Diamante en bruto, le dijo... ¿debía sentirse halagado u ofendido?
Tanteando metafóricamente todavía, curioso y asombrado por lo que poco a poco hallaba en la energía del anciano que lo tentaba por su naturaleza, se quedó de repente sin aliento, como si algo estuviera apretándole el cuello. Sus ojos se abrieron a sobremanera, pero sus extremidades no podían moverse, como si recibiera un golpe físico tan potente que no hubiera podido reaccionar, aunque se sentía mucho, mucho peor.
Era como ver un abismo de aquellos que le atraían al fondo, esto no era algo como “llamar” al cosmos, sino como si este lo poseyera, estaba sintiendo al *universo* como nunca... Sintió vértigo de infinitud.
Cada fibra muscular en su cuerpo parecía quemarlo, ante la sobrecarga de energía con la que parece no saber qué hacer un cuerpo humano y pequeño. Duele tanto que no puede detenerlo, es cómo...
“—Concéntrate...”
Eso le hizo centrarse porque sintió que conocía la voz del hombre joven. Su garganta ardía, ¿había gritado? Todo era resplandeciente en oro a su alrededor, se sentía cegado; apretó los dientes para dejar de tener la boca abierta por sus gritos anteriores y cerró los ojos; se enfocó en la voz en su mente. Era él mismo pero mayor... y a la vez sabía que no. No importaba. Apretó los puños intentando “escuchar” de nuevo; sus piernas temblaron.
“—Deja que tu voluntad sea creadora, que fluya como un pilar de la creación de donde todos vienen...”
Sus piernas ardorosas cedieron y cayó sin siquiera meter las manos golpeando la cara contra el suelo, sintió espasmos que lo hacían retorcerse un poco sin que pudiera evitarlo; había un pitido en sus oídos, producto también del sobresfuerzo, de la resistencia de su cuerpo, así que sólo escuchó la frase que dijo al final el anciano.
—...resuélvelo y expulsa de tu cuerpo mis pequeñas partículas de cosmos que inyecte. —le dijo.
¿Cómo podría hacer eso? Era demasiado intenso. Sentía la muerte inminente. ¿Era este anciano uno de los que asesinaron a los valerosos caballeros del santuario?...
Quizá eso debería sentir miedo o aumentar su duda, bajo la idea de que si los santos de la diosa, poderosos por derecho propio no pudieron contra algo así, él tampoco podría como aprendiz (no, ahora único candidato), pero la indignación ante el pensamiento de que por culpa de este anciano ya no estuviesen los santos de la diosa, le hizo querer levantarse y enfrentarlo, sin importar si su cuerpo se hacía pedazos.
Con gran esfuerzo dobló los brazos debajo de su cuerpo e intentó levantarse, aunque cayó al suelo de nuevo. Antes de que pudiera intentarlo algo... alguien, se paró frente a él.
—¡¿Quién eres, insensato, que osas perturbar la tranquilidad del hogar de mi señora?!
—Milo...no... huye... —Susurró apenas, sus ojos ampliándose de nuevo al ver que ahora había Dos sujetos iguales como el viejo.
Perdió la respiración otra vez, cuando vio que el suelo se salpicó con sangre.
—¿Cómo te atreves?... —Salió más como un gruñido enojado.
Su ira se sintió como un escalofrío, su cuerpo tembló por una razón completamente diferente al dolor, la rabia que sentía por ver a Milo lastimado lo hacía levantarse. Su amigo, aquel que era como su única familia, estaba siendo herido por su culpa, todo porque fue y preguntó si podía ayudar a un anciano.
Sus brazos aún estaban colgando cuando se puso en pie, pesados como el resto de su tórax; sus piernas tambaleantes lo sostuvieron; la energía comenzó a disminuir en expansión, como si fuese succionada hacia su cuerpo en una especie de compresión.
Sin quitarle la mirada al anciano escuchando las palabras que parecían sin sentido, que decía a Milo, dentro de sí “vio” los puntos cósmicos en su propio cuerpo, aquellos similares a las estrellas en la constelación de Leo. Dejó que la energía, Su energía fluyera a través de ellos, sus puntos vitales limpiándose de la energía externa, gracias a la guía de su constelación guardiana de quien entendía y extraía su poder del universo. *
Lo había pensado porque el anciano había hablado de partículas... Pensó en la Partícula primordial con la facilidad de expandirse, la unidad absoluta que dio origen al universo y cómo al ser parte de ella, también podría manejarla. Levantó su mano, concentrando en el puño la energía, aunque sintió como si se desgarrara.
Si el anciano se multiplicaba cual Hydra a la que le cortaban la cabeza, entonces lo atacaría de la misma manera hasta que su energía cambiara y se disipara.
Al fin y al cabo, este tipo le había mostrado el pasaje hacia el infinito.
—Lightning plasma. —Más de cien millones de rayos de plasma entrecruzados como una red de energía dorada, el mismo estado material del que estaban hecho las estrellas, viajó a velocidad luz al anciano...
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[*Es similar a lo que pasa en Saint seiya, cuando Shiryu golpea los puntos cósmicos que también eran en parte puntos vitales de Seiya, para limpiar su cuerpo del veneno, pero esta vez Aioria lo hace a un nivel interno por medio de su cosmos para “limpiar” las partículas ajenas, a través del reconocimiento de su propio poder.]