Generalidades.
Nombre: Néstor Prevost
Edad: Veintidós (22) años
Género: Masculino
Reino: Atlántida
Puesto: General Marino de Hipocampo
PB: Las imágenes correspondientes a su apariencia fueron creadas utilizando el NightCafé AI Image Generator y GenCraft.




Personalidad.
Néstor es un individuo muy centrado, disciplinado, honrado, leal y pragmático en cuanto al cumplimiento de sus deberes y responsabilidades. Sin embargo, usualmente deja la primera impresión de que es una persona arrogante dado que suele hablar en un tono pedante de sí mismo y de los tópicos sobre los que tiene conocimiento sin necesariamente considerar las palabras que elige para presentar sus postulados o tener en cuenta lo hirientes que pueda resultar ser, pero no es algo que haga con la intención de dañar a su interlocutor. No obstante, esta primera impresión suele cambiar a medida que es tratado y conocen su humor lleno de chistes con doble sentido, y su inclinación por compartir lo que sabe y enseñar.
Asimismo, su perspectiva de la vida es realista, por lo que no suele congeniar del todo con los idealistas. Por ende, prepondera el pragmatismo como su norte. Por tal razón, sostiene que, si se requiere de la proactividad para alcanzar una meta o un objetivo, hay que actuar en lugar de esperar por la Divina Providencia. Por igual, no suele ser muy confiado de las personas que acaba de conocer, sino que mantiene un cierto nivel de suspicacia hasta tanto considera que no son una amenaza. Del mismo modo, le desagradan grandemente las personas creídas que parten de sus posiciones o títulos como razón para recibir loor sin tener mérito alguno del cual valerse.
Como dato misceláneo de su personalidad, se resalta que le gusta entrenar su mente tanto como su cuerpo, por lo que no es extraño encontrarlo leyendo luego de haber realizado sus ejercicios físicos del día. También se indica que su personalidad cambia drásticamente cuando está bajo los efectos del alcohol, siendo mucho más simpático e hiperactivo.
Historia.
Nacido en el Caribe, Néstor Prevost es el hijo de una pareja de empresarios hoteleros de origen sefardí (judío-españoles) que establecieron un emporio turístico con sede en Punta Cana. Su vida estuvo rodeada de todos los privilegios de la burguesía, estudiando en los centros educativos de mayor renombre, recibiendo instrucción en diferentes disciplinas para su desarrollo físico y mental, pero sintiendo una profunda presión por parte de sus padres para que se mantuviera como un parangón de la excelencia académica.
No bastaba con tener que figurar en revistas de alta sociedad, originalmente físicas y posteriormente virtuales, proyectando una imagen con la que se buscaba darles algo a que aspirar a los menos afortunados haciéndoles creer que, con el fruto de su esfuerzo, disciplina financiera e inversiones adecuadas, podrían alcanzar el mismo nivel de éxito de su familia. Desde el exterior, todo suele verse según la imagen que se busque proyectar.
Cualquiera pensaría que Néstor no tenía queja alguna en la vida más allá de cualquier capricho que se le ocurriera como “niñato rico”. Campeón escolar del club de karate, estudiante meritorio del cuadro de honor, políglota, voluntario de labores sociales y donante habitual a los desfavorecidos, era una inspiración para los demás jóvenes de su comunidad. Sin embargo, no debe olvidarse que a puertas cerradas la realidad de muchas “familias ejemplares” es otra.
Lo que pocos sabían es que Néstor no mantenía en alto los estándares de excelencia académica que alcanzaba por su deseo propio de hacerlo, sino por una gran presión de sus progenitores, especialmente su padre que estaba obsesionado con mantener una imagen positiva ante la farándula amarillista, y también lo utilizaba como excusa para hacerle creer que sería la única forma en la que lo reconocería como digno de heredar su patrimonio. En consecuencia, su relación con su padre nunca fue la mejor, por el motivo de que por más que hiciera para ser ese “hijo perfecto” que deseaba, nada era suficiente, y siempre le reprochaba que “podía ser mejor”.
