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El poderos dios menor, hermano de thanatos, Hipnos, guardian del poder del sueño eterno con su temible poder esta acargo de este lugar custodiando el reino de Hades este Dios es:

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Había estado tan absorta hablando a la estatua de hielo, que no se percató de que alguien más estaba en aquel lugar y en consecuencia, no pudo ocultar un pequeño brinco producido por el susto inicial.

- ¡Mi señor!

En cuanto dijo esas palabras, una bola de nieve de origen completamente desconocido fue a golpear a la roca que estaba sobre su cabeza, haciendo que sus restos cayesen sobre ella. Phantasos comprendió por qué había pasado eso, aunque era bastante problemático justo en ese momento.

Tuvo un instante en el que consideró la posibilidad real de estar delirando o abducida en una extraña alucinación... pero había cosas que simplemente se sabían, sin tener claro el por qué. Ésta era una de ellas.

Hypnos nunca había estado en su castillo en sus más de dos mil años de vida... ciertamente, tal acontecimiento debía haber sido completamente diferente. Debía haber entrado con los honores que se merecía y haber sido recibido en presencia de todos los sueños que allí habitaban postrados ante él... pero claramente ya no había que preocuparse sobre eso.

Respiró hondo con cierta resignación y simplemente aceptó la situación. En cualquier otro momento se habría levantado y se habría arrodillado frente a Hypnos... pero no lo hizo. Simplemente miró como se acercaba desde su posición sentada en la nieve y apoyada en aquella roca que apenas se elevaba un poco más de medio metro desde su cabeza. Antes de que el dios siguiese avanzando, levantó ambas manos hacia su señor en señal de que se detuviese o que simplemente esperara a recibir una explicación.

- De todas las salas en las que nos podríamos haber encontrado, estamos en la más... complicada.- Le explicó con calma pero con una sonrisa sincera. Estaba feliz por verle allí, no podía negarlo. Las cosas no habían ido tan bien como le habrían gustado en su anterior aventura y sabía que Hypnos ya había gastado muchos cartuchos de paciencia para con ella. Pero su presencia allí ya era una muestra importante de buena voluntad y lo apreciaba.- Yo la creé... pero tiene sus propias reglas y hay que aceptarlas si queremos permanecer aquí indemnes.- Lo pensó un instante. Lo último que le faltaba, es que su señor saliera de allí con un bolazo de nieve recibido a traición y pensando que la culpa era de ella.

1. No se puede usar el cosmos, así que es básicamente como si fuésemos humanos... a excepción de las pequeñas transformaciones que no soy capaz de controlar.
2. Aquí solo somos y yo. No hay jerarquía
.- Dijo remarcando mucho la palabra TÚ.
3. No se puede mentir en esta sala. En consecuencia, tampoco se pueden tomar represalias en el exterior.

¿Estás de acuerdo? Si no... siempre podemos salir e ir a un lugar más... digno.


La diosa no podía ocultar lo graciosa que le resultaba la situación. Escapaba totalmente a la previsión que habría tenido de una primera visita de Hypnos a su palacio.

*Flashback

- De acuerdo, no se vale usar la magia o tendrías mucha ventaja, tenemos que ser iguales en esta sala en todos los aspectos, así que eres humana.- Explicó el niño mientras jugaba con la nieve de sus pies.
- Eso es prácticamente imposible, hay cambios que ni yo puedo controlar a veces.
- Vale, pero solo los que no puedas controlar.
- Hecho- murmuró Phantasos, siendo consciente de que eso dejaba abiertas muchas posibilidades.
- ¡¡No se vale engañar!!- Le replicó el pequeño.
- Demasiado listo... vaaaale.
- Y no te puedes vengar cuando salgamos.
- No pensaba hacerlo... probablemente.- Admitió con algo de duda.- Pero vale, tienes mi palabra.

En ese instante, una bola de nieve fue a impactar directamente sobre la cara de Phantasos. Se quitó los restos que quedaban con su mano, tal y como había prometido, y de pronto todas esas normas cobraban sentido en su cabeza. De fondo podía escuchar las carcajadas del pequeño. Una risa demasiado contagiosa, por lo que Phantasos tuvo que contenerse para no carcajearse como loca. En vez de eso, abrió los ojos de forma desafiante hacia el pequeño, que podía sentir la aventura que iniciaba en ese momento.

- Corre...


Se mantuvo expectante a la respuesta de Hypnos, esperando que no la tomase por loca tras escuchar aquellas normas. Phantasos era consciente de que aquella sala y las reglas creadas por un niño no serían las que sometieran al dios del sueño. No era tan poderosa ni el dios tan sumiso, pero quiso pensar que, al igual que ella, Hypnos las aceptara aunque solo fuese por una cuestión de “honor” o de “palabra”.

Finalmente el dios asintió. Ahora venía lo más complicado, que era dejar atrás miles de años de trato cortés para, simplemente, tratarlo como a uno más de su particular familia. Phantasos dio un par de palmadas en el suelo junto a ella, haciendo que algo de nieve se aplastara.

- Lo siento, sé que no es el sitio más cómodo, pero os aseguro...- al decir aquellas palabras se oyó un crujido a la lejanía, procedente de unas montañas nevadas.-... pero te aseguro...- corrigió Phantasos- que es el sitio más seguro, lo sé por experiencia. Como te he dicho, yo creé la sala, pero fue él quien hizo ciertos ajustes para que fuera más entretenida.- Explicó mientras señalaba la estatua de hielo del niño.

Observaba cómo Hypnos se sentaba junto a ella y algo en su interior agradeció que él estuviese allí, de esa manera. A pesar de todo, podía sentir que había un muro invisible entre ambos. No podía señalar razones concretas, más allá de que había dejado de llamarla “Phantanasos” para dirigirse a ella como todos los demás, pero había una cierta tensión que había arrastrado desde el río de sangre hasta aquella sala.

- Me has preguntado quién es él- dijo de forma pensativa- Yo diría que “un tesoro robado”. Un niño particularmente talentoso y con un grandioso potencial para el reino de los sueños que me fue arrebatado en el cráter de un volcán.- No entró en detalles, sabía que Hypnos había visto lo ocurrido en aquel corredor.- Pero aún es mucho más que eso. Es mi confidente, quien aún hoy consigue sacarme una sonrisa... y también el recuerdo presente de que encariñarse con humanos puede traer terribles consecuencias a los inmortales.


Mientras hablaba, poco a poco su cabello iba cambiando de color y algunas facciones de su rostro cambiaron ligeramente. Aquella figura que se mostraba ante él, no le era desconocida, pero hacía milenios que no la había vuelto a ver:

Era la Phantasos real. La que él un día había creado. No era morena, ni con ojos con heterocromía. En realidad eran unos ojos tan claros que se fundían con el lila y el azul indistintamente.
Hypnos solo había visto esa apariencia en muy pocas ocasiones, todas próximas a su “nacimiento”. Después había cambiado a un estilo casi completamente opuesto para nunca más volver a su forma real.



La oniro respiró hondo. Su señor no había ido allí para hablar del niño o de las particularidades de la sala del hielo. Retrasar lo que parecía evidente, solo lo haría más difícil.

- Nunca quise subestimarte, ni dañar tu orgullo de dios.- Lo dijo con suavidad y con un claro tono de disculpa. Hablaba despacio, pendiente de las reacciones de su señor.- ¿Cómo podría? He sentido de primera mano el poder que albergas y he contemplado las proezas que puedes llegar a hacer desde hace miles de años.- Sonrió levemente.- Creí que Rhiannon se enfadaría al escuchar hablar “mal” sobre los dragones y que podría aprovecharme de que no me conocía lo suficiente para guiarla. Creí que tú nos intentarías detener y te enfadarías conmigo por mi actitud, un pequeño ataque y ya. Montábamos en dragones, cruzar el río no debería habernos llevado más de un minuto. Parecía algo sencillo y manejable.- Se detuvo un instante bajando la mirada hasta sus manos.- Me equivoqué y lo lamento. Estaba tan preocupada por lo que podría aparecer después del río, que no pude prever lo que pasaría... y el resultado no fue en absoluto lo que quería.- Levantó finalmente la mirada para fijarla en la de Hypnos.- El problema, es que yo también tengo mi propio orgullo de diosa- volvió a sonreírle. Quería una charla pacífica de la cuál aprender, pero era un tema delicado de abordar y si se descuidaba podría no ser visto así por el dios.- Hay un punto frustrante en el hecho de saber que no puedes proteger a quien quieres, porque básicamente eres mucho más débil que él. Cuando llegué a la sospecha de lo que el río de sangre hacía, quise protegerte a ti y a Rhiannon, quise que no tuvieras que enfrentar la idea o las consecuencias de tener que hacernos daño a ella o a mí. Sé que debía ser tu decisión, que es parte de lo que implica comandar, pero...

Dudó un instante. Aún podía sentir la furia y la decepción que había emanado del dios en aquel momento, aunque después había intentado contenerla. Era difícil hablar sobre ello sin que acabase derivando en un reproche.

- ¿Tan... malo es... que me preocupe por tu bienestar?
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Hypnos pensó que su presencia había sido ya detectada, empero hubo de darse cuenta de que no al escuchar la exclamación de sorpresa de su oníro, casi al tiempo un proyectil de nieve emergió de algún lugar en dirección a Phantasos, por instinto intentó detenerlo con su cosmoenergía, solo para darse cuenta de que no era capaz de evocarla. Esto le confundió. Antes de que pudiera concluir cualquier cosa Phantasos había comenzado a explicar las reglas de aquella sala. Había cierta sorpresa en el dios de los sueños, pues pocas condiciones en la realidad podían limitar la cosmoenergía. Athena podía limitar la teletransportación en las tierras cercanas a su residencia, lo mismo Hades en el inframundo, pero limitar el uso de energía, aquello era algo, especial.

