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El Desierto Eterno, donde los que fueron violentos contra otros hombres, o contra Dios, vagarán por siempre sobre sus ardientes arenas y bajo una constante lluvia de fuego que abrasará sus almas...

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Rhiannon
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Cinco pasos atrás podrían ser una eternidad cuando había un portal de por medio. Hypnos había entrado, pero sin el poder del dios-guía, la diosa no podría seguirlo y estaba muy por delante de ella. Se sintió un poco triste por la oniro al ver su mirada, y por no poder hablar más porque ella, había sido dulce con él, aún antes que prestara su habilidad para el juego.


Sin embargo, Xólotl no dejaría a su suerte a un alma así que necesitaba de su guía, no le daría la espalda a esta amable diosa, aunque todavía no podía decirle mucho hasta que aceptara su protección por cuenta propia. Se metería probablemente en problemas por lo que pensaba hacer, pero... ¿no era esa su labor?, no sería la primera vez que lo castigaran de todas maneras ¡le hablaría!... Le hubiera gustado que ella tomara también su mano para ahorrarle camino y dolor... él recibiría un poco de ello con gusto, para su bien.


Lentamente, acercó su mano al costado de la cabeza de ella, sin tocarla elevó su cosmos y al retirar su mano, adornando su cabello oscuro había una flor morada de Cempaxúchitl, que extendió su rama verde hasta dejarla coronada. El dios volvió a abrir el portal que se había cerrado tras el paso de Hypnos y entró.

—Entra al Cehuelóyan y busca la fragancia de las flores para encontrarme... y para encontrar a tu señor niveles más adelante. No dejes que te vean. Una vez que llegues, no te apartes del camino veas lo que veas hasta que me mires, a mí. —Respiraba agitado como si algo lo hubiera herido por dentro.


Xólotl corrió en su forma de perro, perdiéndose de la vista del Oniro, en el páramo helado que se cernía frente a ella. El viento del norte que helaba hasta los huesos y azotaría su ser, ¿atravesaría el portal?, más importante ¿cómo encontraría un camino de flores en el invierno eterno? Más aún con algo que parecía acecharla detrás de las planicies y montañas nevadas...

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—Los ancestros de las tierras de Europa no se equivocaban al decir que los de este lado del mundo, eran una raza diferente. —Dijo a Hypnos una vez que lo alcanzó. Miró al dios del sueño y le sonrió, no sabiendo si le había causado sorpresa o no, porque no parecía un ser muy expresivo. Era divertido cuando incluso los dioses o los héroes eran sorprendidos, por no decir que se asustaban.

—Mientras que sus dioses en Grecia tomaron el polvo de la tierra para crear a sus hombres, Quetzalcóatl tomó el polvo de los huesos de otros dioses que reposaban en el inframundo, para ser materia primigenia y fuese el encarnado santuario del alma mientras vivan.

Hypnos seguramente podía ver cansancio en su semblante, algo que no tenía cuando le dio poder para cruzar.

Comenzó a caminar, incitando al dios a que hiciera lo mismo si quería escucharlo ya que no hablaba muy fuerte, como no queriendo alterar la aparente paz; se escuchaba el canto de las aves y el sonido de las hojas.

Apartó una flor de cempaxúchitl de su cinturón, que de metal pasó a ser una real, de delicados pétalos pequeños y abundantes, amarillos y naranjas; extendió su brazo ofreciéndola al dios. Sus pies se hundían un poco en el terreno semi fangoso por momentos. Había el calor de la zona, algo con bastante lógica ya que les rodeaba vegetación y animales selváticos de gran tamaño.

—Era sencillo guiarlos antes, cuando la esencia divina estaba en ellos más allá del hálito que respiraban. —La fragancia del cempazúchitl se expandió, algunos enormes bichos voladores se apartaron al instante, una serpiente siseó molesta y se apartó detrás del árbol donde había estado mirándolos.

— Porque al final regresaban a donde pertenecían, pero los hombres igual que la naturaleza en la tierra, cambiaron por completo; no siempre es malo, pero ahora... —suspiró casi con cansancio, —están muchas de ellas, pobres almas, perdidas entre tu inframundo y el nuestro. Es por eso que a veces inevitablemente visito tus tierras, para traer a su destino final a las almas errantes que pertenecen a las nuestras.

Paró su paso y volteó para ponerse de frente al dios.

—Tú no perteneces aquí. Lo saben. No hay mucho tiempo, ya viene y tienes qué cuidar tu corazón en vez de escucharme.

Hizo la señal para guardar silencio poniendo su dedo sobre sus propios labios, este se encendió en rojo, bajó hasta su cuello y luego lentamente para no verse amenazante, lo puso sobre el pecho de Hypnos formando un hilo rojo que los unía y luego al instante desapareció. Rhiannon había estado inconsciente cuando lo hizo, pero en ese momento era Xólotl quien la había estado buscando a ella, la dama dragón del vaticinio, quien también estaba en otro nivel. Hypnos voluntariamente había aceptado la protección del dios y guía sin dudar ni rechistar. —Búscame cuando termines, agárrate bien de mi en ese momento.

Sin dar más explicaciones, se transformó en perro y corrió hasta perderse tras algunas rocas, varios jaguares corriendo detrás de él para intentar darle caza y despejando el camino de Hypnos.

Un aura poderosa se extendía por el lugar, acercándose rumbo al dios del sueño.

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Hypnos nunca pensó que debían entrar todos a la vez. La generación de trampas, pasadizos y laberintos no era su fuerte, por tanto, asumió que con el solo hecho de ser Xolotl quien abría el portal era suficiente para que todos pudieran avanzar. Así pues, no hubo de darse cuenta del sacrificio que tuvo que hacer el dios guía para asegurar que Phantasos siguiera la paso.

Al cruzar el portal volvía a estar en un lugar húmedo, lleno de vegetación, pero ahora con muchos animales al asecho, jaguares, serpientes, algunas aves de gran tamaño. La selva parecía murmurar en voz alta con todo su movimiento, y aquel bullicio poco a poco dejaba de ser ese murmuro quedo y lejano para volverse un ruido mas presente.

Hypnos que no había dejado de caminar se percató que frente a el no estaba Rhiannon, por mas que agudizaba su vista y sus sentidos no podía verla, ni percibir su cosmos, tampoco el de Phantasos. ¿Los habían separado de nuevo como al principio de la aventura?

En aquellas cavilaciones andaba cuando la voz de Xolotl lo sacó de su ensimismamiento. No le sintió acercarse por lo que su voz hubo de sorprenderle. Sus ojos lo mostraron abriéndose grandes al verle, aquello pareció agradarle al guía.