Para empeorar el panorama, cuando Néstor tenía quince años, a su madre le descubrieron un cáncer terminal, y a pesar de todo el dinero invertido, no mostraba avances significativos en su recuperación. Mientras su madre permanecía recibiendo atenciones médicas, su padre tenía varios amoríos con empleadas de su cadena de hoteles a las que les ofrecía mejores posiciones a cambio de favores extraoficiales. Al cabo de un año, su madre falleció, y su padre no guardó luto por mucho tiempo, casándose con su secretaria. Encima, Néstor descubrió que su padre había engendrado dos hijas con esa mujer cuando su madre aún vivía. Su vida parecía una farsa, y enterarse que su padre actuaba inescrupulosamente, sin importarle el daño que le causaba a su único hijo legítimo, le generó repugnancia e indignación.
En los veranos, Néstor solía viajar a España para visitar a sus familiares y hacer turismo por otros países de Europa. A sus diecisiete años, habiendo completado su educación escolar, decidió romper relaciones con su padre y mudarse a Grecia con su tía, hermana gemela de su madre, quien había contraído nupcias con un empresario griego propietario de un lujoso hotel en Mykonos, bajo el pretexto de que realizaría sus estudios superiores en ese país. Se fue del Caribe sin decirle nada a nadie, ni siquiera a su mejor amigo, Drake, quien le daba un habitual baño de humildad considerando que tenía un poder adquisitivo menor. Quiso romper con todo lo que estaba dejando atrás para empezar con una nueva página en su vida.
La realidad sobre sus estudios superiores era que Néstor se había inscrito en una universidad española de larga distancia, pudiendo culminar sus estudios en línea. De hecho, sus familiares maternos, los Ricart, solían hablar de que uno de sus primos lejanos se había mudado a Grecia hace varias décadas y nunca retornó, aunque mantenía contacto esporádico con ellos. Tal vez allí ese pariente suyo había encontrado la paz, y probablemente, si también él decidía aventurarse a la nación helénica, correría con la misma suerte.
Los primeros días fueron interesantes, pero lentamente cayó en la misma monotonía que sufrió toda su vida, rutina tras rutina. No obstante, la esperanza de que su suerte cambiaría, aunada al hecho de que ya no estaba sumido en la farsa de su padre, le daban algo de paz. Una de sus actividades de ocio preferidas era visitar las ruinas griegas en Atenas. Siempre había grandes grupos de turistas, casi todos idiotizados mientras los guías les dedicaban el mismo discurso que repetían ad nausean día tras día. Irónicamente, ya él se lo había memorizado, pero un día fue diferente.
Se le acercó un hombre maduro extraño de baja estatura, pelo largo canoso y desaliñado con aspecto harapiento y una risa molestosa entre cada frase que enunciaba.
- “Jejeje… Muchacho… Estás en búsqueda de algo, ¿cierto? Estas ruinas guardan muchos secretos… Si buscas y crees abrirás tu mente y volarás a nuevos horizontes donde tus preguntas tendrán las respuestas que necesitas… Jejeje…”, dijo el vagabundo.
- “Oiga, señor, no tengo dinero para darle… Lo siento…”, respondió Néstor de manera cortante, suponiendo que el hombre era un mendigo.
- “No… No quiero tu dinero… Te daré una reseña histórica que no has escuchado ni leído… Jejeje…”, respondió el hombre, su risa cada vez más notoria y molesta para los oídos de Néstor.
- “¿Oh? ¿Será que me quiere distraer para asaltarme o algo por el estilo? Ya le dije, señor… No tengo dinero… Por favor, déjeme en paz…”, replicó Néstor, ampliando la distancia entre él y el individuo.
- “Tranquilo, niño… Jejeje… Escucha… Es todo lo que quiero que hagas… Ya te dije, puedes encontrar respuestas que necesitas para esas preguntas que tal vez te martillan la mente… Jejeje…”, dijo el hombre mientras se acercaba a una estructura que aparentaba haber sido un templo, apoyándose en una de las columnas. “Este mundo tiene más de lo que aparenta… Solo sucede que nosotros en nuestra cotidianidad decidimos ignorar lo que se vuelve evidente para los que sentimos una conexión con el universo… Jejeje…”, agregó mientras caminaba de columna en columna.