No tenía problemas con evitar mentir, su fuerte no era el engaño, ese era mas bien la especialidad de su anfitriona. Y sobre la jerarquía… Consideraba que la jerarquía no era algo que se pudiera eliminar tan fácilmente, requería un esfuerzo consciente para tratar de ignorarla. Pero estaba de acuerdo en no darle órdenes y en tolerar algún desplante. Aquellas normas las consideraba innecesarias, y veía en ellas algún tipo de juego que Hypnos no creía disfrutar. Sin embargo, deseaba hablar con su oniro y seguirlas no era un coste demasiado elevado.

Phantasos respondió acerca de la pregunta del niño. “Un tesoro robado”, lo decía con una nostalgia palpable. Hypnos se esforzaba por entenderla, por encajar lo que ella decía con todo lo que había ocurrido. Podía constatar que lo que ocurrió en el viaje no había tenido secuelas muy graves, el esperaba ver una Phantasos ensombrecida, seria, triste tal vez, pero no, su ánimo era bastante bueno, Hypnos consideró que se debía al lugar, debía ser parte de la magia de aquel frío páramo. Hypnos poco sabía que su presencia ahí también contribuía a que Phantasos tuviera un talante distinto.

El dios la veía atentamente, por lo que pudo percibir cuando el cambio comenzó. Su rostro, su cabello, sus ojos. Aquella imagen estaba guardada muy profundo en la mente de Hypnos, justo enseguida de las cosas olvidadas. Le causo nostalgia el verla nuevamente así. Se preguntó, ¿Qué coste debe pagar la diosa de las apariencias?, que puede significar el ver su reflejo siempre distinto, siempre alguien más.

Pronto la conversación se tornó en el tema que lo había llevado hasta ahí. Ella explicó, pero realmente lo que hacía era mostrar su corazón. Hasta en el discurso jugaba con las apariencias. Era una diosa bien entrenada, Hypnos se enorgulleció.
Mi orgullo de Dios… Es mas lo que lo alimentas que lo que puedes llegar a dañarlo… – le dijo en respuesta a los cumplidos que justo acababa de proferir hacía su poder. – Tu error es… normal… – dijo mientras volteaba a ver la estatua, hasta ese momento no había apartado su mirada de Phantasos. – Tus conjeturas eran buenas, pero intentaste actuar por todos. Eso haría un líder, sí, pero el liderazgo se gana, y tú, aún no te lo habías ganado. – Ahora levantó su mirada al cielo, no era posible ver ninguna estrella, todo estaba cubierto por nubes grises que se movían rápidamente en el firmamento.

Al escuchar el concepto de “Orgullo de diosa”, Hypnos pensó en algo que no había pensado antes. Sus Oniros eran fuertes, estaba seguro que si se unían podían derrotarlo a el mismo, había visto su evolución a lo largo del tiempo, estaban a un paso de los dioses olímpicos, nunca relaciono aquel aumento de poder con un creciente orgullo. Siempre los veía como subordinados, como niños tal vez. No tenía idea de que tan cerca podían estar de el mismo.

Asumo que no lo pudiste proteger a él… – Dijo volviendo a ver a la estatua. –El proteger a alguien no tiene tanto que ver con el poder, si no con la voluntad, la intención. Y con entender cuándo la protección es necesaria– Su rostro se endureció mientras volvía su mirada a ella, a aquella mujer rubia de ojos grises, que de pronto era su pupila, en ratos una retadora, y a veces quería ser su protectora. –No somos caballeros de Athena, no estamos para proteger a nadie, mas bien, somos la amenaza del mundo… – Hizo una pausa, meditó sus siguientes palabras, relajo su ceño. –Tu reino, tu trabajo… has conocido los sueños de tantos humanos, a este lugar llegan los sueños solo de aquellos humanos que valen algo, algunos malvados, sí, pero en su mayoría humanos con un lugar guardado en el Elíseo por su valor, fuerza, determinación, voluntad, amor… no lo preví antes… pero al habitar en sus sueños conectas tu mente con la de ellos, y de a poco ha ido permeando en ti su naturaleza…-
Buscaba la profundidad de sus ojos, como intentando llegar a aquella Phantasos que había conocido hace tanos miles de años.

Decidió responder por fin a su última pregunta.

Malo, no es malo que te preocupes por mí… es solo que lo haces de una manera que es… un sin sentido… – Hypnos consideraba normal que en un caso de peligro mortal sus oniros intentaran poner su vida antes que la suya. El lo haría con Hades. Pero Phantasos hablaba de bienestar, hablaba de una preocupación mas profunda, mas humana.

Durante el viaje, ha ocurrido algo más… – Dijo cambiando un poco el tema de la conversación. –Tengo curiosidad, ¿Qué significó para ti el haber perdido el cuerpo de Raven?, era un cuerpo con el que tenías un par de días, pero… creo que te afectó el que te haya separado de el… -

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Escuchó las palabras de Hypnos con atención y meditó su razonamiento. Le habría gustado rebatirle, más aún sabiendo que de algún modo podía hacerlo en esa sala, pero la realidad, es que no podía.

- Tienes razón.- Contestó con calma. Ciertamente no era una líder, no se lo había ganado, en realidad ni siquiera quería serlo. Así que no podía hacer otra cosa que aceptar la realidad de los hechos e intentar mejorar en el futuro.

Seguía pensando al respecto cuando Hypnos hizo un nuevo giro en la conversación y volvió a referirse al niño.

- No, no pude protegerlo. Incluso cuando era algo que le había prometido a él y a mí misma. Era consciente entonces y ahora de que no es parte de nuestra misión... pero bueno, al final la vida no es solo cumplir nuestro deber ¿no? A veces intento autoengañarme y creer que la vida que le restaba iba a estar llena de obstáculos y dolor, que la muerte fue realmente una salvación... pero ni siquiera yo soy tan ingenua.



Respiró hondo mientras miraba la estatua con atención y escuchaba el discurso de su señor.

- “La amenaza del mundo”...- abrió mucho los ojos sonriendo. Aquella sentencia parecía bastante melodramática. Lo miró a los ojos con fijeza antes de hablar.- Tú no crees eso.- Hizo una pequeña pausa, recordando el pequeño instante en el que había entrado al sueño producido por Xtabay.- Como parte del ejército de Hades, nos corresponde castigar a los humanos y sí, ser una amenaza que les ayude a seguir el camino más adecuado. Pero el Reino de los sueños... somos diferentes. Podemos ser el tormento y la condena de los humanos, pero también somos su alivio y su esperanza. Pesadillas y sueños, ambos en equilibrio. Tu sueño... no pude ver mucho, en realidad solo fue un pequeño instante, pero lo que vi no parecía ser amenazante o maligno, en realidad, pude ver un mundo... justo. Y para mí está bien. Creo que tenemos una perspectiva privilegiada de la que carece el Santuario y el resto del Inframundo ¿por qué renunciar a ella o a lo que somos?


Tomó algo de aire antes de continuar. O simplemente le dejó un instante a Hypnos para que pudiera opinar al respecto.

- No he comprendido muy bien a qué te refieres con que “es un sin sentido” mi preocupación por ti. De acuerdo, no tiene sentido preocuparme por tu vida porque jugamos con cierta ventaja en ese aspecto, lo entiendo.- No quiso entrar a hablar sobre los motivos más que fundados de que en ese corredor tal vez no contaban con ella.- Pero eres algo más que simplemente un dios. No preocuparme por tu bienestar es como decir que eres una piedra. Tienes mente, tienes pensamientos, anhelos, dudas, miedos... bueno, no tengo muy claro esto último- dijo a la vez que soltaba una pequeña risa- y como dios inmortal, cargarás con ellos eternamente. No le veo un sinsentido intentar velar porque éstos sean lo menos dolorosos posibles.








Hubo una pequeña pausa en su conversación, en la que aprovechó para dejarse hipnotizar con el movimiento de las ramas de los árboles que se mecían por el viento con suavidad, dejando caer la nieve lentamente. Meditaba sobre si sería buen momento para hablar con Hypnos acerca de aquel sueño en el Santuario, cuando éste interrumpió su pensamiento con una nueva pregunta.


- Durante el viaje, ha ocurrido algo más… Tengo curiosidad, ¿Qué significó para ti el haber perdido el cuerpo de Raven?, era un cuerpo con el que tenías un par de días, pero… creo que te afectó el que te haya separado de él…


Phantasos no pudo evitar tensarse un poco. Incluso mantuvo la respiración durante unos instantes mientras su mente trabajaba rápido al respecto. No podía mentir... no quería mentir. Pero para poder responderle adecuadamente, iba a tener que mostrar algo que durante miles de años le había ocultado.

- Es algo más complicado de lo que parece... - Comenzó a explicar. Se mostraba dudosa, no podía esconderlo. Aún así, también lo veía como una oportunidad para soltar aquella carga con la que había acarreado durante tantos años.- Para que logres comprender mi reacción hay que volver atrás... muy atrás.- Podía dar el día, la hora y el minuto exactos, pero no lo hizo.- Ocurrió... unos pocos meses después de haber sido creada.- Lo dijo con prudencia.

Respiró hondo. Se dio cuenta en ese instante de que no era capaz de decirlo en voz alta usando palabras, así que decidió romper una de las normas de la sala y usar algo de su cosmos para mostrarle a Hypnos en su mente toda la historia. Con un poco de suerte, las consecuencias por el uso de “magia”, serían asumibles.



Estaban en el reino de los sueños, pero era difícil recordarlo así. Era en sus inicios, cuando apenas había criaturas que lo poblaran y las llanuras de hierba verde y flores se extendían más allá de la vista, confundiéndose con el horizonte. Era un paisaje hermoso que invitaba a la calma e Hypnos podía contagiarse de ésta incluso dentro de sus pensamientos.

Para su pesar, toda la paz de la que disfrutaba Phantasos entonces se vio perturbada de golpe. Lo primero que sintió fue una mano sobre su hombro izquierdo que la arrastró con fuerza hasta hacerle perder el equilibrio y caer contra el suelo. Alguien se tumbó sobre ella y la inmovilizó por las muñecas a pesar de la resistencia que intentaba poner. Hypnos pudo reconocer claramente al atacante: Phobetor.

