Cabo Circeo

Aqui podras entrar en cualquier ciudad del mundo
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Aioria
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Cabo Circeo

Mensaje por Aioria »

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Aioria
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Re: Cabo Circeo

Mensaje por Aioria »

Αφήστε το βασίλειό σας να έρθει: I. λιοντάρι
Off Rol. Pasado. [Aioria|Milo]

El camino estaba reseco, lo suficiente como para que cuando la gente caminara por ahí, se levantase el polvo. Si pasaba alguna carreta, el aire caliente de ese día soleado provocaba un nubarrón que con seguridad tardaría en descender.

Se había asomado por de debajo de las mantas del transporte donde se había escondido, al notar una planicie conocida. La carreta había estado lo suficientemente llena de productos para que el bulto que él formaba, no se notara; había tenido que respirar penosamente bajo y lento para no ser escuchado tampoco. Era un peligro llevar y traer para los comerciantes los recursos que escaseaban y de no tener entrenamiento, difícilmente hubiese podido pasar por desapercibido de aquellos que, montados en sus caballos, resguardaban lo que para ellos eran una valiosa carga. Además, esas mismas personas habían cuidado mucho incluso en qué día salir para poder irse del pueblo sin problemas.

Espero el momento oportuno, en un pequeño descuido de los guardias, saltó corriendo lo suficientemente rápido, evitando los proyectiles que le estaban lanzando una vez que estuvo a la vista. Ni siquiera tuvo tiempo de esperar a que el polvo se asentara (y fue una suerte que también lo haya ayudado a esconderse un poco).

Cuando estuvo lo suficientemente lejos hubo que parpadear para volver a orientarse, al instante corrió hacia unos troncos caídos para esconderse. Observó de lado a lado, cuidadosamente corroborando que no hubiese nadie más que él; viendo sólo ya como punto lejano la carreta, se animó entonces a emprender carrera rumbo al riachuelo bajando la planicie.

Haciendo honor a la agilidad felina no le costó trabajo saltar descendiendo las formaciones rocosas; lo difícil vendría después.

Se sentó en sus patas traseras sopesando si su necesidad era tanta…

Había sentido el cosmos del aspirante a caballero dorado del Escorpión, eso aunado al camino por demás conocido fue lo que lo había llevado al paraje. El asunto es que su orgullo era demasiado grande para pedir ayuda justamente en esto, pero no tenía más opción.

No había podido reportarse de nuevo y seguramente había acudido porque le pensaba perdido en acción o la diosa no lo quiera, derrotado. Milo nunca debió haber salido de Atenas; debía volver lo antes posible a las filas de Atenea...o lo que quedaba de ellas, más bien, pero sin duda Aioria esta vez lo necesitaba.

Lanzando un suspiro de hastío; movió los dedos sacando y contrayendo las garras, ya que no podía chocar los puños o tronarse los dedos.

—“En fin… ¿para qué hacer esperar un destino inevitable?”—pensó.

Se acercó a su amigo, intentando caminar lo más erguido e imponente que podía ¡un León! bueno… un... cachorro de león.
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Milo
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Re: Cabo Circeo

Mensaje por Milo »

Su garganta se sentía seca por la sed.

Se suponía que su entrenamiento le permitía no preocuparse por cosas mundanas como la alimentación, el descanso y otras cosas, sin embargo, después de algún tiempo, era necesario cubrir ciertas mínimas necesidades.

El Santuario aún estaba un poco lejos y trasladarse a su destino utilizando su cosmoenergía simplemente atraería atención indeseada, por lo que él, al igual que otros, se veía en la necesidad de transportarse de formas más convencionales… lo que de forma irremediable lo hacía enfrentarse a mundanos inconvenientes.

Había perdido el último transporte a Rodorio, por lo que tuvo que caminar pese al calor que hacía. Por fortuna, conforme avanzaba, encontró un riachuelo cercano y se encaminó hacia allá, poniéndose en cuclillas para recoger un poco de agua en el cuenco que formaba con su mano.

Entonces sintió la presencia de Aioria.