- “OK… Le escucho… Aunque si deja esa risa, porque de verdad que no entiendo el chiste, creo que lo entenderé mejor…”, contestó Néstor sin bajar la guardia, pendiente a cada movimiento del hombre.
- “Ay… Jejeje… Eres demasiado intenso, muchacho… Relájate… Te digo… ¿Sabes algo de mitología griega o practicas alguna religión?”, dijo el hombre habiéndose detenido en medio de dos columnas, sonriéndole a Néstor, revelando que le faltaban algunos dientes.
- “No practico ninguna religión… No me gusta la manipulación emocional de la gente, y sí sé de mitología griega… En fin, ¿cuál es su punto, señor?”, contestó Néstor, algo impaciente.
- “Pues olvídate de que es mito, porque la realidad es otra… Hay todo un mundo que no ven los demás… y muchas batallas que se libraron en estos terrenos para que la gente pueda disfrutar de esas comodidades que tienen… Los dioses caminaban la tierra y sus guerreros combatían en su nombre… Estos sentían una energía que les rodeaba y conectaba con el universo a su alrededor… Y los más dichosos obtenían el privilegio de portar una armadura sagrada… Es parte de un ciclo de guerras entre esas deidades y sus beatos que ha persistido por los siglos… y está por comenzar de nuevo… Jejeje…”, dijo el hombre que empezó a caminar hacia Néstor sonriendo.
- “OK… No sé qué se habrá fumado o inyectado, señor, pero no estoy para cuentos de hadas… y…”, le dijo Néstor algo anonadado, pero fue interrumpido por el hombre.
- “¿Entonces vas a negar que lo has sentido? Sabes de lo que me refiero… Puedo percibirlo en ti… Admítelo… Sientes esa conexión con tu entorno que no puedes explicar… y que te da paz… Jejeje…”.
Los ojos de Néstor se abrieron de par en par, y su rostro no disimulaba su sorpresa. Guardó silencio boquiabierto y pensativo. En ese momento, el viento hizo un soplido que ahogó los demás sonidos, acentuando la situación surreal. Para el colmo, era real lo que describía el hombre. Durante toda su vida, cada vez que las tensiones lo agobiaban, Néstor despejaba su mente meditando o concentrándose en la realización de algún ejercicio físico como las artes marciales hasta que el mundo a su alrededor desvanecía.
Solo quedaba la introspección que lo llevaba a sentir una pulsación emanando desde su cuerpo y lo rodeaba, conectándolo con el resto del universo, o eso sentía y veía luz al cerrar sus ojos como parte de esos espacios. A pesar de ello, era una sensación a la que nunca le atribuyó un carácter sobrenatural, por lo que nunca lo comentó con nadie… Esa paz era su refugio en medio del dolor silente que vivía en su seno familiar disfuncional.
- “¿Cómo usted… sabe? ¿Acaso… le pasa también?”, preguntó tratando de comprender cómo este desconocido podía saber tal secreto.
- “Jejeje… Ah… Ahora sí te interesa hablar conmigo, ¿cierto? Jejeje… Lo sé porque me pasaba por igual… Pero no logré alcanzar mi objetivo… y ahora divago por el mundo hacia donde soy enviado… Esa fuerza que te conecta con el universo es la misma que sienten los guerreros de los dioses… Es el cosmos… Pero bueno… Ya es suficiente de mi parte… Busca y encontrarás tus respuestas…”, dijo el señor, dándose media vuelta y caminando entre dos columnas hacia el interior de un templo.
- “¡Oiga, espere!”, externó Néstor mientras le seguía.
Varias interrogantes invadieron su mente, y se dispuso a que el señor se las contestara, pero al entrar al templo, se encontró solo. Llamó y buscó al señor, pero no lo encontró. Solo había una estatua de un hombre maduro con un tridente.
- “Una estatua de Poseidón… ¿Será que estoy alucinando? Puedo jurar que ese viejo entró aquí… Tal vez salió por algún lado… ¡Qué joder!”, expresó molesto por todo lo confuso del encuentro en un día que se suponía era para despejar su mente y terminó perturbado.
