había dado con la runa Fehu en el inicio del sendero. Imaginó que quizá... eran como marcadores, como esos que ponían los exploradores para no perderse en las espesuras y avisar a los otros viajeros por donde pasar. Eso la tranquilizó de alguna manera. No debió ser así.

Cerca de donde estaba la runa, golpeaba fuerte el viento hacia el este. “Corre fuerte”, imaginó que era la corriente de aire así que continuó hasta que efectivamente había encontrado “Uruz”. Escuchó los sonidos de los animales, parecían casi tan lúgubres como el bosque mismo; sabría Hades qué tipo eran, porque definitivamente no podía habitar lo de un bosque común en la poca luz que este ofrecía. Imaginaba que la adaptación les haría ver mucho mejor al menos de lo que ella lo hacía, ahora que el atardecer estaba cayendo. Casi grita cuando tuvo que esquivar algo que se le arrojó del árbol.

—Malvada cosa... ¿estás roñosa o qué? —Le preguntó a una ardilla, aunque sabía que no iba a responderle. La sostuvo en su mano cuando se le volvió a aventar. Su instinto fue apretarla hasta que muriera, pero lo pensó mejor, porque este era del tipo de bosques que parecían... vivos, o al menos estaba hechizado imaginaba y bajo la protección de las runas, así que no queriendo desafiar su suerte, arrojó a la ardilla rabiosa hacia arriba a las ramas de los árboles con el fin de que se sujetara para sobrevivir. Tuvo que hacerlo varias veces, y no sólo con esa especie.

Estaba sumamente irritada porque tenía varios pequeños arañazos todo por no querer lastimar a las cosas esas; comenzaba a pensar que si debía haberlos destruido... un viento poderoso la hizo hacia atrás, era como una especie de ráfaga de ataque, pero por más que se concentró, no sintió a un portador de cosmos que lo hiciera. En una roca aun así, vio brillar algo. Se quedó esperando unos segundos, la ráfaga de viento volvía a ocurrir tras periodos intermitentitas. Lo pensó dudando... pero la levantó hacia el viento y vio brillar las letras de nueva cuenta. “Thurizas” imaginó que era.

Siguiendo nuevamente la dirección, halló una pendiente por la que tenía que subir, los árboles eran pequeños en esa zona, pero se espesaban hasta que se halló con una pared de hierba. Apartó con las manos parte de estas para no hallár más que espesura de la vegetación. Miró que los arañazos en sus manos eran un par profundos; ni siquiera había sentido cuando se los hizo, sino el escozor. Haciéndose hacia atrás para tener una mejor vista, notó que la pared en realidad estaba compuesta por varios maderos repletos de espinas y que habían vuelto a crecer cada que los había retirado. Tenía que ser más rápida que eso sin duda.

Sintió otro tipo de viento y vio a su enorme dragón, Nidhogg, descendiendo hasta donde ella estaba.

—Hey, me encontraste. —Le sonrió y puso su mano en la pata. Apenas alcanzó a quitarse cuando escuchó la especie de ronroneo muy ronco en el pecho del dragón, notó que Nidhogg acumuló fuego en su boca y al abrirla una ráfaga de fuego quemó todos los espinos. Los maderos... y esperaba que ese fuego no se siguiera mucho más allá a los árboles.

—Vaya... gracias, supongo. Tras la pared había una especie de cueva. No había forma de que Nidhogg cupiera así que Rhiannon continuó sola, sintiéndose aún así contenta de al parecer si estar en la ruta, aunque se había perdido varias veces antes.

Empezó a escuchar murmullos, como si le estuvieran hablando al oído. Había girado la primera vez rápido, estremeciéndose un poco porque casi podía jurar que había sentido incluso un aliento caliente, pero no había nadie. Apretó los labios.

“Busca una piedra con esta runa grabada y responde a la voz que te habla”, recordó que rezaba el poema.

—Estoy aquí... respondo a tu llamado, por favor guíame...