Caminaron juntos durante algunos minutos, Xolotl compartía sus impresiones sobre la complejidad de guiar las almas humanas al inframundo americano. Hypnos entendía lo difícil que podía ser. Los dioses griegos no solían guiar almas al inframundo, mas allá del barquero Caronte, no importaba mucho si un alma se perdía entre el yomotsu, los círculos del infierno o el estigia. Controlaban el panomara mas completo, empero, aquello le hizo reflexionar acerca de la importancia que le daba a las almas de los mortales.

Hay historias que incluso entre nosotros son leyendas, pero es verdad, te concedo que con el tiempo el hombre mortal se a alejado más y más de lo divino, aún en en el terreno del cosmo es más difícil cada vez que los guerreros humanos accedan a la cosmoenergía, están tan encerrados en sus propios universos que piensan que no hay nada más afuera… – Le dijo en respuesta a la breve explicación del inicio del hombre, el no consideraba que los dioses hubieran creado a los hombres. Conocía que había una fuerza superior a ellos que dotaba de vida a todo lo que le quería bajo su poder. Pero entendía como los mitos y leyendas se formaban para dar identidad a las distintas regiones, incluyendo las de los dioses.

El tiempo de repente parecía apremiar, Xolotl realizó una especie de hechizo el cual unió a Hypnos con él. El dios del sueño trató de analizar exactamente que había hecho, buscando alguna trampa. No encontró ninguna. Pronto el dios convertido en perro desapareció. Aquellas bestias que los acechaban se fueron con él en un impetuoso galope. Hypnos supuso que debía agradecerle, y sobre todo atender a sus indicaciones.
Hubo pues de apresurar el paso, aún y con el sol en su cenit cada paso que daba parecía osucrecer mas aquella selva. Sentía una presencia acercarse, no podía distinguir el origen de su cosmo, ¿Divino? ¿Alguna invocación? Estaba seguro de que antes de salir de aquel camino se lo encontraría, así que continuó su andar con sus sentidos alerta.
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Raven
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No entendía bien lo que acababa de ocurrir. Incluso para alguien que manejaba los portales dimensionales, aquello le había tomado por sorpresa. ¿Cómo podía haber perdido a Hypnos de forma tan absurda, justo frente a sus ojos?

Mantuvo la calma.

Ese corredor había sido creado para ser un auténtico laberinto que jugaba con sus huéspedes. Seguramente, todo había sido perfectamente calculado en su día, así que no merecía la pena darle vueltas a algo que seguramente habría sido inevitable. .

Al menos agradeció tener a Xolotl a su lado. Le había entregado un obsequio, aunque no sabía muy bien por qué. Tocó la flor con la yema de sus dedos algo extrañada, pero la mantuvo en su sitio.

- Gracias...- Las palabras fueron bastante silenciosas. No podía cometer más errores y debía mantenerse concentrada. Aún así, aquel cálido gesto tenía mayor valor en ese momento.

Justo después, un nuevo portal creado por su compañero apareció frente a ella. No dudó un instante en cruzar aquella puerta. Era cierto que no podía garantizar que Xolotl no fuese una trampa bien elaborada, pero algo en él inspiraba confianza... seguramente, al vivir rodeada la mayor parte del tiempo de seres mitológicos y animales fantásticos, se sentía mucho más cómoda con ellos que con muchos humanos.

El frío se hizo presente en cuanto puso un pie en aquella nueva dimensión. Agradeció estar allí con su cuerpo de diosa y no con el humano. La temperatura era hostil, pero soportable en aquel cuerpo entrenado y dotado de características divinas.

- Esto... se me hace familiar...- Se dijo. Había un deseo en su interior de traer los buenos recuerdos a ese momento y lugar, pero no podía despistarse. Con un poco de suerte, tendría tiempo de rememorar días mejores cuando terminasen su misión.

Entra al Cehuelóyan y busca la fragancia de las flores para encontrarme... y para encontrar a tu señor niveles más adelante. No dejes que te vean. Una vez que llegues, no te apartes del camino veas lo que veas hasta que me mires, a mí.

Escuchó con mucha atención las palabras que le decía Xolotl. No parecía encontrarse bien y aquello la preocupó, pero antes de poder preguntarle por el motivo, éste ya había salido corriendo hacia el páramo helado.

Hubo un instante en el que iba a salir corriendo tras él, pero si lo hacía así, debía haber un motivo. Si hubiese podido esperarla, lo habría hecho... o al menos es lo que pensaba.

“No dejes que te vean”


Se protegió con las alas de su armadura de un viento especialmente helador, incluso para ella. Miró a su alrededor. No podía percibir ningún ser cerca, pero si Xolotl le había dado aquella advertencia, estaba claro que no iba a estar sola.

¿Podía transformarse en algo invisible?
Sí. Podía convertirse en una brisa y fundirse con ese viento helador. Dejarse llevar y ver qué pasaba... pero eso suponía un primer problema: ¿En qué dirección? Así sería difícil seguir un rastro.

Descartó la idea.

- Necesito algo pequeño. Que no sea llamativo y capaz de seguir un rastro.

Se le ocurrían varias opciones. La que más peso cobraba en su cabeza era la de Lélape. Un perro dotado de gran olfato, que partía de la premisa de “ser capaz de cazar cualquier presa”. Podía hacerlo de pelaje blanco para ser menos llamativo... era una apuesta segura, pero aquella transformación iba a ser demasiado llamativa.

Dudó un instante, hasta que finalmente se decidió por algo mucho más simple: una pequeña rata de pelaje blanco.

Realmente pequeña para no ser vista con facilidad, pero lo suficientemente rápida para poder recorrer una distancia larga sin llegar a ser una total y absoluta agonía. El pelaje blanco le daría la cobertura del camuflaje con el entorno y el olfato muchas veces infravalorado de los roedores, le permitiría poder seguir el rastro de olor a flores.

Olfateó a su alrededor y pronto detectó un pequeño rastro... o eso creía. No tenía muchas más alternativas que confiar en sus sentidos y confiar en que aquel leve aroma la llevase hasta su señor o hasta Rhiannon. Miró a su alrededor. Debía moverse con cuidado, aprovechando cualquier recoveco entre la maleza y atenta a cualquier ruido.
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Raven
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El tiempo es algo misterioso. Especialmente cuando no se dispone de ninguna referencia a la cual agarrarse. Aún más cuando un cuerpo inmortal no necesita satisfacer ninguna necesidad básica como comer o dormir.

¿Cuánto tiempo había pasado desde que entraron a la cascada de sangre?

¿Y desde que había cruzado a esa otra realidad siguiendo el aroma de las flores?

Lo último que recordaba, como algo lejano, es que alguien le había pedido cerrar los ojos. Pudo sentir como su cuerpo se había movido de donde estaba... era la misma sensación que tenía cuando cambiaba de dimensión. Y de pronto... nada.