Podía escuchar los gritos de la oniro, en clara desventaja física con su oponente. Intentaba elevar su cosmos para pedir ayuda, pero los pocos sueños que había recibían al tiempo la orden contraria del otro oniro, por lo que no intervinieron en ningún momento, incapaces de decidir la acción correcta.

Phobetor mostraba una actitud totalmente lasciva. Arrancó sin piedad un medallón que adornaba el tirante de la túnica, destrozando así aquel vestido por el hombro y comenzó a pasar su lengua por toda la piel descubierta de Phantasos hasta llegar al cuello. El dios del sueño podía sentir como suyas las reacciones de desesperación y repugnancia que le producían a la oniro aquella situación, así como la impotencia de no poder parar aquello.

El oniro no se detuvo. Phantasos consiguió llegar a morderle el labio cuando se atrevió a besarla, pero lejos de cesar en su intento, parecía haberlo alentado. Phobetor usaba su mano izquierda para sujetar sus manos y la derecha para presionar con fuerza sobre sus mejillas y que no pudiera moverse mientras intentaba desesperadamente traspasar con su lengua los labios de la diosa.

Por suerte para Phantasos, aquella escena llegó a su fin con la intervención de Oneiros. Había conseguido alejar a Phobetor propinándole una patada lo suficientemente fuerte como para lanzarle varios metros de donde estaban y liberar a la oniro.

Lejos de sentir algún dolor o vergüenza, lanzó una larga carcajada más propia de un psicópata que de un dios.

- ¡Esto no ha terminado!- gritó mirando a la oniro sin ocultar su brillo de deseo.




La proyección de aquella historia se detuvo. Phantasos abrió los ojos, viendo que habían sido rodeados por lo que parecía una pequeña avalancha de nieve. Por suerte, el lugar en el que estaban sentados seguía teniendo aquella protección especial.

- A partir de ese día, Oneiros se tomó la vigilancia de Phobetor como uno de sus principales objetivos en la vida, pero como no podía estar siempre presente, explicó la situación a Ikelos y Morpheo, convirtiéndose a partir de entonces en mis guardaespaldas.


Se atrevió a mirar a Hypnos. Había estado navegando por su mente el suficiente tiempo en aquel corredor como para saber que aquella historia no iba a dejar indiferente al dios. Se atrevió a poner sus manos sobre la suya, que reposaba sobre la nieve, en un intento de tranquilizar su reacción.

- Fue hace mucho tiempo.- Insistió Phantasos- Sé que es algo que debimos contarte inmediatamente, pero entonces tenías asuntos mucho más grandes y urgentes que tratar, que simplemente algo que “casi” pasó. Cuando volvimos a reunirnos contigo, había pasado demasiado tiempo y yo... solo quería olvidarlo. Creí que si lo ocultaba, tal vez un día llegaría a ser como si nunca hubiese pasado, así que les pedí que no te dijeran nada, y al final acabó mezclándose con el miedo a cómo reaccionarías al saber que te lo había ocultado durante tanto tiempo.- Calló un segundo- Me encantaría poder decir que aquello no tuvo ningún impacto en mí, pero no fue así. Hubo un tiempo en el que no podía tolerar que me tocaran, en el que no podía entrar en la zona de los sueños del deseo... y ni mucho menos plantearme la posibilidad de besar o tener una relación con alguien.


Se detuvo a pensar un instante e intentar calmar lo más posible su voz, aunque no podía esconder cierto nerviosismo.

- No estoy contándote esto para que tomes acciones contra Phobetor. Una vez adquirí mis poderes, dejó de ser una amenaza real y, a fin de cuentas, es un oniro poderoso, capaz de derrotar a muchos atenienses llegado el momento. Te lo cuento, porque me has preguntado qué significaba para mí perder a Raven. Sé que puede parecer absurdo, pero Xtabay usó a Raven para besarte en el río. Eso por sí mismo ya era un motivo más que suficiente para atesorar aquel cuerpo- dijo sonriendo- pero además, era agradable pensar que podría volver a tocar mis labios y recordarte a ti en vez de a Phobetor. Al perder a Raven, fui consciente que perdía aquel bálsamo y que la pesadilla volvía.



La oniro levantó sus manos con rapidez y las interpuso entre el dios y ella con las palmas al frente.

- No estoy pidiendo...- se quedó callada sin poder evitar el sonrojo en sus mejillas. Hablaba con relativa calma, pero era una situación bastante vergonzosa.- Soy consciente de lo desagradable que te resulta la sola idea, Xtabay hizo muy buen trabajo en detallarme el por qué aquel beso jamás iba a poder volver a ocurrir sin su presencia y... lo respeto.- Reflexionó un instante sobre aquella posesión y lo que había ocurrido.- Fue por eso que no podía llevarla en mi interior. A cambio de cumplir sus venganzas personales, habría usado todo su poder de seducción para arrastrarte a ella y... - lo pensó un instante, recordando las sensaciones que había percibido procedentes de su señor entonces- … no quiero subestimarte, pero con el tiempo, creo que sí habrías acabado en su red. Serías mío... algo realmente tentador, Xtabay lo sabía bien, pero... no me habría diferenciado en nada de Phobetor.
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Mensaje por Hypnos »

–Haces un salto lógico considerable. No somos la amenaza del mundo por nuestra naturaleza infra mundana. A este lugar llegan todas las almas, aquellas que merecen un castigo eterno y aquellas que merecen gozar del Eliseo. El que tengas acceso a conocer a los humanos mientras aún viven no nos hace sus protectores – Hypnos calló. Durante el último viaje con Phantasos había aprendido que era bastante obstinada. – Ese sentimiento que has desarrollado por algunos humanos, y por mí… es la fuente de un gran poder, pero también puede ser tu perdición. Confío en que, llegado el momento tomaras las decisiones correctas– terminó diciendo, omitiendo intencionalmente el tema de su sueño.
Después de aquello Phantasos se dispuso a clarificar por que reaccionó de aquella forma al perder el cuerpo de Raven.

La ilusión comenzó. Hypnos arqueó una ceja, hacia apenas unos minutos le había recitado un listado de reglas que incluía el no usar cosmoenergía. Lo que sea que intentaba mostrar deseaba que Hypnos se sumergiera en la experiencia, en lugar de solo escuchar un relato.

La ilusión comenzó en el reino de los sueños, el mismo lugar donde estaban ahora, pero hacia mucho tiempo. Conservaba su hermosura mística, pero se antojaba mas espacioso. Hacia tiempo que aquel recuerdo había sido guardado en el fondo de la memoria del dios, por lo que fue agradable rememorar los primeros días de aquella dimensión, que con el tiempo terminó siendo su reino. A pesar de que había una belleza natural en ese lugar, Hypnos reconocía el trabajo que habían realizado sus oniros a lo largo del tiempo, transformándolo todo en algo aún mejor.

Ahí estaba ella, haciendo quien sabe que cosas, caminando solamente, explorando tal vez, cuando fue atacada. Hypnos reconoció al atacante, no había cambiado mucho a lo largo del tiempo, era Phobetor, uno de sus oniros. Debía ser uno de los primeros recuerdos de Phantasos por que no mostraba el despertar del cosmo aún. Ella a pesar de hoy ser una gran guerrera, tomó un poco más de entrenamiento que los demás dioses del sueño. Era poco mas que una humana normal enfrentando a un dios.

Phobetor estaba totalmente poseído por la lujuría, el deseo de dominancia, como un vil animal. La sangre de Hypnos hervía. Ver a Phantasos sometida, desesperada, pero aun manteniendo su espíritu de lucha. Ver Phobetor convertido en menos que un humano, agrediendo a su compañera de armas, su hermana.

A tiempo llegó Oneiro a restablecer el orden, a cuidar de Phantasos y establecer un límite con Phobetor. Un poco de orgullo albergó el corazón de Hypnos entre tantos sentmientos detestables que se revolvían en su interior, orgullo por Phantasos al luchar en total inferioridad, orgullo por Oneiro al estar atento de sus hermanos tal cuál era su función.


Phantasos continuó explicando el impacto de aquel evento en ella y como esto se relacionaba al cuerpo de Raven. Como el beso del río había cambiado la percepción del contacto físico en ella y lo mucho que apreciaba aquello.
–¿Desagradable? – Se extrañó con las últimas conclusiones de Phantasos al respecto del beso, Xtabay, y lo ocurrido en la misión. –Mentiría al decir que, de no luchar contra el deseo, terminaría entregándome totalmente no solo a la lujuria, también a la tentación de una conexión mas profunda. –Para Hypnos la belleza de Phantasos en todas sus presentaciones, desde que la vio por primera vez no pasaba desapercibida, sin embargo, había decidido siempre ignorar aquel aspecto en ella, concentrándose en su potencial para el inframundo. –El tener la capacidad de reprimir los deseos más terrenos es una capacidad divina, otorgada a los humanos sí aunque suelen no desarrollar demasiado esta virtud muchos lo hacen… Lo que convierte a Phobetor, en aquel momento, en algo menos que un humano, más parecido a un animal – Dijo con un dejo de ira en su voz. –Te considero, al igual que tus hermanos, parte de mí, es cierto, pero la razón por la que ese beso, aunque breve, no debe repetirse no es por repulsión, es por que nuestro destino es mas grande. –

Trató de dar a entender su visión de aquel evento ocurrido. En otros tiempos tal vez no le importaría demasiado los sentimientos de sus Oniros, pero últimamente había comprendido más de las motivaciones de Phantasos y por consecuencia un poco de sus hermanos.

Hypnos luchaba por estar presente en ese momento. Empero los pensamientos acerca de la ilusión de Phantasos no dejaban de ir y venir. Habían ocultadole algo importante a Hypnos desde el principio, ¿Qué tantas cosas mas guardaban? Hypnos que pensaba tenía el completo control de lo que ocurría en su reino de repente se conocía ajeno a él. Pensaba en como castigar a Phobetor, que hacer con Oneiro en su calidad de líder y responsable…

Volvió su mente a aquel frío páramo y miro fijamente a Phantasos, aquellos ojos claros le gustaban mucho mas que sus ojos bi-color. Pensaba que era perfecta como era, tal vez era el orgullo de haberla conocido así, y haberla elegido en esa forma hacia tanto tiempo.