Esperaba que funcionara. Siguió caminando, escuchando los murmullos inteligibles, la caverna se subdividía en varios pasadizos y estaba demasiado oscura, sus otros sentidos eran los que le ayudaban. Notó que curiosamente, los murmullos se escuchaban más o menos lejanos conforme tomaba ciertos caminos, cuando los escuchaba lejanos volvía y efectivamente era como si le estuviera diciendo por donde ir. Vio un brillo azul y lo siguió, aunque fuese una trampa no tendría más que responder a ello. A lo largo del trayecto, varias rocas se habían movido, la habían golpeado como si se las lanzaran, y de no haber tenido entrenamiento como caballera seguramente la hubieran noqueado más de una vez. Difícilmente podía ver a un aldeano o algo menos que alguien entrenado pasar por el lugar.

No había algo mayor, que la runa brillando fuertemente en una especie de hermoso azul neón, pero también estaba sobre una pared, un callejón sin salida. La siguiente piedra que encontrara se suponía era el final del camino y hallaría la cabaña de las brujas.

Si entró a una cueva... ¿no estaría en lo profundo de la tierra entonces?, la pendiente no había sido demasiado alta para ser una montaña. ¿Si derribaba la pared, derribaría los cabales subterráneos sobre ella? No había más que arriesgarse. Movió la piedra y comenzó a temblar. La voz con urgencia parecía sonar detrás de la piedra. Golpeó la pared y observó la misma luminosidad de la piedra que venía de las grietas. Esa quizá era la trampa en vez de la salida, como fuese, golpeó lo suficientemente fuerte hasta que esta cayó. Corrió cuando sintió que la tierra, las rocas grandes y pequeñas comenzaban a estrechar el camino que abrió.

Hubo minutos de la mayor oscuridad, imaginó que eso eran, minuto, porque también se había quedado sin aire. Elevó su cosmos y en su desesperación hizo que estallara, quitándose todo lo que la estaba aplastando de encima. Fue... estúpida, en no ponerse la armadura. No había querido que las brujas, que también eran guerreras, la vieran como una enemiga o un desafío que no quería ser para ellas; las quería si bien no de sus aliadas, al menos que entendieran que quería algo de ellas de forma pacífica. Imaginaba que iba a tener que dar algo a cambio de sus servicios, pero...

Sus pensamientos se detuvieron cuando notó que había luz; una natural, del día, aunque opacada por el espeso follaje y el ambiente lúgubre con niebla del bosque oscuro. Lo curioso es que en esa parte del bosque a la que llegó había una iluminación diferente, no podía describirlo del todo... varias piedras variadas brillaban, pero notó una en particular. “Raido”. Al leerlo se estremeció, la voz en su oído se calló, así como todo sonido. La niebla disminuyó. Frente a ella a varios metros, estaba la cabaña.
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Rhiannon
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Re: Myrkviðr

Mensaje por Rhiannon »

(A partir de aquí, para darle dinamismo un externo al foro funge como la bruja para enriquecer interacciones, y fungirá como mi desafío, hasta que alguien de Asgard se una a mi cruzada porque yo sigo adelante xDDD)


Rhiannon ha llegado al final del sendero, después de superar los peligros del bosque y la cueva. Ella ve la cabaña de las brujas, hecha de ramas, huesos y pieles de animales. Se acerca con cautela, pues sabe que las brujas son poderosas y caprichosas. Ella llama a la puerta, esperando que le abran.

La puerta se abre con un chirrido, y Rhiannon ve a una de las brujas, la menor, Sindri. Ella tiene el cabello negro y los ojos marrones, y es la más bella y caprichosa. Ella sonríe con malicia al ver a Rhiannon, y le dice:

—Bienvenida, viajera. Has llegado hasta nuestra cabaña, después de pasar por muchas pruebas. ¿Qué buscas de nosotras, las hijas de Ivaldi? ¿Qué quieres que hagamos por ti?

Asintió con su rostro serio, en una especie de semi reverencia de saludo.

—Vengo en busca de su ayuda; no sin ofrecer algo a cambio. Necesito de sus artes para recuperar y reparar la espada que forjaron para el gran Siegfried. —Le supo un poco mal enaltecer a un "héroe" que no admiraba, pero los de Asgard eran mucho de respetar sus tradiciones y a sus ancestros. —Me refiero a la poderosa espada Gram.