Su compañero y amigo y con quien compartía aventuras cada que podía; estaba preparado para su ataque sorpresa, para la broma con la que seguridad lo intentaría sorprender y agradeció haber bebido un poco de agua, por que seguramente se enfrascarían en un combate amistoso para probarse mutuamente.

Pero cuando se giró para mirarlo, se topó con algo que jamás se había imaginado, ni siquiera aquella vez que había aspirado aquel humo extraño en uno de esos horribles tugurios en los que había ido a parar como parte de una misión. Parpadeó. Pensó en frotar sus ojos con ambas manos, creyendo que quizá eso lo haría dejar de mirar… bueno… ¡eso! pero se limitó a mirar al frente sin poder disimular su sorpresa.

Y entonces... se echó a reír.
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Aioria
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Re: Cabo Circeo

Mensaje por Aioria »

Lo hubiera maldecido, si no fuera su compañero de armas y ambos jurados siervos de la diosa. Y bueno... el maldito era Aioria en este momento.

Aunque no dejó de estar erguido, sus orejas bajaron con hastío.

Milo siempre era un hombre justo y profesional, pero ambos por su amistad a veces se enfrascaban en burlas o juegos a lo largo de los años. ¡Pero esto no era gracioso! Si no necesitara tanto la ayuda, no se habría aparecido para que se rieran de él así. No había otra manera, se tenía que tragar el orgullo y aceptar lo que pasaba...

Bueno, no tanto así.

Aioria podía llegar a ser rencoroso. Sacó sus garras del piso porque ni cuenta se dio de que las había enterrado y dejó que su vena impulsiva lo motivara, flexionó sus patas traseras y se lanzó a darle un buen mordisco en la pierna.
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Milo
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Re: Cabo Circeo

Mensaje por Milo »

—¡Agh, por todos los santos! —casi gritó, cuando los colmillos alcanzaron a enterrarse en su pie, por lo que lo empujó de una patada que arrojó un par de metros (o menos) al cachorro de león.

¡Qué irónico sonaba cuando lo pensaba!

Se sonrió y caminó hasta que sujetó el cogote del cachorro, levantándolo sin dejar de estirar su brazo para evitar que las pequeñas garritas se incrustaran en él, tal y como lo habían hecho con sus colmillos unos segundos atrás.

Aspiró profundo y lo miró, tratando de no reírse.

-Regularmente en este punto estaría burlándome sin parar —se inclinó colocándolo en el suelo con cuidado, tratando se sonar solemne—. Pero necesitas ayuda y eres un compañero de armas después de todo. Así que… ¿a quién engaño?

Su sonrisa apareció, burlona, cínica, antes de reírse de buena gana, pero antes de hacer molestar a su amigo, estiró los brazos y extendió las palmas haciendo brotar un poco de energía en un vano intento de acrecentar el cosmos de Aioria, creyendo que el problema se debía a la debilidad de su energía.

Esperaba que funcionara.
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Aioria
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Re: Cabo Circeo

Mensaje por Aioria »

Antes de transformarse había tenido una batalla bastante desigual donde resultó herido; lo resintió hasta ahora, cuando la adrenalina de llegar a lugar seguro desapareció . Aunque no fue duro, después de ser apartado, el dolor en el las costillas lo cegó por un momento; tiempo suficiente para que fuera tomado, sin que pudiera hacer nada más que retorcerse buscando herir al infame.

El dolor agudizado en su costado hizo que se quedara de repente quieto, lo que le dio oportunidad a Milo de dejarlo en el suelo y a él de escucharlo. El rubio extendió sus manos emitiendo energía y Aioria, por supuesto, le golpeó la palma de la mano con las almohadillas de la pata y tras un siseo típico de la especie, dio un salto hacia atrás.

Con Milo había comprobado que su cosmos lo hacía reconocible; pero no podía utilizarlo. Era como las palabras; las tenía en su mente, sabía cómo usarlas pero no podía emitirlas para que las comprendieran. Quizá estaba de mal humor por su condición pero estaba ofuscado. En su desesperación estuvo a punto de dar media vuelta cuando recordó con una punzada de culpa la armadura perdida.

