En medio de ese trance, Néstor, tras una búsqueda interna, se vio compelido a revelar una verdad que estaba destinada a cambiar el rumbo de su encuentro. Con voz grave pero cargada de conocimiento, sus palabras resonaron en el aire:
"Su cosmos divino… "
Isios, absorbido por la revelación de su verdadera naturaleza como recipiente del Dios Poseidón, se sumió en un profundo estado de reflexión. Consciente del poder que fluía en su interior, se dispuso a controlar y dominar el poder que había sentido al despertar en aquella tumba, el control de las moleculas de agua que danzaban alrededor de su cuerpo.
hidroquinesis mencionó Nestor al detallar el poder que se formaba...
La revelación dejó a Isios atónito, asimilando lentamente la magnitud de su verdadero ser. El Cosmos, esa energía cósmica capaz de moldear la realidad misma, estaba bajo su control. El poder de la hidroquinesis que había despertado era solo una pequeña muestra de la vastedad de sus habilidades como Dios de los mares, con cada respiración, Isios sintió cómo el Cosmos fluía a través de él, conectándolo con el océano y las profundidades del ser. Sus pensamientos y emociones se volvieron una extensión del poder que poseía, y las moléculas del agua vibraron en armonía con su voluntad.
Isios, se adentró en un desafío interior para controlar y dominar. Cada intento para crear una bola de agua en su mano requería un esfuerzo sobrehumano, concentrando su energía y enfocando su mente, Isios extendió su mano temblorosa hacia el agua circundante. Sin embargo, la masa líquida se resistía a su voluntad, desobedeciendo sus órdenes y fluyendo caóticamente. El poder del Cosmos que fluía a través de él se manifestaba como una fuerza indomable, difícil de controlar en esos momentos iniciales.
Isios luchó con cada fibra de su ser, empleando toda su determinación y concentración para moldear el agua a su antojo. A medida que el tiempo pasaba, sus músculos se tensaban y su respiración se volvía pesada. El agotamiento comenzó a hacer mella en su cuerpo, pero no se rindió, logró formar una pequeña esfera de agua en su mano. Sin embargo, el cansancio se hizo más evidente en su cuerpo. Isios se dejó caer de rodillas, sintiendo cómo su energía se agotaba gradualmente. El peso de su esfuerzo parecía aplastarlo, amenazando con hacerle abandonar su búsqueda.
En ese momento de agotamiento, con su cuerpo tembloroso y su aliento entrecortado, Isios buscó apoyo en el tridente dorado. Con un último acto de voluntad, se aferró al arma divina, sintiendo la energía del Cosmos reverberar a través de su ser, de repente, un resplandor celestial envolvió el cuerpo fatigado de Isios. Un aura de color azul celeste brilló intensamente, rodeándolo con una fuerza revitalizante. El Cosmos, que emanaba de su conexión con Poseidón, lo envolvía en una cálida protección, infundiéndole la energía necesaria para continuar.
Soportando su cuerpo con el tridente dorado, Isios se puso de pie una vez más. La luz celeste lo rodeaba, brillando con una intensidad que desafiaba la oscuridad que se había asentado en su camino.
Brillando con una intensidad que desafiaba la oscuridad que se había asentado en su camino, el poder de Isios alcanzó su punto álgido. Un estallido de energía emanó de su ser, irradiando una fuerza descomunal capaz de alterar la realidad misma.
En medio de esa explosión de poder, una estatua imponente que se encontraba en el pilar, un símbolo del antiguo poderío de la Atlántida, fue envuelta por la onda expansiva de la energía liberada, desde su interior apareció una especie de tentaculo gigante similar a lo que seria el cuerpo del Kraken y con un estruendo ensordecedor, la estatua se fragmentó en mil pedazos, esparciéndose por el suelo con un eco estremecedor. Era una especie de portal, evidentemente la destrucción no era la única consecuencia de la explosión. Mientras los escombros caían, el portal oscuro y misterioso se abrió en el lugar donde antes se alzaba la estatua. Desde las profundidades del abismo, emergió una criatura titánica y monstruosa: un Kraken.
Isios, consciente del peligro que representaba la aparición del Kraken, se volvió hacia Néstor en busca de ayuda. En medio del caos y la incertidumbre, pronunció con urgencia:
"¡General Néstor! El Kraken ha sido convocado por la explosión de poder. Necesitamos detenerlo juntos