Sindri se ríe al escuchar la petición de Rhiannon. Ella dice:

—Así que quieres la espada Gram, la que rompimos en pedazos y esparcimos por el mundo. La que fue forjada por nosotras, las hijas de Ivaldi, con el metal más puro y el fuego más ardiente. La que solo puede ser empuñada por el más valiente y el más digno. ¿Y qué te hace pensar que te la daremos? ¿Qué nos ofreces a cambio?

Rhiannon sintió un pequeño tic en la ceja, no había pensado en los requisitos para poderla portar, sólo en que la necesitaba para poder liberar de su hechizo al dragón. Pero Siegfried si bien lo consideraba valiente, ¿digno?... él había matado a un dragón para robarle su tesoro. Rhiannon no se consideraba una gran persona, pero quizás su acción al ser en beneficio del dragón, ¿cambiará la perspectiva de que era su ambición conseguir su libertad?

—No creo que sirva de nada ocultar mis intenciones, quiero liberar al dragón Fafner, quien lleva siglos sufriendo y llevarlo a un lugar lejos donde no sea visto como una amenaza, pero también donde pueda estar libre de aquellos que lo han condenado. No la quiero para mí, entiendo que es un tesoro de Asgard. —Como deberían ver a sus preciosos dragones, cosa que al parecer no veían de esa manera. —Ofrezco mis servicios como guerrera; estoy segura de que tengo el poder para conseguir algo digno que ustedes quieran en su lugar.

Sindri escucha con atención la respuesta de Rhiannon.

—Así que quieres liberar al dragón Fafner, el que fue herido por Siegfried y quedó dormido bajo un hechizo. El que guarda el tesoro de los nibelungos, el anillo de oro que otorga el poder supremo. El que solo puede ser despertado por la espada Gram, la que nosotras rompimos y escondimos. Eres muy valiente, o muy loca, o ambas cosas. ¿Qué te hace pensar que el dragón te agradecerá tu gesto? ¿Qué te hace pensar que no te devorará apenas lo liberes? ¿Qué te hace pensar que no desatarás una guerra por el anillo? ¿Qué te hace pensar que eres digna de empuñar la espada?

Sindri se acerca a Rhiannon y la mira fijamente a los ojos.

—No nos importa el destino del dragón, ni el de Asgard, ni el tuyo. Nosotras solo nos importamos nosotras mismas. Somos las hijas de Ivaldi, las mejores herreras del mundo. Solo hacemos lo que nos place, y solo ayudamos a quien nos ofrece algo que nos interese. Tú dices que ofreces tus servicios como guerrera, pero eso no es suficiente. Necesitamos algo más, algo que solo tú puedas darnos. Algo que sea valioso para ti, y para nosotras. Algo que sea parte de ti, y que nos haga más poderosas. ¿Sabes lo que es?

La reclusión no les hizo un favor a las brujas. Ellas carecían de cierta información. Entreabrió la boca para responder a las primeras preguntas, pero la cerró cuando Sindri se acercó. No pudo evitar ponerse un poco rígida, esperando un ataque. La energía de la bruja era poderosa y su mirada desafiante. Fue bueno quedarse callada para escuchar sus siguientes puntos. Fue bueno para Rhiannon, también el saber que eran egoistas y ambiciosas, era más fácil trabajar con algo así que si tuvieran fuertes juicios morales o algo que no pudiera quebrarse o llevar al convencimiento.

—Para empezar, te daré libremente algo poderoso: Información. Siegfried se apropió del tesoro, no sé qué haya sido de el, lo que sí sé es que el anillo a lo largo del tiempo de alguna forma terminó en manos de Poseidón. Hace algunas generaciones atrás, fue usado sobre la regente de Asgard, quien fue corrompida por el poder del anillo y manipulada por Poseidón buscó el fin de la vida dejando que los hielos eternos se derritieran.

Parpadeó tranquilamente y se hizo para atrás, no retrocediendo por temor o algo similar, sino para ver con comodidad el rostro de la bruja.