Se mantuvo de pie durante unos minutos en la total oscuridad que le daba el cumplir esa petición. ¿Hasta cuándo debería estar así? Aquel estado le hacía recordar la comodidad de su castillo. Los oniros no necesitaban dormir, solo llegaban a esa necesidad cuando su cosmos decaía notablemente, pero aún así, adoraba tumbarse en su cama y distraerse con el movimiento del fuego de las velas o el sonido del agua de las cascadas que se escuchaban a través de su balcón.

Ahora no podía escuchar nada. Solo el silencio.
No sabía si continuar así o abrir los ojos. No existía alma en el infierno que no conociese la historia de Orfeo y Eurídice, así que sus dudas estaban más que fundadas. Se sentía estúpida ahí de pie, plantada como un árbol en mitad de quién sabía dónde, con los ojos cerrados, pero...

Dejó pasar unos minutos más. La impaciencia comenzó a corroerla por dentro, así que finalmente decidió arriesgarse y abrió los ojos poco a poco. Una pequeña rendija, le permitió contemplar lo que parecía una planta espinos...

Abrió los ojos bruscamente, asustada, temiendo que se tratase del motivo que les había llevado hasta allí... pero no. Respiró hondo, recobrando la compostura. Podía contemplar una especie de bosque espinoso que cubría todo un acantilado y el fondo de éste. Ella estaba en lo alto... debía haber llegado por algún tipo de atajo. Si se fijaba más, desde aquella altura, podía contemplar el río de sangre, un territorio ahora arrasado y el río de agua.

Giró sobre sus pies y volvió a observar el lugar donde se encontraba. No había mucho terreno en el que moverse... y el siguiente paso, parecía claro.

Observó aquella enorme puerta, decorada con lo que seguramente eran huesos humanos. Tenía una inscripción grabada. Se llevó la mano al pecho mientras la leía. Algo le decía que al otro lado encontrarían el final de su recorrido, pero junto a ella no había nadie. Ni rastro de Rhiannon o de su dragón. Tampoco de Xolotl. Ni siquiera Hypnos. Podía sentir como su corazón se aceleraba. ¿Era la primera en llegar? No tenía mucho sentido... ¿y si tal vez los demás ya habían cruzado aquella puerta?

Sintió como las uñas se clavaban en su piel. Su pecho dolía... no solo por aquel rasguño. Podía entender perfectamente que Rhiannon hubiese cruzado sin esperar a nadie... incluso que lo hubiese hecho su señor, pero no lo hacía más fácil. ¿Aquella sensación de frialdad en su interior que la desgarraba, era lo que los humanos describían como “sentirse abandonado”? Sus dos ojos azules brillaron levemente.

- No... no necesito esos pensamientos ahora.- Se dijo acomodándose el casco y apoyando su espalda en el muro de la puerta. Se cruzó de brazos y esperó. Tenía que confiar... ¿qué le quedaba si perdía la confianza en Hypnos?

Tal vez no sería capaz de aguantar mucho tiempo con los ojos cerrados en un lugar incierto, pero sí podía esperar el tiempo necesario a que su señor apareciera por ella.
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Hypnos caminaba lentamente, de a poco reconoció esa menuda figura para a poco mas de cien metros de el. Todo cuanto había ocurrido en esa última parte del trayecto se lo guardaba para el. Sería difícil de explicarlo de todas maneras. Mientras caminaba hacía el ejercicio de sentir sus manos, sus hombros, sus piernas. Su cuerpo era mucho mas resistente que el de un humano pero de a poco podía sentir un cambio en el. Tal vez el que haya estado en un estado atemporal tanto tiempo y ponerlo justo a trabajar apenas apareció era la causa de estas sensaciones.

Llegó por fin a un lado de Raven, la cual con los ojos cerrados esperaba. Le causó cierta ternura el verla, sin el contexto adecuado cualquier persona podría confundirla con una jovencita inofensiva, vaya sorpresa que se llevarían cuando sacara la guadaña. Ella tenía los ojos cerrados. ¿Era acaso parte de una prueba?, si lo era Hypnos ya lo había estropeado todo.

- Debemos avanzar. Creo que Rhiannon a tomado una desviación. - Tenía un buen rato que no sentía su cosmo energía, pero confiaba en ella, había demostrado inteligencia y fuerza acorde a un guerrero de élite del inframundo. Donde sea que estuviese estaría bien.

Hypnos no notó de buenas a primeras el cambio en la actitud de Raven después de aquel evento desconcertante. Para el solo estaba parada ahí, esperando algo...
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Mensaje por Raven »

En cuanto sintió la presencia de Hypnos, algo en su interior se calmó, aunque no abrió los ojos inmediatamente. Meditaba sobre por dónde debía empezar a contar a su señor acerca de todo lo acontecido en esa última etapa, cuando éste simplemente ordenó avanzar.
Aquello la tomó por sorpresa, algo que no pudo ocultar al abrir sus ojos más de lo habitual. Su mirada azul se clavó en la del dios durante un escaso segundo y seguidamente bajó la cabeza, asintiendo y mostrando una postura mucho más erguida. Ese instante le había bastado para saber que él no deseaba hablar sobre lo acontecido y que tampoco quería saber lo que le había ocurrido a Phantasos.

Miró por última vez a su alrededor, buscando alguna señal justo antes de que su señor abriese la puerta que tenían frente a ellos. La oniro no estaba conforme con que la relación con Rhiannon hubiese acabado de ese modo tan tenso, pero al mismo tiempo, sabía que no se sentía capaz de poder solucionar ese detalle durante ese viaje, así que solo le quedaba esperar volver a encontrarse con ella más adelante o simplemente resignarse a asumir lo que había ocasionado.




Tras la puerta se podía vislumbrar una empinada escalera que se perdía en la oscuridad. Hypnos comenzó a subirla sin aparentes titubeos y Phantasos lo siguió. No sería ningún problema recorrerla en cualquier otro contexto, pero cargaban con un importante desgaste de todo el camino que les había precedido, así que la subida fue mucho más lenta de lo que podría preverse.

Al principio contar escalones había conseguido mantenerla centrada, pero la oniro había optado por dejar de contar al llegar a los 1500. Se sentía cansada. Podría haber apostado a que aquella escalera también era una prueba final... o tal vez solo un último recurso para rematar a los ilusos que hubiesen intentado traspasar el corredor. Aún así, intentó no mostrar ningún signo de flaqueza. Portaba su armadura, así que no sería digno ser derrotada por unos peldaños de piedra.

Continuaron el ascenso sin detenerse y en completo silencio. Al principio porque no quería que sus sentimientos le jugasen una mala pasada, después porque simplemente no tenía aliento para hacerlo. Habían pasado dos horas desde que había dejado de contar. La idea de pedir un descanso iba cobrando cada vez más fuerza, cuando de pronto Hypnos se detuvo de golpe. A Phantasos se le paró por un segundo el corazón, pues por apenas unos milímetros no chocó contra la espalda del dios. Después de lo ocurrido en el río de sangre, había reducido la distancia de cinco pasos a tres por lo que pudiera pasar, pero solo con pensar en la cara que habría puesto su señor de haber chocado después de todo lo que había pasado, le hizo volver a la distancia segura de cinco pasos.