–Recuerdas aquella prueba de las serpientes?– Le dijo de repente, como un comentario ajeno a aquel momento. –Lo que ha ocurrido con Phobetor es algo similar. Aquel beso, aquella sensación, a sido un escape. ¿Quieres volver a tener la libertad que el te robo?, tienes que quitársela– Le dijo, conectando aquella primera idea. Y sonriendo continúo. –Se que no me has pedido consejo, pero tómalo como un permiso, un permiso para devolver la balanza a su lugar. –


Era arriesgado, no era seguro que Phantasos pudiera derrotar a Phobetor o infringirle algún tipo de daño. Pero Hypnos estaba convencido de que para superar aquel recuerdo, debía enfrentar la oscuridad, como lo había hecho tantas veces durante su entrenamiento como oniro. Aún su mirada se perdía de vez en cuando pensando en las medidas a tomar, con los oniros, y con el mismo. Ciertamente los pecados del hijo eran las fallas del padre, y eso el lo tenía claro.
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*Flashback

Phantasos intentaba agarrarse a la nieve para salir del lago helado que, por designios del lugar, había decidido quebrarse bajo sus pies. Al fondo, podía escuchar con claridad la risa de aquel niño que la observaba sentado junto a una roca.

- Llegados a este punto, tengo que protestar. No estoy usando magia, estoy diciendo la verdad y no te estoy tratando con más ni menos respeto... ¡explícame por qué esta estúpida sala sigue atacándome mientras tú te mantienes impoluto!
- Eso es porque yo estoy “en casa”.
- ¿Qué?
- En todos los juegos existe. (OT: desde la prehistoria XD) Una zona en donde estás a salvo y nadie te puede atrapar. Para nosotros, es esta roca.

La oniro sentía que debía respirar profundamente para intentar no coger al niño por el pescuezo y salir de allí en ese mismo instante. Estaba a punto de chasquear sus dedos para secarse por completo, pero no lo hizo, intentando mantener su promesa (y cansada de recibir los castigos de la sala). Al final, simplemente se dejó caer junto a aquella roca, empapada y dándose por vencida.

- Eso no explica por qué me sigue atacando.
- Puede que sea por algo más obvio como... no sé. Tus ojos. ¿Estás segura que son así?

Phantasos había cogido aire para lanzar un grito de “¡¡por supuesto que son así!!”, pero tuvo que aguantarse y ahogarlo de nuevo en sus pulmones porque, efectivamente, llevaba tanto tiempo mostrándose con una apariencia que no era la suya real, que había olvidado por completo que estaba haciéndolo. En consecuencia: usando magia y mintiéndole a la vez.

Se dio con la palma de su mano en la frente, acusándose de idiota en su mente mientras cambiaba su aspecto. Se alejó un poco de aquella “roca salvadora”, y ahora sí, los ataques de la sala hacia ella cesaron.

- ¿Ése es tu aspecto real?- preguntó el niño con curiosidad y algo sorprendido. Phantasos asintió.- Esperaba algo diferente...
- ¿Una especie de esfera fantasmal flotante y oscura con un par de ojos bicolores brillantes?
- Sí... algo así.- Dijo con total calma, mientras la oniro se echaba a reír.- Pensaba que serías horrible y que por eso tenías que cambiar tu aspecto... pero no lo eres.
- Gracias por el cumplido- contestó reprimiendo algunos pensamientos- Mmm... bueno, supongo que lo hago porque cuando cambio, siento que llevo una especie de armadura. Con mi aspecto real, lo que pase... me pasa a mí. Pero si llevo otra apariencia, es como si todo lo malo que me ocurriese, le estuviera pasando a otro.
- Eso es absurdo.- Sentenció el pequeño.
- No tanto como quedarse pegado a una roca por miedo a mojarse.

El pequeño arrugó los labios y el ceño, justo antes de ponerse en pie y salir corriendo en dirección contraria a la oniro, que ya tenía preparada una gran bola de nieve entre las manos.

*Fin del flashback




Tal vez fuese conocida como la diosa de las apariencias, pero había momentos en los que Phantasos era capaz de mostrar lo que pasaba por su cabeza a su interlocutor con una claridad increíblemente aplastante, incluso aunque éste no conociera a la diosa.

No podía decirse que se hubiese sonrojado, eso era quedarse bastante corto. Más bien su rostro parecía un horno al rojo vivo a punto de estallar. Aquella reacción solo podía significar una cosa, y es que Phantasos nunca había llegado a plantearse que Hypnos pudiera tener esa opinión de ella.
Al menos, la sonrisa nerviosa que trataba de ocultar sin éxito, dejaba claro de que aquellas palabras no le habían disgustado en absoluto.

El dios hablaba ahora sobre reprimir sus propios deseos. Al hacerlo, pudo ver una nueva reacción en su oniro. Ladeó un poco la cabeza, miró hacia el lateral opuesto al dios y alzó levemente una ceja. Hypnos casi podía leer las palabras saliendo de la cabeza de Phantasos: “¿Qué necesidad de hacer eso?” Quizás por eso mismo, el dios continuó explicando su razonamiento y sobre el hecho de que aquello era algo virtuoso propio de los dioses. La oniro entonces alzó sus ojos hacia el cielo y nuevamente reflejó sus pensamientos como un espejo recién pulido: “Se me ocurren varios dioses olímpicos que deberían escucharte en este momento”.

A pesar de todo, la diosa se mantuvo callada conteniendo una sonrisa avergonzada. Lanzó una mirada rápida a los ojos de Hypnos mientras asentía, comprendiendo todo lo que el dios del sueño había explicado y aceptando su razonamiento. Casi con la misma rapidez, volvió a esquivar su mirada, intentando poner en orden su cabeza antes de poder proseguir.

El dios de los sueños era así. No podía negar que a veces Phantasos desearía que éste dejase a un lado su divinidad y su camino de rectitud. Poder contemplar su lado más impulsivo y despreocupado de la vida. Pero incluso hasta en su imaginación le costaba ver así al dios. Sería como imaginar un unicornio sin su cuerno... ¿podría seguir llamándose unicornio? Del mismo modo, si Hypnos era Hypnos, era por pensamientos y formas de actuar como ésos... y estaba bien. En realidad, eso era lo que apreciaba y le gustaba de él, así que no había necesidad de cambiarlo, solo aceptarlo como era y ya.



Se levantó un poco apresurada y comenzó a retirar algo de la nieve que casi les cubría a su alrededor. No había sido una gran avalancha, pero necesitaba una distracción y de paso conseguir que algo más de oxígeno llegase a su cerebro. Además, el tacto con la nieve siempre le había resultado extrañamente relajante.

Por suerte para ella, Hypnos siguió hablando y ahora le planteaba una nueva alternativa para resolver sus problemas. El semblante de Phantasos cambió radicalmente a uno serio y pensativo. Se giró y miró a los ojos a su señor, con suma atención.

Quitarle la libertad a Phobetor. Pero... ¿cómo?

Lo meditó un instante y al final llegó a una conclusión perturbadora: haciendo exactamente lo mismo que él había hecho. Generar una trampa, debilitarle y causarle una idea enfermiza en su cabeza para el resto de la eternidad.

- Es una opción bastante arriesgada.- Admitió sin poder ocultar algunas dudas.

Recordaba su episodio con las serpientes a partir del cual, las cosas cambiaron considerablemente... pero estaban hablando de Phobetor, un oniro capaz de aterrorizar a humanos y dioses. No caería en una trampa fácilmente ni enloquecería sin más. Iba a necesitar de la magia de alguna criatura... no tenía muy claro en qué estaba pensando su señor, pero para ella solo había una opción viable que pudiese funcionar con aquel oniro: un súcubo. Una criatura que por obvias razones nunca había intentado aceptar.

- Me llevó muchos años lograr dominar la transformación en la zorra Teumesia y todavía muchísimos más lograr descomponer todo mi cuerpo en algo inmaterial.- Explicó, mostrándole de ese modo algunos trucos que tenía pensados en caso de necesidad contra su “hermano”- Dominar una transformación en sucubo no debería llevarme más que un par de meses, pero... - se mantenía pensativa.

El problema no era lograr crear un demonio lascivo capaz de drenar la vitalidad de su oponente y de
generarle una obsesión posterior con ella que lo condujese a la locura. El principal reto estaba en la mente de Phantasos, en si sería capaz de no dejarse llevar por el miedo y mantener la concentración que requeriría. Convertirse en demonios, vampiros y seres similares, implicaba abrir una especie de puerta oscura en el interior de uno mismo: lo suficientemente abierta para dejar salir la oscuridad, pero no tanto como para que te desbordara. No era fácil en situaciones “normales”, menos aún en la que se preveía. Cualquier error podía conducirle a cerrar o abrir la puerta de golpe... y en ambos casos el resultado sería el mismo.

Respiró hondo. Tener la venia de su señor, facilitaba las cosas y le daba cierta motivación, no lo negaba. Aunque por otro lado, no podía dejar de imaginar la cara que pondría Oneiros si averiguase sus intenciones.

- … me temo que no voy a poder deshacerme aún de los tacones de aguja... aunque no negaré que tengo curiosidad por ver qué tal me queda la lencería y algunos trajes que nunca he sido capaz de llevar.

Se echó a reír tras eso. Tendría más tiempo en otro momento para analizar los detalles. Sin embargo, ahora prefería disfrutar de ese tiempo con su señor. Extendió su mano hacia él, invitándole a levantarse y a acompañarla en un paseo tranquilo (esperaba) por aquel hermoso entorno nevado.




Reflexionaba sobre todo lo que habían hablado mientras escuchaba el crujir de la nieve con cada paso que daban. A Phantasos no se le había escapado el detalle de que Hypnos no había querido hacer hincapié en su sueño. No podía negar el hecho de que había ciertas cosas en él que quería preguntarle y que le habría gustado aclarar, pero su propia ética, se lo impedía.

Los sueños pertenecían a sus dueños, no a los oniros. Eran suyos, y eran considerados una parte muy íntima y privada de cada ser vivo. Los oniros podían acceder a ellos, pero siempre con la premisa de ser respetados y cuidados... con algunas excepciones, por supuesto.