—Atenea y sus caballeros la detuvieron y rompieron el anillo, el cuál todavía estoy casi segura que podría ser reparado o reforjado, pero lo poseen ahora en su resguardo los guerreros de asgard. Ahora... realmente no sé qué quieres de mí, pero dime; quizá pueda cubrir el "costo" que me pidas a cambio de lo que quiero.

Después de todo, así funciona una "transacción"... Sindri escucha con interés la información que le da Rhiannon. Ella dice:
—Así que el anillo de oro terminó en manos de Poseidón, el dios del mar. Y luego fue usado para corromper a la regente de Asgard, la que fue derrotada por Atenea y sus caballeros. Y ahora el anillo está roto y guardado por los guerreros de Asgard. Esa es una información muy valiosa, pero no es suficiente. Nosotras ya sabíamos algo de eso, pues tenemos nuestros propios medios de saber lo que pasa en el mundo. No, necesitamos algo más, algo que solo tú puedas darnos. Algo que sea parte de ti, y que nos haga más poderosas.

Sindri se acerca de nuevo a Rhiannon y le toca el pecho, sobre el corazón. Ella dice:

—Lo que queremos es tu cosmos, tu energía vital, tu esencia. Queremos que nos des una parte de tu cosmos, para que podamos usarlo en nuestros hechizos y forjas. Queremos que nos des una parte de tu cosmos, para que podamos aumentar nuestro poder y nuestra belleza. Queremos que nos des una parte de tu cosmos, para que podamos crear cosas maravillosas y terribles. ¿Estás dispuesta a hacerlo? ¿Estás dispuesta a pagar ese precio por la espada Gram?

Rhiannon lo pensó un momento, levantando la mano para quitar no de forma agresiva el dedo de Sindri de ella y soltándola en el mismo instante. Incluso aquellos que se dedicaban a la magia, no podían acceder al cosmos de la misma forma que un caballero, tenían sus propias artes, sus propias formas de conjurar poder ya fuese el propio o de la naturaleza.

—Supongo que estás cobrando bastante caro, pero acepto siempre y cuando no hagas alguna tontería como intentar matarme o cosas similares. Yo también al igual que tú reconozco mi poder y valía, he venido en paz, pero honrando tu honestidad, lo seré también: puedo ser un oponente formidable.

Miró hacia el fondo de la cabaña, más allá otra habitación que imaginó era la forja.
—Soy un poco como ustedes, no me importa Asgard, no me importan ustedes, no me voy a meter en sus asuntos o en su camino siempre que no lo hagan en el mío o el de Lord Hades. —No es tampoco como si se fuera a morir por regalar un poco de cosmos, cuando este en el universo era infinito si sabías cómo usarlo de forma inteligente. —Aunque no sé por qué presiento que esto no es lo único que me tienes qué decir al respecto...

Sindri sonríe al escuchar la respuesta de Rhiannon.

—Me gusta tu actitud, viajera. Eres valiente, pero no tonta. Eres honesta, pero no ingenua. Eres poderosa, pero no arrogante. Eres una guerrera digna de respeto, y quizás también de la espada Gram. Acepto tu oferta, te daré la espada a cambio de una parte de tu cosmos. Pero no te equivoques, no será tan fácil. No solo tendrás que darme tu cosmos, sino que también tendrás que conseguir los fragmentos de la espada, que están repartidos por el mundo. Y cada fragmento tiene un guardián, que no te lo dará sin luchar. ¿Estás preparada para enfrentarte a ellos?

Sindri se aleja de Rhiannon y se dirige a la forja, donde hay un caldero y una fragua. Ella dice:

—Ven, sígueme. Te mostraré dónde están los fragmentos de la espada, y cómo puedes encontrarlos. Te daré una pista para cada uno, pero tendrás que usar tu ingenio y tu valor para llegar hasta ellos. Y cuando los tengas todos, tendrás que traérmelos a mí, para que yo pueda forjar la espada de nuevo. Pero ten cuidado, pues cada fragmento tiene un poder, y un precio. No te dejes tentar por ellos, ni los uses para fines malvados. Recuerda que la espada solo sirve para liberar al dragón, y nada más.