Aprovechó esos segundos para recuperar el aliento y observar el motivo de tan repentino parón. En lo alto, a unos 20 metros, una mujer de cabellos oscuros los esperaba. Sonrió con cierto aire altivo antes de hablar.

- Bienvenidos... a la casa oscura.

~~~~~~~~~~~ * ~~~~~~~~~~~


El salón hasta el que habían sido guiados por la mujer era bastante amplio. Toda la decoración parecía muy barroca. El mobiliario era de tonos oscuros en su mayoría y lo único que podían ver desde las ventanas al exterior, era una increíble llanura llena de lápidas.

- Es la decoración que habría elegido para ambientar las reuniones de una secta satánica en cualquier sueño humano.- Se dijo Phantasos sin perder la atención.

La mujer que los había recibido les invitó a sentarse en la gran mesa que ocupaba la posición central del salón sin poder evitar una sonrisa.

- Vuestra armadura no será necesaria.- Dijo al acercarse a la oniro.

Ésta no dijo nada, simplemente asintió, pero no se despojó de ella. Si iba a ser necesaria o no, lo decidiría por sí misma.
Al final de la mesa, sentado a uno de los lados, un hombre desgastado y no muy agraciado los observaba con atención. La mujer, mucho más joven y hermosa, invitó a Hypnos a sentarse en la silla presidencial que quedaba más próxima a ellos y a Phantasos en la que quedaba a la izquierda del dios. La oniro no se mostraba muy conforme con sentarse en la misma mesa que su señor. En realidad, habría estado más cómoda de pie o con su rodilla clavada en el suelo. No obstante, parecía grosero rechazar por segunda vez un gesto de cortesía de aquella mujer de negro. Miró hacia su señor, pero éste parecía concentrado, así que simplemente ocupó la silla agradeciendo el gesto.


- Aplaudo vuestra contención- La desconocida caminó unos pasos alejándose de ellos, hasta situarse en el lado contrario de la mesa y quedar frente al hombre desgastado- No puedo imaginar todo el sufrimiento que habréis tenido que soportar en ese corredor. Y aún así, mantenéis la dignidad suficiente para sentaros como si nada en una mesa con dos extraños y no hacer ni una sola pregunta... lo admito, es admirable.

Phantasos no dijo nada. En realidad ese cumplido no era para ella, pues de no estar Hypnos presente, ya habría acorralado a la mujer en la propia escalera con mil preguntas. Lo único que la contenía era el respeto y el protocolo. En ese momento aparecieron un par de cadáveres, animados claramente por nigromancia. Ambos sirvieron el vino en unas copas de plata, dejándolas frente a todos los ocupantes.

- Mi nombre es Johanna Anhestoth. Él es...
- Osfen.- Intervino el hombre de voz gélida cortando la presentación. La morena hizo una sonrisa que más bien parecía una mueca irónica.
- Es un placer poder daros la bienvenida en la morada de los di Metherlow, Lord Hypnos, lady Phantasos.- Dijo alzando la copa hacia ellos en signo de respeto antes de volver a tomar otro sorbo de vino.- Es una pena que Lady Pandora no pueda acompañarnos... tampoco debéis temer por Wyvern, simplemente encontró lo que buscaba.


Phantasos siguó en silencio. No hablaría antes que su señor, pero como siempre, parecía no poder evitar mostrar sus pensamientos a sus interlocutores. El vistazo a la silla vacía que presidía el otro lado de la mesa, no pasó desapercibido para Johanna.

- ¿La anfitriona di Metherlow? No se sentará con nosotros esta noche, si es lo que te preguntas. No puede hacerlo. La mitad de su alma quedó atrapada en el interior de la diosa de la Discordia y la otra mitad sigue cumpliendo la condena que nuestro señor Hades le impuso en la Umbra. Pero no sufras, eso no le ha impedido guiaros hasta aquí ¿cierto?


La oniro llegó a abrir la boca cautivada por la duda, cuando la planta espinosa que había visto en el reino de los sueños aunque a menor escala, comenzó a recubrir la silla presidencial ante el estupor de Phantasos.

- Nadie me escuchó cuando dije que su poder nos traería problemas.- Dijo el hombre desgastado con un tono molesto.
- ¿Acaso mis antepasados debían confrontar la decisión de nuestro gran señor Hades?
- Tus antepasados se llevaban demasiado bien con ella y no hicieron nada para oponerse, yo estaba allí presente.
- Disculpad- Johanna simplemente ignoró al tipo.- La inmortalidad adquirida no favorece los buenos modales y la actitud se agría con el tiempo. Nuestros invitados- remarcó mirando a Osfen con rectitud y una seriedad abrumadora que parecía emanar algún tipo de intimidación- están esperando una explicación que no llega.


El hombre murmuró para sus adentros algunas quejas, pero se volvió hacia ambos y los miró con atención antes de hablar. Parecía dispuesto a dar una larga charla, así que la oniro intentó relajarse en la medida de lo posible.


- Hace miles de años que nuestras familias han protegido las puertas al Inframundo y a otros mundos igual de poderosos gracias al poder que nuestro gran señor Hades nos brindó. Pero ese equilibrio se ha ido perdiendo con el transcurso de los años. Primero, por la pérdida total del linaje de una de las familias y hace algunos cientos de años, cuando la heredera di Metherlow aquí presente, se rebeló contra el Inframundo y acabó con las otras dos familias que faltan en esta mesa para obtener más poder.

La planta creció y se enredó aún más en la silla. Phantasos la miraba con atención sin acabar de fiarse. Aquel movimiento le recordaba al repugnante movimiento de las serpientes. Meditó un instante sobre lo que les contaban... ¿no era entonces una enemiga para todos los presentes?

- Eso, nos lleva a la situación actual. El poder de solo dos familias y media, no es capaz de proteger los seis corredores, ni mucho menos los portales que defienden, pero he aquí el problema mayor. Hades no puede romper el pacto a menos que todas las familias hayan desaparecido. Nosotros estamos dispuestos a sacrificarnos, pero ninguno de los presentes podemos destruir a Luthien di Metherlow.
- Y Eris ya no es capaz de contener por más tiempo la mitad del alma de ésta, lo que está favoreciendo que incluso su otra mitad se vuelva... incontrolable.


Phantasos miró hacia su señor. A ella le faltaban bastantes datos para comprender la historia, pero no estaba segura si él se encontraba en su misma posición. Bajó la mirada en cuanto recordó su posición intentando poner las ideas en orden:

Luthien di Metherlow, heredera de una familia nigromante, dueños de la casa oscura.
Dividida en dos mitades.
Una dentro de Eris.
La otra, castigada en la Umbra, convertida en aquella planta que había atacado al reino de los sueños.

¿Pero qué tenían que ver ellos en esa historia si, como decían, no podían acabar con Luthien? Es más, si era su enemiga ¿por qué presidía la reunión?