Phantasos había presenciado solo un instante de su sueño, nada claro en realidad. Y no podía obviar que Xtabay también había estado en medio. Por suerte, la diosa había sido consciente del poder mental de ambos de primera mano, y por eso podía garantizar que la mujer nunca habría sido capaz de someter a Hypnos en su terreno. Por tanto, podía asegurar que todo lo que había visto, tenía su origen en su señor.

La mente de los oniros era demasiado prolífica, para bien y para mal. Había visto esa escena desde muchos ángulos diferentes, intentando averiguar el antes y el después de ese instante. Su señor era leal al Inframundo, de eso no le cabía la menor duda, así que ¿por qué estaría allí? ¿Quizás en el fondo creía que Athena era mejor gobernante que Hades? ¿Querría haber estado en el bando de los atenienses en vez de “nacer” en el lado de los muertos, para poder servirla?
No.

Hypnos no era un dios prepotente como Zeus, pero tampoco se visualizaría a sí mismo en sus sueños como un lacayo servicial de la diosa.

Tal vez todo iba de tratar de lograr el poder sobre todos los reinos... o puede que una historia de amor platónico hacia Athena que por fin se volvía realidad.

Cerró los ojos un instante, intentando recobrar la compostura y detener su imaginación. En realidad daba igual el motivo del sueño. Cualquier versión era aceptable para Phantasos, excepto por un detalle que era el que más le perturbaba: la total ausencia de los oniros. La visión de aquel sueño era bastante clara en ese sentido. Fuera él o Athena el que gobernara, seguramente de forma inconsciente, había contemplado la idea de designar a alguien a su lado para su protección o la de la diosa, y ésa había sido la matriarca del Santuario.

Ni su hermano, ni los oniros.

Una ateniense.


- Gracias por haber sido tan comprensivo.- Dijo finalmente mientras pasaban junto a un pequeño riachuelo.- Te aseguro que el haberte mantenido aislado de esta historia me pesaba casi tanto como el hecho en sí. No fue fácil para ninguno de nosotros, te lo aseguro. Fue una situación completamente excepcional y única, jamás nos atreveríamos a ocultarte nada de lo que pase en el reino.- Paró un segundo de andar y lo miró fijamente, hablando con un tono sereno, pero más serio que el habitual- Quiero recordártelo: los oniros te somos completamente fieles a ti.- Su modo de decirlo y de mirarle, mostraban lo que verdaderamente quería decir con ello: “Fieles a ti, por encima de Hades”- Tus deseos, son nuestras órdenes. Lleven a donde nos lleven.- “Incluso aunque nos lleven lejos de ti” quiso agregar, pero no habría podido mantener su firmeza.

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Mensaje por Hypnos »

Las claras expresiones de Phantasos generaron una risa involuntaria en el dios de los sueños. Casi podía escuchar sus reclamos y objeciones, aunque su boca no se hubiese abierto. Hypnos sabía que sus Oniros le estimaban a el de una manera especial. Era de alguna manera su creador y es normal el amor que la criatura profesa a su creador, mas aún cuando ese creador es personal, conocido, pueden verle, sentirlo, hablar con el, aunque no era capaz de entender el sentimiento de Phantasos, aunque el creía que sí, es eso que ocurre cuando desconocemos algo y nos forzamos por tratar de entenderlo, el nunca había amado a nadie de esa manera, por tanto, solo podía imaginarse lo que Phantasos tenía en su corazón, y esa visión para bastante limitada.

Hypnos siguió pensando en que era una ventaja que tenían los oniros a la mayoría de los humanos (el poder estar en contacto con su creador), por tanto, no era extraño para Hypnos la devoción y obediencia que a el se le debía. Por lo menos con la mayoría, en aquel momento no podía estar seguro de lo que había ocurrido con Phobetor, bien podría ser que lo amara a él, pero despreciara su creación. Sus pensamientos volvieron a aquel helado páramo, a los ojos de Phantasos la cual casi los ponía en blanco cuando terminaba de su homilía acerca de una de las virtudes que, a su consideración, un dios debería presentar.

Hypnos se sorprendió, no se molestó en ocultarlo, sus ojos se abrieron un poco mas grandes. Aquello era una prueba de que no entendía del todo a Phantasos, tal vez por que era mujer, tal vez por que hacía tanto tiempo que no convivía con ella o con sus oniros. Hypnos había pensado en algo mas directo, plantarse frente a el, o no, hasta podía haber imaginado un ataque sorpresa, una batalla, un desahogo físico de todo cuanto ella tenía enterrado. Luego, a cambio de perdonarle la existencia, sumisión.

En la mente de Phantasos aquellas palabras habían ido por otro lugar, después de todo era la diosa de las apariencias, pensándolo un poco mejor tenía mas sentido engañarlo, engatusarlo y luego dejarlo sin respuestas. Para aquello un Súcubo era una buena idea.

¬—Él ya te desea, desea tu cuerpo, dominarte, poseerte… no estoy seguro de que tanto más te sirva una transformación a Súcubo para engañarlo. Tal vez con unos colmillos afilados en el momento justo podría ser suficiente. — fue su contribución, realmente ella tenía mucha más expertiz que él en conseguir sus objetivos por medio del disfraz.

Ella le ayudo a levantarse, después de haber limpiado algo de nieve que había caído a manera de avalancha desde la cima. Comenzaron a caminar, Hypnos absorto en aquello que Phantasos había creado. Le parecía hermoso. Después de unos minutos de caminar Phantasos rompió el silencio, disculpándose por haber ocultado aquel evento, dejando en claro que aquello había sido la primera y única vez. A Hypnos le costaba creerlo, en donde falta la justicia una vez no hay ninguna garantía. Solo la miró fijamente, no era algo que discutiría en ese momento. Ella no era quien debía de haberle informado, era Oniro.

No entendió del todo la segunda parte de su comentario. Lo enlazó aún al tema de Phobetor y el secreto que había guardado, como quien refuerza su argumento desde otra perspectiva. No imaginó que en la mente de Phantasos aquel sueño seguía vigente, pues el mismo se había forzado a olvidarlo.

—Es lo que pido, fidelidad y obediencia. Y es lo mismo que yo estoy obligado a con ustedes y mi señor Hades. — En aquel momento si que recordó su sueño. Zanjo su tren de ideas de inmediato, si bien era cierto que dentro de él, muy profundo habitaba un deseo de poder y arrogancia, por el momento solo era un deseo, un pensamiento ocasional, sabía que así como podía ignorar el deseo carnal podría ignorar el deseo de poder y la arrogancia que este llevaba consigo.

No sabía como mas continuar, entendió que era el final de una disculpa y la aceptó. Caminaron un poco más.

—Desde el primer momento, hasta hoy — comenzó un nuevo tema —Ustedes han crecido en fuerza, sabiduría, y hasta estatura — Le dijo mientras alborotaba el cabello de Phantasos, su versión original era notablemente mas alta que las que había generado después. —Después de la primera guerra santa creí adecuado dejarles esta dimensión, este reino, para que lo trabajaran a conveniencia, confiando en que teníamos claro nuestro objetivo y camino… — Pauso un momento para voltear hacia ella. — Cuando estábamos en el río, dijiste algo que me sorprendió, dijiste que ya no los conocía, por que me había alejado de ustedes… — Parafraseó un poco—¿Cuéntame Phantasos, que crees que deba saber ahora?—

Entendía que tal vez había sido una treta para conseguir el objetivo de aquel momento. Pero también entendía que aún en las mentiras hay verdad.
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Mensaje por Raven »

- Te equivocas- respondió de forma muy rotunda al escuchar la reflexión de Hypnos sobre Phobetor. Lo dijo de forma instintiva y sin pensarlo, porque si lo hacía, tal vez no podría estar tan convencida.- Su deseo hacia mí, no es por mí. No es por mi belleza o por alguna fantasía romántica o lujuriosa... puede que fuese el motivo en su primer ataque, pero desde luego, no es lo que le mueve a día de hoy.

Phobetor es un ser arrogante que busca el poder y adoración. Todo lo que hace, es para lograr lo uno o lo otro. Quiere superar a Oneiros y liderarnos... pero me temo que sus aspiraciones van... más allá.-
Fijó la mirada en Hypnos dándole a entender con claridad que se refería a querer usurpar la posición del dios del sueño. Suspiró antes de continuar.- No tengo ninguna prueba sobre lo que acabo de decirte. Si la tuviera no hubiese dudado en acudir a ti. Una no puede ir acusando a sus iguales solo con presentimientos o intuiciones... en realidad no tengo claro por qué te lo estoy contando ahora.

Se acercó hasta el dios. Era una situación bastante complicada de explicar. El oniro era inteligente... no gozaba de la posición que tenía por nada. No cometía errores claros frente a varios ojos y menos ante Hypnos.

- No es lo que dice o lo que hace, sino cómo se siente lo que dice o hace. Por ejemplo, en la misión en la que nos enviaste juntos, me dejaba actuar sola. A ojos ajenos, parecería dejadez... pero en realidad se sentía igual que cuando tú me pones a prueba. Esa sensación de poder y control.- Lo meditó un instante. Podía dar muchos ejemplos, pero todos eran igual de banales, así que se centró en el motivo de su explicación.- Phobetor es como un niño que quiere el juguete que tiene otro niño más popular o mayor. No le interesa el juguete, solo lo que representa tenerlo. Quiere poseerme, pero solo porque sabe que no me entregaría a otro que no seas tú. Al hacerlo, no solo disfrutaría de mi sumisión, sino que te quitaría algo tuyo que jamás podrías recuperar. Un 2x1, por así decirlo.

Se llevó las manos a sus brazos para frotarlos. No tenía frío, pero la sola idea le daba cierto repelús que le ponía la piel de gallina.