Sindri llega a la forja, y toma un mapa del mundo. Ella lo extiende sobre una mesa, y señala con el dedo algunos lugares.

—Estos son los lugares donde están los fragmentos de la espada Gram. Hay cinco en total, y cada uno tiene una forma y un nombre. Te diré cuáles son, y te daré una pista para cada uno. Escucha con atención, y memoriza bien.

Sindri señala el primer lugar, que está en el norte de Europa, en Asgard.

—El primer fragmento es la punta de la espada, y se llama Hrotti. Es el más afilado y el más letal. Puede cortar cualquier cosa, incluso el metal más duro. Está en manos de los lobos de Odín, los guardianes del Valhalla. Para conseguirlo, tendrás que entrar en su madriguera, y enfrentarte al más feroz de ellos, el que tiene una cicatriz en el ojo. La pista es esta: busca el lugar donde el sol se pone, y sigue el aullido del lobo.

Se sorprendió gratamente de las palabras de la bruja, no esperaba un halago porque en absoluto lo buscaba, sin embargo eso le dio confianza porque entonces con suerte si podría empuñar a Gram para ayudar al dragón. Asintió porque ya había imaginado que tendría que llevar ella misma los fragmentos, pero por lo que escuchaba las cosas se estaban poniendo de a poco más y más complicadas. Parte de su cosmos era sólo el pago por la forja probablemente, pero no sólo cada fragmento, sino ¡el fragmento mismo! sería un desafío. Sonrió un poco porque... era justo lo que esperaba. Su señor Hades le había dicho que buscara su camino, y sentía que, de alguna manera, aunque no estuviera totalmente segura a qué se refería, el mantenerse ocupada y desafiarse cada momento la mantendría hábil y fuerte para encontrarlo.

Sacó de su abrigo su apretado cuadernillo, quitando el cinturón que resguardaba las hojas, tomó aquella que tenía un mapa de Asgard; no era muy exacto porque después de todo esas tierras no eran accesibles a cualquiera, pero notando las similitudes que podía, marcó en su propio mapa 4 de los lugares, el otro intentó más o menos memorizarlo porque no estaba en su pequeño mapa. Había pensado además que eran tres y no cinco los fragmentos. Esperó un poco más, memorizando las palabras de la hermosa bruja. Frunció el entrecejo.

—¿Eso es todo?, ¿no me dirás acerca del resto?

—No, eso no es todo. Te diré acerca del resto de los fragmentos, pero solo uno a la vez. Tendrás que traerme cada fragmento antes de que te diga dónde está el siguiente. Así es como funciona el trato. No te preocupes, no te engañaré, ni te haré daño. Solo quiero ver si eres capaz de conseguirlos todos, y si eres digna de la espada Gram.

La bruja era un ser antiguo y sumamente inteligente, Rhiannon se imaginó que probablemente tendría que traer primero el fragmento para que le hablara acerca del otro, pero valía la pena preguntar de todas maneras. Guardó sus papeles de nuevo en el abrigo, contemplando también hacer una petición.

—Siendo el fragmento más filoso ¿hay algo que me puedas proporcionar para poder traértelo?

—En cuanto al fragmento más filoso, Hrotti, te puedo proporcionar algo para que puedas traérmelo. Te daré una bolsa de cuero, donde podrás guardar el fragmento sin que te corte. Pero ten cuidado, pues la bolsa es mágica, y solo se abrirá para ti. Si alguien más intenta abrirla, se quemará con el fuego de las brujas. Así que no la pierdas, ni la prestes, ni la dejes caer. Es la única forma de transportar el fragmento sin peligro.

Sindri toma una bolsa de cuero que cuelga de una pared, y se la entrega a Rhiannon. —Aquí tienes, viajera. Esta es la bolsa que te ayudará a llevar el fragmento Hrotti. Guárdala bien, y no la olvides. Y ahora, ve a buscar el fragmento, y tráemelo cuando lo tengas. Te estaré esperando aquí, en la cabaña. Buena suerte, y que los dioses te acompañen.