- Porque ella desea morir.- Le respondió Johanna. Phantasos se sorprendió. Debía tener una capacidad telepática increíble si era capaz de leer su mente con tanta facilidad y sin ningún tipo de contacto visual.- Ser el descendiente principal de las familias, no solo te proporciona poder, también te ata en la muerte a no poder reencarnar, por eso algunos optan por buscar la inmortalidad...- dijo mirando al Osfen.- … o a rebelarse e intentar escapar. Antes de morir, Luthien hizo una serie de ataduras demasiado poderosas, incluyendo algunas extra con nuestro gran señor Hades, lo que hace que sea imposible que él la mate sin quedar prácticamente destrozado en el proceso.

- Osirias... ese...- Osfen se calló cuando vio la mirada de advertencia que Anhesthot le dirigía. Al fin y al cabo, éste había contenido en muchas ocasiones el alma de Hades y seguía siendo digno de su fidelidad.
- Cuando nuestro señor por fin abandonó el cuerpo de Osirias, usó su poder para dividir a Luthien. Digamos, que su parte molesta para el Inframundo, quedó atrapada y en constante castigo, pero a la otra se le permitió reencarnar, seguir ganando poder y así fortalecer a Hades en el proceso, solo que...- miró con sus ojos al techo suspirando. Era una historia algo larga.- … resumiendo, acabó en manos de Eris que, sabiendo que Luthien podría suponer un riesgo para reino marino, la contuvo con todo su poder.


- Hace miles de años- interrumpió Osfen, redirigiendo la historia a la situación actual- se estableció que cualquier ser que fuese capaz de cruzar alguno de los corredores, era digno de protegerlo y de formar parte de las seis familias nigromantes. Así que, Lord Hypnos, os pondré sobre la mesa las posibilidades que se os presentan:

1. No hacer nada. Ambos salís de aquí y volvéis a vuestros quehaceres. Eris desaparece. Luthien se libera y carga su ira contra todos nosotros sin piedad. Hades queda aún más debilitado y los corredores quedan abiertos a nuestros enemigos. El Inframundo, cae.

2. Ambos os unís a nosotros asumiendo el puesto de líderes de dos familias nigromantes. Se os dotará del poder y el conocimiento de la nigromancia a cambio de vuestro sometimiento a nuestro señor Hades y de la aceptación de ciertas clausulas. Usamos nuestro poder para unir las dos mitades de Luthien, ésta cede el poder di Metherlow a uno de vosotros y a cambio es liberada de su castigo eterno muriendo al fin.


- Un sello no servirá... no esta vez.- Habló Johanna- Luthien conocía muy bien el paso después de la muerte, se ató a muchos objetos y a muchas personas poderosas para evitar quedar atrapada en algo así. Debemos aprovechar la oportunidad que se nos brinda, antes de que sea tarde.


Phantasos había escuchado todo, pero no entendía muy bien dónde estaba la trampa. ¿Acaso había duda en la decisión? Hypnos y ella eran inmortales, al fin y al cabo. Anhesthot se inclinó hacia la oniro y esta vez dejó claro que era capaz de escuchar sus pensamientos.

- Hades no desea que Luthien muera. Quiere su sufrimiento eterno por sus crímenes. O dejamos que el Inframundo caiga o contradecimos una orden directa de nuestro gran señor. No os voy a engañar, quien albergue su poder, tiene una alta probabilidad de ser tachado de traidor al reino y de sufrir la ira de nuestro gran señor, incluida la posibilidad del destierro.- Se encogió de hombros mientras tomaba otro trago.- Tal vez con suerte no sea en esta Era...
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Hypnos
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Mensaje por Hypnos »

Vaya que eran bastante larga aquella escalera, Hypnos con su característica paciencia solamente subía y subía, no emitió ningún comentario. Detrás de el escuchaba de forma constante, como el click de un reloj de cuerda, los pasos metálicos de Phantasos que se mantenía siempre al mismo ritmo, emulando a su señor. De vez en cuando Hypnos pensaba en el cambio de actitud que Phantasos mostraba después de la separación de su cuerpo humano, el hecho de portar su armadura, su porte mas erguido, pero a la vez sumiso, supuso que tendría que hablar con ella después.


Sus cavilaciones cesaron al observar la entrada de luz a la antes oscura escalinata. Se detuvo a analizar la nueva situación. Frente a él, una mujer alta, de cabello negro y esbelta los esperaba, con esa naturalidad que suele desconcertar les dio la bienvenida. Hypnos continuó subiendo. Al llegar a aquella puerta la mujer se había retirado, dando espacio a que Hypnos y Phantasos entraran.


Apenas hubo de dar un paso dentro de la habitación, le sorprendió el diseño y adornos que daban forma a aquel salón. Reconocía el estilo, no le agradaba mucho, el prefería el clásico estilo antiguo, las columnas griegas, las formas geométricas. Había algo más, aquel estilo barroco le recordaba el cambio y transformación de la forma de pensar del ser humano, ese estilo marcaba la victoria del monoteísmo por sobre todos los otros dioses. Y lo peor de todo es que, a diferencia de Tlaloc, Odín, Ra, el nunca había conocido en persona a este dios cristiano, los humanos habían cambiado la idolatría por dioses tangibles, por uno que ni el mismo Hades ha visto nunca.

Aquellas eran conclusiones hechas en otro tiempo, en aquel momento, en aquel salón, solo se limitó a observar y a seguir las instrucciones de aquellos que los habían recibido. Junto a la mujer estaba un viejo decrépito, Hypnos pudo identificar que aquella persona no estaba viva, pero tampoco muerta. Mientras su anfitriona hablaba un par de entes llegaron a ofrecer servicio en la mesa.

Hypnos no ocultó su desagrado, la necromancia era algo que el detestaba, lo consideraba una transgresión de los humanos, cruzar una frontera clara y romper el orden natural. Empero debía tolerarla, era una práctica que no podía funcionar sin el beneplácito de Hades. De tal forma que a su señor aquello no le parecía tan malo.

Tomó asiento, y junto a el Phantasos. Hasta aquel momento no había dicho nada, sus anfitriones estaban bastante propensos a la plática por lo que optó por dejarlos avanzar en todo aquello. Entre frase y frase aquella mujer dio muestras claras de poder leer la mente, debía tener una importante maestría pues no es fácil leer la mente de un dios, no funciona igual que la mente de un humano. Hypnos frunció el entrecejo cuando sintió el poder Johana rondando su cabeza. La miró a los ojos y aquel intentó cesó, Johana lo había disimulado, pero había sufrido una fuerte punzada en la cabeza al intentar acceder a la mente de Hypnos.