- En algún momento pensé en clavar colmillos, aunque no lo hice porque no me correspondía a mí castigarle. Pero aún así, no creo que eso equilibre la balanza. Con el sucubo puedo darle donde más le duele. Si tengo éxito, el demonio se lleva parte de su alma en forma de energía y lo asimila para sí mismo, así que disminuiría su poder a favor del mío de forma permanente. Y de paso, puedo hacerle entender lo que es vivir con una idea que no te deja vivir plenamente.

Si por el contrario no tengo éxito...
- miró hacia las nubes pensativa- no es que se acabe el mundo... y ciertamente dejaré de darle importancia a que me atrape.

En realidad, solo hay dos cosas que me preocupan. La primera es que...-
se sonrojó un poco. ¿Por qué estaba explicando en voz alta a su señor todo su plan y los entresijos de éste? Ya era tarde para arrepentirse.- … bueno... no mandas a un tipo que solo ha tomado una cerveza en su vida a retar a Dioniso en quién aguanta más alcohol, por mucho que te diga que ha estado en bares y puede imaginarse sus efectos. Vale que Phobetor no es Afrodita, pero me preocupa un poco el factor sorpresa. Y si hablamos de entrenar eso, em... tú no me sirves y tampoco es algo que pueda pedirle a Oneiros sin ser una crueldad. Con el resto sería repugnante... así que tal vez tenga que plantearme seriamente ir al Olimpo.

Se mantuvo pensativa un instante y de pronto se apresuró a agregar un último comentario al respecto.

- Peeeero sí puedes ayudarme con el segundo problema. Hay un riesgo de que Phobetor se vuelva un psicópata obsesivo indomable y que sobrepase mi capacidad de contención.


Quedó en silencio. En realidad se dio cuenta de que había soltado un gran sermón a su señor y que probablemente había dicho más de lo que debía decir. Se recolocó el pelo, todavía alborotado y de paso aprovechó para quitarse algunos copos de nieve de encima.

Entonces recapacitó sobre la pregunta que le había hecho su señor sobre lo “hablado” en el río de sangre y que seguía sin contestar.

- Tenía la esperanza de que hubieses olvidado eso- dijo llevándose las manos a la cara intentando ocultar la vergüenza- No... no lo pienso, de verdad. Estaba bastante desesperada porque cruzaras el río y fue una jugada horrible que lamentaré por el resto de mi vida. Si lo piensas... que no nos conozcas, es... normal. Ni siquiera yo me conozco del todo. Como has dicho, hemos crecido de forma muy diferente y muy rápida también, por tanto, no es algo ni mucho menos reprochable o algo por lo que tengas que gastar ni un solo minuto de tu tiempo. ¿Que nos gustaría pasar más tiempo junto a ti? Por supuesto. Podrías estar junto a nosotros las 24 horas y seguiríamos queriendo más.


Esperaba que aquella explicación fuese suficiente para Hypnos, aunque la cara de Phantasos seguía siendo un poema. Se detuvo un momento a pensar antes de continuar, deteniendo su paso porque habían llegado hasta el límite del gran lago helado.
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- ¿Sabes? Cuando me pongo a pensar en la aventura que hemos tenido, pienso que... fui un desastre. No fui capaz de pasar la primera prueba sin matar a nadie, no conseguí echar a Xtabay de mi cuerpo, no pude evitar que te “atacase”y tampoco fui capaz de ayudarla a salir de allí en paz consigo misma. No logré matar a Buluc-Chabtan por mí misma y ni siquiera hice un maldito partido de pelota decente.- Se detuvo ahí, porque claramente lo que seguía no era mejor- Pero a pesar de todo, lo he disfrutado enormemente, va a ser una de esas cosas de las que presumiré y atesoraré por siempre y, en gran parte, se debe a tu presencia allí.

Tal vez también por eso, después de cruzar el río de sangre, sentí pánico. No solo por perder a Raven, hubo un instante en que creí que me alejarías en ese mismo instante o una vez terminara la misión. Que desaparecerías y te quedarías aliviado por haberte librado de una carga. Y desde luego... no esperaba que vinieras hasta aquí.


Lo pensó un instante. En realidad no sabía el motivo por el que Hypnos había ido hasta su castillo, pero incluso aunque su intención fuera la del castigo, no podía ocultar su entusiasmo.

- Ha sido una grata sorpresa, lo admito, y te lo agradezco. De no haberlo hecho, creo que inconscientemente habría creado un gran muro entre nosotros difícil de derribar. Habría sentido que te había fallado y...- se encogió de hombros. No podía predecir cómo habría evolucionado todo, pero sabía que no de buena manera. Respiró hondo y sonrió- En vez de eso, ahora mismo me siento... genial.

Es cierto que me da un poco de miedo volver a la rutina, porque me he acostumbrado a tu presencia y a nuestras conversaciones y se me hace difícil pensar que no voy a volver a escucharte en días, semanas o meses...
- prefirió no decir la palabra “años”, aunque también podría ser el caso- Pero sé que es por un bien mayor y que al final, siempre podemos contar contigo cuando lo necesitemos. Además... solo tengo que torturar un poco más de la cuenta a Oneiros, Ikelos y Morpheo con todo lo que he vivido a tu lado, para que las caras de envidia que pongan me ayuden a sobrellevar tus ausencias.


Lo miró con cariño y después decidió darse la vuelta para quedar frente al lago. Cerró los ojos y comenzó a deslizarse sobre el hielo como si patinase. Casi de forma inmediata, unas cuchillas aparecieron de la nada bajo sus pies y una música suave empezó a sonar haciendo un pequeño eco con las montañas.
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- En realidad, lo más triste de todo, no es que no nos conozcas, es que yo no te conozco.- Explicó mientras se movía de un lado a otro elegantemente, sin ningún tipo de acrobacia extravagante.- Estás en un palacio de posibilidades infinitas diseñado para agasajar a sus huéspedes. Incluso en esta sala, solo hay que desear algo y aparece... sin usar cosmos.- Lo señaló para que quedara claro.- Solo hay que dejar que la sala actúe por sí misma. Pero incluso con todo, no tengo ni idea de qué puedo ofrecerte para que disfrutes tu estancia. Yo suelo patinar durante horas, sintiendo en el rostro el viento, la nieve o la lluvia, según el día. Otras veces me dejo llevar por el viento y contemplo las auroras boreales desde el cielo para después tumbarme en la nieve a contemplar las estrellas. Y en otras ocasiones, me gusta romper las reglas de la sala y enfrentarme a los desafíos que me plantea, aunque siempre salga perdiendo. Pero... ¿qué es lo que quieres tú?
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FUTURO (Indeterminado)


La prisión de Phobetor era bastante lúgubre. Para llegar hasta la recámara principal, había que transcurrir por algunos corredores de piedra, estrechos y mal iluminados. Ni siquiera el fuego de las antorchas conseguían dar algo de calidez a la estancia.

El silencio era absoluto, únicamente interrumpido por el sonido de las gotas de agua que se filtraban por las rocas hasta caer contra el suelo y el ahora poderoso eco de los tacones de Phantasos al golpear la piedra. Su caminar era lento, pero seguro. Conforme avanzaba, los sueños atrapados por Phobetor y de los cuáles se nutría, iban quedando atrás.

El túnel llegó a hacerse tan oscuro y tan estrecho que casi resultaba claustrofóbico. De vez en cuando algún pequeño animal como ratas o tarántulas aparecían por el suelo o entre las paredes, pero era algo que le importaba poco, aunque sabía que a más de uno le haría recapacitar sobre si continuar avanzando.

Finalmente, llegó a la escalera de caracol. Tenía una barandilla que simulaba el tacto y el aspecto de una gran serpiente. Phantasos no la tocó, pero aquello no la impidió que subiese los peldaños uno a uno, hasta llegar a una gran puerta.

Estaba abierta.

Y Phobetor esperaba justo bajo el arco.

Sus ojos chisporroteaban cierta emoción malvada. Permanecía de pie, estático, observando cada uno de los movimientos de la oniro, bloqueándola el paso, aún cuando Phantasos se acercó lo suficiente para haberle hecho girar, aunque solo fuese por mera cortesía. En realidad no le extrañaba. La educación no era el fuerte de aquel hombre.


- Admito que estoy completamente excitado por tu presencia aquí.- Lo dijo con su habitual tono burlesco, pero sabiendo exactamente las palabras que estaba usando y con qué fin.- Estaba convencido de que mis sentidos estaban atrofiados hasta que te he visto llegar aquí...- La miró de arriba abajo. Su vestimenta no dejaba mucho a la imaginación.- … así...

Hizo un movimiento muy brusco, obligando a la oniro a dar un paso atrás y chocar el muro de piedra, mientras Phobetor ponía sus brazos contra la pared a la altura de sus hombros, bloqueándole una vez más la escapatoria.

Acercó su rostro y mostró una sonrisa irónica a escasos 30 cm de ella.


- No has huido...- le susurró, consciente de que la oniro podía hacerlo en cualquier momento.- Me tienes intrigado. Me pregunto qué es lo que buscas y tus verdaderas intenciones tras ese bonito rostro.- Dijo cambiando su expresión a una más seria, mientras pasaba su dedo índice por la mejilla de la muchacha.
- Quiero acabar con esto de una vez por todas.


Phobetor levantó una ceja mientras volvía a hacer una mueca parecida a una sonrisa. Se alejó de Phantasos y alzó su brazo para, esta vez sí, invitarla a pasar a la recámara principal.

La diosa avanzó al interior, hasta quedar frente a una chimenea que contenía un fuego de más de un metro de altura. Intentó ignorar el resto del lugar, aunque era difícil hacerlo. Había una gran cama roja con dosel situada en el centro de la sala, que bien podría haber adornado una estancia palaciega humana. Hasta ahí todo podría haber sido normal, excepto por el resto de artilugios que complementaban el lugar. Algunos comunes como fustas o grilletes, otros macabros como una dama de hierro o un toro de Falaris. Cerró los ojos un instante mientras respiraba profundo, pero los abrió inmediatamente cuando escuchó el golpe de la puerta al ser cerrada bruscamente a su espalda.


- Te escucho.- Se limitó a decir Phobetor, mientras corría un hierro que conseguía cerrar el paso y se dejaba apoyar contra la madera de la puerta.

