En cuanto sintió la presencia de Hypnos, algo en su interior se calmó, aunque no abrió los ojos inmediatamente. Meditaba sobre por dónde debía empezar a contar a su señor acerca de todo lo acontecido en esa última etapa, cuando éste simplemente ordenó avanzar.
Aquello la tomó por sorpresa, algo que no pudo ocultar al abrir sus ojos más de lo habitual. Su mirada azul se clavó en la del dios durante un escaso segundo y seguidamente bajó la cabeza, asintiendo y mostrando una postura mucho más erguida. Ese instante le había bastado para saber que él no deseaba hablar sobre lo acontecido y que tampoco quería saber lo que le había ocurrido a Phantasos.
Miró por última vez a su alrededor, buscando alguna señal justo antes de que su señor abriese la puerta que tenían frente a ellos. La oniro no estaba conforme con que la relación con Rhiannon hubiese acabado de ese modo tan tenso, pero al mismo tiempo, sabía que no se sentía capaz de poder solucionar ese detalle durante ese viaje, así que solo le quedaba esperar volver a encontrarse con ella más adelante o simplemente resignarse a asumir lo que había ocasionado.
Tras la puerta se podía vislumbrar una empinada escalera que se perdía en la oscuridad. Hypnos comenzó a subirla sin aparentes titubeos y Phantasos lo siguió. No sería ningún problema recorrerla en cualquier otro contexto, pero cargaban con un importante desgaste de todo el camino que les había precedido, así que la subida fue mucho más lenta de lo que podría preverse.
Al principio contar escalones había conseguido mantenerla centrada, pero la oniro había optado por dejar de contar al llegar a los 1500. Se sentía cansada. Podría haber apostado a que aquella escalera también era una prueba final... o tal vez solo un último recurso para rematar a los ilusos que hubiesen intentado traspasar el corredor. Aún así, intentó no mostrar ningún signo de flaqueza. Portaba su armadura, así que no sería digno ser derrotada por unos peldaños de piedra.
Continuaron el ascenso sin detenerse y en completo silencio. Al principio porque no quería que sus sentimientos le jugasen una mala pasada, después porque simplemente no tenía aliento para hacerlo. Habían pasado dos horas desde que había dejado de contar. La idea de pedir un descanso iba cobrando cada vez más fuerza, cuando de pronto Hypnos se detuvo de golpe. A Phantasos se le paró por un segundo el corazón, pues por apenas unos milímetros no chocó contra la espalda del dios. Después de lo ocurrido en el río de sangre, había reducido la distancia de cinco pasos a tres por lo que pudiera pasar, pero solo con pensar en la cara que habría puesto su señor de haber chocado después de todo lo que había pasado, le hizo volver a la distancia segura de cinco pasos.
Aprovechó esos segundos para recuperar el aliento y observar el motivo de tan repentino parón. En lo alto, a unos 20 metros, una mujer de cabellos oscuros los esperaba. Sonrió con cierto aire altivo antes de hablar.
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Bienvenidos... a la casa oscura.
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El salón hasta el que habían sido guiados por la mujer era bastante amplio. Toda la decoración parecía muy barroca. El mobiliario era de tonos oscuros en su mayoría y lo único que podían ver desde las ventanas al exterior, era una increíble llanura llena de lápidas.
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Es la decoración que habría elegido para ambientar las reuniones de una secta satánica en cualquier sueño humano.- Se dijo Phantasos sin perder la atención.
La mujer que los había recibido les invitó a sentarse en la gran mesa que ocupaba la posición central del salón sin poder evitar una sonrisa.
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Vuestra armadura no será necesaria.- Dijo al acercarse a la oniro.
Ésta no dijo nada, simplemente asintió, pero no se despojó de ella. Si iba a ser necesaria o no, lo decidiría por sí misma.
Al final de la mesa, sentado a uno de los lados, un hombre desgastado y no muy agraciado los observaba con atención. La mujer, mucho más joven y hermosa, invitó a Hypnos a sentarse en la silla presidencial que quedaba más próxima a ellos y a Phantasos en la que quedaba a la izquierda del dios. La oniro no se mostraba muy conforme con sentarse en la misma mesa que su señor. En realidad, habría estado más cómoda de pie o con su rodilla clavada en el suelo. No obstante, parecía grosero rechazar por segunda vez un gesto de cortesía de aquella mujer de negro. Miró hacia su señor, pero éste parecía concentrado, así que simplemente ocupó la silla agradeciendo el gesto.