Mientras ellos hablaban la historia iba cobrando sentido. Hypnos se preguntaba por que Thanatos había permitido todo aquello, cual era la idea detrás de proporcionarle tal responsabilidad y tanto poder a los humanos. Concluyo que en un principio estos humanos no debían obrar solos, como lo habían venido haciendo, había límites y dioses que cuidaban estos límites, pero con tantas guerras, esta parte del inframundo había sido descuidada. Mientras escuchaba volvió a echar un vistazo a las afueras, había una luz que permitía ver la forma de las lápidas en el exterior, pero se antojaba falsa. Aún no estaban en la superficie. Lo intentó, pero podía determinar con exactitud en que parte del inframundo se encontraban.

Hablaron de Luthien y Osirias… Luthien, ese nombre le gustaba, alguna vez había llegado a sus manos una historia épica en donde una joven llamada Luthien luchaba con el señor de la oscuridad para salvar al hombre que amaba, aquella Luthien era mucho mas agradable que la que les presentaban en este relato. Osirias por otro lado no le sonaba de nada. Entendía que fue el recipiente de Hades en mas de una ocasión.

Escuchaba y, todo aquello se le antojaba innecesario. ¿Por qué hades se había prestado para aquello?, por que había tenido tantas concesiones con Luthien. Hasta el momento no había sido desvelado que obtenía Hades de aquello, habían mencionado poder, ¿Pero que poder puede ofrecer una humana a uno de los dioses principales? ¿Qué claso de poder puede un necromante ofrecer al sueño de la muerte? ¿Qué clase de treta era aquella en la que para eliminar a esta Di Mertelow hades debía sacrificar parte de su poder? Mientras más escuchaba Hypnos se encerraba en la conclusión que Osirias había intervenido en aquellos tratos mas que el señor Hades mismo. Aquello le dolió, la misión de Hypnos y Tanathos era preparar al recipiente de Hades, asegurarse que fuera adecuado, entrenarlo y cuidarlo. Sin ellos era evidente que el recipiente había sido, cuanto menos, demasiado facultoso.

Hypnos tomó un momento para respirar, estaba molesto, molesto con el mismo por no estar presente para ofrecer consejo y guía a su señor en aquellos momentos. Estaba molesto con Thanatos por diseñar una estructura que no resistiera la esperada codicia humana. Pero luego de un par de segundos pensó que, si aquello no tenía nada de sentido, era probable que Hades lo hubiera querido así. Debía de haber algo más que su señor mantenía para sí mismo que ni si quiera estos guardianes sobrevalorados sabían. ¬

Ha sido una historia entretenida cuando menos — Dijo al fin Hypnos. — Creo que nuestro viaje esta por concluir, no estoy interesado en formar parte de todo… esto. —No disimulaba su molestia frente a todo lo que ellos, necromantes, guardianes, traidores, representaban… Sabía que Phantasos no iría en contra de sus deseos ¬— Si lo que dicen es totalmente cierto no nos será posible detener a esta entidad por nuestra cuenta. Pero al menos, antes de regresar quiero que nos muestren el origen de esta aberración. ¿Es posible? —.

Hypnos no creía que Eris podía morir en manos de un alma mortal, por muchas veces que haya ligado su alma a Hades o a ella misma. No conocía la historia completa. No sabía lo que no sabía, pero aún así, se negaba a creer que una sola humana pudiera haber generado tantos problemas a los dioses. Todo aquello era parte de una era que ya no existía, era parte de una historia que no era vigente, confiaba en que Hades, con su guía acabaría con aquella amenaza sin mayor problema, veía la preocupación en los ojos de Osfen, pero era como ver por la ventana una historia pasada que ya no tenía cabida en aquel mundo.

—¿Y bien?, pueden mostrarnos el hogar actual de Luthien di Mertlow. —

Hypnos creía poder llegar a la umbra sin mucho problema mediante teletransportación, pues seguía siendo parte del reino de Hades, pero estaba interesado en interactuar mas con aquellos singulares personajes.
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Mensaje por Raven »

- Una total y absoluta pérdida de tiempo- gruñó el nosferatu sin tratar de ocultar su desagrado.- No por nada existe la norma de que ningún dios cruce ese camino. Se ha arriesgado demasiado... ¿y para qué, jovencita?


Johanna suspiró sin dejar de clavar la vista en Phantasos mientras intentaba ocultar una risa inoportuna.

- Es lo que ocurre cuando usas el enfoque incorrecto.- Corrigió la mujer, dejando de lado a la oniro y mirando esta vez a Hypnos. Sabía que no había modo de convencer a la subordinada de tomar un camino diferente al de su señor, así que no había más remedio que hablar con el dios.- Entiendo que no quiera formar parte de todo “esto”, como bien ha dicho. Es un arte que inicialmente siempre causa rechazo y repulsión.- Explicó. No necesitaba leer la mente del dios, ya había visto su expresión cuando uno de los cadáveres se había acercado a él y eso había sido suficiente.- Pero la realidad es totalmente contraria a lo que uno suele creer inicialmente. Si lo piensan, fríamente, los cadáveres son solo meras carcasas inútiles cuyo destino es acabar siendo pasto de gusanos. Los nigromantes únicamente reutilizamos algo que de nada sirve al resto.- Tomó un sorbo de vino y esta vez miró a Hypnos de forma desafiante.- Lo que hacen ustedes, sin embargo, sí es capaz de revolverme el estómago. Se aprovechan de los mortales, de su necesidad vital de dormir para atacarles en su estado más vulnerable. Agotándoles poco a poco, generándoles pesadillas en el mundo durmiente y en el de la vigilia únicamente respondiendo a... ¿qué? No tenéis principios que os guíen, ni siquiera nuestro señor Hades ha establecido las normas... ese mundo que habéis creado solo responde a vuestro criterio, dios Hypnos y os creéis con el derecho de juzgar con vuestra mirada el noble arte de la nigromancia, establecida por nuestro señor hace casi tantos años como los que tiene vuestra propia existencia...

- Anhesthot.- Interrumpió el hombre mostrando cautela.

Era consciente de la juventud de su acompañante y que el ímpetu que mostraba respondía a generaciones de orgullo, pero encararse al dios del sueño de ese modo podía traerle graves consecuencias. Phantasos también la miró con atención, pero se mantuvo en silencio expectante. No tenía claro el resultado de aquel encuentro.
Finalmente, la joven volvió a hablar, esta vez algo más calmada.