Con el paso de los días, las preguntas lo siguieron evadiendo, sobre todo por lo bizarro del encuentro. Se fue de fin de semana al hotel de su tía en Mykonos para tratar de calmarse a la orilla del mar, pero la playa estaba llena de turistas, la mayoría mujeres atractivas, cada una más bella que la anterior. Prefiriendo estar a solas, Néstor caminó por la orilla de la playa por varios minutos hasta llegar a una parte que estaba vacía. Por fin disfrutaría de un momento de paz. De repente, algo captó su atención.
Una chica de melena rubia alargada le cruzó por delante totalmente desnuda, y le sonrió, guiñándole un ojo. Sus ojos eran cautivadores, de color azul zafiro como el mar que tenían en frente. La muchacha se adentró a las aguas de la playa, deteniéndose cada cierto tiempo para alzar sus brazos gesticulándole a Néstor para que la acompañara. Por un momento, Néstor pensó que se trataba de una broma de algunos turistas, o tal vez la chica estaba bajo los efectos de alguna sustancia narcótica. Su preocupación aumentó en la medida que la chica se alejaba.
- “¡Oye, no vayas tan profundo! ¡El oleaje cambia a esa distancia! ¡Regresa a la orilla! ¡Es peligroso! ¡Oye!”, gritó Néstor en un intento fútil de disuadir a la rubia, que seguía yéndose más lejos.
Lo pensó por unos momentos, pero sintió que la vida de la muchacha corría peligro, razón por la que entró al agua nadando para alcanzarla. En instantes, el cielo se oscureció sorpresivamente, y el oleaje varió repentinamente. Néstor miró a su alrededor y no lograba atisbar a la chica. Vociferó varias veces para recibir respuesta, pero solo se escuchaba el estruendo del mar que cada vez intensificaba más su marejada.
Cuando se dispuso a retornar a la orilla nadando, le apareció de la nada la joven de frente, y le sonrió una vez más, abrazándolo sin darle tiempo para reaccionar. Néstor sintió que se hundía, y perdió el conocimiento. Despertó sano y salvo en un lugar parecido a los templos de Atenas, pero algo rayaba con lo imposible, puesto que sobre su cabeza en vez de ver el cielo se observaba el mar. Por un momento, pensó que había fallecido y que estaba en una versión distinta al cielo del que estaba acostumbrado a escuchar.
A lo lejos, vio una estructura central, y también se vislumbraban varios pilares. Decidió caminar hacia el edificio central para encontrarse con San Pedro o quien sea que rigiera la otra vida. Para su sorpresa, halló una recámara con lo que parecían ser estatuas de color dorado, cada una con formas diferentes, algunas parecidas a animales o bestias, y otras tenían aspectos más humanoides. En medio de todas yacía una que aparentaba ser un torso de un hombre con un tridente.
Sintió un escalofrío en su espalda, y sus ojos se abrieron con asombro al ver la estatua con el tridente, y su vista osciló hasta la armadura con forma del hipocampo mitológico que sorpresivamente liberó un fuerte destello. De repente, el ambiente se volvió tenso, como si no estuviera solo. Una voz estruendosa invadió el lugar, rompiendo con el silencio solemne, y frente a él se presentó un hombre bastante alto, de cabello largo y ojos rojos. A su lado, estaba un ser sombrío y misterioso.
- “¡Néstor Prevost! Por fin has llegado a cumplir con tu sagrada misión…”, la voz dijo con un aire de autoridad.
- “¿Quién anda ahí?”, preguntó el muchacho tratando de mantener una imagen de seguridad, pero siendo notable en su voz nerviosa lo sobrecogedora que le resultaba la presencia. Su vista brevemente se posó sobre la armadura con la forma de un hipocampo, hasta que luego fijó la mirada sobre las personas que se apersonaron delante de él.