Phantasos lo miró con atención. Nuevamente, no sería un problema para ella traspasar aquellas barreras, pero era consciente de que Phobetor jugaba con el miedo que se instalaba en el subconsciente de sus adversarios y por ello, cada acción, cada palabra y cada adorno, iba enfocado a generar esa inestabilidad en su contrincante.

- He venido a retarte. Tú contra mi forma de súcubo.- dijo mientras extendía ambos brazos a ambos lados, demostrando que no ocultaba nada.
- ¿En serio? Creía que al menos intentarías esconder tu condición y que buscarías “atraparme” por sorpresa.
- ¿Intentar camuflar un demonio del sueño ante un oniro? Es insultante que creas que yo haría eso.
- Mea culpa- se limitó a decir, escuchando nuevamente.
- Sabes lo que soy y sabes lo que puedo hacer.
- Lo sé.- Asintió con total seguridad.- Seres aterradores, uno tiene que estar muy loco para lanzarse a ellos sin más... aunque tienen sus propios límites. Cuanto más poderoso es el demonio, más energía puede absorber de su víctima... ¿pero no creerás en serio que puedes llegar a drenar todo mi poder antes de sucumbir ante mí, verdad?
- ¿Tienes miedo?

Phobetor se echó a reír, acercándose poco a poco hasta ella.

- Sigo intentando averiguar qué planeas. Sé que no existe ningún ser en el reino de los sueños que pueda satisfacerte plenamente a excepción de mí, pero incluso así, no me trago que simplemente vengas hasta aquí y te me ofrezcas gustosa sin más.

Phantasos sonrió con picardía. Sabía lo que el oniro buscaba con aquellas palabras. Seguía jugando con las emociones de la diosa, pero no se dejó atrapar.

- Ya te lo he dicho. Estoy cansada de vigilar mi espalda. Quiero enfrentar mis miedos de una vez por todas y olvidarme de esto.- Dijo mientras se acercaba a Phobetor y al tiempo iba retirando el pelo de uno de sus hombros, haciendo que éste cayese de forma sensual sobre un pronunciado escote enmarcado en un apretado corsé metálico.- ¿Tienes dudas? Te lo explicaré de otro modo. Si no logro drenarte a tiempo, conseguirás lo que siempre has querido. Y no me vengas con eso de que podrías hacerlo en cualquier momento por ti mismo. ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Mil años? ¿Dos mil años?- Usaba las mismas palabras que una vez usó él con ella- Sabes que el tiempo juega en tu contra y que conforme pasa, tus posibilidades de tomarme disminuyen... añadiendo el detalle de que cada día que pasa, me vuelvo menos... - acercó sus labios hasta su oído, susurrando-... inocente.

Se alejó unos pasos de forma calculada, sintiendo un pequeño rastro de ira reprimida en el oniro al hacerlo.

- Pero si gano, tu energía será mía... nunca podrás alcanzarme. La cacería habrá terminado, aunque ambos sabemos lo que debo sacrificar para lograrlo. En ambos casos, sales ganando.
- Una oferta tentadora de la diosa de las apariencias. Pero tú nunca has buscado el poder y podrías conseguirlo de otros modos, así que me preocupa que omitas deliberadamente la capacidad de los sucubos de hacer que sus víctimas se obsesionen con ellos. ¿Es eso lo que buscas en realidad? ¿Que me vuelva loco por ti?

Phantasos se acercó hasta quedar junto a él y cambió el color de sus ojos a unos rojos brillantes, abriendo un primer broche de su escote.

- ¿Quieres hacerme creer, que aún no lo estás?

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Mensaje por Hypnos »

Escuchó atentamente las palabras de Phantasos, como ella veía a Phobetor y su accionar. Hypnos no dudaba de su desarrollo de ideas y de sus conclusiones. Empero, eran solo la parte que ella vivía, como lo veía a través del prisma de sus sentidos. Sabía que no era toda la verdad. Aún y con lo anterior apreciaba poder escucharla. Mas allá de la información que suministraba podía aprender mas acerca de ella.

Ella se explayó, Hypnos podía ver como disfrutaba el hablar de sus planes, de sus ideas. El cayó y atentamente escuchó. Le causaba una alegría extraña el escucharla. Era el ver sus ojos grandes, brillando con cada sentencia. Como se iban hacia arriba cuando visualizaba las acciones, como su mirada se fijaba en el suelo cuando tenía que llegar a conclusiones. El dios disfrutaba aquel desplante de planeación y estrategia. Por lo menos lo hizo hasta que mencionó ir al Olimpo a practicar las artes eróticas. En ese momento arqueó una ceja.

–El olimpo esta fuera de tu alcance. – Le dijo secamente. La relación con los olímpicos era complicada. En ocasiones atacaban la tierra, en otras la defendían, pero lo que era un hecho es que ni aún cuando compartieran el objetivo podían considerarse aliados. Mas allá de eso algo mas que lo incitó a ser tajante en aquella sentencia; ¿Celos? Si Hypnos se hubiese detenido un momento a pensar a profundo lo que significaba para el lo que acababa de decir Phantasos se habría dado cuenta que por un segundo sintió un arrebato de celos. Aunque le sería difícil identificar si era por que Phantasos se alejara del inframundo, por que buscará ayuda por fuera de él, o simplemente por visualizarla en el lecho de algún dios olímpico.
No entendió realmente el segundo problema, así que se aventuró a preguntar.

–¿El segundo problema es que Phobetor pierda la cabeza? ¿Cómo puedo ayudarte con eso? El ya esta bastante trastornado–Dijo mientras se reía de forma sincera.

Por fin hubo de responder su pregunta. La respuesta caía dentro de lo que esperaba, aquello le complació. No tenía visualizado como repercutiría en él, el saber que la distancia con sus oniros estaba suponiendo un problema, principalmente por que a su manera de ver las cosas no se alejaba realmente de ellos.

Después habló un poco de la aventura, habían existido ciertamente problemas, Hypnos también pensaba que pudo haberlo hecho mejor, subestimó demasiado a sus enemigos, de no haberlo hecho todo aquello hubiese sido mas sencillo. Al recordarlo suspiró.

–Creo que la aventura nos sorprendió a todos. Pero debo decir que estoy sumamente complacido con tu desempeño y con el de Rhiannon, pude conocerlas mejor y confirmar el gran poder que albergan. Creo que lo pudimos haber hecho mejor, pero aún y con todo hemos aprendido y ganado bastante en esta aventura. –
Meditó un poco acerca de por que estaba ahí, decidió que trataría de ser lo más claro posible.

–Vine por que realmente no entendí que había ocurrido, no sabía que tan profundo había sido el daño que habías recibido y quería entender tu estado y ayudarte de ser posible. – Hizo una pequeña pausa – Creo que me siento responsable de todo lo que ocurrió, y quiero estar seguro que el inframundo no pague las consecuencias de mi actuar. –

No comentó nada acerca de alejarse del mundo de los sueños por tiempo indefinido, no podía asegurar que estuviera alrededor de ahora en adelante. No había una razón de peso para hacerlo. Sus Oniros habían crecido en poder y consideraba un retroceso el volver a aparecerse mas seguido en aquel lugar. Ellos ya no necesitaban supervisión.

Habían caminado hasta un lago, en el cual ella comenzó a patinar, Hypnos sonrió mientras la veía alejarse un poco. Sus movimientos eran gráciles, elegantes. Desde que comenzó aquella aventura hasta ese momento no dejaba de sorprenderse de la versatilidad de Phantasos. Su habilidad de transformación tan poderosa, pudiendo copiar no solo formas si no, también, esencias, como usaba esa habilidad para todo, y en cada cosa era experta.

¿Qué era lo que quería el? Que pregunta tan simple, pero tan compleja. ¿Cuándo fue la última que lo pensó a profundidad? Por supuesto que sus deseos siempre iban orientados a la gloria del Inframundo, de su señor hades, pero en aquel contexto la pregunta era mas egoísta. ¿Realmente, en aquel momento, que era lo que mas podía disfrutar?

Bajó su mirada. No podía responder, no tenía idea.

–El ver que estas bien es suficiente. No hay nada en especial que esta sala pueda proporcionarme. –Cuando tenía tiempo libre solía jugar ajedrez contra su hermano, o tocar la lira. –O bueno, tal vez pueda acompañarte. – Había pensado en proyectar unos patines y tratar de patinar a la par de Phantasos, pero aquello no le llamaba mucho la atención, no tenía un gusto especial por la nieve, el cocyto era algo que evitaba siempre que podía. Pero podía acompañarla de otra manera.

Pensó en una lira, tuvo que hacer algo de esfuerzo para no materializarla con cosmoenergía. En su mano apareció su libra dorada. Era hora de irse, pero antes de aquello acompañaría a su oniro en aquella expresión de arte. Tomó aire, identificó la melodía y los tonos de aquella canción que sonaba y comenzó a acompañarla con su mira. Cerró sus ojos, pero aun con sus ojos cerrados podía ver a Phantasos, patinar, girar y brincar. Su lira marcaba ahora el tempo de la canción, que incrementaba conforme Phantasos imprimía mas energía a sus movimientos.
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FUTURO (PARTE 2)


“Déjame salir...”

Mantenía sus ojos cerrados en la medida de lo posible. Intentaba concentrarse en mantener la transformación activa y estable, intentando ignorar por completo todo lo que estaba pasando en realidad.

El trato que estaba recibiendo era bastante desagradable. Demasiado brusco y agresivo. Incluso apresurado. Pero al menos podía sentir que por cada roce o beso en su piel, su poder se incrementaba a costa del de Phobetor. Aquella sensación le recordaba ligeramente a la sentida en el corredor, cuando Hypnos había compartido su poder con Rhiannon y con ella, así que prefirió centrarse en aquel recuerdo para hacer más llevadera la situación.

“No tiene ni idea de cómo funciona esto... déjame salir... si quiere un trato egoísta, yo le enseñaré... suéltame...”
Las palabras se mezclaban con el sonido de una cadena que se arrastraba sobre la piedra, en un extraño eco que no podía identificarse a qué era debido.