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Aplaudo vuestra contención- La desconocida caminó unos pasos alejándose de ellos, hasta situarse en el lado contrario de la mesa y quedar frente al hombre desgastado-
No puedo imaginar todo el sufrimiento que habréis tenido que soportar en ese corredor. Y aún así, mantenéis la dignidad suficiente para sentaros como si nada en una mesa con dos extraños y no hacer ni una sola pregunta... lo admito, es admirable.
Phantasos no dijo nada. En realidad ese cumplido no era para ella, pues de no estar Hypnos presente, ya habría acorralado a la mujer en la propia escalera con mil preguntas. Lo único que la contenía era el respeto y el protocolo. En ese momento aparecieron un par de cadáveres, animados claramente por nigromancia. Ambos sirvieron el vino en unas copas de plata, dejándolas frente a todos los ocupantes.
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Mi nombre es Johanna Anhestoth. Él es...
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Osfen.- Intervino el hombre de voz gélida cortando la presentación. La morena hizo una sonrisa que más bien parecía una mueca irónica.
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Es un placer poder daros la bienvenida en la morada de los di Metherlow, Lord Hypnos, lady Phantasos.- Dijo alzando la copa hacia ellos en signo de respeto antes de volver a tomar otro sorbo de vino.-
Es una pena que Lady Pandora no pueda acompañarnos... tampoco debéis temer por Wyvern, simplemente encontró lo que buscaba.
Phantasos siguó en silencio. No hablaría antes que su señor, pero como siempre, parecía no poder evitar mostrar sus pensamientos a sus interlocutores. El vistazo a la silla vacía que presidía el otro lado de la mesa, no pasó desapercibido para Johanna.
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¿La anfitriona di Metherlow? No se sentará con nosotros esta noche, si es lo que te preguntas. No puede hacerlo. La mitad de su alma quedó atrapada en el interior de la diosa de la Discordia y la otra mitad sigue cumpliendo la condena que nuestro señor Hades le impuso en la Umbra. Pero no sufras, eso no le ha impedido guiaros hasta aquí ¿cierto?
La oniro llegó a abrir la boca cautivada por la duda, cuando la planta espinosa que había visto en el reino de los sueños aunque a menor escala, comenzó a recubrir la silla presidencial ante el estupor de Phantasos.
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Nadie me escuchó cuando dije que su poder nos traería problemas.- Dijo el hombre desgastado con un tono molesto.
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¿Acaso mis antepasados debían confrontar la decisión de nuestro gran señor Hades?
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Tus antepasados se llevaban demasiado bien con ella y no hicieron nada para oponerse, yo estaba allí presente.
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Disculpad- Johanna simplemente ignoró al tipo.-
La inmortalidad adquirida no favorece los buenos modales y la actitud se agría con el tiempo. Nuestros invitados- remarcó mirando a Osfen con rectitud y una seriedad abrumadora que parecía emanar algún tipo de intimidación-
están esperando una explicación que no llega.
El hombre murmuró para sus adentros algunas quejas, pero se volvió hacia ambos y los miró con atención antes de hablar. Parecía dispuesto a dar una larga charla, así que la oniro intentó relajarse en la medida de lo posible.
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Hace miles de años que nuestras familias han protegido las puertas al Inframundo y a otros mundos igual de poderosos gracias al poder que nuestro gran señor Hades nos brindó. Pero ese equilibrio se ha ido perdiendo con el transcurso de los años. Primero, por la pérdida total del linaje de una de las familias y hace algunos cientos de años, cuando la heredera di Metherlow aquí presente, se rebeló contra el Inframundo y acabó con las otras dos familias que faltan en esta mesa para obtener más poder.
La planta creció y se enredó aún más en la silla. Phantasos la miraba con atención sin acabar de fiarse. Aquel movimiento le recordaba al repugnante movimiento de las serpientes. Meditó un instante sobre lo que les contaban... ¿no era entonces una enemiga para todos los presentes?
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Eso, nos lleva a la situación actual. El poder de solo dos familias y media, no es capaz de proteger los seis corredores, ni mucho menos los portales que defienden, pero he aquí el problema mayor. Hades no puede romper el pacto a menos que todas las familias hayan desaparecido. Nosotros estamos dispuestos a sacrificarnos, pero ninguno de los presentes podemos destruir a Luthien di Metherlow.