- “¡Ah! Veo que tienes los bríos de la juventud… Excelente… Pero que la arrogancia no te nuble el entendimiento… Yo soy quien te ha llamado aquí… Y no me gusta desperdiciar el tiempo parloteando desmedidamente, así que iré al punto… Mi nombre es Slifer… Este ser es Umbra… Por miles de años, los dioses han librado batallas por el dominio de la existencia. Uno de ellos es Poseidón, dios de los mares, amo de este Reino Marino, la Atlántida. Han existido diferentes alianzas y configuraciones del campo de batalla, y se avecinan nuevos retos previo a que ocurra el resurgir de la Atlántida. Tú que has llegado aquí eres uno de los elegidos… El cosmos ha sido parte de ti, y ahora lo utilizarás para cumplir con tu propósito… Tú serás el General Marino de Hipocampo, pero tendrás que ser entrenado en el uso del cosmos… Cuando el tiempo del despertar de Poseidón llegue, te integrarás a cumplir con tus deberes según las tareas que te sean encomendadas… Mientras, recibirás tu adiestramiento marcial directamente de mí. Siéntete honrado. Tu potencial con el cosmos es bastante amplio… Mucho… A pesar de ello, no te confíes porque aún no sabes cómo utilizarlo… Así que toma mis enseñanzas con humildad… Dicho esto, ponte en pie, Néstor de Hipocampo… Tu vida al servicio de la Atlántida empieza ahora…”.
Considerando lo inverosímil de la situación, era innegable lo que sentía, por lo que se limitó en sus palabras, y dejaría sus preguntas para otro momento, por confuso e ilógico que le pareciera. ¿Será que todo lo que le dijo el viejo aquel de Atenas tenía alguna relación con lo que estaba transcurriendo?
- “Sí, Maestro Slifer… ¡A la orden!”, respondió Néstor con tono miliciano.
A partir de ahí empezó su entrenamiento que duró cinco largos años en los que dominó el cosmos, y ahondó sus capacidades marciales volviéndose el general marino que se esperaba que fuera, recibiendo orientación directamente de Slifer, el mentor legendario. Entre entrenamientos, recibía formación sobre los sucesos vinculados con la historia de la Atlántida y los conflictos con las demás deidades y sus guerreros, incluyendo el Santuario de Atenea y sus santos, y el Inframundo de Hades y sus espectros, entre otras deidades.
Como todavía no estaban envueltos en un conflicto bélico, le permitían volver al mundo de la superficie para guardar las apariencias. Incluso, con sus estudios universitarios, profundizó sus conocimientos sobre la antigua Grecia, pero al completar su programa educativo, sintió una vez más que había quedado con más preguntas que respuestas. Tal vez la historia tendría que rescribirse con sus hallazgos, aunque dudaba que las personas ordinarias comprenderían la dimensión de los sucesos que determinaban el curso de la humanidad.
Tiempo después, y para su sorpresa, se encontró con su viejo amigo Drake, quien también había sido seleccionado para servirle a Poseidón… El pasado ya no importaba sino solo para tenerlo como referencia… Al final del día se cumplió la voluntad de esas fuerzas que van más allá de lo entendible, y Néstor de Hipocampo estaba al servicio de Poseidón, dios del mar.
Su historia como General Marino de Hipocampo inició con la culminación de su entrenamiento, en el que tuvo la dicha de poder vestir por primera vez las escamas (como se denominan las armaduras de los guerreros de Poseidón) correspondientes al ser mitológico llamado el Hipocampo.

Habilidades.
Aeromancia.
1. Generación de corrientes de aire.
2. Manipulación del aire.
3. Variación de los niveles de presión del aire.
Descripción.
Por medio de su dominio sobre el cosmos, Néstor puede generar y manipular corrientes de aire, así como variar sus niveles de presión.
Hidromancia.
1. Generación de agua.
2. Manipulación del agua.
3. Variación de los niveles de presión del agua.
Descripción.
Por medio de su dominio sobre el cosmos, Néstor puede generar y manipular el agua, así como variar sus niveles de presión.
Datos extras.
Apariencia.
Estatura: 1,78 metros
Peso: 75 kilogramos
Piel: Fototipo III en la escala de Fitzpatrick
Ojos: Verdes
Pelo: Marrón con mechones a ambos lados de la frente, del largo de la nuca.
Contextura física: Mesomorfo, definición muscular notable.
Fecha de nacimiento.
29 de noviembre.