Rhiannon asintió, con el mismo gesto entre reverencia y saludo o en este caso, despedida, ya que Sindri se había comportado educada y de cierta forma accesible. Una herrera/bruja que sabía bien su trabajo y cómo darle el valor sobre todo, aunque sin duda con precios muy "caros", pensó con una mezcla de fastidio y respeto.

Al salir de la cabaña, se había colgado la bolsa. Para su sorpresa, observó el lugar por donde había tenido qué luchar por salir (porque básicamente estuvo por unos momentos enterrada viva), como un agujero hacia las cuevas subterráneas, perfectamente elaborado. Aunque a oscuras, cruzó esta vez sin los golpes de las piedras pero ayudada por los susurros, para su beneplácito. Al final del túnel, todavía estaba Nidhogg. Sonrió al ver parte del rostro del dragón asomarse a la cueva. Nidhogg por supuesto que no era aquel ser legendario que se encontraba en las raíces del Ygdrasill, era un Wyvern infernal, pero que merecía un nombre tan maravilloso como él.

—Hola amigo... vamos a volar hacia el oeste. —Dijo mientras se subía a su lomo y el majestuoso dragón extendía obediente sus alas para emprender el vuelo.
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Andras
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Re: Myrkviðr

Mensaje por Andras »

El calor del hogar junto a alcohol que recorría sus venas y las de sus compañeros fue suficiente para bajar la guardia; o al menos así pareció ser cuando cada uno se sumió en su propio letargo, presos de la pereza que unas buenas copas logran causar cuando las tomas en demasía y muy deprisa, una tras otra. 

Podía considerarse entonces que, como caballeros de Asgard, pecaban de insulsos al mostrarse tan poco precavidos junto a visita que les acompaña y, aún así, Andras no estaba realmente preocupado por eso. Así es que no puede decir que confía en extranjera, pero por alguna razón más allá del obvio entendimiento, le cree. 

Historias, mitos, leyendas. Su pueblo rebosaba de estás si daban vida a Asgard como parte de su historia y Folklore. Pero así como todas guardan cierta verdad, debía de admitir que Rihannon llevaba la razón cuando afirmó que mismas eran siempre contadas por el /vencedor/. 

«Dos lados de una misma moneda» pensó, reconociendo que le había intrigado su enmienda así como afán por demostrar que dragón mismo merecía más reconocimiento que haber sido vencido por una figura tan emblemática como Siegfried aún resultaba ser para el pueblo de Asgard. Sumado a esto, parecía ser leal a sus convicciones — sobre todo cuando incluso pretende hacerles sentir mal por un "horror de su pasado" como bien dice — fuerte y extremadamente sincera, por no decir que le resulta atractivo el hecho de que se mostrase tan tenaz a cumplir con lo que ha venido a hacer cuando le escuchó salir de la taberna, preguntándose hasta último momento si realmente se iría sin decir más. 

Al comprobar que así sería, no hizo nada. Escuchó sus pasos por la estancia, la puerta cerrarse y, tras unos cuantos minutos más, se desperezó, quitándose la pereza de encima mientras dejaba lugar en la mesa y se dirigía él mismo a la salida, dispuesto a encontrarla. El frío de la noche azotó su rostro templado por el calor apenas puso un pie fuera de la posada, mirando a dónde indudablemente se movía dragón en la lejanía, ese en el cuál era inevitable pensar que dueña lo guiaba y montaba. 

Recapituló en su mente entonces lo que habían hablado, incluso como en una advertencia Kalya le hizo saber cuánto estaban al tanto de las brujas a las que pretendía visitar y cuál era el debido costo que se debía cumplir por intentar hacer algún trato con ellas. Deducir que había tomado ese rumbo no era para nada una sorpresa y, aún con cierto pesar por saber dónde debía de ir, suspiró a la nada misma viendo cómo respirar se convertía en vaho frente a él. 

Mujer loca... — murmuró para sí mismo, comenzando a andar al Bosque Oscuro. 