- No existe nadie que respete tanto la muerte como un nigromante. Cuanto más cuidado está un cuerpo al fallecer, más útil nos resulta, así que somos quienes más nos esmeramos en que éste sea tratado con respeto y excelencia. Pero no solo es eso. Procuramos que los cuerpos de nuestros aliados no caigan en manos enemigas, cuidamos que los cadáveres no queden perdidos para que cualquier ente pueda hacer uso de ellos con posesiones indecorosas.- Siguió explicando, esta vez lanzando una mirada descarada hacia Phantasos.- Y eso... solo es la base. Pero claro, puedo entender vuestra postura. ¿Qué necesidad tiene el dios todopoderoso de los sueños de aprender algo nuevo, si él ya puede lograrlo todo con solo desearlo, verdad?


Esta vez la mujer se levantó y caminó hacia el dios con paso firme. Osfen no pudo ocultar su incomodidad y Phantasos se irguió aún más en su silla, como un felino acechando entre la maleza, dispuesta a actuar de ser necesario. Johanna decidió detenerse a una distancia prudente, pero puso los brazos sobre la mesa y se inclinó hacia el dios para mirarle más fijamente y hablar en susurros, aunque todos los presentes eran capaces de escucharla.

- ¿Qué me decís de Xtabay? ¿Habéis quedado satisfecho con el resultado de su destino? Pasasteis esa prueba únicamente por una imposición de poder, un dios contra un humano... bravo, toda una hazaña digna de ser cantada por trovadores. Un alma humana en pena, sometida de ese modo a quedar atrapada eternamente en ese sello. No solo no la salvasteis, sino que además, habéis condenado a otra a ocupar su lugar.- Anhesthot se incorporó de nuevo y empezó a alejarse molesta hasta caer en su silla.- Un nigromante jamás habría hecho eso, tiene más recursos que la mera fuerza.


Osfen decidió tomar entonces la palabra con un tono mucho más conciliador.


- No les estamos pidiendo que usen el poder que se les concederá si lo consideran desagradable. Imagino que lady Phantasos entiende a qué me refiero. Que ella pueda convertirse en hombre, no significa que lo haga alguna vez. Pero es un recurso del que siempre puede disponer. Solo les pedimos que alberguen ese poder, que lo cuiden y con ello, protejan a nuestro señor Hades y al Inframundo. ¿No es ése acaso nuestro deber?


El hombre se puso de pie, pero no amenazante como su compañera, sino más bien con idea de guiarles hasta otro lugar.


- Miles de los nuestros habrían matado por lo que les ofrecemos. Yo mismo aceptaría ese poder gustoso si pudiese. Cualquier idiota con cosmos puede ser capaz de manejar cadáveres, pero manejar los espíritus es complejo y peligroso. Han conseguido cruzar el corredor, eso implica que sus almas son dignas. No queda tiempo para volver a buscar. Les imploro, que lo consideren una vez más.


Phantasos se mantuvo en silencio. No tenía claro el motivo por el que su señor mostraba tanta reticencia, pero suponía que la idea de aliarse con humanos y que además, ese hecho pudiese repercutir ante Hades, no era precisamente alentador. Quizás a fin de cuentas no creyese que un alma humana pudiese llegar a ser una amenaza real, aunque...

La oniro interrumpió su pensamiento al ver como Osfen hablaba entonces con la planta espinada. Parecía pedirle permiso, intuyó que para acceder a la umbra, pero aquella escena no dejaba de ser algo pintoresca.


- La umbra es peligrosa, no les voy a mentir. Solo los di Metherlow tienen acceso a este lugar sin riesgos y solo ellos tienen la capacidad de someter a las sombras, además de nuestro gran señor, claro. Recuerden que nuestra supervivencia ahora, puede depender de Luthien, así que... solo intenten...


El hombre no completó la frase. Esperó a que sus invitados se levantasen y le siguieran hacia otra dependencia. Miró hacia Johanna, pero ésta no se movió de su lugar ni les dirigió una sola mirada.

Tal vez era lo mejor.
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Mensaje por Hypnos »

Hypnos esperaba la respuesta a su solicitud, extrañamente se sentía seguro, como si estuviera en su propio jardín, el despliegue de energía y fuerza física le había extenuado, y ahora, sentado en aquel lugar aprovechaba para descansar. Johanna, sentada a un par de metros de ellos no dejaba de mirar a Phantasos, el giró su cabeza y volvió a mirar hacia el exterior. Lúgubre lugar sin duda.

Y ella, Johanna, comenzó a hablar. Hypnos giró de nuevo su rostro para mirarla, se extrañó un poco, pues de un instante a otro su energía era distinta, se sentía un poco mas apresurada, sus fosas nasales parecían haberse abierto un poco más, señal tal vez de enojo. En apenas unos minutos armó un caso de defensa a la nigromancia, sus virtudes y utilidades. Hypnos consideraba extraño aquello, Johanna se defendía, pero no había fiscal que la acusara, o jurado a quien convencer. Empero, eso no importó, continuó su discurso, se levantó, recorrió la sala, se dispuso frente al dios, el cual, con mirada tranquila no dejaba de prestarle atención. Estaba cansado, la nigromancia no le interesaba, aún más, tenía una mala opinión al respecto. Pensó por un momento en ignorarla, no consideraba que hubiera nada de valor en aquella retahíla, sin embargo, optó finalmente por dejarla hablar, desahogarse, de una forma u otra había sentido el desprecio de Hypnos, y debía resarcir aquello que sentía había sido transgredido, debía sanar esa delgada capa protectora que era el orgullo.

Había hablado, aparte de la nigromancia, de las actividades de los oniros en el reino de los sueños, de lo ocurrido con Xtabay. De como el pasillo debía ser custodiado y otro ser debía tomar su lugar. Hypnos concluyó que en su análisis había algunas imprecisiones. Volvió su mirada a Phantasos y la observo enfocada, no estaba hastiada como el, sus ojos revelaban un verdadero interés. Ella dejó de hablar y se dejó caer en la silla.

Osfen, el viejo nigromante tomó la palabra. Sus modos exigían atención, Hypnos reconocía la experiencia de los años en él. Escuchó lo que tenía que decir, solicitaba reconsideraran aquella petición y al mismo tiempo aceptaba llevarlos a donde pudieran encontrar el origen de la planta, de Luthien. Al final, el dios decidió hablar.

Trató de ordenar las ideas que habían sido arrojadas. Se levantó de la silla, caminó hacia un ventanal contiguo al lugar donde estaba sentada Johanna, recorrió un poco la habitación con la vista y comenzó.

–Parece que te he ofendido Johanna, el desprecio que me causa la nigromancia es grande. Aún y cuando he intentado no decir nada abiertamente ofensivo mis formas lo han sido. Espero podamos convivir de aquí en mas entendiendo que vemos este tema desde ópticas distintas. – No había intentado ofenderla abiertamente, por lo que consideraba que una disculpa sería de mal gusto.