Había escuchado rumores de gente que manejaba cosmos e incluso características demasiado específicas como para creer que podían encontrar aun reparador. Si bien no podían dejarse llevar por los rumores, tampoco podían dejar escapar oportunidades, así que Aioria tomó la armadura de Leo, viajó y encontró... ¿qué había pasado por completo? había muchos huecos en su memoria.

Era más importante todavía recuperar la sagrada armadura que su orgullo, si vida o cualquier otra cosa, así que lo importante no era en sí regresara a ser humano, siempre y cuando Milo recuperase el manto sacro.

Para calmarse paseo un poco de un lado a otro como si estuviera enjaulado, finalmente bufó y miró a Milo asintiendo, por supuesto que necesita ayuda...
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Milo
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Re: Cabo Circeo

Mensaje por Milo »

No funcionó.

Quizá fue muy optimista, pero nunca se había topado con algo así. Había leído un par de relatos, en donde los dioses, caprichosos como su costumbre, decidían egoísta (y burlonamente) sobre la vida del pobre incauto que se cruzara en su camino.

Y aunque no sentía otro tipo de cosmoenergía alrededor del joven cachorro, no podía estar seguro sobre qué había detrás de aquella extraña transformación. Suspiró cuando lo notó alejarse y sujetó la correa del morral que portaba.

Bien, aceptando su inutilidad (pero no en voz alta), fijó su mirada en el pequeño león. No quería reírse, pero la ironía de la situación aún lo sobrepasaba y si pudiera fotografiaría el momento. Pero se suponía que él era una persona seria y digna... no podía estarse riendo de un compañero. Mordió la parte interna de sus labios para no sonreír.

—Veamos. Creo que me entiendes… ¿no? —no parpadeó. Se agachó de nuevo para estar un poco más cerca de él, cruzó sus brazos y se apoyó un poco en sus piernas. —El problema es que yo no te entiendo a ti, así que hasta que no encontremos a alguien que nos pueda ayudar a solucionar… —lo miró de arriba hacia abajo— tu pequeño problema…

Se hizo un poco hacia atrás como si temiera que esta vez se le arrojara a la cabeza para morderlo.

—Debemos encontrar una forma de entendernos. Así que… ¿te aviento una vara y si me la traes es que si?

Milo debió haber sospechado que si se le arrojaría con todas sus fuerzas y mordería su cabeza.
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Re: Cabo Circeo

Mensaje por Aioria »

Asintió de mala gana cuando le preguntó si lo entendía. Era bastante obvio; como también la necesidad de intentar hacerse entender. Cuando por fin pensó que se portaría como ameritaban la situación, sale con ¡tremenda estupidez que-lo-hizo-enojar TANTO!

Lo vio echarse para atrás cuando le enseñó los dientes, probablemente leyendo el movimiento, porque por supuesto que tenía ganas de morder su piojoso cráneo; juzgó tan grande la cabeza para su boca, que decidió que sus uñas en el rostro eran mejor opción.

Al fin que era un guerrero, el ser guapo ni le iba a servir tanto. Fingió que iba a morder su cabeza y por supuesto fue pescado en el aire, pero alcanzó a darle un zarpazo en la mejilla. No era una herida profunda pero tardaría un par de días en desaparecer.

Casi bufando se alejó del tonto. Tras pensárselo un poco regresó con una rama en el hocico y la escupió de mala gana a los pies del otro. Como santos, probablemente tendrían misiones a futuro (si es que retornaba a su condición humana); tendría que aprender a sobrellevar ciertas cosas con más aplomo en nombre del deber y la diosa.

No había de otra que intentar hacerlo a la manera de él; darle la rama era la señal de que estaba en disposición (y el rasguño un aviso para que no se pasara de listo).

Sacó una garra y raspando, trazó en el suelo el signo zodiacal del León, (que parecía mas un esperma torcido, debido a la dificultad de usar sus nuevas garras) dentro de un cuadrado, haciendo a su vez hincapié varias veces al señalarlo.
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Milo
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Re: Cabo Circeo

Mensaje por Milo »

¡Oh por todos los cielos!