[ • • • ] 




No quiere ser supersticioso pero noches como esas, dónde la espesura del bosque se hacía más densa y el aire parecía cortarse bajo el filo de una daga no eran un buen augurio en realidad. Exactamente eso es lo que siente a medida que avanza por arboleda, viendo cómo paso a paso misma se /defiende/, haciéndose cada vez más densa. 

Y de tener que admitirlo no pensó que debería entrar ahí algún día; al menos no por voluntad propia cuando el costo por encontrarse con las brujas era muy alto. Recordó entonces cuando era pequeño, la manera en que su familia le enseñaban las leyendas o mitos que se arraigaban en todo Asgard. Con apenas un murmullo, comenzó a tararearla. Entonó la melodía por demás infantil y pegadiza muy sutilmente, antes de comenzar a cantar en tonos muy bajos: 

"Cuidado, cuidado, no te pierdas,
En el bosque oscuro, donde las brujas habitan.
Alvitr, Dvalinn, Sindri, tres hermanas malas,
Preparan hechizos, para hacer daño a las almas."


Viento le azotó de golpe, pero no hizo que dejara de cantar mientras se empujaba a sí mismo contra este, notando las runas luminiscentes en el suelo que seguramente había Rihannon seguido cuando sus pisadas aún podían verse entre la nieve. 

"No sigas el sendero, con runas extrañas,
No te dejes llevar, por la curiosidad.
Pueden hacerte daño, con sus pociones malas,
Y nunca más volverás, a casa con tus padres.

Cuidado, cuidado, no te acerques,
A la cabaña de las brujas, con sus trampas crueles.

Mantén distancia, y no te detengas,
Y siempre estarás a salvo, en casa con tus seres queridos."


Animales, viento, espesura. Todo advertía que no debían estar allí, que límites habían sido puestos y que, tal y como tizne del fuego sobre la roca le dejaba ver el paso de la guerrera de Hades, eso poco parecía haberle importado. Dicha señal hizo que buscase al dragón causante de aquello, y no se sorprendió al verlo esperando frente a la cueva donde era imposible que pudiera pasar. 

Último verso lo dijo en un grave murmullo, captando la atención del majestuoso dragón que no tardó en gruñir ante su cercanía. 

"Recuerda, recuerda, esta advertencia,
Y nunca te perderás, en el bosque de la maldición."


Nidhogg...— le llamó, solo por reconocerlo. No cree que dragón ignore su existencia después de todo, pero no son precisamente amigos. Mantuvo su mirada, casi en un duelo silencioso. Sabía que estaba protegiendo la entrada, esperando por dueña que seguramente no había pensado ni dos segundos en meterse allí. 

Ya fuese por dragón o por las propias brujas, Andras decidió esperar también. Poco tardó en ver la reacción de Nidhogg minutos después, junto a un pequeño gruñido que seguramente auguraba una bienvenida. 

—Hola amigo... vamos a volar hacia el oeste. — le escuchó decir, y solo entonces se aproximó. 

Es de mala educación abandonar la mesa de esa forma cuando están siendo hospitalarios contigo, ¿no crees? — bromea, solo un poco porque en verdad cree que lo es, más no aplica a alguien que desconoce por completo sus costumbres. 

Repasó en un instante su cuerpo de pies a cabeza, y lo único que le resultó fuera de lugar fue aquel saco que cargaba. Dedujo muy por encima que Rihannon había logrado lo que quería...o al menos en parte, lo que indicaba también que había conseguido cerrar un trato con las brujas. 

Eso sin duda le preocupó. ¿Lo valía, en tal caso? Quería decirle que quizás no, más no hizo comentario alguno de lo que esta había dado a cambio por la información que esas mujeres le habían dado al final. 

Iré contigo...¿Que debes hallar en el Oeste? 
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Re: Myrkviðr

Mensaje por Rhiannon »

Rhiannon sonríe ligeramente al ver a Andras aparecer, y su mirada se cruza con la del dios guerrero de Asgard. Se obliga a sepultar el agrado y gusto que por un breve instante calentó su corazón. Ella nota la preocupación en su rostro, pero no parece sorprendida por su presencia (aunque lo está), más por la forma tranquila con que ha llegado pese al “reclamo”.