–La nigromancia ha sido permitida, si, no instaurada por lord Hades, hay sutilezas en los conceptos que deben ser señaladas. La nigromancia de la que hacen gala hoy sus grandes casas es el resultado de una exploración contraria al orden. Mas cercana a la hechicería que a lo que Hades pudiera haber creado en algún momento. Mas cercana a otras culturas, que a la griega. Tal vez, si en las pugnas de poder, hace milenios, hubiesen salido victoriosos otro tipo de dioses yo estaría equivocado y la muerte sin sentido, la violación al orden sería el orden mismo. Pero no, fueron derrotados y sometidos. Y sus ideas debieron de sobrevivir enterradas, como ratas que cavan buscando una oportunidad de sobrevivir. Y de vez en vez salen a la superficie, se reproducen y se vuelven a esconder, y continúan apareciendo hechieros que utilizan el cosmo para potenciar sus artilugios, chamanes que utilizan el cosmo para continuar sirviendo a Turul. Estas ideas como las ratas son difíciles de eliminar, y tal vez sea el designio de nuestro señor que sea así, no está en mí saberlo o regularlo. – “Ese era trabajo de mi hermano”, pensó.

Y eventualmente, entre acuerdos, sesiones espiritistas, el deseo del hombre común y corriente de llegar a lo eterno, tenemos esto. – Señaló a la planta que parecía inquietarse. –Un problema que hay que resolver. – Hizo una pausa para caminar un poco y quedar entre Osfen y Johanna. – No Johanna, cuidar un cuerpo para que te sirve después no es respetar la muerte, la muerte es el fin de la vida, es el siguiente paso. La nigromancia no la respeta, la ultraja, pretende esclavizarla. ¿Cuándo un esclavista ha sido tomado en serio cuando exclama que nadie cuida mejor la dignidad humana que él, por que, después de todo, para tener mejores esclavos hay que tratarlos bien?, ¿O cuando haría sentido que un tratante de prostitutas se autoproclame como quien mejor trata a las mujeres por que deben estar en excelentes condiciones para que sean redituables? Quien crea esto realmente es por que tuvo que haber estirado los conceptos bastante, y si debes estirar tanto la verdad, es probable que mucha verdad no sea. –

Hypnos sonrió ligeramente a Phantasos una sonrisa solo preceptible por ella, que lo miraba atenta, pretendía explicar por que no aceptaba aquel trato que podía significar proteger al reino de los sueños.

–Ahora Osfen, entiendo lo que nos proponen. Aún y cuando mi alma inmortal me demandara algo distinto a lo que acabo de expresar, aún y cuando yo mismo pudiera aceptar la nigromancia como un “arte noble”, todo esto es el resultado de las decisiones de mi señor. En diferentes etapas de la historia, desde el momento en que decidió delegar el custodio de estas puertas a las primeras familias. No había una necesidad real de usar humanos hechiceros o criaturas obscuras para custodiar las puertas, si lord Hades lo hizo de esta manera no era para asegurar los accesos, debía haber algo más. – Hizo una pausa, tomó aire y continúo. – Sabiendo solo lo que se hasta este momento me parece un error el haber designado a estas familias al principio, me parece un error que Hades se relacionara con Luthien y dejara que ella tomará este tipo de poder, no hay ninguna razón que yo alcance a ver en donde una relación de esta índole con una humana fuera beneficioso para el o para le reino. – Había una idea que comenzaba a rondar su cabeza… pero se negaba a aceptarla por lo que ni siquiera mentalmente indagó en ella. –De tal suerte que debe haber algo que no sé. Si la intención de mi señor era que, milenios después yo tomará esta responsabilidad esta bien, así lo haré, sin embargo, dudo que sea así, creo que hay algo más y solo veo dos formas de obtener mas información, discutir esto con lord Hades, que será algo que sucederá eventualmente, y tratar de obtener respuestas de la fuente de esta maldición. –

Y con aquello volvía al punto inicial, al momento en que había pedido le mostrataran el acceso a la umbra, en donde yacía Luthien Di Mertelow.
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Mensaje por Rhiannon »

—No tiene qué hacer algo por debajo de su nivel, señor Hypnos, no importa lo que esta gente diga. —Irrumpe la voz no fuerte pero si segura. Puede que no sea una juez, pero si se siente responsable de alguna forma de lo que se ha salido de las manos a los espectros de alto rango prácticamente frente a sus narices. Las “familias” podrían cuidar puertas, pero ¿los jueces y espectros? eran los guerreros y guardianes del maldito infierno. Podría ser con mucha suerte, esto parte del evento que le daría su tarea vital o lo que se refiriera Lord Hades con encontrar un propósito.

Empuja un poco la puerta para pasar que pasen mejor las alas de la armadura. Quizá un poco más fuerte de lo necesario. De todas formas, seguramente se habían dado cuenta de que había estado escuchando.

—He escuchado de ella. Luthien Tasartir Di Meterlow, también llamada... la lechuga, por sus allegados. —Su rostro sigue siendo pétreo pese a esa información. —He viajado mucho, eso da acceso a información. —eleva y baja un hombro. Sintió malestar, su despertar no había sido agradable y apurarse para llegar hasta ese lugar tampoco fue fácil tras liberarse de toda su “aventura” anterior, incluso si había conseguido su objetivo inicial.

—Y me temo que no es la primera vez que ha estado sumergida en la umbra. —Hace una pequeña pausa, tanto en su andar como en sus palabras. Ella busca en sus memorias, como cuando la gente elige sus palabras. —Ella fue un caballero del santuario, y lo primero que hizo fue caer en la umbra, de hecho. —sonríe de medio lado. —Pero Atenea la sacó, así que, con ese antecedente, sabemos que no es imposible.

Siente su corazón golpear más rápido, porque está molesta. Ellos solo hablan del descenso a la locura, de la decadencia. No saben nada. Hablan de Osirias como si lo conocieran. Hablan de Luthien condenándole como él.

—Se les está olvidando detalles de su historia. En el fin de los primeros tiempos, cuando en la guerra de la Peste Negra se peleó la última épica batalla, ella fue la que usó su repulsivo poder nigromante para levantar a los muertos a presenciarla fuese cual fuese el final. Eso debe significar algo.

Hotaru había estado ahí. Akonel, recuerda con nostalgia, también fue maestro de Luthien, ¿cierto? Ellas fueron hermanas de batalla hasta ese grado, alguna vez.

—"El destino reparte las cartas, pero somos nosotros quien las jugamos"— repitió recordando una frase. —Creo que a Luthien sólo se le ha olvidado cómo jugar y creo que tenemos qué recordarle. —Su rostro se volvió algo siniestro. —Aunque sea a punta de golpes.


Mira a Hypnos, bajando la cabeza pero no la mirada.


—Permítame ir. Y de ser posible... de mostrarle a esta mujer por qué un espectro no puede quedarse con la simple tarea de cuidar puertas como se atreve a pedir la “dama” insolente.
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