¡Lo había arañado en su rostro! Dejándole tres grandes zurcos que ardían como el demonio. Camino hasta el riachuelo (corrió desesperado) y echó un poco de agua, mirando el reflejo distorsionado que le regresaba la superficie y sintió un poco húmedos sus ojos.

Estúpido Aioria. Se lo merecía, no lo negaría, pero lo odiaba en ese momento.

Se giró a mirarlo cuando lo sintió acercarse de nuevo. Lo miró arrugando un poco la nariz, aunque eso provocó un tirón innecesario en su piel que lo hizo apretar la mandíbula.

—Si entiendo cuando asientes. Sólo estaba molestándote.

Porque tampoco seguiría tomándole el pelo; puso atención a lo que el pequeño cachorro hacía y volvió a mirarlo. Inquietándose.

Por extraño que pareciera había entendido el disforme dibujo, quizá trataba de hacerle entender que el motivo de su cambio estaba directamente relacionado con su constelación protectora, pero no podía deducirlo con tan poc información.

—¿Quién te hizo eso?

Se levantó y lo sujetó por los costados, cargándolo con uno de sus brazos, como si fuese un pequeño bulto.

—Debemos hacer que pague —lo miró de reojo—; aunque te hizo un favor, te ves muy bien.

Y sonrió.
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Re: Cabo Circeo

Mensaje por Aioria »

Asintió frenético, ¡Por fin podrían tomar acciones encaminadas a resolver el problema!

Tenía lagunas en sus memorias, así que no recordaba del todo contra qué se enfrentó y luego no del todo cómo acabó así, pero recordaba un poco los lugares donde había estado y el por qué fue enviado allí.

Así que cuando le cuestionó sobre quién le hizo esto, nuevamente escribió, aunque un poco deforme: Αἰαία.

Apenas terminó la escritura cuando sintió el vacío bajo sus patas. Profirió un pequeño sonido de dolor por el toque en el costado, pero no intentó alejarse; al parecer le había entendido cuál era el lugar a donde se tenían que dirigir.

No le gustó que le cargara y menos sin consentimiento previo; no era ningún niño pequeño pero... no podía negar que sería mucho más rápido y factible que cualquier transporte así que no se quejaría. Lo más importante era el deber de recuperar el manto sacro y resolver la misión, su persona y su orgullo podían quedar en segundo plano por esta vez. Ya parecía letanía recordarlo con Milo.

Ignoró el último comentario; al menos no había usado palabras cursis. Buscó acomodarse entre el brazo y el cuerpo de su amigo de forma mas confortable, porque sus costillas le molestaban por esa forma de ser cargado.

Al principio fue incluso hasta agradable. Estaba muy cansado y aunque le dolía un poco el ser sostenido al menos no estaba haciendo mas esfuerzo. Pero todo eso se terminó, cuando el joven se movió a la velocidad digna de un caballero dorado.

Si bien el aura desplegada del cosmo de Milo lo protegió de la fuerza de velocidad, sintió sus órganos internos revolverse. Tuvo que saltar y tirarse en tierra de costado, respirando penosamente. Su corazón martillaba contra su caja torácica y las obligadas respiraciones profundas para no vomitar sólo empeoraba la situación de las costillas. No tardó mucho en recuperarse.

Milo posiblemente dijo algo pero no lo escuchó por el zumbido en sus orejas. Se puso en pie y ya ubicado al mirar los alrededores, notó no lejos un puerto pequeño. Por fortuna, o quizá así lo planeó Milo, estaban en un sitio sin gente alrededor. Trotó hacia una balsa. Pese a todo se sintió bendecido por la diosa; aunque Milo lo estaba ayudándolo y hasta había una forma de cruzar la gruta hacia la zona boscosa, por la que no se podía llegar ni por aire ni tierra.

Saltó a la balsa y comenzó a mordisquear la soga hasta que la soltó; apoyó dos patas en el borde, mirando hacia Milo y luego en dirección a la gruta.
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