- ¡Auch!- Se quejó la oniro, obligada a dejar su concentración y a abrir los ojos para ser traída a la cruda realidad.

Ambos se encontraban recostados en la cama de aquella macabra habitación. Phobetor observaba con atención a la oniro y tras unos segundos aflojó el agarre de su muñeca, incorporándose un poco para darle algo de espacio.

Phantasos fruncía el ceño a la vez que intentaba aliviar con su otra mano el dolor de la articulación que había sido dañada. Tan solo quería terminar aquello cuanto antes, aunque sabía de sobra que no había hecho más que empezar. No quería mirarle, no quería guardar ningún tipo de recuerdo de aquel momento, pero Phobetor se había detenido por completo y eso era bastante inquietante.

Intentó calmar su respiración y finalmente decidió mirar al oniro. Desconocía el momento en el que había quedado con el torso desnudo, pero prefería no ser consciente de ese tipo de detalles. Por su parte, agradecía mantener toda su ropa. Phobetor mostraba un semblante serio y pensativo. Demasiado callado para alguien como él. Estaba a punto de decir algo, cuando de pronto él rompió el silencio.

- Lo siento.

Phantasos se sorprendió. Era imposible no hacerlo. No era un tipo que emitiera disculpas y menos con un tono de voz que parecía auténtico. Tras la confusión inicial, volvió a mostrar un semblante bastante molesto. Aquellas palabras eran bastante irritantes en varios sentidos y Phobetor pareció darse cuenta.

- No solo por esto.- Agregó- Supongo que debí decirlo mucho antes. Aquel día me equivoqué actuando así. Quise disculparme muchas veces, pero no tuve posibilidad de hacerlo.
- La tuviste.- Quiso zanjar la oniro.
- Solo hubo una ocasión en la que eso era factible, pero entonces no quise distraerte. Quería verte brillar. Si hubieses fallado en tu misión designada por Hypnos, jamás me lo habrías perdonado.
- No te creo y en realidad, poco importa ya.
- Importa.- Lo dijo con voz más firme y cortante mientras volvía a tumbarse sobre ella.

Phantasos le retiró la mirada nuevamente. No sabía qué pensar al respecto, aunque si repasaba su pasado y en concreto aquella misión, no solo no se disculpó, sino que reafirmó sus intenciones. Estaba convencida de que sus palabras no eran más que una artimaña para tomar ventaja de aquella situación, pero al mismo tiempo era incapaz de sacarlas de su cabeza. ¿Por qué ahora? Había esperado muchas cosas de Phobetor en ese momento, pero una disculpa que realmente parecía sincera, no era una de ellas.


“Kakakakaka es un buen mentiroso... en realidad sí sabe cómo se juega esto... ya déjame salir a jugar un poco con él... déjame...” El sonido de la cadena pasó de estar arrastrándose a comenzar a tensarse.

Phantasos se estremeció al sentir nuevos besos en su cuello, justo debajo de su oreja. Esta vez eran pausados y más profundos. Se encogió de hombros y ladeó la cabeza casi de forma inconsciente. Había detestado el trato anterior, pero poder llegar a disfrutar aquella experiencia le aterraba mucho más que la agresividad previa. Phobetor había pasado de ser un amante pésimo a saber exactamente dónde debía acariciar o besar y exactamente la presión que ejercer en cada parte de su cuerpo.

El sucubo tenía razón, era un buen mentiroso.

Intentaba concentrarse de nuevo, pero era mucho más difícil hacerlo cuando todo su cuerpo exigía su atención. En ese instante comenzó a dudar de si había sido una buena idea no acudir a pedir ayuda a la diosa Afrodita, incluso cuando Hypnos se había mostrado tajante al respecto. Aguantaba la respiración mientras sentía como poco a poco el corsé iba aflojándose. Tal vez era por las dudas o tal vez porque las sensaciones que ahora recibía eran más agradables, pero lo cierto es que los instintos propios del sucubo querían desatarse y la lucha empezaba a complicarse.

“Me estoy cansando de esto... desátame o me encargaré de ti primero...” El desprecio que emanaba del sucubo era evidente. Agarró la cadena y comenzó a tirar de ella con fuerza. Solo Phantasos evitaba que consiguiera soltar su amarre.


Phobetor dibujó una de sus sonrisas de suficiencia en su rostro sin ningún tipo de pudor. La oniro estaba bastante rígida, se revolvía constantemente bajo él y estaba claro que mantenía una lucha interna en ese instante. Sabía que ése era el momento oportuno si no quería ser descubierto, por lo que elevó su cosmos en su mano y, como si una esfera de energía se tratara, uno de los sueños de Phantasos fue extraído de su cuerpo, quedando en poder del oniro.

Una vez más, éste decidió detenerse. La pérdida continua de energía entumecía su cuerpo, pero apenas era un leve hormigueo, nada de lo que preocuparse.

- Aunque no seas capaz de creerme, cuando antes te he dicho que no existe ningún ser que pueda satisfacerte plenamente a excepción de mí, no estaba mintiendo ni fanfarroneando.

En un fragmento de segundo, todo cambió de forma radical. La habitación pasó de lúgubre a luminosa. El fuego desapareció y en su lugar surgió una ventana por la cual entraba una suave brisa refrescante. Pero no era lo único diferente.

- Mírame... Phantanasos.

La oniro abrió los ojos bruscamente y tuvo que ahogar un grito en su garganta. Se incorporó hasta quedar sentada mientras se cubría torpemente con la sábana e intentaba alejarse hacia el cabecero de la cama de forma inútil, dado que dios no le permitía alejarse.

Phobetor ya no estaba allí, sino Hypnos.

En su interior, se escuchó como una cadena se rompía y una bestia se apresuraba a llegar hasta la puerta, por lo que Phantasos tuvo que cerrar los ojos con fuerza y hacer desvanecer la transformación de sucubo. Al igual que su acompañante y la habitación, la oniro también cambió de aspecto... o no, dado que en realidad, mostraba su rostro y su cuerpo verdadero.

Intentó calmar su respiración justo antes de abrir los ojos de nuevo y atreverse a mirar al dios.

No era solo la apariencia o el tono de voz. Había detalles que ella consideraba prácticamente imposibles de replicar. Solo después de muchos años viendo los ojos de Hypnos, se podía descubrir que había una pequeña zona en el iris de su ojo izquierdo que dependiendo de la luz que recibía del exterior se mostraba de un color u otro. Ella lo sabía, pero era imposible que alguien como Phobetor, descuidado en los detalles, pudiera conocer.

Lo mismo pasaba con el torso desnudo del supuesto Hypnos. El dios no era de los que anduviese por el reino sin ropa, de hecho había sido un detalle bastante desconcertante en su pelea contra los dioses mesoamericanos. En ese instante había apreciado una pequeña marca, apenas un pliegue... ¿cómo era posible que Phobetor conociese eso?

Revisó el lugar en el que se encontraban. Jamás había estado en el dormitorio real de Hypnos... es más, ¿existía un dormitorio en el palacio de Hypnos? No podía saberlo, pero si le hubiesen preguntado a la oniro, seguramente lo habría descrito así.

- Esto no es real.- Lo dijo en voz alta, intentando convencerse, aunque implicaba ir contra todos sus sentidos. Conocía perfectamente al dios del sueño y aquella era una réplica tan extraordinariamente convincente que tenía que hacer todo el uso de su ser para no caer en la trampa.
- ¿Y por qué no dejar que lo sea?

Escuchó sus palabras dichas en un susurro en su oído. Era la voz de su señor, la misma entonación, incluso su aroma era exactamente igual al que conocía. No respondió, tanto su respiración como el latir de su corazón estaban demasiado acelerados para hacerlo.


- Nuestro señor es demasiado...- Phobetor buscó la palabra adecuada durante unos segundos mientras acercaba su rostro al de ella cada vez más- … espiritual, para tus anhelos. Sabes que es de principios férreos y que nunca dará su brazo a torcer en ese aspecto. Y respecto a nuestro hermano Oneiros... nunca podrías pedirle lo que realmente deseas, porque le partirías el corazón y tú no quieres eso.- Sonrió. Ni sarcástica, ni teatralmente como solía hacer Phobetor, sino con la calidez de Hypnos- Pero no tienes que fingir conmigo. Puedes hacer lo que quieras, sentir lo que prefieras y en definitiva, usarme como lo desees... porque a fin de cuentas, el que me sienta o no herido, es algo que lo mismo te da.


El rostro de Phantasos mostraba que miles de dudas recorrían su mente en ese momento. Le habría gustado tener la capacidad de contención del dios del sueño, pero como él bien sabía, el espíritu de la oniro se aproximaba peligrosamente más al de los mortales que al de los dioses.

Bajó la mirada, intentando lograr coherencia, pero no conseguía hacerlo.

Phobetor sonrió. La oniro era inexperta, pero no él. En algún momento se había jactado del número de vírgenes con las que había yacido, humanas y fantásticas, así que conocía perfectamente las dudas que las jóvenes sentían en esos momentos y la mayoría de las ideas que cruzaban por sus cabezas. Solían mostrar un leve sonrojo en sus mejillas y una mirada avergonzada. Era la expresión que había buscado desde el principio en Phantasos... y por fin se la mostraba.

El oniro transformado en el dios del sueño retiró el pelo dorado del rostro de Phantasos con delicadeza. Exactamente igual que Hypnos lo había hecho con Raven antes de cruzar el río de agua. Acarició su mejilla y se aproximó con delicadeza para posar sus labios en los suyos. La oniro podía reconocerlo también, incluso cuando no había sido ella entonces quien lo había dado. Era el mismo beso que Xtabay le había otorgado a Hypnos.

El dios del sueño acarició la espalda de Phantasos, llegando con su mano hasta la cintura de ésta. La sujetó con firmeza y la atrajo hacia él, dejándola tumbada y quedando éste sobre ella.

- Quiero escucharte decirlo.- Dijo el dios mirándola a sus ojos grises. Pudo ver la duda en su mirada y finalmente la que daba paso a la rendición. Phobetor no pudo ocultar su sonrisa malévola.
- Mi... señor...
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