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Y Eris ya no es capaz de contener por más tiempo la mitad del alma de ésta, lo que está favoreciendo que incluso su otra mitad se vuelva... incontrolable.
Phantasos miró hacia su señor. A ella le faltaban bastantes datos para comprender la historia, pero no estaba segura si él se encontraba en su misma posición. Bajó la mirada en cuanto recordó su posición intentando poner las ideas en orden:
Luthien di Metherlow, heredera de una familia nigromante, dueños de la casa oscura.
Dividida en dos mitades.
Una dentro de Eris.
La otra, castigada en la Umbra, convertida en aquella planta que había atacado al reino de los sueños.
¿Pero qué tenían que ver ellos en esa historia si, como decían, no podían acabar con Luthien? Es más, si era su enemiga ¿por qué presidía la reunión?
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Porque ella desea morir.- Le respondió Johanna. Phantasos se sorprendió. Debía tener una capacidad telepática increíble si era capaz de leer su mente con tanta facilidad y sin ningún tipo de contacto visual.-
Ser el descendiente principal de las familias, no solo te proporciona poder, también te ata en la muerte a no poder reencarnar, por eso algunos optan por buscar la inmortalidad...- dijo mirando al Osfen.-
… o a rebelarse e intentar escapar. Antes de morir, Luthien hizo una serie de ataduras demasiado poderosas, incluyendo algunas extra con nuestro gran señor Hades, lo que hace que sea imposible que él la mate sin quedar prácticamente destrozado en el proceso.
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Osirias... ese...- Osfen se calló cuando vio la mirada de advertencia que Anhesthot le dirigía. Al fin y al cabo, éste había contenido en muchas ocasiones el alma de Hades y seguía siendo digno de su fidelidad.
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Cuando nuestro señor por fin abandonó el cuerpo de Osirias, usó su poder para dividir a Luthien. Digamos, que su parte molesta para el Inframundo, quedó atrapada y en constante castigo, pero a la otra se le permitió reencarnar, seguir ganando poder y así fortalecer a Hades en el proceso, solo que...- miró con sus ojos al techo suspirando. Era una historia algo larga.-
… resumiendo, acabó en manos de Eris que, sabiendo que Luthien podría suponer un riesgo para reino marino, la contuvo con todo su poder.
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Hace miles de años- interrumpió Osfen, redirigiendo la historia a la situación actual-
se estableció que cualquier ser que fuese capaz de cruzar alguno de los corredores, era digno de protegerlo y de formar parte de las seis familias nigromantes. Así que, Lord Hypnos, os pondré sobre la mesa las posibilidades que se os presentan:
1. No hacer nada. Ambos salís de aquí y volvéis a vuestros quehaceres. Eris desaparece. Luthien se libera y carga su ira contra todos nosotros sin piedad. Hades queda aún más debilitado y los corredores quedan abiertos a nuestros enemigos. El Inframundo, cae.
2. Ambos os unís a nosotros asumiendo el puesto de líderes de dos familias nigromantes. Se os dotará del poder y el conocimiento de la nigromancia a cambio de vuestro sometimiento a nuestro señor Hades y de la aceptación de ciertas clausulas. Usamos nuestro poder para unir las dos mitades de Luthien, ésta cede el poder di Metherlow a uno de vosotros y a cambio es liberada de su castigo eterno muriendo al fin.
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Un sello no servirá... no esta vez.- Habló Johanna-
Luthien conocía muy bien el paso después de la muerte, se ató a muchos objetos y a muchas personas poderosas para evitar quedar atrapada en algo así. Debemos aprovechar la oportunidad que se nos brinda, antes de que sea tarde.
Phantasos había escuchado todo, pero no entendía muy bien dónde estaba la trampa. ¿Acaso había duda en la decisión? Hypnos y ella eran inmortales, al fin y al cabo. Anhesthot se inclinó hacia la oniro y esta vez dejó claro que era capaz de escuchar sus pensamientos.
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Hades no desea que Luthien muera. Quiere su sufrimiento eterno por sus crímenes. O dejamos que el Inframundo caiga o contradecimos una orden directa de nuestro gran señor. No os voy a engañar, quien albergue su poder, tiene una alta probabilidad de ser tachado de traidor al reino y de sufrir la ira de nuestro gran señor, incluida la posibilidad del destierro.- Se encogió de hombros mientras tomaba otro trago.-
Tal vez con suerte no sea en esta Era...