—"Amado". —dice con la voz llena de sarcasmo, pero el rostro serio. —No esperaba que me siguieras tan pronto, y eso que tardé. —Dice ella omitiendo la explicación que sugeriría una disculpa por haberse ido tan abruptamente, mientras acaricia el cuello de Nidhogg—. Pero supongo que es lógico que quieras saber qué he estado haciendo.

Rhiannon se baja del dragón de nueva cuenta y se acerca a Andras, con una expresión seria.

—He cerrado un trato con las brujas —dice ella, sin rodeos—. Me han dado la ubicación de los fragmentos de la espada Gram. Cinco en total, y cada uno está protegido por un guardián poderoso.

Ella saca el mapa que había dibujado anteriormente pero no lo despliega más que a medias antes de volverlo a guardar ya que lo ha mostrado a Andras, más como el hecho que lo posee para ser usado, que para que lo vea. Ella todavía no le dirá que sólo le han hablado de un fragmento.

—El primer fragmento es la punta de la espada, llamada Hrotti. —Suspira con pesadez. —Está en manos de los lobos de Odín.

Rhiannon mira a Andras a los ojos. Se sabe que los lobos de Odín podían enfrentarse a guerreros formidables, por algo los tenía a su lado.

Medita un poco acerca de si hablarle del precio por la espada, de que las brujas le han pedido una parte de mi cosmos, y energía vital. Es un precio alto, que está dispuesta a pagarlo si significa liberar a Fafner. Considerando que su ¿ausa ha sido larga continúa omitiendo esa información que para él no deberá ser relevante.
—Será mejor partir, no sé que tanto de la noche nos tome. —Salta subiéndose al dragón, hace un gesto con la cabeza para indicar que salte tras ella. —¿Vendrás por tu cuenta o quieres que te suba de nuevo?... —Sus labios se aprietan para evitar reír pero el gesto es obvio. —No vaya a ser que ahora hasta mi futura reencarnación acabe prometida.

Dispuesto a unirse a ella en esta peligrosa aventura Andras irá, está segura. Su rostro se pone serio por sus propias tontas palabras. Una de las cosas de esta existencia es precisamente buscar no reencarnar, tiene que evitar ponerse de malas con sus propios chistes, por d... Hades.

Llegan a la cascada congelada, su belleza es impresionante. El agua cristalina se ha convertido en una escultura de hielo que refleja la luz de la luna. Sin embargo, aunque se dio el tiempo de mirarlo mientras descendían, su misión no es admirar la belleza natural, sino encontrar la espada legendaria.

Hay movimiento entre los árboles y arbustos alrededor. En el fondo se nota una cueva. Hay aullidos que hielan la sangre más que el clima.
Al acercarse a la base de la cascada, escuchan un gruñido profundo y Rhiannon se siente observada. De repente, emerge una manada de lobos enormes, sus ojos amarillos brillan en la oscuridad. Estos no son lobos comunes, su tamaño y fuerza son sobrenaturales.
Son abiertamente hostiles y los han rodeado. Nidhogg gruñe, sus uñas se entierran en el agua del lago haciendo que se escuche que se desquebraje la anchura del hielo.

—No Nidhogg, vete. Esta no será tu batalla.

Casi telegrafiando sus movimientos Rhiannon baja, para no amedrentar más a las bestias frente a ellos. Una vez desocupado su lomo Didhogg se eleva hacia la más alta formación rocosa, todavía mirando hacia ellos.

El líder de la manada, un lobo gris plateado con ojos rojos se acerca al par de guerreros. Su pelaje está cubierto de escarcha y hielo, y su aliento es como una niebla helada. Su presencia es intimidante.

"¿Quiénes son y qué buscáis en nuestro territorio?", gruñe el lobo líder.

Rhiannon quizá no debería después de tanto, pero de todas formas se sorprende cuando habla...

La manada se mueve alrededor de ellos, formando un círculo de dientes afilados y ojos hambrientos. Está claro que no dejarán pasar el momento sin una lucha.
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