El General Marino de Hipocampo compartió risas con su homólogo de Dragon Marino en la medida que Drake desarrollaba sus argumentos. Sin embargo, al cabo del breve recuento, retornó el silencio imperial a aquel lugar, donde se ausentaba el sonido de la brisa que se experimentaba en la superficie. Irónico como otros tal vez no entenderían la sensación tan agradable, pero a la vez extraña de no escuchar el viento, ni el canto de las aves, ni los sonidos de los insectos, sino un silencio imperante, exceptuando, por supuesto, cuando se aproximaban a los límites de la barrera protectora de la Atlántida, donde podían escuchar el movimiento de las aguas, que también, a esas profundidades, era distinto a como se percibía desde las costas.
Néstor tomó una pausa, dando unos pasos para acercarse un poco más a su colega. Su rostro portaba un semblante severo pero pensativo, lo que estuvo a la par con el tono empleado al retomar la palabra: “Mi despertar del cosmos, si soy honesto, se sintió como una experiencia familiar, aunque paralelamente era foránea, como cuando sientes un ‘déjà vu’. En otras ocasiones en las que me había sumido en unos niveles de concentración tan profundos como la Atlántida, sentía que era uno con el universo y nada más importaba… Así que, aun sin saberlo, ya había accedido al cosmos, sobre todo cuando entrenaba en el uso de las artes marciales en mi vida pasada en nuestra querida media isla. Claro, posteriormente, durante mis entrenamientos con el maestro Slifer, pude afinar mi acceso a la energía del cosmos, y me fueron reveladas informaciones similares a las que mencionaste… De hecho, tan pronto concluí con mis estudios universitarios, sentí que la historia que nos han enseñado dista bastante de la realidad…”.
Hizo otra pausa, llevándose una mano a la barbilla, elevando la vista brevemente como quien organizaba sus ideas para luego retornar la mirada hacia su compañero de armas. “Sabes, ya que mencionaste aquello de otros usuarios del cosmos, creo que, por un lado, resulta evidente que, si varios años atrás cuando iniciamos nuestro entrenamiento, fuimos convocados hasta la Atlántida, es muy probable que los demás reinos estén hayan atravesado por un proceso similar… De hecho, hace un tiempo atrás, en una de mis visitas a la superficie, mientras me encontraba laborando en el hotel de mi tía en Mykonos, Grecia, asistí a una chica nórdica en la playa… Tengo la certeza de que es usuaria del cosmos… ¿Hasta qué punto llega su habilidad? No sé, pero no me extrañaría que fuera una aprendiz o guerrera de otro reino… Probablemente así están los demás… En términos personales, abogo por mantener la neutralidad. Protegemos la Atlántida y nos deshacemos de los intrusos que se rehúsen a colaborar con su partida inmediata tras advertirles que están transgrediendo el principio de reserva de entrada a nuestro reino…”.
Detuvo su alocución, dibujándose una sonrisa en su rostro. “Por eso, agradezco que estés por estos lares, porque tus habilidades dimensionales serían excelentes para deshacernos de cualquier invasor sin mayores daños… Yo puedo devolverlos a la superficie, pero de una forma un poco brusca…”.
Retomó su tono impregnado de seriedad, siendo nuevamente apreciable el estoicismo y la franqueza en su desenvolvimiento: “Entiéndeme, tampoco hay que provocar conflictos innecesarios por malentendidos… Sería una movida errada en términos estratégicos que podría iniciar una guerra estúpidamente, y la prevención es la mitad de la batalla… Recuerda que actualmente estamos en calidad de cuerpo de defensa más que de unas fuerzas armadas… No tenemos vocación bélica ofensiva de momento, sino preventiva y reactiva ante las amenazas extranjeras… Por consiguiente, sostengo que hay que continuar con el patrullaje y no dejar de entrenar de vez en cuando en el uso del cosmos para mantener en alto la listeza operacional”.
Concluyó con la ponencia de sus pensamientos respecto de las interrogantes buenas y válidas que fueron expuestas por Drake. Realmente, si los reinos estaban resurgiendo, consideraba que todavía no se encontraban en una capacidad bélica. Además, en términos de comandancia superior divina, por el momento, estaban virtualmente acéfalos, razón por las que las estrategias y operaciones estaban orientadas hacia las labores preventivas, como el patrullaje, y de ser necesario, reactivas.
Era irrisorio imaginarse que un reino con apenas tres o menos combatientes decidiera batirse en guerra contra el Reino Marino, aunque, como había señalado anteriormente, en la confianza yace el peligro, e igualmente, la prevención y listeza operacional son la mitad de la batalla. No estaba de más mantener en alto la cautela, pero sin caer en un comportamiento paranoico. Los balances siempre son importantes, así como la proporcionalidad en el uso de las capacidades y la fuerza.
No obstante, de lo discutido hasta el momento, permanecían algunas interrogantes: ¿Qué estaría ocurriendo en los demás reinos? ¿Osarían adentrarse a su muerte segura en el Reino Marino? ¿Tratarían de presentar algún acuerdo de colaboración o neutralidad ante la erupción de un conflicto armado? Peor aún… ¿Habrá alguna persona tan impertinente y torpe para entrar sin permiso a territorio de la Atlántida alegando ignorancia, exponiéndose al riesgo de muerte?